Disclaimer: Candy Candy y sus personajes pertenecen a Mizuki e Igarashi respectivamente. La historia que están por leer es una versión libre para la continuación del libro "Enamorada de mi profesor" cuya autora es Susan Lawrence y la adaptación de la versión original a los personajes de Candy Candy pertenece a Safiro y a LUCYLUZ quien me ha dado el permiso de continuarla. Yo, Wendy Grandchester, estoy realizando una continuación de mi autoría con el propósito de entretener y no de lucrar, así como tampoco apropiarme del trabajo de ninguna de las personas mencionadas anteriormente.
Aviso: En esta historia, habrán frecuentes escenas de contenido sexual explícito, aunque no vulgar o con el propósito de ofender, se te extiende la advertencia en caso de que ésto sea un inconveniente para ti.
Novia de mi profesor
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 6
—¿A dónde la llevo, señorita?— Me pregunta el taxista, de origen latino y con una sonrisa simpática, de esos que si les das cuerda no hay quien los calle. Entonces me quedo analizando su pregunta. ¿A dónde iré?
Ya está claro que no puedo volver a casa. Buena idea sería quedarme en el hospital con mi mamá... ¡No! Terrence podría encontrarme también ahí...
—¿Señorita?
—Eh, sí, disculpe... ¿conoce algún motel?— El rostro del taxista se desconcierta. Me río para mis adentros porque debe estar pensando que soy una prostitute barata o algo parecido. Piensa que me veré con algún cliente. O tal vez sólo soy yo y mis complejos.
—Depende de qué clase esté buscando, pues...
—Busco no muy cerca ni muy lejos de aquí. Y... económico.
—Se ha topado usted con el hombre correcto.— Me sonrió y sin preguntarme nada más, simplemente siguió conduciendo por cuarenta minutos hasta que llegamos a un edificio de tres pisos al final de una carretera ancha, era el motel.
Lo miro desde la ventanilla antes de bajarme. No es que sea de cinco estrellas, pero no se ve de mala muerte, al menos no por fuera... Veo las letras de neon que indican que está abierto, una de las letras está fundida.
—Gracias. ¿Cuánto le debo?— Le entrego la cantidad acordada y me quedo mirando hacia la entrada del motel indecisa.
—No es un lugar de lujo, pero es muy limpio. Tiene servicio de desayuno y cena... recuerde decir en el mostrador que va de parte de Lalo.— Me guiñó un ojo y arrancó en su taxi.
Muerta de nervios, me dirijo al mostrador y me acerco a la señora de origen latino también, no hace contacto visual conmigo, tiene un cigarrillo en la boca y mira concentrada una libreta.
—¿Una noche o la semana entera?— Me sorprende con su pregunta y aún no me mira.
—Yo...— Titubeo y al fin ella me mira, luego mira mi maleta.
—¿Tiempo indefinido?
—Sí...
—Bien. Serían sesenta dólares por dos noches... y veinte dólares por acada noche extra...— Reviso lo que me queda de la asignación que me había dado Terrence. Me quedan sólo ochenta y cinco dólares... es decir, si doy el depósito, sólo me restarían quince dólares y debo comer y costear los pasajes de visitas a mi madre y la escuela...
—Yo... vengo de parte de Lalo...— Se me ocurrió decir al final. No sé qué diferencia habría con eso, pero me abracé a la fe...
—Ummm... con que Lalo... pues bien. Serían cuarenta dólares por dos noches y diez dólares por cada noche adicional. Incluye desayuno y cena. No le vendría mal a usted.— Añade mirándome de arriba abajo.
Le entregué los cuarenta dólares y supe al menos que estaré tranquila por dos noches. Me dio la llave y entré a la habitación. Era pequeña, pero olía a recién aseada. Las paredes estaban pintadas de un amarillo pálido y en los bordes de arriba había papel tapiz, las cortinas eran en color crema. Había una cama no muy pequeña ni muy grande, tenía un mullido edredón floreado y un par de toallas blancas sobre ella. Un pequeño buró de tres cajones y una mesita. Sigo caminando hasta el baño. También huele a detergente y aunque las piezas no son nuevas, sí lucen limpias y desinfectadas.
