Disclaimer, Maleficent y todos sus magníficos personajes no me pertenecen, son propiedad de Disney. Esta historia solo es publicada con fines recreativos.

Después de seis meses esta historia sale del limbo, he tenido bastantes problemas para plasmar las cosas que quería en el papel, no por nada he escrito y rehecho este capítulo varias veces hasta obtener un resultado que me dejo satisfecha, admiro a las personas que escriben sobre combates, lucha y guerra, he notado lo difícil que es plasmar de manera más o menos coherente este tipo de escenas, este como podrán imaginar es un capítulo de acción donde espero presentar nuevas facetas de nuestros amados personajes.

Al publicar esto tengo totalmente terminados y editados dos capítulos más, por lo cual actualizare estos semanalmente, también comento que en mi perfil esta la información de mis historias y el avance de estas.

No siendo más espero que disfrutes la lectura y si te gusta lo que leíste no olvides dejar un comentario con tus impresiones del capítulo estaría eternamente agradecida.

VI Tormenta de fuego

Maléfica se encontraba en medio de una de sus habituales guardias en la frontera oeste prestando atención a cada pequeño detalle y tratando de encontrar aquello que le estaba inquietando desde días anteriores, lo preocupante de ese "pequeño asunto" era que no solo ella estaba sintiendo enrarecido el ambiente también algunas criaturas mágicas y los animales de la zona se mostraban algo nerviosos.

Al principio creyó que esa ligera inquietud que se asentaba a medida que pasaban los días estaba relacionada con el cambio de estación o con la utilización de magia creativa por parte de alguno de los habitantes del páramo (no era la primera vez que pasaba), pero a medida que los días avanzaban esa inquietante sensación acompañada de los preocupados comentarios del "trio maravilla" esa misma mañana, la llevaron a cuestionarse si algo estaba verdaderamente mal en esa zona.

El día avanzaba lentamente mientras la mujer revisaba minuciosamente la parte interna de la barrera sin encontrar mayores novedades, todo parecía estar en orden al menos en los moros, pero los comentarios del trío maravilla, el silencio casi sepulcral de las aves y una sensación de inquietud constante, la llevaron a convencerse sobre la necesidad de explorar un poco el lado humano de la frontera y descartar cualquier problema potencial, además siendo sincera consigo misma, lo más probable es que se tratara de un grupo menor de humanos, nada verdaderamente peligroso o de lo que no se pudiera encargar.

Atravesó la barrera de espinos como en otras tantas ocasiones, sintiendo un ligero sentimiento de aprensión, comenzó con una tranquila pero concienzuda inspección a la zona, tampoco le daría tanta importancia al tema y menos a un par de comentarios del "trio maravilla" (al menos eso se repitió durante el transcurso del día).

El recorrido por las tierras "humanas" avanzaba y podía notar que algo no estaba bien, no solo por la extraña ausencia de los animales de la zona y la sensación aprensiva proveniente de los árboles la cual sentía cada vez que deslizaba sus manos sobre las cortezas, algo estaba fuera de lugar y el hecho de no lograr determinar exactamente que era la ponía cada vez más nerviosa y recelosa.

El atardecer se acercaba y tras no encontrar "nada" había decidido regresar acompañada de algunos refuerzos, tenía un muy mal presentimiento sobre ese lugar y contrario a lo que Balthazar creía ella no era de las criaturas que se arriesgaban en vano, una corriente mágica envolvía el lugar y ocultaba al ejecutante, lo único seguro era una sed de sangre apenas disimulada en el ambiente.

Dándole la espalda a los árboles que minutos antes había estado inspeccionando y en el momento en que se disponía a abrir un camino a través de los espinos, justo cuando la magia comenzaba a fluir desde sus manos, sintió aquella alerta, algo que erizo su piel y estremeció su columna obligándola a moverse bruscamente hacia su derecha y ver como una flecha rebotaba sonoramente al golpear los espinos, en ese momento su corazón se aceleró y la adrenalina fluyo en su cuerpo, sintiendo la anticipación a la batalla y la necesidad de luchar por su propia vida.

Sin tiempo a ningún reparo giro rápidamente buscando la fuente de aquel repentino ataque y lo que encontró no le gusto ni un poco: un grupo de unos cincuenta a sesenta hombres enfundados en terribles armaduras de hierro, comandados por el mismísimo rey Henry y otro sujeto el cual era descomunalmente alto además que emanaba una aura cargada de magia el cual no paraba de gritar órdenes a todos los soldados del contingente, ahora muchas cosas tenían sentido para el hada.

