Esta es una traducción del relato "The Chosen", de Lyon's Own.
Por supuesto, los personajes pertenecen originalmente a J.K. Rowling...
EL ELEGIDO
Capítulo 6
Se quedó parado, perfectamente inmóvil mientras las voces de los pájaros de la noche lo envolvían con sus conversaciones. El viento suspiraba a través de los árboles, trayendo los aromas y los sonidos del bosque. A su alrededor, la noche latía, viva. Cerró los ojos, escuchando atentamente, filtrando la música de la noche, que por más bella que fuese lo distraía...¡allí! Para otro ser, el sonido apenas se hubiese registrado, pero él lo escuchó claramente: los golpes de pisadas corriendo, resueltas y firmes. ¡La persecución comenzó!
Giró, rastreando la fuente -el fantasma cazador-, y se adentró entre los árboles. Rió en silencio, mientras oía un ténue gruñido de frustración. No, no habría una presa fácil esta noche. Se deslizó entre las sombras y maldijo cuando una ramita se le enganchó en la túnica, el chasquido al quebrarse, hizo eco en el bosque, y en ese instante, supo que había sido descubierto. Giró para pelear, los colmillos descendidos, las garras alargadas; se afirmó sobre su terreno, desafiante. Tómame si te atreves, gritaba su cuerpo..
Y, con la guardia baja, se vió tacleado, enredado entre brazos, piernas y dientes. El impacto del aterrizaje lo forzó a exhalar una ráfaga de aliento de sus pulmones. Rodaron, se pellizcaron, se mordieron uno al otro; desgarrándose mutuamente las túnicas, intentando llegar hasta la piel, sin detenerse en los cortes y rasguños dejados por dientes, garras, y detritos del suelo del bosque. Ninguno quería ceder dominancia, hasta que, finalmente, el individuo misterioso se agachó sobre él. Un profundo y amenazante gruñido nació de la garganta de su amante. 'Amta', la palabra retumbó desde el pecho misterioso 'Amta kalei'.
Apoyando su peso en un codo, él levantó una mano hacia su amante con una sonrisa predadora. 'Idres taleth. Idres kalei', dijo con un suspiro grave. Su respiración le fue robada otra vez, cuando una boca perversa, poderosa, húmeda y caliente, se pegó a la suya. Se estremeció, mientras era besado salvajemente. Besos intensos, agresivos, le quemaban la piel. La boca de su amante se movió, e instintivamente, descubrió su cuello. "Siempre tuyo", jadeó, con voz ronca, áspera, feroz aún en su consentimiento.
-¡PRIMO! ¿Qué estás haciendo todavía en la cama? ¡Debes estar en los salones del Concejo para la Presentación en menos de una hora!
Unos ojos grises se abrieron de golpe, por un momento parecieron plateados -al instante cautelosos y en alerta-, el calor y el brillo en ellos forzó a la intrusa a retroceder.
-Si no fueses mi Castellana, y no te quisiera tanto Marjeta...- El Gran Señor gruñó, dejando la amenaza inconclusa. Levantándose, echó a un lado su cobertor con un bufido.
-No dormiste bien.- Dijo su auxiliar, con tristeza.
El Jefe de Todos los Clanes, Gran Señor Draconis, sin vergüenza, se acomodó, pasó una mano por su cara, cerrando los ojos. Todavía podía sentir los cálidos besos en su boca, sus mejillas, su cuello...desechó las sensaciones engendradas por el sueño, respiró profundamente varias veces para calmarse.
-Dormí bien- Dijo, finalmente, una vez que se controló. Abrió los ojos y se encontró con la mirada preocupada de su amiga. –Soñé con él, otra vez.
Marjeta frunció el ceño. –Van dos veces en dos días. ¿Qué crees qué significa, Draco?
El Gran Señor se encogió de hombros. -No...no estoy seguro. Quise preguntarle a Etienne, pero él ha estado ocupado, como guía de uno de los Prometidos. Lo buscaré esta noche-. Draco suspiró. –Ahora, ya que me despertaste tan graciosamente, debería levantarme.
Marjeta sonrió levemente ante el gesto familiar.- Siento haberte arrancado de tu sueño, primo; pero necesitas comer, y alistarte. Qué diría Tío Romare...Tarde para su propia Presentación-. Chasqueó la lengua descaradamente.
Draco resopló, y se puso la bata. – Si mi Señor estuviese por aquí para decir algo, yo no estaría en este predicamento, ¿verdad?- Se quejó en broma. Cruzando su habitación camino al baño, le dió un abrazo suave a Marjeta. -Desearía que estuviera aquí. Lo extraño, ¿sabes?
Marjeta le devolvió el abrazo, acariciándole levemente el cabello, él era una parte importante en su vida, no sólo su Señor, sino también su familia, el hermanito que siempre quiso. –Lo sé, pequeño. Él estaría orgulloso de ti. Especialmente hoy-. Se separó de él y le dio un beso en la mejilla. -Ahora, a bañarte. ¿Envío por el desayuno?
-No, no te molestes, dudo que tenga tiempo. Realmente debí haberme levantado hace horas. Necesito tratar esos acuerdos comerciales, y las peticiones que llegaron temprano esta semana. Hoy es mi último día libre completo.
Su ayudante frunció el ceño. –Eso puede esperar, necesitas dormir. Has estado sobre-exigiéndote durante muchos días, tratando de hacer más trabajo del usual. Y con el Amoraj...
Una mano elegante hizo un gesto, señalando, desde el baño. -Sí, sí, ya lo sé. Ahora, sirve para algo, prima, y búscame algo para usar-. La liviandad burlona de su voz, señalaba que había logrado la calma que se le había negado al despertar; y que todo estaba disculpado.