Luego que termino de mirar todo... me doy cuenta de lo sola que estoy. De lo incierto que parece ser mi futuro. Y pienso en Terrence. Ya me estoy arrepintiendo. Quiero correr hacia él... pienso que aún estaré a tiempo... son las diez de la mañana y él dijo que regresaría por la tarde. Con suerte... ni siquiera se enteraría que me había ido...
Lágrimas gruesas me bañan el rostro. No puedo regresar con él. Terrence necesita una mujer. Una que esté preparada para él, que no sólo pueda recibir, sino que pueda también entregarle... Yo le he entregado mi amor, mi cuerpo... pero no puedo entregarle nada más...
Me abrazo a mí misma, no sólo por el frío del viejo, pero vigoroso aire acondicionado, sino por el frío que llevo dentro. Extraño sus abrazos, sus besos. Su sonrisa ancha. Extraño su cuerpo junto al mío y a penas han pasado unas horas...
Trato de no pensar en él. No puedo pensar en él, si debo abandonarlo para siempre, tengo que acostumbrar a mi mente también a no pensar en él. Enciendo el televisor y sintonizo uno de los pocos canales que se ven. Me quedo viendo una comedia romántica, ya que es el único canal que se ve con nitidez... avisan que interrumpirán la película con unos comerciales y entonces me entero del título... "Cómo perder a un chico en diez díaz". ¡Genial!
No sé si fue el frío o mi cansancio, pero me quedé dormida. El reloj de la habitación marcaba las cinco de la tarde... Me levanto azorada. El corazón se me quiere salir. Ya Terrence debe saber que me fui... Se me aprieta el pecho y se me encoge el alma. Pienso en salir corriendo a buscarlo... pienso en lo preocupado que debió quedar... en todas las preguntas que se debe estar haciendo. Me di cuenta que fui justo lo que no quería ser, una inconciente egoísta. Creo que debí enfrentarlo... explicarle cara a cara mis motivos... él lo entendería...
Entonces pienso... ¿y si no me quiere escuchar? Por la forma en que me fui, no sólo debe estar preocupado, sino decepcionado y furioso... Me tocaron a la puerta en ese momento.
—¿Sí?
—La cena está por servirse.
—¡Oh! Gracias, en seguida voy.— Respondo desde mi cama, ni siquiera me motivé a abrir la puerta. Recuerdo no que tengo nada en el estómago.
Voy al comedor y sólo les sonrío a los demás, la mayoría son latinos y se escucha un barullo de conversaciones en español del cual no entiendo ni papa. Como mi cena en silencio y mirando todo el tiempo hacia la puerta. Es como si mi conciencia me dijera ¿qué coño haces ahí? ¡Ve con él!
Terminé mi cena y amablemente me despedí de los demás. Volví a mi habitación. Pienso en Terrence, en lo molesto y desesperado que debe estar. Necesito verlo. Hablar con él... lo haré mañana. Visitaré a mi madre temprano y hablaré con él... cuando se le haya pasado el enojo. Terrence no se enoja a menudo, pero cuando lo hace, no es buena idea estar cerca...
—Candy... ¡Candy!
—¿Mamá? ¡Mamá! ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo...?— Se me acelera el corazón al ver a mi madre frente a mí. Con su sencillo y habitual vestido. Su pelo hermoso y lacio suelto.
—Candy... ven conmigo, preciosa... no llores más.— Se sienta a mi lado y yo me le acerco más, ella comienza a acariciarme el cabello.
—Mami... ¿cuándo despertaste? ¿cómo me encontraste aquí?
—Mami siempre encuentra todo. Ahora mami acaba de encontrar un corazoncito roto, ¿será el de mi niña?
—Ujum...— Dije llorando, acurrucándome más en ella.
—¿Un chico te rompió el corazón?— Su voz fue un estricto reclamo.
—No... creo que se lo he roto yo...
—¡Hiciste muy bien!— Gritó con una voz tenebrosa, como si no fuera ella.
—No ésta vez, mami. Él es un buen hombre...
—¡Ningún hombre es bueno, Candice!
—¡No es cierto! Al menos Terrence lo es...
—Candice, si quieres ser libre, renuncia al amor. Renuncia a los hombres...
—Pero mamá... tú no conoces a...
—No lo dejes que te destruya, Candice. ¡No lo permitas!— Levanto la cabeza de su regazo y la miro. Su gesto es muy severo.
—Mamá, no te vayas... ¡Mamá!
