- La nota cultural de día ;) (Por favor inserte aquí "Primavera" de Vivaldi xD)
*El Archiduque Francisco Fernando era el próximo heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, pero durante una campaña política en Sarajevo, capital de Bosnia donde fue asesinado el 28 de Junio de 1914, por un estudiante serbio llamado Gabrilo Princip acontecimiento fue denominado "El incidente de Sarajevo. Además su muerte fue el gran detonante de la Primer Guerra Mundial (Gran Guerra).
Silent Hill: Road to Nowhere.
Chapter VI – Broken bones and wings.
Sabía que debía ponerme de pie, pero no. Mi cuerpo estaba adolorido, más de que, en un caso extremo, me gustaba. Estaba en conocimiento del agradable lugar en donde me encontraba, había olor a té en hoja y café en grano, recién hecho. El aroma a pan recién horneado y sacado del horno me invadió la nariz. Quizás sólo estaba imaginando aquellos aromas, sólo un atisbo de sentimiento que implicaba estar en un lugar cálido y acogedor. Pero era imposible que estuviera en un lugar apacible siendo de qué hace minutos u horas, estaba saltando por la ventana de un cuarto piso y, por sobretodo, que estaba tirado en el cemento frío de la calle.
Sin embargo, mi teoría de la calle y la caída fue desechada cuando una mano fría se posó en mi frente, el roce de su mano era agradable y conciliador ya que, en sí, sentía que estaba ardiendo en temperatura. Casi sentía el sudor escurriendo desde la cima de mi cabeza. Incoherentemente el frío calaba y recorría toda mi columna vertebral.
En apariencia y si es que mi cerebro no estaba divagando, estaba en un estado febril muy desagradable, mis dientes comenzaron a castañear y la mano fría pronto de deshizo. El rose amable y cariñoso se había esfumado. Me sentí aterrado, como un niño que se pierde en un parque de diversiones o en un centro comercial. Miras a tú alrededor y sólo ves personas ajenas, sus caras no muestran expresiones, sólo caminan, evitando chocar con sus pares. No sonríen, no hacen nada. Y los colores se difuminan, las figuras no son definidas y el tiempo parece congelarse. Te das la vuelta y tu mamá no está allí, su mano, con la cual te aferra, ya no está. Te sientes vacío, algo te falta y el suelo se abre bajo tus pies, las cosas y las personas grises son succionadas por el remolino que se forma debajo, pero tú estás allí, sin saber qué hacer y lloras, lloras, pero las personas no hacen nada, porque ellas ya no están. La oscuridad te invade y no puedes escapar, junto con las manos y el fuego que quema, pero no deshace tu cuerpo, sólo lo quema y sientes la piel enrojecida haciendo erupción bajo las entrañas. Desesperado, dejas caer tu cuerpo en ese torbellino hasta que finalmente vuelves a sentirte humano, las manos de tu madre te abrazan por la espalda y estás más tranquilo, aun así sabes que todo aquello puede volver a pasar y te asalta el miedo y la paranoia, hasta que llegas a casa y la pesadilla ha acabado.
—Madre… —Apreté los parpados, arqueando mi espalda, necesitaba sentir su mano aferrada a la mía, pero por más que la buscara, ella no estaba—. Ayúdame… por favor…
El cuero crujió bajo mi espalda, alguien se estaba cercando a mí, podía escuchar la suela metálica resonando, acechándome, un graznido, aterrador y el deslizar de un objeto metálico y grande por el piso. Mi respiración se aceleró.
Abrí los ojos esperando lo peor, pero sólo vislumbré unos grandes ojos oscuros que me miraban y las manos sucias, con barro y sangre rozando mi cuerpo, arañándolo, el cabello desordenado y sin vida le cubría el resto de la cara aunque dejase ver los ojos aterradores de aquella cosa, lo que fuera, tenía un aspecto de mujer, pero distaba de ser normal. Algo muy dentro de mí gritó que iba a morir y entonces me deje estar, quieto sin fuerzas, ni ganas, de luchar. La criatura jaló de mi cabello pero no sentí nada, como un muñeco sin vida. Nuevamente el piso se abría bajo mis pies, pero mi cuerpo no tenía intenciones de quedarse aquí, más bien quería viajar con aquella mujer, quien ahora me arrastraba por el piso tirando de mi cabello hacia el agujero que estaba allí.
