Después de entrar en su habitación, Shunrei vivía momentos que iban del nerviosismo a la culpa. Sabía que Ikki arreglaría las cosas con su hermano para evitar conflictos y que si por algún motivo las cosas se salieran de control, Shiryu jamás creería la versión que otros dieran sobre ella…y menos si ella se adelantaba primero. Debía pensar bien lo que le diría al Dragón y la manera como lo haría pensar que lo que Shun afirmaba era mentira...producto tal vez de la ira que sentía contra su hermano.

Sonrió ante la idea y mirándose frente al espejo de la habitación palpó sus labios y recordó los momentos que había vivido antes…Ikki, se dijo así misma y cerró sus ojos. Dejó caer la toalla que la cubría y evocó de nuevo la noche de pasión que disfrutó junto al Fénix…

Shiryu había llamado avisando que como de costumbre él no podría acompañarla a cenar esa noche porque tenía trabajo. Shunrei se sentó de nuevo como tantas veces en el comedor de su lujoso apartamento y malhumorada bebió la quinta copa del vino que había destapado para "revivir" aquello que una vez los había unido.

Su estadía en la ciudad no había sido tan buena como ella afirmaba. Cuando llegó a Alemania ofreció a ese mundo hostil su corazón y aquellos que la rodearon lo ultrajaron y arrancaron, devolviéndole la coraza dura con la que podía encubrir sus acciones a diario. Pensaba con amargura en lo que había sido de ella...la dulce y ciega Shunrei que creía en la bondad del espíritu, que amó como sólo se puede amar en la vida al hombre que creyó era el elegido…pero que ahora no podía verlo diferente a uno más…a otro igual.

Qué había pasado?...por qué su Dragón había preferido seguir sacrificando su vida al servicio de los demás y aún no pensaba en sus necesidades, en su relación de pareja y su matrimonio. Tantos años esperándolo para que cumpliera con su misión y ahora notaba que esa misión lo perseguiría de por vida. Una vez por Atena y ahora por quién?...decía. No era suficiente con todo el dolor y sufrimiento que los había perseguido por años? La muerte de Dokho quien había sido como un padre adoptivo no había sido a la final un mensaje, ese y otros pensamientos más la acompañaban en esa mesa del frío apartamento en el que ahora vivía.

Cuando escuchó que tocaban la puerta, se levantó con bastante dificultad, y es que a pesar de haber estado bebiendo en cantidades alarmantes aún no se acostumbraba a los efectos del alcohol en su cuerpo. De un momento a otro pensó que Shiryu le quería dar una sorpresa, pero luego recordó que el Dragón tenía llaves y que sería tonto que golpeara la puerta, así con un dejo de fastidio decidió abrir la puerta. Es necesario que contrate a alguien, pensó, estas funciones ya no me quedan.

Abrió la puerta y en ella se encontraba un extraño Ikki, que a grandes rasgos se veía medio desorientado y para variar ebrio, según le había contado Shiryu, el Fénix estaba triunfando en sus negocios pero a la vez había aumentado su necesidad por el alcohol y las mujeres. Vaya pobre Ikki, pensó con amargura Shunrei, parecía que al final todos estaban condenados a pagar por los pecados cometidos, como si ninguno mereciera ya la redención.

Hola Shunrei, exclamó el Fénix, Shiryu está?

Eh..hola Ikki, respondió la mujer, pues no, no está en este momento.

Ah, rayos, quería saludarlo. Bueno, mejor me retiro, buenas noches Shunrei, un gusto saludarte.

Y ya iba a dar media vuelta para retirarse cuando Shunrei algo contrariada dijo:

- Ikki espera, Shiryu se demora pero sé que le gustará verte, así que por qué no sigues y me acompañas.

Ikki miró los ojos de la mujer y vio en ellos mucha tristeza sumada a un dejo de esperanza proyectada en su voz.

Pues…espero no incomodarte en verdad, si quieres regreso mañana.

Shunrei miró de nuevo al Fénix y comprendió que en el fondo seguía siendo el mismo que hace años había conocido, rebelde y un poco loco. Nadie le diría a Ikki qué hacer nunca y eso era lo que estaba haciendo en ese momento, de la manera más cordial había rechazado su invitación y ahora no podía menos que rogarle que se quedara, ella no quería estar sola otra noche más.

Ikki, por favor quédate, no quiero cenar sola.

Ikki sopesó sus posibilidades y mirando de nuevo los ojos de Shunrei encontró el mismo miedo a la soledad que él deseaba esconder a todos, armándose de valor decidió ayudarle y de paso ayudarse un poco, al menos esa noche cenaría acompañado.

Está bien, dijo Ikki, esperaré contigo a Shiryu y mientras podemos cenar, me muero de hambre.

Shunrei sonrió y retirándose de la puerta, dejó pasar al Fénix.

Pero de un momento a otro sus pensamientos fueron interrumpidos por un impulsivo Dragón quien viendo a su mujer desnuda sintió renacer de nuevo su deseo casi dormido y empezó a besarla con la firme intención de hacerle el amor. Shunrei se sorprendió ante ese arrebato inusitado de su marido pero decidió no rechazarlo. Esta puede ser la oportunidad perfecta para dar mi versión antes que Shun se me adelante, pensó la mujer y sonriendo se dejó llevar por el momento.

