Salvo las tres chicas de creación propia, los personajes pertenecen a Kishimoto.

Si quieres apoyarme y ayudarme, pásate por mi blog (Natsu no Nikki) o por el perfil (para ver la info). Podrás leer más de naruto, Bleach, One Piece y Fairy Tail, entre otros. Algunos fics estarán allí de forma exclusiva.

Capítulo 6: hechos inesperados

El olor del pan recién hecho corría por las calles de la aldea, llamando la atención de quienes madrugaban. La normalidad volvió a la villa y, lo sucedido al final del día anterior, no fue más que un apacible sueño.

Salvo para Hatake Kakashi.

Había logrado llegar a casa gracias a Jiraiya. Después de la pelea, el peligris se había desmayado a causa de usar el Mangekyou Sharingan. El Uchiha se había vuelto poderoso. ¿Cuál era, realmente, su objetivo? Intentó matar a su hermano pequeño. ¿Por qué? ¿De verdad quería ser el último? Si era eso, ¿por qué no haber acabado con Sasuke hace años?
Por otro lado, siendo parte de Akatsuki, ¿su prioridad no debía ser el bijuu que guarecía Naruto? La más poderosa de las nueve bestias mitológicas.

En eso pensaba, desanimado, el ninja copia. No había podido dormir. Y, encima, tendría que ir a ver a Tsunade.

Yare, yare… La segunda vez que me pasa. Al menos esta vez no fue Gai quien me trajo.- recordó, con una gota en la frente.

~ o ~

La mañana entraba con tranquilidad en el hogar del rubio. Los finos rayos solares impregnaban la habitación de color. La estampa, bella: dormían abrazados. El día anterior fue agotador. Y, la noche, especial

Llegaron riendo y con cansancio acumulado. Naruto y Sakura estaban felices: la vuelta de Sasuke supuso una dosis de alegría. Se reflejaba en sus rostros.
Cenaron algo ligero. Mientras saboreaban la comida, la chuunin se sonrojó de repente.

– ¿Estás bien, Sakura-chan?
– Sí….- respondió, ruborizada.- Esto está muy bueno. ¿Qué es?- preguntó con disimulo.
– Pues… tallarines a la Uzumaki.- dijo él, improvisando.

Sonrieron por aquella situación. Luego, recogieron la cocina, para terminar sentándose en el sillón de la sala. Mientras veían la tele -bostezando cuando había publicidad-, ella, sin darse cuenta, se abrazó al rubio. Él pasó su brazo sobre los hombros de la pelirrosa, y acarició su melena con suavidad. Se miraron. Se separaron. En sus caras se podía notar el tono rojizo.

– ¿Quieres… ir a dormir?- preguntó él.
– Vale…- respondió ella.- "Pero, ¿por qué estoy tan colorada…?"- pensó, confusa.
– "Será mejor que venga al sofá a dormir."- examinó él, sintiendo sus mejillas más rojas.- Te prepararé la cama.- señaló, mientras se dirigía a su habitación.
– Naruto… voy a ducharme… si no te importa.- añadió con dificultad.
– Cla… claro. En el baño hay toallas limpias.- puntualizó, nervioso.- "¡Se va a duchar aquí…!"- apretó sus puños y su cara se arrugó, mostrando una imagen muy graciosa.

La chica salió con lo mínimo: una toalla que cubría su juvenil cuerpo, y otra enroscada en el pelo. El ojiazul creyó soñar. Sintió que quería vivir aquello cada día. Ella lo miró con timidez.

– Oye, Naruto… ¿Me dejas pasar…?
– Ah, sí… sí…- advirtió que le cortaba el paso.- "Seré idiota…"- pensó, con un gesto decaído.- Voy a… du-du-ducharme.- tartamudeó, señalando el baño.
– Vale. Me pondré algo más atrevido.- concluyó ella, sonriendo y enseñándole la lengua.

Naruto estuvo a punto de tragarse la puerta del baño, aparte de tropezar con una silla, la mesa de la sala y de resbalar con su propia ropa. Estaba muy nervioso por pasar la noche con Sakura. Primera noche juntos, en realidad; en ese ambiente, claro. Tras salir de la ducha tocó en la puerta de su cuarto.

