Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, aunque lo desara. Todo es de J.K Rowling... menos la trama. Es mía, mía y sólo mía.
Summary: -¿Se supone que vas a cumplirme todos mis deseos?. -Granger pensé que eras más inteligente. - Oh, genial me volví loca , ahora me gusta Malfoy.
6- Me aburrí de tratarte mal.
Luego de quedarse hablando unos minutos más con su azabache amigo decidió que era hora de guardar muy escrupulosamente su preciado regalo y ¿por qué no? pedir otro deseo. Aún cabía la posibilidad que las cosas que le han estado pasando fuera casualidad, y definitivamente si conseguía leer los pensamientos todas esas suposiciones se irían a la basura y confiaría ciegamente en que las velas que le había dado Celeste funcionaban de verdad.
En el camino unos cuantos compañeros de casa le felicitaron, lo cual le hizo sentir mejor. Al parecer su cumpleaños no había sido del todo olvidado, con cada persona que había hablado había obtenido una felicitación, excepto claro con el rubio Slytherin. ¿Pero qué esperaba? ¿Que Malfoy la felicitara?
Si claro - pensó con sarcasmo buscando dentro de su closet la caja de velas.
Cogió una de color azul marino y de forma redonda y con su tercer deseo en la mente sopló la velita. Sabía que si quería comprobar si había funcionado debía ir a algún lugar donde hubiesen muchos alumnos, ¿y qué mejor sitio que los pasillos?
― Hola Herms - le saludó alegre una rubia Ravenclaw con mirada soñadora. La castaña sonrío anchamente a su amiga, la verdad si al principio no tenía mucho contacto con ella ahora era todo lo contrario, la consideraba una gran amiga y una de esas personas que te escuchan, te apoyan y no piden explicaciones, definitivamente siempre que necesitaba de consuelo la buscaba, Luna era la mejor para eso, a pesar de que la Gryffindor no pasara mucho tiempo con ella, ya que a veces el estado de ensimismamiento de la rubia le exasperaba.
― Hola Luna - saludó alegre y trató de poner a prueba su deseo. ¿Pero como lo hacía? - se cuestionaba la castaña. ¿Que debía hacer? ¿Preguntarle que pensaba? ¿Usar legeremancia? ¿Tratar de enfocarse?. Frunció el ceño cuando sintió un pequeño dolor de cabeza. Lo que le faltaba, enfermarse en su cumpleaños. Suspiró rendida unos segundos después de tontos esfuerzos por leer la mente de su amiga. - Luna , debo irme - le informó decidiendo que iría a visitar a Hagird, por asquerosa que sea las "cualidades" culinarias de su gigante amigo, su té de infusiones siempre le quitaba el dolor de cabeza. La Revenclaw asintió y se fue andando con pequeños brincos hacia los jardines. En el trayecto a la cabaña del semi-gigante el dolor de cabeza se iba intensificando y la castaña llegó a preguntarse si aquello se debía a su estúpido deseo
¿Qué demonios pensaba cuando desee eso? - se cuestionó mentalmente.
― Hermione - saludó el grandulón sacándola de sus pensamientos, el hombre se encontraba con Fang paseando por los alrededores de su cabaña, en cuanto el perro la vio le saltó encima a lamerle toda la cara lo que hizo que la chica se riera. Nunca estaba de más recibir un poco de cariño. - Fang - le riñó Hagrid y luego le otorgó una mirada de disculpas a su amiga para luego abrir los ojos como platos y hacer una silenciosa exclamación - !Caray! Hermione pasa pasa - le invitó y así lo hizo agradecida. Cada segundo que pasaba su dolor incrementaba, y la castaña no estaba segura si su amigo le había invitado a pasar por sentirse mal educado de recibirla fuera de la cabaña o por el seguro, mal aspecto que tendría. Al ver como este le miraba preocupado se decidió por la última opción y le sonrío a el semi-gigante para que relajara un poco su expresión.
― Hagrid ¿podrías hacerme un té, por favor? - pidió y enseguida este se dispuso a comenzarlo. En la cabaña el silencio era tan notorio que su cabeza poco a poco se comenzó a relajar y sintió que las punzadas como de aguijones que segundos atrás había sentido en su cráneo cesaban. Frunció el ceño ante esto. ¿Qué era lo que había hecho que su dolor parara tan repentinamente?
