"EL TESTAMENTO DE LUCIFER"

(Escrito por Federico Hernán Bravo)

CAPITULO 5

Los intentos de comunicarse con el Área 51 habían sido totalmente nulos. Como si una mano de oscuridad hubiera caído sobre ella, los intentos de contacto con el almacén de tecnología alienígena dieron como resultado un silencio de muerte.

Landry no tenia que ser muy experto para darse cuenta de qué era lo que sucedía: Lucifer se había apoderado del Área 51.

Y a medida que el SG-1 revisaba cada vez mas el demente plan del Goa'uld, mas cuenta se daban de cómo había sucedido todo…

-Woolsey tuvo contacto con Lucifer… es de suponer que utilizó sus poderes mentales para controlarlo e influenciarlo de alguna manera – explicó Jackson, mientras viajaba con los otros a bordo de una camioneta negra del SGC – Con Woolsey bajo su control, Lucifer se hizo llevar al Área 51, siguiendo las instrucciones que… su original dejó.

-Tomar el lugar, construir la maquina genética… evolucionar – completó Carter por Daniel. A su lado, mientras cargaba su arma, Mitchell resopló.

-Vaya rata lista resulto ser nuestro amigo L – dijo - ¿Por eso daba tantas vueltas cuando Daniel lo interrogó?

-Así es. Jugaba con nosotros… a su modo retorcido.

-Lo que no entiendo todavía es por que quiso matarnos antes con sus poderes. Digo, no suena lógico, ¿no? Si el tipo solo buscaba que alguien le llevara al Área 51 esa no era la mejor forma.

Jackson fue quien explicó ese interrogante de Mitchell.

-Una prueba. Estaba testeando sus poderes. Quería saber de que era capaz.

-Cuando ya lo supo y Daniel Jackson le detuvo, no tuvo necesidad de insistir. Tan solo se limitó a seguir las ordenes originales del Testamento – intervino Teal'c.

-Si señor, menuda rata lista nuestro L.

-Estamos a punto de llegar – les avisó el conductor de la camioneta.

El SG-1 se preparó. Todos vestían ropas oscuras y llevaban armas, listos para el asalto.

Cuando todo el plan del enemigo quedó claro, el General Landry dispuso una estrategia para arribar al Área 51 tomada. El SG-1 seria el primer equipo en penetrar sus defensas. Una vez adentro, allanarían el camino para el resto de los equipos del SGC que les seguían.

-Llegamos – anunció el conductor, deteniéndose – El Área 51.

Ante ellos se elevaban una serie de hangares y depósitos cercados por un muro de alambres. Nada fuera de lo normal. Por la superficie y por fuera, el Área 51 era tan solo, a ojos del mundo, una base más de la Fuerza Aérea sin distinción aparente.

Pero bajo la superficie…

El complejo se extendía por kilómetros. En cierta forma, el Área 51 era una copia en diseño de la base subterránea del SGC. Pasillos metálicos interconectados entre si; laboratorios y almacenes, en donde se acumulaban cientos de objetos extraterrestres recogidos en misiones SG…

El lugar era una mina de oro en lo que a tecnología alienígena se refería.

-No hay nadie vigilando – dijo Carter, mientras descendía del vehículo.

-Mala señal – Mitchell sacó unos binoculares. Escudriñó el perímetro largo rato con ellos – Abandonado… al menos, en la superficie.

-¿Cómo entraremos? – preguntó Teal'c.

Carter señaló la tapa de un ducto de ventilación grande que emergía del suelo.

-Por ahí. Va derecho hacia el complejo. Atravesamos el túnel y entramos derecho a un pasillo lateral.

-¿Y las alarmas?

-No hay. Este ducto es una salida de emergencias camuflada. Directo al corazón del Área 51.

Mitchell no se lo podía creer.

-¿Me estas diciendo que el sitio mas importante del mundo no tiene alarmas en su salida de emergencias?

La Coronel se encogió de hombros.

-¿Ves a alguien con intención de entrar a un área restringida del Gobierno en varios kilómetros a la redonda?

-¿Bromeas? A parte de nosotros, pues…

Mitchell observó a su alrededor. El Área 51 estaba rodeada por un desierto de roca.

