Ya que he podido adelantar algún capi... os traigo este de regalo.
Capi, tranquilo. Explicando como Bella va siendo cada vez un poco más acosada.
Agradeceros, una vez más, vuestros comentarios... Espero que os animéis a comentar más y así, saber que la historia está gustando!
ESTE CAPÍTULO HACE UNA MENCIÓN A UN PERSONAJE INVENTADO: "ANNIE" Y VA DEDICADO A MI NIÑA... ANNIE STEWART
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CAPITULO 6
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Durante unos días, no tuve más mensajes "acosadores"; pero la sensación de que alguien me observaba, se intensificó sobre manera; llegando algunas veces a ahogarme.
Intentaba no girarme, cuando la sensación aumentaba, pero algunas veces, me era harto difícil aguantar.
No sabía si sentirme loca, asustada, o estresada.
Pero algo me decía que los Cullen, estaban detrás de esto. No quería darle muchas vueltas a esa idea, para no agobiarme, pero… "blanco y en botella… leche".
La semana siguiente, las cosas fueron a peor. A mucho peor.
Peor hasta el punto en que creí ver a Carlisle en la universidad.
Intenté no darle demasiadas vueltas; simplemente alguien que se le parecía. ¡Punto!
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"Estoy delirando. Bueno… la otra vez me dio por quedarme en estado catatónico, está vez, deliro… ¡Genial Bella"
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Llevaba días durmiendo pocas horas, y las que conseguía cerrar los ojos, me avasallaban pesadillas. Estas no eran terribles como las que tuve hace seis años, estas eran simples pesadillas, de las que te despiertan con opresión en el pecho, (como la gente normal); nada de gritos, lloros o sudores.
Después de varias noches así, decidí hacer uso de mis "pastillas de emergencia"; por tomar alguna de vez en cuando, no pasaba nada. Realmente eran para eso.
Tenía el bote en la mano, para tomarme una antes de irme a la cama, cuando mi móvil sonó. Hice oídos sordos. Abrí el susodicho bote y atrapé una pastilla. Mi móvil, volvió a sonar. Rodé los ojos, y pasé otra vez. Ya tenía la pastilla casi en la boca, cuando el teléfono sonó por tercera vez; pero en esa ocasión, lo que escuché fue mi tono de llamada.
Me estaban llamando.
Resoplé y puse los ojos en blanco.
- ¡Joder…! Menuda casualidad… - Gruñía mientras iba en dirección al salón, a mi mesa de escritorio.
Según tomé el teléfono, dejó de sonar.
"¡Vaya…!"
Abrí las llamadas perdidas y… ¡sorpresa!:
"Contacto desconocido"
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"No me lo puedo creer"
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Abrí la aplicación de gmail, para comprobar los mensajes, estaba tan agitada, nerviosa, enfadada… Un millón de sentimientos entre mezclados, que no era capaz de tocar en el botón correcto. Como supuse, había dos.
8 de Agosto:
Bella… No necesitas las pastillas.
No estás estresada ni sufriendo ninguna recaída.
Tampoco debes tener miedo de nada.
8 de Agosto:
¡Bella! Atiende al teléfono.
No tomes esa pastilla… ¡Bella!
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- ¡Oh, vamos! Necesito dormir… ¡Ya! - mientras hablaba, sola, me dirigí al baño a toda prisa. - Me da igual lo que digas… - Sacudí la cabeza - ¡Dios… Estoy hablando sola como una auténtica chiflada!
Justo cuando llegué al dormitorio, con la firme idea de tomarme mi pastilla, un sopor comenzó a embargarme; de tal forma que tuve que sentarme en la cama, porque me sentía hasta mareada.
En cuestión de unos segundos, los ojos me pesaban como el plomo.
Me acurruqué en la cama y no tuve más noción de nada a mí alrededor hasta la mañana siguiente cuando la alarma del móvil sonó.
El móvil estaba en mi mesita, en la habitación y recordaba perfectamente haberlo dejado en el salón.
