La Vida es Roja
Bueno, una vez mas aquí tras el monitor escribiendo en una noche tan hermosa... y pensar que lo que viene es tan... y que yo me siento tan lacrimógena... enough!
Bueno, bueno, continuemos...
Disfrútenla XDXDXD.
M.J.
Mientras tus labios aún sean rojos
(De la rola de Nightwish "While your lips are still red", de una película llamada LIEKSA!)
Y
a habían pasado varios meses desde la muerte del profesor, y la relación de Josephine y Edward iba de maravilla, así como el proyecto, en el cual se le veía muy entusiasmado. Ella y Heideric eran grandes amigos y se querían mucho. Los tres trabajaban de sol a sol en el proyecto, para terminarlo lo antes posible. En especial los dos amantes, pues Josephine quería ver con sus propios ojos – como buena científica – aquel mundo de alquimistas y por supuesto Edward estaba ansioso por volver y casarse. Mas Heideric les reprendió como buen "padre" a pesar de ser un año menor que ellos. "Aún son muy jóvenes, qué no tienen sueños?" les dijo con una gran sonrisa.
Al poco de esto un joven se acercó muy curioso a la puerta. Era un tipo alto y fornido, de cabellos claros y ojos pequeños, y a pesar de su apariencia de matón tenía un rostro dulce. Era uno de los estudiantes de Obvert, los cuales Josephine no conocía, salvo a los dos chicos con los que vivía. Así se unieron los demás en el proyecto, y tuvieron tanto trabajo que ya no cabían entre tantos papeles, instrumentos y prototipos. Los chicos aceptaron rápidamente a Josephine, quien pensaban era un chico por las ropas. Cuando escucharon su nombre se sorprendieron mucho y preguntaron el porque. Al oír la historia completa se admiraron de la joven científica y de inmediato comenzaron a bombardearla con preguntas. Así les explicaron lo del proyecto, adelantando mucho lo que habían estudiado juntos con aquel científico de Transilvania, y lo complementaron con las ideas de sus compañeros. Comenzaron a ir a la casa, hasta que decidieron vivir allí, repartiendo los gastos y trabajando duro con un pequeño fideicomiso de la Universidad, que apenas les calzaba para el proyecto. Todo era trabajo y por parte de Edward, felicidad, por que esperaba con ansias volver a casa, con la mujer que amaba y ver la cara de todos al anunciarla.
Edward estaba muy emocionado por que al fin iba a estar listo. Pero algo le preocupaba.
Desde hacía un mes veía a Josephine y a Heideric toser con frecuencia. Ella se excusaba con que ella era muy enfermiza y Heideric con que en las noches dormía con la ventana abierta y sin taparse. Los demás les creyeron, porque casi no comían ni dormían, pero Edward sospechaba lo peor e insistía en que ambos fueran al medico a checarse.
Pero nunca iban, nunca había tiempo ni para ir al baño, pues los amenazaban con que les quitarían el patrocinio si no obtenían resultados, así que trabajaban a marchas forzadas
Por las noches, al dormir con ella – pues lo habían corrido de su cuarto para que dos de los chicos durmieran allí – le sentía el cuerpo frío, y que respiraba con dificultad. A veces tenía que quedarse velando su sueño para ver que es lo que le pasaba. En ocasiones solo la abrazaba con fuerza para que el calor de su cuerpo la reconfortara. No siempre era útil y toda la noche la sentía como un témpano de hielo, y se veía tan blanca... "casi como muerta", pensaba a veces con dolor Edward al verla cada día mas pálida, mas fría y mas delgada. Pero al otro día era tan jovial y llena de energía que costaba trabajo pensar que pasó una mala noche.
Igual era Heideric, siempre con una gran sonrisa, pero en aquellas noches veía lo mismo que en ese momento con su amada. Le calaba esa animosa hipocresía, presta a soltar una mentira inocente para hacerlo creer infantilmente que nada les pasaba y eran cosas suyas. Desde que era niño dejó de serlo, al morir su madre dejó de ser un maldito mocoso estúpido, y aún así ellos lo veían así cuando le mentían tontamente!, eso lo enojaba, pero una noche...
-Jos... debo hablar contigo – dijo el muchacho sentándose en la cama que compartían, mientras ella frente al tocador se cepillaba la larga cabellera de ébano en una casi transparente bata blanca.
-dime Ed... que pasa? – dijo mirándolo desde el espejo con una gran sonrisa
-de nuevo la asquerosa hipocresía – pensó – dime, sabes por que la gente miente? – ella solo se detuvo un momento y lo miró de fijo como dándose cuenta que él ya sabía todo. Aún así suspiró y se giró para mirarlo directamente.