-Ok, Sam. Tienes razón.

-¿Podemos dejar de perder el tiempo y entrar? – pidió Jackson – Cada segundo es vital, ¿saben?

Mitchell asintió. Se acomodó su gorra y dio la orden esperada.

-Adelante.


Lucifer estaba complacido.

Habiendo cambiado sus ropas de presidiario por una túnica negra Goa'uld, el malévolo alienígena observaba y dirigía desde una plataforma la construcción de su impresionante maquina genética.

Bajo su control mental, todos los soldados, operarios y científicos del Área 51 se afanaban montando piezas, soldándolas y dando retoques al impresionante exo-esqueleto de metal que le proporcionaría al Goa'uld la ultima clave para completar su plan… el plan que su "primer yo", su antecesor, había elaborado.

La Ascensión.

Como un ente de energía pura, unido al cosmos infinito, vaciaría la Tierra de todas sus formas vitales. Luego, iría a lo profundo del espacio tras la búsqueda de esos Ori que tanto pavor parecían causar en sus enemigos.

Los doblegaría.

Les robaría sus poderes.

Y entonces se dedicaría a la parte más ambiciosa de su proyecto: reestructurar el Universo.

Recrear el Big Bang… rehacer al cosmos a Su Imagen y Semejanza.

Sonrió, maléficamente, complacido.

Era mas que un Goa'uld, mas que cualquier ser del Universo. Los Tau'ri lo subestimaron en sus primeros encuentros, pero ahora les demostraría su error.

Evolucionaría.

Ascendería al Poder Total.

¡Nadie iba a detenerlo!

Una figura se le acercó, sumisa. Richard Woolsey, mantenido bajo su titánico control mental, era ahora uno más de sus fieles seguidores. Inclinándose con respeto, el enviado del Presidente le comunicó una noticia.

-Mi Señor, acaban de llegar. Los sensores que mandó a instalar les han detectado. Vienen hacia acá.

Los ojos de Lucifer brillaron.

-Magnifico – dijo – Será divertido que el SG-1 intente detenerme. No podrán, claro, pero representa el mayor reto para mi intelecto supremo.

-¿Quiere que envíe a los soldados a por ellos?

-No, Richard. Tengo un plan mejor.

El Goa'uld caminó hasta una puerta de metal. Con un gesto de su mano, la abrió sin tocarla. Daba a un depósito de almacenaje especial…

Se concentró. Un influjo telepático surgió de él y despertó a aquellas cosas guardadas allí, inactivas desde hace tiempo.

Otra sonrisa demencial cruzó su rostro.

-Vayan por mis enemigos. Distráiganlos mientras cumplo mi objetivo – ordenó.

Saltando de los rincones, con ruidos secos y metálicos, una legión de arañas mecánicas se puso en marcha.

El Goa'uld las vio marchar y rió a carcajadas al pensar en el sorprendido rostro de sus enemigos al ver aquel pequeño ejercito de Replicantes en acción.


Los Replicantes interceptaron al SG-1 en la mitad de un pasillo del desierto complejo. Hasta el momento, la entrada al lugar había sido tranquila y sin novedades, pero cuando las arañas tecno-orgánicas surgieron, arrastrándose y trepando por las paredes, el horror empezó.

-¡Replicantes! – exclamó Jackson, retrocediendo y comenzando a disparar con su arma.

-¿Qué hacen estos bichos aquí? – Mitchell se unió a los disparos, creando una lluvia de balas que rebotaban contra los escurridizos cuerpos de metal.

-Después de la derrota de los Replicantes, algunos fueron almacenados aquí, para estudio – Carter también disparaba con su arma, sumada al fuego de sus compañeros – Pero es ilógico que puedan seguir activados… Lucifer debe estarlos controlando de alguna manera.

-¡Cuidado, Samantha Carter! – gritó Teal'c, apuntando su Lanza hacia la pared detrás de Carter.