- Respira, Bella… Respira… - Repetí como un mantra, tratando de calmarme.
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"Ahora… quien quiera que sea… ¿también entrá en mi casa?"
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El pensamiento me nubló la mente. En ese momento, fue la primera vez que sentí realmente miedo desde que había empezado este… "juego".
Porque… ¿quién me aseguraba que no seguía dentro del piso?
Salí de casa sin desayunar, completamente azotada. Por suerte, tuve los suficientes reflejos de recoger mi bolsa, donde aparte de llevar mis cosas personales, llevaba también las de clase.
Me pasé todo el día intranquila; tanto que mi ansiedad consiguió romper la burbuja de amor y felicidad de Alex y Emma.
- ¿Se puede saber que te pasa hoy? - Me preguntó él, preocupado.
- No… No es solo hoy. Bella… si tienes algún problema… Sobra decir que puedes confiar en nosotros – Alex asintió a las palabras de su "novia".
- Tranquilos chicos, en serio. Solo estoy algo estresada y me afecta al sueño – Me excusé, poniendo cara de pena. Emma arrugó la frente, no muy convencida con mis palabras.
Cuando comenzamos a andar hacía clase, Emma se separó de Alex y se me acercó, agarrándome cariñosa por los hombros.
- Bella… Hace unas semanas estuviste igual y me dijiste exactamente lo mismo. -Clavó su azulada mirada en la mía con intensidad.
- Em, nena… De verdad, si me pasara algo, tengo la suficiente confianza para decirte – Ella hizo un mohín con la boca, y asintió regalándome una sonrisa a medias, ya que el gesto no le llegó a los ojos.
Y así, continuó mi vida durante la siguiente semana. A mitad de esta, recibí otro correo:
15 de Septiembre:
No tengas miedo.
Estás a salvo.
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"¿Qué significaba eso?"
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Y la sensación de observación constante sobre mi persona, no cesó; a la inversa. Era fuerte e intensa.
El viernes, tras una semana exhausta de exámenes y ejercicios donde la puntuación sería tomada muy en cuenta, decidimos darnos un homenaje. Habían pasado ya dos semanas desde nuestra escapada al Lago y no habíamos salido ni echo nada interesante desde entonces. Solo estudiar y más estudiar.
- Chicos… ¿Qué os parece si salimos mañana a tomar algo? Ya que el lunes es fiesta y no hay clase... - Propuso Chris. Todos asentimos entusiasmados.
- Pero esta vez, deja que el barman mezcle las bebidas – Sophia le rodó los ojos, ante las risas de los demás.
- Podíamos cenar en mi casa, mi madre me ha mandado el cargamento de comida – Chris sonrió de forma tierna, imagino que recordando a sus padres.
Todos aceptamos la invitación, excepto Aaron, que tenía una cita con una chica con la que salía esporádicamente desde hacía algunas semanas, y Emily que por mucho que le apeteciera debía estudiar todo el fin de semana ya que iba algo retrasada respecto a los demás.
Al final, éramos cinco para cenar en casa de Christian y luego salir a bailar y tomarnos unos cócteles.
El viernes, antes de acostarme, el móvil sonó. Casi me sorprendió ya que llevaba cuatro días sin mensajes nuevos.
"Tiene un nuevo correo en su bandeja: Remitente desconocido"
19 de Agosto:
Buena idea la de salir mañana.
Te vendrá bien.
- Ya sé que me vendrá bien… No me dices nada que no sepa. - Mascullé casi gritando. Puse los ojos en blanco, sintiéndome estúpida al hablar a la nada.
Pero…
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"¿Realmente estoy sola?"
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No acabé de pensarlo y un nerviosismo comenzó a recorrer mi sistema; las manos me temblaban, respiraba con dificultad, el corazón me latía muy deprisa y un sudor me perló la frente. Todo en cuestión de dos segundos.
Me llevé la mano al pecho, sintiendo como el corazón pulsaba enloquecido contra mis costillas.