-El profesor, por ejemplo. Me mintió sobre su enfermedad, porque no quería que me preocupara por él y dejara el proyecto a medias. Lo negó no por que no me quisiera, al contrario, eso fue por que me quería muchísimo. A veces la gente debe mentir por amor, para no herir al otro, para que otro sea feliz, para no verlo sufrir por angustias que solo son de quien miente...
-tu me mentirías? – le dijo Edward, levantándose y plantándose frente a ella, tomando su rostro con la mano verdadera par a obligarla a mirarlo, ella solo lo miró enamorada
-si debo hacerlo... así como tu lo harías, no?
-Yo he sido sincero desde el principio, todo lo que te he dicho, toda ha sido la verdad, por qué? – dijo casi rozándole la boca con sus labios
-tu felicidad es la mía. Si te dijera la verdad sobre algo fatal, no sería justo que tu sufrieras por mi culpa
-prefiero sufrir junto a ti que sufrir más porque no me lo dices y... y... por el rojo de tus labios, dime... dime que... – decía casi susurrándole en los labios, provocando que ella solo lo besara, al no resistirse al roce de sus rosados labios ansiosos. Acarició su rubia cabellera, soltándole el cabello para así meterlo entre sus dedos, hasta que lo derrotó, logrando que se arrodillara frente a ella y recostara su cabeza en su regazo, para que le acariciara de nuevo el cabello.
-Ed, se feliz, construye cohetes, vuela hacia las estrellas... solo se feliz, donde estés, estaré contigo.
-Hueles a rosas...
-Es la loción para las manos... con los químicos se me maltratan y...
-me amas?
-por que lo dudas Ed?, estoy loca por ti.
-es tan grande como para no dejarme nunca? Sé que es egoísta, pero es que mi amor lo supera todo, incluso supera lo que sentía por otras personas, algo que creía mas intenso.
-Ed, ya te lo dije. Nunca dejaré de amarte e iré a donde tu me digas. – él solo se abrazó fuertemente de las piernas de la joven y comenzó a llorar, mojando la delgada bata de noche de su amada. Tomaba sus manos y las besaba, lleno de lágrimas, mojándola con ellas, ella solo le sonreía mirándolo con ojos enamorados.
Se acostaron finalmente en la cama. Edward se había acomodado tras ella para abrazarla, y al fin le dijo.
-Te ha costado trabajo respirar y estas muy fría, segura que no necesitas ir al médico?, al menos deberías comer y dormir más.
-Te prometo que iré al médico mañana temprano. Buenas noches Ed – dijo besándole la mejilla a su amante y cubriéndose con la cobija, para luego sentir el brazo de su amado rodearle la cintura y pegar su rostro en su espalda, besándola.
Los días seguían y Josephine solo tomaba vitaminas, algo que el doctor le dijo que necesitaba por su anemia recurrente. Eso dijo ella al salir del consultorio sin mostrarle siquiera la receta a Edward, quien la acompañó. Compró las medicinas, diciendo que eran vitaminas, y volvieron a casa. Vitaminas...
Ya habían hecho un cohete majestuoso con el combustible que inventó el padre biológico de Josephine, el que perfeccionó su padre adoptivo y el que ella realizó para cumplir su sueño, junto con el diseño de Edward y Heideric y las mejoras de los chicos que llegaban de estudiar con el profesor Obvert. Así fijaron la fecha para entregar el proyecto y eso era dentro de unos meses, en invierno, por la cantidad de inventos que llegaban buscando fideicomisos.
Así, teniendo unos meses más para trabajar, decidieron hacer otros tres, con diseños distintos al que ya tenían.
Edward y Heideric no se levantaban del restirador, diseñando los nuevos prototipos, mientras Josephine y los demás muchachos experimentaban aún con los combustibles, para mejorarlos y hacer diferentes tanto el diseño como el combustible. Salían con frecuencia a un baldío a experimentar las capacidades explosivas de sus combustibles para hacer despegar las pesadas moles de acero hacia el espacio.
-Jos, hace mucho que no haces ese chocolate tan delicioso, hace mucho frío, tal vez...
-claro Heideric, tal vez eso mejore tu resfriado.
-gracias – estando todos en el comedor comentando sus avances, pasaban una amena tarde de finales de otoño, con la fogata tronando en la chimenea. Habían completado los diseños y preparaban ya las mezclas de combustible. Corregían errores de diseño y detalles mientras se armaba una gran discusión científica en la mesa, y mientras Josephine
abnegadamente preparaba la bebida en la cocina. Edward seguía preocupado por sus dos amados. Heideric se veía mas pálido a cada día. Y Josephine había tenido ataques repentinos de tos por las noches, diciendo que era un resfriado...
Edward ya no sabía como pedirles que le dijeran lo que pasaba. Aunque lo supiera, quería escucharlo de sus labios. Pero Josephine se lo dijo bien claro: por amor... Patrañas! se decía a él mismo, enfurecido por la hipócrita confidencia entre su amigo y su amante.
