DISCLAIMER: Los personajes de Yu-Gi-Oh! No me pertenecen son propiedad de sus respectivos creadores.
Tormentosa Manipulación
Chapter 6
By Kinyoubi
Razones
Mokuba no había parado de dar vueltas por la tenuemente iluminada habitación desde que las manecillas plateadas del gran reloj circular empotrado en una de las lisas paredes del recinto formaran una línea recta, indicando con marcada precisión las seis de la tarde.
Joey le había prometido estar de vuelta para antes de las siete he ir juntos a cenar a un ameno restaurante, después sería bueno tomar un trago en algún bar de ambiente íntimo, un paseo tal vez y una buena noche de sexo desenfrenado no estaría mal en lo absoluto.
El chico de melena larga sonrió ligeramente ante sus más recientes pensamientos.
Estaba cayendo en uno de esos ideales que rayaban el límite a lo cursi. No era que le molestara el romanticismo en sí, siempre y cuando el asunto no fuera demasiado cargante. De pronto se sentía como una quinceañera enamorada, planeando la cita perfecta con su príncipe azul, y en definitiva el no contaba en ese momento ni siquiera con el blanco corcel.
Las dos líneas brillantes que formaban las saetillas del reloj habían llegado a una misma posición, marcando esta vez las seis con treinta. La cara del moreno ya tenía ligeros indicios de un rictus disgustado, y era que Joey se había estado comportando de una forma bastante extraña últimamente.
Simplemente había estado saliendo en ocasiones que sin más no tenían porque ser, no es que fuese un celoso obsesivo, tampoco era que necesitase estar cerca del rubio todo el tiempo, estaba consiente de que en una relación si bien el asunto era compartido, cada parte debía tener un espacio propio. Si si... todas esas reglas supuestas para mantener una excelente vida de pareja, Mokuba no pudo evitar un gesto irónico ante el camino que su mente estaba siguiendo, mas terco cual el legado Kaiba le había heredado, dejó pasar de largo tales pensamientos y se dispuso a seguir buscando una respuesta ante el no tan usual comportamiento de Joey Wheeler.
Que va... en ese momento no le apetecía en lo mínimo ponerse a profundizar sobre el tema. Lo único que quería era ver cruzar al rubio por esa puerta, se dijo mentalmente, mientras que, como si el acto fuese parte de un ritual mágico, se plantaba frente a la gran portezuela con una mirada que de ser tangible, terminaría perforando la gruesa madera.
Joey nunca se había distinguido por ser una persona demasiado misteriosa, por no decir que resultaba ser bastante simple, pensó Mokuba, no pudiendo evitar rodar sus ojos mientras abandonaba su posición de vigía frente a la puerta de la habitación y se dirigía a la comodidad de un mullido sillón.
El rubio no era precisamente un libro abierto, no obstante, resultaba uno muy fácil de abrir, presentando en páginas primeras toda la esencia de su ser, lo demás venían siendo pequeños detalles que lo hacían convertirse en la gran persona que era.
Esta vez tocó el turno a sonreír para el rostro del moreno, si había algo en lo que no cabía la más diminuta duda, era en cuanto al gran corazón de Joey. Suspiró. Ok, ese tampoco era un camino por el cual quisiera dejar su mente conducir. Aunque más bien estaba empezando a descubrir que era su corazón el que se resistía a andar por esos lugares.
Su mirada se posó sobre el reloj de pared, cuyo ligero tintinear le indicaba que eran ya las siete en punto, y no estaba dispuesto a reprimir una buena hilada de improperios dirigidos hacía su rubio amante de no ser porque el constante vibrar de su móvil lo sacó de tales pensamientos. Apurado, sin evitar fruncir el ceño al verificar al emisor de tal llamada, colocó el aparato sobre su oído, esperando escuchar la voz del otro lado.
Su rostro no había dejado escapar el enfado, se mantenía tenso y una de sus cejas estaba en notable disparidad respecto a la otra. Pero no iba a dejar que eso le arruinara la noche, por supuesto que no. Tomó su chaqueta de sobre uno de los sillones y su cartera de la mesilla de centro en la sala, y escuchando el continuo excusar del chico al otro lado de la línea se dispuso a abandonar el costoso cuarto de hotel.
- Ya, basta, voy en camino... espera a que nos veamos allá, entonces serás tu el que me va a escuchar.