- Respira Bella… Ya hemos pasado por esto otras veces… Inspira, expira… Inspira, expira… - Cerré los ojos, sujetándome a la cómoda de mi dormitorio.
Tenía la boca seca y el pulso alterado; las manos me temblaban sin control. Los oídos me pitaban. Me pareció escuchar un ruido como de una puerta, pero estaba tan atacada, que no presté ni la más mínima atención.
Fui agarrándome de las paredes hasta llegar a mi mesita, donde tenía las pastillas. Abrí el bote y me metí dos en la boca, junto con un trago de agua del botellín de agua que siempre tenía allí, junto a la cama.
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"Este ataque ha sido fuerte… Hacía tiempo de uno así… Vamos a relajarnos y esperar que hagan efecto. Sigue respirando Bella… Lo estamos haciendo muy bien"
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Me inflé ánimos a mi misma.
Me tumbé en la cama y en unos minutos el sopor característico de mis pastillas, comenzó a hacer su efecto, atontándome y sedándome.
Al día siguiente me levanté descansada, pero al tomar dos pastillas, sentía mis reflejos un poco lentos. Con una ducha y un buen café, iría recuperando mis capacidades plenas.
Así lo hice, y como supuse y, sabía por otras veces, la sensación de atontamiento fue evaporándose.
Mientras estaba tomándome una tostada con un café con leche extra grande, mi teléfono sonó con una llamada entrante.
Di tal salto en el taburete del desayunador, que se me resbaló la tostada y la taza se tambaleó peligrosamente con riesgo de derramarse todo el contenido al suelo.
-Mierda de móvil… - Gruñí.
Me levanté y lo recogí de la mesita en mi habitación. Por un segundo me dio miedo mirar el indicador.
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"Vamos Bella… ¿Desde cuando soy tan cobarde?"
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Apreté los labios con rabia y agarré el teléfono: Era Emma.
- Hola Em, dime.
- Hola Bella… - silencio - ¿Estás bien?
- Sí, claro… - Suspiré apartando el teléfono de mi boca - ¿Ha pasado algo? ¿Cambio de planes? - Alejé la atención de la conversación de mí.
- No, no… por eso te llamaba. Para concretar la hora y donde quedábamos.
Después de decidir hora y sitio, colgamos. No quise darle más conversación porque sabía que Emma volvería a preguntar; y podía mentir de forma más o menos decente una vez, pero dos… Eso ya era otro tema.
Me puse ropa de deporte y abrí las ventanas para ventilar el piso. Ese día hacía algo de fresco, después de muchos días seguidos de calor infernal; incluso estaba ligeramente nublado. El sol se podía vislumbrar detrás de las nubes, pero estas eran demasiado espesas para dejar filtrar sus rayos.
Arreglé un poco la casa, limpié la cocina y el baño y cambié las sábanas de la cama. Entre todo no me llevó ni una hora.
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"¿Y ahora… qué mas hago?"
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Estaba inquieta, nerviosa; sin poder estar parada. Lo sentía dentro de mi cuerpo; me conocía perfectamente. Así que decidí salir a caminar, aprovechando que hacía fresco, para quemar adrenalina.
No era una deportista habitual, ni mucho menos. La última vez que había practicado deporte de forma regular, fue en las clases de educación física en el instituto. No se me daba mal el paddel, que era una optativa de esa asignatura.
Cuando comencé la terapia con el Dr. Lee, una vez que comencé a escuchar y hacer caso al mundo a mi alrededor, me aconsejó practicar algún deporte para quemar adrenalina; nos decantamos por "caminar". Ya que para practicar paddel necesitaba una pareja y por aquel entonces no estaba en condiciones de juntarme con nadie.
Iba a llevarme el móvil, pero lo cambié por el Iphod. De esta forma, me evitaba más mensajes o llamadas no deseadas.
Me fui a la senda que rodeaba todo el complejo de la universidad, y que los alumnos e incluso algún profesor, usaban para caminar y correr. Me crucé con compañeros de otros másters, los cuales conocía de encontrarme con ellos en la cafetería.
