Disclaimer: Ninguno de estos personajes nos pertenece, solo la historia y algunos personajes fueron creado por nosotras.-

Aviso: Puede ser que esta historia la vean dos veces, pero esto se debe a que la escribimos dos chicas y somos tan jodidas que queremos subirla las dos ;) Jajaja! Esperamos que no les moleste.. pero es injusto que una la suba y la otra no.-

Summary: Embry pensaba que ya habian exprimido a su media naranja, hasta que encontro a Caroline. Ahora tendra que luchar para que su amor sea correspondido, aunque Caro tiene un pasado oscuro que les dificultara las cosas .- Basado en The Notebook


Chapter 5:

Walk in the sun

I wonder what it's like to be loved by you
I wonder what its like to be whole
And I don't walk when there's a stone in my shoe
All I know, that in time I'll be fine

Las nubes que tapaban el sol eran de un color gris cárdeno, el cual indicaba la proximidad de una tormenta. Gracias a mis finos sentidos, podía sentir la presión de las nubes sobre mi cabeza, aumentando mi irritabilidad. Sabía que las lluvias en Forks eran de lo más común, pero no me hacía mucha gracia tener que cazar con el bosque embarrado. A decir verdad, esto no tendría porque ser una incomodidad para mí —una criatura mitad hombre, mitad animal —. Sin embargo, sabía que el pelaje se me iba a ensuciar todo y que tener barro de entre medio, significaba tener que estar atento a una precaución que me distraía: los humanos.

Por otra parte, me preocupaba saber que además de no tener el clima nuestro favor, contábamos con un cazador menos, bueno, en nuestro caso, cazadora. Leah se había recuperado, un poco, pero estaba mejor. Jake nos había dicho que quizás dentro de un par de días ella estuviera mejor y lista para volver a la rutina, pero nos aseguraba de que podíamos solos con el vampiro.

—Oye, Em —me llamó Jacob —, ¿en qué te has quedado tan pensativo?

No le iba a decir a Jacob que me preocupaba la idea de tener que estar con un miembro menos a la hora de perseguir un vampiro porque se iba a pensar que tenía miedo. Y si había algo que a mi no me importaba era el miedo. Así que, me encogí de hombros restándole importancia.

—Mm, nada, supongo —repuse distraídamente —. Qué día de porquería.

—Sí —coincidió Quil —, tendríamos que haber traído las tablas para montar unas cuántas olas —sugirió mirando al horizonte, aquella línea imaginaria que separaba dos grandes campos, el cielo y el mar —…Ya saben, como en los viejos tiempos.

Jacob y yo suspiramos.

Eso era cierto, ¿hacía cuánto tiempo que no surfeábamos como cuando teníamos quince o dieciséis años? Era fantástico experimentar la libertad que correr en cuatro patas caninas te ofrecían, pero siempre estaban esos momentos en los cuales echabas mucho de menos ser un adolescente normal. Por l general, evitaba el contacto físico con los humanos porque éstos —histéricos y curiosos —, solían alarmarse por mi alta temperatura corporal.

—Ni siquiera sé dónde la metí —nos dijo Jacob —. De todas formas, cualquiera de estos alcahuetes quedaría sorprendido con ver a tres grandulones surfeando.

—¿Por qué?

—Ni idea, la gente es así.

Los tres dejamos escapar risas y centramos los ojos en las olas. El mar estaba con pequeñas olas que solían romper en la playa con calma. Sin embargo, rompían con furia al chocar contra la recta pared de los acantilados, que con el filo de una cuchilla, caía en línea recta hasta el oscuro mar. De por sí, la visión panorámica de los acantilados te ponía los pelos de punta, e imaginarte una caída libre desde semejante altura sabiendo que abajo te espera una profundidad tenebrosa y varios grupos de rocas peligrosas, debería ser aterrador.

Yo era un hombre lobo, mi cuerpo era indestructible. Estaba diseñado para matar y desgarrar piel de granito y tan fría como el hielo, por lo tanto, ¿qué problema había? No tenía que hacerme tanto problema por unos cuántos metros de caía libre, y si me quería tirar, escalaba la montaña de tierra y me arrojaba sin que nadie pudiese evitármelo.

—¡Embry!

Giré violentamente la cabeza hacia donde Quil se encontraba; recostado sobre una roca y con la vista fija en el cielo. Tenía las manos sobre su vientre y parecía estar inquieto.

—¿Qué?

—¡Oh, vamos! ¿Te has quedado pensando en Caroline? ¡Por Dios, hermano!

—No me he quedado pensando en ella, Quil, ¿qué te hace creer eso?

—Bueno, estabas perdido en tus pensamientos y además tardabas mucho en contestar, ¿qué querías que pensara, eh?