Ya para ese invierno, y al ver el éxito obtenido, Josephine salió sola a comprar el vestido de novia que usaría para la boda, y el cual pensaba estrenar en el momento de la culminación del proyecto de toda su vida: La construcción de los cohetes en su tamaño real.
Al volver vio a todos trabajando, así que nadie le prestó atención. Subió por las escaleras y entró corriendo a su cuarto para guardar el vestido en el closet, junto a aquel que le habían obsequiado los chicos hace casi un año atrás.
-Los felicito jóvenes, es un excelente trabajo, Obvert decía maravillas de ustedes, y usted, profesora Scott, veo que ser mujer no le ha impedido aprender todo de su maestro y tutor, el Doctor Hein, quien se ve le enseñó con ahínco.
-si claro, maldito irrespetuoso. En realidad los estudios los perfeccioné yo, y aunque el mérito del invento es de mis padres, yo también coopere en las mejoras, ser mujer no ha impedido que yo logre algún adelanto en la investigación de los combustibles. – esto dejó callado al juez universitario que revisaba su proyecto, solo la miró sorprendido hasta que Heideric habló
-así es, de hecho, sin su ayuda este proyecto nunca se hubiera llevado con éxito, es gracias a su intelecto que avanzamos en la investigación. No es así? – Heideric le guiñó el ojo a la chica y todos respondieron afirmativamente
-ejem, bueno... veremos si en la lista hay alguien que pueda financiar el proyecto y que pueda serle útil. Hasta entonces nosotros seguiremos financiando su investigación en la medida posible, cuando tengamos al patrocinador les llamaremos.
Así fue como pasó todo, y de nuevo, volvieron con sus esperanzas bajo el brazo a la casa. Estaban algo decepcionados, todo por ese estúpido tratado que no le permitía a su patria realizar sus sueños de ciencia... a pesar de que Josephine y Edward fueran extranjeros. Eran los únicos que descuadraban en el grupo: todos eran rubios de ojos azules y de gran estatura. En cambio ellos eran mas bien bajitos, diferentes a ellos, pero no menos inteligentes, eran ellos los que más cooperaban en el proyecto, los demás solo se limitaban a seguir los diseños y las fórmulas, aportando solo pequeñas mejoras.
Esta vez decidieron esperar el tiempo que fuera necesario esperando al patrocinador. No harían nada más hasta que todo pasara.
Este acontecimiento recayó fuertemente en el animo de Edward, quien se volvió pesimista, ya no dibujaba más y se la pasaba encerrado, leyendo algún libro con un buen café. Así se pasaba los días, callado y taciturno, a pesar de que Josephine trataba de hacerlo feliz, consintiéndolo y cumpliendo sus caprichos. El solo le sonreía fríamente sin decir una sola palabra, lo que hacía que una aguja al rojo vivo se enterrara en su corazón, sacándole lágrimas ocasionales y suspiros de tristeza.
Heideric se dio cuenta y trato de hablar con Edward, pero era completamente inútil, actuaba igual que cuando ella intentaba contentarlo, una fría sonrisa con los ojos ausentes... como mirándolo con desprecio... algo que también le caló en el corazón por ser él a quien amaba. Ni siquiera volteaba cuando alguno de los dos tosía, parecía ya no preocuparse por los demás.
Si de esta manera no puedo volver debo hallar la manera de otro modo, si no, me volveré loco, eso pensaba Edward cuando se paseaba callado por la casa, pensativo y con cara de pocos amigos, mirando con nostalgia los prototipos que se empolvaban sobre la mesa de trabajo.
Comenzaban al fin las primeras nevadas de invierno. Para romper un poco la monotonía dentro de la casa, Josephine decidió ponerse ropa de mujer y salir a las calles de compras. Se puso un vestido azul y salió con un sombrero y un paraguas, como una gran dama en las calles de Inglaterra, aunque fuera el deprimente Munich...
Después de una hora ella no volvía, y Edward se dio cuenta de su ausencia. Así preguntó a Heideric...
-Sabes a dónde fue?
-solo dijo que iba de compras. Te aseguro que no tarda, sabes que en estas fechas los aparadores se llenan de cosas muy bonitas. Debimos haber salido con ella para ver...
-si, claro... iré a buscarla. – así sin mirar a nadie ni despedirse salió de la casa con su abrigo.
Caminó largamente por las calles sin lograr verla por ningún lado. Pasó una hora y ya había recorrido casi toda la ciudad a pie sin fijarse a dónde iba. Hasta que entró en un parque y caminó largo rato, hasta que un sonido entre los árboles nevados le llamó la atención.
Se dirigió corriendo y cual fue su sorpresa al ver a Josephine en el piso nevado, tosiendo salvajemente, casi ahogándose. Se acercó rápido a ella, las bolsas con lo que había comprado estaban esparcidas por el suelo, impidiéndole llegar con rapidez.