Iba concentrada en la música y en mis pulsaciones para mantener un ritmo rápido de paso, que no me percaté de que hacía rato no me cruzaba con nadie. La senda se había quedado desierta y el sol, se veía bastante más lejos que hacía un par de horas; el día había adquirido un tono grisáceo que invitaba a la tristeza y angustia.
Entonces, la sensación de estar vigilada, me llegó con una fuerza volcánica; apuré el paso más aun. Pero cuanto más rápido caminaba, más cerca parecía sentir a alguien a mi espalda.
La angustia dio paso a un sentimiento de miedo, así que comencé a correr. Solo estaba a unos metros de mi piso, así que sprinté todo lo que pude.
En cuanto llegué a los jardines de la entrada del edificio, tuve que apoyar las manos en mis rodillas para respirar. Notaba los pulmones ardiéndome por el esfuerzo y el corazón justo en la boca.
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"Creo que tengo que hacer más deporte… Estoy entumecida"
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No me percaté de inmediato, ya que cuando entré lo hice aturdida entre el esfuerzo de la carrera y la sensación de miedo que aún no se me había ido del cuerpo, pero mi cerebro me indicaba que había algo distinto en el piso. Con el ceño fuertemente apretado, comencé a girar la cabeza buscando; no sabía qué pretendía encontrar o ver… Solo sabía que algo pasaba.
Las ventanas del piso, las cuales quedaron abiertas cuando me fui a caminar, estaba todas cerradas. Todas.
- Pero… - Pestañeé sorprendida; el corazón tronándome enloquecido - Juraría haber dejado las ventanas abiertas… - Murmuré aturdida. - Estoy alucinando por momentos.
Si, estaba alucinando, pero estos mensajes, comenzaban a asustarme de verdad. El remitente "desconocido" me decía que estuviera tranquila, que no me asustara… Pero… ¿Quién en su sano juicio no lo estaría?
A lo mejor algún loco psicópata me estaba siguiendo desde mi época en Forks. Esas cosas pasaban, había visto películas y reportajes en la televisión sobre estos temas.
- No me faltaba nada más que esto… - Resoplé.
El teléfono sonó, haciéndome soltar un grito y un salto; eso me demostró que estaba excesivamente tensa.
- Emma… Dime
- Había pensado en que podíamos vestirnos juntas en tu casa. ¿Te parece bien? - Su propuesta me pilló desprevenida, pero un brote de entusiasmo me invadió.
- ¡Claro, genial!
- Si no quieres… - Su tono se volvió cuidadoso y hasta algo lastimero. Eso me evocó el recuerdo de algo, más bien… alguien. - Estoy aburrida en casa, y todavía faltan muchas horas y… la verdad se me ocurrió de pronto y no lo pensé. Ahora, diciéndotelo me parece violar tu intimidad...
- ¡Emma…! ¿Violar mi intimidad?… ¡jajaja! Por favor… para nada. Me alegro de que no lo pensaras. Será divertido vestirnos y prepararnos juntas.
- Vale… pues sobre las 5:30 o así, estoy en tu casa. Te dejo un whats app cuando salga para ahí.
Si que fue arriesgado, o incluso osado, por su parte el auto invitarse ya que manteníamos cierta amistad, nos entendíamos y… podría decir que nos habíamos tomado cariño, pero no eramos "amigas". Emma era una chica especial; muy cariñosa y divertida. Y se notaba que cuando alguien le entraba, se preocupaba por ella, como estaba haciendo estas semanas preguntándome cómo estaba al verme algo intranquila y agobiada.
Desde Alice… (aún parecía que me costaba, incluso, pensar su nombre sin atragantarme) no había tenido una "amiga especial", o tan especial como ella. Es cierto que mantuvimos una amistad de unos pocos meses, pero fue extremadamente intensa.