– Sakura-chan, ¿puedo entrar?- preguntó con discreción. No hubo respuesta.- ¿Sakura-chan?- tocó de nuevo, sin resultado.

Abrió la puerta de golpe, y se encontró con una imagen que no olvidaría: la chica se había quedado dormida sobre el edredón, sólo con su ropa interior de color azul pálido. Naruto sonrió y se acercó a la cama. La sostuvo en brazos, pegando su piel desnuda con la suave piel de ella. Sintió unas ganas irremediables de besarla. Se acercó más y más a sus labios que, de improviso, soltaron un nombre…

"Naruto…"

Y, luego, dos palabras…

"…te quiero".

El chico agrandó sus ojos sorprendido, y dejó un susurro en los oídos de ella…

"Sakura-chan, te quiero."

La pasión hizo el resto.

Ohayou, Sakura-chan.- dijo él, besando la frente femenina. La chica abrió los ojos lentamente.
Ohayou, Naruto-kun.- expresó ella, con una sonrisa y acariciando la cara del chico.
– ¿Dormiste bien?
– Sí. Gracias por todo.- añadió, sonrojada.
– De nada.- sonrió.- ¿Desayunamos?- preguntó.
– Sí. Pero antes…
– Deberíamos ir a ver a Sasuke. Hoy le dan el alta.
– Naruto-baka, ¿quieres hacerme caso?- le dio un capirotazo.
– ¡Auch! Gomen

Sin tiempo para decir más, la pelirrosa se abalanzó sobre el rubio: lo llenó de caricias y besos apasionados. Él respondió a aquel ataque tan especial.

En el despacho, Tsunade y Natsukira se desperezaban sin reparos, bostezando ampliamente. Ninguna de las dos pudo pegar ojo; no fueron las únicas. En la ventana, escondido en las sombras, un viejo intentaba mantener el equilibrio a duras pena. Después de pasar la noche en vela, su cuerpo no le respondía en plenitud de condiciones. Antes de empezar a hablar entre ellas, la vieja Hokage exclamó algo al inquilino misterioso.

– ¿Alguna vez te dignarás a entrar por la puerta, maldito pervertido?
– Así que te habías dado cuenta.- respondió el aludido.- "Hoy está de buenas."– pensó, enarcando una ceja.
– Sólo falta que la vieja empiece el día cabreada.- susurró Natsukira.
– ¿Dijiste algo, enana?- inquirió la rubia, con la vena marcada en su frente.
– No…- gimoteó la castaña, con una gota de sudor frío en la cabeza.

Jiraiya entró por la ventana y, tranquilamente, recorrió el camino hasta la puerta de la habitación. La abrió, y salió. Unos segundos después tocó.

– ¿Se puede?- preguntó en tono burlón.

Natsukira se partía de risa, mientras a la rubia princesa se le marcaba más la vena, y sus ojos se incendiaban. El viejo volvió a abrir la puerta. Entró de nuevo, sonriente.

– ¿Así te gusta más, quisquillosa?- cuestionó con sarcasmo.

Se acercó a la mesa. Pero, antes de posar sus manos en la misma, la ojimarrón -con chakra en su puño- le atizó tremendo golpe. Ero-sennin salió volando y se estrelló contra la puerta, la cual quedó destrozada. Cayó al suelo semi-inconsciente y con la cara desfigurada. Natsukira paró de reír, mirando a la Godaime con terror; aunque al ver, al viejo, rió tapándose la boca con la mano, disimulando. La Hokage cogió al herido y lo sentó en el suelo. Shizune apareció en la escena, llevada por el estruendo anterior. Intentó pasar desapercibida.

