CAPÍTULO 6
El momento se acercaba. Todo a mi alrededor cambiaba. No solo era por el paso del tiempo, también percibía que llegaba el momento. Notaba como las sombras devoraban lentamente todo lo que se cruzaba en su camino. El crepúsculo producía una sensación de pavor en los corazones de las personas. El miedo era palpable en el ambiente. Pero lo más impactante fue cuando vi aldeanos y viajeros adentrarse en el bosque. No se transformaban en monstruosas criaturas ni se quedaban atrapados en el bosque. Me convertí en una especie de espíritu invisible al ojo humano y me dediqué a vigilar a todo el que entraba en el bosque. Tenía que buscar al elegido.
Escuchaba las conversaciones de la gente, y llegué a enterarme de que el bosque recibía por nombre "Bosque de Farone". También rumoreaban que había un espíritu protector de la región de Latoan. Sabía perfectamente que no se referían a mí, pues algunas personas aseguraban haber visto una especie de "sombra perturbadora" moverse entre los árboles. También me sorprendía los cambios importantes que había sufrido la geografía de Hyrule, como la nueva distribución de las regiones del reino.
Pero lo más importante era que una nueva calamidad se acercaba. Ganondorf estaba resurgiendo de las sombras, y no estaba solo. Sabía que se había apoderado de un tal "Reino del Crepúsculo", y que su próximo destino era Hyrule. Eso también significaba que las reencarnaciones del Héroe y de la diosa Hylia iban a luchar para impedir que eso sucediera. Un joven fuerte y valiente salvaría Hyrule junto a una princesa sabia y firme, y después unirían sus almas en un único amor que compartirían hasta el resto de sus vidas.
Y yo era un papel esencial en esta historia. Tendría que ser el maestro del héroe para convertirlo en alguien digno de blandir una espada y de recibir el título de héroe. No podía fallar a Hyrule, y mucho menos a la princesa. No podía cometer un error que la separara de ella para siempre, como hice yo. No quiero que sufra lo que sufrí yo por ello. Tiene que amarla y permanecer a su lado para protegerla. Así el alma del Héroe y de Hylia se reencontrarían una vez más.
Todos esos pensamientos pasaban por mi mente cuando me crucé con un muchacho que estaba en una pequeña fuente. Era alto, de cabellos castaños y ojos azules. Vestía ropas de pastor e iba acompañado por una yegua de color castaño y crines blancas. Su cara me resultaba muy familiar. El joven comenzó a acariciar a la yegua y está relinchó en señal de agradecimiento.
-Se nota que estás exhausta, Epona. Tranquila, ahora volveremos a Ordon y podremos descansar. Hoy ha sido un día muy duro.
En ese instante reconocí quién era el chico. No podía ser otro. Era el elegido que tanto había estado buscando. "Link... La hora de emprender tu viaje se avecina", pensé.
Las sombras invadieron el bosque de Farone. Todos los animales habían sido ahuyentados y atacados por extrañas criaturas que desprendían un aura maléfico. La vegetación adquiría tonos oscuros y grisáceos, dándole el aspecto de ser un bosque enfermo. El cielo se tiñó de un color anaranjado, pareciéndose al que cubre el cielo con el ocaso. Se escuchaban lamentos de espíritus en el bosque. Ganondorf había vuelto, y con la ayuda de Zant, el Tirano de las Sombras, había conquistado el reino de la Luz y el del Crepúsculo. la misma voz que escuché cuando me convertí en un monstruo me susurraba. "Link, estate alerta. Se está acercando". Me transformé en un lobo de pelaje dorado y ojos rojizos. "Así podrás ser visible a los ojos del Elegido", me aclaró la misteriosa voz.