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"Prohibido recordar… Aterrada de olvidar… pero era un acontecimiento importantísimo de mi vida, no podía pasarme la vida, cortando cada recuerdo"
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Durante la recuperación de mi "escape de la realidad", cuando retome el instituto un año después, no hice amistad con ningún compañero o compañera.
No me acercaba a nadie por miedo a que me abandonaran.
En la universidad, aunque ya estaba mucho mejor, hasta el segundo año, no comencé a relacionarme con mis compañeros. Entonces, hice amistad con un grupo, con el que estudiaba y salía esporádicamente; una de ellas, Annie, fue la que más me ayudó a integrarme; no solo en el grupo si no a la vida en general.
Con ella fue con quien viví el último curso en la residencia. Eso me hizo mucho bien; incluso el Dr. Lee estaba impresionado por mi mejora.
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"Annie… Hace mucho que no hablamos… "
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Una sonrisa asomó de mis labios, mientras meneaba la cabeza de forma simpática, recordando cuando me presentó a su hermano.
De primeras no me dijo su parentesco, hasta que no consiguió convencerme de que aceptara una cita con él.
Era guapísimo, divertido y un gran conversador. En sí, era perfecto.
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"Y sí… era muy parecido a él..."
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Cuando Annie comprobó que me gustaba, entonces me dijo que era su hermano, mellizo. Casi infarto cuando me lo desveló.
Los recuerdos me golpearon como mazazos. Recuerdo que tuve que asistir a un par de sesiones con el Dr. Lee de la fortísima impresión que me ocasionó aquello, ya que la casualidad fue abrumadora.
Tras superarlo, unas semanas después, comenzamos a salir. Salimos durante cuatro meses y fueron muy especiales. Especial también fue el momento en que perdí la virginidad con él. Fue… mágico.
Aunque mentiría si no reconociese que en aquellos momentos, Edward entró en mi mente.
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"Hubiese dado lo que fuera porque él, fuese el primero… Pero se fue. Se fueron llevándose todas mis ilusiones"
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Tuvimos que cortar porque yo no tenía claro mi futuro, hasta que recibí la oferta del máster y él, que estudiaba medicina (si, otra casualidad) se iba a hacer la especialidad a la Hopkins, en Baltimor.
Quería que lo acompañara y que me planteara mi vida allí, con él. Pero… aunque la idea era realmente tentadora, había algo que me impedía hacerlo: No estaba enamorada de él. Yo lo sabía y Eric, también.
Pensé que mi relación con Annie se deterioraría al romper con su hermano, pero no fue así. Ella me demostró tener decisión y voluntad propia, siguiendo nuestra relación de amistad.
Aunque ahora estaba un poco deteriorada por la distancia y la rutina diaria de cada una.
Pensando en todo esto, me distraje lo suficiente para abandonar mi estado semi permanente de alerta por mi "acosador". Mientras la mente recordaba, fui haciéndome algo para comer.
Para un primer día, de recuerdos libres, no había estado mal. Tampoco iba a abusar tanto de mi suerte.
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"Podía haber invitado a Emma a comer… ella está sola y aburrida y yo… también."
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La llamé por si aun no había comido y así era, así que se apuntó a mi invitación. Me avisó de que tardaría ya que iba a recoger sus cosas para traerlas a mi casa y ponernos en plan "chapa y pintura".
Eso me dio tiempo para cambiar mi menú y preparar algo más elaborado para las dos.
El saber que iba a estar acompañada, me dio una sensación de alivio más que agradable. El tema "acoso" empezaba a preocuparme en serio. Así que decidí que si la cosa seguía así, iría a la policía.
Estaba completamente segura de que no eran alucinaciones mías. No estaba sometida a tanto estrés, ni me sentía mal por nada como para que mi imaginación recreara o exagerara hasta estos puntos.
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Un capítulo tranquilito... explicándoos un poco de la vida de Bella.
En cada capi, me gusta ir dejándoos retazos de su vida una vez se fueron los Cullen.
Bella comienza a estar asustada, pero... normal. ¿Quién no lo estaría?
En unos días... más!
Besosssssssss!
