Una promesa es una promesa: aquí tenéis el sexto capi... Disfrutadlo! (Llego in extremis, lo sé, lo siento: ¡estaba embobada viendo #ConciertoOT y se me fue la hora).
Título original: Kiss and Tell.
Autora Original: SunshineDaisiesWindmills.
Fecha original: 17 de marzo de 2010.
Idioma original: inglés.
Disclaimer: no me pertenece absolutamente nada de lo que sigue.
KISS AND TELL
6. SEXTO AÑO, TERCERA PARTE
(Kiss and Tell - 6. Sixth Year, Part Three, by SunshineDaisiesWindmills)
— ¿D-de cuánto es el retraso? — se pasó la mano por el pelo evitando el contacto visual.
— De unas dos semanas y media — se mordió el labio.
— Y… ¿eso es mucho? — seguía revolviéndose el pelo. Ella suspiró.
— Lo suficiente como para preocuparse.
Él levantó la cabeza para mirarla a los ojos.
— ¿Y qué vamos a hacer? — ella sacudió la cabeza.
— No lo sé.
James empezaba a recuperar la compostura al tiempo que la de Lily se esfumaba.
— Pero todavía no estás segura, ¿no? — ella sacudió la cabeza. — ¿Y cómo lo averiguamos?
— No lo sé — bajó la cabeza. Dio un paso hacia ella y le puso las manos en los brazos. — Lo siento.
— No te preocupes, Lily. Todo irá bien — le frotó los brazos con cariño. Ella apoyó la frente en su pecho. — No puede ser tan difícil, ¿no? ¿Un hechizo, o una poción, o algo así…?
— ¡No lo sé! — se levantó de la mesa y se alejó de él. — No sé nada de todo esto, ¡y no sé a quién pedirle ayuda! ¡No es que aparezca en los libros o algo así! — empezó a caminar. — No sé que hacer.
— Oye — se acercó otra vez a ella. Le puso las manos sobre los hombros. — Cálmate — le dio un abrazo y se quedó pensativo. — ¿Conoces alguna forma muggle?
— Sí — suspiró, — pero no veo cómo nos va a ayudar eso.
— Puedo ir a Hogsmeade y Remus ya puede aparecerse así que…
— Yo también puedo aparecerme — lo miró. — Remus no puede enterarse.
— Por supuesto. Entonces puedes aparecerte en un pueblo muggle y lo descubriremos — ella asintió. — Y ya nos ocuparemos de lo demás cuando llegue el momento.
Trazaron un plan. Se escaparían el sábado y así no perderían ninguna clase. Eso le dio a Lily tres días enteros para darle vueltas a la cabeza.
Iba a tener un bebé. Un bebé. Un niño necesitado y llorón. Había una pequeña parte suya y de James creciendo en su interior. Era una sensación extraña. ¿Cómo se suponía que lo cuidaría? Tendría que abandonar la escuela. ¿Cómo haría para encontrar un trabajo? ¿Y podría ganar el dinero suficiente como para hacerse cargo de un bebé?
No podía esperar que sus padres la apoyasen. Ellos nunca apoyarían un embarazo adolescente. Y encima fuera del matrimonio.
Por Merlín, tendría que casarse con James.
Sus padres les obligarían. Tendrían que hacerlo de todos modos. Él podría buscar un trabajo, ayudarles. Podría hacerse cargo de ellos.
Pero no podía casarse con James. Es que simplemente no podía. Ni siquiera le gustaba. Al menos no tanto. Era inmaduro, y cruel y, y, y, y sencillamente no podía casarse con él. Pero sin duda alguna, tendría que hacerlo. No tendría otra opción.
Bueno, al menos el sexo estaría bien. Y siempre la hacía reír. Era divertido habitualmente, cuando no estaba comportándose como un idiota. Y podía ser responsable cuando quería. Él… él sería un buen padre. Tenía que serlo. Porque ese pedacito de él que crecía en su interior sería perfecto, e inocente, y se merecía tener unos padres que lo quisiesen y se preocupasen por él. Ya lo quería y ni siquiera estaba allí. Y él también lo querría, ¿verdad?
Tal vez.
Sin duda.
Tenía que hacerlo.
Lo haría.