Rodé los ojos y miré a Jacob quien parecía no estar escuchándonos. Debió de haber notado que yo no apartaba los ojos de él porque se volvió a mí con el ceño fruncido.

—¿Qué tanto miras? ¿Te gusto?

Bajé la cabeza meneándola.

—Jacob, eres un caso perdido —sentencié burlonamente.

—¿Por qué no le miras el culo a Caroline? —inquirió incorporándose de repente y con un tono juguetonamente amenazador.

—Que te jodan—Gracias.

Nos fulminamos con las miradas unos segundos antes de explotar en risas. Podía ser que la presión de la nubes me estuviera hartando, pero tampoco era para tanto. Desde la roca, Quil se reía tomándose el vientre y continuó bromeando unos minutos más sobre los culos de las chicas. Él decía que para ser un buen culo, tenía que ser redondito y duro como la corteza de una manzana. Yo concordaba con él, ¿quién querría besar un culo con pañales sucios?

El tema de conversación iba derivando de un momento a otro sin tener uno decidido. Hablamos de algunos profesores, de algunas materias y de nuestro futuro. Quil decía que se iba a hacer cargo del almacén que estaba cerca de su casa, el famoso «negocio familiar». Jacob tenía el futuro asegurado con sus conocimientos mecánicos, por lo que iba a tratar de transformar esa chatarra de taller en algo más importante, que llamara la atención de la clientela. Mientras que yo…

El silencio se hizo presente cuando hubo sido mi turno de decir qué iba a hacer con mi vida. Supuse que los dos entendían que no tenía ningún plan, por lo que, ese silencio no era nada cómodo. Busqué desesperado algún tema de conversación que me pudiera sacar de aquel momento y lo primero que se me ocurrió, fue conversar sobre Caroline.

—Se supone que vamos a tener que organizar el baile de graduación, ya saben, el baile, el tema, la decoración.

—Te compadezco, hermano —se lamentó Jacob, sobreactuando drama.

—Lo bueno es que pasarás tiempo con ella y de alguna manera, se tendrá que acostumbrar a ti, Embry.

—Sí, eso creo —suspiré —. Tendrían que haberla visto, lo furiosa que estaba por lo de la «broma».

Los dos intercambiaron miradas. Yo estaba tan distraído contemplando las pequeñas manchas de sal blanca que se aparecían y reaparecían sobre la superficie del mar, que no noté lo inquietante que ellos se habían puesto.

—¿Qué?

—Nada.

—¿No pensarán que creo que ustedes tienen la culpa de que ella esté así, cierto?

—Bueno, Em, tú sabes… —balbuceó Jacob —, fuimos nosotros quienes dijimos que…

—¡Oye! Fui yo, a mi se me había ocurrido…—dijo Quil sentándose sobre la roca.

Los miré a ambos sin poder entender a qué venían estos planteos tan estúpidos. Yo no estaba arrepentido, bueno, quizás quería modificar algunas cosas, pero aquella broma me había hecho entender el verdadero significado de mi vida. Que yo hubiera metido la pata haciéndome el pesado, no les culpaba a ellos de que Caroline estuviera algo molesta conmigo. Después de todo, era una chica, y las chicas exageran todo

—¡Ay, no sean boludos!—les dije casi gritando —. Lo de la broma fue una buenísima idea, quizás lo exageré un poco, pero al fin y al cabo la conocí. Es más, con esto del castigo vamos a tener que estar juntos sí o sí.

—¿Seguro? —dudó Jacob —, mira que estaba muy molesta cuando llegamos nosotros.

—No me hago problema, ¡vamos, no sean tan pesimistas! Apuesto a que nos llevaremos bien, tengo la imprimación de mi lado.

Ellos hicieron muecas mientras trataban de convencerse con mis palabras.

Mi naturaleza masculina me obligaba a pensar que eso de que tenía la imprimación a mi lado, era un pensamiento machista. Los chicos éramos básicos, nos guiábamos por nuestros instintos. Yo era un cazador —los lobos son carnívoros, después de todo —, y como tal, amaba esa persecución de predador-presa. Por lo tanto, el hecho de tener que pelear por conseguir el corazón de Caroline, era más emocionante sabiendo que ¡llevaba las de perder! eso me gustaba, porque era todo un desafío.

Nunca confiaba en las cosas fáciles porque si fácil viene, fácil se va. Entonces, ¿no era mejor jugárselas por la «complicada» en vez de aburrirse con la «fácil»? Definitivamente, esto de tener que jugarme los huevos en una chica me encantaba. Confiaba en que iba a poder conquistarla, con o sin imprimación.

Tal vez, lo más difícil estaría en eso de empezar de cero. Las chicas son muy rencorosas y eso me iba a costar hacer que se olvidara. Iba a tener que remarla, obviamente, pero de eso se trataba el amor, ¿no? ¡Qué fácil sería si consiguieras amor por vías sencillas y poco complicadas!