Maléfica había escuchado historias acerca de humanos con sangre mágica en sus venas, también conocía la existencia de cazadores que se especializaban en criaturas como ella, lo que no se esperaba era encontrarse de frente y sin ningún aviso con una existencia tan mezquina, el hombre la miraba de manera despectiva desde su gran altura, aunque su magia no era tan poderosa como la de ella, se notaba el poderío físico, sin contar de que contaba con los conocimientos y experiencia necesarios para ser una verdadera amenaza.

El grupo de hombres que la acechaba estaba bien entrenado, coordinado y su manera de actuar era muy diferente a la de las pequeñas cuadrillas que solían estar en los alrededores del páramo, aunque viendo sus expresiones lo más probable es que su presencia los tomo desprevenidos en ese momento, aunque eso era algo que el hada nunca sabría y noto alarmada el engaño que se estaba formando y el inminente peligro para sus tierras.

Maléfica escuchaba los fuertes gritos del rey Henry en el que ordenaba a sus hombres rodearla, también sintió la presencia de la magia en varias de las armas, la situación se complicaba a cada minuto y atravesar la barrera de espinos era un lujo que no se podía tomar bajo esas circunstancias.

El primer movimiento del hada fue una rápida respuesta a una tanda de flechas lanzadas contra su persona, de las cuales se protegió utilizando parte de los espinos los cuales se interpusieron entre ella y los proyectiles, Maléfica era consiente que en una pelea cuerpo a cuerpo llevaba las de perder en especial si ellos estaban utilizando aquellas armaduras por lo cual la magia iba a ser su única arma.

El hada concentro rápidamente su poder en un fuerte estallido verde el cual despertó los dormidos vientos y comenzaba a invocar una fuerte tormenta eléctrica, ella era lo suficientemente lista para darse cuenta que el metal y los rayos eran una mala combinación, lo único era no estar tan cerca para no terminar electrocutada, sin contar que podría utilizar los vientos a su favor para evitar que pasaran fuego a través de los espinos, estaba segura que los refuerzos se estaban alistando ante aquella inequívoca señal de una batalla.

Los siguientes hechos se sucedieron bastante rápido, cuando los primeros rayos comenzaron a caer certeros y mortales sobre los humanos la superioridad de Maléfica en el campo de batalla fue evidente, todo era un caos de gritos inconexos de diferentes caballeros haciéndose notar, aullidos de dolor de los humanos caídos ante alguno de los ataques mágicos y que quedaban grotescamente enterrados en el fango que se formaba ante la caída de la lluvia.

La fuerza del agua que caía sin clemencia sobre los combatientes era brutal, la tormenta los estaba calándolos hasta los huesos y dificultaba cada pequeño movimiento, el diluvio era tal que la túnica del hada estaba firmemente pegada a su delgado cuerpo destacando todos sus atributos físicos, lo verdaderamente incomodo era el ahora inestable terreno ya que en un par de ocasiones la mujer evito caer en el barro de milagro o gracias a su cetro que le daba un mejor punto de apoyo, al menos sus adversarios tampoco la estaban pasando mejor gracias a sus pesadas e incomodas armaduras.

El constante aullido del viento que lanzaba inmisericordemente a varios metros a más de un combatiente mal parado en el ahora lodoso suelo, fue otra de las armas de la mujer que acompasaba la frentica batalla de los humanos los cuales trataban de quemar parte del páramo o de la misma barrera utilizando catapultas que lanzaban bolas de brea, los golpes de aquellos proyectiles sobre la barrera eran un constante ruido de fondo de la batalla, los espinos aguantaban bastante bien el maltrato al cual estaban siendo sometidos.

Aunque el hada era una ejecutante mágica bastante certera y eficiente la diferencia numérica le estaba causando problemas y era evidente el deterioro de su concentración dividida en varios puntos, sin contar el desgaste brutal al forzar su magia a tales niveles, ella era poderosa pero tenía limites, también estaba de manifiesto el hecho de que los refuerzos humanos (al menos otros cien hombres) habían llegado antes a la zona de combate salidos de la nada.

La batalla era frenética entre "la bruja de los páramos" y los caballeros, durante los primeros minutos la situación fue bastante pareja y los rayos habían logrado acabar con al menos una veintena de rivales, pero la atención divida de la mujer bajaba la eficiencia y puntería de esa estrategia.