Desperté bañada en sudor. Fue sólo un sueño, un sueño cruel. Miro el reloj, son las siete de la mañana. Es jueves... las clases comienzan a las ocho... también las visitas al hospital. Terrence... Me duele mucho la cabeza. Aún no me recupero de mi sueño.
Decido darme un duchazo. Primero estuve a punto de morir por lo helada que estaba el agua. Salí titiritando de frío y me vestí con un jean y un grueso suéter. Las mismas botas. Tomé mi bolso y me aseguré de tener el resto del dinero, no confío en dejarlo en el motel. Me peiné con las manos y me até el cabello nuevamente con la misma liguilla. Conservé una tarjeta de Lalo, lo llamé para que me dejara en el hospital.
—¿A dónde, señorita?— El simpático Lalo me sonríe.
—Al hospital Saint Jane.
Desde el motel, me quedaba más lejos el hospital que antes... mi dinero comenzaría a escasear más pronto de lo que pensé.
—Aquí está, señorita.
—Gracias, Lalo. ¿Cuánto de debo ésta vez?
—¿Va a visitar a alguien aquí?
—Sí... a mi madre...— El rostro del buen Lalo se nubló, su semblante simpático desapareció y se volvió melancólico.
—Entonces ahórrese el dinero y cómprele unas hermosas flores a su madrecita.— Me dijo con los ojos aguados y se marchó. Dejándome a mí también llorando.
Luego de tomar el elevador, caminé por el pasillo que conducía a la habitación de mi madre y a la de Martha..., se siente raro el ver a otras personas entrando y saliendo de la habitación que había sido de ella. Despejo esos pensamientos y por fin entro a la habitación de mi madre.
Me acerco a mi madre y con lágrimas ardientes veo que nada ha cambiado, que ella sigue ahí, pero no está. Tan ausente, tan imposible y tan inaccesible.
—Mamá... te traje flores... son girasoles... no me los robé ésta vez. Te extrañé mucho, sabes.— Pegué mi frente a la suya, conciente de que le estaba mojando la cara con mi llanto.
—Mamá... ¿por qué no regresas? ¿Te necesito tanto...?
Lloré cada vez más fuerte. Con tanta desesperación. Mi madre es lo único que siempre he tenido... y me ha abandonado. Levanté la cabeza y la miré. Con sus ojos cerrados y su cara inexpresiva. Me llené de rabia y rencor por un momento.
—¡Mamá! ¡Despierta! ¡Te necesito! ¡Mamá! ¡Por favor reacciona!
Comencé a gritar como una desquiciada. Es algo que no podía evitar. Arrojé las flores y comencé a tirar todo lo que había al rededor.
—¡Dios! ¿Qué está pasando aquí?— Entraron dos enfermeras que no podían creer lo que veían.
—¡Despierta! ¡Te necesito! ¿Por qué me haces ésto? ¡Por qué!—Seguí reclamando.
Me dieron un calmante y luego de serenarme. Me sentí profundamente avergonzada. Estoy ante un doctor que me mira con curiosidad.
—¿Qué fue lo que pasó allá adentro, Candice?
—Yo... estaba desesperada, perdí el control... no volverá a suceder...
—Entiendo como debe sentirse... de hecho... quería platicarle sobre su madre. Lleva ya varios así, no ha habido ningún progreso... dado que no hemos podido contactar a su padre y que usted ya es mayor de edad, queríamos saber si... está de acuerdo con que la desconectemos...
Mis ojos se llenaron de horror y odio hacia ese señor. El pánico me invadió y sentí que me desmayaría ahí mismo.
—¿Desconectarla? ¿Usted quiere mi aprobación para terminar con la vida de mi madre?
—No, Candice. No me lo tome de esa manera. Su madre ha dependido por años de máquinas, no quiere regresar y en esas condiciones no me parece que esté realmente viviendo.
—¡He sabido de personas que han despertado luego de haber estado en coma por muchísimo más tiempo!
—Eso también es verdad, Candice. Pero a parte de eso... el seguro médico que cubre los gastos médicos de su madre, están por agotarse en seis meses...
Nunca en mi vida me había sentido tan desesperada. Estaba atada de pies y de manos. Y sola.
—¿Seis meses dice?
—Así es. Piénselo, Candice... su madre...