― Por Merlín, ¿qué le habrá sucedido a Hermione? espero que nada grave - escuchó que decía el moreno y le contestó amablemente.
― No me paso nada Hagrid, tranquilo - le dijo con una sonrisa amable y vio como el semi-gigante parpadeaba sorprendido y luego asentía algo extrañado para segundos más tarde fruncir el ceño.
― ¿Será que soy tan obvio? Si, debe ser eso, mis pensamientos deben de traslucirse en mi rostro - se auto-convenció el gigante en voz baja y la castaña entonces algo confusa por las palabras del hombre se fijó en que las palabras que escuchaba de su amigo, no parecían ser dichas por él, no al menos físicamente ya que sus labios no se movían y parecía muy concentrado en la elaboración del té.
― ¿Hagrid dijiste algo? - preguntó ya algo asustada, si el gigante no abría la boca pero si escuchaba como si el estuviese hablando, eso significaría que su deseo si habría funcionado, y ya en su cabeza se estaban comenzando a formar algunas suposiciones sobre eso.
― No Hermione ¿estás bien, segura? - preguntó y la castaña asintió encogiéndose en su asiento. Bien, si Hagrid no había dicho nada, eso sólo podía significar que ella había leído sus pensamientos. Con horror se dio cuenta que así era cuando comenzó a escuchar como su amigo semi-gigante comenzaba a pensar en como extrañaba su hogar, cerró los ojos fuertemente y juntó sus manos apretándolas nerviosamente , tenía que conseguir una forma de no seguir escuchando cosas que a ella no le incumbían, además de que estaba invadiendo los pensamientos, el lugar más privado, hasta esos momentos del ser humano.
Se sintió aún peor cuando Hagrid le tendió la taza de té y este comenzaba a pensar nervioso sobre como podría abordar un tema que según él, era de suma delicadeza. Apresuró el contenido de su taza sabiendo que así no lograría que el dolor de cabeza desapareciera, sino que posiblemente se incrementara por lo rápido que tomo una bebida tan caliente y tan fuerte como esa, sólo para poder salir cuanto antes de allí, después de todo haber visitado a Hagrid no había sido una tan buena idea como minutos antes le había parecido. El semi-gigante aún ensimismado no notó la incomodidad de la chica hasta que esta se levantó precipitadamente sobresaltando al moreno que le miró aún sentado en el sillón.
― Y-yo..olvidé que..que tengo un trabajo por hacer Hagrid, gracias por el té, me sirvió de mucho - mintió y antes de poder escuchar las seguras, sospechas, en la cabeza de su amigo decidió salir de allí cuanto antes. Una vez fuera de la cabaña y pasando cerca de un grupo de tres chicas pudo sentir como el dolor de cabeza volvía, aunque no con tanta intensidad como anteriormente. Con la idea de que en la biblioteca encontraría la paz que necesitaba se encaminó hacia allá a paso apresurado limitándose a brindarle sonrisas agradecidas a todo aquel que le felicitara por su no tan buen cumpleaños en el camino.
― Señorita Granger es un gusto verla por aquí - le saludó la bibliotecaria y la Gryffindor trató de sonreír lo más amable posible, la verdad es que no tenía cabeza ahorita para poder entablar una conversación cordial con la bibliotecaria. Dando por absurdo la sola idea de responderle el saludo a la mujer se encaminó al área más alejada y escondida de todas para así despejar su cabeza y dejar de escuchar la de los demás. Una vez sentada con un pesado todo de "hechizos, magia y criaturas fantásticas" en la mesa más alejada de toda la biblioteca se dispuso a leer un poco pero notó como el dolor de cabeza se intensificaba a tal grado que soltó un quejido involuntario y se tapó la boca evitando hacer el menor ruido posible, lo que le faltaría sería ser botada de su lugar predilecto.
