ninguno de los personajes ni la serie me pertenecen
aqui!, al fin! el tan esperado, el tan ansiado! capitulo 6! chan chan chan!
Capítulo 6: Más gritos y balas.
Aparte de la bala que iba dirigida a Ludwig Romano había recibido dos balazos más, uno en un muslo, muy cerca de una glúteo, que ni siquiera había sentido (y de hecho ni siquiera se imaginaba como había llegado a parar ahí) y otro que se había alojado en el hombro izquierdo, muy complicado.
A pesar de eso, Romano continuó gritándole al alemán hasta que se dio cuenta de que tenía que sacarse la camiseta y que no se podía sentar, a esas alturas Ludwig había buscado vendas en el baño (y Lovino lo había seguido aun increpándolo), agua caliente en la cocina (y Lovino lo había seguido), antiinflamatorios en otro baño por que se le habían acabado en el botiquín que mantenía en la sala (y Lovino lo había seguido) y cuando finalmente habían vuelto al estar, donde Ludwig mantenía el botiquín principal y el alemán se había desecho de la chaqueta camisa y corbata del italiano y lo había hecho sentar en el sillón y este había dado un salto por que le dolía algo y no sabía que era, que al fin ambos se quedaron callados, porque mientras Lovino gritaba y echaba de su casa a Alemania este le discutía que no pensaba irse mientras el siguiera poniéndose en peligro de esa forma y, en general, ninguno había escuchado al otro hasta ese momento.
- ¿Cuántas balas recibiste? – indagó el rubio preocupado mientras ayudaba a Romano a sacarse la camiseta ensangrentada – ¿Cuan herido estás? – el moreno, demasiado azorado por la ira como para darse cuenta de quien lo estaba desvistiendo se detuvo un momento antes de responder.
- No sé – respondió finalmente – tres y muchos cardenales –
- ¿Te puedes sentar? –
- Del otro lado – respondió apuntándose y acomodándose en el sillón, luego se levantó , fue a la cocina, rebuscó en unos cajones, volvió y le pasó unas pinzas que tenían una punta larga doblada en 90° - si vas a sacar las balas, hazlo con el instrumento adecuado –
Ludwig lo miró dudoso mientras Lovino se volvía a sentar.
- ¿Estás seguro? ¿No prefieres que te lleve a un hospital? – por supuesto, diligente como era, Ludwig ya había comenzado a limpiar la sangre de alrededor de la herida con agua temperada.
- No. Traería muchos problemas, los humanos se espantan cuando ven que ya me puedo levantar a los tres días con heridas que a ellos les demora seis meses en sanar – Ludwig asintió, los humanos eran tan frágiles.
La ultima bala, la que Lovino había recibido en el antebrazo por proteger al alemán fue la más fácil de sacar, la herida estaba fresca y no había comprometido ningún nervio o hueso, había entrado limpiamente en el musculo y Ludwig la había sacado de la misma forma.
La segunda bala que el rubio extrajo fue la primera que Lovino había recibido y fue bastante más complicada de sacar, Romano lo hubiera dejado dentro si no le hubiera molestado al mover el hombro. El problema era que con la velocidad de regeneración de las naciones la herida ya había comenzado a cerrar y se había formado ya una lámina de costra por encima de la abertura y Ludwig había tenido que retirarla. Mientras lo hacía podía sentir como Lovino se tensaba en pequeños espasmos de dolor y sin embargo no dejaba escapar ningún sonido. Alemania solamente podía oír como la respiración del otro hombre se volvía más pesada y trabajosa por el malestar, pero terco como era, supuso Alemania, Lovino no le dejaría saber que le dolía
Lamentablemente no podían usar ningún tipo de anestesia ya que no les producía más que un ligero cosquilleo a organismos como los suyos, tal vez un poco de alcohol de alto octanaje le ayudaría a sobrellevar mejor el proceso, pensó, pero no quería alentar el alcoholismo en el moreno.
Cuando Lovino sintió la punta de la pinza tocarlo luego de que el alemán finalmente le hubiera retirado con exagerada delicadeza, no propia de él, la costra no pudo evitar sisear, después de todo le estaban abriendo la carne para sacarle un pedazo de lata de adentro del hombro. Al final Lovino opto por sacarse el cinturón para poder morderlo y así ahogar los gritos que amenazaban con escapársele frente del estoico alemán, porque no, no podía darse el lujo de parecer débil en un momento como ese.