Un rayo de energía centelleó en el aire, volando a un Replicante trepado al muro. Con sus fauces metálicas, se disponía a lanzarse sobre la muchacha y despedazarla…

Aquello no parecía tener fin. Cuando el SG-1 abatía a un grupo de arañas, otras ocupaban su lugar velozmente. Mitchell recargaba su arma, mientras Jackson cubría su flanco derecho. Los Replicantes aprovecharon esa ocasión para atacar con más brutalidad, demostrando que podían aprender de sus errores a la misma velocidad con la que se multiplicaban.

-¡Esto no esta funcionando! ¡Cada vez que destrozamos a uno, de sus pedazos surgen más! – gritó Mitchell, por encima del estruendo de disparos.

Hizo una pausa. Volvió a recargar su arma… y mientras metía un cargador nuevo en el rifle, un Replicante saltó sobre él…


La maquina genética estaba lista.

Se trataba de una plataforma grande, de forma piramidal, con un cristal engarzado en la cima y espejos montados en un semicírculo en el interior de su base. Cientos de cables surgían y atravesaban andamios, conectados a generadores de potencia electro-motriz.

Lucifer, admirando la obra que sus esclavos construyeron, sintió una satisfacción tremenda. El momento en que sus sueños se cumplirían estaba por empezar.

-Excelente. Ahora, finalmente veré realizado mi propósito – dijo. Luego, se volvió hacia Woolsey y todos los hombres del Área 51 allí reunidos, quienes bajo su influencia telepática, todavía eran sus esclavos – Cuando esté dentro, mi poder mermara levemente… Ustedes deberán mantener a mis enemigos ocupados, hasta que el proceso termine.

-Si, Mi señor – Woolsey asintió, sumiso.

El Goa'uld caminó hacia el interior de la plataforma piramidal. Cuando estuvo en el centro, procedió a despojarse de su túnica, quedando completamente desnudo.

Extendiendo sus manos hacia los costados, dejó que su poder emergiera de su cuerpo, activando la maquinaria que lo rodeaba. Luces y rayos surcaron el aire y envolvieron al alienígena, penetrando hasta el último cromosoma del interior de sus células…

El proceso evolutivo acelerado había empezado.


Mitchell cerró los ojos y se preparó para sentir aquellas mandíbulas de acero penetrar y desgarrar su carne… y entonces el Replicante que se le había subido encima se desintegró en miles de fragmentos de metal.

Al mismo tiempo, el ejército de sus hermanos arácnidos atacantes le imitó, desapareciendo el poder invisible que los mantenía activados y quedando reducidos todos a iguales pedazos de metal relucientes desparramados por el piso.

-¿Qué sucedió? – Mitchell se puso de pie, sorprendido - ¿Se les acabó las baterías?

-El influjo de Lucifer ha desaparecido. Eso solo puede significar que… - la explicación de Jackson quedó interrumpida por un estruendo descomunal proveniente del centro del Área 51.

-¡Esta empezando! ¡Esa distorsión sísmica solo puede ser la maquina genética extrayendo poder! – Carter miró a sus compañeros, aterrada.

Mitchell recargó su arma, frunciendo el ceño.

-Muy bien, esto termina acá – dijo - ¡Vamos por esa rata!


Energía y luz.

En el centro de la maquina genética, el cuerpo desnudo de Lucifer se convertía poco a poco en luz pura. Extasiado y sintiendo la proximidad de la Ascensión, el Goa'uld se preparaba para alcanzar la Gloria Final.

¡Ya nada podría detenerlo!

El SG-1 entró en la sala de la descomunal maquina, en ese mismo momento. El asombro, el terror y cualquier duda se desvanecieron inmediatamente de sus almas al comprender que debían impedir a toda costa la Ascensión de su enemigo. Pero a esta fiel determinación, le siguió el nuevo problema que debían atravesar…

De pie, delante de la maquina, una multitud de gente (científicos, operarios y militares, entre ellos Woolsey) se apretujaban, impidiéndoles el paso.

-¡Maldición, Woolsey! ¡Quitense de en medio! – gritó Mitchell, apuntando con su arma a la multitud.

-No pasarán – el tono de voz de la multitud reverberó en la sala. Era un tono seco, totalmente desprovisto de emociones humanas. Bajo el control mental del enemigo, aquella gente se había convertido en verdaderos y genuinos zombies sin voluntad propia, mas que la de su Amo.

-¿Qué hacemos ahora?