– Shizune, llama a alguien para que arregle la puerta.
– Sí, Tsunade-sama.- respondió, rígida. Se marchó.
– Para que aprendas, viejo.- puso sus manos sobre él y lo curó. Después, lo besó dulcemente en los labios, cambiando su gesto.
– Tsu-chan…- cortó a su compañero, poniendo un dedo sobre sus labios.
– Shh, ahora no…- le guiñó un ojo.- …pervertido.- susurró a su oído. Jiraiya se levantó.
– Pareja de tortolitos.- Natsukira miraba en otra dirección.- Es hora de hablar en serio.

Se sentaron. El ataque del día anterior no había sido una broma de mal gusto. Tsunade estaba preocupada. Pero, quien más les inquietaba, era Naruto.
Tras unos minutos de reflexión y silencio, hablaron. La más joven explicó lo que había vislumbrado con su poder: la matanza del clan Uchiha; los ataques contra su hermano menor; su paseo por Konoha en busca del jinchuuruki rubio. Siempre Itachi. ¿Por qué? Ella no lo entendía.
Jiraiya y Tsunade le contaron todo, lo que desconcertó más a la chica. Ella había pasado su infancia junto a Itachi. No podía creer que, aquel niño tan atento, simpático y lindo -se ruborizó al pensar esto último-, hubiese sido capaz de matar a su clan, salvo a su hermano. ¿Qué pretendía con aquello? Él siempre destacó en clase. ¿Se convirtió en ANBU a los trece años? Un genio ninja, inalcanzable para ella. Sintió su marcha; ahora más que nunca. Tal vez, si su padre, Yondaime Hokage, hubiese permitido que se quedara en Konoha. Tal vez él…

– ¡Oi, Itachi-kun! ¿Qué haces?
– Konnichiwa, Natsu-chan.- agitó su mano, soltando la katana un momento.- Estoy entrenando. Quiero llegar a ser un gran ANBU.- sonrió.
– Baka, sólo tienes cinco años.- le reprochó, sacándole la lengua.
– ¿Y qué?- la miró con el ceño fruncido.- De todas formas, ya soy chuunin. Igual que tú.- comentó, sonriendo con inocencia.
– Es cierto. En eso me superaste.- le guiñó un ojo.- Pero, eres más flojo que yo.- y le dio con el dedo en la frente.
– ¡Auch! No te pases.

Se abalanzó sobre ella, y rodaron por la verde hierba de aquel prado. Reían y se divertían, como niños que eran. Entre los árboles, un chico miraba con envidia.

~ o ~

Un monstruo gigante, de nueve colas, había aparecido cerca de la aldea. Muchos ninja intentaban pararlo sin resultado, esperando ganar algo de tiempo hasta que llegasen los Kage. Dentro de la villa, el pánico reinaba y las calles eran un caos.
En el hospital, una mujer acababa de dar a luz a un niño rubio; ella estaba al borde de la muerte. Antes de marcharse para siempre, abrazó a su hija mayor por última vez. Y le hizo un regalo muy poderoso. Su padre, el gran Yondaime Hokage, le hizo una promesa de por vida. Sin embargo, ella tendría que abandonar Konoha, sin mirar atrás. La niña no lo comprendió en ese momento, pero acató la orden de su progenitor. Se despidió de su hermanito y de las personas presentes. Besó a su padre tiernamente, derramando lágrimas inocentes y tristes. Éste, tras proyectar un extraño jutsu sobre su hijo recién nacido, marchó raudo hacia el campo de batalla. Mientras, la niña fue conducida a otro destino, más seguro.
En el camino, se encontró con alguien muy especial.

– Itachi-kun…
– Natsu-chan, ¿adónde vas?- preguntó, sorprendido.
– Me voy de la aldea. Es una orden del Cuarto.- contestó, con las mejillas húmedas.
– Pero…- el niño fue cortado por un dulce beso en sus labios.
– Lo siento. Conviértete en ANBU por mí, ¿sí?- le sonrió por última vez.
– ¡Natsu! Yo…- susurró sin fuerzas, mientras su padre se lo llevaba contra su voluntad.
– ¡Itachi! Olvida a esa niña…
– …te…- el pequeño se desmayó, al tiempo que la Uzumaki desaparecía en las sombras.