Marjeta rió, camino al guardarropa. Ambos sabían perfectamente bien que no tenía elección en lo que debía usar el día de la Presentación. Cuando abrió las puertas, oyó que la ducha comenzaba a correr, y esperó. Muchas mañanas, ella lo encontraba en la ducha, y él nunca se desviaba de su rutina, sin importar qué presiones tuviera en su mente en ese momento, cantaba. Hoy no fue diferente, y ella sonrió mientras el Gran Señor de los Vampiros comenzaba a cantar su tonta canción muggle sobre el sol, buenas mañanas, desayuno y tostadas; luego se encogió ligeramente cuando el canto se hizo más fuerte y desentonado. Prometía ser un largo día para todos, sacudió la cabeza riendo suavemente, deseando que este buen humor durase toda la jornada.
Una vez bañado, obligado a tomar un breve desayuno, y vestido con su túnica ceremonial, Draco caminó a grandes zancadas, con aire regio, por los pasillos de Kynaston, con Marjeta -que cargaba una pila de pergaminos en un adornado portafolio-.
Mientras caminaban, discutían la petición de Su Li, del Clan Izanami, de la Casa Lo-Shen. El noble quería fundar otra Casa dentro de Izanami, y lo había pedido implacablemente durante los últimos cincuenta años. Sus argumentos habían cambiado con los años, haciéndose más razonables, ganando apoyo dentro y fuera del Clan. Draco reconocía los beneficios de su propuesta, y se inclinaba a autorizar la petición, esta vez. Pero, establecer una nueva Casa no era algo simple, las implicancias eran de amplio alcance, y aún más, porque la Casa Inari deseaba ser distinguida como casa de guerreros y artesanos, concentrándose en entrenamiento en las antiguas artes marciales, y en la confección de espadas, algo muy raro entre los de su Clase. Había mucho por considerar y equilibrar, antes de hacer ningún tipo de anuncio.
Cuando entraron a la Antesala del Concejo, le devolvió los pergaminos a Marjeta, quien le dio un beso de bendición en la mejilla, y lo dejó, para atender sus otros deberes. Con un suspiro, se dejó caer en una silla, resignándose a pasar lo último de su 'día libre' con Su Li y los que apoyaban a la Casa Inari, que habían llegado con el Clan Izanami.
Por ahora, dejó de lado sus reflexiones sobre deberes y política, para pensar en su sueño. Tenía una certeza, su Elegido era hombre, eso lo pudo distinguir en sus sueños, y pensándolo se dio cuenta de que no tenía reales preferencias. Aún antes del...cambio, él se consideraba bisexual, pensando que era la persona, no el exterior, lo que importaba. Por supuesto, comprendió que su visión de la sexualidad, aún entonces, era un reflejo de su naturaleza como vampiro. Ahora, esos rótulos no importaban, no había palabras para diferenciar sexualidad entre los de su Clase; el amor era amor, no importaba su forma.
Y, por su sueño, él sabía...bueno, sospechaba, con bastante certeza, el significado de su sueño. Después de todo, él se había permitido algunos encuentros, antes del...cambio, y descubrió, con los pocos amantes hombres, que disfrutaba ambas posiciones, como receptor y como dominante.
Pero, las cosas eran diferentes ahora; y pensaba que el sueño era una manifestación de esa diferencia, o una de ellas, al menos. Él no podía elegir arbitrariamente a sus compañeros de cama; su naturaleza no le permitía vulnerabilidad o sumisión con nadie que no fuese su igual, con quién no pudiese equiparar su fortaleza. El predador en él, se rehusaba a ceder el control a nadie que no fuese suficientemente fuerte, suficientemente poderoso, como para estar a su lado en todas las cosas, guardar su corazón, proteger a sus hijos...
Debes ser suficientemente fuerte para tomarme, suficientemente astuto para atraparme, suficientemente valiente para estar a mi lado. Mi escudo, mi espada, mi corazón y hogar. No puedo aceptar menos. Y tú estás aquí, puedo sentirlo. La cuestión es ¿me escogerás tú a mi?.
Draco cerró los ojos, tratando de recapturar algún detalle del hombre misterioso de sus sueños, puso el largo mechón que le enmarcaba la cara, detrás de la oreja y esperó el llamado; de un modo u otro, todo se revelaría pronto.
DDDDDDDDDDDDDD
Después de descubrir que la tina era maravillosa, Harry se preparó, acomodándose el cuello de la túnica color marfil, bordada en verde oliva y carmesí; sobre sus pantalones color vino, y sus botas de piel de dragón. Como las túnicas que usó desde que llegó, esta tenía un tajo desde el dobladillo hasta la cadera, aunque era más larga que las otras, cayendo hasta sus tobillos, en vez de detenerse a medio muslo. Etienne le había mostrado el conjunto la noche anterior, y Harry se había sorprendido y se había mostrado aprensivo, ante la idea de usar semejante túnica, costosa y bella. Sonrió recordando la respuesta de Etienne, y acarició con los dedos la...
Seda, cierto. Ah, no, no es suficiente decir que es una buena tela...Uf! Etienne!
Harry rió todo el camino hacia el balcón, donde descubrió que había amanecido un hermoso día. Atendió a Ulrike, y miró fascinado como se lanzaba al vuelo en el cielo de la mañana. Elly quería obligarlo a comer, pero sus nervios eran tales que el prospecto le parecía repelente. Tranquilizó a la elfina lo mejor que pudo, y finalmente aceptó una taza de té para aplacarla, mientras esperaba a Etienne;éste llegó cuando apoyaba su taza en el plato por última vez.
-¡Buen día, Harry!- el Vidente lo saludó sonriendo.
-Buen día, Etienne. Estás de muy buen humor.
