Hola, hola, hola, ¡Nuevo cap arriba solamente para ponerme al día con las dos versiones (inglés y español)! Al fin un poquito de acción, o bueno, eso creo. No sé jaja, depende lo que piensen ustedes.
Capítulo cinco: Ding dong.
Un mes. Un mes había pasado desde la reunión en Central Park y aunque las cosas parecían seguir iguales, no lo hacían.
En San Francisco, Phoebe estaba trabajando de lleno para poder tener más tiempo libre y revisar el trabajo de los detectives, además de hacer su propia investigación. Estaba decidida a encontrar a su bebé y ahora sabía que seguía viva, estaba segura y su nombre había cambiado, pero más allá de eso, que estaba viviendo con él.
― ¡Despierta! ―dijo Paige golpeando la mesa, solamente para verla reaccionar y reírse un poco.
― Te odio. ―murmuró Phoebe, levantando su cara de la mesa en la que se había quedado dormida, masajeando su cuello muy cansada.
― Pero tu cuello y espalda me aman. ―sonrió― ¿Alguna novedad?
― Todas. ―dijo Phoebe, apuntando la silla junto a ella para pedirle que se sentara.
― ¿Qué? ―preguntó con curiosidad― Oye, es raro verte en casa. Me gusta.
― Lo sé, a mi también. ―respondió felizmente― Mira, ―agregó indicándole el mapa― aquí es donde hemos estado buscando las últimas semanas, y no hay nada de Cole o Elizabeth Turner.
― ¿Eso es bueno o malo?
― Puede ser bueno. Si ellos siguen en Nueva York, y eso es lo que espero, están aquí. ―dijo deslizando su dedo hasta una pequeña estrellita roja en el mapa.
― ¿Sabes cuán grande es Manhattan? ―preguntó arrugando la nariz, luego frunció el ceño.
― Sí, pero hablo de esta zona en especial. ―continuó su hermana, muy concentrada― Los detectives dijeron que si tenemos suerte, sabré en dónde están en media hora más.
― Wow, recuérdame no meterme contigo nunca. ―dijo Paige admirada― Eres buena en esto, pero, oye, ¿Qué vas a hacer después? ―preguntó confundida, viéndola sonreír ampliamente.
― Tengo un pasaje, estaré en uno de los jets de Jason a las tres, camino a Nueva York. La encontraré hoy Paigey, hoy o nunca.
Paige vio en los ojos de su hermana las lágrimas que no dejaba caer, demasiado ocupada sonriendo con esperanza. Su corazón se sentía bien. Nunca se había sentido más cerca de su hermana hasta ahora, aunque aun tenía una pequeña espina molestándola.
― Te deseo lo mejor Pheebs, lo sabes, ¿Cierto? ―preguntó abrazándola con fuerza.
― Lo sé...―susurró, cerrando los ojos emocionada― También et amo Paige, no importa lo que nos separa, sino lo que nos une. No eres solamente mi hermana, sino mi amiga, sin importar nada. ―dijo remarcando bien eso― Siempre voy a amarte.
Paige cerró los ojos, no quería llorar, pero se sentía mal, triste, cansada de todo el "Te amo ― te odio" que era su relación con Phoebe. Realmente necesitaba que eso parara, aunque sabía que no era trabajo de su hermana, sino de ella.
― También te amo. ―logró de decir. Era la primera vez que abrían tanto sus corazones en diez años― Pero no puedo evitar ser una molestia, él es mi papá...―trató de explicarle, decirle que no podía odiarlo y no lo haría― y tú...―mejor se quedó callada, no quería culparla de nada.
― Lo sé.
― No entiendo por qué...
― No era su hija y era un problema andante, está bien. Eso no significa que no seamos hermanas.
― Eso lo sé...
