Higurashi vs Taisho
A la mañana siguiente Inuyasha y su tropa tuvieron que salir de guarnición para buscar al coyote, a pesar de que solo lleva 3 días ahí n ha podido encontrar nada, y eso es un duro golpe para su ego como capitán.
Curiosamente Kagome estaba desayunando en un puente cercano mientras su burrita descansaba un momento, quizá haberse quedado hasta tarde en el velorio no haya sido muy buena idea.
Recargada en su carro con una campechana en la mano y un jarrito con chocolate bien caliente y espumoso en la otra, vio de reojo como se acercaba Inuyasha con su tropa, pero poco caso les hizo, aun no le perdonaba los besos robados.
-¿Qué le pasa al esqueleto ese?- pregunto el capitán viendo el paso bloqueado.
-esta desvelada- dijo Kagome viéndolo como si quisiera atravesarlo.
-¡y el esqueleto lo será usted!- termino ella sacándole la lengua, Inuyasha frunció profundamente el ceño.
-quita esa mula del camino o mando a saltar el pelotón y no respondo si queda aplastada como tortilla- ante estas amenazas Kagome se irguió y puso una mano a la cadera en pose desafiante.
-ándele, atrévase- dijo ella poniéndose enfrente.
-¿Qué crees que no se de animales?- pregunto Inuyasha desmontando de su caballo.
-bueno, tiene que conocer a sus semejantes- se rio Kagome mientras Inuyasha la pasaba.
-levántate, ¡levántate!- gruño tirando de las pobres orejas de la burrita.
-¡bruto! ¡Suéltela!- grito Kagome estampándole su puño en las manos.
-¿Qué crees que no le duele? ¡USE LA CABEZA SI ES QUE TIENE!- le reclamo.
-levántate costal con pesuñas, ¡burra pistiñosa!- siguió tirando el solo que esta vez de las riendas. A pesar de las apariencias no era tan tonto.
-¡je! Tiene más dignidad que muchos que conozco- recalco las últimas dos palabras viendo al capitán de arriba abajo. Inuyasha le mostro los dientes en una mueca enojada.
-entre más le grites menos se levanta, lo único que te queda es decirle "mi vidita" usted sabe- Inuyasha abrió la boca para contestarle pero viendo de reojo se dio cuenta de que en su tropa se encontraban haciendo apuestas sobre quien vencería a quien. Bueno quizá podría matar uno o dos pajarillos de una pedrada.
-pues se va a levantar…- sonrió el mientras se acercaba a la muchacha. Kagome dio otro trago a su chocolate sin prestarle mucha atención.
-mi vidita- sonrió el capitán antes de tomar a Kagome por la cintura y jalarla para darle un apasionado beso. Y claro como era de esperarse la nena se levantó, dejando una ola de puras carcajadas de parte de los soldados.
Kagome apenas y pudo zafarse del agarre del muchacho unos segundos suficientes, para ver a la burrita levantada antes de que Inuyasha volviera a apresarla en un beso aún más apasionado.
Pov Kagome
¡NO OTRA VEZ! Malvado hombre, mira que no solo robarme mi primer beso, ¡si no que también el segundo, tercero y cuarto! Mal nacido, del coraje hasta tire mi jarrito con el riquísimo chocolate y comencé a golpearlo.
-¡animal! ¡Salvaje! ¡Cínico! ¡Pelado! ¡GENDARME!- le grite mientras le pegaba, pero mis pobres manitas solo lograban darle ataques de risa. Entonces fue que saque mi confiable tacón de madera.
-¡tome! ¡Sin vergüenza! ¡Canalla! ¡¿Con que no le duele?! ¡Ya vera! ¡OJALA LE DUELA LA HEMORRAJIA EN SU OREJA!- le grite, mientras él y su tropa seguían riendo sin parar.
-no ahora me la pusiste en la boca- me sonrió el. ¡Malvado!
-es… ¡es usted un…!- el sonido de las campañillas de mi carro me llamo la atención.
-¡chin!- ¡la nena se estaba yendo sin mí! ¡Tenía que alcanzarla! Las risas aumentaron. Si no fuera porque tenía que alcanzarla…
-¡nena! ¡NENITA! ¡NENA!- grite dando brinquitos mientras con una mano intentaba ponerme el tacón y correr al mismo tiempo. Oh pero esto no se quedaría a si ¡me vengare o dejo de llamarme Kagome Higurashi!
Un par de horas más tarde en el potosino…
-pero cuéntame hija ¿Qué es lo que te pasa?-Estaba en la sacristía llorando peor que una viuda en domingo de dolores. El padre Hoyo estaba a mi lado intentando consolarme.
-yo… ya no soy digna de mirarle de frente…- solloce escondiendo mi boca tras un pañuelo.
-¿Qué dices?- pregunto el padre preocupado, le puse me mejor carita de gatito antes de continuar.