Etienne hizo una inclinación con la cabeza. -Todos lo estamos, Harry. Hoy es el comienzo del Cortejo. Es un tiempo importante para nuestra Clase, un buen tiempo.-Le extendió la mano. -¿Estás listo?
Harry pasó una mano por sus ya desordenados cabellos. –No, realmente- dijo con ligereza, deseando que la broma menguara los nervios, -pero lo esté o no, es hora de irnos.
Etienne le tomó la mano.-No te preocupes, Harry. Todo sucederá como te lo he explicado, luego, el día será tuyo para que hagas lo que desees. ¡Relájate, deja de preocuparte tanto!- Agregó con un golpecito juguetón en el brazo de Harry.
Lo condujo fuera de las habitaciones, por el laberinto de corredores, y en poco tiempo, Harry se encontró en una adornada sala de espera con una pequeña cantidad de gente. Unos cuantos, como él, vestían las túnicas color marfil, otros, usaban los tipos de túnicas que vió en La Ciudadela; en varios colores, con diferentes tipos de bordados, cortes, lazos, para hacerlas únicas; y aún otros, usaban túnicas muy formales de muchas capas. Había un ambiente de excitación y expectativa en la habitación, pero se hablaba muy poco. Conversaciones breves, en murmullos, eran los únicos sonidos; y las miradas lanzadas entre los grupos eran un poco desconcertantes. Harry se alegraba de la presencia calma y tranquilizadora de Etienne a su lado.
Habían esperado algún tiempo, cuando una mujer muy joven entró a la habitación. Sin un patrón, que Harry pudiera descubrir, se movió de grupo en grupo y puso a los Prometidos en una línea. Cuando alcanzó a Harry, Etienne le tomó la mano. –Es hora, Harry. Sólo sigue a Seda, ella te guiará dentro de la Sala del Concejo. Recuerda que no hay nada que temer. Todo es muy simple.- Con esto, Etienne, y todos los que habían escoltado a los Prometidos, dejaron la sala. Harry era el último en la línea, ubicado entre una jovencita que parecía una estatua, con cabello de un profundo caoba que le caía en ondas hasta la cintura. Sí tuviese que adivinar, él diría que era vampiro, lo que le hacía preguntarse si él sería el único mago entre los Prometidos.
No pudo seguir con sus reflexiones, porque Seda los guió a una lujosa sala de reunión, donde se colocaron, de pie, frente a una mesa circular. Catorce personas estaban sentadas alrededor de la mesa, dejando el frente abierto , para que ninguno le diese la espalda a los Prometidos. Al lado de la silla vacía, la número quince, se sentaron Marjeta y Etienne, cerca, como para ser parte de los procedimientos, pero era obvio que no eran parte del Concejo. Harry recorrió cada rostro, tratando de obtener algún signo de quiénes eran. Pero, de la mayoría, sólo obtuvo gestos de bienvenida y anticipación.
Ocupado con estas observaciones, pasó un tiempo hasta que se dió cuenta que una mujer diminuta, con sorprendentes ojos violetas, y elaboradas trenzas marrones, hablaba a la asamblea; entonando algo parecido a una bendición. Supuso que era la sacerdotisa que le había mencionado Etienne. Hablaba suavemente, pero un gran poder hacía eco en sus palabras, mientras movía con destreza sus manos en el aire, a tono con su conjuro. Finalmente, levantó las manos y bebió del cáliz de cristal que había levantado en alto.
Fue hacia la fila, tocando a cada Prometido, rozándoles con sus dedos las cejas, luego tomándoles las manos. Su rostro estaba en total calma durante todo el proceso, hizo su recorrido de Aerun a Tau, a Saeth, a Vren, a Laes, a Nyr, y finalmente, a Harry. –Raure- dijo ella bajando sus manos gentilmente. Harry, ahora Raure, asintió su aceptación, y la sacerdotisa fue hacia un lado.
- Se les han dado sus nombres, con ellos permanecerán hasta la Elección. Buen encuentro, Prometidos. –habló una mujer de piel dorada, cabello azabache y profundos ojos marrones, con forma de almendras, de los que rodeaban la mesa. –Qué cada uno de ustedes encuentre alegría entre nosotros- inclinó la cabeza en una breve reverencia y los demás se pusieron de pie. – Yo soy Kaipat Matagolai, de la Noble casa de Auberon, del Clan Anata, voz del Clan Frigg, les doy la bienvenida.- Hizo una inclinación como saludo.
Un hombre alto, de cabello rubio corto y ojos cafés, a la izquierda de Kaipat Matagolai, fue el siguiente. – Yo soy Ossian Lattimer, de la Casa Makani, del Clan Anata, voz del Clan Cloatlicue, les doy la bienvenida.
Harry se animó cuando una mujer con unas trenzas artisticamente arregladas, piel y voz ricas como el chocolate, se presentó como Belle Orifé, de la Casa Jubal, del Clan Anata, voz del Clan Isis. La Jefa de la casa de Eloene tenía una voz tan encantadora como la de su protegida, aunque con un timbre diferente. Y así siguió, hasta que todos los que rodeaban la mesa fueron presentados, y cada Clan, con excepción del Clan Anata, fue representado.
Cuando el Concejo terminó con su presentación, Marjeta dio su nombre a los Prometidos, explicando que ella, como Castellana, representaba al Gran Señor, y hablaba en su nombre, por la Noble Casa de Arsaelan, del Clan Anata.
Una vez concluidas las formalidades, la joven que los había guiado hasta allí, dejó la sala y retornó enseguida, anunciando que el Gran Señor estaba listo. Como todos los Prometidos, Harry esperaba nervioso por la aparición del Señor Vampiro, por el arco adornado con volutas.
