Declaración: Lo ofrecido es deuda! Reconozco que está de más pedir que me disculpen por haber tardado tanto… solo espero que disfruten.

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La observaba de reojo, se veía tan frágil y asustada sentada en el asiento del copiloto mientras él manejaba la camioneta de su abuelo, iban camino a un supermercado del otro lado de la ciudad, en una urbanización de casas lujosas en la que él le había asegurado no existía la posibilidad de encontrar a nadie conocido. No había resultado una tarea sencilla, pero después de resolver algunos inconvenientes relacionados con el pánico que descubrió en los ojos de su protegida ante la sola idea de salir de la casa, finalmente había logrado que aceptara acompañarlo… y él estaba agradecido con todos los santos por haber logrado convencerla, porque de ninguna manera estaba dispuesto a dejarla sola ni por un segundo.

En total mutismo, con la mirada perdida en el infinito, intentando que desde el exterior fuera difícil ver su rostro, se escondía ella; llevaba puesta una camiseta amarilla con el dibujo de un gato que le había dejado Cam, unos jeans y una casaca de Jared, Booth le había sugerido ponerse la capucha de manera que fuera difícil notar el largo de su cabello y eso sumado a los lentes oscuros que él le había prestado ocultaban su rostro casi totalmente.

"Tierra llamando a Júpiter… adelante Júpiter", soltó el joven soldado, intentando distraer a su acompañante que parecía intentar con todas sus fuerzas hacerse invisible. Luciendo su sonrisa más encantadora aprovechó la señal de alto de un semáforo para intentar mirarla directamente suplicándole sin palabras "vamos pequeña di algo".

"No tengas miedo" insistió intentando iniciar una conversación, "tus captores deben de haber huido al darse cuenta que escapaste" agregó sin poder controlar las palabras que acababan de salir de sus labios… "¿qué me pasa? ¿y si sus captores no existen? ¿qué tal si fue alguien de su propia familia quien la encerró en esa maletera? Eres un reverendo bocón Seeley" se reprendió apretando los puños contra el timón hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

Temperance lo miró de reojo y pudo ver que los labios del muchacho que había cuidado de ella durante los últimos cinco días, se apretaban con dureza, el rostro que hacía escasos segundos lucía relajado ahora estaba colorado y con el ceño fruncido, "¿estás molesto conmigo?" fue la pregunta que se le hizo urgente formular, aunque lo hizo en un tono de voz muy quedo, casi deseando que él no la hubiera escuchado.

Providencialmente acababan de llegar al estacionamiento del supermercado porque ni bien escuchó las palabras pronunciadas por ella, Booth sintió la necesidad imperiosa de detener el motor y exteriorizar de una vez por todas, el enjambre de ideas que cruzaban por su mente en ese momento y que lo venían atormentando desde el mismo instante en que la rescató de aquel garaje, de ese espantoso lugar al que deseaba con todo el corazón no volver nunca más en su vida.

Ni en un millón de años podría entender cómo alguien pudo ser capaz de hacerle tanto daño, ya no podía seguir conformándose con ayudarla a recuperarse, tenía que estar seguro de ponerla a salvo de sus captores, "no estoy molesto contigo, nunca podría enojarme contigo… estoy furioso con los que te pusieron así, con los que te convirtieron en una criatura incapaz de decir su nombre, temerosa, desconfiada, triste" le dijo procurando que su voz sonara pausada y que no reflejara la ira que lo envolvía por entero, mientras le levantaba la barbilla acariciando con su pulgar una de los rasguños en su mejilla que ya estaba casi curada; "no sabes cómo quisiera tener en frente a los que se atrevieron a golpearte, para darles a beber un poco de su propia medicina" agregó al mismo tiempo que estacionaba lentamente la camioneta en un lugar algo apartado de la puerta de acceso.

Aunque lo intentó con todas sus fuerzas, fue imposible contener las lágrimas que se amontonaron en sus ojos, "ellos no me dieron ninguna medicina" indicó muy confundida pues no entendía porque Booth suponía que había necesitado algún tipo de medicación "yo no estaba sufriendo de ninguna enfermedad, mi salud era bastante buena" agregó secándose las lágrimas con el dorso de una mano, "yo procuraba hacer todo lo que me pedían, nunca protesté por nada, pero el agua estaba tan caliente… y yo tenía tanto miedo…"

En una fracción de segundo, Temperance miró en los ojos del muchacho que había logrado recordarle cómo era sentirse querida, y dejando a un lado toda la racionalidad de su mente privilegiada, escuchó a su corazón, aceptando con absoluta certeza que podía confiar en él. En su cerebro surgió como una verdad irrefutable, el hecho de que el dueño de esa tierna mirada jamás la defraudaría en modo alguno.

Fue entonces que por primera vez se permitió sentir la pesada carga que venía soportando desde aquella mañana en que ella y su hermano descubrieron que sus padres se habían ido, abandonándolos sin explicaciones, "mi nombre es Temperance Brennan, mi padre era maestro de ciencias, mi madre era contadora…"; por primera vez tuvo el valor de admitir en voz alta todo el dolor y desesperación que había sentido, y sin encontrar ninguna explicación científica para ello, podría jurar que después compartir sus recuerdos con el hombre que afirmaba ser su compañero, su cuerpo se había hecho mil veces más liviano.