-a…anoche al salir…del…del velorio de Hipólito… ¡POR LA FUERZA!- solloce poniendo voz de mártir.
-¡¿Cómo?! ¿Qué te sucedió?- pregunto el sumamente preocupado. Ájele ¿Quién diría que tenía dotes artísticas?
-no padrecito… por favor…. No me lo pregunte…- continúe con, mi actuación. Él se voltio reflexionando, y tuve que aguantarme un montón para no reír.
-necesito saber el nombre de ese canalla ¡dímelo inmediatamente! ¡Te lo ordeno! ¿Quién fue?- listo, al parecer hacerme la llorona era un magnifico truco con ciertos hombres, ahora solo faltaba echar la chispa al barril de pólvora de la dulce venganza.
-el… sniff… capitán…Inuyasha Taisho – dije ahogando un sollozo, pero no más el padre dejo de mirarme pele los ojos para evaluar su reacción.
-mi hermano…- exclamo sin poder creerlo. ¡Listo!
-si… sniff…-
-chacal ¡es un chacal!-Je, je, je ahora si vería ese capitancillo jubilado.
-¿y tú no te defendiste?-
-oh padre ¿Qué podría hacer yo una pobre y frágil mujer, contra un hombre como el…?- de reojo me fije como Hoyo se ponía rojo de furia, quizá si lo picaba un poco más…
-¡estaba como fiera!... (Cambia a tono triste) figúrese que… ¡DOS VECES!-
-¡BASTA! No quiero oír otra palabra más…- y justo como si el destino se hubiera aburrido de pronto y decidió hacer todo más interesante.
-¡HOYO HERMANITO!- hablando del rey de roma, Inuyasha Taisho entro en la sacristía con una sonrisa de oreja a oreja y los brazos extendidos. Me grite enseguida, no quería volver a ver a ese pelado en un rato muy, muy pero que muy largo.
-Inuyasha…- oí gruñir al padre. Ok esto no me lo quería perder, por lo que voltee disimuladamente.
Ambos hermanos se aproximaron, pero en vez de un fraternal abrazo, el capitán Taisho recibió dos sonoras cachetadas de su hermano menor.
-¿para esto has venido hiena? bestia ¡Canalla!- le grito, ¡eso señor cura! Quise corear, pero no quería interrumpir el espectáculo.
-bueno tu… ¿pero qué te traes, tanto tiempo de no vernos y…?-
-¿Qué no te avergüenzas?-le interrumpió.
-manchar para siempre la vida de una pobre mujer, ¡casi una niña! animal- puse cara de "pobrecita yo" para aumentar el dramatismo.
Pov narrador
Inuyasha arquero una ceja confundido, no entendía para anda la actitud de su hermano. Lo trataba como si fuera peor que una rata. Fue entonces que noto a la joven a espaldas del joven sacerdote.
-ah es por eso- sonrió, "mira que acusarme con mi hermano" se rio en su mente.
-¿Qué acaso te parece poco?-
-hombre si no es para tanto- continuo sonriendo el militar. Hoyo se llevó una mano a la frente escandalizado.
-y si se tratara de una hermana nuestra ¿no sería para tanto?- le regaño frunciendo el labio de manera molesta.
-francamente no- contesta el capitán encogiéndose de hombros. Hoyo se llevó una mano a la frente con incredulidad.
-la vida del cuartel te ha encanallado, ¡has perdido la vergüenza…! ¡TE VOY A PATEAR!- gruño finalmente tomando con fuerza las solapas del traje militar.
-¿ah sí?- pregunto Inuyasha soltándose del agarre con un movimiento brusco, sabiendo que Hoyo era demasiado recto con su profesión eclesiástica, no mataría ni una mosca.
-como hermano ¡no como sacerdote!- le aseguro con voz enfadada y arremangándose la sotana, ante esto Inuyasha retrocedió.
-¡un momento! ¿Por qué tanto escándalo por una insignificancia hombre?- pregunto escondiéndose tras el otro lado de la mesa.
-¡¿una insignificancia?!- grito escandalizado el cura.
- Me avergüenzo de ser tu hermano- sentenció.
-vaya que bonita forma de recibirme, y todo por un besito- gruño Inuyasha, tanta ilusión que le había hecho ver de nuevo a su hermano…
-¿uno? ¡Dos! ¡DOS BESOS…!- entonces las palabras de su hermano le hicieron clic en la cabeza.
-¿besos? ¿Cómo que besos?- pregunto acomodándose los lentes.
-¡feh! Pues claro, ¿o que creías?- pregunto Inuyasha cruzándose de brazos.
-¿besos?- pregunto Hoyo a Kagome mientras se acomodaba sus gafas.
-pues…si dos…- Hoyo sonrió al captar todo el artilugio de la muchacha.