Sonreí, al fin todo esto iba a terminarse. Sentí muy dentro de mi alma el no poder salvar a Aline, ni ayudar a Clio.
—Aline… —Farfulle, la criatura pareció aterrarse y poco a poco se consumió en sangre a mi lado. Giré la mirada lentamente y unas rodillas cayeron a mi lado, una cabeza se inclinó a la altura de mi vista y me sonrió—. Aline…
Estiré mi mano, agotado y aquella mujer la recibió, la apretó contra su pecho, sentía el palpitar rápido de su corazón bajo la yema de mis dedos. Ella dirigió la mano hacia a mí, me dio la impresión que fue un gesto amenazador y cerré los ojos, sin embargo me deje llevar por la caricia.
Había pasado un tiempo desde que decidí cerrar los ojos, los segundos se me hicieron eternos, casi convertido en décadas hasta que nuevamente volvía a abrirlos. Me sentía cansado, como si hubiese corrido en la maratón de Francia o en la de Nueva York. La luminiscencia me molesto en los ojos, la ventana que estaba a mi costado era generosa entregando claridad. Estiré mi mano para agarrarme del respaldo de lo que parecía ser un sillón de cuero rojo bermellón. Mi mano entró en contacto con la tela ruda y gastada para luego erguirme sobre el asiento.
Otra vez el cuero crujió debajo y el ruido sibilante de la tela hizo que me dolieran los dientes, el cuerpo y sus reacciones desagradables. Otra tela, de algodón se deslizó desde mi torso a mis piernas levemente dobladas. Un edredón con motivos florares me había cuidado el sueño todo este tiempo. A mi costado había una mesa de madera color ébano, sobre ella reposaba un cenicero de vidrio, limpio y sin usar, un par de botellas de condimentos, blanco y amarillo traslucido. Sal y aceite.
Un par de papeles blancos y una lata de soda. Paños color blanco arrugados junto a un bowl lleno de agua levemente teñida de rojo. Algodones usados, manchados con sangre, vendas, apósitos esterilizados semiabiertos, tablillas y un par de banditas. Parpadeé confundido, me dolía la cabeza y el lugar me daba vueltas. Miré por la ventana y sólo vislumbre la neblina paseándose elegante sobre la calle. Intenté moverme pero algo me lo impidió.
—Maldición… —Apreté los dientes y quité el cobertor, el jeans negro estaba enrollado hasta la rodilla de mi pierna derecha. Observé curioso la fea herida que estaba allí, había una tablilla de madera en el interior y el exterior de la pantorrilla, encima una poco agraciada cortada cosida con hilo grueso y sangriento, la sangre seca se amontonaba sobre el pliegue de la herida y la piel estaba brillante, hinchada, parecía que en cualquier momento se rajaba. De todas maneras seguía confundido y la única explicación era que alguien me había trasladado desde la fría acera enfrente del Grand Hotel a este sitio que, al parecer, era una cafetería. Ahora la pregunta del millón era ¿Quién había sido el caritativo? ¿Clio tal vez?
—Veo que ya has despertado —Miré estupefacto sobre mi hombro, del aseo de damas, una puerta lejana a donde estaba, se acercaba una mujer. Ya la conocía, pero me pareció casi onírico que estuviera allí—. ¿Qué sucede?
—Amanda… ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué desapareciste? —Arrugué la frente, endureciendo mis facciones—. ¿Tú me has traído hasta aquí?
