Sexy

"Tener una gran figura o un gran físico siempre es agradable, pero la confianza hace que uno sea realmente sexy"

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Llegó a las corridas al edificio. Se estaba haciendo pis y sin devolverle la palabra a nadie subió de un tirón hasta el baño privado de su oficina. Suspiró de placer una vez que pudo mear, pero cuando reparó en sus piernas y vio la bombacha rosa con puntillas blancas que adornaba sus rodillas, frunció el ceño. Se puso a pensar cuándo había sido la última vez que se compró ropa interior sexy, y su respuesta fue: nunca.

Cuando estuvo casada con Erwin no hubo mucha pasión carnal, y cuando la había, los juegos previos no existían. Al contrario de lo que muchos creían del ex marido de Levi, Erwin era un tipo dedicado 98% al trabajo, y el 2% restante lo dividía entre dormir y darle atención a su esposa. Atención que le daba sólo cuando tenía que presentarla como la esposa trofeo que era para él, claro.

Pero no quería pensar en el frío de su ex.

Se higienizó, se vistió, se lavó las manos y agarró su bolso para salir por segunda vez en el día.

—¿Lele?

—Tengo que hacer unas cosas, vuelvo enseguida—le respondió a Hange, que la miraba extrañada ante tanto apuro.

No usó su auto, puesto que tenía un enorme shopping a escasas cuadras del edificio.

Una vez que llegó, paseó por el lugar hasta encontrar la tienda que buscaba. Ni bien puso un pie dentro, una chica joven y maquillada en exceso la fue a atacar.

—Buenas tardes, ¿te puedo ayudar en algo?

Ahora recordaba por qué no era fan de comprarse ropa por cuenta propia.

—Quería ver unos conjuntos.

—En esa estantería tenemos de algodón. Tenés simples o con estampados. Hay de más colores y-

La chica siguió hablando pero Levi dejó de prestarle atención. Se le estaba haciendo insoportable ya. Al parecer, la vendedora notó el desinterés de su posible cliente y decidió aminorar su lengua.

—Sino si buscabas algo específico, decime…

—Eh…

¿Cómo mierda le decía que quería ver la lencería sexy? Sintió sus pómulos acalorados y estuvo a un paso de pegar media vuelta e irse.

—En esa parte tenemos todo lo que es de encaje. Son conjuntos para ocasiones especiales.

Levi miró un poco más interesada y vio todo tipo de prendas. Lindas, en su mayoría. Se veían algo incómodas, pero la idea era que sus atributos resaltaran, no que su culo se sintiera arrullado.

—Vos mirá tranquila y me decís si te querés probar alguno.

—Está bien.

Al cabo de unos largos veinte minutos, Levi estaba con más de diez conjuntos en la mano. La vendedora se le acercó con una sonrisa de oreja a oreja y la escoltó hasta uno de los probadores. Contó la cantidad de prendas y las acomodó en unos percheros que había adentro para que Levi pudiera probárselas todas sin apuro.

—Las bombachas se prueban con la ropa interior puesta—le indicó la chica, y Levi rodó sus ojos internamente porque su puta madre iba a permitir que esa tela tocara sus partes privadas siendo que vaya a saber cuánta gente más se la había puesto antes.

Después de probarse todo, eligió cuatro conjuntos de dos piezas. Uno de encaje negro, uno de encaje blanco bastante translúcido, uno color rosa mate con detalles de encaje negro, y otro más simple pero muy elegante, sin encaje, en un tono gris perlado.

Cuando se acercó al mostrador para pagar, la cajera notó que todo lo que se estaba llevando era en efecto sexy y se atrevió a sugerirle algo.

—Tengo una prenda que entró hoy que seguro te va a encantar. Eso sí, sirve sólo si querés matar de un infarto a la persona afortunada de verte con ella puesta.

Ante eso Levi enarcó una ceja.

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Habían pasado como dos horas entre que Levi fue al shopping, se probó todo y decidió qué comprar, cosa que Hange notó. Lo que también notó, y no tardó en gritar a los cuatro vientos, fueron las bolsas de Victoria's Secret que llevaba su amiga.

—¡Lele! ¡Hoy cogés!—cantó alzando al aire un puño triunfante.

—Callate, Hange. La puta madre.

—No, ¿qué me voy a callar? ¡No puedo!

—Bueno, vas a tener que, o te quedás gritando sola porque yo me voy.

—¿Te vas antes? Mmm. ¿Tan temprano se encuentran con Eren?

—Hange.