Después de que Lovino mordiera el cinturón y le hiciera un gesto con la mano para que continuara Ludwig se sintió inseguro de seguir, él no era el más delicado de los hombres con las manos, sabía que aunque se esmerase de todas formas terminaría haciéndole daño a Romano, y eso era lo último que quería, pero luego de otro gesto de impaciencia de parte del italiano Alemania decidió dejarse de tonterías y ocuparse de la herida.
Lovino soltó un grito ahogado mientras mordía fuerte el cinturón y se aferraba con un puño férreo del sillón, sin embargo no soltó ninguna lágrima, no podía frente al alemán, no iba a comprometer su orgullo de esa manera, podría llorar todo lo que quisiera la próxima vez que se golpeara un dedo y el alemán no estuviera cerca.
Y rápidamente todo había acabado, la extracción fue como el alemán, directa, corta, precisa y levemente violenta y a los pocos segundos la bala ya estaba fuera del cuerpo del italiano.
Ambas naciones respiraron aliviados. Alemania limpió la herida y le puso un parche para acelerar la cicatrización mientras Romano recobraba el ánimo y reclamaba contra el desagradable sabor del abrillantador de cuero del cinturón y mientras reclamaba se levantaba tranquilamente dispuesta a irse cuando Alemania lo detuvo.
- Aún falta sacar una bala – indicó preocupado – está en una pierna ¿verdad? – Romano gruñó un poco, bastante contrariado. Agarró su camiseta de donde estaba tirada y se la puso antes de bajarse los pantalones evidentemente incomodo, lo que inmediatamente produjo un indiscutible rubor en el alemán, que incomodo intentó mirar para cualquier otro lado.
- Acabemos con esto rápido ¿Sí? –
Romano se tendió en el sillón evidentemente incomodo, pero se tuvo que levantar porque no era posible para Alemania sacar la bala si estaba a ton poco altura. Terminaron usando la mesa de la cocina luego de intentar otra posición en el sillón (con las rodillas apoyadas en el asiento y los codos en el respaldo, muy cómoda para algunas cosas, pero no para sacar una bala). La posición era comprometedora, recostado sobre la mesa, con el trasero en pompa para la comodidad dl Alemania y la operación, por supuesto, y claro que era difícil estar cómodo cuando el trasero del hombre que últimamente era el protagonista de sus sueños más oscuros estaba exponiéndose voluntariamente para su disposición. Sería fácil ¡Oh! Tan fácil arrebatarle al italiano la prenda de ropa interior y tomarlo en esa misma mesa, someterlo con un mínimo de fuerza, inmovilizar sus manos con una corbata y después de unos minutos escucharlo gruñir de placer con esa voz de tenor que le producía escalofríos.
Alemania se golpeó mentalmente, la situación había sacado uno de los que creía que era de sus peores rasgos, el hombre frente a él había sacado lo sádico en él, pero no podía seguir fantaseando, no mientras estuviera tan cerca de Romano n mientras tuviera que extraer el perdigón de donde se había alojado, así que, con manos temblorosas, se dispuso a limpiar la herida cuando se dio cuenta de algo incómodo-
- Romano… – el rubio esperó a saber que le estaban prestando atención – Romano , vamos a tener que… ah… correr tu bóxer. La herida está bajo ellos – se apresuró a decir azorado.
Romano se tensó y asintió nervioso y más enérgico de lo que hubiera querido ¡Maldición! ¿Cuánto más expuesto tenía que estar? Gruño y escondió la cabeza entre sus brazos, sintiendo como la temperatura de su cuerpo aumentaba desde el punto donde el alemán había rosado la tela sobre su piel al intentar retirar la prenda. El corazón le latía tan rápido que sentía un zumbido en los oídos y la sangre ya no se le agolpaba en las mejillas, sino que considerablemente más abajo.
Casi siseó cuando la prenda fue retirada y sentía que no le ayudaban en nada el ángulo y la posición en la que estaba apoyado sobre la mesa, presionando una parte especialmente sensible de su anatomía con el borde, que además estaba aumentando por momentos.
