Capítulo VI: Una pequeña modificación en los planes.
En el centro del cuarto había una enorme cama de aspecto antigua y de metal, con diseños de flores en el cabecero y cubierta con un hermoso y delicado edredón de color violeta con bordados muy elaborado con hilos plateados y negros de distintas formas.
Edward avanzo a través del cuarto hasta llegar a la cama y depositarme en ella suavemente como si se tratara de un bebé recién nacido que se deposita en la cuna. Luego se sentó a mi lado manteniendo aun los brazos entorno a mí, abrazándome cariñosa pero firmemente, con su hermoso rostro pálido a escasos centímetros del mío, distancia la cual aproveche para besarlo de nuevo, aunque esta vez lo bese teniendo en mente una segunda intención que él no advirtió sino hasta que estuve sobre su pecho y empance a desabotonarle la camisa.
En ese momento sus labios se quedaron rígidos en los míos y con las manos empezó a quitar mis manos de los botones de su camisa.
-Bella, ¿Qué pretendes hacer? – pregunto mientras hacía que me alejara un poco de él hasta que me senté sobre mis talones.
-Nada, solo una buena forma de utilizar el tiempo en el que estamos completamente solos – le respondí inocentemente.
Edward puso los ojos en blanco.
-Bella, el hecho que estemos solos, no significa que vallamos a tener… relaciones – dijo como si fuera algo obvio - ¿no ves que podría matarte, que podría herirte gravemente? No es seguro para ti.
-Pero yo sé que no lo harás, no me vas a lastimar – dije acercándome a él y poniendo los brazos otra vez alrededor de su cuello – además no quiero tener que esperar un año para poder volver a sentir esto tan fuerte que siento por ti, para poder desearte como te deseo ahora.
-No, Bella esperaremos hasta que seas menos frágil, para estar juntos de esa manera y no voy a cambiar de parecer – mientras decía esto con voz fría, quitaba delicadamente mis brazos de su cuello y las colocaba en mi regazo para luego soltarme y reabotonarse la camisa.
Aunque yo sabía la razón de su rechazo, no pude evitar que mis ojos se llenaran de lagrimas y detener la necesidad que sentía por salir corriendo de esa habitación hasta un lugar pequeño y solitario en el que pudiera llorar acurrucada abrazándome las piernas, pero reprimir esa necesidad y en cambio lo que hice fue voltearme hasta darle la espalda.
Pero Edward pareció percatarse que quería salir corriendo a llorar y antes de que me diera cuenta ya él me había tomado en sus brazos acunándome y consolándome contra su pecho como si fuera un bebe, mientras las lágrimas se desbordaban de las comisuras de mis ojos.
-Oh, perdóname Bella no era mi intención lastimarte, pero sabes que no puedo concederte esto que me pides, aunque sea yo el que más te desee, el que más quiere estar contigo, no puedo, no pu… - empezó a decir Edward pero lo interrumpí de una forma muy efectiva.
Tomándolo del cuello y uniendo de nuevo mi boca a la de él. Él obviamente me correspondió como de costumbre.
En este segundo intento no iba a ser tan inocente como para iniciar por quitarme la camisa, así que una vez que sus manos estuvieron en mi espalda sujetándome a él yo baje una de las mías hasta la cremallera de su pantalón y empecé a zafar su cinturón y luego el botón de su pantalón de mezclillas pero justo cuando ya iba a terminar de zafar el ultimo los botones (y darme cuenta de que no llevaba ropa interior) una fría mano marmórea sujeto firmemente la mía.
-Bella, ya no lo vuelvas a intentar – dijo Edward con voz contenida pero firme.
Luego de eso me di por vencida y me dispuse a ir al borde de la cama para cambiarme de ropa por mi pijama en el baño, pero antes de que entrara a él, Edward me alcanzo y bloqueo con su cuerpo la entrada del mismo, y justo cuando le iba a pedir que se hiciera a un lado, él dijo con voz monocorde, neutra… y con algo más, que no supe identificar.
-Está bien tú ganas, vamos a intentar hacerlo – antes de que terminara de decir la frase, ya yo había soltado mis cosas en el suelo y me lance hacia su hermosa, dulce y fría boca para volver a besarlo. Aunque solo lo bese unos segundos ya que Edward se aparto un poco para terminar de decirme – si, lo haremos, pero esta noche no y tampoco si no aceptas una condición mía primero.
-¿Cuál condición? – pregunte algo reacia a aceptar sus condiciones.
-Que aceptes ser mi prometida.-dijo envasando esa hermosa sonrisa torcida que era capaz de detenerme el corazón unos segundos para que luego tomase un ritmo desenfrenado y frenético.
Al principio creí que era un chiste (por lo que empecé a reír nerviosamente) de Edward o algo así, pero al no tener respuesta mía, se saco algo del bolsillo de su pantalón y comenzó a arrodillarse, tomándome la mano izquierda con la mano en la que no tenía una pequeña cajita de satén negro.
Yo estaba paralizada, lo que Edward estaba haciendo solo se veía en las películas y libros que representaban las épocas cercanas del siglo XVIII.
-Y ¿Qué dices? ¿Aceptas casarte conmigo luego de tu etapa de neófita? – dijo con una sonrisa picara y torcida en el rostro, mi favorita.
Sopese la idea un segundo, en un año podría casarme con él, iban a poder venir todos mis amigos y familiares y lo más importante no iba a tener tanto el deseo irracional de matarlos a todos y beberme su sangre. Pero sobre todo iba a estar casada con Edward, íbamos a estar juntos por toda la eternidad.
Esta idea me lleno de una alegría infinita por la cual no me di cuenta cuando me arrodille y enlace mis brazos alrededor de su cuello para besarlo, para luego dirigir mi boca a su oreja y susurrarle.
