Mis amigos:

Una vez más me encuentro aquí para dejarles un nuevo capítulo de este tortuoso fic.

Bueno, como ya se habrán dado cuenta el calvario de Ron ha sido muy largo. Pero muchas cosas aún están por pasar.

Les dejo también la canción que inspiró el capítulo.

Muchos Saludos

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Yaem Gy

Sueños de Amor y de Venganza

La mañana le llegó a los ojos antes que el despertador sonara. Y la maldijo una vez más. Ésta le había arrancado de los brazos de Hermione y le revelaba a la luz irónica del sol que Susan estaba a su lado mostrándole su nívea espalda.

No demoró mucho en levantarse y meterse a la ducha. La realidad no le regalaba los sopores de la adolescencia en donde Harry tenía que hacer verdaderos esfuerzos para sacarlo de la cama. Ahora era distinto. Estar un minuto más entre las sábanas era una tortura ya que le recordaba una y otra vez la misma pesadilla que le había estado persiguiendo por años.

Y se enfurecía, pues esa noche no solo su mente le había dado por un rato el placer de hacerle el amor a Hermione sino que también le había llevado hasta ella en el sueño.

Y habían estado juntos recorriendo el mismo bosque que le cobijara en su búsqueda de horrocruces. Ella llevaba esta vez el pelo suelto y adornado con flores silvestres que Ron le había enredado. Cada vez que ella giraba a su alrededor, el perfumado cabello le aturdía y el aspiraba extasiado hasta llenar sus pulmones. Luego la tomaba de la mano y ambos corrían entre los árboles mientras los rayos de sol atravesaban el follaje dándole a Hermione un brillo casi dorado en los cabellos.

-Vamos Ron… vez conmigo… llévame a la biblioteca…-

Y de pronto el escenario cambiaba a los patios del viejo colegio en donde ella miraba las los retratos y acariciaba los muros. Luego, ella tomaba su mano y con una más bella sonrisa le guiaba por los pasillos hasta llegar al santuario de Ron. La biblioteca se erigía ante ellos con un aire solemne y las tapas relucientes de los libros tintineaban a su alrededor en una especie de bienvenida.

-Búscame Ron… búscame entre los libros-

Ella caminaba y entre los estantes atestados desaparecía provocando la desesperación de su compañero. Entonces Ron caminaba con paso vacilante y con el corazón angustiado. Registraba los pasillos interminables y cada cuanto un libro o dos caían a su paso para impedirle el avance. Y cuando desistía de seguir por ese camino, la voz de ella le susurraba continuar. Y ron se sentía arrastrado por la fuerza de su corazón que le empujaba en el pecho. Y al girar en la esquina… ella le esperaba con un libro en la mano.

Corriendo él la tomaba en sus brazos y le besaba arrebatado haciendo caer el libro. Al mirar al suelo ambos sonreían ya que el Título no podía ser otro. "Historia de Hogwarts". Ron soltaba por un momento a su amor y se agachaba para levantar el libro y cuando se punía otra vez de pie… ella ya no estaba. Y al desaparecer ella todo el brillo y la paz de la biblioteca desaparecían. Entonces comenzaba a escuchar el ruido atronador de las explosiones y las luces rojas y verdes comenzaban a dar relampagueos aterradores que le obligaban a lanzarse al piso.

-¡Hermione!- gritaba entonces y sanado su varita la buscaba entre los pasillos.

De pronto se veía en el hall de la biblioteca y para su terror los estantes estallaban y los libros se esparcían destrozados y quemados a su alrededor.

-HERMIONE-

El fuego y el humo le perseguían mientras corría y en un movimiento desesperado de huida… el libro caía de su mano. Entonces una horrenda lengua de fuego alcanzaba las hojas y Ron con el rostro desencajado veía como el más amado libro de su amor se consumía en un fuego abrasador.

-Te solté… te solté como a ella. Es mi culpa… mi culpa- gemía ahogado.

Y el sueño ahora le llevaba a la sala de menesteres que volvía a arder para su terror. Ardía en llamas rojas y verdes que le recordaban los ojos malditos de Voldemort.

Y los gritos volvían y Ron trataba de taparse los oídos y rogaba volver al bosque con Hermione otra vez.