El clima frío de la habitación estaba empezando a calar sobre su cuerpo expuesto aún entre la suavidad y agradable olor que las sabanas desprendían.
Un escalofrío recorrió desde la punta de su columna partiendo de las estrechas caderas hasta llegar como cientos de pinchazos pequeños a esparcirse por su cerebro. No era algo doloroso, pero eso no quitaba el enorme malestar que la sensación acarreaba. Sacudió su cabeza con los ojos cerrados, tratando de alejar el cosquilleo que la hacía presa, se apoyo con ambas palmas sobre el colchón y se levantó hasta quedar sentado, recargado sobre el duro respaldo de la cama.
Claro está que dicho movimiento no le agradó para nada a su adormilado acompañante.
- Umg.. – fue el gruñido molesto del castaño quien moviendo con pereza su cuerpo aperlado, se acomodaba concienzudamente cerca del rubio, pasando por sobre el blanco pecho uno de sus largos brazos.
Ante el gesto posesivo del mayor de los Kaiba, Joey no pudo reprimir una sonrisa divertida.
- Hey hey, para de gruñir¿No se supone que aquí el perro soy yo?
Y claro que la respuesta no se hizo esperar, en cuestión de segundos un enorme almohadón se encontraba siendo estrellado contra el azorado rostro del rubio.
- ¡Oye tu! – fue el reclamo indignado.
- Eso es para que aprendas que los buenos cachorritos no se revelan ante sus dueños – con una de sus cejas alzadas en gesto divertido, Kaiba miraba al chico de ojos cobrizos mientras se acomodaba sentado en la cama y terminaba de estirar su entumecido cuerpo.
- Si claro... – con el gesto levemente enfurruñado Joey miraba la mueca arrogante que el imponente CEO le dirigía, no pudiendo evitar frotar su adolorida nariz.
- Lo siento¿Te he dado muy fuerte? – sonriendo sutilmente el castaño se inclino hacia el rostro del rubio con una actitud inocente muy bien fingida, para posteriormente darle a la nariz enrojecida de Joey un ligero empujón cortesía de uno de sus largos dedos.
- ¡Auch! Seto! – miraba enfadado al mayor de los Kaiba, tras haber apartado de un manotazo las manos largas de sobre su cara.
Esta vez, tomando con gracia ambas muñecas del rubio para evitar algún movimiento brusco, un sonriente castaño acercó sus labios a la respingada nariz nacarada, dando un rápido beso a modo de sincera disculpa.
- Ya, no es para tanto ¿Me perdonas? – Joey no pudo dejar de pensar como semejante tipo frió como lo era Kaiba, podía adoptar una expresión tan endemoniadamente adorable cuando se lo proponía. Gruñó, ese sujeto era todo un caso.
- Como si pudiese negarte algo cuando me pones esa cara
- Como si pudieses negarme algo nunca, cachorro – fue la respuesta altanera del castaño, mientras se inclinaba para robarle un fugaz rose de labios.
- Ja ja, no sabes la gracia que has adquirido en estos años – con una risa que destilaba ironía, Joey quitó las suaves sabanas de sobre si, y salió de la cama con movimientos pausados.
Esta vez Seto no se lo impidió, la figura larga del castaño se reclinó cómodamente sobre los anchos cojines de la amplia y elegante cama, con un suspiro largo y una expresión relajada en el rostro, se dispuso a dejar caer sus ahora pesados parpados sobre sus azulados ojos.
Mientras, el rubio estaba atareado tratando de descubrir donde demonios había quedado su camisa después del recién terminado encuentro pasional del que había sido partícipe. Estaba en cuclillas sobre la alfombra, intentando vislumbrar algún atisbo de color bajo las sombras de la cama. Estiró uno de sus largos brazos y tomó aquel pedazo rojo de tela del oscuro lugar. ¿Cómo rayos había llegado su camisa hasta allá abajo?
Cuando se levantó de su posición en el suelo mullido, fijó su vista hacia la superficie dónde el de ojos azules descansaba, nuevamente con los ojos cerrados. Una mueca que no se pudo definir entre la nostalgia o el reproche, se asomó en las facciones suaves de su rostro. Fijó su vista sobre el reloj que reposaba en una de las mesillas junto a la cama y sus ojos se abrieron repentinamente más de lo que era normal.