Después de un momento, apareció. Vestido en un traje similar a los de los Prometidos, con una túnica verde oliva, con un borde en carmesí y marfil. Alto, ágil, un hombre joven con ojos grises brillantes y cabello rubio platinado, entró a la Sala del Concejo. Seda lo anunció, y todos se inclinaron profundamente, con una excepción. Harry jamás mostraría respeto o cortesía ante el monstruo que tenía delante, y aunque hubiese querido, su cerebro parecía haberse detenido y no enviaba más señales a su cuerpo. Estaba inmóvil, con una furia tal que le nublaba la vista y le quemaba la mente.
¡El Gran Señor es el maldito Draco Malfoy!
No podía creerlo. No lo creía. ¡Draco Malfoy estaba muerto! Todos lo sabían. ¡Todos! Dejó el colegio y corrió a unirse a Voldemort y sus Mortífagos, antes del final del sexto año. Ni esperó a que terminaran los exámenes, sólo se fue para arrastrarse bajo el dobladillo de un hechicero loco. Todos sabían que Malfoy murió durante la guerra, en un ataque de Mortífagos, o fue torturado hasta morir por su amo, por fallarle en el cumplimiento de su tarea. No había modo de que estuviera aquí, ahora, parado delante de todos, con la cabeza en alto, los ojos brillantes y amables, emanando orgullo gentil, silenciosa confianza y una fortaleza inmensa.
Éste, no es Draco Malfoy. ¡Malfoy estaba muerto! Y si no lo estaba, entonces, Harry lo arrastraría de vuelta a enfrentar sus crímenes. No tenía derecho a pasearse como si fuera inocente.
La sangre le rugía en los oídos, ahogando todo, excepto sus frenéticos pensamientos.
Una broma. Esta es alguna broma enfermiza, o una equivocación horrible. Este no es Draco Malfoy. ¡Draco Malfoy está muerto! Muerto, muerto, muerto. Muerto, con sus compañeros Mortífagos, asándose en el infierno adonde pertenece. Esto no está sucediendo.
Captado en el círculo vicioso de furia y negación, Harry perdió el sentido de lo que pasaba alrededor, no registró nada, y sólo después de que unas palmas callosas se separaron de sus manos temblorosas, y de que las palabras familiares salieron de su boca, se dio cuenta de su colosal error.
-Deketh han, Raure, amir sen lasagh mien vie sede.- dijo, y ahora, estaba hecho. Se había comprometido a formar parte de esta charada. Furioso consigo mismo, por haber perdido la oportunidad de decirle a Malfoy que se meta el cortejo por su culo de pura sangre, distraído en sus pensamientos, sintiéndose traicionado, a punto de estallar de furia por la injusticia de todo esto, Harry gruñó y salió hecho una tromba de la sala. Sin importarle los rostros impactados y ultrajados de alrededor. Necesitaba salir. Tenía que salir. ¡Ahora!
No podía quedarse, ¡no podía! Harry giró y se coló por la puerta por la que habían entrado, nadie pudo hacer otra cosa, más que mirar con la boca abierta. Sin dirección o propósito, además de poner la mayor distancia entre él y su enemigo, Harry corrió.
Caos y confusión estallaron en la Sala del Concejo, cuando el Prometido Raure los tomó a todos por sorpresa. Los restantes Prometidos y recién nombrados Honrados se miraban entre ellos y sus guías, con incertidumbre y cautela, nadie había estado preparado para esto. Los miembros del Concejo murmuraban con severidad entre ellos, o trataban de recuperar su porte, esta era un situación totalmente nueva para ellos.
Con un leve movimiento, Draco envió a Etienne tras su cargo, y luego tranquilamente, empleando toda su gracia y autoridad, terminó la ceremonia.
Etienne localizó finalmente al joven mago en un pasillo, y lo empujó hacia una salón. El hechicero temblaba, furioso. El Vidente puso hechizos de privacidad en la habitación, antes de enfrentarse al iracundo mago.
- ¡Dime que no lo sabías!- Harry demandó, sus palabra sonaron a pedido y a una vehemente negación.
- ¡Dime, oh gran Vidente de los Clanes,- Harry hizo una mueca despreciativa mientras Etienne continuaba parado sin expresar nada- que tú no sabías que tu precioso Gran Señor es un Mortífago, que voluntariamente siguió a un loco que asesinó a incontables brujas y magos, incluídos mis padres!- Harry se quebró en un sollozo, superado por un torbellino de ira e incredulidad. Incapaz de reconciliar lo que él sabía y lo que había aprendido, se alejó de Etienne, no quería mostrar su lucha, o lo profundamente herido que se sentía por la decepción.
Etienne sacudió la cabeza, lentamente. –Eso no es cierto, Harry- dijo amablemente, deseperadamente preocupado por la reacción de su cargo.
Harry resopló, cruzando los brazos como si se escudara. –No me digas que no es cierto, Etienne. Yo sé que es cierto. Fui al colegio con él por casi seis años. Sé todo sobre este sádico, egoísta, psicópata. Se fue para unirse a su padre y a Voldemort antes del término de las clases. No pudo esperar para arrastrarse sobre sus rodillas y sus manos, para besar el dobladillo de la túnica de esa abominación.
Harry giró, caminó a grandes pasos hasta el Vidente y lo empujó en el pecho. –¡Tú dijiste que los de su Clase son seres vivientes, no seres sin alma o muertos, pero eso es exactamente lo que él es! ¿Cómo lo hizo, con Artes Oscuras? Con ...