Entonces un temblor hizo presa a todo el lugar y Ron vio como los muros caían y los muebles se partían y quemaban. Un muro se agitaba a su lado y una risa le hacía mirar hacia la entrada del lugar. Y allí vio al hombre que más odiaba en el mundo.

-Muere Weasley… eso es lo que quieres… yo te daré la muerte-

El rostro y los cabellos de Malfoy resplandecían al clamor del fuego y su sonrisa le provocaba a Ron un rencor insoportable.

Entonces Draco cerraba la sala y el fuego comenzaba a cerrar todos los pasos. Y Ron comenzó a correr esquivando todo a su alrededor. Pero no podía llegar a la puerta pues uno de los muros se le caía encima aplastándolo.

Miraba las llamas acercarse y el humo le quitaba el aire. Entonces ella volvió a aparecer.

-Sal del infierno amor… sal… Te estoy esperando… estaré al otro lado del muro- Y ella salía por la puerta que inexplicablemente se abría otra vez.

Y Ron se desesperaba pues estaba atrapado y sin movimiento mientras la hoguera le acorralaba. Y el fuego le tocaba por fin y dolía… dolía como la soledad, dolía como el desvelo de noches de agonía. Dolía como la fiebre alta en medio de la tormenta. Dolía… y mataba… el corazón.

Ron salió de la ducha y se contempló en el espejo. Pudo observar que el tiempo ya comenzaba a dejar sutiles marcas en su rostro. Unas pequeñas arruguitas le endurecían la frente y las ojeras se le tatuaban más y más. Recordó nuevamente el sueño y al fruncir el ceño esas pequeñas arrugas se acentuaron mucho más. El recuerdo de la biblioteca destruida había vuelto a él. Pues como su vida, esa biblioteca había quedado completamente destruida en la guerra.

Cuando la vio sintió que el corazón se le rompía un poco más. Los estantes estaban destruidos y los pocos libros que se habían salvado de las explosiones y el fuego, estaban desparramados por todo lugar. Hojas tiradas, tapas arrancadas de raíz. Mesas lanzadas a su suerte, tinteros derramados, plumas quemadas. Ron tembló y Harry tuvo que sostenerlo para que no cayera.

-Me la quitaron por completo… esos malditos me la quitaron por completo- gimió y se soltó del agarre de su amigo.

Entonces caminó y se detuvo en donde una vez había estado el escritorio de la Señorita Prince. Allí pudo observar una vieja lista de libros pedidos tirada en un costado. Se agachó y vio que tres nombres estaban escritos en ella.

"Potter: "Pociones y hechizos, guía práctica", Weasley: "Las mejores jugadas de Quidditch de todos los tiempos", Granger: "Decálogo mágico".

Y ya no pudo contener el llanto. Se quedó sentado en el suelo en medio del caos y ni Harry ni Neville pudieron levantarlo de Allí por lo menos dos horas. Él no quería salir pues el mismo destrozo estaba en su alma ya que la biblioteca era una extensión de su propio mundo interior que había sido destruido por completo.

Y cuando por fin todos creyeron que estaba recuperado luego de la fiebre que le atacara días después, Ron volvió a Hogwarts. Y su primera misión fue reconstruir la biblioteca. Ron Weasley no iba a permitir que el lugar que consideraba sagrado quedara en esas condiciones. Y dedicó meses completos en levantar cada estante, en recolectar cada libro, en reponer cada tintero. Como nunca se encargo de buscar catálogos de libros y memorizó el nombre de cada uno de ellos para dejarlos en los lugares que sus antecesores habían ocupado.

Restauró los muros, instaló los pisos. Las mesas fueron otra vez ubicadas con sus sillas y las lámparas volvieron a alumbrar las lecturas. Para cuando Ron terminó su trabajo, La nueva biblioteca era un reflejo de una paz robada de otro tiempo. Harry estaba sorprendido y no pudo controlar su propio llanto al ver que un pequeño trozo del pasado volvía hasta ellos. Pero solo era el espejismo de un anhelo desesperado.

Muchos libros jamás pudieron ser recuperados, saber completo se había perdido y el valor de estos no retornaría al mundo mágico nunca más. Y Ron lo sentía como si eso fuera el alma de la biblioteca. Era la misma pérdida que él llevaba en su interior.

