Hola, los personajes de Twilight no me pertenecen, la historia es completamente de mi autoría, y los poemas que saldrán en cada capítulo son de Jairo Aníbal Niño, de su libro "La alegría de querer", los uso para el desarrollo de la historia.
Canción recomendada para el capítulo:
Firefly ―Ed Sheeran
¡DISFRÚTENLO!
Capítulo VI
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LECCIÓN DE MÚSICA
DO,
RE,
MÍ,
FA,
SOL,
LA,
SI.
¿SI?
SI,
MI
SOL;
SI.
Jairo Aníbal Niño
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Las clases de música son mis favoritas, me encanta que nos enseñen las figuras, las notas, cómo suena cada una, porque todas tienen un sonido especial y único.
―Cuando sea grande voy a ser un gran pianista y tocaré para ti ―le susurré a Bella mientras ella dibujaba la clave que la profesora dijo que era la de Sol en su cuaderno.
Bella me sonrió y después de mirar a la profesora y verificar que no nos está mirando me dio un besito en la mejilla, lo que me hizo sonreír y sonrojar, aún no me acostumbraba a que lo haga, mucho más ahora que quería pedirle que sea mi novia, como el chico de la novela de mamá se lo pidió a la chica.
―Bella le dio un beso a Edward, puaj ―gritó de repente Mike y todos se voltearon a mirarnos, incluso la profesora.
―Son novios, son novios, son novios ―empezaron a gritar todos los niños después de que Lauren empezara a gritar.
―Silencio niños ―ordenó la maestra e inmediatamente todos hicieron caso.
Miré a Bella y ella estaba con la cabeza agachada y el lápiz en su regazo, dándole vueltas. Sus mejillas estaban muy rojitas. Intenté hablarle pero la maestra me mandó a callar y a poner atención a la clase, así que no me quedó más que esperar al recreo.
Cuando la campana sonó dejé todas mis cosas encima del pupitre agarré mi lonchera y tomé la mano de Bella para arrastrarla conmigo hacia nuestro lugar de siempre.
―¿Estás enojada?
―Nop ―respondió cuando le pasé una pera.
Comimos en silencio y el ruido que hacían los demás niños jugando se escuchaba por todo el lugar, pero solo podía escuchar la respiración de Bella y la mía.
―¿Quieres ser mi novia? ―dije de pronto, sin siquiera haberle tomado la mano como habían hecho en la novela.
Me di un golpe internamente, pues Bella me miró con sus ojitos muy abiertos y no me respondió por un largo rato. Sabía que tenía que hacerlo como en la tele, lo sabía.
―Sí quiero ―respondió después, con una sonrisa gigante en su lindo rostro de muñeca.
―¿En serio?
―Sip ―y lo que vino después no me lo esperaba, se acercó y me dio un beso en los labios, lo cual llevó una corriente eléctrica por todo mi cuerpo, haciéndome brincar hacia atrás. Bella bajó el rostro y se veía bastante apenada―. Es que Kate le da besos en la boca a su novio y creí…
―Está bien ―respondí quedito―. Papá también le da besos en la boca a mamá.
Me sonrió y yo también le sonreí, terminamos de comer y guardamos todas las cosas antes de entrar nuevamente a clases. Caminamos tomados de la mano todo el camino.
―¿Bella?
―¿Sí?
―¿Quieres ir conmigo a un lugar secreto que hay detrás de mi casa?
―Sí.
Más tarde, Kate no dejó ir a Bella a mi casa, pero acordamos, por el vasófono, que se escaparía sin que ella se diera cuenta para ir a donde la había invitado. Eso no sucedió sino hasta que estaba a punto de oscurecer.
La tomé de la mano para guiarla, con una linterna que había tomado de casa.
Cuando estábamos por llegar me detuve y me puse frente a ella.
―Cierra los ojos
―¿Para qué?
―¿Confías en mí? ―Bella sonrió y movió su cabeza de arriba abajo para después cerrar sus lindos ojos con fuerza. Tomé su mano y con cuidado la llevé hasta donde quería―. Listo, ábrelos.
Bella se quedó un momento en silencio y después de un rato se veía tan emocionada, tan feliz mirando a esos bichitos que revoloteaban luminosos por el campo, no quería aceptar que me daban un poquito de miedo, pero ella no parecía temerles, se soltó de mi mano y corrió, riendo a carcajadas hacia donde estaban las luciérnagas, y cuando llegó empezó a dar vueltas y más vueltas en el mismo lugar, para finalmente caer de rodillas y acostarse, mirando hacia el cielo, rendida.