Lo peor estaba por venir en el momento que el "cazador de criaturas" y sus habilidades mágicas entraron en acción y con una simple jugarreta estaba por cambiar la situación, el hombre comprendió que aquello que estaba protegiendo a la mujer de los ataques con flechas eran los mismos espinos de la barrera así que si la separaba de estos ella estaría a descubierto, su solución fue sencilla e ingeniosa: incendiar con magia aquel "escudo".

En el momento que el fuego ardió en la improvisada protección del hada ella simplemente salto a un lado para evitar una quemadura sería, afortunadamente sus prendas estaban totalmente empapadas, en el momento que se levantó y sin tener tiempo de esquivar o conjugar una ráfaga de viento una flecha de la mismísima ballesta del cazador dio en su pecho en la zona donde se encontraba su corazón, Maléfica sintió el dolor punzante del maldito hierro y los latidos desesperados de este órgano (tal vez los últimos, no estaba segura), ella no podía parar, no ahora, no con ese enemigo, así que concentrando su poder dirigió una mano al cielo y mirando a su adversario a los ojos, aquellos que ya celebraban la victoria lanzo un último rayo certero, el hada vio el momento en que el hombre era literalmente incinerado por la fuerza de su propia magia también escucho el horrible grito que profirió antes de morir electrocutado si estaba destinada a partir no se iría sola se llevaría antes de caer al menos a la mayor amenaza.

Maléfica observaba su obra, una sonrisa fría adornaba sus labios, mientras sentía un horrible dolor punzante en su pecho y en el sitio donde estarían sus hermosas alas, si tan solo las tuviera… estaba cayendo lentamente (o al menos así le pareció) mientras perdía la conciencia, uno de sus últimos pensamientos racionales fueron los recuerdos de aquella mañana en que Diaval le enseño por primera vez su forma humana, algo tan lejano, cálido e inesperado.

No habían pasado ni quince minutos desde el momento en que Diaval había sentido la poderosa magia de Maléfica manifestada en sendas columnas verdes y vientos que solo podían ser catalogados como huracanados, el agua caía a raudales y su actitud de volar bajo aquellas circunstancias solo podía ser catalogada como temeraria, su mayor deseo era llegar al lado de ella para luchar a su lado y protegerla de todo peligro, el dragón solo podía entrecerrar sus ojos amarillos ante el fuerte viento y ya cerca a su objetivo el cielo se ilumino con un descomunal rayo visible en toda la zona.

Diaval noto que tras esa descomunal descarga de energía que dejo cargado el ambiente, la manera en que los vientos se comienzan a calmar y la lluvia da paso a una ligera llovizna, en ese momento su pulso se acelera ya que presiente que algo malo le paso a su querida amiga.

Al llegar al sitio de la batalla se asusta por lo que ve, Maléfica esta tirada en medio del lodo, rodeada por las inequívocas señales de la lucha y los hombres armados se están comenzando a acercar a ella, la cual era una pequeña figura maltrecha que se encontraba en el suelo, además siente el tenue olor de la sangre proviniendo del hada, en ese momento solo puede sentir una cólera recorrer sus venas y un dolor que desgarra su corazón y lanza un furioso bramido al viento que paraliza a los humanos que se encuentran en tierra.

Los caballeros solo podían verse unos a los otros totalmente confundidos ante el aterrador sonido que acababan de escuchar, si creían que la batalla había terminado y lo único que faltaba era reclamar la vida de su adversario estaban bastante equivocados, ante su sorpresa y en medio del silencio sepulcral que sucedió a el descomunal gruñido, vieron aterrizar al frente de "la bruja cornada" un gran dragón negro el cual la olfateaba y observaba con una mirada calma y llena de pena.

- Apenas viva – son las palabras que articula Diaval, mientras su sangre comienza a arder rápidamente y la ira se apodera de su ser.

El dragón observaba la escena y apenas es consciente de las personas que los rodeaban y murmuraban confusas ante la capacidad de hablar de la bestia, mira con sus agudos ojos la flecha que sobresale del cuerpo de la mujer y nota que es totalmente metálica y probablemente forjada con magia, eso solo logra empeorar su humor al levantar su cabeza se fija en un cadáver calcinado a pocos metros, cuerpo que pertenecía al único enemigo que acaparo totalmente la atención del hada y comprende lo que aquel sujeto fue en vida.

Los soldados estaban comenzando a agruparse alrededor de la bestia con un entusiasmo que no correspondía con la situación, el rey Henry comenzaba a dar órdenes emocionadas ante el posible trofeo, el gobernante creía que el dragón sería una presa "fácil" ya que estas criaturas solo eran animales tontos con algo de magia o al menos eso era lo que había escuchado a lo largo de su vida, no tenía idea de lo equivocado que estaba.