Se reunieron en el cuarto piso. Lily dudaba mucho de cómo les podría ayudar en esto, pero sabía que James lo creía, y había decidido confiar en él.
Ella llegó antes. Se sentó en el asiento en donde solía estar en los recreos y hizo girar sus pulgares, esperando algo ansiosa. Estaba en el lugar correcto, ¿no? ¿Se habría olvidado?
James llegó poco después. Ella suspiró aliviada cuando lo vio acercarse.
— ¿Lista? — susurró. Ella asintió.
— Pues vamos, entonces — Lo siguió hasta la puerta pero él le bloqueó el camino.
— ¿Qué estás…? — él había sacado un pergamino del bolsillo, y se lo ocultaba dándole la espalda.
— Ten paciencia, Lil — la reprendió. Mantuvo la mirada en el pergamino, todavía bloqueándole la vista. Después de un momento, se puso en marcha y le hizo un gesto para que lo siguiese.
Caminaron por el pasillo hasta que llegaron a un espejo. James se detuvo bruscamente y Lily estuvo a punto de chocar con él. De alguna forma, el merodeador logró abrir el espejo y le reveló un pasadizo tras él.
Lily se quedó sin aliento y él le hizo otro gesto para que entrara. James entró tras ella y el espejo se cerró tras ellos.
— ¿A dónde vamos? — susurró. No podía verlo en la oscuridad, pero estaba segura de que estaba sonriendo.
— A Hogsmeade, por supuesto.
— ¿Cómo? — él murmuró un Lumos y ella descubrió que estaba en lo cierto: estaba sonriendo.
Él empezó a caminar y ella la siguió.
— Por un pasadizo secreto — Lily se detuvo por un momento, confusa, hasta que James se dio cuenta de que no lo seguía y la llamó de nuevo:
— ¡Vamos!
La chica corrió para ponerse a su altura y juntos siguieron caminando por el oscuro pasillo.
— ¿A dónde tenemos que ir?
— A un pueblo muggle, supongo — le respondió Lily. Habían conseguido llegar Hogsmeade sin incidentes y ahora estaban fuera del castillo, tratando de evitar multitudes por si alguien los reconocía.
— Tú si puedes aparecerte, ¿no?
— Sí, mi cumpleaños fue en enero. Ya puedo hacerlo.
— Bueno, pues yo todavía no, así que tendrás que aparecerte conmigo — sonrió.
— De acuerdo — aceptó ella. — ¿Preparado? — él asintió con la cabeza y, dando un paso hacia la chica, se agarró firmemente a su brazo.
— Preparado.
— Pues vamos, entonces.
Girando y haciendo un fuerte "crack" se aparecieron en un pueblo muggle que los Evans habían visitado una vez estando de vacaciones. Lily no creyó que nadie los fuera a reconocer allí, y estaban muy lejos de Hogwarts, de todas formas.
— ¿A dónde vamos ahora? — pregunto James tras aterrizar. Ella dudó un momento.
— A una farmacia, supongo — él parecía confuso. — Por aquí, me parece. Solo ven conmigo.
Ella emprendió el camino con decisión, deteniéndose solo un momento para echarle un vistazo a un bonito colgante de un escaparate. Al llegar a la farmacia, Lily entró en el establecimiento. James se ofreció a entrar con ella pero, ante el temor de que se pusiese a fisgar al verse en un sitio lleno de objetos desconocidos, la chica rechazó el ofrecimiento.
— Solo será un momento. Espérame aquí.
Dio con las pruebas de embarazo después de una ardua y exasperante búsqueda. Estaba luchando contra la tentación de conjurarlos con un hechizo cuando se topó con ellas en un rincón alejado. A regañadientes, cogió una y fue arrastrando los pies hasta el mostrador. Por supuesto, el único dependiente tenía que ser un chico joven y atractivo. Evitó el contacto visual con él deliberadamente mientras le entregaba unas cuantas libras.
— Me preguntaba — levantó la mirada hacia él, ruborizada — si tendrían algún cuarto de baño que pudiera usar. — El chico hizo un gesto hacia una puerta y ella lo miró agradecida. Entró en él y leyó las instrucciones tres veces. Tras hacerse la prueba, la ocultó hábilmente en el bolsillo y salió para reunirse con James.
