CAPÍTULO 6. EL PRIMER INDICADOR


"Collar bajo mi noche". Tras la copiosa y agradable comida el profesor había subido a su habitación para reflexionar acerca del significado de la nota.

En un primer momento pensó en un acertijo, sin embargo no conseguía llegar a ninguna conclusión con sentido.

¿Un juego de letras, quizás? Probó a leerlo del revés: "Echo ni moja bralloc", carecía de sentido alguno. Lo mismo sucedía al mirar la frase reflejada en el espejo.

- Un anagrama… - Masculló con la vista fija en el papel.

Sin mas dilación comenzó a buscar frases que se pudieran formar con las letras que Sarah le había escrito en la nota: "Alojar mi bloc noche", "Broche con mal alijo", "Halcón cobijó el mar", "Lección moral… ¿Jobha?", todas las combinaciones sonaban aún mas extrañas que el original. Echó un último vistazo y por fin una amplia sonrisa se dibujó en su cara:

- "Mira bajo el colchón".

Se arrodilló en el suelo y miró bajo la cama: allí no había mas que sus zapatillas y un par de motas de polvo.

- Habrá que deshacerla entera. - Pensó resignado.

Si había algo que el profesor detestaba era hacer la cama cada día. Siempre la hacía a regañadientes, ya que verla deshecha le resultaba aún mas desagradable. Y siempre le quedaba horriblemente mal.

Nadie le había enseñado nunca a hacerla de la manera correcta. Primero, cuando vivía en casa de sus padres, era su madre la que se encargaba de toda la casa, incluidas las camas. Mas tarde, siendo un estudiante universitario, se mudó a vivir con su novia Claire. Ella, mucho mas cuidadosa que él, se encargaba de la cama, de mantener la casa en orden y de la comida, dejándole a él encargado de fregar los platos, el suelo, limpiar el polvo y sacar la basura. Cuando el caprichoso destino le hizo quedarse completamente solo no le quedó mas remedio que aprender a hacerla entonces, pero "a su manera".

Comenzó quitando colcha, manta y sábanas y colocándolas amontonadas sobre un pequeño escritorio que había junto al armario. Levantó el colchón y lo colocó a duras penas en vertical, apoyado contra la pared. Pesaba horrores ya que la cama era doble, lo que incrementó las molestias de espalda que padecía desde la mañana. Sobre el somier no había absolutamente nada.

Extrañado echó un vistazo al colchón, lo había colocado de tal forma que quedaba visible todo el reverso. Estaba cubierto con una funda cerrada con una cremallera que había quedado totalmente accesible. Abrió la cremallera y allí estaba el segundo indicador de su camino: un mapa de Northsorrow, con los nombres de sus calles y principales puntos turísticos. En el reverso del papel, escrito con la elegante letra de Sarah podía leerse: "Tu búsqueda continúa tras el 7".

- El siete… - Murmuró confuso.

Qué mejor enigma para enmascarar la siguiente pista que el número mágico por excelencia. Siete son los días de la semana, los colores del arcoiris, los pecados capitales, las notas musicales… incluso se habla de los siete mares. Podría significar cualquier cosa.

Layton miró el mapa confundido. Tenía que asociar alguna de las localizaciones que en él se mostraban con "el 7", y tenía que hacerlo rápido ya que disponía de tiempo limitado. Los nombres de las plazas, las calles, los monumentos… no le decían absolutamente nada.

Ofuscado, comenzó a trazar heptágonos uniendo diferentes puntos del mapa en busca de alguna indicación oculta, cuando de repente sus ojos se iluminaron.

- ¡Claro! - Exclamó. - Trattoria "EGO".

"Ego", el "Yo", la soberbia. El séptimo pecado capital y sin duda, el pecado por excelencia. Fuera lo que fuese que Sarah quisiera que encontrase a continuación, estaba sin duda tras ese restaurante italiano.

Sin mas dilación el profesor dobló el mapa y se lo guardó en el bolsillo del pantalón. Tomó su abrigo del perchero, se lo colgó del brazo y salió como una exhalación de la habitación. Al parecer iba a tocar cenar spaghetti.