Los personajes de Inuyashapertenecen a Rumiko Takahashi, con licencia para Shogakukan y Sunrise studios. Utilizo estos personajes sin fines de lucro.

Gracias a todas las personas que me han regalado sus comentarios y, en general, a quienes se han interesado en esta historia. Es muy motivador leer las impresiones que comparten.

Talvez algunos de ustedes ya lo hayan notado, pero nuestros personajes no están en Japón, por ahora. Están en Latinoamérica. Esa es la razón por la cual la cocina de Rin es mixta en varios aspectos.

Haré mi mejor esfuerzo para que no queden cabos sueltos y todo se aclare en su debido momento.

Gracias de nuevo por todo el apoyo.

Akarui no había dejado su puesto en el sofá hasta que sintió la presencia de la gran bestia y unos segundos después, la vio entrar. Tal presencia era avasallante para cualquier pequeño animal como él y en un principio saltó al suelo para irse del recibidor, pero algo lo hizo quedarse. La sutil presencia de Rin tenía un enorme poder tranquilizador y alentador sobre él, siempre sería así. De modo que se quedó agazapado junto al sofá, vigilando a la gran bestia con su mirada verdosa y reluciente.

Hay silencios que hacen que incluso algo inmenso como la noche se vuelva algo muy pequeño. Tan pequeño que cabe en nuestra mano y creemos que podemos tocarlo. Rin no sabía qué día era ni dónde estaba. El mundo se desdibujaba y algo no cuadraba.

Su visitante no dejó de notar su palidez, un discreto cansancio bien instalado en aquellos ojos puros y brillantes, los tiernos labios un poco entreabiertos. Con aparente facilidad, retiró su mirada de ella y caminó lánguidamente hacia el balcón, dándole la espalda.

Como sonámbula, Rin se dirigió a la cocina. Tomó una taza de cerámica artesanal y una jarra llena. A continuación sirvió un agua muy fresca con hojas de hierbabuena y dejó la taza tímidamente sobre la mesa.

Al sentir los movimientos de Rin a su espalda, el hermoso rostro se giró para mirar inexpresivamente la taza con agua, antes de mirar al frente nuevamente. Una voz vacilante y apacible llamó su atención por primera vez:

—¿Le gustaría tomar asiento? —dijo Rin mostrando el sofá que estaba más cerca de la entrada.

Mientras se dirigía al lugar señalado y se sentaba con una elegancia sobrenatural, observó al pequeño felino que le vigilaba furtivamente desde el otro sofá.

Rin rió por primera vez desde la llegada de su visitante. Su expresión espontánea secuestró por completo la atención del hombre misterioso, sin que él mismo lo notara.

—Mi gatito, Akarui. Él piensa que todo lo que hay en esta casa le pertenece. Usted no está en su sofá favorito, pero él es celoso con todos los muebles de la sala —explicó Rin dulcemente antes de que la aplastante intensidad de los ojos dorados la hiciera enmudecer de nuevo y le alterara la respiración.

Rin no sabía cuanto tiempo había pasado antes de que él le hablara.

—¿Has avanzado en el trabajo que te encargué?

La atmósfera cambió de nuevo para Rin. Algo la devolvía a la realidad, pero era una realidad inexplicablemente adulterada, torcida como un espejo desfigurado. Respondió desde las profundidades de sus pensamientos.

—Sí, señor.

— ¿Tienes miedo?

—Eh...

—Tú no tienes nada que temer. Eres la más indicada para este trabajo.

Rin era conciente de que ese hombre sabía muchas cosas que ella desconocía. Eso los separaba en momentos como éste; sin embargo, el hilo de confianza inexplicable que ella le profesaba no se rompía.

—El borrador está listo. Si quiere, puedo entregárselo a usted personalmente.

—Bien.

Ella asintió, pero él no había terminado.

