Ir a la casa de México fue fácil, intentar explicar lo sucedido fue el problema.

Para comenzar no estaba sólo. El país había invitado a un concurso de tragos a Rusia, uno dando Tequila y otro dando Vodka respectivamente, sin embargo, México había tenido una reunión previa con Canadá y sus superiores para ver los tratados del TLCAN. El resultado fue que Pedro insistió en que Matthew se quedara a servir como árbitro, el canadiense aceptó. Ignoraba las razones.

Arthur habló justo cuando ambos países habían comenzado, cada uno con un vaso mediano hasta el tope, México con Vodka y Rusia con Tequila. Así que cuando el inglés apareció en medio de la habitación, Pedro lo interceptó lanzando el preciado alcohol, para el susto de Iván, y gritó un par de insultos montando frustración ante el mutismo del ingles. Por supuesto, Canadá se levantó ante las menciones de Francia y se unió a la riña. Rusia tuvo que intervenir por último cuando las cosas se iban a poner violentas, Pedro no paraba de decir estupideces a Arthur y Matthew ya había levantado el puño. Le gustaba ver sangre pero su alcohol estaba en el suelo y le agrió el humor.

La pelea duró poco y las aguas se calmaron después de una explicación rápida de los echos.

Canadá había comenzado a mirar tan fríamente a Inglaterra que estaba seguro nunca en lo que le quedaba de vida sé iba a olvidar de él. Sentía una asfixia increíble, Matthew, el menor de los gemelos, el más callado y tímido, la dulce e inocente nación, su hijo modelo, al que olvidaba la mayor parte del tiempo, le estaba mirando con tal furia que, si las miradas mataran... uff!

La situación era clara, Francis estaba muy cambiado, Inglaterra no podía definir que mentalidad tenía el hombre ahora. Su historia estaba llena de subidas y bajadas. Ambos cargaban con sus culpas y pecados a cuestas, pero tenían la prudencia de que la locura no les consumiera.

Francia estaba en mero apogeo, no escucha a razones, está en estado de negación. No quiere ni hablar de cursilerías y según Arthur, le dijo a su jefe que se fuera a la mierda. Ese día había sido un desastre y las heridas visibles del rubio no dejaban lugar a dudas. México en determinado momento le pidió que parará.

-... entonces me arrojó contra la pared, pero me quedé. Eso fue cuando me instalé en su casa y-

-Muy bien, comprendido ahora, la pregunta es qué necesitas.

-¿Cual es tu veredicto ante ésto? -preguntó el inglés. México podrá ser un irresponsable y no aparecer en las reuniones mundiales, sin embargo, en cuanto a magia, brujería o como le llame el moreno a su oficio secreto, era otra persona.

Frío, calculador, la seriedad personificada cuando se trataba de ocultismo. Algo retorcido, pero beneficioso en estos momentos.

-Le has bloqueado a su pueblo -dijo el hombre, tomando de un vaso tequilero- Nosotros somos seres que jamás olvidamos absolutamente nada, a diferencia de los humanos. El rencor aveces ni cosquillas nos hace porque nuestra mente es el centro de todo. Sentimientos, cultura, los pensamientos de cada persona están en nuestra cabeza e impiden que cometamos locuras capaces de llevarnos a la destrucción. Las personas, nuestro pueblo es la razón de nuestra existencia. Una mujer no es madre si no tiene un hijo, un país no es un Imperio sin su gente.

Inglaterra desvió la mirada. Concentró su vista en el sofá de la sala mientras la información era procesada. ¿Porque Canadá se había dormido... recargado en Rusia?

-Arthur, has bloqueado la cordura en Francis -Pedro escupió el gajo limón en la mesa- su mente está fuera de control, está dominado por su pasado, por algo que le hizo sufrir. Si estoy en lo correcto, porque lo estoy, su mente bloqueaba esos recuerdos con la voz de su pueblo.

-¿Con esa estupidez de l'amour?

-Esa mera -dijo con el mismo cansancio que el rubio. El francés podía ser agobiante con su lema- Tu hechizo no cambió, sino que bloqueó. Ahora, sobre el ritual para el hechizo...

-...debe ser cambiado -completó el rubio frotando su rostro.

-Pero, para tu información, yo no sé como hacerlo, son asuntos del corazón Inglaterra. Yo soy mas un diablo que un santo. Te quivocaste, no soy mágico en el buen sentido. Si quieres a alguien que te ayude tanto en magia como en amor, necesitas de quien sepa lidiar con ambos desde siempre.

-¿A quien me recomiendas?

El británico comenzó a sudar, si el norteño no podía entonces no sabia quien podría. Era la única persona que no pensaba que estaba loco por ver a sus amigos mágicos, exceptuando a Argentina. Él no conocía los alcances de México.

-A nadie -dijo levantándose, camino por la casa hasta tomar un teléfono inalámbrico- Llamaré a Peña. Me voy a Francia contigo.


E tomado la decisión de no actualizar nada sin terminar esta historia.