—OK, OK. Pero que conste que te estoy dejando ir sólo porque después me vas a tener que contar todo en lujo de detalles.

—Sí, sí. Chau—saludó de mala gana agarrando las llaves del auto que no sabía dónde las había puesto. ¿Por qué tenía esa puta costumbre de sacarlas de su bolso y dejarlas por cualquier lado?, no era propio de ella.

Cuando se probó las prendas, siendo que algunas eran translúcidas, notó algo que la desanimó un poco. Hacía mucho no se depilaba por completo la zona de la bikini. No era como si tuviera una selva amazónica ahí debajo, pero sí estaban un poco largos sus vellos, por lo que no dudó en pasar por una farmacia y comprar algo de cera para poder depilárselos.

Llegó a su casa a las siete y media, y lo primero que hizo fue prender la hornalla para poner a derretir la cera. Esperó apenas unos minutos, y cuando estuvo completamente líquida la quitó del fuego. Agarró un espejo de mano con soporte, se desnudó de la cintura para abajo, y se puso de modo que el reflejo le devolviera la imagen de su entrepierna.

—¡Puta madre!—ahogó en un grito tras que una gota de cera caliente (hirviendo) tocase su muslo, y aunque eso fue una advertencia, Levi siguió, colocándose el resto de la cera en su pubis— ¡Ahhhhh!

Después de ver cómo se secaba ese mazacote que se suponía sería una fina capa de cera, Levi trató de que su desesperación se disipara. Quería arrancarse esos antiestéticos pelos, no su jodida vagina, por el amor de Dios. Intentó quitarlo, pero estaba ya muy duro como para seguir tratando. Si continuaba, seguro se arrancaría un pedazo de piel.

Miró la hora en su celular. Ya casi daban las ocho. En una hora llegaría Eren, y aunque no tenía tanto de viaje hasta su casa, optó por llamarlo, por si acaso. Por suerte, atendió al primer tono.

—¡Eren! Hola, eh… me surgió algo de último momento y te quería preguntar si podías venir más tarde… digamos… ¿a las diez, en vez de a las nueve?

Se mordió el labio inferior esperando no obtener una reacción negativa de parte del chico, pero cuando éste le contestó que aprovecharía ese tiempo para ir a comprar helado, suspiró más tranquila.

—Gracias. Entonces nos vemos en un rato.

Se vistió a toda velocidad y fue con su auto hasta una estética que sabía cerraba recién a las nueve. Tuvo suerte de que no hubiera mucha gente, sino iba a tener que terminar cancelándole a Eren. Esperó quince minutos hasta que la atendieron.

—Ay, pero, ¡nena! ¿Qué te quisiste hacer?

—Un arreglo floral.

Como la depiladora vio que Levi no poseía un muy buen humor, cortó toda conversación ni bien empezó. Le depiló el cavado, la dejó impecable, y la despidió.

Levi se fue sintiéndose un poco adolorida aunque agradecida de no tener quemaduras gracias a su propia idiotez e impulsividad. Volvió lo más rápido que pudo, todavía tenía que darse un baño y arreglarse.

Insultó a su madre hasta que por fin se metió en la ducha y pudo sacarse todo el sudor del día de encima. Salió, se perfumó con algo de su Bleu de Chanel for Woman, y miró el bolso de maquillajes que usaba cada tanto para retocarse. Como no tenía tiempo para nada muy creativo, lo único que hizo fue rizar sus pestañas, delinearse los ojos, y ponerse brillo labial color cereza en los labios.

Faltaban diez minutos para que Eren tocase a la puerta, y aún estaba pensando qué conjunto ponerse. Terminó eligiendo el babydoll, o: "el arma secreta", como lo llamó la vendedora. Era un corset en azul zafiro con volados que simulaban una sutil faldita, y un portaligas sin medias en un tono más oscuro. Para suerte de Levi, el corset tenía aún el adhesivo puesto en la entrepierna, por lo que no tuvo que lavarlo de antemano.

Una vez con el armatoste acomodado, el cual lucía en efecto muy sexy, se acordó que no había preparado un atuendo. ¿Qué iba sobre un babydoll? Tendría que ser algo acampanado para que no se notaran los volados de la falda. Revisó el armario y vio una de sus batas. ¿Y si lo recibía en bata? Se la probó pero no la convenció del todo. Así que no se puso nada más que el babydoll.

Cuando dieron las diez y cinco, el timbre sonó. Levi se puso unos tacones negros y fue a tientas hasta la puerta, la cual abrió para ver a un Eren muy sonriente. Salvo que ni bien éste la vio, perdió esa sonrisa por completo.