—Antes de que Jaken hablara por ti y después de ser ofendida por Zanini, ¿qué ibas a responderle? —preguntó él, más serio e inexpresivo que antes. Ella no esperaba la pregunta. La realidad se desfiguró aún más en su mente. Esta vez, Rin tuvo que mesurar su respuesta antes de hablar. Sus ojos oscuros expresaban todo.

—Iba a decirle… que nosotros no somos todos iguales, así como ellos (Rin iba a decir ustedes, pero no pudo) no son todos iguales —dijo nerviosa, pero con aplomo. Él sabía que ella no le había mentido, pero estaba seguro de que no le había dicho todo. Se mostró satisfecho… por ahora.

—¿Le gustaría… comer algo? —preguntó Rin sinceramente interesada y deseando cambiar el tema. Él la miró de arriba abajo produciendo una ligera taquicardia en ella. Se hundió en la calidez de los ojos marrones antes de dar un simple "no" como respuesta.

Rin suspiró con cierta dificultad.

—Con su permiso, iré a buscar el pendrive con el borrador para entregárselo. Está en mi cuarto. Vuelvo enseguida.

Cuando Rin volvió de su dormitorio al recibidor tres minutos después, encontró a su visitante contemplando la vista del balcón desde el comedor, con las manos en los bolsillos y una mirada reflexiva que no carecía del todo de emoción. Akarui continuaba vigilándolo. Rin asimiló el arrobamiento que aquella silueta le producía, mientras la noche parecía abrirse para ellos. Quiso detener el tiempo y contemplar el mundo junto a él. Desde ese estado de ensueño, puso sobre la mesa el dispositivo que había ido a buscar. Él la miró instintivamente.

—Aquí está —dijo Rin con los ojos brillantes—. Después arreglaré lo que haga falta—. Y algo imprevisto sucedió: Una mariposa nocturna irrumpió en el apartamento, sobrevoló a Rin que tenía los ojos muy abiertos, y revoloteó describiendo diversos movimientos delante de todos.

Akarui, sin embargo no se movía de su puesto. La gran bestia no dejaba de observar a Rin. Ella se había puesto muy pálida y su respiración estaba muy agitada. Sus ojos seguían alternativamente los movimientos erráticos del insecto y miraban al visitante con angustia. Él la miraba inquisitivamente, traspasándola sin piedad. Habría sido más fácil disimular frente a extraños. Cierto, algo inexplicable le hacía confiar en él, pero ella no sabía si esa confianza podía extenderse a otros asuntos aún más delicados que involucraban otros. En su aventura de conocer a ese hombre había estado más que dispuesta a arriesgar todo de su parte, pero ¿estaba dispuesta a arriesgar también a quienes amaba?

Los segundos pasaban. Rin no sabía que hacer. Sus manos cubrieron un sollozo mudo que quiso salir de su boca. Un miedo terrible atenazaba su corazón. Tenía que saber, la oportunidad se iba… y tomó su decisión. Se concentró en la mariposa con fuerza y devoción. Allí estaba lo que buscaba. Con los ojos húmedos y manos temblorosas, tomó lápiz y papel.

Letras y dibujos; japonés, español, inglés, francés; todos conformaban una grafía que parecía incoherente.

El bello rostro contempló a Rin con una expresión ilegible, hasta que un siseo de disgusto emitido por el felino lo sacó de sus pensamientos. Akarui azotaba su cola amenazadoramente en defensa de su amiga. Entonces la gran bestia entendió. Tomó el dispositivo de la mesa y le dirigió unas palabras, más para sí mismo.

—La hija del Dr. Kodaira, hoy y siempre —. Rin contuvo la respiración sin atreverse a mirarlo.

Él giró sobre sus talones, y se fue por donde había venido.

Varios minutos más tarde, la mariposa reposaba cerca de una lámpara de vidrio reciclado que emitía una luz azafranada. Rin todavía estaba de rodillas en el suelo del recibidor. Un papel con un sencillo y esperado mensaje permanecía en su regazo. Con una mano enjugó sus lágrimas y se levantó lentamente. Al acercarse a la mesa para retirar la taza con agua que había ofrecido a su visitante, notó que estaba vacía.