- ¡Las 6: 30¿Cuándo se hizo tan tarde? – El grito nada modulado del joven de cabellos dorados, solo consiguió que el otro tumbado sobre el colchón abriera uno de sus azulados ojos con gesto notoriamente desganado.
Aquella acción no hizo más que acrecentar esa extraña sensación que empezaba a molestar tanto a Joey. No sabía el porqué, pero estaba seguro que si no controlaba sus impulsos, iba a terminar soltando cualquier estupidez, así que, aunque tuviese que morderse la lengua, dejaría pasar aquel brote repentino de ese extraño sentimiento.
Pero... a fin de cuentas venía siendo Joey Wheeler, y el controlar sus impulsos no era uno de sus mayores dotes.
- Verdaderamente esto es algo increíble – murmuró, abotonándose la camisa que se había colocado, mientras le daba la espalda al que permanecía en la cama.
- ¿El qué?
- Aun no me hago a la idea de ser yo quién tenga que abandonarte después de uno de nuestros encuentros.
Dicho comentario consiguió, esta vez, captar por completo la atención de Kaiba, quien abriendo lo ojos repentinamente y entornándolos con una mueca enfadada, se dirigió a su amante que terminaba de darle los últimos toques a su vestimenta arrugada.
- Yo no te abandonaba, simplemente tenía trabajo en Kaiba Corp. que no podía ser pospuesto.
- Para ti nada de la Compañía podía ser pospuesto.
- Es mi trabajo, mi empresa y mi atención está siempre puesta en los asuntos concernientes a ella.
- Si claro, tu atención estaba puesta siempre en todos los asuntos, menos en mi.
Y ahí estaba, mira que la había hecho buena, pensó por fin el joven rubio. El reclamo que debió haber hecho hace tantos años y que ahora, ya no venía a cuento.
Cuando no escuchó contestación inmediata por parte del castaño, supo que su mirada estaba fija en él, aun de espaldas podía percibir perfectamente la penetrante fuerza que tenían aquellos ojos azules.
- Si ese fue el problema cachorro, debiste habérmelo contado.
Joey volteó su cuerpo hasta quedar frente a la cama, donde el CEO se hallaba sentado en una postura firme, que a pesar de la rigidez del gesto, no denotaba ni una sola señal de enojo.
- Si Seto, lo sé – con movimientos pausados, el rubio se colocó aun lado del castaño, tomando asiento en el revuelto lecho – lo siento.
- De eso nada, si hay aquí quien debe disculparse soy yo
- La culpa aquí no es solo tuya o mía, el caso no es demostrar quien se portó de la peor forma, lo que pasó entre nosotros hace años no tiene solución Seto y no importa cuanto tu o yo lo sintamos, jamás podremos regresar el tiempo.
- Con todo eso no estas consiguiendo que me sienta mejor – soltó el castaño acompañado del leve fruncir de su ceño en una mueca de total ironía.
- Nunca tuve la intención de hacerte sentir mejor – y con el mirar profundo de sus cuencas de tonalidades doradas, el rubio se puso de pie, prosiguiendo con su anterior actividad de acomodarse la ropa.
- ¿Sabes? No se necesita ser un genio para darse cuenta de que aun me guardas resentimientos.
- Jamás dije haberte perdonado – Joey terminó de anudarse los zapatos y se enderezó de la postura inclinada que había adoptado para llevar acabo tal faena.
- Pensé que nuestros encuentros de los últimos días habían significado algo – expresó Kaiba mirando con intensidad pasmosa al muchacho de piel clara que lo miraba de frente mientras se pasaba las manos por el rubio cabello alborotado.
Joey estuvo a punto de soltar uno de los tantos pensamientos sarcásticos que asaltaron su mente al escuchar las palabras dichas por el propio Seto Kaiba, aquello sonaba tan risible brotando de aquellos amargos labios.
- Que el sexo entre tu y yo haya regresado no implica nada ¿Entiendes? – tomando su móvil de una de las mesitas junto a la cama, el rubio se dispuso a marcar un numero.
- ¿Y qué¿Vas a llamar a Mokuba para decirle que el tráfico te ha demorado¿Cómo vas a hacer para llegar y que mi hermano no se de cuenta de que estuviste conmigo? El podría identificar mi olor a metros de distancia, y con esa pinta que llevas no creo que le quepa duda de donde has estado metido todo este tiempo.