Luego de unos minutos sin poder pensar en otra cosa que en ese dolor de cabeza que le estaba matando se dio cuenta que la idea de ir a la biblioteca había sido la más estúpida que había tenido en mucho tiempo. Al fin y al cabo, puede que sea el lugar más silenciosos de todo el castillo, ya que muy pocos se atrevían a hablar y si lo hacían era en susurros, pero aquel lugar era posiblemente el sitio donde más se pensaba. Claro, se iba a estudiar y a leer, y obviamente todos comenzaban a divagar, soñar, pensar y analizar lo que leían. Con una mueca de disgusto la castaña se dispuso a irse de ese lugar pero se detuvo al ver como en la sección prohibida se encontraban dos personas, se escondió entre los estantes de la sección de criaturas mágicas en la que se encontraba , y la cual quedaba más cerca al área prohibida e ignorando su dolor de cabeza, enfocó su mirada en las sombras de lo que parecían ser dos hombres, por la forma de sus espaldas, no podía distinguirlos pero si escuchar lo que decían.
― ¿De verdad piensas ganarle a Granger? - escuchó una siseante voz que se le hizo extremadamente familiar pero ignoró aquellos pensamientos cuando escuchó su apellido. Al fin y al cabo había hecho bien en escuchar esa conversación, ya que se trataba de ella.
― Ya te lo he dicho muchas veces Draco, no intento eso - musitó una voz cansada que supuso provenía de la sombra que se movía de un lado a otro probablemente buscando un libro. Escuchó como el rubio en cuestión bufaba.
― ¿Entonces qué sentido tiene que siempre te sobre exijas tanto para sacar la máxima nota de la clase, sabiendo que esa nota le pertenece a ella? - preguntó burlón el rubio y Hermione sonrío orgullosa. Que un Slytherin admitiera que ella era superior a ellos por lo menos en algo le hacía sentir bien, y además que esas palabras vinieran de Malfoy era aún más increíble.
― Ya te dije que lo hago porque desde siempre he sido educado para dar lo máximo de mi - dijo la voz del otro chico y la castaña supuso que se trataba de Nott, ya que era el único amigo de Malfoy, Slytherin que sacaba buenas notas tanto casi como ella.
― ¿Esto se trata de tu madre, verdad? - preguntó el rubio luego de unos minutos de silencio donde sólo se escuchaban los pasos del otro chico por todo el sector. - ¿Siempre ha sido por ella? - cuestionó y por el silencio que obtuvo a cambio, la castaña supuso que era una respuesta afirmativa y se sintió una intrusa. Ya la conversación no se trataba de ella y estaba mal escuchar conversaciones ajenas, ya bastante había hurgado con escuchar los pensamientos de Hagrid como para también escuchar una conversación sobre la vida privada de una serpiente. Suspiró y se alejó de allí con paso apresurado volviendo a sentir aquel tormentoso dolor de cabeza.
― ¿Madame Prince? - le llamó la atención a la mujer de anteojos quien enseguida le miro por sobre sus gafas incitándola a continuar - ¿puedo llevarme este libro? - preguntó refiriéndose al que había sacado minutos antes de espiar a Nott y a Malfoy, al ver como la mujer alzaba una ceja , agregó - es para un trabajo - informó y la mujer cambió su expresión de incredulidad a una muy común en ella, pensativa. Miró unos largos segundos a la castaña y luego asintió anotando el nombre de la castaña y el libro que retiraría, luego con una sonrisa le informó que podía devolverlo en cuanto pudiera, aunque conociendo a la chica, suponía que eso no tardía mucho. La castaña agradecida asintió y se encaminó a su habitación. Sabía que ir por los pasillos y llegar a la Sala común seria algo muy arriesgado, ya que allí era donde la mayoría de los alumnos se concentraban , pero no tenía otra manera de llegar y sabía que era el único lugar donde de verdad encontraría algo de silencio.
Luego de unos minutos que le parecieron eternos, la castaña consiguió llegar frente al retrato de la Dama Gorda, dio la contraseña algo enfadada por los pensamientos del retrato y se dirigió a su habitación ignorando a cualquiera que le hablara, sabía que se veía mal pero no tenía las fuerzas como para fingir establecer una conversación normal cuando por dentro estaría leyendo los pensamientos de cualquiera.