Cuando Alemania comenzó a limpiar la herida con un algodón empapado en alcohol Romano comenzó a temblar, el contacto frio del trapo con su piel afiebrada era demasiado estímulo y comenzó a desear que el rubio se aprovechara de él, allí, en esa misma mesa. Cuando sintió la mano temblorosa de Alemania en su cintura casi pensó que lo haría. Casi. Porque inmediatamente sintió la punta de la pinza en su piel. Pocos segundos después Romano escuchaba el sonido del golpecito de la bala húmeda sobre la mesa.
Ludwig se alejó lo más rápido que pudo del italiano, sabía que eran producto del dolor, pero las reacciones del moreno lo estaban alterando y no quería cometer ninguna insensatez que comprometiera la frágil relación que tenían. Se acercó al lavaplatos para limpiarse las manos, simplemente por hacer algo y evitar mirar al moreno mientras torpemente se vestía.
Romano, a trompicones y tembloroso, se levantó de la mesa y se puso lo boxers apresuradamente y se tapó con los pantalones y, antes de salir, dijo atropelladamente.
- Voy a… ah… voy a darme una ducha para- para limpiarme la sangre de encima – y salió rápidamente de la cocina dejando solo a Alemania.-
...
Llegó rápidamente a la ducha, insultando, abrió el agua fría y entró maldiciendo. Se distrajo unos minutos enjabonándose y enjuagándose a consciencia, obviando olímpicamente la erección entre sus piernas. Tras enjuagarse por tercera vez y viendo que su organismo no le iba a hacer caso se rindió, bajó las manos derrotado, cerró los ojos y pensando que era Ludwig quien lo hacía, comenzó a tocarse.
Suspiró y abrió el agua caliente, pasó sus ásperos dedos por su nuca como si fueran los del alemán, sintiendo un suave beso en el cuello, como si el rubio estuviera bajo el agua con él y lo recorriera con las manos, bajando de la nuca hasta la cintura, acariciando sus muslos, apretando fuerte su trasero y finalmente acariciando su entrepierna, rozando los testículos antes de sujetar la base de su miembro y comenzando a estimular su miembro de arriba abajo, jugando con el ritmo, haciendo a Romano gemir.
Romano aumentó el paso y la imagen cambió. Alemania gemía fuerte apoyado en sus antebrazos contra la pared de la ducha mientras Lovino lo sujetaba por la cintura, gotas de agua rodando por la ancha espalda, con el cabello empapado y desordenado mientras se sentía hundir profundo en el rubio. Sintiéndose venir con el obsceno placer de dominar al estricto alemán.
Romano tembló contra la pared de la ducha ahogando un gemido. Esa cercanía extraña que tenía con el rubio ahora lo estaba matando.
...
Alemania no se tocó. No concebía la idea de tocarse en una casa ajena, no lo hizo aunque el saco del italiano conservaba el aroma a perfume caro, tierra húmeda y mar mediterráneo de Romano.
En cambio dejó el saco ordenado sobre el sillón de la sala, fue a su a habitación, se cambió a ropa deportiva y salió a correr alrededor del palacete.
Cuando regresó después de unas pocas horas y entró a la cocina luego de ducharse y cambiarse, Romano estaba haciendo un almuerzo tardío.
- ¿qué cocinas? – preguntó ya seguro de que no cometería ninguna insensatez frente al moreno.
- Risotto de tomate y estofado al vino tinto… - Alemania alzó las cejas agradablemente sorprendido ¿Romano podía cocinar ese tipo de platos? Se sentó a la mesa de la cocina frente al italiano, viéndolo cocinar.
Tras unos minutos Romano se dio vuelta y se sentó frente a el.
- Pensé que al fin me había librado de ti, patata – bromeo, eso era bueno, Ludwig ya podía distinguir cuando las ásperas palabras del italiano eran broma y cuando no – Mañana voy a salir de nuevo –
- Lo sé –
- Supongo que no hay forma de que vayas a irte –
- No –
- Che palle… - Romano suspiró, se levantó a servir los platos de comida y se volvió a senar.
Ludwig probó un bocado de su plato y tuvo que aguantar el impulso de abalanzarse sobre su plato como un muerto de hambre. No estaba acostumbrado a comer risotto, Veneciano no acostumbraba a cocinar nada que no fuera paste y el risotto de suave color rojo y la carne con una salsa de un intenso color purpura parecían danzar en su boca y el sabor era tan intenso como imaginaba serían los besos del italiano que cocinado el plato.