—¿Quién si no? —Sonrió con tristeza, lo pude apreciar en sus ojos hinchados de tanto llorar—. Además, es un poco sínico de tu parte que me preguntes eso. Yo no desaparecí, fuiste tú quien salió corriendo. Al parecer no fue buena idea que abandonaras el hospital.
—Tenía que encontrar a mi hermana —Bajé la vista, poniendo mis pies sobre el piso de cerámicas color crema—. Como ves, no he tenido mucha suerte…
—Yo tampoco —Colocó una mano en mi hombro mientras se sentaba a mi lado, dejo el trapo que portaba en las manos sobre la mesa y enseguida cogió la lata de soda bebiendo un sorbo—. Medite mucho en lo que me dijiste sobre lo del pueblo… Era cierto que… el hospital estaba vacío… fui a la casa de mis padres, pero ellos no estaban, en cambio sólo encontré una escena dantesca. Sangre por todas las paredes, algo muy dentro de mi dice que…
—Lo sé —Interrumpí—. ¿Cómo me encontraste?
—Estabas tirado en la calle, medio moribundo… lo único que pude hacer fue arrastrarte hasta aquí —Miró el lugar, del techo colgaban ventiladores y el bar de la cafetería estaba repleto de botellas coloridas, eso me daban ganas de beber—. Tuviste fiebre… delirabas y llamabas a Aline…
—Necesito un trago —Solté una carcajada desganada, ella me observó con aire critico—. ¿Qué?
—En tu estado no sería bueno —Se volvió a poner de pie—. ¿Qué vas a hacer ahora?
—Clio… —Recordé de pronto, dónde estaba—. ¿Y la chica?
—¿Chica? —Repitió confundida—. ¿Qué chica?
—¡Clio! Cabello negro, estaba conmigo… ¡caímos juntos! —Esto estaba mal, muy mal.
—¡No había nadie más! —Aseguró—. Sólo tú… y esas criaturas…
—No me digas que se la han llevado también… —Me puse de pie, el dolor caló en alguno de mis dos huesos de la parte baja de mi pierna—. ¡Es mi culpa!
—Tranquilízate —Me asistió con delicadeza—. No es tu culpa, es culpa de quien está detrás de todo esto… Si tan sólo supiéramos por donde comenzar…
—Me siento como un insecto sin alas, atrapado dentro de un frasco de duraznos —Tenía que admitir que no era bueno haciendo metáforas.
— O un ángel con alas rotas… —Sonrió—. Pero un ángel podría caminar, tú ni siquiera puedes hacer eso…
—¿Es una manera linda de llamarme estorbo? —Alcé una ceja, ella rió—. De todas maneras… ¿Conoces a un demente llamado Alexander Hudson?
—¿Alexander Hudson? Su nombre me es familiar… sé que lo he escuchado antes, pero te mentiría si te dijera que lo recuerdo ¿Por qué preguntas por él?
—Lo conocí en el hospital… y luego encontré su número telefónico junto con Clio —Miré por la ventana hacia afuera—. Tengo la certeza que él está detrás de todo esto, pero ni siquiera sé quién es… o cómo encontrarle.
—Ya veo —El silencio se hizo en el lugar, ella parecía pensar en Alexander mientras que mi mente vagaba lejos de la estancia. Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había visto a Aline—. Drew… disculpa pero… acaso Alexander te dijo algo extraño…
—Todo lo que dice es extraño, Amanda… muchas veces hasta lo que calla es… perturbador —Me remecí, un escalofrío recorrido mi espina dorsal.
—Me refiero algo como… que fuiste elegido para algo… —Volví la vista intrigado, no había forma que ella hubiera sabido de nuestra conversación en el lobby del hospital—. ¿Te mencionó algo como eso?