Minerva Mcgonagall, ya convertida en la nueva directora del colegio decidió poner entonces una placa y con ella darle un lugar a Ron para adorar a su amor perdido.

"Biblioteca Hermione Granger. En memoria a su pasión por los libros".

Al llegar al despacho abrió las cortinas para dejar al sol alumbrar todo el lugar. Y su mente se zambulló de la búsqueda una vez más. Todos los datos indicaban que Zabini estaba a pocos kilómetros de Sarajevo y que si partía en pocos días le podría atrapar en menos de dos semanas.

Estuvo todo el día entre papeles, planos y datos, haciendo un bosquejo de los pasos a seguir una vez llegado al lugar. Pero por más que intentaba concentrarse en el trabajo, no podía sacarse el sueño de la cabeza. Más bien… no podía sacarse cierto rostro de la cabeza.

Una y otra vez el rostro burlesco de Draco Malfoy se le aparecía riendo y encerrándole en la sala de menesteres. Veía sus ojos brillantes de maldad y su sonrisa torcida.

Lo odiaba. Y en su momento le quiso dar caza. Pero Harry no se lo permitió. El Elegido había alegado que Malfoy había sido forzado por las presiones que habían caído sobre él y su familia y que a pesar de todo no había causado tan terribles daños.

-¿Qué no causó daño?- le reclamó Ron en un ataque de furia cuando Harry retornaba del ministerio luego de una audiencia mágica- ¿Acaso olvidas que por su culpa Dumbledore murió? ¿Olvidaste que él llevó a Crabbe a la sala de menesteres? ¡No puedes decir que él no causó daño!-

-No fue por voluntad propia Ron… lo sabes… Él fue obligado a abrir el armario y no mandó a Crabbe a incendiar la sala-

-¡Pero abrió el armario y llevó a Crabbe a la sala! ¡Es un mortifago por Merlín! ¡Hay que enterrarlo en Azkaban!-

-¡Pero eso no lo decides tú, Ron! Un tribunal es el que lo determina-

-¡A mí me importa un cuerno el tribunal! ¡Voy a cazar a Malfoy, a su padre, a todos!-

Y sin importarle nada más que su venganza ató los hilos para acorralar a Draco una noche en un callejón en la Londres Muggle.

Draco caminaba inseguro por las calles con la mano aferrada a la varita. Desde hacía días que escapaba a la ira de Ron Weasley, pues una fuente le había informado que el pelirrojo se la tenía jurada y que lo mejor era salir del mundo mágico por un tiempo.

Y Draco había decidido esconderse en el mundo muggle. Cuando Ron se enteró de ello soltó una carcajada de ironía. Era divertido e hiriente a la vez que el Remilgado Draco Malfoy, quien se llenaba la boca de su odio hacia los muggles, se escondiera ahora entre ellos.

Pero el condenado se escondía bien. A Ron le tomó dos meses encontrar el pequeño departamento en el cual el rubio se escondía. Y esa noche, cuando Draco salió de su trabajo muggle para descansar luego de una agotadora jornada… Ron le asechaba en el callejón.

El primer hechizo no fue lo inesperado que Ron deseaba. Draco que tenía la sensibilidad a flor de piel repelió el hechizo con maestría y se escondió detrás de un muro para defenderse.

-¿Quién es?- preguntó asustado- ¡Déjese ver!-

-¡Sabes quién soy! ¡Sabes por qué vine!-

-Weasley… ¡Sabes que el tribunal decidió mi condena y ya la he pagado!-

-¡Solo hay una manera de que pagues tu crimen Malfoy!-

-¡YO NO LA MATE, RON! ¡NO LA MATE!-

-¡SI LO HICISTE! ¡EN EL MOMENTO EN QUE LLEVASTE A ESE MISERABLE A LA SALA, LA ASESINASTE!-

Y un nuevo hechizo salió de la varita de Ron rompie3ndo el muro en que Draco se escondía. El rubio, aturdido, se levantó del suelo e invocando un protejo y corrió por la calle lanzándole hechizos aturdidores al pelirrojo. Ron los repelía y corría detrás de la presa. Draco le disparaba sin puntería ni control, pues estaba asustado. Hasta él había llegado el aterrador rumor de la crueldad de Ron cuando tomaba en sus garras a la rata.