-Estas bien, amor?, contéstame! – gritó al tomarla en brazos
-ayu...da...me – decía con un hilo de voz, como cuando el aire no pasa. Cargándola rápidamente junto con las bolsas corrió hacia el primer médico que encontrara. Por suerte no muy lejos se encontraba un hospital. La llevó a prisa, diciéndole al encargado que era una emergencia. Rápidamente llevaron una camilla donde colocaron a la inconsciente joven y le pidieron a Edward se quedara allí.
Llamo a los demás muchachos que no tardaron mucho en llegar. Heideric se veía muy preocupado al igual que Edward.
Pasaron dos noches y no despertaba. Al tercer día el médico confrontó a Edward y a Heideric, que eran los únicos que se habían quedado.
-Lo lamento, es tuberculosis – uno se quedó frío y el otro desvió la mirada como sabiéndolo desde un principio. Era lógico si lo vemos de esta manera: Su madre murió así, y el profesor también, incluso él había tenido contacto con ella, aunque no haya dicho una sola palabra y haya controlado un poco la enfermedad con medicamentos. La pobreza y todas esas cosas, el contacto con aquellas personas cuando la secuestraron... todo ello y más daba el cuadro perfecto para su inminente contagio.
Edward solo se soltó a llorar sobre el hombro de su amigo, que lo abrazaba fuertemente y lo acompañaba en su dolor.
-Cuanto... tiempo? – le dijo Edward al doctor, con una mirada llorosa y débil, derrotado en los brazos de su antiguo amante por el gran dolor que sentía.
-Unos meses. Se ha estado medicando, pero el frío no le favorece a un enfermo, tampoco un lugar insalubre...
-nuestra casa no es insalubre! – dijo enfadado Heideric – seremos modestos pero nuestra casa siempre esta en condiciones decentes!
-los químicos influyen, no es así doctor?
-si, es probable que los humores de alguna sustancia nociva hayan influido en su empeoramiento. Por qué?
-somos científicos, trabajamos en un proyecto y ella es nuestra química. – dijo serio, separándose de Heiderich y dejándose caer en un sillón de la sala de espera.
-esperemos que aquí en el hospital recupere la fuerza y se salve, así pueden seguir con sus proyectos. Con su permiso, debo trabajar. – el doctor se fue dejando solos a los jóvenes
-Por qué no me dijo nada de esto? Por qué siempre tienen que mentirme? Por qué!?
-Por amor, Ed. No dijo nada por el amor que te tiene. – y solo lo abrazó para consolarlo en su amargo llanto.
Una semana... Josephine volvió a ser la chica de siempre desde hacía unos días atrás y seguían sin tener patrocinador. Se prepararon para la Navidad, que ya se avecinaba. Dejaron que Josephine descansara y ellos eran los que estaban de arriba hacia abajo con cajas de adornos y muchas cosas para decorar la casa.
El día de Nochebuena llevaron un enorme árbol y lo adornaron entre todos. Los chicos hacían la cena, mientras ella se arreglaba para la noche con aquel hermoso vestido que cumplía un año. Al fin todo estuvo listo, los seis brindaron alegres en la cena, festejando la Navidad y sus logros, a pesar de la espera por un patrocinador, pero sabían que lo lograrían.
Trataron de alejar a Josephine de los químicos, así que dejaron de experimentar dentro de la casa y todos los días barrían y mantenían el lugar lo más sano posible. Comía bien, para que recuperara fuerzas, los guisos de Edward le regresaban la energía y quería salir, pero le decía que no, por el gran frío que hacía en las calles nubladas y encharcadas. Sellaron las ventanas con pasta, para que ninguna corriente entrara en el cuarto. Ella se sentía mejor cada día, pero mas triste de no poder ayudar con nada en la casa, solo le pedían que descansara.
Pasaban los días, hasta el fin de año, donde volvieron a festejar, para luego volver de nuevo a la rutina. Y a pesar de que después del chequeo y que el doctor dijera que estaba bien, Edward y Heideric seguían cuidándola de más, a pesar de sus berrinches.
Los recién llegados también se preocupaban, uno le llevaba flores siempre para alegrar la recámara, otro iba por las compras, llevando siempre carne y verduras. Otro más, el fortachón de rostro dulce le guisaba caldos deliciosos. Ella decía sentirse como Blanca Nieves, al ver como los muchachos se ocupaban de ella.
Edward tuvo la delicadeza de enviar una carta a Clara, quien llegó después de las fiestas a ver a la chica, encontrándola con las mejillas y labios tan rojos como nunca.
-Me lo dijeron todo, estás bien pequeña?
-si, todo está bien Clara. Estos muchachos me han cuidado más de lo debido.