De repente, Natsukira despertó de sus recuerdos. Alguien la zarandeaba: Kakashi había llegado al despacho en el momento justo. Ella lo miró con sorpresa. Él sonrió bajo la máscara. Por fin se habían reencontrado, después de tantos años. Los recuerdos embargaron al dúo. Sobre todo la pérdida de Obito. Y ahora que la castaña sabía lo sucedido con Itachi, no podía mirarle a los ojos. Apartó la vista y se incorporó. Los Sannin esperaban más información por parte de la chica. El ninja copia entendió, y dejó hacer. La conversación prosiguió, revelando algo que nadie esperaba.

– Tsunade-sama, Jiraiya-sama y Kakashi-san… lo que voy a decir me fue revelado por el Ryuugan. Así que es certero.- explicó con los ojos cerrados.
– ¿Qué quieres decir, Natsukira?- interrogó la Hokage.
– Orochimaru está muerto.

Seca y fría: así fue la respuesta. ¿Era cierto…? El trío se quedó petrificado. No obstante, hubo suspiros de alivio en el interior.

– Y la persona que lo mató…- le cayeron unas lágrimas por las mejillas.- …fue Uchiha Itachi.

A Tsunade se le heló la sangre, y sus ojos mostraban su atónito estado. Jiraiya cerró los ojos, con una mueca seria en su rostro.

"Akatsuki…"

Kakashi pudo contener su ira bajo la máscara. Su ojo destapado lo decía todo.
Natsukira se desvaneció en el suelo: le temblaban las rodillas.

– ¡Uzumaki Natsukira, levántate! Lo que acabas de contarnos es muy importante. Kakashi, ve a buscar a los líderes ANBU.- prorrumpió, llenando el silencio del despacho.
– Sí, Tsunade-sama.- masculló el jounin entre iracundo y triste.
– Jiraiya, ocúpate de Naruto, Sakura y Sasuke. No deben enterarse… aún.- dijo, nerviosa.
– Tsunade, ¿estás bien?- se mostró preocupado.
– ¡No me reproches y cumple tus órdenes! ¡Natsukira, te dije que te levantarás! Maldita mocosa
– No le grites. ¿No ves cómo está? Ella siente esto mucho más. ¡Maldita vieja! Aunque seas la Hokage, deja de hacerte la fuerte.- sentenció el peliblanco.
– Jiraiya…- la abrazó con ganas, al tiempo que ella caía en sus brazos, llorando.
– Deja que te ayude. Esto es demasiado para ti sola. Vete al hospital con Natsukira. Yo iré a por Ibiki. Tenemos que prepararnos.

Y dejó un beso en sus labios, antes de desaparecer por la ventana. La mujer se recompuso y agarró a la castaña: la estrechó entre sus brazos, como una madre a su hija. Sus grandes ojos claros dejaron de gotear y observaron a aquella mujer, que bien podía ser su progenitora.

– Tranquila. Estás a salvo.- le susurró, antes de que la chica hundiese la cara en los pechos de aquélla.

Se sentía segura al lado de su maestra.

~ o ~

En el límite este del país del Viento se encontraban dos muchachas. Caminaban por aquellos parajes, hablando tranquilamente de sus cosas. Aún les quedaba un largo trecho hasta la Hoja.
Decidieron hacer una parada para comer. El viaje les había abierto el apetito.
Saciadas, estuvieron listas para reemprender la marcha. Al poco, entraron en la zona intermedia entre el Viento y el Fuego, conocida como el país del Río. Aquella región era un hervidero de bosques semi-tropicales, por lo que las chicas empezaron a saltar entre las ramas, acelerando su marcha.

– Será un buen entrenamiento para tu equilibrio, Annael.
– Sí, sensei.- respondió la pelirroja.- Por cierto, Temari-san, ¿Shikamaru es guapo?- preguntó con descaro.
– Responder a eso es muy problemático.- se quedó pensativa.- "¡Mierda! Es lo que diría él…"– caviló, colorada como un tomate.
– ¿Estás bien?
– Sí, sí…- respondió la rubia, apurada.- Como respuesta diré que… Shikamaru es mío, así que vete a por otro.- dijo con un gesto endemoniado en su cara.
– Entendido…- balbuceó, temerosa.