Ya sentada en su cama se puso a meditar sobre las consecuencias de sus deseos y se volvió a cuestionar en que rayos pensaba cuando deseo eso de pequeña. Aunque pensándolo mejor, si lo sabía, de pequeña le encantaba hacerse una idea de lo que la gente con la que hablaba pensaba de ella, a veces hasta deseaba saber si cuando hablaba verdaderamente le prestaban atención o estaban en otro mundo paralelo. Claro está que a la edad de su deseo no se le ocurrió pensar los contra de leer los pensamientos. Podría enterarse de cosas que, definitivamente, ella no querría saber , y sería una metiche en potencia. A ella por nada del mundo le gustaría que alguien le leyera sus pensamientos, al fin y al cabo era el único sitio donde podía ser ella realmente, y si alguien lo invadiera, definitivamente estaría en problemas.
Sabía que sus deseos parecían tener un plazo, sus padres se habían marchado una hora después, lo de aprender a cocinar fue en unos 20 minutos, pero no sabía cuanto podría durarle este deseo. Sospesó la posibilidad de quedarse encerrada en su habitación hasta que el efecto pasara pero era imposible saberlo si iba a estar encerrada sin nadie alrededor, así que se veía obligad a estar cerca de alguien. Sabía que tenía que ser un lugar que fuera visitado por la mínima cantidad de alumnos, porque mientras más personas tuviera cerca, mayor era su dolor de cabeza. Además había descubierto que sólo funcionaba con una persona a la vez y agradecía que fuera así, porque si pudiera leer varios pensamientos simultáneamente definitivamente le daría una gran jaqueca.
Al menos algo había salido de todo eso , el creer que lo de las velas de Celeste eran reales - pensó con desgano mientras se dirigía a el baño de Myrtle la Llorona. Sabía que estaría solo como de costumbre, pero que allí encontraría a la fantasma, lo cual significaría que podría leerle los pensamientos y así saber cuando su deseo se anulaba, pero tampoco es que le agradara idea de tener que soportar, los seguros depresivos pensamientos de Myrtle.
Una vez frente al baño desolado la Gryffindor se dispuso a entrar pero se sorprendió al escuchar la voz de alguien, más específicamente de un hombre, dentro. Parecía hablar con alguien y se pegó a la pared para cerciorarse si aquello era cierto, no se arriesgaría a entrar allí si había mucha audiencia.
― Estúpido Nott y su estúpido afán por los estudios - murmuraba la voz de Malfoy, según pudo reconocer y acto seguido frunció el ceño. ¿Qué acaso hoy es el día de toparme con Malfoy todo el tiempo? - pensó amargada y se dispuso a marcharse, pero nuevamente la voz del rubio la detuvo. - Tiene que ser el idiota que intente sobrepasar a esa tonta - murmuró con enojo y la castaña frunció el ceño cabreada. ¿Quién se creía que era para llamarla tonta?- Pensó sabiendo que se refería de ella.
Con desgano entró en el baño, no sabía bien lo que hacía y menos porque entraba a un lugar desolado donde no habría testigos si el slytherin se atrevía a hacerle algo, pero la verdad es que no era tonta y sabía que ese era el único sitio donde podría llevar a cabo su plan sin ser molestada, o por lo menos no tanto. Al entrar el rubio le miró sorprendido y luego relajo su expresión a una fastidiada.
― Mira Granger si viniste a decirme que no puedo estar en este baño y todas esas tonterías ahórrate el discurso - le advirtió pero la gryffindor sólo rodó los ojos.
― No Malfoy no vine para hablar contigo, solamente vine para estar en silencio, así que apreciaría que por favor te fueras o te calles - pidió, no tan amablemente.
― ¿Y ahora a esta que le sucede? - escuchó y estuvo a punto de gritarle que no le incumbía pero se dio cuenta que se trataban de sus pensamientos y resignada comenzó a pensar en toda clase de cosas para así evitarse el leer sus pensamientos, de cualquier mente de Hogwarts, la que menos le gustaría leer era la de Malfoy...¿a quién engañaba? era a quien más curiosidad le tenía, pero de todos modos no se veía capaz de meterse en su cabeza.
