TYWIN

- ¡Joanna! ¡Joanna! – empezó a gritar agarrando el cuerpo inerte de su esposa y zarandeándola -. ¡Despierta! ¡Despierta! ¡No me puedes abandonar! ¡No puedes dejarnos!

- Lord Tywin…ya… no sé puede hacer nada – dijo el maestre -.

- Joanna, Joanna – siguió moviéndola sin hacer caso a lo que le decían -.

- Lord Tywin… - volvió a decirle el maestre, que se acercó a él y le puso la mano en su hombro -. No podemos hacer más, los dioses se la han llevado.

- ¡Soltadme! – se dio la vuelta rápidamente el Señor de Roca Casterly, quitando con furia la mano del maestre de su hombro y agarrándolo por el cuello hasta empotrarlo contra la pared -. ¡Soy el Señor de Roca Casterly! ¡Mi esposa ha muerto! ¡Y vos que la habéis dejado morir, maldito bastardo, os arrancaré vuestra puta cabeza de imbécil! ¡La habéis dejado morir!¡A ella! – miró fijamente con rabia al otro hombre, que tenía la cara ya de color violáceo. Debería matarlo como una rata. Dejarle morir en las celdas. Ha matado a la única persona a la que he amado. La ha dejado morir. Maldito sea-.

Quitó la mano del cuello del maestre, que empezó a respirar a bocanadas mientras tosía ruidosamente y tocándose el cuello con sus delgados dedos.

Tywin se dio la vuelta para no mirarlo más.

- Marchaos de mi vista. Deseo estar con mi esposa. Y traed a la doncella con el bebé.

- Mi señor…el bebé debe ser lavado y comprobar que está bien…y…

- ¡Haréis lo que os he dicho o vuestra cabeza estará clavada en una pica de la torre en menos de lo que una septa tarda en cantarle a la Madre! ¡Traed al niño!¡Ya!

- Sí, Lord Tywin, antes debería deciros que el niño….

- ¡No quiero oíros más! ¡FUERA!

- Sí, mi señor – y el hombre caminó hacía la puerta y salió de ella -.

Tywin volvió a mirar a su esposa y se puso de rodillas a su lado, acariciando su rostro y su cabello.

- Los dioses te han llevado…¡maldigo a los dioses! Tenían que protegerte. ¡Te protegieron con los gemelos! – agachó la cabeza -.¿Por qué me has abandonado, Joanna? ¿Qué voy a hacer sin ti? ¿Por qué querías tener ese niño? Podríamos haber tenido más y tú estarías viva. Sabes perfectamente el por qué – le respondió su conciencia. Como quieres que ame a alguien que te ha matado. ¿Y por qué me decías que lo quisiese fuera como fuera? – apretó sus puños y sus dientes -. ¿Cómo quieres que lo ame! ¡Jamás le perdonaré haberte matado! ¿Qué haré con Jaime y Cersei? ¿Qué harán ellos sin ti? ¡Por qué!

En ese instante tocaron a la puerta y Tywin dijo que entrará. Empezó a entrar lentamente, con la cabeza agachada mirando al suelo.

- ¡Acercaos! ¡Acercaos! Quiero ver al bebé.

- Sí…mi señor…pero el niño…

- ¡El niño nada!¡Soy su padre y quiero verlo!

La doncella se acercó a su lado y le dio al bebé. El Señor de Roca Casterly lo cogió en brazos y lo miro a la cara. ¿¡Qué es esto!?

- ¿¡Dónde está mi hijo!? ¡Quítame a este engendro y trae a mi hijo!

- Señor, es vuestro hijo.

- ¡Esto no es un Lannister! ¡No puede ser mi hijo y de Joanna! ¡NO!

- Lo siento…pero…es vu…vuestro hijo. Lo he tenido todo el rato conmigo y le han dado de mamar. Es vuestro hijo, aunque el pobre…es… - la doncella seguía mirando al suelo con la cara enrojecida -.

- Esto…esto…Salid del cuarto.

- Sí, Lord Tywin – y la doncella salió -.

- Tú – dijo Tywin -. Tú no puedes ser mi hijo. Después de Jaime y Cersei, tú no eres un Lannister. Sabes bien por qué son diferentes – le dijo su conciencia. Tú no puedes ser hijo de mi Joanna. Tú eres un monstruo. El monstruo que ha matado a Joanna – acercó al niño hasta una cómoda y le quitó la manta que lo tapaba y el niño abrió los ojos un instante-.

Tenía un ojo verde y otro negro, algo de pelusa negra, no es cabello de Lannister, pero Joanna jamás me engañaría voluntariamente, la cabeza más grande que extremidades, piernas torcidas y una diminuta polla rosada. Le miró todo el cuerpo con cara de asco y desprecio. No podía entender que eso hubiera nacido y que los dioses hubieran matado a su esposa para darle la vida a ese engendro. El niño empezó a berrear con una voz aguda que no era normal en un niño recién nacido. Golpeó la cómoda con su puño cerrado.

- Tú eres un monstruo y lo sabes. De que me ha servido tanto honrar a los dioses. ¡Para esto! ¡Para que mi hijo fuera así! Matar a mi esposa para que esto naciera. ¡Y ella quería que lo amase! ¡Cómo quiere que ame a la persona que la ha matado! ¡Ojalá hubiera obligado a Joanna que te hubiese perdido! ¡Ojalá me hubiera escuchado! Pero no, ella siempre tenía que discutirme, siempre, pero te gustaba que fuera la única que se atreviera a plantarte cara. No sé cómo quiere tu madre que te cuide o que te pueda mirar a la cara sin que me entre asco. Debería estampar tu cabeza contra la pared. Nadie lo lamentaría ni se atrevería a decir nada – puso su mano sobre la cabeza de Tyrion -. Tyrion, Tyrion Lannister – escupió las palabras-, no mereces llevar este apellido, no mereces vivir ni haber nacido. Te maldigo por matarla. Nunca te querré. ¡Nunca! – apretó con la mano su cabeza y el niño gritaba mucho más fuerte-.

Es tu hijo, él es tu hijo. Merece vivir y que lo quieran. Por favor Tywin…, oyó en su mente con claridad la voz de Joanna, de la única mujer a la que había amado y quitó su mano de encima la cara del niño.

- Serás mi hijo, pero jamás te amaré ni perdonaré que hayas nacido. Así que lo mejor que podrías hacer es morirte.