Empezaron a reírse de la estupidez; esas risas fueron cortadas de inmediato. Dos personajes aparecieron sobre las ramas del árbol de enfrente. Los tipos reían maliciosamente, soltando obscenidades frente a las chicas.
¿Las estaban subestimando por ser mujeres? Qué típico. Sacaban sus lenguas llenas de saliva, babeando, haciendo gestos ofensivos.
¿Se creían tan fuertes? Qué idiotas. Las chicas sonrieron, cómplices. Con una velocidad impresionante, desaparecieron a ojos de aquéllos.

– ¡Eh, nenitas! No se vayan. Juguemos un poquito. Las dos son muy guapas. Mi amigo también quiere jugar.- soltó uno de ellos.
– Sí, yo también quiero divertirme. Seguro que las dos son muy juguetonas.- añadió el otro pervertido.- Y jugosas.- le dijo, en voz baja, a su compañero.

Empezaron a reírse aún más, como si estuvieran seguros de que las chicas se dejarían hacer algo. Después de unos segundos de risas inútiles, Temari apareció por la derecha. Annael entró por la izquierda, con su katana en mano.

– ¡Juguemos!- gritó la rubia, mostrando las tres estrellas de su abanico.- Ninpou, Kamaitachi.- el ladrón de la derecha salió volando a gran altura. Cayó inconsciente, con la ropa rasgada.
Sensei, observa esto. No seré menos que tú.- apuntó la pelirroja, tras ver el espectáculo de la jounin.- Kenkaze no jutsu.

Annael combinó el poder de su katana con su propio chakra, creando un torbellino que rodeó al otro idiota y lo dejó hecho polvo en el suelo, tras un vuelo de altura.

– Impresionante. Has mejorado mucho con tu katana.- se acercó a ella y le revolvió el cabello, regalándole una sonrisa.

La chuunin se sintió satisfecha. Respetaba mucho a su mentora; también como mujer. Por eso, cada gesto que le ofrecía, lo tomaba con aprecio. Después del inesperado incidente, prosiguieron.

~ o ~

En Konoha, Naruto y Sakura se disponían a ir al hospital. Volverían a caminar, a entrenar, a hacer misiones junto con Sasuke. Lo que no sabían era que, al haberse ido por su cuenta, era considerado un nuke-nin, al igual que su hermano. Al llegar, comprobaron que no estaba allí; pero se encontraron con Ero-sennin, quien esperaba en la puerta.

En la sala de interrogatorios, Morino Ibiki tramaba su estrategia para cuestionar al ojinegro. A su lado, Tsunade y Kakashi. La Godaime aprovechó para ordenar, a los escuadrones ANBU disponibles, que vigilaran los alrededores de la aldea. Akatsuki maquinaba algo; aunque sobre las intenciones de Itachi, nada estaba claro. El especialista empezó su trabajo.

– Uchiha Sasuke. Eres considerado un ninja renegado. Si no quieres recibir un castigo ejemplar, ¡respóndeme con claridad!

El chico de ojos afilados permanecía tranquilo, pese a la hosquedad de Ibiki.

– Está bien. No tengo qué perder. Cumpliré mi castigo.

Tanto la Hokage como el ninja-copia reaccionaron con sorpresa ante las palabras del joven shinobi. Ibiki sonreía maléficamente.

– Si estás dispuesto a colaborar, no hará falta que te torture. Tu querido hermano mayor ya lo ha hecho bastante, y bien.- atinó a decir con sarcasmo.

Fue como una patada en la entrepierna. Sasuke mostró una cara de pocos amigos al culpable. Tsunade y Kakashi también se molestaron por aquel método, pero no podían rechistar: estaban en el terreno de aquel hombre tan bruto. Ésa era su forma de ser y trabajar.
Aguantándose las ganas de pegarle un puñetazo, Sasuke contó todo lo que sabía: las intenciones de Orochimaru para utilizarlo como su próximo recipiente, para luego meter mano a Akatsuki y llegar a controlarla. Los acuerdos que tenía con varias aldeas menores, junto con todos los shinobi leales a Otogakure. Todo por un único motivo: volver a atacar Konoha con todas sus fuerzas.