Además, ninguna chica por más difícil, fácil, complicada, rencorosa, linda, fea, inteligente o estúpida que fuera, podía resistirse a mis encantos. No por algo Keira se ponía como loca cada que las chicas se nos quedaban mirando en la playa, o la furia de Nessie cuando descubría papelitos rosas con forma de corazón en las carpetas de Jacob —las admiradoras secretas de Jacob eran tan abundantes como los mosquitos en el verano —, o incluso, Claire, la pequeña niña que iba a jardín de infantes que se ponía loca cuando su propia señorita, invitaba a salir a Quil cuando él iba a recogerla.

De pronto, un balón ovalado y marrón oscuro cayó delante de nuestras narices. El impacto ocasionó un revoltijo de arena que de no ser porque había cerrado los ojos, me hubiera bloqueado la vista. Jacob había sido más rápido y gracias a un ágil movimiento, se había puesto de pie antes de que el balón le hubiera golpeado la cabeza. Yo me corrí hacia atrás, y cerré ojos y boca con fuerza, para no arriesgarme a tener que tragar arena.

Los tres miramos atónitos el valón y luego buscamos al dueño. A lo lejos, un grupito de chicos agitaba las manos en los aires y gritaban varios « ¡lo siento!». Eran cuatro chicos de tez ligeramente clara, dos rubios y dos morochos. Les fruncí el ceño, asombrado de encontrar a uno de ellos familiar. Me había parecido verlo en el almuerzo, pero no estaba del todo seguro…

—Les veo cara conocida —murmuré tomando la pelota —¡Oigan! ¿Es de ustedes?

Los cuatro corrieron torpemente hasta nosotros. Eran un poco más bajos que nosotros, pero por cuestiones lógicas: ellos no eran licántropos. Al que le veía cara conocida, dio un paso adelante y me clavó dos profundos ojos celeste cielo.

—Lamento lo que pasó, error de cálculo. Harry tiene buena puntería para las chicas, pero es patético en los saques.

—¡Oye! —le recriminó uno de los morochos, el que debía ser Harry —. Ya quisieras tener mi súper poder de seducción, ya quisieras…

Inevitablemente, Jacob se había puesto en el medio, con Quil y yo flanqueándole los costados. Le había entregado el balón al rubio que me había hablado, e inmediatamente, me había cruzado de brazo al igual que mis amigos. Era un acto reflejo que teníamos, ponernos a la defensiva. Estábamos tan acostumbrados a que nos tacharan como «los guardianes de La Push », que solíamos adoptar esa postura siempre.

Era divertidísimo ser tan altos, aunque teníamos que inclinarnos un poco para estar a su misma altura. Los cuatro chicos, el rubio de ojos claros con pelo lacio que me había hablado en primer lugar, Harry, el morocho con pelo negro y cortito, el más alto de ellos, otro rubio que tenía el pelo un poco más largo que el primero y un segundo morocho con pelo ligeramente ondulado, nos examinaron por primera vez con ojos cautelosos.

—Bueno, ellos son Tom Fletcher, Danny Jones, y Harry Judd. Yo soy Dougie, pero pueden decirme Doug.

—Vaya —murmuró Jacob. —Embry Call a mi izquierda —me señaló con la cabeza —, y Quil Ateara a mi derecha.

—Vamos al mismo instituto, al de la reserva —agregó Dougie.

—¿Ah, sí? —inquirió Quil —. Puede ser…

Ellos se miraron confundidos, y nosotros tres nos doblábamos de la risa. Seguro que se habían pensado que éramos esos chicos duros patoteros.

—¡Vaya, qué susto!

—Bueno, tomen su balón, chicos. Y tienen suerte de haberse cruzado con nosotros, y no con el grupete de Paul…

—¿Debemos tomarlo como una amenaza? —inquirió Danny. Algo me decía que era el «bromista» del grupo.

—Naah, solamente cuando pierde los estribos, nada más —le contesté yo «restándole» importancia.

Ellos se rieron de nuestras expresiones y Quil agregó:

—Cosa que sucede muy a menudo.

Los tres frenaron las risas de golpe e intercambiaron miradas, algo preocupados. Luego, nosotros nos reímos y comprendieron que seguíamos de broma.

—Oigan… —dijo con algo de timidez Tom —, ¿y si jugamos un mini partidito? ¿Se animan?

—¿Cómo no íbamos a animarnos?

—Bueno, son tres y nosotros cuatro…

Ah, pero a este chico le fallaban unos jugadores. Sí, éramos tres contra cuatro, pero nosotros tres teníamos la agilidad, la destreza, la movilidad tan desarrollada que más que un tres contra cuatro, iba a ser un nueve contra cuatro.