Harry se detuvo en la mitad de la frase, superado por una sensación de calma. Se sentó pesadamente en uno de los asientos del salón, sintiendo que eso es lo que necesitaba hacer, a pesar de su ira y el revuelo en sus pensamientos. Se compondría, y luego él y Etienne hablarían. Gritar no los llevaría a ninguna parte, hablarían, y él escucharía. Una vez instalado, giró y miró con enojo a su guía, sentado en una silla confortable, enfrente.
-¿Qué me hiciste?- Preguntó, su voz tranquila desmintiendo la furia que él luchaba por mantener, y que se deslizaba cada vez que quería retomarla.
Etienne se encogió de hombros. –Casimir no es el único Cautivador que vas a conocer, Harry. Aunque tienes una voluntad fuerte, de hecho, puedo sentir que luchas contra la compulsión, lo que es asombroso, pues la compulsión no puede ser arrojada fuera de la mente como el maleficio Imperio; es un tipo de magia muy diferente, innata para los de nuestra Clase. No he hecho nada más que asegurarme que esto sea una conversación en la que ambos podamos tomar parte. No he hecho nada para interferir con tus pensamientos, ni los he influenciado de ningún modo, sólo quiero que hablemos con calma.
-Nunca más confiaré en ti, después de esto, Etienne. Es una violación. Me diste tu palabra de que nada me lastimaría...pero yo he tenido suficiente experiencia con Mortífagos, que no honran sus promesas, no debería haber esperado otra cosa.- Harry dijo con una voz fría y distante, sus ojos eran duros como el acero.
Dolor cruzó por la mirada de Etienne, y suspiró. –Supongo que lo merezco. Es una traición, Harry, lo sé y lo siento. Si llegarás a aceptarlo ahora o algún día, no lo sé, aunque espero que lo hagas; porque te aprecio mucho, Harry.
Aunque es necesario, por ahora no me dejaste alternativa. Hay mucho que no entiendo, y hay mucha ira en ti. No puedo ayudarte si no podemos oirnos uno al otro, y hay mucho que aún debo enseñarte, ahora que aceptaste el Cortejo. Aunque parece que la aparición del Señor Draconis te ha hecho cambiar de opinión sobre nuestra Clase, y necesito saber por qué, y necesito convencerte de que estás en un error.
Harry bufó y Etienne apretó los labios, desaprobando. –Estás equivocado. No somos Mortífagos, Harry. Los Clanes nunca han estado aliados a Voldemort o sus seguidores, ni en esta guerra ni en la anterior. Hasta donde sé, él tuvo éxito reclutando unos pocos de los marginales para su causa, pero ni el Gran Señor Romare, ni el Gran Señor Draconis jamás pensaron en aliarse con ese oscuro hechicero.
Harry sacudió la cabeza. -¡No! No me importa lo que me digas, yo sé que Draco se fue para ser marcado, y todos saben que murió durante la guerra.
Etienne se apoyó en su silla, calmadamente. –Y tú sabes eso, ¿cómo?
Mientras contestaba, la respiración de Harry se tornaba áspera, irregular, con el recuerdo de viejas heridas. –Todo el mundo lo sabe. Él se encargó de jactarse de sus alianzas con frecuencia- Dijo el mago, agriamente, -¡Sólo esperaba su oportunidad para seguir a su perturbado padre, en su oferta de genocidio!
Sacudiendo la cabeza, Etienne le calvó una mirada dura, -Si eso es lo que 'todo el mundo sabe', Harry, entonces, 'todo el mundo' está equivocado. Yo conozco la ideología que el joven Malfoy repetía como un loro, para ganar la atención y el amor de su padre. Sé tambien, lo inútiles que fueron esos esfuerzos.
-Un hijo,- Etienne comenzó suavemente- debe seguir el ejemplo de sus padres, hasta que es suficientemente maduro para pensar, elegir y hacer por sí mismo. Draco Malfoy, como tú lo llamas, le dio la espalda a este Voldemort. Él rechazó lo que sostenía su familia por nacimiento. Él nunca fue engañado por la marca oscura de ningún hechicero, y es un hombre seguro de sí mismo.
Etienne suspiró. –No tengo derecho a contarte su historia, no es mía, pero te aseguro; te juro, por el honor de mi nombre, de mi Casa, si me crees, él no es un Mortífago, su lealtad está con los Clanes en primer lugar.- Etienne hizo un gesto con la mano, y apareció una licorera con un líquido ámbar, se sirvió y la dejó sobre la mesa cuando Harry negó con la cabeza.
- El Señor Draconis no nació en nuestra Clase, tampoco ha sido convertido, Harry. El se ha transformado en uno de nuestra Clase. Es un hecho extraño, y que haya sobrevivido, habla de su determinación y de sus dotes. Él sobrevivió a un cambio grande y peligroso cuando recibió su herencia, y desde entonces, entrenó y se preparó hasta que estuvo dispuesto y pudo liderar a nuestra gente. Saca tus propias conclusiones, Harry, pero tal vez puedas explicar si sucedió como tú dices, cómo lo hizo, si ha estado entre nosotros esta última década.
Harry frunció el ceño, lo que Etienne decía tenía sentido, si era verdad. Pero nunca es fácil renunciar a creencias largamente sostenidas, y Harry no estaba dispuesto aceptarlo. -¿Por qué dejaría el colegio si no fue para unirse a los Mortífagos?- Desafió.
Etienne movió sus largas manos en un gesto de incertidumbre.
-No puedo decirte porqué dejó Hogwarts, Harry. Eso es algo que debe responderte él mismo, lo que te diré, es que verdaderamente, él no está marcado, nunca se unió a Voldemort. Es un buen hombre , y honorable. Yo nunca apoyaría a alguien que condujera a los Clanes a seguir a semejante déspota, tampoco el Concejo ni los Clanes lo harían-. El Vidente hizo una pausa, pensativamente. –Lo que debes considerar es si lo que tú sabes con tanta seguridad, son algo más que suposiciones. Los magos pueden ser muy prejuiciosos, y con frecuencia saltan a conclusiones basadas en hechos que han 'interpretado' para que quepan en sus caprichos. Tal vez lo que tú piensas que sabes es, nada más que lo que te han hecho creer.