Antes de llegar a una esquina Draco tropezó y se dio con todo en el rostro. Su nariz sangró abundantemente y el dolor de cabeza le abrumaba. Ron detuvo la carrera y comenzó a caminar hasta él en una intimidante caminata. Cada paso resonaba en el pavimento pero mucho más en la cabeza del Slytherin. A poca distancia Ron se detuvo y contempló el rostro sangrante de su enemigo.

-Vaya Malfoy… tu sangre es roja. Qué curioso ¿No?-

-Weasley… por favor… Yo no quise que todo eso pasara-

-La sangre de Hermione también era roja. De un rojo intenso-

-Yo no le dije a Crabbe que lanzara el fuego-

-¿Sabes? No puedo encontrar la diferencia entre tu sangre y la de ella-

-Ron… La ley mágica ya decidió… tú no puedes hacerlo por ellos-

Ante esas palabras Ron, enfurecido, lanzó un Experlliamus que Lanzó a Draco contra un muro. Malfoy se quejó del dolor, ya que se había quebrado una costilla. Ron siguió caminando y tomó la varita de Draco que había quedado en el duelo.

-Tu varita tampoco parece ser muy distinta a la de ella. ¿Le pediste a Ollivander que te hiciera una nueva?-

-Ron… Te… ruego..-

-¡¿Rogar? No Draco. Un Malfoy no ruega-

-Ron… tú… no eres… así…-

-¿Y cómo soy Malfoy? ¿Un pobretón? ¿Una Comadreja estúpida como me decías en el colegio?-

-Eres un… buen hombre… ella… ella te amaba por… eso…-

-Me amaba porque yo no tomaba en cuenta esas estúpidas doctrinas que a ti te enseñaron y tanto idolatrabas. Yo la veía como una mujer asombrosa… A mi esa tontería de la sangre no me importaba-

-Pero ahora… no aprobaría esto… ella no aceptaría esta… injusticia…-

El odio de Ron se encendió mucho más y tomando la varita de Draco la apuntó contra su dueño.

-¡No te atrevas a nombrarla!-

-¿Qué crees que… ella piensa… de ti, ahora? Atacas… a un… hombre… desarmado-

-¡Crucio!-

Draco se revolvió en el suelo dando un estremecedor grito. Ron, como alimentado por éste, se acercó al rubio y una feroz patada terminó en sus costillas.

¡¿Acaso ella no estaba indefensa esa noche en medio del fuego? ¡¿Acaso no estaba indefensa en tu Mansión cuando Bellatrix la torturó?-

-Pero… no fui…yo. Yo… no le hice… nada…-

-¡Tú abriste la puerta al infierno! ¡Tú comenzaste la guerra! ¡Tú llevaste a Crabbe a la sala y no le impediste quemarla!-

-Ron… te juro… te juro que no quise… no quería que nadie… muriera… tenía miedo… quería huir… pero…-

-Pero que-

-Potter buscaba algo… y pensé que si lo conseguía yo… me podría salvar-

-Maldito cobarde. Eso es lo que eres. Un cobarde y un egoísta. Solo pensaste en tu salvación y no en la salvación de todo muestro mundo. Y ahora… te escondes de mí en un mundo que aborrecías. Te escondes entre los muggles que te provocaban asco. Miserable-

Y un nuevo Crucios atacó al rubio. Draco gritaba y el llanto ya no se hizo esperar. Ron, ya con la mirada desquiciada lo miraba impertérrito y se agachó a su lado y le temó del pelo para mirarlo a los ojos.

-Tú me quitaste a mi amor… tú me destruiste mi mundo… y te voy a hacer pagar por ello-

Draco le miró aterrado pero ya no tenía fuerzas para seguir luchando.

-Bien… ma… mátame… pero con eso… solo te condenarás… ella no te lo perdonará… jamás-

Un puñetazo fue lo que Draco recibió por respuesta. Ron se levantó y mientras el Slytherin escupía sangre, se revolvió el pelo y empuño otra vez la varita.

-Tú no la conociste como yo. No tienes idea-

-No, no la conocí como tú… pero sé que ella no podría amar a un asesino-

-¡CALLATE!-

-En que te convertiste… Ron… Te estás convirtiendo en lo que persigues… Tu crueldad… es como la de ellos-

-CALLATE, MALDITA SEA… CALLATE DE UNA VEZ-

Y soltó el hechizo para terminar con la vida de Draco Malfoy de una vez y para siempre.