Era un vicio insano. Como si su mente no viese más allá.

"Teniendo a Kabuto y el Sharingan en su poder, pensó que sería invencible. Sin embargo, cuando intentó tomar el cuartel general de Akatsuki, del cual no conozco su ubicación, salió escaldado. Esa organización acabó con miles de subordinados en muy poco tiempo, y ni siquiera estaban todos los miembros. Orochimaru estalló en un ataque de rabia; casi se vuelve loco, literalmente. Kabuto tuvo que medicarlo, y luego me pidió que lo acompañase al Puente del Cielo y la Tierra. Una misión importante, me dijo.
Antes de esto, me encontré con Naruto en un bosque. Estuve a punto de matarlo, o eso creí; pero, alguien se entrometió y recibió todo el daño mortal. El sello maldito se retrajo, sin motivo, justo en el peor momento.
Por último, recuerdo que, el día de la reunión en aquel puente, me sentí débil y somnoliento. Llegué a ver a Sakura y a Naruto, enfrentándose a Kabuto. Noté la presencia de alguien conocido. Tal vez… Itachi. No recuerdo más."

Acabó de hablar con un gesto serio y triste. Ibiki se quedó satisfecho, y salió de allí sin preguntar más.

"Uzumaki Naruto. Sigue siendo un chico interesante."– caviló, al tiempo que desaparecía por la puerta.

Tsunade se acercó a Sasuke. Kakashi se alegraba de verlo tan recuperado, y sentía curiosidad por saber qué castigo le impondría la mujer.

– Sasuke. Ahora recibirás tu castigo.
– Entendido.- dijo él.
– Escucha…

~ o ~

– ¿Con Morino Ibiki?- inquirieron a la vez.
– Sí. Es especialista en interrogatorios. Además, Sasuke se fue por voluntad propia, con lo que no puede quedarse sin castigo. Son las normas.- añadió el viejo.
– Que la vieja Tsunade no se pase, dattebayo.- refunfuñó Naruto, de brazos cruzados.
– Jiraiya-sama, eso quiere decir que… ¿Sasuke será considerado un ninja renegado, un nuke-nin?- preguntó la pelirrosa.
– No lo creo. Tsunade sabrá llevar esta situación. Si se comporta como debe, no habrá problema.- finalizó, sonriendo.- Me voy. Tengo que… seguir investigando.- se despidió disimuladamente.
– Este Ero-sennin nunca cambiará.- concluyó el rubio jounin.
– Oye, Naruto…- insinuó Sakura, acariciando la cara del chico.
– Sa… Sakura-chan…- tartamudeó, ruborizado.

Sus jóvenes labios se unieron dulcemente.

~ o ~

– ¿Ese usuratonkachi?

Sasuke estaba decepcionado.

– ¿Prefieres que te castigue yo?- examinó la Sannin con picardía.

El chico respondió con un gesto entre asco y miedo. Kakashi se aguantaba la risa, oculta su cara tras el librito que solía llevar. Tsunade apartó la mirada del muchacho, y se dirigió a la puerta de la estancia. Bufó. Chasqueó la lengua, molesta.

– Cumple tu castigo, Uchiha. Kakashi, ocúpate de él por ahora.- añadió, mosqueada.- Y preséntale a su nuevo sensei.- terminó con ironía.
– Maldita vieja…- susurró Sasuke, con el ceño fruncido.
– No la maldigas. Después de todo, se portó bien contigo.- comentó el jounin.
– Vale…

"Podré ver lo que ha aprendido en estos años. Ahora es jounin."– caviló, dibujando una sonrisa misteriosa en su rostro.

– Sasuke, vayamos a comer algo. Yo… invito.- concluyó el peligris con dificultad, mientras cerraba el Icha Icha.

~ o ~

La pareja seguía mostrando su cariño en aquel banco, ante la mirada envidiosa de algunas personas. Otras se quedaban aleladas ante la escena. Quizá por el romanticismo.
Alguien se acercó.