Él estaba justo donde lo había dejado, esperándola pacientemente. Cuando la vio acercarse, la miró expectante y contento. Lo cogió de un brazo y lo arrastró hasta un callejón cercano.
— ¿Y bien?
— Todavía no lo sé. Hay que esperar.
— ¿Cuánto tiempo? — insistió.
Ella empezó a pasear, mirando el reloj.
— Unos diez minutos más.
Después de diez agónicos minutos de conversación forzada, Lily anunció que ya podían comprobar el test.
Lo sacó del bolsillo evitando a toda cosa mirarlo. Quería abrirlo, pero no podía. Era el momento de la verdad. Todo su futuro dependía de esa prueba: una simple línea azul. Iba a saber si había algo, alguien, creciendo en su interior, alimentándose de su propia vida para poder desarrollarse. Quería saberlo. Necesitaba saberlo.
Pero no era capaz. ¿Y si estaba embarazada? ¿Qué haría? ¿Cómo podría cuidar a esa personita que habían creado?
¿Y si no lo estaba? ¿Y si no era más que ella, tan vacía como siempre? ¿Volvería a consumirla el vacío que la había inundado durante el verano? No podría soportarlo. ¿Y cómo podría volver a mirar a James sabiendo lo que había estado a punto de crear?
No podía hacerlo.
— No puedo, James. No puedo hacerlo — le dio la prueba. — Hazlo tú.
Se alejó de él.
— Mmm… ¿Qué tengo que hacer? — estaba totalmente confundido.
— ¡Lee la prueba! — le espetó. Entonces se dio cuenta de que James no tendría ni idea de cómo leerla, por lo que suavizó el tono. — ¿Ves las pequeñas líneas azules en la pantallita? Si solo hay una, no estoy embarazada. Si hay dos… Bueno, si hay dos tenemos un problema — caminó hacia la pared.
— Pero Lily — parecía todavía más confuso. — No hay ninguna raya.
— ¡¿Qué?! — espetó ella, girándose hacia él quitándole la prueba de las manos. La cogió sin pensarlo y casi lloró de frustración al ver que, afortunadamente, había una línea azul.
Sintió como un gran peso se le retiraba de los hombros. Miró a James, que le sonreía ampliamente.
— Cabrón — dijo, dándole un manotazo. Volvió a mirar la prueba para asegurarse de que sus ojos no la estaban engañando. No lo hacían. Empezó a reírse.
El uno debía de ser el mejor número de todos.
Se aparecieron de nuevo en Hogsmeade y, quince minutos después, estaban ya en el pasadizo hacia el castillo. Había sido un regreso animado. De vuelta al pueblo y en la primera parte del viaje por el pasadizo habían charlado e incluso bromeado. Pero la alegría se había ido desvaneciendo poco a poco y ambos cayeron en un silencio cómodo.
A Lily no le importaba. No dejaba de pensar en ese maravilloso número. Ah, uno, una línea azul. Maravilloso. Todo un alivio. Una sonrisa. Solo ella.
Solo ella. Sola. No se había dado cuenta hasta ahora. Pero en algún momento se había acostumbrado a la idea de compartir su cuerpo. Aunque no lo estaba haciendo.
El uno era solitario.
James pareció darse cuenta de su cambio de actitud.
— ¿Estás bien?
— Sí — mintió. — Solo estoy un poco cansada.
La miró escéptico, pero decidió no insistir.
— Ya casi hemos llegado — se detuvo y volvió a sacar el pedazo de pergamino de antes.
— ¿Qué es eso? — le preguntó.
— Nada — dijo jugueteando con el papel. Lily aceptó su respuesta y esperó pacientemente a que el chico descifrara lo que parecía estar leyendo. — Mierda — susurró duramente.
— ¿Qué pasa? — él metió una mano en su capa y sacó un paquete de un material plateado. Lo arrojó sobre ella y dijo:
— Déjatelo puesto. Y nadie será capaz de verte.
— ¿Qué vas a …?
— ¡Solo hazlo! — la hizo callar. — Y mantente en silencio.
— Empezó a caminar de nuevo y Lily lo siguió. No había dando más de diez pasos cuando oyeron unas voces que venían de otro pasillo.