Ambas se quedaron en sus posiciones, sintiéndose como una otra vez. Paige sintió que quizás, aún había una oportunidad para ellas, para perdonarla por todo lo que había hecho. Phoebe por otro lado, se sentía más que mal al estar mintiéndole a Paige. Odiaba el hecho de saber que su hermana estaba tan enojada con ella por una mentira que Sam le había contado, y ella apoyaba al no decirle la verdad, lo que realmente había pasado entre ella y el papá de su media hermana. Y no se lo diría, no podía arruinar su concepto de familia otra vez.
La puerta hizo un sonido que les dijo que había llegado gente, por lo que se separaron y sonrieron.
― Que bueno que dejaste de llorar hace un rato. ―dijo Pheobe, acariciando la mejilla de Paige.
― Cállate. ―respondió pegándole en el brazo juguetonamente.
Las chicas se acomodaron el cabello y esperaron la llegada de sus otras hermanas. Sabiendo que la abuela y Patty estaban en la cocina, y que Prue y Piper habían ido de compras, sabían que eran las últimas las que venían riéndose por el pasillo.
― ¡Hola!, ¿Cómo está la gente? ―preguntó Piper muy contenta, casi cantando, con un montón de bolsas en sus manos.
― ¿La dejaste beber antes del almuerzo, Prue? ―bromeó Paige, sintiéndose menos incómoda en relación al nudo en el estómago que todo el asunto de "Papá y Phoebe" le hacían sentir.
― Tonta. ―rió su hermana mayor― Está feliz porque encontró su vestido de novia de ensueño, no la molesten.
― ¿Nosotras?, ¿Cuándo?, ¡Nah! ―dijo Paige, mientras Piper tomaba la bolsa con su vestido para enseñárselos.
― Ya niñas, dejen de parlotear y siéntense. Piper cariño, deja eso en el living, no queremos que termine lleno de manchas de salsa de tomate. ―dijo Patty guiñándole un ojo, llevando una olla de comida en sus manos― Prue mi niña, ve a lavarte las manos, no tienes idea en dónde estuvieron las manos de las demás personas que tocaron lo mismo que tú. Paige, hijita, no te sientes así, no es bueno para tu espalda. Phoebe, amor, por favor, despeja la mesa de cosas, necesitamos comer.
― ¿Por qué siento que esto en la escuela de nuevo?, ―sonrió Prue, lista para correr a esconderse de la falsa cara de enojo de su madre.
― No sé, pero me alegra saber que no estás en la escuela embarazada. ―dijo Penny, con algo de pan que puso sobre la mesa, hasta que notó que había hablado de más― Lo siento Phoebe, no quise...
― Está bien. Tienes razón. ―asintió la chica con una sonrisa falsa― No fue fácil, para nada. Mataría a mi hija si ella...
Algunas se mordieron los labios, otras rodaron los ojos en frustración al ver a Phoebe hacer esfuerzos para no llorar de nuevo.
― No llores. ―le pidió Piper tratando de acercarse.
― ¿Me ayudas a mover estas cosas? ―preguntó Phoebe, cambiando el tema― Toma los lápices, o se van a caer.
Dicho esto, Prue se fue a lavar las manos, Piper a dejar su vestido en el sofá, Paige tomó los lápices y Phoebe dejó el mapa cerca del vestido de Piper. Patty susurró un "Va a estar bien" a su madre, y ésta suspiró.
Después de comer, las chicas enviaron a su abuela y madre a dar un paseo y descansar un poco mientras ellas limpiaban; incluso Prue estaba ayudando, después de haber discutido con sus hermanas quienes no querían dejarla por la salud del bebé.
― Pásame ese vaso por favor. ―pidió Piper, quien estaba reuniendo toda la loza sucia para lavar.
― Toma. ―respondió Phoebe, tomándolo después de cerrar la puerta del refrigerador.
― ¡Oye,! ¡Oye! ―dijo Prue de la nada, emocionadísima.
― Perdón. Espera, ¿Qué hice? ―preguntó Paige, quien estaba al lado de ella― ¿Aplasté a la cosita?