-ah vaya-
-si vaya, ¿y quién me va a quitar las dos guajolotas que me diste?- se quejó Inuyasha haciéndose el dolido.
-aun así estoy seguro que por algo te las mereces-sonrió Hoyo ante el berrinche de su hermano.
-ya hablaremos tu y yo Kagome- le indico a la muchacha, a sabiendas que todo ese embrollo también ella lo pudo haber evitado.
-ándele canija- secundo Inuyasha riéndose del regaño que le pegaría su hermano ala acusona.
-y tu ¿ya me puedes dar la bienvenida como se debe?-pregunto a su hermano.
Ambos triates se acercaron el uno al otro y se dieron un enorme abrazo fraternal tan intenso, que incluso a Kagome se le paso tantito el coraje que le hizo todo el embrollo con el capitán y se permitió enternecerse.
-ah… tanto tiempo…-suspiro el cura.
-pero si estas igualito- suspiro ahora que se permitía ver bien a su hermano.
-y tu igualito- sonrió también Inuyasha.
-y ambos igualitos- sonrió Kagome, siendo seguida por las carcajadas de ambos hermanos.
-oye ¿y el gruñón de Sesshomaru?- pregunto Inuyasha volteando hacia todos lados, les había añorado demasiado a sus dos hermanos, y había imaginado que lo recibirían juntos. (Aunque mira que no avisaste¬¬)
-en el tamaulipeco- suspiro Hoyo.
-¿lo ve muy seguido?- pregunto Inuyasha.
-no… solo una vez, no sé qué le ocurre a nuestro hermano, ha cambiado demasiado-reflexiono el, mientras Inuyasha y Kagome lo miraban curiosos.
-¿Qué quieres decir con eso?-
-ahora parece una fiera enjaulada, siempre osco, amargado, ¡blasfemo!- explico.
-para mí que está loco- intervino Kagome.
-anoche me arrebato una muñeca- explico, ambos hermanos la miraron perplejos.
-¡¿una qué?!- pregunto Inuyasha. Sesshomaru odiaba los juguetes, de niños solo usaba una resortera y una de esas pistolas de balines, pero ¿una muñeca?
-una muñeca, de esas de trapo, y luego me dio 20 pesos "aunque yo las vendo a cinco"- explico Kagome.
-¿una muñeca?- repitió Hoyo sin poder creerlo tampoco.
-oye, será mejor que hagas algo- sonrió Inuyasha.
-si… ¿pero qué?- pregunto Hoyo.
-¡feh! Eso lo sabrás tú, por lo pronto los espero esta noche en el cuartel. Habrá huapango por mi llegada- tomo su sombrero del perchero donde lo había dejado.
-ojala y vaya el tonto de Sesshomaru, no sabes las ganas que tengo de verlo…-
-igual que yo Inu, igual que yo…- Inuyasha le dio una palmada cariñosa a su hermano.
-ahí nos vemos esta noche- le sonrió el capitán a Kagome antes de retirarse, y esta inconscientemente le devolvió la sonrisa.
Hoyo suspiro una vez que su hermano se había marchado, lo cierto es que estaba en verdad preocupado por Sesshomaru, ya que de los tres además de ser el más frio, era muy impulsivo y a veces hasta cruel. Ya vería como acercarse a darle el jalón de orejas que necesitaba.
Pero por el momento…
-Kagome…- la azabache salto fuera de sus planes para una nueva venganza al escuchar su nombre.
-ahora vamos a hablar tú y yo- sentencio. Kagome retrocedió de inmediato, sabiendo que no podía escaparse del regaño del señor cura.
En la casa de Sesshomaru unas horas más tarde…
Frente a una lápida estaban arrodillados Jaken y Rin, el primero rezando y la pequeña solo imitándolo en la postura ya que no sabía rezar. En eso Sesshomaru los vio y tiro a Jaken al piso de una patada.
-mi hija no le reza a nadie- sentencio enojado.
-pero Sesshomaru, es a su madre…- intento excusarse Jaken.
-mi esposa era una santa, ¿para qué rezarle?- tomo a Rin de la muñeca y la alzo sin esfuerzo hasta tenerla en sus brazos.
-¡eso que le estas enseñando a tu hija es…!- un golpe en su cabeza le interrumpió.
-es asunto mío- a completo Sesshomaru frunciendo el ceño.
-¿Por qué le pegaste?- pregunto Rin mientras observaba el enorme chichón en la cabeza de su niñero.
-porque soy más fuerte que el- explico el hombre.
-¿y entonces porque le pego yo también si soy más chica?- pregunto, Sesshomaru, arqueo una ceja.
-porque tú eres más fuerte que él, que yo y de todo el mundo y porque te quiero, ¿ya?-
-ah…- Sesshomaru se la devolvió a Jaken.
-voy al huapango, llegare a la noche- informo antes de marcharse en su caballo.
Continuaremos…