- Las cosas entre él y yo son lo que menos te importa – reclamó Joey con un tono que empezaba a rayar en la molestia.
- ¡Son lo que más tiene que ver! El es mi hermano menor y tú eres mí...
- ¡Ya basta! No podemos seguir así, lo último que necesitamos es crear nuevos problemas entre tú y yo.
Con gesto calmado Joey se acercó a la orilla de la gran cama, donde entre sabanas dispersas se encontraba la figura de Kaiba, quien había terminado de colocarse unos pantalones negros.
- Eso lo sé perfectamente – estirando una de sus manos hasta conseguir asir uno de los brazos del rubio, Seto clavó sus pupilas azulinas en las de matices dorados – Pero es que no puedo controlarme, tu me conoces, si tu me atacas no puedo evitar el responderte.
- Si, y tu sabes que mi cerebro y mi boca jamás han tenido una relación del todo buena – torció una sonrisa, mientras colocaba su mano restante sobre uno de los amplios hombros del CEO.
- Cachorro...
- ¿Ahora que? – pregunto con un tono ligeramente divertido el chico de pálida piel.
- Faltan menos de diez minutos para que den las 7:00 – advirtió el castaño con una mirada retadoramente burlesca.
- ¡Demonios! Tengo que irme – gimió apresurado – te llamaré en cuanto pueda, bien sabes que tenemos una platica pendiente – con una ultima mirada el de ojos castaños abandonó la oscura habitación dejando nuevamente a Seto Kaiba acompañado de su soledad.
La figura larga observaba a través de los oscuros cristales de un auto negro aparcado justo en la acera opuesta a la de aquel lujoso hotel. Su vista estaba fija en los enormes y brillantes portones que hacían de entrada para aquel majestuoso recinto.
En menos de cinco minutos, vio salir del umbral del estacionamiento el conocido coche escarlata que a una velocidad mesurada pasaba frente a su propio auto negro tratando de enfilarse entre la gran cantidad de trafico que la hora acarreaba. Estupendo, todo había salido como esperaba.
Con suma cautela abandonó la discreción que el interior del coche le brindaba, no pudiendo refrenar el sentir paranoico que la situación conllevaba miró hacia ambos lados de la calle, como si algunos ojos vigías se mantuviesen observando sus movimientos, atentos a cada mal paso con se atreviera a andar. Demasiado tarde pensó, mientras un bufido de fastidio salía de entre sus labios. Aun así no podía dejar de sentirse la peor escoria del planeta.
A fin de cuentas tanta culpa como pudiese sentir en ese momento o cualquier otro futuro, no tenía la más jodida importancia, gruñó por lo bajo alguna frase poco decorosa mientras apresuraba el paso hasta adentrarse al hotel. El tiempo en el elevador le pareció más escaso que el habitual, enfrascado en concebir una buena excusa para su demora. Finalmente y con un ligero movimiento, terminó abriendo la puerta de la habitación.
No le tomó más de quince minutos volver a cruzar por la recepción generosamente iluminada. Una llamada había bastado para inventar un montón de pretextos a Mokuba y lograr sacarlo del apartamento, alegando ante su muy notorio retraso, el que encontrarse de una vez en el restaurante sería lo más práctico. Claro que se sentía culpable ante la inmensa cantidad de mentiras que había tenido que inventarse en esos días, pero no podía llegar y saludar a su novio, con la ropa totalmente impregnada del perfume de su otro amante. Afortunadamente esa mañana Moku había salido antes que el, así no existía ningún problema en cuanto al cambio de ropa se refería.
Totalmente aseado y con un aspecto que conseguía atraer más de una mirada a su caminar, abandonó presuroso el lobby y se plantó a las afueras del enorme edificio esperando conseguir pronto un taxi, ya no le quedaba tiempo para nada, obviamente no podía llevar el coche que Seto le había prestado, Mokuba se había quedado con el auto de ambos y para esos momentos el chico moreno ya debería estar dónde le había indicado, aguardando por él. ¡Maldición! ya tenía suficientes problemas como para que al enojo de su chibi se sumara el que lo dejase esperando por mucho tiempo en el restaurante.
Un pequeño gemido de impotencia acarició sus tensos labios¡Joder¿Dónde demonios estaban los taxistas cuando los necesitaba?