Esperé pacientemente nuestro encuentro, y al fin llegó. Me encontraba en el camino que iba al Templo del Bosque. durante mi estancia en aquel lugar solo visité ese sitio un par de veces, pero no llegué a explorarlo profundamente. Los monstruos se apoderaron también del templo, así que decidí esperar al Elegido allí, pues mi "instinto de héroe" me indicaba que pasaría por ahí. Y no me equivoqué en absoluto. Cada vez sentía con más intensidad como se acercaba. mi respiración se agitaba por momentos. ¿Sería capaz de hacerlo? Súbitamente, escuché una voz que me hablaba con dulzura. Era la voz de mi amada. "Link, te amo. Te estoy esperando". Su dulce voz calmó mis nervios. Fue en ese momento cuando el héroe y yo nos encontramos frente a frente. Me observó sospechosamente. Desenvainó su espada dispuesto a herirme, pero esquivé sus movimientos y salté encima de él.
Nos encontrábamos en un lugar extraño. Todo a nuestro alrededor estaba cubierto por una niebla muy densa, y en el fondo se podía divisar un impresionante castillo. Había recuperado mi forma monstruosa y el joven Link se encontraba acostado en el suelo, con aspecto de estar inconsciente. Pero súbitamente se despertó y se incorporó con rapidez. Observó mi temible aspecto de una manera muy desafiante.
- ¡¿Quién eres?! - me gritó desafiante - No te tengo miedo.
Quería ponerlo a prueba. Desenvainé mi oxidada espada y saqué mi viejo escudo. Me puse en posición de atacar y él hizo lo mismo. Agarró con firmeza su espada y se acercó corriendo a mí. Con un movimiento rápido, bloqueé su espada con mi escudo, lo empujé y conseguí tirarlo al suelo. Link se levantó y fijó su mirada en mí. Entonces bajé la guardia y le dije:
- Sin valor, la espada no tiene ningún poder.
Se quedó perplejo ante mi intervención. Di un par de pasos hacia delante y él permaneció inmóvil.
- Sin duda eres un joven muy valiente, pero no sabes como blandir una espada. tienes mucho que aprender, pues tus movimientos necesitan perfeccionarse para poder ser un héroe digno de ser recordado. No puedes pasar a ser leyenda blandiendo la espada como un crío jugando a ser caballero.
- ¿Cómo osas decirme eso? ¡Sé perfectamente usar una espada! Moy me estuvo entrenando durante años.
- Tranquilo, para eso estoy aquí. Te ayudaré a convertirte en un excelente espadachín, pero sobre todo a preparar tu espíritu para poder afrontar tu destino. ¿Te parece bien?
Estuvo pensativo durante unos segundos, y luego dijo:
- Está bien. Enséñame a manejar la espada.
- Sabia decisión, muchacho. Te enseñaré todo lo que sé.
- Y bien, ¿qué me vas a enseñar ahora?
- Ten paciencia. Voy a enseñarte siete técnicas secretas que te serán de gran ayuda durante tu periplo. Ahora veremos la primera: el golpe de gracia.
- ¿El golpe de gracia?
- Exacto. Cuando derribes a tu enemigo, puede permanecer un par de segundos en el suelo y luego volver a incorporarse. Para que no suceda eso, ejecutarás este movimiento. cuando tu contrincante caiga al suelo, salta encima de él y clávale la espada en el pecho. ¿Te ha quedado claro o necesitas que te lo vuelva a explicar?
- No hace falta. Lo he entendido perfectamente.
- Entonces ahora pasaremos a la práctica. Demuéstrame que has entendido mis palabras.
Chocamos nuestras espadas en señal de dar comienzo al combate. Link empezó a atacarme y difícilmente conseguía esquivarlo. Era rápido como un rayo. Consiguió derribarme. Observé sorprendido como saltaba encima de mí con gran agilidad y me clavaba su espada en el pecho. La elegancia con la que ejecutó el golpe de gracia me fascinó sobremanera. no había ninguna duda de que era el Elegido para derrotar a Ganondorf. Incluso me recordaba a mí cuando fui el héroe. Me levanté y Link me miró dándome a entender que buscaba una valoración. Le sonreí y le dije:
- Demuestras elegancia y agilidad en tus movimientos. Además, observas con atención y aprendes rápido. Me había equivocado contigo.