Pero entonces el cuerpo de Draco Malfoy se movió del lugar y fue dejado con poca delicadeza a varios metros de distancia de Ron.

-MALDICION RON… ¿QUE DEMONIOS IBAS A HACER?-

La figura de Harry Potter se recortaba bajo la sombra de un muro. El pelinegro corrió entonces y a modo de escudo se puso entre Ron y Draco.

-Malfoy… háblame… háblame-

-Aun vivo Potter… gra… gracias-

-Aléjate de le Harry… o lo acompañarás-

-¡Tendré que acompañarlo entonces, porque no pienso moverme de su lado!-

-¡Mueve, Harry!-

-¡No! ¡Reacciona Ron por todos los demonios! ¡Draco no lanzó el hechizo que la mató! ¡Él ya fue juzgado y ha pagado su crimen! ¡Deja de pensar que en tu mano está la ley!-

-¡No tienes idea de cómo odio a este hurón! ¡No merece vivir la vida que ella no pudo!-

-¿Y te ensuciarás las manos con su sangre? ¿Dejarás que James pierda a su padrino? ¿Quieres vivir el resto de tu vida sin su cariño? ¡Porque si matas a Malfoy no dejaré que James se acerque a ti nunca más!-

-No puedes quitarme a James… no puedes-

-¡Elije, Ron! ¡James o Malfoy! ¡Y recuerda que si te quedas con Malfoy, Azkaban va incluida!-

La impotencia recorrió el cuerpo del pelirrojo. La verdad no le importaba vivir el resto de su vida en Azkaban. Total, él ya tenía su propio infierno personal. Pero que le arrebataran a James era lo peor que Harry podría hacerle. James era su único sol, sin el niño definitivamente no podría vivir.

-Maldición… Llévate al hurón…-

-¡Júrame que nunca más le vas a poner una mano encima! ¡Júramelo!-

-¿Qué?-

-¡Júramelo por James!-

Ron no tuvo más alternativa cuando Harry se le acercó y le extendió el brazo. Ron abrió los ojos de una manera que parecía inconcebible y comprendió de inmediato lo que Harry pretendía.

-Júralo por James-

Ron levantó su brazo y Harry le tomó de la muñeca apretando con ferocidad. Luego levantó su varita y una especie de halo blanco que simulaba un lazo se envolvió entre ambos brazos.

-Jura que no volverás a amenazar la vida de Draco Malfoy. Que no intentarás matarlo otra vez-

-Harry…-

-Jura-

-Lo juro-

-Jura que no matarás nunca-

-Lo juro. Pero ahora tú jura que no vas a quitarme a James jamás-

Harry le miró a los ojos y un triste brillo se rebeló en ellos. Apretó otro poco el brazo de su amigo y pronunció con dolor.

-Lo juro-

Y el lazo de niebla se apretó en ambos brazos hasta desaparecer.

De esa terrible noche habían pasado cuatro años. Desde entonces, Draco Malfoy pudo volver al mundo mágico y con esfuerzo había reconstruido el prestigio de su familia. Muchas veces tuvieron que toparse en lugares comunes para ellos y Ron apretaba los puños ya que ahora le era imposible poner mano alguna sobre Malfoy. Draco, agradecido por el salvataje de Harry (ya eran tres veces que le salvaba de la muerte) Le ofreció parte de su recuperada fortuna, pero Potter la rechazó diciéndole que le estaría más agradecido si no volvía a cruzarse nunca más en la vida de Ron Weasley.

Por un tiempo, las relaciones entre Harry y Ron se quebraron. Harry no podía creer lo bajo que había caído su gran amigo y Ron no perdonaba a Harry que le quitara su venganza. Fue Ginny, que con mucha paciencia, logró acercarlos de nuevo y entonces, en una noche de llanto entre los dos hombres, prometieron no volver a separarse otra vez. Ron, llorando el pecho de su amigo, le pidió perdón por su comportamiento de esa noche y Harry le pidió perdón por ignorarlo y dejarlo solo en sus noches de desesperación. Por qué esos dos no podían estar lejos el uno del otro.