Cuando Booth se dio cuenta que ella estaba empezando a desnudar su alma ante él, agradeció a Dios por la vieja camioneta de su abuelo que le permitía acercarse a ella lo suficiente para pasar uno de sus brazos por sobre sus hombros, abrazándola con ternura, ni por un momento se le ocurrió intentar hacerla callar con frases de consuelo. Él mejor que nadie entendía perfectamente que esa chiquilla necesitaba hablar, sanar no solo su cuerpo sino también su alma; la sentía temblar entre sus brazos, con la cabeza anidada entre su cuello y su pecho, las lágrimas brotaban de manera incontrolable mojando su camiseta, mientras él tenía apoyada su mejilla suavemente sobre la frente de ella, acariciando su cabello con suavidad.

Entre sollozos, ella le fue contando sobre la soledad y el miedo que sintió la tarde en que al volver de la escuela encontró una nota de despedida de su hermano, un papel pegado en el refrigerador en que le decía que iba rumbo a California porque eso era lo mejor para ella, "mi hermano Russ es cinco años mayor que yo…", y cómo en menos de una semana se había quedado sola en el mundo siendo obligada a entrar al sistema de adopciones, pasando de un hogar de acogida a otro hasta caer en manos de los Barret, "él nunca habló conmigo, hasta esa noche…".

De pronto fue imposible contener por un segundo más todo el llanto que luchaba por escapar de su corazón, toda la tristeza que la había consumido por dentro desde hacía meses; junto a él, dejó que la racionalidad cediera paso a las emociones que durante mucho tiempo había mantenido escondidas, esos sentimientos que ocultó hasta el punto que llegó a pensar que nunca más volvería a ser capaz de sentirlos.

Booth estaba poniendo toda su fuerza de voluntad para no interrumpir las palabras de su protegida, luchaba contra sus propios instintos para limitarse a reconfortarla acariciando su cabello, en lugar de hacerle caso a su corazón que le gritaba que la besara, "Santa Madre de Dios, qué me sucede, es apenas una niña", se decía a sí mismo, pero al mismo tiempo otros pensamientos lo traicionaban "no es una niña, Cam te lo ha dicho claramente" ordenándole que detuviera sus gemidos lastimeros cubriendo sus labios hinchados por el llanto, con los suyos, entregándole besos que sin saberlo había guardado solo para ella.

Cuando Temperance empezó a narrarle en detalle su última noche con los Barret, el futuro francotirador sintió claramente como la ira enrojecía su rostro y aceleraba sus latidos; al ser testigo de la manera nerviosa en que ella crispaba sus manos mientras recordaba la forma en que el tal Derek había abusado de ella, le pareció que el corazón se le partía en mil pedazos; y en el instante en que las mejillas de ella se tiñeron de rosa al mismo tiempo que su mirada se llenaba de vergüenza al dejar escapar de sus labios la suposición de que quizás de alguna manera ella había sido culpable de lo que le ocurrió, no pudo seguir manteniéndose callado por otro segundo y posando un par de dedos sobre los temblorosos labios de ella, le suplicó con la mirada que no pronunciara una palabra más, susurrándole al oído "nada de lo que te sucedió fue culpa tuya".

Un transeúnte que pasó junto a la camioneta observándolos sin disimulo, le recordó dónde se hallaban, la sonrisa socarrona de aquel hombre lo hizo ruborizarse al suponer que para cualquiera que los viera desde afuera parecerían una pareja de enamorados reconciliándose después de una pelea, "qué imaginen lo que quieran, solo me importa que ella se sienta mejor" pensó y sin separarse de ella un milímetro, permaneció envolviéndola en un abrazo del que solo fue liberándola en la medida en que sentía que sus sollozos se atenuaban.

Transcurrió quizás una hora, hasta que se recuperó del todo, hasta que su respiración se normalizó y su cuerpo se relajó, para entonces ella se había quedado dormida, apoyada en él. Booth decidió dejarla descansar unos pocos minutos más, antes de entrar al supermercado, de manera involuntaria fue acompasando su respiración con la de ella, y en su mente empezó a preguntarse por qué se le hacía tan difícil recordar cómo había sido su vida antes de conocerla.

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Señalando con un discreto movimiento de cabeza a una mujer rubia de unos veintitantos que lucía un escote del que sobresalían unos senos enormes y que acababa de cruzarse con ellos en la zona de ingreso al centro comercial, una hermosa muchacha de ojos rasgados le reclamaba en voz baja "no me vengas con que no entiendes de qué te estoy hablando", a un nervioso jovencito que la observaba con mirada culpable.

Dejando traslucir un sentimiento culpable, el jovencito se defendía con áspera voz, "Angie tu sabes que eres mi diosa y que yo soy tu fiel esclavo", afirmaba mientras le dedicaba una pronunciada reverencia, tomando una de las manos de la jovencita entre las suyas y depositando sobre ella un suave beso.