Etienne miró a Harry, midiéndolo.- Y, tal vez…tal vez hay más en esto.- Juntó los dedos, sin quebrar el contacto visual. Finalmente, asintió. –Hay más, en esto.- Dijo con seguridad.- No es sólo lo que los demás dijeron sobre el Señor Draconis en el mundo mágico, o que tú piensas que él estaba en el lado opuesto al tuyo durante la guerra contra la oscuridad. Hay algo más…personal que enciende tu incredulidad.
Harry asintió firmemente, no había razón para negarlo. –Lo odio-. Su voz exudaba veneno y amargura.- Lo he hecho casi desde que lo conocí, y el sentimiento es mutuo. Fuimos rivales en el colegio. Él hizo todo lo que pudo para menospreciarme a mí y a mis amigos. Nos atacaba constantemente, y le ofreció su ayuda a una mujer que llegó al colegio usando Artes Oscuras contra niños. Él lideró la persecución del compañero de mi padrino, que es un hombre lobo. Trató de que me expulsaran, muchas veces, y eso hubiese significado separarme del primer hogar real que tuve. Ridiculizó la muerte de mis padres, y presumió cuando Voldemort revivió, y un joven fue asesinado, él despreció el dolor de todos los que lo conocimos y apreciamos.
Resopló. –Él alabó las acciones de su padre cuando hizo posible que el espíriu de Voldemort poseyera a una jovencita y liberara a un basilisco que atacó estudiantes, casi matando a algunos.- Harry sacudió la cabeza, tratando de sacarse de encima el peso del dolor pasado, -Y, cuando su padre fue llevado ante la justicia por sus maldades, finalmente puesto en prisión por su participación en la batalla del Ministerio de la Magia, donde mi…- Harry hizo una pausa y se aclaró la garganta, pasaron tantos años y todavía le era penoso hablar del Departamento de Misterios, -…mi padrino murió, Draco apoyó a su padre públicamente pidiendo su liberación porque decía que mis amigos y yo mentíamos. Menospreció nuestro dolor y se burló de mi pérdida. Era monstruoso.
Harry bajó la cabeza y contempló las cicatrices que marcaban sus manos. –No creo que un hombre así sea bueno. No puedo sufrir conscientemente las atenciones de un ser tan cruel, egoísta y malicioso.- Dijo suavemente.
Etienne se reclinó en su silla. – Tan graves crímenes, Harry. No te culpo por tu shock, ni por tu reticencia. Lo que mantengo, de todos modos, es que el Gran Señor Draconis nunca siguió al mago que se hacía llamar Señor Oscuro. Y, …te pido, Harry que aprecies esos crímenes de juventud con un ojo adulto. Tú te has aferrado al dolor de tu infancia, y sería un error de mi parte o de cualquier otro, decir que ese dolor no importa. Te ha afectado profundamente, en muchas maneras, influenciando la dirección en la que creciste, sirviéndote de ejemplo de quién y cómo no querías ser. Tal vez, las acciones y convicciones de ese hiriente y arrogante chico influenciaron al Señor Draconis, también, tal vez de formas que tú no puedes ver o no puedes conocer. Tú eres una persona muy diferente de la que fuiste a los once o doce años, o aún a los dieciséis. ¿No es posible que el Señor Draconis sea diferente al chico que odiabas y qué recuerdas?
Harry sacudió la cabeza con vehemencia, -Él no cambió. No puede cambiar la esencia fundamental de alguien.
Etienne levantó un ceja ante estas palabras, -¿Tú no puedes?
- No-. Dijo Harry, firmemente- Draco Malfoy fue malvado. Tu Señor Draconis debe ser malvado, también.
Etienne suspiró y negó con la cabeza. –Tal vehemencia y condena, Harry-. Dijo, desaprobando. –Él era un chico, ningún chico debe ser desechado como malvado. ¿Mató? ¿Mutiló? Si es como tú dices, que nadie cambia desde la niñez, deberíamos condenarnos o salvarnos por la primera elección que hemos hecho. En semejante mundo rígido, me sorprendería que haya alguien que fuera considerado bueno-. Dijo, cortante. –Cada niño que hiere a otro con palabras crueles o hechizos insignificantes, debería ser encerrado por el bien de la sociedad.
Harry hizo una mueca de disgusto. –Eso no es lo que quise decir, Etienne…Él es…
- Un hombre muy diferente al chico que tú conociste-. Argumentó el Vidente, gentilmente.-Sé cómo el joven Malfoy fue criado, cómo se esperaba que actuara, y qué se suponía que creyera, Harry. También sé que ya no es un chico, y créeme, tú no lo conoces como crees. ¿No hay nadie qué tu conozcas qué es diferente ahora a como era cuando niño? ¿Nadie que resultó un enemigo, y qué tú creías un amigo? ¿Nadie resultó mejor de lo que pensabas, redimiéndose a sí mismo?
Etienne respiró hondo. – Sólo tú puedes saber si tienes el corazón para ver por sobre el chico que fue, y perdonarlo. Pero, si eliges condenarlo, hazlo por quien es, no por quien tú recuerdas que fue.