― ¡No, no! ―continuó la mayor― ¿No sentiste?, ¿No sentiste? ―preguntó de nuevo, tocando su pancita muy, muy emocionada.
― ¿Ah...no? ―preguntó Paige levantando una ceja.
― Tonta. ―respondió Prue, tomando su mano y poniéndola sobre su vientre― ¿Ahora?, ¿Sientes?
― Yo, si, ¡Sí!, ¡Patea! ―sonrió, ahora entendiendo el punto de su hermana.
― ¿Qué? ―preguntó Phoebe confundida, hasta notar en dónde estaban las manos de sus hermanas.
― Espera, ¿No dijiste que la primera vez que pateó fue hace unos días? ―preguntó Piper con curiosidad, derretida.
― ¡Sí!, pero no pudiste sentirlo porque fue muy suave. ―explicó casi llorando, realmente contenta― Andy tampoco podía, pero ahora que está pateando fuerte y Paige lo siente...¡Va a estar tan feliz!
―No, no la siento. Paró. ―dijo Paige, sin querer sacar su mano en caso de que partiera de nuevo.
― No, no lo hizo. ―respondió Prue quien si no fuera por su panza, estaría saltando en ese momento― ¡Oh Dios!, ¡Está pateando mucho más fuerte! ―agregó sin notar que había tomado la mano de Phoebe y puesto sobre su abdomen― ¿La sientes?
Phoebe no respondió, ya no escuchaba. Estaba perdida en su propio mundo tratando de olvidar el recuerdo que estaba llegando a su cabeza desde el momento exacto en que sintió la patada de su sobrina.
El día estaba soleado y brillante, a pesar de ser otoño. Las flores, las risas de los niños y el delicioso aroma de las manzanas acarameladas llenaban el lugar.
― ¿Sientes eso Pheebs? ―preguntó Cole― Paz.
Sonrió y le besó la mejilla, finalmente había encontrado un buen trabajo que le permitiría enfrentar su nueva vida como futuro padre y prometido, quizás comprarle un lindo anillo a su chica y preguntarle de nuevo y de manera formal si quería casarse con él. Habían estado pasando momentos difíciles sin dinero, con un bebé en camino y ningún lugar donde quedarse. Ese día, era para celebrar.
― ¿Sientes esto, Cole? ―preguntó ella de vuelta, recostada sobre su pecho, tomando su mano para moverla desde su cintura hasta su vientre― Tu bebé decidió que era buena idea moverse más fuerte que antes. ―sonrió, orgullosa del fruto de su amor.
― ¿Se sigue moviendo? ―preguntó él, frustrado: no sentía nada.
― Sí. ―aseguró Phoebe, poniendo una cara triste― ¿No lo sientes?
Cole cerró los ojos, tratando de concentrarse, pero aún no sentía nada. Phoebe estaba perdiendo su fe, pensando en que quizás el bebé era demasiado pequeño y que solamente ella sería capaz de sentirlo por unos días más.
― No...no pued...¡Espera!, ¿Qué fue eso? ―preguntó casi gritando, abriendo sus ojos con sorpresa.
Phoebe soltó una carcajada y se acarició el vientre, había dolido, la patada había sido fuerte y el bebé seguía haciéndolo sin parar.
― Creo que tu campeón quiso darte una señal más clara, y también, pensó que era hora de dar su primera patada. Debe ser divertido patear a tu mamá desde adentro para llamar su atención y exigir que se cumplan sus antojos de chocolate. ―se quejó, aún contenta. No le importaba cuántas patadas fuera a recibir, las amaba todas.
― ¡Genial!, ¡Lo siento!, Oh, ¡Eso fue fuerte!, ¿No te duele? ―preguntaba hablando rápido como un niño emocionado ante un juguete nuevo. Phoebe negó.
― No por ahora, pero recuerda que el doctor dijo que el campeoncito podría patearme en las costillas o los pulmones, y eso sí dolería mucho. ―explicó poniendo cara de dolor anticipada.