― Mira Granger no eres nadie para echarme de este lugar, no veo por ningún lado tu nombre - le siseó y la castaña cansada resopló y se dejo caer en el frío suelo mientras apoyaba su espalda en la pared y cerraba los ojos tratando de relajarse mientras algunos recuerdos referentes con aquel baño le llegaban a la cabeza. Allí había pasado casi un mes entero preparando en segundo una poción multijugos, allí había ido millones de veces cuando quería llorar por culpa de Ron, cuando en aquellos tiempos le gustaba, definitivamente aquel lugar le traía demasiados recuerdos.
― Bien, pero entonces cállate por favor - le pidió viendo que el rubio se había parado en frente de ella exigiendo una respuesta. Este le miró con los ojos entrecerrados por un largo tiempo pero al notar que la chica no parecía dispuesta a una disputa de palabras suspiró y asintió, a pesar de que la chica no le viera, y se sentó también en el frío suelo, unos cuantos centímetros alejado de la leona. La castaña notó la cercanía del rubio pero no le molestó en lo absoluto, después de todo ella no era de esas personas que le repugnaba otras, por más cretinos que fueran, y además estaba algo sorprendida porque el rubio le haya hecho caso con eso del silencio.
― Vengo a descargar mi enojo y viene y justamente aparece ella, genial - escuchó como pensaba el rubio y se mordió la lengua para no preguntarle porque estaba enojado. Al fin y al cabo ¿a ella que le importaba? y de paso se daría cuenta que le leía los pensamientos, y no se iba a arriesgar a que el rubio le viera como una fenómeno.
Unos minutos más en silencio, tanto como de pensamientos como de habla y la castaña no pudo soportarlo más
― Oye Malfoy - le llamó aún sin abrir sus ojos pero sabiendo que el chico le miraba. - ¿Por qué...ya no me llamas más sangre sucia? - preguntó y al escuchar los pensamientos confundidos del rubio se apresuró a explicar. - Es decir, no me quejo, lo prefiero así, es sólo que ...es raro.
― Si tanto te extraña puedo hacerlo de nuevo si así lo deseas - le advirtió con algo de burla y la castaña bufó pero sonrío ligeramente ya que le había hecho gracia.
― No gracias, paso - musitó sarcástica. - Sólo...es curiosidad, y no respondiste mi pregunta - le recordó y escuchó como el chico suspiraba.
― Porque no me interesa la sangre maldita sea - escuchó y se obligó a abrir los ojos para comprobar si aquello había sido parte de sus pensamientos o si lo había expresado en voz alta, pero al juzgar por su expresión pensativa se dio cuenta que aun no había respondido, y se retorció las manos algo impaciente, bien, ya sabía la respuesta verdadera pero quería saber que le decía el chico.
― ¿Y bien? - presionó luego de unos segundos de silencio desesperantes.
― ¿No eras tú la que buscabas silencio? - preguntó y al ver como la chica asentía continuó - ¿entonces por qué me buscas conversación? - preguntó y la chica se sintió enrojecer.
― No te estoy buscando conversación - le dijo.
― Si, claro Granger porque estoy seguro que esa pregunta no te deja dormir por las noches - dijo burlón y la castaña suspiró dándose cuenta que el slytherin tenía razón, por extraño que sonara eso, la verdad es que si le estaba buscando tema de conversación al rubio, y lo más estupido de todo aquello era las razones por las que lo hacía, no sólo por que el silencio era tan incomodo que no se veía capaz de soportarlo, sino porque una parte, muy pequeña, de ella, esperaba que el chico en un momento dado de la conversación le felicitara por su día.
Que ridículo - pensó enojada consigo misma.
― Bueno si no quieres responder no lo hagas - dijo ya enojada y esperando que de una vez por todas aquel maldito deseo se acabara y así podría irse de aquel lugar y abandonar a Malfoy, aunque bien podría hacerlo él, y al parecer no tenía intenciones de hacerlo, lo cual le llenaba de curiosidad a la chica, había demasiadas cosas sobre ese chico que le inspiraban curiosidad a Hermione.