-Recuerda que nunca es demasiado. También me contaron de tu compromiso con Edward, que tal es?
-es... es indescriptible, es tan bello, tan caballero... es lo que deseaba en un hombre y estoy muy feliz de ser su mujer.
-que bueno que es así. Espero que su matrimonio sea muy feliz y que terminen pronto ese proyecto.
-Si, ya quiero volar mas allá de las estrellas Clara, como soñaban mis padres.
Clara se quedó a cuidar de Josephine y ayudarles a asear la casa mientras los demás diseñaban nuevos prototipos en el papel. Fue una gran ayuda, pues el trabajo se les había acumulado.
Al fin dejaron que Josephine se ocupara de las cosas de las que solía antes de caer enferma y Clara decidió volver para atender a su familia en América. Así continuaron diseñando los cohetes que los llevarían a su destino.
Al ver todo en su lugar, y de nuevo funcionando como debía, volvió a vérsele contento, entusiasta y trabajador en el proyecto. Comenzó a tomar de nuevo, solo un poco y durante las horas en las que dibujaba, como para mantenerse algo frío, según él. Cuando su amada le pidió que no bebiera tanto éste tiró todo el alcohol que escondía en la casa, solo para hacerla feliz.
Ambos esperaban con ansias el día en que pudieran tener un patrocinador, construir un cohete y volar lejos del mundo que lo oprimía junto a la mujer de su vida. Como pensaba con frecuencia desde el inicio de su relación.
Ansiaba ver la cara de la tía y la de Winry (sobre todo) cuando anunciara su matrimonio, y más aún, la de su querido hermanito, su amado Al. Hubiera querido que Hughes la conociera y que lo felicitara por sentar cabeza antes que Mustang, como solía molestarlo.
En esta sucesión de recuerdos debió poner tal cara de soñador que provocó una risilla traviesa tras él
-Jos!, lo siento es que yo...
-te vez lindo cuando sueñas...
-no soñaba, recordaba muchas cosas, ya sabes, "de mi loco mundo de alquimistas" como lo llama Heid.
-Volveremos juntos allí, verdad?
-si mi amada, juntos por siempre... – y la besó tiernamente antes de que ambos durmieran. Esta vez Edward dormía en un sofá que estaba en la sala y ahora era parte del mobiliario del cuarto de su amada. No por sangrón, sino por petición de la chica, quien no quería verlo enfermo ni que le pasara algo por su culpa que impidiera que volviera al mundo que tanto añoraba.
Al fin, la universidad había contactado con un individuo que no quería dar su nombre, sin embargo, pagó una pequeña bodega en las afueras de la ciudad y dejó una cantidad exorbitante de dinero para los gastos de los materiales. Al tener Heideric el cheque en sus manos casi se desmaya, agradecieron todos e hicieron la pregunta obligada.
-Disculpe, y quien va a supervisar el proyecto?
-Un profesor de la universidad, a petición del señor. Le enviarán un reporte mensual con avances y un balance de gastos. Así pues nosotros los apoyaremos solamente en cuestiones de documentación. Pueden asistir a la biblioteca y utilizar los laboratorios si los requieren. Pero recuerden que a pesar de ese financiamiento, tanto el patrocinador como la Universidad recibirán un mérito por el invento. De acuerdo. Firmen el contrato y léanlo con cuidado por favor.
Así los muchachos compraron cerveza y fueron a casa a celebrar. Josephine y Edward bailaban al sonido del tocadiscos que trajo cuando se mudó, mientras los demás aplaudían y reían. Luego Josephine invitó a bailar a Heideric y así también a los demás chicos. Al fin todos estaban algo festivos por el alcohol, que se la pasaron bailando el resto del día. Invitaron a unos conocidos a divertirse y festejar por sus logros.
Josephine fue a la cocina para preparar algo de comer, seguida de Edward quien quería hablar con ella.
-Vaya, la casa está mas llena que nunca. Lo bueno que esos muchachos de enfrente trajeron a sus chicas, para que no te sientas tan sola...
-jajaja, ay Edward!, de verdad no me importa. Siempre he estada rodeada de hombres... así que no me pasa nada...Ok my sweetheart!?
-ya bebiste mucha cerveza linda... empiezas a hablar en inglés.
-Oh, come on, you little gentleman… that is not true… I am not drunk, I just have…
-Josephine. Ni una más... sigues hablando en inglés.
-Oh!, lo siento mucho Ed, jejejeje. Lleva esto a la mesa por favor. Me temo que iré a recostarme un rato, de acuerdo?
-no, quédate cerca de mi, sentémonos en el sillón de la sala, pero no te vayas – este comentario sobresaltó no poco a la ya medio ebria joven quien le preguntó el por qué de tan abrupta reacción.