― Lo siento hermosa. Me gustaría poder cargarlo por ti. ―dijo besándole la frente, ella sonrió― Espera, ¿Él?, ¿Campeón? ―rió el orgulloso padre.
― Es una opción. ―dijo como quien no quiere la cosa.
― ¿Y si tenemos una princesita? ―preguntó él, tomando su mano para ponerla junto a la suya; realmente quería que ambos pudieran disfrutar de lo que él estaba disfrutando tanto.
― En ese caso, reza. Si es como yo, su adolescencia será de todo menos dulce, tierna o tranquila. ―bromeó, acurrucándose un poco más.
― Te amo. ―dijo él, besándola suavemente en los labios.
― Te amo también. ―susurró, dejando caer una lágrima cuando sintió que la de Cole caía sobre su mejilla.
¿Estás bien? ―preguntó Piper con preocupación al verla tan pálida.
Phoebe pestañeó un par de veces, volviendo a la realidad. Se quedó mirando a Piper, aún confundida.
― Oh...sí. ―aseguró, algo mareada, quitando la mano del vientre de Prue y escondiéndolas en sus bolsillos― Me...ir...cuarto. ―logró decir enredada, dejando la cocina en un ligero trote.
Las tres hermanas se quedaron en la cocina. Aunque ella no lo había notado, ellas sí habían visto sus ojos llenos de lágrimas.
― Creo que tuvo un recuerdo. ―murmuró Paige, quitando también su mano de su sobrina.
― Soy una estúpida. La más grande del mundo. ―se quejó Prue, furiosa― ¡Yo saltando y ella sufriendo!, ¡Y a sabiendas! ―refunfuñó, buscando una silla en la cual sentarse― ¿Cómo?, ¿Cómo no se me ocurrió que podría traerle recuerdos? Patty está en su mente, ahora más que nunca y yo...mierda".
― Hey, estabas emocionada, es normal. No quisiste hacerlo, querías compartir tu alegría, eso es todo. ―dijo Paige a su hermana mayor.
― No conviertas este momento feliz en uno amargo Prue, menos ahora; esta bebé va a ser lo suficientemente estresada en el futuro teniéndote a ti como madre, no empieces a molestarla ahora. ―dijo Piper intentando animarla.
Las tres sonrieron débilmente, preguntándose a sí mismas en dónde estaría Patty y cómo estaría Phoebe, aunque sabían que lo más probable era que estuviese llorando.
Arriba, el asunto de preocupación de las demás estaba recostada en su cama con un motón de fotos encima, fotos viejas. En ella estaban su hija y también Cole. Estaban juntos, todos, felices y juntos. Podía sentir el amor que despedían esas imágenes, y eso la hacía llorar aún más.
― Los extraño...―balbuceó, refiriéndose tanto a Elizabeth como a Cole.
Tomó la foto de Nueva York y la leyó de nuevo, aunque ya se sabía el mensaje de memoria.
"Querida Phoebe, hoy ha sido el mejor día de mi vida. Estoy muy agradecida, y quiero desearte todo lo mejor. Espero que podamos ser amigas, pero sé que es pedir demasiado y más de lo que es correcto. Gracias por ser tan dulce, cariñosa y amable conmigo y toda la gente que va por ti en busca de un consejo. Has cambiando muchas vidas, y la mía es una de ellas.
Con amor, Elizabeth".
― Tú cambiaste mi vida también...y para siempre...―dijo besando la foto, llevándola hasta su corazón― Lo siento.
Quería llora más, e iba a hacerlo, pero la puerta hizo tres ruidos a resultado de tres toques. Pensó en decir "Váyanse, estoy bien", pero sabía que no iban a creerle.
― Adelante. ―dijo casi sin voz, y las vio entrar a su cuarto― No llores por favor. ―pidió Phoebe a Prue al ver que tenía el rostro lleno de lágrimas.