- Eso significa que...
- Has aprendido la primera técnica.
Link sonrió satisfecho y envainó su espada.
- Aún me quedan otras seis técnicas que mostrarte. Búscame por todos lados y, cuando me encuentres, volveré a compartir mis conocimientos contigo.
- Me parece bien.
De repente, sentí el impulso de preguntarle algo. No sabía si debía hacerlo, pero la intriga me empujaba a formular la pregunta. Al final me decidí y le pregunté:
- ¿Qué opinas de la princesa?
- ¿Zelda? Bueno... Es muy hermosa... ¡Qu-quiero decir qu-que m-me pareció una pe-persona mu-muy se-sensata! ¡Nada más! - respondió nervioso mientras apartaba su mirada de mí y se ruborizaba en exceso.
Los sentimientos que el muchacho había desarrollado por ella eran muy fuertes. Me sorprendió que ya empezara a sentir algo por ella solamente por haberla visto una vez, pero me alegró saber que el alma del héroe seguía muriendo de amor con tan solo verla. Sonreí levemente y él me miró confuso.
- Espero que no te demores en salvarla.
- Tranquilo, no descansaré hasta que ella esté a salvo. Daré mi vida por ella si hace falta.
Link comenzó a desaparecer y yo me teletransporté a otro lugar. Cuando llegué y contemple el paisaje que me rodeaba no me lo podía creer. sabía que aún no había terminado, pero una gran felicidad inundó mi alma. Había salido de la jaula en la que estuve encerrado durante tanto tiempo. Había salido del bosque.
Link giró sobre sí mismo y consiguió derribarme de un golpe. En cada entrenamiento que tuve con él me mostró haber aprendido mucho de mis explicaciones anteriores, incluso de sus aventuras. Estaba preparado para enfrentarse cara a cara a Ganondorf. Ya había adquirido todos los conocimientos de los que disponía.
- Te felicito, muchacho. has aprendido la técnica del gran ataque circular.
- Desde luego lo he conseguido porque tengo un buen maestro.
Ambos guardamos nuestras espadas a la vez. Llegó el momento de despedirse de Link. Me dolía despedirme de él, pues ya le tenía afecto y era un joven encantador, pero yo ya había cumplido con mi misión.
- Ya te enseñado las siete técnicas secretas, Link. He cumplido con mi misión.
- ¿Eso significa que ya no nos volveremos a ver?
- Es hora de que te enfrentes a Ganondorf. Estoy seguro de que podrás vencerlo. Así Hyrule recuperará la paz y mi alma podrá descansar tranquila.
- Te aseguro que no te defraudaré.
- Sé que no lo harás.
Nos quedamos en silencio durante un par de segundos, y luego decidí romper el silencio.
- Link, salva Hyrule y salva a la princesa Zelda.
- Ya te dije que daré mi vida por ella si hace falta.
Fue pensar en la princesa y me acordé de la última vez que la vi. Del último beso que me dio. De las últimas palabras que me dijo. Y de como cometí el mayor error de mi é a Link fijamente. No quería que cometiera mi mismo error. No quería que sufriera tal condena como la mía. No podía dejar a Zelda.
- Nunca la abandones.¿Me lo prometes?
Estuvo un momento pensativo, extrañado por lo que le acababa de decir, hasta que me contestó:
- Te lo prometo.
Link se desvaneció y partió hacia la batalla final. Había cumplido con mi misión, pero hasta que las sombras no abandonaran Hyrule, no volvería con mi amada. Un nuevo sentimiento nació en mi interior: esperanza. Volvería a su lado después de tantos años.
- Link, date prisa. Mi amada me está esperando.