-créeme loco. Tengo un mal presentimiento, y no te quiero sola
-se ven de veras malos los vecinos?
-no es por eso, pero siento que no debo alejarme de ti.
-está bien, vamos a la sala entonces.
Así se sentaron a conversar un rato los amantes, hasta que pidieron a Josephine volviera a poner música para ponerse a bailar.
Y de nuevo la reunion, ya mas grande ahora, se animaba. De nuevo la pareja comenzó a bailar. Cada que cambiaba el disco, bebía mas cerveza para refrescarse, lo que preocupaba a Edward por el estado en que se encontraba cuando estaba en la cocina.
Heideric le llamó para llenarle el vaso y cuando se dirigía hacia el se escuchó un ruido sordo, seguido por algo que se quebraba, la música cesaba y Josephine tosía. Al voltear a ver que pasaba, vio que estaba en el piso tosiendo al lado del fonógrafo roto, y de sus manos algo goteaba... algo rojo
Sangre...
-Josephine!! – gritó Edward abriéndose paso entre los invitados que trataban de auxiliarla, seguido de Heideric. Se hincó a su lado desesperado– Josephine, que pasa...
-Ed... – ella sólo lo miró con terror, con la boca y su mano llena de sangre antes de desmayarse en sus brazos – un médico, que alguien traiga un médico por favor! – exclamó y uno de los estudiantes salía corriendo de la casa, mientras que los vecinos comenzaban a retirarse a petición de otro de los chicos.
El médico entró de golpe a la casa, dirigiéndose a la inconsciente chica quien era sujetada por un histérico Edward.
-debe ir de inmediato al hospital, yo aquí no puedo hacer nada por ella – sugirió el doctor colgándose el estetoscopio y tomando su maletín y pidiéndoles que lo siguieran. Al salir una ambulancia esperaba. Ante la mirada curiosa de vecinos y transeúntes, Josephine era subida en camilla a la ambulancia.
Estuvieron horas en la sala de espera, esperando escuchar algo esperanzador como la última vez.
-Tal vez esta sea su última semana, lo siento – dijo el médico cuando salió a informarles lo que pasaba. Edward se tiró de rodillas cubriéndose el rostro con las manos, llorando amargamente, golpeando el piso de vez en vez, destrozado. – existe la opción de que se quede en casa con la medicación y con los cuidados de una enfermera. Así tal vez pase los últimos días con su familia y amigos. Lo lamento. Piensen que es lo que harán y me lo informan cuando se hayan puesto de acuerdo. Con permiso.
Edward seguía en el piso llorando amargamente y gritaba por qué? Los chicos trataban e calmarlo, y trataban de que se levantara del suelo. Pero el aventaba manotazos y no dejaba que lo tocaran.
-Debemos decidir que haremos... – con estas palabras Heideric logró hacerlo reaccionar y que se levantara.
-Llevarla a casa, contratar una enfermera, llamar a Clara y a un padre...
-a un padre?, pero si tu...?
-pero ella lo necesita, no yo. El hecho de que no crea en esas cosas no me va a hacer que falte al respeto sus creencias.
-de acuerdo Ed, así será.
La llevaron a casa, junto con el suero que se conectaba a sus venas. Buscaron a la enfermera que cuidó al Dr. Hein y mandó un telegrama urgente a Clara para que fuera. Ella seguía inconsciente cuando llegaron a la casa. Así que la dejaron dormir. Edward se sentó frente a la cama y traía puesto un cubre-bocas. Mirándola con aquel tubo pegado a su brazo, ojerosa y pálida, con los labios azules. En el otro brazo un tubo rojo se unía a ella, manteniéndola viva.
- Por qué tienes que ser roja, sangre? Por qué esa piedra que me devolvió la vida para volver a perderla era roja? Por qué tus labios eran rojos? Por que la sangre que escurría por ellos lo era? La sangre es vida... Por qué demonios tienes que ser roja entonces, vida?! Por qué la guerra y el dolor deben ser rojos? por qué tus labios lo eran? por que el rojo? por qué cielos!, dime Dios, por que es roja?!, por qué algo tan hermoso como sus labios rojos deben tener ese color que me atormenta?!, el rojo, Por qué la vida es roja!! – exclamó antes de volver a hundirse en sus manos y llorar amargamente por décima vez en el día. Un día que le parecía tan sombrío como el que más.
-Por que el rojo viene de los glóbulos rojos... y por que quiere ser roja, por eso la sangre es de ese color... – dijo una voz.
-Josephine! – estaba sentada en la cama, mirándolo de fijo con gran ternura.
-Ed, te dije que fueras feliz, o no? O a caso quieres que pase mi última semana triste por tu culpa?
-Por qué lo dices tan fríamente?
-No temo morir. Me duele mucho dejarte si es que debo irme ya, pero el dolor... lo lamento, soy muy egoísta... no me importa todo el dolor del mundo con tal de estar contigo y poder besarte... pero no puedo.