― Lo siento, soy una tonta. ―sollozó temblando un poco, siendo abrazada por Piper.
― No no, no lo eres. No te hagas esto, por favor. ―pidió levantándose rápido para darle un abrazo― Estoy muy, muy feliz por ti. Amé sentir a mi sobrinita, pero por favor, entiéndeme. No pude evitar...evitarlo ella pateaba fuerte, sobretodo en las mañanas cuando Cole le hablaba y..."
Tristeza era lo único que se podía sentir ahí, y mientras Phoebe lloraba en los brazos de su hermana mayor, Paige escuchó un sonidito que la hizo correr hasta la cartera de la dueña del cuarto. Vio un pequeño sobre blanco en la pantalla, y supo qué significaba.
― Él amaba cuando se movía, porque era la única manera en que podía sentirla...―continuó diciendo, tratando de ignorar todos los recuerdos que estaban golpeando su cabeza.
― No llores, volvió. ―dijo Paige con el celular en su mano, leyendo el mensaje.
― ¿Qué? ―preguntó Piper, tomando el teléfono― Phoebe, tiene razón, ¡Ya la tenemos!
― ¿Qué? ―preguntó la otra hermana del medio y corrió a tomar su iPhone para leer el mensaje que Paige acaba de abrir― ¡Dios!, ¡Aquí está la dirección!, ¡La encontré!, ¡Encontré a mi hija!, Está en Manhattan, está ahí, ¡Está aquí, en Manhattan!
Phoebe dejó de hablar y empezó a correr y saltar al rededor del cuarto, besando, abrazando y haciendo sonidos además de aplaudir. Sus hermanas se unieron a su fiesta, nunca la había visto tan feliz como ahora en toda su vida. La mujer lloraba pero se reía al mismo tiempo, balbuceando, tratando de decir algo pero sin lograr pronunciar nada. Estaba demasiado emocionada, imaginándose cómo sería abrazar a su hija y decirle que la amaba. Darle un beso, sentirla, escuchar su voz y mirarla a los ojos.
― Está en un lugar muy caro, ¿Está con Cole? ―preguntó Prue mirando en el mapa, la dirección que decía el teléfono.
― Sí, sí. ―respondió Phoebe saltando desde la cama hasta su lado― ¡Ha estado con él todo este tiempo!
― No sé si me gusta la idea...―murmuró Paige, tomando las fotos de la cama y armándolas en una pila.
― ¿Qué no te gusta? ―preguntó Phoebe confundida, temblando y llorando de la felicidad.
― Que esté con él. ―confesó.
― A mi tampoco. ―agregó Piper.
― Hey, un momento. ―les pidió Phoebe― Sé lo que pasó entre nosotros, pero él es un buen padre para mi hija. De todos los hombres en este mundo no pude haber elegido a uno mejor para ella. Siempre la respetó, la amó y luchó por ella. Puedo decir que fue un idiota, puedo decir que fue un imbécil, pero no puedo decir que fue un mal padre para mi hija y que la mejor decisión que he tomado ha sido él para ella".
Sus hermanas asintieron, no muy convencidas acerca del famoso chico que jamás conocieron, excepto por Prue, quien no dijo nada sobre el tema.
― Necesito irme. Las llamaré más tarde para decirles cómo salió todo. ―continuó Phoebe, cambiando el tema a algo más importante.
― ¿Quieres que vayamos contigo? ―preguntó Piper.
― No. ―sonrió― Necesito hacer esto por mí misma.
Phoebe se despidió de todas y dejó la casa camino al jet de Jason. Tan pronto como se sentó y el avión despegó, pudo sentir todo el miedo que no había sentido antes, ¿Qué pasaba si la niña la odiaba?, ¿Y si Cole no la dejaba verla?, ¿Qué si...? Su mente era un desastre y su estómago dolía mucho. Decidió ponerse a escuchar algo de música y dormirse, quizás así pudiera distraerse un poco. Y a pesar de eso, sabía que no iba a lograrlo.