—C-Claro… —Tartamudee—. Él dijo que había escapado de la muerte y que eso me hacía un elegido, nada personal, pero creo que está loco…
—Eso me temo —Una vez más tomó asiento en el sillón, haciendo una seña para que la imitara y lo hice—. Escucha, hace tiempo, aquí en Silent Hill hubo una especie de religión, antagonista en parte, a las leyes de la Iglesia, cuyos métodos eran poco ortodoxos cuando de demostrar su religión se trataba. Ellos hablaban del Reino de los Cielos como un lugar privilegiado, un lugar donde aquellos que fueran elegidos podían entrar, pero estos elegidos debían completar una tarea que tenían en este mundo terrenal.
—¿Una misión? —Enarqué una ceja—. ¿Qué tiene que ver eso con todo esto?
—Para allá me dirijo —Reviso el lugar, como si temiera que alguien la estuviera escuchando—. Aparte de esta misión, los elegidos debían demostrar que eran verdaderos dignos de la entrada al Paraíso, para ello llevaron a cabo diversos y cada vez más horrendos sistemas de mostrar cuan fieles eran. Desde la autoflagelación hasta la amputación de miembros enteros o incluso una especie de suicidio donde ellos se entregaban como ofrenda mientras otros miembros del clero le enterraban dagas en el corazón. Como comprenderás estos actos de fe siempre terminaban mal… incluso se me pone la piel de gallina cuando recuerdo a una mujer que se quemó a lo bonzo por creer que era la reencarnación de la diosa más antigua de la historia de este pueblo.
—Interesante, pero aun no comprendo qué tiene que ver todo lo que me cuentas con el demente de Alexander —La vi ponerse de pie, estaba en un aparente estado de nerviosismo.
—Alexander Hudson… ahora lo recuerdo bien —Caminó hacia la barra del lugar, se giró sobre los talones apoyándose en la orilla del marco de la barra—. Fue hace tiempo cuando su rostro acaparó las portadas de los periódicos locales… era un magnate que dedicaba su vida a la filantropía y la filosofía… causo un revuelo impactante cuando declaro que la Iglesia del pueblo sólo era un montón de falacias hechas por mojigatos que le temen a la verdad. Los trato, incluso, de precursores de la necrofilia por adorar a un cuerpo crucificado… como entenderás, la Iglesia pronto se hizo escuchar, los reclamos estaban a la orden del día. La religión estaba viviendo una verdadera guerra fría con Alexander y aquellos que le apoyaban. Las personas comenzaron a dudar y para cuando estalló la bomba, mucha gente estaba del lado de Hudson.
—¿Cuál fue la bomba? —De inmediato mi estómago se apretó, por alguna razón sabía que no me gustaría la respuesta.
—El asesinato de Leonard Bloodworth…
—¿Mi padre? —Me paré al instante, el dolor ya no importaba—. Estás equivocada… ¡Mi padre era cristiano! ¡No puedes decir que mi padre es el Francisco Fernando moderno!
—Nadie ha dicho que tu padre sea el Francisco Fernando moderno, y esto no es nada parecido al incidente de Sarajevo —Arrugó la frente—. Sólo digo que tu padre era amigo íntimo de Alexander… de hecho lo era de toda la familia Hudson… Lo único que sé con certeza… es que después de que tu padre murió Alexander creo a un Mesías… se desato la masacre… y poco a poco la morgue se fue llenando de adeptos a la religión de Alexander, fanáticos que en su búsqueda de ser elegidos los llevaba a la muerte… Mi hermana fue una de ellas.
—Lo siento —Bajé la vista con pesadumbres—. Alexander está más loco de que lo que creía… ahora más que nunca necesito encontrar a Aline… ¡No voy a permitir que Alexander destruya el resto de mi familia! ¡No otra vez!
—¡Drew! —Me tomó el antebrazo con fuerza—. Si Alexander logró hacer esto en el pueblo, dejar a Silent Hill sumido en la soledad y la niebla, no quiero ni imaginar lo que hará contigo en este estado.
Y de pronto lo comprendí todo, como si hubiese estado oculto detrás de la neblina, debajo del óxido de una bisagra mal engrasada.