-No morirás, eres fuerte, superaras tu enfermedad! – dijo acercándose a ella, casi al grado de besarla, quitándose el cubre-bocas pero ella lo detuvo
-No lo hagas! Por favor, aléjate de mi...
-Jos...
-no quiero que enfermes y mueras Ed!
-prefiero morir pegado a tus labios que vivir sin ti, prefiero quedarme atrapado en este mundo para siempre con tal de que tu vivas a mi lado... prefiero cualquier cosa a que me niegues un beso...
-Ed... no me obligues...- le dijo al borde de las lágrimas.
-Jos... ten piedad de mis labios, por favor!
-No, Ed. Me hiciste la promesa de construir los cohetes y volar mas allá de las estrellas para volver a tu hogar... para ver a tus seres queridos. Edward, por favor. Yo no soy nadie en tu vida. Un día no nos conocíamos y al siguiente ya nos habíamos besado... solo soy una sombra en este mundo. Lo importante es que vuelvas a tu hogar y seas feliz, para que desde el cielo te vea sonreír. Ed... déjame negarte un beso para que puedas vivir y cumplas esa promesa – le dijo con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, con su mano acarició su mejilla y él le quitó una lágrima que rodaba ya hacia su cuello
-por qué me niegas lo que me da la vida...?
-sabes que te amo demasiado Ed, por favor, no me mires así... solo se feliz para que yo pueda serlo! – dijo antes de romper en llanto. El trató de abrazarla, pero ella lo apartó con sus manos empujándolo.
-no me hieras así...
-es como las mentiras Edward... debo herirte por amor, para que una herida mas grande no te haga infeliz.
-más me hará infeliz tu indiferencia...
-entiéndeme que no es por que quiera, no seas necio! Crees que no me derrito por besarte, por abrazarte... sólo no quiero que esta enfermedad te mate lentamente como lo hizo conmigo. Ed, entiéndelo.
-Josephine... yo quería volver contigo a mi mundo...
-y yo quería verlo. Pero no soy tan fuerte como dices... una semana... será suficiente para dejar todo en orden... por qué tenía que ser así y no de otra manera menos dolorosa...
-por qué lo dices como si fuera cualquier cosa?
-Siempre me he rodeado de muerte. Mi personalidad se ha hecho así por ver tantas muertes... soy muy depresiva y pensé muchas veces en el suicidio, al no tener nada que perder. No me siento mal ante la muerte, al contrario... pero ahora que te tengo a ti y a los demás me resulta tan difícil... debo estar loca y en vez de aquí debería terminar en un manicomio... nunca he estado bien... pensé que nunca lograría ser normal... un día me dijo el doc que era por mi gran inteligencia que no me volvía loca completamente... el dolor era el que me ponía así. A veces estoy feliz y en un minuto... Ed, que no te sorprenda que trato el tema con ligereza... esa es la razón
-tu no estás loca... es el mundo que no comprende a los genios excéntricos como nosotros. A mi siempre me han llamado loco, por lo de mi mundo... Iré por algo de comer, si? Ahora vuelvo. La enfermera se quedará aquí contigo.
Clara llegó unos días después a verla, junto con su esposo. Al saber que le quedaba muy poco la abrazó llorando, no importándole que la chica tratara de impedírselo. Estuvieron con ella platicando mucho tiempo.
Al fin ese día Heideric llamó a un padre, como Edward se lo había pedido en el hospital. Estuvo con la chica largo rato en privado, para luego, al salir fue interceptado por un serio Edward.
-Padre, quiero que me case con esa mujer.
-Pero...
-se lo ruego. Si es necesario que haga alguna cosa, dígame y la haré... solo, cáseme con ella. Aunque no crea en ningún Dios... sólo dígame que hacer.
El padre pues los casó, después de hacer que Ed hiciera una serie de cosas. Al ver que a pesar de todo la chica aún tenía algo de fuerzas, le ayudaron a ponerse el vestido que había comprado para la ocasión y fueron a la iglesia.
Allí estaba Edward con un traje que rentó y todos los demás chicos.
Heideric fue quien entregó a la chica. Al detenerse frente al altar, le quitó el velo y le besó la mejilla diciéndole
-debí dejarlos que se casaran cuando me contaron lo de sus planes. Perdóname
-No hay nada que perdonar. – éste sólo sonrió con lágrimas en los ojos y la ceremonia procedió. Al final por fin se besaron... algo que Edward le había suplicado por días, y supo por qué la negativa, su boca comenzaba a saberle a sangre.
Al volver la enfermera le aplicó una vacuna y de nuevo Josephine era confinada a su recámara.
Esa noche, Edward fue a su lado, ella lo miró con infinito amor y lágrimas en los ojos. Había un sobre en el buró y ella le sonrió.