En la gran manzana, las cosas habían cambiado también. Cole había decidido pensar con la cabeza y no con el miedo y volvió a Nueva York tres días después de haberse ido. Elizabeth no sabía cómo actuar, pero vera su papá tan preocupado e incluso enfermo, (mal sueño, poco apetito, pálido y más) la hacían perdonarlo rápido y cambiar su enojo a preocupación. No sabía qué estaba pasando, excepto que su papá estaba mucho más sobre protector que antes, vigilándola y siguiéndola a todas partes. Él y Sara seguían juntos, ella tratando de no molestarlo y él, ocupado y más ocupado.
En ese mismo momento, Sara había ido a buscar a Elizabeth al colegio, mientras que Cole estaba en casa viendo a los chicos de la mudanza hacer su trabajo y esperando por una llamada importante. Le había pedido a su jefe un nuevo traslado, asustado de perder su trabajo ya que se había cambiado hacía pocas semanas, pero su jefe no quería perderlo como abogado y lo sabía, por lo que las cosas habían ido bien. El día anterior, le habían dicho que sería asignado a un estado nuevo, por lo que Cole tenía todo listo para irse apenas recibiera la llamada, por lo que todas las cosas de la casa estaban, otra vez, metidas en cajas.
El sonido de un timbre lo hizo caminar hasta el teléfono que tenían para hablar con el guardia del edificio.
― Buenas tardes señor Turner, aquí hay una dama y...
―Está bien, gracias. ―respondió, había estado esperando a la gerente de los chicos trabajando todo el día.
Abajo, en la entrada, el portero sonrió amablemente y respondió.
― Pase, por favor. Ascensor impar, piso tres, apartamento treinta y tres.
― Gracias. ―logró decir Phoebe, temblando y muy pálida.
― ¿Está bien? ―preguntó él, algo preocupado.
― Sí...sí, estoy bien. ―mintió.
El portero la dejó ir y ella se dirigió al ascensor, pero esos pocos pasos fueron como caminar por un largo, largo, largo camino por el desierto. Sus piernas se sentían pesadas, su boca seca, sus ojos dolían y su corazón iba a toda velocidad. No sabía qué hacer, pero sabía que su corazón se lo diría pronto. No podía creer que iba a ver a Cole después de tantos años, y no sabía cómo podrían salir las cosas: era por eso que había ido cuando la niña estaba en la escuela, en caso de que las cosas se salieran de control, ella no estaría ahí para verlo. Pero no era tan tonta, también había ido cuando faltaba poco para que volviera a casa, entonces, si él decidía separarla de ella, podría encontrarla de todos modos. No estaba ahí para perder a Elizabeth de nuevo, estaba ahí para recuperar a su amada hija.
Cuando llegó al tercer piso, no sabía cómo caminar. Se le había olvidado cómo mover sus piernas, cómo cruzar una puerta. Trató de moverse, pero estaba en total pánico.
― "Hazlo por ella, por ella". ―pensó, porque era incapaz de hablar.
Phoebe usó sus dos manos para sujetar su pantorrilla, y en un débil movimiento, movió su pierna derecha. Sonrió. Sabía cómo caminar, ella misma le había enseñado a su hija a hacerlo, tenía que lograrlo. Respiró profundamente, si realmente quería lograr algo, tenía que dejar de ser una niñita cobarde. Caminó, ahora segura y sin la ayuda de sus manos hasta llegara la puerta: treinta y tres. Era un número fácil, y como era disléxica, le parecía mucho más sencillo que cualquier otra combinación.