—Aún le quedan seis meses para pelear.— Dije con firmeza, mirándolo a los ojos.
—Candice, antes de...
—Nos vemos en seis meses, doctor.— Dejándolo con la palabra en la boca, salí de su oficina.
Sin aire, salí hasta afuera. Paré el autobus para dirigirme hasta la escuela. Ya era mediodía. Terrence estaría libre y yo podría ir a su oficina privada para hablar con él.
Camino con el corazón en la mano por los pasillos, algunos alumnos me miran raro. Sé que he cambiado, ya no soy el patito feo ni la marginada desde que puse en su sitio a Eliza y cambié mis prendas de vestir, aunque ahora no estoy en mi mejor momento, supongo que el cambio más radical lo tengo por dentro.
Paso por el lado de Eliza y sus amigas. Ella me saca el dedo del medio en un gesto obsceno. La ignoro y sigo caminando hacia la oficina de Terrence. Toco la puerta.
—Adelante.— Escucho su voz, fue un tono seco.
Entro y entonces él quita la vista de unos papeles y sus ojos azules, ahora gélidos se posan en mí.
—Terrence...— Murmuro su nombre, pero él me sigue mirando con la misma frialdad, como si me lanzara dardos de hielo.
—¿Qué se le ofrece, señorita White?— Me tardo un rato para hablar. Su tono fue tan frio que me quema.
—Vine a hablar contigo...
—¿Es sobre la clase a la que se ausentó?
—No... es de...
—Entonces no puedo atenderla ahora.— Me quedé de piedra y sin poder cerrar la boca.
—Terrence... yo necesito...
—Soy el profesor Grandchester para usted.
Dejó de mirarme y se enfocó en los papeles que revisaba. Me pongo más nerviosa, una rabia profunda se apodera de mí.
—Bien, profesor Grandchester, ¡escúcheme!— Le sacudí los papeles que veía de mala forma y lo miro furiosa. Sus ojos fríos se vuelven a clavar en mí, pero él sigue muy tranquilo y esa tranquilidad me da más rabia aún.
Se levanta de su silla y camina hacia mí, pasos muy lentos que me van acelerando el corazón, pero su gesto sigue siendo distante y frío.
—Recoja los papeles que tiró, señorita White.— No está bromeando y yo me quedo perpleja.
—Los recojeré cuando me escuches.
—Los recojerá ahora a menos que quiera una sanción.
Lo miro con odio y hago lo que me pide. Según me muevo, él no pierde detalle de mí, siento sus ojos clavados sobre mí y me da escalofríos.
—Sé que la forma en que me fui no estuvo bien. Por eso vine hablar contigo para decirte que...
—No es necesario, Candy.
—¿A... qué te refieres?— Pregunté con pavor.
—Que no me debes explicación. Me ha quedado bastante claro.
—Pero... aún no te he dicho...
—Ni quiero que me lo digas, Candy. Estoy harto de rogarte, estoy harto de tu desconfianza, harto de demostrarte... y sobre todo, Candy...— Me toma fuerte del mentón para que lo mire a los ojos. La respiración se me corta. Está tan cerca de mí que creo que me va a besar.
—Estoy harto de vivir con miedo. No es la primera vez que haces ésto y ya me cansé. No quiero seguir viviendo con el miedo de que en cualquier día agarrarás tus cosas y te irás. He hecho de todo para convencerte de lo que soy, de todo lo que quiero contigo, para ti, pero tú... tú no pones de tu parte y yo no pienso seguir arrastrádome.— Las lágrimas me queman las mejillas. Sé que él tiene razón.
—Terrence, yo no quise irme así. Me arrepentí en el mismo momento... es que...
—No es sólo tu culpa. El culpable soy yo por insistir, tú no querías nada conmigo y yo insistí. Yo me emanoré de ti, sin importarme que eres una niña...
—¡No soy una niña!
—Te comportas como una. El punto es, Candy, que no te seguiré amarrando. Yo no puedo llevarte a mi paso, así que tengo que dejarte crecer por ti misma. Tú no tienes la madurez para llevar una relación conmigo y yo no tengo la paciencia que tú necesitas.
Ya su gesto no es tan frío, ahora es doloroso, como si cada palabra que pronunciara le doliera. Pero a mí me duelen más. Me huelen a final.