Harry cerró los ojos, queriendo lanzarle una réplica mordaz, pero no pudo. En lugar de ello, pensamientos de traición, redención y cambio se filtraban en su mente. Pensó brevemente en Snape y en el tormento que soportó a manos de su padre y de Sirius; en Seamus Finnigan y en Percy Weasley, expuestos como Mortífagos espías, en Peter Petttigrew, que se suponía un amigo y traicionó esa confianza. Allí, sentado, pensamientos y recuerdos se arremolinaban y batallaban en él; y en su mente, sintió un gentil roce, como una amigable palmada en el hombro, y supo que Etienne lo había dejado y estaba solo en su mente, para encontrar sus propias respuestas.
dddddd
En la Sala del Concejo, los temperamentos estaban marginalmente más fríos, apenas. El enojo manchó el final de la corta aceremonia; los restantes Prometidos y Honrados (como Draco había esperado, la bruja y las dos mujeres de su Clase, rehusaron el Cortejo), fueron sacados de la habitación rápidamente, con el conocimiento de que los guías, todos miembros prominentes de las casas nobles, los atenderían a la brevedad.
- Esta es una afrenta, un ultraje-. Estalló Prakash. –Jamás un Prometido fue tan irrespetuoso y desdeñoso con nuestras costumbres. ¡Semejante conducta no puede ser tolerada! ¡Raure debe ser despedido del Amoraj!
Unos pocos murmuraron su acuerdo, y envalentonado por el apoyo, Prakash continuó despotricando sobre honor y respeto, y demandando la exclusión de Harry.
El Gran Señor tomó su lugar en la mesa y levantó la mano.-¡Suficiente!- Dijo, ásperamente, y la sala quedó en silencio. –El Prometido Raure es un mago. Deben recordar que no fue criado para esto, y no tiene un real entendimiento de lo que sucede hoy, aquí. Él aceptó el Cortejo, y a pesar de la interrupción causada por su repentina partida, la ceremonia se ha completado. Esto es lo que importa. Ninguno lo culpará por estar abrumado por la novedad de todo la situación. Como su guía, Etienne ya se ha encargado de consolarlo, y creo que todo irá bien.
Draco le dirigió una mirada dura a Prakash- -Estoy decepcionado por usted, Señor Consejero Prakash. Es el colmo de la soberbia pedir su expulsión. Es obra del destino y la Gran Madre lo ha traído hasta aquí, hasta mí; buscando la compatibilidad de nuestras almas. ¿Usted se opondría a lo que Ella ha ordenado? Usted sabe cuáles son las condiciones para excluir a un Prometido, tanto como yo; y no hay manera de que Raure sea una amenaza para mí. Pedir la expulsión es imprudente, una acción mezquina, y espero una mayor racionalidad en la conducta del Concejo. Semejantes actitudes son impropias y peligrosas para nuestra habilidad de interactuar con otros seres mágicos. Si no podemos mostrar compasión y comprensión con los que no están familiarizados con nuestras costumbres, ¿entonces cómo trataremos con otros seres mágicos?
Sus próximas palabras fueron frías y contenidas, y penetraron en ellos como el viento de invierno en un lago helado. – Y, el resto del Concejo, les recuerdo a todos, que los Prometidos son mis invitados. El honor de mi Corte y la tradición de nuestra Clase, demandan que cada uno de ellos sean tratados con nada menos que la máxima cortesía y respeto.- Draco fulminó a la asamblea con su mirada, su advertencia fue clara para todos ellos. – No serán menospreciados en ninguna forma.
Algunos, en la mesa, tuvieron la gracia de parecer avergonzados y aleccionados por su juicio rápido, reconociendo que la expectativa de una conducta perfecta de parte de los Prometidos, los había cegado, y que lo habían sentido como un rechazo irrespetuoso de sus tradiciones. Si lo pensaban nuevamente, admitirían que algún margen de maniobra debería considerarse. No habían tenido en cuenta la posibilidad de que alguien recientemente expuesto a una nueva cultura, diferente a la propia, se sintiera sobrepasado, abrumado.
Otros, resentidos por haber sido reprendidos por Draco, ocultaron su ira bajo la máscara de la cortesía. –Por supuesto, tiene razón Señor Draconis. Tal vez algunos de nosotros fuimos muy rápidos en juzgar al joven mago-. Barnabus intercedió con calma, su propia máscara firmemente colocada. –La parafernalia del rito, a veces es menos importante que la intención. Estoy seguro que el Prometido Raure no quiso ofender, y ciertamente, esto no debe ser causa de disputa entre nosotros-. Barnabus se aclaró la garganta.- Yo diría que dejemos de lado la interrupción de la ceremonia, y nos centremos en que el significado ha sido preservado, después de todo, hay otros asuntos apremiantes para ocuparnos. Dicho esto, déjeme ser el primero en felicitarlo, mi Señor, y le deseo lo mejor durante el Cortejo.- Le hizo una inclinación de cabeza a Draco.
Con un dejo de sonrisa, Draco le agradeció graciosamente, aunque cortante.
-Ahora, atendiendo a los asuntos de los Clanes, en consideración al pedido de Su Li, en nombre de los que apoyan el caso de la Casa Inari, he decidido...
Ardiendo de incomodidad por haber sido tan individualizado, Prakash, fácilmente desvió su atención del discurso de Draco. Captaba palabras, y frases importantes, que le indicarían si era necesaria una respuesta a una pregunta directa, y cualquier otro asunto que concerniera a sus propios fines, los discutiría más tarde con Barnabus. Nada de lo que este tonto chico dijera, importaba demasiado. Una vez que Barnabus tomara su correspondiente lugar como Gran Señor, habría grandes cambios, nada de lo establecido por este papanatas quedaría en pie. Prakash tenía una muy concreta visión del futuro, una que se atenía a las tradiciones, y que, ciertamente, no pensaba que la suya fuera una invitación a la sedición.