-¡No podemos disparar a esta gente! ¡Son victimas de Lucifer! ¡Están bajo su control hipno-telepático!

-¡Carter, dime algo que no sepa!

La multitud zombie avanzó hacia ellos. Iban totalmente desarmados, pero juntos. El SG-1 retrocedió, imposibilitado de continuar.

Se produjo otro movimiento de tierra. En el interior de la maquina, el proceso evolutivo de Lucifer continuaba.

-¡Hay que detener esto! – Mitchell bajó su arma, desesperado. Sabia que no podía abrir fuego contra gente inocente, por más que la seguridad del mundo estuviera en juego - ¿Cómo desactivamos esa cosa?

-¡No podemos! ¡Por el diseño, esta maquina es automática una vez que se activa!

-¡Carter, no me estas ayudando para nada! – Mitchell observó hacia todos lados, buscando una salida en la pared humana que los rodeaba impidiéndoles seguir. Era inútil. La multitud les acechaba por todos lados - ¡Dime que podemos romper para acabar con esto, Sam! ¡YA!

Carter tragó saliva y obligó a su mente a trabajar a toda prisa. La solución llegó, como un golpe de relámpago, luego de un momento de vacilación.

-¡Coronel! ¡Sé como acabar con esto!

-¡Magnifico! ¡Te escucho!

-¡La maquina re-dirige la energía desde la punta de la pirámide, desde aquel cristal colocado allí! ¡Hay que destruirlo!

-¿Servirá eso?

-¡No lo sé! Creo… ¡Creo que si!

-¡Es todo lo que necesito saber! – Mitchell se volvió hacia Teal'c, quien contemplaba absorto el escenario de pesadilla que se desarrollaba a su alrededor - ¡Préstame tu Lanza, grandote!

Con el arma del Jaffa en las manos, el Coronel apuntó en dirección de la cumbre de la pirámide de metal. La multitud de esclavos zombies de Lucifer, viendo lo que se proponía hacer, se abalanzó en masa a detenerlo.

Hubo empujones, forcejeos y patadas, cuando el resto del SG-1 intervino, defendiendo a Mitchell para que pudiera fijar el arma sobre su blanco.

Una figura que era todo luz, desde el interior de la maquina, se percató entonces de lo que pasaba. Su rostro, compuesto ahora de miles de centellas danzarinas, se volvió en aquella dirección, con una mueca de ira…

-¡DETENGANLO! – bramó una voz y fue como si un trueno hablara - ¡EL PROCESO TODAVIA NO ESTA COMPLETADO!

-¡Toma esto! ¡Vete al Diablo, hijo de puta!

Cuando Mitchell tuvo a tiro su objetivo, entre el caos de la lucha contra la multitud poseída, apretó el gatillo… y una descarga de energía salio disparada, dando en el blanco.

Se produjo un fogonazo cegador. La multitud poseída quedó fuera del influjo mental de su Amo de un momento a otro, entre aterrorizada y confundida, mientras en el corazón de la maquina, una figura que perdía su brillo y poder, gritaba con una frustración e ira infinitas…

-¡NO, NO, NO, NO!

Segundos después, todo voló por los aires.


Landry miraba el paisaje que desfilaba bajo el helicóptero que lo llevaba con un mudo sentimiento de temor. A su lado y preparándose, un grupo de soldados del equipo de asalto cargaba sus armas, listos para entrar en acción cuando arribaran al Área 51.

-General, estamos llegando – avisó el piloto, desde la cabina. Landry asintió y se volvió hacia sus hombres.

-Muy bien, muchachos, supongo que el Coronel Mitchell y el resto del SG-1 tuvo éxito en allanar el camino. De no ser así… - Landry hizo una pausa, serio – De no ser así, tendremos que pelear… y que Dios nos proteja, pero caeremos como se debe: LUCHANDO.

Todos estuvieron de acuerdo. El General volvió su mirada hacia el exterior del helicóptero, hacia el gran terreno del Área 51 que ya aparecía adelante… y lo hizo justo a tiempo de ver como la roca del suelo se partía en pedazos, empujada por un objeto metálico con forma de pirámide que emergía hacia arriba.

-¿Qué demonios…?