—¿Me estás terminando?— Se ríe sarcásticamente, luego me mira a los ojos con su gesto frío que me deja congelada justo en la pared a la que mi espalda se aferra.
—Yo creo que tú y yo terminamos desde ayer. Digo, dejaste una nota con un puto "lo siento" y recogiste todas tus cosas, para buen entendedor...
—¡Sé que estuvo mal! Pero... si me dejas explicarte qué fue lo que...
—Candy, tus razones no harán ninguna diferencia. Tú siempre te terminarás largando cada vez que te dé la gana.
—No es así, Terrence. No me voy porque quiero. Yo te amo...
—¿Me amas?— Me preguntó lleno de ironía y sarcasmo.
—Sí...
—No, Candy, no me amas.
—Claro que...
—Amas sólo los momentos buenos a mi lado. Cuando has tenido suficiente, te vas.
—Eso no es cierto, Terrence...
—¿Recuerdas nuestra última noche juntos?— Pasa su dedo por mis labios y se me pega demasiado. Se me vuelve a cortar la respiración.
—Ujum...— Respondí temblando.
—La forma en que me pediste que tomara... te recuerdo delirando, pidiendo por más... suplicando que no me detuviera...— Roza sus labios con los míos y siento que voy a morirme.
—Entonces... lo único que quieres de mí son esos momentos, experimentar conmigo... saciar tu curiosidad adolescente...
—¡Eso no es cierto! ¡Yo te amo!— Estoy ofendida e indignada. No puedo creer lo que me está diciendo.
—No me amas, Candy. Lo que tú amas es ésto...
Me tomó el rostro con violencia y me comenzó a besar de manera salvaje, sin dejarme pensar ni respirar. Mordiéndome los labios, la lengua. Me entrego a su beso doloroso y vengativo, por alguna manera mi reacción le dio más rabia y me alzó, lo abracé con mis piernas y él me sigue besando, me aprieta el trasero y estoy en la gloria... hasta que sin aviso, me puso bruscamente sobre el suelo y se limpió los rastros de mi saliba, mirándome con rencor. Yo a penas trato de recuperarme.
—Ésto, Candy, ésto es lo que tú extrañas, no a mí.— Un profundo dolor se dibujó en su apuesto rostro. Lejos de molestarme, me conmovió demasiado que Terrence pensara así.
—Te demostraré que no es verdad. Déjame enseñarte que estás equivocado.— Busqué su cercanía otra vez, pero sutilmente me rechazó.
—Ya sé que estoy equivocado. Me has demostrado de todas las formas posibles lo equivocado que estaba al pensar que eras capaz de defender algo que sólo te pertenece a ti. Mi amor es sólo tuyo, Candy.— Había determinación y franqueza en él.— Pero tú ni siquiera eres capaz de pelear por ti.— añadió después y yo sólo podía llorar, sin interrumpir, sabiendo que me merezco cada una de las cosas que me estaba diciendo.
—Terrence... tú tienes razón en todo, excepto en algo... yo sí te amo.— Con temor, pero decidida, me acerqué a él y mirándolo fijo, con la cara temblando por el miedo a su posible rechazo, fui a darle un beso... a penas le rocé los labios...
—Profesor Grandchester, quería preguntarle si...— Eliza entró justo en ese momento.
Continuará...
¡Hola!
¡Feliz año 2015!
Chicas, espero que les haya gustado el capítulo. La historia como ya dije, es corta, así que próximamente verán como las cosas se van ajustando. Como bien dijo una de ustedes, esta historia, aunque corta, es un reto para mí, pues aunque tengo mi estilo, debo mantener la escencia natural de la historia original, así como la actitud y personalidad de los personajes, a veces a conveniencia puedo modificarlos en algo, pero no del todo y pues como bien dijo la lectora, ésta es una Candy rota, con demonios, con muchas heridas y sola, sin consejos ni dirección desde muy joven. Sé que muchas veces su actitud nos revienta, sin embargo... creo que ella tiene grandes motivos para ser como es si nos enfocamos en todos sus conflictos y no solo en su romance con el profesor Grandchester.
Bueno, nos vemos en el próximo capítulo y gracias por comentar:
dulce lu, Maride de Grand, GRANDCHESTER LUCY, Soadora, norma Rodriguez, LizCarter, Andrea, Luisa, elisablue85, skarllet nothman, arely andley
Wendy