No habría nada de lo que él sentía que era una manifiesta forma de someterse a las facciones de los clanes. Este advenedizo hasta consideraba permitir nuevas Casas, y este era otro signo de debilidad. Y el tema de tener tratos con los que no son de nuestra Clase, era un sinsentido, otro golpe en su contra; el aislamiento es el modo de vivir de nuestra Clase, este inmaduro, obviamente no entendía. Y esto también debería quedar claro, el Señor Draconis era un chico, apenas con una década en su herencia, y ya determinado a llevarlos a todos a la ruina con esas ideas inverosímiles de progreso.
Enfrente, los pensamientos de Barnabus se ocupaban de algo similar, aunque él estaba más preocupado con el modo de instaurar el diezmo que exigiría a las comunidades mágicas, mientras Prakash pensaba en tradición, él reflexionaba sobre dominación.
Dominación y venganza.
Su mirada se endureció, mientras recorría la mesa. En su mente, casi todos ellos estaban marcados para la muerte. Traidores, esos que estuvieron con su tío, rehusándose a revocar su decisión de nombrar su heredero a un desconocido. Un voto unánime del Concejo podría haber anulado la declaración del Señor moribundo, pero ellos habían sido los cobardes lacayos de Romare hasta el amargo final. Eran cómplices del robo de su derecho de nacimiento. Ellos eran culpables de traición, y todos morirían. Sus ojos tomaron un brillo insano cuando se posaron en la mayor traidora de todos.
Calmó su ira, Marjeta se estaba dirigiendo al Concejo con detalles de la petición de la Casa Inari, y tenía el hábito de hacer contacto visual con su audiencia cuando hablaba. No era bueno que viera la profundidad de su animosidad.
Justo cuando logró controlar su ira, ella lo miró, con una pequeña sonrisa, y su furia floreció otra vez, atravesándolo terriblemente. La suya había sido la peor traición, y él estaba decidido a cobrársela. No había sido suficiente que rechazara su propuesta de matrimonio, delante de toda su familia, declarando que ella esperaba a su compañero del alma, que se le revelaría. No, ella fue más lejos, humillándolo, eligiendo uno de los deshechos de su tío. Y luego, cuando su tío Romare hizo esa desacertada elección, ella lo apoyó, ¡reivindicando al advenedizo como su familia; prometiendo lealtad a ese insignificante mocoso, por sobre su propia familia de sangre!
Ella debería haber hablado por él, no era un secreto que su tío valoraba su consejo y opinión. Ella debería haber apelado, pidiéndole que nombrara a Barnabus como su heredero. Se juró a sí mismo que Marjeta llegaría a arrepentirse de haber unido su suerte a la del intruso; cuando debería haber sido Barnabus quien contara con su lealtad. Ella debería haber honrado los lazos de familia y amistad entre ellos. Lazos forjados desde hacía mucho tiempo, que era obvio que significaban menos para ella de lo que significaban para él.
Sentía como si ella siempre hubiese estado allí, para él. Ahora, sus nuevas lealtades lo quemaban, eran una horrible y acre bilis en su boca. Amargura y tristeza le atenazaban las entrañas cuando el noble recordaba la cercanía de su juventud. Por más de una centuria ella había sido su incondicional, cuando fue evidente que Meline nunca sería capaz de llevar a término un embarazo, y la familia de Barnabus se reubicó en La Ciudadela, para que él fuera preparado para tomar su lugar como heredero de Romare, fue Marjeta quien le dio la bienvenida. Fue ella quien lo confortó cuando la nostalgia por los lugares y sonidos de las tierras que eran su hogar amenazó con abrumarlo.
Fue Marjeta quien le aseguró que era valorado por ser él mismo y no sólo por ser un instrumento de su padre, cuando la sed de poder de Marcus se convirtió en obsesión, y trató de lograrlo por medio de su hijo. Su prima fue quien lo asistió cuando su padre, cruelmente descargó en él su frustrada ambición.
Marjeta fue la única que lo visitó cuando su padre lo envió a los clanes, lo que fue realmente un exilio, para que aprendiera desde dentro la política de cada uno, y se estableciera entre ellos. Su familia, su única auténtica amiga, Marjeta fue la persona que observó los ritos con él, cuando su padre sucumbió a la aflicción después del asesinato de su madre, a manos de unos cazadores de vampiros.
Ella se había hecho su amiga, lo había confortado, lo había alentado, a través de numerosas pruebas ella había estado a su lado...y ahora...sus ojos se endurecieron, ahora todo parecía no significar nada. Ella se quedó en silencio cuando él reclamó el manto del liderazgo. Su prima le juró servirlo, ¡a él, al intruso! Y aún peor, estaba orgullosa...¡orgullosa! Y el cretino la hizo su Castellana, mientras él, Barnabus, era relegado a un miserable asiento del Concejo. Él debería ser el Gran Señor, o excepcionalmente, debería ser Castellano, para guiar a los clanes como él quisiera, asegurándose que el Señor Draconis fuese sólo una figura decorativa.
Barnabus sacudió la cabeza ligeramente, se calmó mientras su mirada seguía fija en su prima. Sí, ella sería castigada por sus traiciones. Una cruel, lasciva risa le cruzó la cara, cuando terminó la sesión y su traidora prima siguió al presuntuoso idiota que salía de la sala del Concejo; ella iba a sufrir una prolongada agonía, estaba resuelto.
Él tendría su venganza, a través de Eloene él quebraría el espíritu de Marjeta, y luego , mientras ella se recuperara de la violación del vínculo de almas, él terminaría con su vida.
Bueno, este capítulo me parece esclarecedor, Harry descubrió por fín a su Señor.
La historia se va poniendo cada vez mejor.
Hasta el próximo.
D.L.