No podía moverme de mi sitio, se veía lindísima, la luz suave de la luna oculta por algunas nubes, la hacía ver como si fuera un angelito, de esos que un día vi en un libro que mi papi tiene en su estudio.
―¿Edward, que haces ahí? ¡Ven aquí! Mira de lindas las lucierganas.
Bufé bajito y me armé de valor para ir hasta donde ella estaba, me acosté a su lado. Cerré los ojos fuertemente, pues sentía el sonido que hacían esos bichos casi en mi oreja, no quería gritar como una niña, menos frente a Bella.
―Abre los ojos, no tengas miedo, ellas no te harán nada.
―No tengo miedo, soy un niño, los niños no tienen miedo ―Bella rió bajito y sentí cómo su mano acariciaba mi mejilla, se sentía suave como algodón, y seguidamente volteó mi rostro hacia ella.
―Abre los ojos ―insistió. Suspiré profundo e hice lo que me pidió para encontrármela frente a mí, muy cerca, tan cerca como cuando los señores de las novelas que veía mamá se iban a besar. Bella me sonrió y uno de sus dedos tocó mi nariz, como dejando un puntico―. Los niños también tienen miedo ―dijo, dándome un besito en los labios y regresando su vista al cielo.
Sonreí feliz y cogí su mano e imité su posición, hacia arriba. Y supe que no tenía por qué tener miedo, mucho menos si Bella estaba a mi lado.
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El cumpleaños de Bella es mañana y no sé qué regalarle, todo el día he estado distraído pensando en eso y siendo las siete de la noche la bombillita de una idea se enciende en mi cabeza, así que sin que mamá se dé cuenta, mientras hace la cena, agarro un frasco vacío y corro hacia el jardín, donde llenándome de valor atrapo, no sin esfuerzo, a una luciérnaga en el frasco.
―A Bella le va a encantar ―sonrío y regreso con premura a casa, donde después de cenar entro al estudio de papá y busco cintas de colores para hacerle un moño al frasco.
Al día siguiente, mientras estamos sentados lado a lado en nuestro pupitre, saco de mi mochila el frasco y se lo doy.
―¡Feliz cumpleaños! ―le digo bajito, sabiendo que a Bella no le gusta que la gente sepa que es su cumpleaños, me lo dijo a mí porque soy su novio y tengo que saber esas cosas.
Sus ojitos se amplían y sonríe para después darme un beso en la mejilla
―Gracias, Edward ―susurra y me recibe el frasco. Lo examina con detenimiento y golpea suavemente el cristal. El bichito que estaba quieto revolotea un poco y se hace a un rincón del recipiente―. Pobrecito, está asustado. Debemos liberarlo, no podemos tenerlo así.
―Pero lo atrapé para ti ―dije un poco enojado, cruzando los brazos sobre mi pecho, ya no tenía ganas de tomarla de la mano, pues al parecer a Bella no le había gustado tanto como parecía.
―Lo sé, Ed, pero a los animalitos no podemos tenerlos atrapados.
Tenía razón, no podíamos quedarnos con él, además, ¿qué comían las luciérnagas?
Solo asentí y esa misma tarde fuimos hasta nuestro lugar secreto y liberamos a Bobby, como habíamos nombrado al bichito.
Nos sentamos en medio del pasto y ella atrapó muchos dientes de león blanquitos, blanquitos y empezó a soplar, se veía hermosa con todos esos pequeños paracaídas rodeándola.
―Cuando seamos grandes y seas mi esposa voy a hacerte una casa aquí, y voy a colocar muchos arbolitos, animales y muchas flores, y lo más bonito, vas a estar tú y yo, y vamos a tener dos hijos...
―¿Voy a ser tu esposa? ―me interrumpió ella.
―Claro que sí, ¿o no quieres serlo?
―Sí, quiero ser tu esposa cuando seamos grandes ―sonrió y me dio un besito en los labios.
Realmente quería hacerme grande muy rápido para poder casarme con Bella.
Hasta aquí llego, por hoy. Agradezco infinitamente sus alertas y favoritos, sus hermosos reviews, que cada que los leo me llena de más ánimo para escribir :3 espero ansiosa leer lo que opinan de esta historia.
El lunes entro nuevamente a la uni, así que como pueda iré actualizando. NO ME OLVIDO DE MI TORERITO ;) está en proceso.
Invitación abierta a unirse a mi grupo en Facebook, encontrarán adelantos, portadas, información sobre mis nuevos proyectos, etc etc... el trabajo sigue jajaja... link en mi perfil de ff
Hasta pronto
Beijos
Merce