—No fue él —Musité—. Fue su fe… eso ha creado todo esto ¡Las personas que creen que es poderoso! Tengo que detenerle antes de que más personas caigan en esta trampa maldita… tengo que salvar a Aline y ayudar a Clio. Amanda… siento que te hayas visto envuelta en todo esto, pero debes dejarme ir, por más extraño que parezca, todos aquellos que se me acercan, terminan… siendo arrastrados.
—Ya estamos hasta el cuello con esto. Sumergidos como huevos curtidos en un frasco maloliente —Se puso delante de mí—. Drew, eres joven, estás lleno de determinación y vigor y Alexander está viviendo una batalla de desgaste contigo.
—¡Eso es! —Exclamé al instante, pero mi voz se fue pagando hasta convertirse en un leve murmullo—. Alexander me ha quitado a aquellos que me han ayudado, yo haré lo mismo… divide y vencerás, eso solía decir mi padre. Supongo que esto es lo que realmente esperaba de mi… que de una vez por todas ponga en práctica aquellos consejos de política que me dio alguna vez, que al menos… tenga la certeza que le escuchaba… padre… padre, perdóname.
Las lágrimas tibias vagaron por mi rostro y las uñas me arañaban al apretar los puños. Sentía una desazón tan grande que no podía evitar contener mis lágrimas y este dolor que me consumía. A ratos sentía que quería gritar, gritarle al mundo la verdad, no era justo, no… ¡No lo era!
—Padre… perdón, sé que en el fondo sabes la verdad… pero me pesa que Aline y mi madre no puedan escucharla ¡Porque te lo juré! ¡JURE QUE NADIE LO SABRÍA! —Caí de rodillas sobre el suelo, ya no eran lágrimas silenciosas, era la expresión de aquellos sentimientos que no podía soportar dentro de mi conciencia—. Madre como duele saber que no supiste la verdad de mi boca, que padeciste con dolor todos esos años en la incertidumbre… ¡Que ellos envenenaran tu alma! Me duele saber que… me odiaste ¡No lo merecía… no merecía todo eso! ¡NO!… Pero ahora lo sabes… ¡Lo sabes porque estás muerta! Preferiste la muerte… ¡Maldición!
—Drew… —La mano cálida de Amanda vago por mi espada—. Ellos…
—Ellos lo saben… —Balbuceé, pero ya no tenía control de lo que decía, hasta me pareció que la fiebre había regresado—. ¡Pero yo no fui! Sin embargo mamá hubiera muerto de pena si se hubiera enterado de la verdad…
— ¿Quién fue, Drew?
La miré, sus ojos castaños redondos y perfectos, no parecían juzgarme. Necesitaba decírselo a alguien.
—¿Quién? —Volvió a preguntar—. ¿Quién asesino a tu padre?
—Fue… —Callé para luego desviar la vista a mi pecho—. Aline…
To be Continue
A/N: Me siento realmente extraña con el final de este capítulo… créanme que estoy casi igual que ustedes sino que peor… realmente Drew Bloodworth se me está escapando de las manos… ¡ESTE PERSONAJE SE ESCRIBE SOLO! Es en serio, se controla sólo y no me deja redactar las ideas que tengo para él
Drew: Pues claro que no, si quieres que termine loco en un hospital siquiátrico maldita escritora mal pagada ¬¬
Yukari: ¿Cómo que escritora mal pagada? ¬¬ Deberías agradecer que aun estés vivo, mira que ahora mismo puedo solucionar este problema
Drew: Jejeje quisiera verte intentándolo ¬¬ ahora que hiciste que culpara a mi hermana…
Yukari: Cállate que fuiste tú y mejor déjame escribir la única cosa que controlo yo ¡MIS NOTAS DE AUTOR!
Okay luego de ese percance. ¿Qué les pareció? En lo personal, creo que el próximo capítulo veremos más algo al estilo de Silent Hill, ya saben lugares cerrados y tétricos, oxido y sangre por todas partes xD
Anyway, un beso para todos los que leen y doble para los que dejan reviews!