Después de haber rehusado amablemente la compañía del camarero hasta el lugar que le correspondía, Joey se encontraba caminando entre las mesas dispuestas elegantemente por la totalidad del enorme salón que conformaba el restaurante.
Agudizando la mirada para localizar a Mokuba, se percató sin mucha emoción de la privada atmósfera que mantenía el lugar, las mesas, pegadas a los extremos del recinto, estaban rodeadas por semicírculos adornados exquisitamente con plantas verdes o de algún colorido discreto, que permitía a los ocupantes disfrutar de un ambiente intimo sin problemas. Al centro y de un considerable tamaño, se encontraba una pista, frente a la cual se disponía de una mini orquesta, que tocaba agradables melodías.
Sin dejar del todo la incomodidad, a Joey le hubiese encantado el espectáculo, de no ser porque... recién aparecía después de acostarse con el hermano de su novio.
Dejando atrás el escalofrió que le había recorrido entero al encontrarse con la mirada fija de Mokuba, quien por el gesto de su rostro no se encontraba del todo contento, se dispuso a sentarse frente a su compañero.
- Ya era hora – el joven de pelo largo, le dirigió una mirada fulminante.
- Lo siento Moku, me entretuve de más y yo...
- No quiero escuchar excusas, suficiente ha sido con todo lo que me dijiste al llamarme ¿No crees?
- Si, lo lamento de verdad – Joey no pudo evitar bajar la mirada ante los reproches del otro, después de todo lo que había pasado le estaba costando bastante trabajo mirarlo a la cara sin que el otro se diera cuenta de toda la culpabilidad que se reflejaba en sus ojos castaños.
- Ya, no importa. Que te parece si mejor nos enfocamos en hacer de esta noche un momento agradable – Mokuba acercó su mano a la del rubio, que se encontraba reposando sobre los lisos manteles de la mesa, y la estrechó confortablemente mientras le sonreía.
- Si, de acuerdo – Joey se forzó más que nunca para que su sonrisa fluyera sin verse demasiado fingida ante aquellos ojos que sabía lo conocían de manera asombrosa.
El chico rubio observó detenidamente al moreno, mientras que este hablaba con el mesero para ordenar la cena. Le estaba empezando a doler la cabeza y ese sentimiento que empujaba contra su pecho se estaba expandiendo cada vez con mayor fuerza. Se sentía mal consigo mismo, por dañar a aquel chiquillo que había formado una parte tan importante de su vida, pero no podía hacer nada, ya no. No podía rehusarse ante los impulsos de su herido corazón a estar con aquella persona que había amado siempre, desde hacía tantos años.
Joey sabía que regresar a Japón no iba a traerles buenas consecuencias, pero no había podido oponerse ante el enorme deseo de Mokuba por ver a su hermano mayor. Ilusamente pensó que los años terminarían por sanar las heridas de su alma, pero estaba comprobando que el alejarse de su ciudad, su familia y sus amigos, no había funcionado para lograr lo que a su partida se había propuesto firmemente.
Había huido de Japón para olvidarse de aquel arrogante CEO.
Para olvidarse de todo el sufrimiento que ser su amante le había acarreado. Para olvidar la enorme pena que le embargaba cada vez que Kaiba lo miraba con indiferencia y lo abandonaba como si nada hubiese pasado entre ellos. Había soportado mucho, innumerables ofensas y el paso del tiempo, pero al final ya no supo que hacer, estaba enfermo de la vida que tenía y de añorar aquello que nunca iba a poseer... el amor sincero de Seto Kaiba.
Em... no se que decir. Supongo que las disculpas por la demora no sirven de mucho, pero he tenido algunos problemas a lo largo de estos meses. El camino que va a seguir la historia ya esta planeado, aunque el final aun no lo he decidido del todo, así que se aceptan propuestas.
Y no se preocupen si aun no le han encontrado el hilo a este embrollo, ya lo iré desarrollando mas ampliamente, estos chicos van a tener una larga conversación.
Agradezco a todos los que leen mi historia en especial a: MILHARU, Rossy, Ale, Rie Nogami, Kida Luna, SATOSHI HIWATARI, Hime-Kagome15, Snakesilveraf y plam. Lamento el no contestar en esta ocasión, pero prometo retomarlo en los siguientes capítulos, no duden en seguir expresando sus dudas, prometo las responderé sin falta la próxima vez.