Estaba a punto de felicitar a Romano cuando este habló.
- ¿Por qué estas aquí? – el moreno lo miraba de frente, la pregunta lo tomo por sorpresa y no supo cómo responderla - ¿Por qué insistes en quedarte? Feliciano se fue hace más de una semana y ya terminamos con su parte de los documentos ¿Qué te retiene?
- Tú – la respuesta se le escapó antes de que pudiera pensar en ella.
Romano se ahogó con su saliva y casi lo agradeció, ya que le disimulaba el rojo de las mejillas ¡El alemán no estaba hablando en serio! ¿Verdad? Y si era verdad ¿Qué mierda significaba eso? Esa simple palabra era demasiada información para que Romano la pudiera procesar.
Por su parte Ludwig no se encontraba mejor, luego de darse cuenta de su declaración lo único que quería era poder desaparecer de ahí en ese mismo minuto.
- Me-me refiero a que… a que… a que me quedé aquí para ayudarte con tu papeleo y después comenzaste a llegar herido y con lo de la mafia y-y ¿Cómo quieres que no te ayude si esta mañana llegaste baleado? – balbuceo nervioso "cállate, Ludwig cállate"
- ¿Y de quien crees que fue la culpa de eso? – preguntó el italiano disfrazando de indignación su vergüenza.
- Sé que fue mía, pero… -
- ¿Entonces estas aquí por la culpa? –
- ¡No! ¡Ni siquiera la culpa me podría retener aquí si no me agradaras! Además si valoramos los pros y los contras es más ventajoso que yo no quede.
- … ¿Te… agrado? – Lovino estaba demasiado sorprendido para avergonzarse, pensaba que Alemania simplemente lo soportaba o que se había acostumbrado a él, Lovino era muy consciente de que no era buena compañía para la mayoría de sus pares - ¿Por… por qué? –
Ludwig enrojeció un poco más. Tenía que comenzar a filtrar más frente al moreno, tal vez se le estaban pegando algunas costumbres de este.
- S-si – ambos se sentían incómodos pero a estas alturas ya no había manera de evitar la conversación – ¿por qué no habrías de hacerlo? – Ludwig desvió la mirada antes de que Lovino pudiera interrumpirlo – Eres difícil de tratar, sí. Violento y a veces cruel, pero tienes tus puntos buenos; eres más responsable de lo que pensaba, más valiente y equilibrado de lo que todo el mundo imagina, eres buen hermano y cuando no insultas a tu interlocutor es agradable hablar contigo. Y si sonrieras más podrías cerrarle la boca a todos aquellos que dicen que eres desagradable, no lo he visto, pero sé que puedes llegar a ser encantador – se abstuvo de nombrar las muchas otras cosas que hacían que el moreno le "agradase", demasiado personales y comprometedoras para decirlas, como que le gustaba su voz profunda, su acento cuando hablaba en su lengua materna, el brillo de sus ojos verdes el segundo antes que soltase uno de sus ácidos comentarios, su olor, la forma en que la ropa se le ceñía al cuerpo o la forma en que se movía, firme, masculino y paradójicamente inseguro (Ludwig pensó en por que le agradaba el moreno antes que se hubiera dado cuenta de lo que sentía por él. Algunas eran las mismas, otras eran más o menos distintas, le agradaba por que durante cierto tiempo de su vida que no le gustaba recordar, Romano había sido uno de los pocos en plantarle cara por sí solo, e incluso se había atrevido a "traicionarlo" pero no lo culpaba por lo que había hecho, cada nación hacía lo que podía por su gente)
- ¡Por supuesto que soy encantador! – Romano esta vez no pudo ocultar la vergüenza esta vez, y era tanta que se sentía ofendido - ¡Los bastardos no merecen mi encanto! – luego de mala manera se levantó, arrebató el plato de comida del alemán t se llevó el suyo a su vez.
- ¡Hey! Yo estaba comiendo eso… -
- ¡Está asquerosamente frío! ¡No vas a comer esto así! – y devolvió los platos a las ollas para calentarlos nuevamente.
LO SIENTO! se que me demoré mucho pero es que empezamos las clases y había q adaptarse a los horario y aasafg
pero al fin pude subir el cap y que la tardanza no los engañe, voy a terminar este fic, sea como sea...
gracias por leer :D