A la criatura apenas le interesaban estos hechos y en su estado no los consideraba alarmantes, bajo otras circunstancias el ser rodeado por una centena de hombres entrenados y armados lo tendría en un estado de alerta absoluta y hubiera optado por buscar un método de escape para él y su acompañante, pero solo era capaz de ver a su amada hada, sin lograr que una idea coherente se formara en su cerebro ya que en el fondo solo sentía el desbocado deseo de quemar todo lo que lo rodeaba, de quemar el mundo por ella.

La primera víctima de Diaval fue un intrépido caballero que se separó de su grupo y sin esperar orden alguna trato de cortar la cola del dragón, el hombre no se esperaba la dureza de las escamas en las que reboto la espada sin causar el mayor daño (solo ciertas armas, el uso de una fuerza descomunal o magia eran capaces de lastimar no sin cierta dificultad a los hijos del fuego), tampoco se esperaba la desmedida fuerza del animal el cual de un coletazo lo lanzo a varios metros aplastándole totalmente la armadura y las costillas.

En ese momento Diaval levanto su vista sus ojos solo podían mostrar el desprecio y odio que sentía por sus adversarios, una mirada bastante inquietante y astuta que comenzó a alarmar ligeramente a los caballeros, mientras esto sucedía posiciono tranquilamente su gran cuerpo sobre Maléfica en una pose protectora que indicaba claramente que pelearía hasta la muerte para proteger al hada.

- ¿pero qué tenemos aquí? El gran rey Henry y su comitiva nos honran con su presencia el día de hoy. – la voz de Diaval era gruesa y ponzoñosa, se alegra ante las caras de confusión en su improvisada audiencia – ¿A cuántos has traído para acabar con la vida de una sola criatura? Solo un cobarde se esconde en la seguridad de los números.

- Calla demonio impío que solo desea la destrucción del mundo, hoy es el día que regresaras al infierno al que perteneces, al igual que aquella criatura que te invoco – el rey Henry mira despectivamente a Maléfica - ¡Vamos! Hombres que defienden la virtud ¡vamos! A acabar con el mal de este mundo.

- ¡Como ordene nuestro glorioso Rey! ¡vamos a traer la virtud a este mundo! ¡vamos a traer la verdadera justicia! – gritaban los caballeros fervorosamente.

- Si están tan deseosos de encontrar la "justicia" y la "virtud" en medio de una lucha sinsentido los ayudare, mi nombre es Diaval espero que recuerden el nombre del juez y verdugo que castigara sus ambiciosas acciones – la voz del dragón sonó fuertemente sobre los gritos humanos, inclusive se atrevió a dar una pequeña reverencia, no por nada era una criatura bastante educada y refinada.

La ira apenas contenida fluía como una ponzoña por las venas de Diaval alimentando su magia más agresiva y perniciosa la cual comenzaba a fluir a través de su ser en una sensación punzante que solo puede convocar al fuego destructor, aquel que las criaturas de su tipo los grandes dragones tienen especialmente reservado para sus enemigos, el calor era cada vez más fuerte en su interior y por primera vez desde su llegada al paramo está dispuesto a mostrar aquella parte de su naturaleza.

El fuego sale a raudales de sus fauces acompañado de un ensordecedor bramido, ya no es tiempo de palabras solo de acciones y Diaval solo desea convertir todo lo que lo rodea en cenizas, las armaduras aunque útiles en la lucha contra un hada no son la defensa más adecuada contra el fuego, en el primer soplo ígneo del lagarto mueren calcinados entre el metal los cinco hombres más cercanos.

Diaval observa molesto el suelo y la vegetación mojados por el diluvio anterior, también gira su cabeza para ver los espinos y los mira con odio porque sabe lo que significan para ella y también desea quemarlos, el agua aunque molesta no es un impedimento para su magia ya que el fuego de su primer ataque comienza a prosperar aunque para él no es suficiente ya que la creación no ha sido reducida a cenizas.

La atención del animal se centra momentáneamente en las pequeñas flechas que golpean su cuerpo y rebotan graciosamente contra sus escamas, un recurso desesperado de los hombres que lo combaten ya que notaron tardíamente que no estaban preparados para pelear contra la criatura que quería acabar con sus vidas, lo único que logran con este ataque es que el dragón recuerde sus prioridades y renueve sus ataques casi exclusivamente contra los humanos.