-ya es hora...
-de qué?
-ha pasado casi dos semanas
-quiere decir que estas mejorando y...
-no... – y quitando la cobija le mostró la sábana, manchada de sangre. – no quería que la vieras... pero es tarde. Estoy muy débil – y a cada palabra tosía sobre un pañuelo, que manchaba de sangre cada vez – por eso dije que es hora. Llama a todos por favor. – Así Edward se separó y les gritó a todos.
-No Josephine...
-no Clara... ya estoy muy cansada y débil – dijo sentada en el sillón mientras quitaban la sábana ensangrentada, de aquella cama que compartió con Edward varias noches. Luego de nuevo la recostaron en ella una vez limpia. – chicos, quiero que continúen ese proyecto para llegar a las estrellas, yo los veré desde allí y espero que sus sueños se cumplan. Alphonse... nunca pude llamarte así... Alphonse, cuida de Edward por mi, y quiero que Edward también cuide de ti, ambos son chicos grandiosos a los que quiero muchísimo, quiero que sean felices y que cumplan el proyecto y sus promesas.
Clara, cuida de tu esposo y que él logre adelantarnos científicamente con sus descubrimientos. Y Edward, mi amado esposo... vuela mas allá y llega a tu hogar, y desde las estrellas te cuidaré para que nunca estés solo...
Josephine les pidió salir del cuarto a todos, con excepción de su esposo.
-Bésame Ed... el último beso...
-me hiere tanto esto que me dices... deseo besarte, pero no deseo que sea el último... – se sentó a su lado y la besó, dejándose caer ambos sobre la cama, comiéndose. Cuando ella lo alejó y en una tinaja que tomó con rapidez, vomitó una gran cantidad de sangre, que la dejó inmediatamente pálida. Sus labios perdían el color. Cuando dejó de escupir sangre, le quitó el recipiente con su sangre, le tomó el rostro, no importándole esa maldita enfermedad y le dijo en un roce de labios
-mientras tus labios aún sean rojos, como la vida... – y la besó, su boca aún tenía sangre, la cual sin querer probó. Se separó de ella...
-Te amaré siempre Ed... quiero que seas feliz y que vueles mas allá de las estrellas, como yo no pude...
-así será – le dijo con una sonrisa y una mirada desbordantes de amor y en un último beso, ella dejó de responderle, y se dejó caer lánguida en los brazos de su amante, quien la abrazó llorando amargamente, gritando su nombre. Se limpió la sangre de la boca con la camisa, para que nadie viera su delito. La enfermera llegó y trató de separarlo de su cuerpo para ver cómo estaba, pero él se aferraba al frío y tieso cuerpo de su amada, llorando amargamente e implorando al cielo que volviera, cuando gritó algo que desconcertó a todos.
-Piedra Filosofal, te crearé de nuevo y la traeré de vuelta!, no volverás a quitarme nada nunca más! – al oír esto todos creyeron que se había vuelto loco por el dolor. Al fin lograron separarlo para verificar la muerte, y anotar la hora. El solo se quedó llorando, tirado en el suelo hundido y ebrio en lágrimas de sangre.
-Ed... – dijo Heideric, dándole un sobre que ella había dejado con su nombre – al menos se dijeron adiós. – dijo abrazándolo y llorando con él, mientras en la casa sonaban los llantos lastimeros de Clara, quien también lloraba amargamente, gritando
-es como si me hubieran arrancado el corazón en vida, Dios mío!!
Todos los demás lloraban en silencio, excepto la enfermera, que hacía fríamente su trabajo. Al ver el desorden tuvo la cortesía de llamar a los servicios correspondientes, así como al médico para que verificara su muerte.
El funeral fue hermoso, y no había mucha gente.
-Heid, algún día podré dejar de enterrar a todos los que amo?
-No lo sé Edward... no lo sé – tocó su hombro y se alejó de allí junto con todos los que se iban. El se quedó mirando la lápida con su nombre. Luego abrió el sobre.
Para que me tengas siempre contigo,
en tu viaje mas allá de las estrellas,
en tu amado hogar...
Tuya por siempre, Josephine.
Era un relicario, dentro del cual había un mechón de cabello y una fotografía suya al lado de una de él. Ese relicario le recordaba al de Lujuria...
-si cometiera de nuevo ese error y fueras un homúnculo... esto te hubiera costado caro. Pero ese mundo está muy lejos, y tu te quedas en las estrellas, no pienso cometer las estupideces del pasado que me atraparon aquí. Creo que debo aprender a decirlo ya.
Adiós, mi amada Josephine...
Se dio la vuelta y el viento se llevaba una lágrima suya con él.
El Gran Final... espero que les haya gustado... o no sé. Espero Reviews para este capítulo y por favor pasemos al Epílogo.