— ¿Qué estaría haciendo por aquí sin nosotros? — se preguntaba una voz.
— Ni idea — respondió otra voz.
— Probablemente solo le apetecía darse un paseo por Hogsmeade — añadió una tercera.
— Nah — desechó la segunda voz. — Está tramando algo. Sin duda.
— ¿Qué será? — se preguntó la primera.
— Algo relacionado con la tía que se ha estado follando todo el año, probablemente — dijo la segunda voz.
Lily se congeló, aterrorizada. La cara de James pareció brillar de ira, pero siguió caminando.
— Hola, chicos — dijo cuando estuvo a la vista de sus tres amigos. — ¿Qué estáis haciendo aquí? — Parecían no verla, así que Lily asumió que James hablaba en serio al decir que nadie la podría ver.
— Te podríamos preguntar lo mismo, Cornamenta — replicó la segunda voz, Sirius Black.
— Me apetecía darme un paseo por Hogsmeade.
— Te lo dije, Canuto — regañó Remus Lupin.
— Está mintiendo. Puedo verlo en sus ojos.
— ¡Qué tontería! — soltó James. — Solo porque no paso cada minuto del día con vosotros tres no…
— O estás con nosotros, o con la tía esa con la que te ves en secreto — habló finalmente Peter.
— ¿De qué estás hablando? — Lily notó que James era un gran actor.
— No te hagas el tonto: hasta Remus se ha dado cuenta. Y ya sabes que él se niega a pensar mal de nadie — Sirius Black parecía muy molesto por este tema. Remus trató de objetar sin éxito. James parecía sentirse muy culpable.
— Está bien: es cierto — Lily lo miró, horrorizado.
Los otros tres parecían sorprendidos.
— ¿Quién es? — quiso saber Peter.
— No os lo puedo decir — Lily respiró algo más aliviada.
— ¿Por qué no? — exigió Sirius.
— Canuto, porque ella me mataría si os dijese algo.
— ¡No se enteraría! — exclamó Peter.
Entonces Sirius y Remus abrieron los ojos, dándose cuenta de lo que ocurría:
—¡La chica está aquí!
Lily interpretó esto como su señal para salir pitando.
Lily estaba tumbada en su cama, sin parpadear. Había estado así desde que volvieron de Hogsmeade. Había dejado la extraña capa de James en la habitación del chico y se había ido a la suya. Los ojos le ardían, pero no era capaz de cerrarlos. Por suerte, la habitación estaba vacía. Estaba sola. Aliviada, pero sola.
La puerta se abrió. Se giró lentamente, pensando en decirle a quien fuera que quisiese entrar, que hiciese el favor de marcharse, pero no tuvo la fuerza para abrir la boca. Oyó unos pasos; y un movimiento en el colchón le hizo saber que el intruso se había sentado a su lado. Supuso que sería Ella, o tal vez Mary, o alguna de sus otras compañeras.
— Hola — era James. — ¿Estás bien? — ella asintió. — Creía que ya habíamos hablado sobre el tema de no decirnos mentiras.
Ella suspiró y cerró por fin los ojos.
— No es nada.
El merodeador se inclinó para acercarse a ella.
— Es obvio que te pasa algo. ¿Por qué no me lo dices? — ella volvió a suspirar. — ¿Estás triste por no estar embarazada? Creía que era lo que querías…
— Lo es — se movió un poco y dejó que se tumbase a su lado. — Es solo que… Es una estupidez, en serio.
— No es una estupidez si te hace sentir mal — envolvió un brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él.
— Me siento sola, supongo. Me había acostumbrado a pensar que había una persona conmigo todo el tiempo. Y sí que me alegro de que no la haya, pero… No sé… También me entristece un poco.
— Es no es estúpido, Lily — pasó su brazo bajo la cabeza de la chica.
— ¿De verdad? — se aferró a la mano que reposaba en su estómago, y se acurrucó contra él.
— Pues claro.
Para que veáis que cumplo con mi palabra! jajajaja Ahora bien, el próximo no sé para cuándo podrá ser. Espero que para finales de semana, pero no prometo nada, porque estoy hasta arriba de curro. Tenedme un poquillo de paciencia... :(
Un besooo