– Ejem… Konnichiwa, parejita.- saludó Natsukira, guiñando un ojo y con dos dedos de la mano derecha en forma de V.

Se separaron al instante, con la sorpresa metida en el cuerpo y sus mejillas rebosando sonrojo.

– Hola, nee-san…- respondió Naruto, nervioso. Su mano, dada la situación, fue a parar a un pecho de Sakura.
– Ero-baka…- gruñó ella, dándole un puñetazo en la coronilla.
– Ups… Hermanito, quería pedirte un favor.- la castaña se disculpaba por su atrevimiento.
– Ah, Natsukira-san, no te preocupes.- dijo Sakura, con una gota de sudor en la frente.
– Ay, ay, ay… mi cabeza…- se quejaba el chico.
– ¿Podría vivir contigo, Naruto?- cuestionó, directamente, la hermana mayor.
– Cla… claro, nee-san. ¿Verdad, Sakura-chan?- el rubio se quedó un tanto atónito.
– Desde luego. Ese apartamento necesita un toque femenino.- comentó la pelirrosa, sonriente.

Aunque la ojiverde, en el fondo, se sentía un poco desplazada. Después de tantos años solo, Naruto había recuperado a parte de su familia. Era un hecho para estar alegre. Él se lo merecía, pero… tal vez ya no se podrían ver tanto, a solas. Ella quería repetir aquella noche tan maravillosa.
Por otro lado, él había soportado la soledad durante mucho tiempo. Sakura no podía comprender ese dolor, y lo sabía. Por eso…

– ¡Las invito a comer!- exclamó él con energía.
– ¡Ramen, ramen!- gritó Natsukira.

…ella permanecería a su lado.

Se parecían tanto, con esas sonrisas tan joviales, y la forma de ser tan optimista. No podía romper ese vínculo tan mágico; un verdadero lazo de sangre. La ojiverde sintió un temor repentino, pero lo ocultó en el fondo de su corazón.
Se dirigieron a Ichiraku, mientras Sakura miraba a la familiar pareja.

"Son iguales."– pensó, sintiendo una gota de sudor en la sien.

Mientras tanto, en el límite sureste del país del Fuego, alguien salía de una pequeña cabaña, ubicada al lado de un lago de aguas cristalinas. Un señor, anciano, caminaba hasta el agua, donde un joven entrenaba con ahínco.

– Uchiha-kun, parece que el tratamiento dio buenos resultados.
– Buenas tardes, Okaru-sama.- el joven hizo una reverencia.- Sí, mi cuerpo ya está adaptado a todos los movimientos.
– Entonces, ésta será la última sesión de recuperación.- el viejo acumuló chakra, y posó sus manos en la parte derecha del cuerpo de aquel hombre.
– Podrías venir conmigo a Konoha. Allí vivirías bien.- comentó el pelinegro.
– No, sin Tsuchi ya no tengo razón para marcharme. Acabaré mis días en esta cabaña, Uchiha-kun.- el viejo se levantó.- Cuídate, pequeño. No te olvides de nosotros, y vive feliz con esta segunda oportunidad.- se despidió, dejando brotar unas tímidas lágrimas.
– Arigatou, Okaru-sama.- el joven fue hacia una tumba cercana al lago.- Arigatou, Tsuchi-bachan, por devolverme la vida. En Sunagakure estarían orgullosos de ti, y de esa técnica secreta que usaste conmigo. Lástima lo de mi ojo izquierdo, ¿verdad?- sonrió.- Está en buenas manos, de todos modos.- rió con fuerza.- Ahora, querida vieja, me reuniré con él después de tanto tiempo. Y con ella… mi querida Rin.

Y, mirando al cielo despejado, se encaminó a la Hoja: la aldea donde nació. Oyó su nombre, dicho por aquella mujer que lo resucitó, una vez más…

"Obito-kun, cuídate."

Si te gustó y quieres leer más, pásate por el blog (Natsu no Nikki) o visita mi perfil. Gracias.