Brotando del agujero abierto, entre nubes de humo y fuego, una cosmonave Goa'uld se elevó en el cielo, dejando detrás de si una estela de destrucción. Viendo aquello, Landry comprendió que el enemigo escapaba… y que un nutrido grupo de gente salía del Área 51 por un acceso de emergencia, algo malheridos.

El helicóptero tocó tierra. Apenas lo hizo, Landry bajó y corrió hacia la multitud confusa y dolorida, que se acercaba. Reconoció de inmediato, entre ellos, al SG-1 y a Richard Woolsey.

-¡General! No sabe cuanto nos alegra verlo – saludó Mitchell, sonriendo con alivio.

-¿Qué pasó? ¿Todos están bien?

-Necesitamos atención medica para algunos, señor – informó Carter, señalando a la gente que les acompañaba a la superficie y que los rodeaba – Algunos tienen unas cuantas heridas, producto de la explosión…

-¿Explosión?

-Volamos la maquina genética – Jackson se sacó sus gafas. Algunos de los cristales estaban rotos – Lucifer no pudo completar su evolución.

-Bendito sea Dios – Landry sintió que el horror se desvanecía de su alma.

-…Pero escapó. Fue en mitad del caos después de la explosión. Ignoramos como demonios lo logró esa rata, pero se arrastró hasta una de las naves Goa'uld almacenadas abajo – Mitchell señaló al pozo abierto por la salida del vehículo extraterrestre – Se nos escapó antes de poder detenerlo, señor.

El tono de Mitchell era definitivamente de frustración. Landry le comprendió. Él mismo hubiera querido cerrar sus manos sobre el pezcueso de aquella sabandija alienígena que tantos dolores de cabeza parecía empecinada en causarles.

-No creo que debamos temer ya de él, señor.

-¿Por qué, doctor Jackson?

Daniel levantó la vista hacia el cielo. A lo lejos, la nave Goa'uld ya solo era visible como una estrella.

-Ha perdido todos sus poderes. Al no alcanzar el desarrollo total, revirtió. Es de suponer que JAMAS se recuperará… eso si su cuerpo sobrevive en el estado en que está al viaje espacial.

-Recemos por que no, doctor – Landry se volvió hacia Woolsey - ¿Cómo se encuentra, Richard?

Woolsey no respondió. Se le veía entre confundido y avergonzado.

No era para menos, claro, pensó Jackson, con cierta ironía. Fue el primero en ser victima de la manipulación mental del engendro Goa'uld. En verdad, sin la ayuda de Woolsey, quizás ni la mitad de lo que sucedió hubiera pasado…

-Yo… Yo… General, yo… - tartamudeó.

Se produjo un momento incomodo. Finalmente, la sorpresa la dio Landry al sonreír.

-Le diré que, Richard: usted se olvida de "ciertas cosas" muy feas que me dijo hace poco y yo prometo hacer lo mismo con otras que pasaron indirectamente… por su culpa. ¿Qué le parece?

Woolsey no respondió. Asintió inexpresivamente y se alejó del grupo, caminando hacia el helicóptero.

-Como se invierten los roles, ejem – murmuró Mitchell a Teal'c. El Jaffa enarcó una ceja, por toda respuesta – Lo que son las cosas de la vida…

Se hizo un silencio entre el grupo por un momento, solo roto por el sonido de una flota de helicóptero que llegaban a asistir a la gente del Área 51.

-¿Realmente se terminó la amenaza de Lucifer? – la pregunta de Landry no iba dirigida a nadie en especial, mas bien a si mismo. Se la hacia mientras miraba la llegada de las demás aeronaves del SGC.

-Bueno, nunca se sabe, señor – respondió Carter, a su lado – Las posibilidades son infinitas… quizás volvamos a saber de él, si es que decide regresar.

-Lo estaremos esperando – Mitchell echó una mirada al cielo, ansioso – Si, personalmente, lo estaré esperando con muchas ganas…

-Muy bien, gente – Landry suspiró – Vamos a casa. Hay mucho papeleo que rellenar y muchas cosas que limpiar. ¡Andando!

Con el General Landry a la cabeza, el SG-1 abandonó el Área 51.

Continuara…