-Si – casi sin aliento.
Antes de que me diera cuenta él me estaba cargando y dirigiéndose hasta la cama, en la que me sentó y él se volvió a arrodillar en el suelo, abrió la cajita y saco el anillo.
Era una hermosa pieza de plata, con un brillante enorme encima, y unos más pequeños por todo el alrededor del aro plateado.
Tomo de nuevo mi mano izquierda y deslizo suavemente el anillo en mi dedo anular. El anillo me quedaba como si lo hubiera hecho a mi medida.
-Este anillo perteneció a mi madre, y antes a mi abuela paterna, ella se lo dio a mi padre cuando él le dijo que estaba enamorado y que quería casarse con mi madre – dijo con voz nostálgica – es maravilloso que te quedara tan bien – concluyo sonriendo, con un brillo emocionado en el rostro.
Luego se inclino y beso mi mano, me abrazo con fuerza pero con cuidado de no lastimarme y me dejo para que concluyera lo que iba hacer antes de que me pidiera que me casara con él.
A la mañana siguiente, me desperté en sus brazos, los míos enlazados a su cintura y mi cabeza apoyada en su musculoso y duro pecho, respirando su olor, ese olor que era capaz de hipnotizarme y dejarme sin voluntad ante el portador de ese olor.
Ejercí más presión sobre su cintura para que supiera que ya estaba despierta y al percatarse de eso me beso la coronilla, se inclino un poco más para susurrarme al oído.
-Yo también te amo –no pregunte ya que me imagine que mientras dormía le había dicho que lo amaba y volvió a besarme, pero no por mucho tiempo ya que unos pocos segundos después escuchamos un repiqueteo en la puerta como el de un pájaro carpintero y luego apareció una cabeza de cabellos cortos, erizados y negros en el umbral de la puerta.
-¿Es que ustedes no piensan levantarse de allí hoy?, van a perder el avión – dijo mi amiga con una gran sonrisa en su pequeño y pálido rostro.
-¿Avión? ¿Qué avión? – pregunte mirando de hilo en hilo las caras de Edward y ella.
-Sí, el avión, mi amor, una especie de regalo pre transformación – dijo Edward también con una gran sonrisa en su hermoso rostro, que me paralizo el corazón por un segundo dejándome deslumbrada.
-Así que ven acá, Bella, hay muchas cosas que arreglar y muy poco tiempo – me apuro Alice con impaciencia.
Me levante de la cama y me dirigí hasta el baño. Ni siquiera había terminado de abrir la puerta para salir cuando ya mi futura cuñada me estaba tomando de la mano y arrastrándome fuera del cuarto de Edward hacia el suyo.
Al entrar en él, me quede paralizada, horrorizada, ya que había una gran pero gran maleta en el suelo y muchísimas prendas de ropa delicadamente dobladas y ordenadas por color. Y no pude evitar preguntar.
-Alice, ¿todo esto es para mi viaje? – pero mi pregunta fue aclarada al ver su cara la cual decía: obvio que si, - parte del regalo ¿cierto?
Asintió eufórica como siempre y empezó a dar pequeños, rápidos y aun más eufóricos saltitos de alegría.
Luego de eso empezó a medirme ropa y trajes de baño en cantidades industriales y me empecé a preguntar a donde sería el regalo, supuse que sería en un club privado reservado solo para Edward y para mí…
Un grito eufórico de Alice me saco de mi ensoñación. Mi loca amiga tenía mi mano izquierda entre las suyas y siguió dando saltitos.
-¿Qué sucede Alice? – pregunte volviendo a la realidad.
-¡Lo hizo, lo hizo, lo hizo! – volvió a gritar, me abrazo y salió corriendo hacia la puerta, pero antes de salir se volvió hacia mí y dijo con una gran sonrisa en el rostro – si quieres cámbiate y ve con Edward, está en su habitación – luego de eso salió corriendo llamando a Esme una y otra vez.
La obedecía a su sugerencia y me vestí y me dirigí al cuarto de mi prometido. Quien me llevo a desayunar en nuestro prado que estaba hermoso tal y como lo había visto la primera vez que estuve allí. Aunque solo pudimos estar un par de horas ya que Alice llamo para exigirnos que volviéramos. Solo que no lo hicimos sino que dejamos de besarnos porque me quede sin aire, después de eso Edward me puso en su espalda con delicadeza y emprendimos el viaje de regreso a la casa.
Al llegar toda la familia nos esperaban en la puerta y el volvo de Edward estaba afuera del garaje lo cual me pareció un poco raro.
Edward me bajo de su espalda con una enorme y hermosa sonrisa en los labios, y me tomo la mano, cuando nos acercamos lo suficiente todos se nos acercaron para despedirnos, hasta Rosalie se despidió de mí, con un abrazo amistoso, lo cual me dejo un poco desconcertada y alegre porque tal vez al fin dejara de odiarme, la ultima en despedirse de mi fue Alice quien me entrego un pequeño bolso de mano y unos papeles.
-Son los pasaportes – le entrego otros papeles a Edward – y estos son los pasajes, cuídense, pórtense mal – esto lo dijo mirándome al mismo tiempo que me guiño un ojo y di a entender el doble sentido de sus palabras, sentí mi rostro arder del rubor – tómense su tiempo y pásenla bien.
-No era necesario el sermón, hermanita – dijo Edward, que se acerco a ella para abrazarla y besarla en el centro de la cabeza.
Luego de las despedidas nos fuimos en su carro no se adonde por cierto, pero eso era lo menos que me importaba ya que estaba con él amor de mi vida.
Lo prometido es deuda y por eso aquí esta…
Espero que allan disfrutado el capi, tanto como yo al escribirlo y si este les gusto los proximos les van a encantar... saludos, besos y comentes...