—No tenemos miedo —replicó Jacob —, ¿ustedes?

—¡Claro que no! —afirmó Danny

—¡Perfecto! Pues entonces, que comience el partido…

No tardamos mucho en posicionarnos para comenzar el juego. Ellos se movían bastante bien para ser humanos, y la tenían bastante clara. Quil y Jacob solían cubrir de a dos a causa de la prolongada estatura. Era curioso, pero se podía observar como cada uno de nosotros iba afianzando con uno de ellos. Jacob encontró agradables los chistes burlones de Danny, mientras que Quil se gastaba bromas con Harry y Tom. Yo por mi parte, me sentía muy cómodo con Dougie quien solía hacer gestos que se me eran familiares…esa fruncida de ceño, o la forma de su nariz, o la pequeña boca, o …no lo sé, ¡simplemente, le conocía de algún lado!

Los humanos estaban cansados tras una hora de jugar rugby, motivo por el cual Dougie propuso irnos a su casa por algo para comer. Algo me decía que su casa vería ser una selva de corredores, lujos, decoraciones artísticas como pinturas o esculturas caras. Es decir, un niño rico no se iba a conformar con ir a tomar algo a un simple bar de La Push, así que, ninguno dijo nada cuando nos guiaron hasta la playa de aparcamiento.

Un Audi TT plateado brillante relucía y eclipsaba a los otros automóviles, cuyos colores parecían gastados por la erosión de la arena y el viento. Dougie, Tom, Harry y Danny caminaron e ingresaron dentro del auto con total naturalidad, como si se tratase de sus propios autos. Supuse que ellos deberían ser amigos desde siempre, por lo que me encogí de hombros y caminé hasta ahí con las manos dentro de los bolsillos.

Durante el camino hasta su casa, Jacob no dejó de preguntarle cosas mecánicas de la cuales entendía pero sinceramente no me importaban. Mi mente estaba ocupada pensando en todo lo que me había sucedido aquella mañana; ese no era un día como cualquier otro. Era especial y único porque había encontrado a la persona más importante.

Recordar sus lágrimas me ocasionó una represión en el pecho, pero no pude darle mucha importancia porque ya habíamos llegado a la enorme casa de Dougie.

Era tremenda, Keira tenía razón, esa era casa de ricos.

Para llegar a la entrada, había que recorrer un estrecho caminito hecho con piedras blancas. Noté que, mientras me acercaba, un delicioso aroma me inundaba las fosas nazales. Involuntariamente, asocié el olor con Caroline. Su recuerdo me confundió al principio ya que no encontraba relación entre ella y Dougie, hasta que tras darle vueltas al asunto creí comprenderlo…

…todo había sido tan obvio que no me había dado cuenta. Y aunque estaba ciento por ciento seguro de mi teoría, tenía que sacarme las dudas.

—Oye, Doug —le llamé mientras él habría la puerta —, ¿cuál es tu apellido?

Si mal no recordaba, cuando en la playa él se había presentado y a su vez, a sus amigos, no había mencionado su propio apellido. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, pero lo disimulé.

—Poynter —permaneció de espaldas y se volvió lentamente a mí —. ¿Por? ¿Conoces a alguien con mi mismo apellido?

Such a long, long way to go
Where I'm going I don't know
I'm just following the road
For a walk in the sun
For a walk in the sun


Oh yeah! The McFly Boys are here! ;) jaajajaj! Yo les dije que por hay aparecian en la historia, y aca los tienen! Van a ver desp que van tomando posiciones mas importantes, sobre todo Doug y Danny, pero no les quiero aclarar nada. Bueno este cap no es tan interesante como los anteriores, pero es importante porq con esto damos pie a lo que va a pasar en los caps siguientes, ya tenemos escrito el 6 y es uno de mis favoritos hasta ahora.. porque sera no? Jajaja! Ahora mismo, desp de que suba este cap, voy a poner en mi perfil los links con fotos, de Caroline, de los chicos de mcfly y de la casa de Caro.. creo que de embry no es necesario porque es el sexy de Kiowa Gordon ;) Si quieren, y me piden, subo foto de Keira, pero como no es tan importante nose.. ustedes digan!

La cancion es Walk in the Sun, obviamente de McFly! Se la escuchan porque es hermosa, y sobretodo muy relajante, es una de las pocas canciones, que solo canta un integrante (Danny) y el unico instrumento es la guitarra, una de mis canciones favoritas!

Me pregunto lo que es ser amado por ti
Me pregunto lo que es estar en casa
Y no puedo andar cuando hay una piedra en mi zapato
Todo lo que se es que con tiempo estaré bien

Hay un largo, largo camino que seguir
Donde voy no lo sé
Sólo estoy siguiendo la carretera
Por un paseo en el sol
Por un paseo en el sol

Nos leemos el proximo Viernes :)