Pero a pesar que Harry había hecho jurar a Ron que nunca mataría, no le había hecho jurar que no torturaría. Y cada vez que la oportunidad se lo permitía, Ron lanzaba un par de Crucios, algunas patadas y lanzaba por los tejados a sus presas para hacerlas levitar a pocos centímetros del suelo.

Y era por eso que se había ganado su apodo. Ahora todos sabían que si Ron Weasley estaba detrás de alguien, ese alguien estaba perdidamente condenado. Y aunque a veces lanzaba maldiciones imperdonables, siempre se encargaba que fueran con la varita de su presa. Así cuando se le revisaba la suya, no había en ella hechizo alguno. Otras veces prefería no lanzar los hechizos y utilizaba otros modos de castigar a los perseguidos.

Tal había sido el caso de Goyle. Ron lo persiguió por un mes completo recorriendo Irlanda y lo atrapó escapando por los montes Willow. Allí le aplicó un Inmóvilus y, con paciencia había amarrado las manos y las piernas del ex mortífago. Luego, lo llevó levitando hasta un bote y ambos partieron en él hasta el centro del hermoso lago que coronaba el paisaje. Ron entonces movió la varita y Goyle cayó a las aguas sin poder moverse.

Gregory se revolvía en el agua tragando grandes cantidades, mientras Ron lo contemplaba bebiendo una botella de agua para calmar su sed. Luego lo levantaba para que tomara aire y otra vez lo soltaba para que cayera y tragara más agua. Durante la terrible tortura, Ron le reclamaba todo lo pasado esa fatídica noche y Goyle suplicaba clemencia entre las arcadas y las bocanadas de aire que luchaba por tomar. Para cuando Ron lo entregó al escuadrón, Goyle estaba inconsciente y Harry le quitó la varita por algunas semanas. Ron reclamó pues no había hecho ninguna maldición imperdonable y Goyle nunca pudo decir que le había pasado. Pero Harry sabía que Ron le había hecho algo grave. Y no acepto los alegatos de su amigo.

Muchas veces Harry quiso sacarlo del escuadrón de aurores, pero Ron modificó su modus operandis para así evitar la expulsión. Además, su odio disminuía cuando no conocía mucho al mortifago a perseguir y más de uno había tenido la suerte que Ron se encontraba en un buen día y solo terminaba con una buena sarta de golpes.

Y ahora le tocaba a Zabini. Y a Zabini lo conocía. Entonces… Zabini estaba perdido.

Ron ya tenía listo su operativo y había decidido partir a Bosnia en un par de días. Preparó un informe en el cual le daría la noticia a Harry oficialmente y en eso estaba cuando alguien golpeó a su puerta. Ignoró por completo el golpeteo y siguió escribiendo.

Nock Nock

-¿Quién es? Maldita sea-

-Yo, Weasley-

-¡¿Qué mierda haces aquí Malfoy? ¡¿Vienes a restregarme tu trasero ahora que sabes que no puedo matarte?-

-No había pensado en eso… pero no, no vine a irritar tu genio-

-¡Vete!-

-No lo haré. Tenemos que hablar los dos-

-¡Yo no tengo nada que hablar contigo!- Y por impulso involuntario tomó a Malfoy del cuello.

-No puedes tocarme… lo sabes- Dijo Draco en un ahogado gemido.

-Márchate… o puedo empezar a pensar que morir por matarte no será nada malo-

-No… lo… haré... Tenemos… que… hablar-

Ron lo soltó y Draco se frotó el cuello tomando al mismo tiempo un poco de aire.

-Tú y yo tenemos que terminar con todo esto Weasley. No podemos vivir en este tira y afloja por el resto de nuestras vidas-

-Escóndete y listo-

-¡NO! Ya me aburrí de tu asecho y de mi culpa. Ya no quiero seguir viviendo la noche del incendio. Porque sí Weasley, Yo tampoco he podido vivir en paz desde que la vi envuelta por las llamas-

-Sí, claro, como no-

-Es verdad, Todas las noches termino soñando con eso. Con lavender y Hermione presas de las llamas. Los gritos de Lavender no me dejan en paz-

-Entonces admites que tuviste la culpa de todo-

-Lo admito… admito que lleve a Crabbe, pero no que le mandara a quemar todo. Aun así no me perdono haberlo llevado. No puedo soportar el peso de la muerte de Brown y Granger en mi conciencia-