Fingiendo un enojo que obviamente no sentía, la adolescente retiró la mano de entre las de su novio y haciendo con ella el gesto de unos labios que se mueven exclamó "eres puro bla-bla-bla Jack Hodgins… y ni creas que te voy a perdonar tan fácilmente". Sin esperar a que ella siguiera hablando el rubicundo muchachito la tomó por la cintura y le dio un sonoro beso, mientras la obligaba a ingresar al supermercado.

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Ya habían terminado de colocar en el carrito de compras todo lo que tenían anotado en la lista que Booth había escrito antes de salir de casa: leche, cereal, huevos, fruta, pastas, pan, carne, vegetales, detergente… solo faltaban los artículos de cuidado femenino que Cam le señaló debía comprar para su protegida. Pero por más que lo intentaba no encontraba la manera de sugerirle a ella que escogiera lo que según le había dicho su mejor amiga, tarde o temprano necesitaría. Sintiéndose sumamente incómodo, señalando hacia el corredor de productos de higiene personal, exclamó en un tono quizás un poco más alto de lo normal, "si necesitas algo de este pasillo anda y tómalo, yo te espero aquí".

Temperance agachó la mirada y aunque sabía muy bien a qué se refería Booth y realmente después de todos los recuerdos que había compartido con él, era bastante ridículo no ser capaz de elegir frente a él una caja de tampones y algunos protectores, fue inevitable sentirse de pronto abrumada por todo lo sucedido ese día, su cerebro le decía que caminara y eligiera lo necesario, pero no le era posible mover los pies ni un centímetro, inexplicablemente su cuerpo no respondía a sus órdenes.

El muchacho que algún día se convertiría en uno de los mejores agentes del FBI, sonrió con resignación y dedicándole una comprensiva mirada le dijo "tranquila, no te preocupes… espérame aquí, en un segundo regreso" mientras le tocaba la punta de la nariz con el índice de la mano derecha en señal de complicidad.

Sin detenerse a pensar en lo que iba a hacer, Booth caminó rápidamente hacia el interior del pasillo que hasta un segundo antes había estado desierto, pero que ahora estaba lleno de mujeres de distintas edades eligiendo productos. Se deslizó entre ellas intentando lucir lo más sereno posible, pero dejando claro su nerviosismo por la manera desesperada cómo se rascaba la nuca, se detuvo delante de la góndola correspondiente y fue entonces que escuchó una risueña voz junto a él "hola compadre, tú también estás pagando tus pecados" le acababa de decir bromeando un muchacho quizás de su misma edad, con abundante cabello ondulado y enormes ojos azules.

"Esto es más difícil de lo que pensé" respondió a manera de saludo, cruzando ambos brazos a la altura del pecho, recorriendo con la mirada la increíble variedad de productos para el mismo propósito acomodados en las repisas de todo ese corredor, "¿tienes una idea de cuál debemos elegir?" le consultó al muchacho junto a él, mirándolo de reojo.

Extendiendo una mano en señal de saludo, el hombre de cabello rubio respondió "bienvenido a territorio desconocido, soy Jack", y mirando hacia el fondo del corredor agitó su otra mano saludando a su novia que lo observaba luciendo una enorme y pícara sonrisa. El recluta se sorprendió por la solemnidad del saludo de ese desconocido al que se sentía extrañamente unido, pues ambos atravesaban por el mismo predicamento, y apretando la mano que se alzaba frente a él, respondió "soy Booth".

Parada con los brazos en jarras al extremo del pasillo, Angela sonreía burlonamente mirando a los dos muchachos que parecían un par de peces fuera del agua, y fue recién entonces que se percató de la presencia de una muchachita quizás algo menor que ella, de pie junto a un coche lleno de productos y que acababa de soltar una tímida risa al escucharla apurar a Jack… "no me digas que ese bombón es tuyo" le preguntó guiñándole el ojo con picardía, señalando hacia donde estaban los muchachos.

Temperance no entendía por qué esa hermosa chiquilla que parecía quizás uno o dos años mayor que ella, le hablaba de chocolates, así que se limitó a mirarla a los ojos replicando "no entiendo a qué te refieres".

Sin suponer que con el paso de las horas se convertirían en grandes amigas, la adolescente que al sonreír mostraba un par de hermosos hoyuelos en las mejillas le respondió "soy Angela, aquel es mi novio Jack… y supongo que el fabuloso dios griego parado junto a él es tuyo, ¿verdad?".

No era usual que otras adolescentes quisieran conversar con ella, en su escuela por lo general todos evitaban tratarla y cuando lo hacían, ella entendía las palabras perfectamente pero no era capaz de comprender el significado que se ocultaba detrás de la mayoría de ellas. Sin embargo, aunque era extraño, se le hacía natural sentirse cómoda en compañía de esa desconocida y sin proponérselo, le sonrió devolviéndole el saludo "mi nombre es Temperance Brennan, él es Seeley Booth" le dijo señalando hacia los muchachos que en ese momento ya estaban regresando hacia ellas, "y debo aclararte que no existen los dioses griegos".