Mientras tanto, Hyoga abría los ojos y en silencio contemplaba a Fler que dormitaba de manera profunda. Detallaba con mucha precisión sus rasgos, ella siempre le había gustado y sabía que la amaba, pero las cosas habían cambiado mucho, su amor se había transformado en una rutina agotadora y el carácter de ambos estaba trastornado, el de él por la culpa que lo agobiaba hace 5 años, y el de ella por la sospecha de lo sucedido.

Fler jamás le había preguntado nada, nunca le había cuestionado sus acciones y su amor parecía ser más fuerte a lo largo del paso del tiempo. Pero por alguna extraña razón Hyoga notaba que había un manto de duda que velaba su tranquilidad, si sus instintos no lo engañaban casi podría afirmar que ella sabía lo que había sucedido y prefería cerrarse en un mutismo que terminaría por acabarlos a los dos si él no se animaba a empezar, pero cómo explicarle a alguien que se ama que se falló de esa manera, si Fler sospecha algo, la certeza terminaría por alejarla y eso sería casi la muerte para el cisne.

Se acerca a ella y la abraza con fuerza, la toma entre sus brazos y ella al sentirlo abre los ojos y sonríe:

Pudiste descansar, le pregunta

Sí claro, ya necesitábamos dormir no, el viaje ha sigo agotador. Dormiste bien?

Sí amor, responde Fler y calla, cierra los ojos y abraza a Hyoga con más fuerza.

Hyoga se aferra a su abrazo y así se quedan unos minutos hasta que él se suelta con delicadez y le dice:

Te he dicho lo hermosa que eres?

Fler sonrió y ante las palabras de Hyoga lo besó en los labios. Esos eran los momentos que ella ansiaba y que le aseguraban que lo que pasaba con el cisne era realidad.

De un momento a otro Hyoga volvió a abrazarla y besándola en la boca cerró de nuevo los ojos y se obligó a no pensar.

Cuando Ikki entró al cuarto de Shun se movió entre dos sentimientos opuestos, primero la vergüenza por la situación en la que su hermano lo encontró y la rabia que le producía el haber vuelto a caer en el juego de Shunrei. El fénix entró y se sentó en una de las sillas que se encontraba en la habitación y tomándose la cabeza entre las manos miraba la alfombra.

Shun trataba de asimilar lo que acababa de pasar, no era ningún tonto para saber lo que estaba ocurriendo, Ikki estaba en una escena muy comprometedora con Shunrei, la esposa de Shiryu y no era lógica la explicación que le habían dado, ahí pasaba algo pensó el peliverde. Por eso, cuando cerró la puerta de la habitación, trató de pensar en cosas completamente diferentes para no caer de nuevo en esos accesos de ira que se estaban volviendo tan frecuentes cuando se encontraba cerca de su hermano.

Ikki levantó la cabeza y mirando a Shun, dice:

No es lo que parece

Shun soltó el picaporte de la puerta y con calma respondió:

Qué parece? Estabas en el corredor besándote con la esposa de Shiryu, no creo que pueda parecer algo diferente.

Ikki cerró los ojos y tratando de evitar la tormenta que se avecinaba, respiró profundo y miró a su hermano fijamente

Te digo que no pasó nada, mejor explícame bien eso de tu próximo matrimonio.

Shun miró a Ikki y continúo diciendo

Porque no mejor hablamos de cómo es que te metes con las esposas de tus amigos y crees que me debo hacer el ciego ante eso.

Ikki se puso en pie de una vez y gritó:

Si crees que puedes desviar las cosas para que se me olvide lo grosero que has sido estás muy equivocado, ya te dije que no pasó nada y más te vale que no digas nada a nadie o sino, y tratando de controlarse nuevamente cerró sus puños y miró a su hermano.

Shun miró a su hermano y comprendió que el Fénix no iba a hablar sobre lo sucedido entre Shunrei y él; el caballero de Andrómeda decidió entonces terminar la conversación con él antes que pelearan de nuevo, no se sentía nada tranquilo y prefirió dejar que Ikki se calmara y así poder hablar más pausadamente, además, pensó, mi hermano está bebido y cuando se pone así no hay quien lo pare.

Está bien Ikki, respondió Shun con calma, no creo que sea bueno que hablemos en este momento. Lo más sano es esperar a que ambos estemos calmados, hay mucho que decir no crees?

Ikki se acercó a su hermano y con un tono bastante frío respondió

No te vas a casar, no quiero que repitas los mismos errores de otros, no sé nada de tu novia ni de lo que has hecho en este tiempo y eso no me agrada.

Con sorpresa Shun sólo atinó a replicar:

No entiendo qué tienes en contra de Sara, no la conoces y no sabes el bien que me ha hecho. Ikki no soy un niño.

Ikki se acercó más a Shun y con una velocidad impresionante abraza a un atónito Andrómeda que responde abrazando fuertemente a su hermano.

Aún eres mi hermanito, Shun. Yo siempre te veré como mi hermanito.

Lo sé, afirmó Shun.