-¿Y crees que diciéndome eso voy a dejarte en paz para siempre?-

-¿No vine a eso? He tratado de recomponer mi vida. He aprendido de mis errores y ahora solo quiero ser feliz con los míos. Pero para eso necesito tu perdón-

-Con pedirlo no conseguirás nada, márchate-

-No esperaba tu perdón tan fácil. Obtenerlo así hubiera sido una ofensa. Te tengo algo que podría servirte de mucho y me arriesgo a la ira de otros. Pero prefiero su ira a la tuya-

-¿y que se supone que tienes?-

-La ubicación de Lestrange. Tengo los datos y las coordenadas para encontrarlo-

Lestrage. El esposo de Bellatrix había huido de Hogwarts la misma mañana de la derrota y se le había perdido el rastro desde entonces. Nadie pudo entender como había escapado pues literalmente se había hecho humo. Una presa como esa era para Ron una especie de trofeo. Atrapar a Lestrange y darle un cariño antes de entregarlo le parecían un premio, pues ese era el esposo de la maldita que había lastimado a su amor.

-No te creo. Mientes-

-No, Ron. Aunque no lo creas todavía se mantienen viejos contactos. Y mi familia recibió noticias de su paradero. Yo decidí entregártelas. Puedes hacer con ellas lo que quieras. Ya no quiero seguir mirándote a los ojos y ver en ellos el fuego de la sala-

-Es una trampa. Me estás tendiendo una emboscada-

-No, maldición. Ron, Necesito reconstruir mi vida. Cuando me atacaste sentí que merecía todos esos golpes y los crucios, ya que me siento culpable de todo. Pero ahora mi vida encontró una luz y no podré disfrutar de ella si sigues toda la vida acusándome de la muerte de Hermione-

-No digas su nombre. Tu boca no merece pronunciar su nombre-

-Bien. No quiero que me acuses de la muerte de Granger. No ahora que estoy enamorado y entiendo todo lo que la amaste-

-Que la amo-

-Que la amas. Encontré mi cura en Astoria Greengrass y ahora ella va a darme un hijo. Y quiero vivir en paz la llegada de mi heredero. Quiero criarlo sin la sombra de ese doloroso pasado-

Ron le miró y la envidia le tomó del cuello. A pesar de todo el daño causado, de todo el dolor y las lágrimas que los actos de Draco Malfoy habían causado, la vida le premiaba con un amor y un hijo.

-Vaya suerte que tiene algunos- dijo el pelirrojo- Parecen ser tocados por la varita de Merlín. Siempre lo tiene todo, todo-

-Nunca quise quitarte a Granger. Nunca quise que algo le pasara. Ni a ella ni a nadie. Es por eso que te entrego estas pistas. Por favor Weasley-

-Si se te antoja deja eso en el escritorio- y diciendo esto se volteó hacia la ventana- Pero no creo en tu arrepentimiento. Y no te garantizo mi perdón-

-Lo sé. Pero al menos aceptas ni ofrenda- dejó una carpeta azul sobre el escritorio- Me marcho ahora. Espero que todo salga como tú deseas. Ojalá encuentres algo de paz al atrapar a Rodolphus-

-Vete Malfoy-

Draco caminó hasta la salida y abrió la puerta para salir de la estrecha habitación. Se giró y miró la silueta de Ron que era iluminada por el brillo de la tarde. Suspiró y antes de salir le dijo como últimas palabras:

-¿Sabes, Weasley? La noche del incendio yo jamás escuché los gritos de Granger. La que nunca dejó de gritar fue Brown-

-Hermione era demasiado valiente como para dar gritos-

-Estoy seguro de eso. Lo que quiero decir, es que yo nunca sentí que ella muriera-

-¿Estás diciendo que tú la sentías mejor que yo?- Le dijo Ron girándose y mirándolo con odio.

-No, solo digo que siempre he tenido la impresión que ella sigue viva. Puedo estar loco, pero para mí, Hermione Granger no murió en ese incendio. Y lo creeré hasta el fin de mis días-Dicho esto Draco salió por la puerta y dejó a Ron inmóvil con el puño apretado.

-Solo lo piensas como un consuelo para espantar a tus propios demonios.-

Y se sentó a terminar el memo para su amigo. Tomó el pergamino y se marchó de la habitación sin siquiera mirar el contenido de la carpeta.