El silencio del chico fue suficiente como para suponer que no iba a obtener respuesta y rodó los ojos volviendo a sumirse en silencio, ya no le buscaría más conversación, y se mordería la lengua para asegurarse de ello si era necesario.
― No se que diantres hace Granger acá, encerrada en el baño de Myrtle con un mortífago, el día de su cumpleaños, menudos amigos debe de tener que ni capaces de distraerla son - pensó el rubio y la castaña le miró sorprendida agradeciendo que el chico tenía sus ojos cerrados.
¿Es decir que si recuerda mi cumpleaños? - pensó algo confundida y algo alegre, aunque no estaba segura del porque de lo ultimo. Sonrío un poco por la ultima parte de sus pensamientos, definitivamente tenía razón, sus amigos estaban siendo un fraude ese día, no habían ni siquiera intentado distraerla y quizá por eso ahorita ella se encontraba allí. Al fin y al cabo si estuviese con sus amigos, la distracción le hubiera servido de ayuda para no gastar su tiempo en pedir los fulanos deseos y nada de aquello hubiera sucedido.
¿Y por qué demonios no me dice nada sobre ello? - pensó ahora cabreada. Sabía que no eran los mejores amigos, ni siquiera podían llevar una conversación por la paz sin insultos o gritos o comentarios sarcásticos de por medio, pero muchos que ni en su vida le habían hablado le había felicitado aquel día. Frustrada decidió que era mejor irse de allí cuanto antes sino terminaría preguntándole un montón de cosas.
Se levantó del suelo bajo la atenta mirada del rubio que había notado sus movimientos y se dispuso a marcharse pero la voz del rubio la detuvo.
― ¿Ya te aburriste Granger? - cuestionó divertido y la castaña rodó los ojos.
― Si claro porque estar encerrada en el baño de Myrtle con una persona que no es capaz de responder mis preguntas y que lo único que sabe hacer es llevarme la contraria en todo es a la mar de divertido - comentó sarcástica y vio como el rubio fruncía el ceño.
― Que yo sepa no soy el único que pone de su parte para llevar la contraría, tú también lo haces - le recordó y la castaña bajo un poco la mirada sabiendo que aquello era cierto.
― Bueno no importa, adios - se despidió pero nuevamente el rubio le detuvo.
― Me aburrí de tratarte mal - le dijo y la chica le miró confundida preguntándose a que venía aquello pero al ver como el rubio volvía a cerrar los ojos y se ponía más cómodo se dio cuenta que aquella era la respuesta a su anterior pregunta y sonrío sin que el lo pudiera ver. Sonrío feliz por dos motivos.
El primero era que al fin su deseo se había acabado, no había vuelto a escuchar uno sólo de los pensamientos del rubio, y el segundo porque aquello que había dicho ponía un fin a sus disputas semanales, podrían verse sin tener que buscar comentarios crueles e hirientes para el otro, aunque tampoco es que aspirara que de un día para otro fueran los mejores amigos, pero aquello le ponía, inexplicablemente muy alegre.
Con esos pensamientos se dispuso a ir a su habitación a leer un poco el libro que había sacado de la biblioteca, no descansaría hasta saber que demonios era Celeste.
Bueno chicas espero les haya encantado tanto como a mi este capítulo.
De verdad amo hacer encuentros entre esos dos :D
Se que muchas esperaban que Malfoy dijera que le quería o algo así en sus pensamientos, pero si lo hacía sería muy aburrido y la trama se iría a la basura. Así que ..no.
Bueno me costara actualizar de ahora en adelante ya que empezaré colegio y tendré los horarios más apretados, pero haré todo lo posible por actualizar tan pronto como pueda.
Un adelanto del próximo capítulo:
― !HERMIONE JEAN GRANGER! ¿SE PUEDE SABER QUE DEMONIOS LE HICISTE A HARRY PARA QUE ESTÉ TRAS TUS HUESOS? - exclamó una pelirroja totalmente cabreada.
― ¿Problemas en el paraíso Granger? - se burló el rubio y la castaña le fulminó con la mirada para luego fruncir el ceño.
¿Cómo es que el rubio no parecía hipnotizado con ella, como el resto de los demás?.