La única constante en la "estrategia" de Diaval era utilizar su propio cuerpo para proteger a Maléfica teniendo el suficiente cuidado de no pisarla con sus patas cuando se giraba para atacar o responder a alguna acción del enemigo, en ese momento esa era la única conducta medianamente racional de su parte, ella era lo único que estaba verdaderamente a salvo en aquel infierno de fuego y muerte en que se había trasformado aquella porción del bosque, los ataques de Diaval estaban siendo lo suficientemente poderosos para comenzar a debilitar los espinos y el dragón solo podía alegrarse ante el poder y la belleza del fuego, un tributo digno para su hada.

Se deleitó al notar que solo quedaba un pequeño reducto de humanos entre ellos el rey, también al ver como una sección de la barrera de espinos había sucumbido ante su poder dejando entrever a algunos habitantes de los páramos listos para luchar, esta visión en su estado más que tranquilizarlo lo preocupo ya que ellos querían separarla de su lado y nadie los separaría, su decisión más "racional" en ese momento fue atacarlos, afortunadamente ellos contaban con una magia lo suficientemente poderosa para resguardarlos temporalmente.

El Rey Henry solo podía ver con desesperación e ira como estaba perdiendo todo en las garras de aquella criatura, también recordar sus deseos no satisfechos con un hada que nunca correspondió a sus avances y la hija demoniaca de esta que nuevamente lo apartaba de esas ricas tierras, hace muchos años recordó fue capaz de poseer el cuerpo Hermia por la fuerza en frente de su vástago, pero la condenada mujer nunca cedió ninguno de sus dones o secretos, tampoco renuncio a lo último de su dignidad antes de morir y solo podía sentir odio por ella y por su hija Maléfica que le recordaban que existían criaturas que nunca se doblegarían ante sus caprichos o deseos, recordándole que solo era un humano más, independientemente de su corona o títulos.

La ultima movida de un rey decadente, obsesivo y desesperado en medio de aquel infierno fue lanzarse en un ataque desesperado para al menos rematar al hada, estrategia que lo llevo directo a las fauces del dragón las cuales lo apresaron con una fuerza brutal, los colmillos atravesaron la blanca armadura antes de matarlo, el cadáver del hombre fue lanzado a un lado e incinerado por aquella criatura que sin buscarlo se convirtió en juez y ejecutor de los hombres irracionales que buscaban los tesoros que nunca les habían correspondido.

La muerte del rey no significaba el final de la batalla para Diaval el cual se giró lentamente hacia el páramo para observar un contingente demasiado heterogéneo y que a diferencia de los humanos podrían darle pelea, él deseaba quemar todo aquello que quisiera separarlo de Maléfica y ellos no eran la excepción, o al menos eso creía en ese momento en que la ira y el fuego seguían dominando sus acciones, ya estaba preparándose para iniciar la lucha e incinerar esas tierras cuando una tranquila voz se dirigió a su persona.

- Nadie la va a separar de tu lado Diaval, Maléfica necesita atención para esas heridas y como has dejado bastante claro tu magia de fuego es incapaz de curarla, si ella no recibe un tratamiento adecuado morirá – le dice Kane el pequeño dragón feérico de los páramos, con una voz calmada, no parece afectado por la escena dantesca que se desarrolla frente a sus ojos, a su lado se encuentran sus hermanos – piénsalo bien muchacho, si ella muere todo lo que has hecho será en vano.

- … – Diaval los observa y lentamente retrocede para mirar al hada y comienza a replantearse sus prioridades, mientras el fuego le susurra que continúe con su lucha.

- Deja que la llevemos donde Ciara – replica Cane vigilando cada pequeño movimiento de su posible adversario y muy preocupado por el hada oscura.

- Nadie más la toca – es la única respuesta de Diaval, es una afirmación desafiante a sus mayores y una amenaza velada a los habitantes de los moros.

Ante la sorpresa de los presentes el dragón se convierte en hombre y con sumo cuidado alza a la mujer mirándola con infinita devoción y preocupación, las demás criaturas solo atinan a abrirle el paso y se plantean por primera vez la verdadera naturaleza destructiva de Diaval y su relación con Maléfica.

A medida que la pareja se aleja del campo de batalla el fuego se calma lentamente, varios de los reductos más agresivos de este comienzan a extinguirse por sí solos, la magia del fuego destructivo empieza a desaparecer del ambiente y da paso al olor de la madera quemada y los cadáveres calcinados.

Esa noche el páramo había ganado una feroz batalla contra los humanos aunque muchos se preguntaban alarmados ¿Cuál era el precio pagado por aquella victoria?