Se detuvo frente a la puerta y puso su dedo índice sobre el timbre. Quería presionarlo, pero sabía que tan pronto lo hiciera, Cole estaría de pie ahí. Y podría ver sus ojos, oler su perfume, y sentir la profunda necesidad de tocar sus manos y ser abrazada, de besarlo y guiarlo hasta la cama, el suelo, el piso, en donde fuera, y tenerlo. De ser de él, de ser suya de nuevo y sentir amor después de tantos años, pero era solamente un sueño: ellos no eran nada. Su relación había terminado de la peor manera posible, y aunque ella lo amaba, y siempre lo había hecho, sabía que él tenía que estar odiándola...así como ella seguía resentida por su actitud en el pasado.
Una escena pasó por su mente, causando estragos y haciéndola tiritar...
― Cole...―dijo con la bebé en sus caderas.
― ¿Ah?
― Ahora que las cosas están yendo bien...bueno...tenemos algo de estabilidad, yo estaba pensando que...―estaba un poco nerviosa, se sentía culpable por no haber cumplido con la promesa que le había hecho a Piper de no dejar de ir a la escuela.
― Ajá...―dijo organizando unos papeles que tenía en sus manos y quitándoles algunos clips.
― No me estás poniendo atención. ―se quejó, quitándole las hojas.
Él se acomodó los lentes y la miró. Estaba enojada, y mucho. Sonrió para evitar una pelea.
― Si estaba. Si quieres hacerlo, adelante. Podemos inscribirte como estudiante en casa, así puedes hacer las pruebas a fin de año.
― ¿Estudiar en casa? ―preguntó poco convencida, dejando a su hija dentro de su cuna.
― Claro, ¿Por qué no? Puedo comprarte algunos libros y puedes leerlos y estudiarlos aquí.
― Cole, hay cosas que no puedo aprender leyendo y ya. Soy disléxica, necesito ayuda con algunas clases, con casi todas, y...―trató de explicarle, pero él la interrumpió, algo que no notó por lo que siguió hablando.
― Pheebs, amor, la idea es terminar el colegio. Quedarse en casa es la mejor opción, así Patty no tiene que quedarse sola. No necesitas buenas notas, solamente pasar el año y listo. Quiero decir, no es que vayas ir a la universidad o algo así. ―rió, pensando en lo ridículo que sonaba eso, ¿Phoebe en la universidad? Imposible.
― Si me quedo en casa Patty va a distraerme, también la cocina, la limpieza, y no voy a poder aprender lo que necesito. Además, tengo que ganar créditos extra para la universidad y aquí no voy a lograrlo.
Ambas voces se superpusieron sobre la otra, pero las dos se entendieron perfectamente.
― ¿Qué? ―preguntó ella, incrédula.
― No vas a ir a la universidad, no es necesario. No me parece una buena idea, además, dejar a Patty sola con una niñera tampoco lo es, quiero decir, para algo tiene a su madre.
― No puedo creer que realmente estés diciendo todo esto. ―se quejó― Les he estado dando a ti y a tu hija todo lo que tengo y todo lo que soy, poniéndolos siempre antes que a mí misma y...
― ¿Perdón?, El que ha estado trabajando todo el día y noche he sido yo. Tú, la única cosa que tienes que hacer es cuidar de tu hija, ¿Qué tan difícil puede ser eso?
― ¿Ir al pool en la noche con tus amigos cuenta como trabajo?, ¿Puedes recordarme una vez que te hayas quedado todo el día y toda la noche cuidando a Patty?, ¿Has tenido los pies hinchados, contracciones, mareos, vómitos o grietas en los pezones?
― Pies hinchados un par de veces. Mareos y vómitos también, después de unas montañas rusas. Contracciones, para mi suerte mi género no las tiene, y ¿Qué?, ¿Grietas?, Estaría exagerando al decir que la amamantaste por seis meses, porque era demasiado esfuerzo para ti y tus senos.
― ¿Demasiado esfuerzo? ―bufó― ¡No podía!, ¡Mi cuerpo no producía!, ¿Y sabes por qué?, ¡Porque nos estábamos muriendo de hambre porque se te ocurrió gastar el dinero en apuestas!
― Yo soy el que lo gana y quien decide qué hacer con él, ¿Alguna vez me has visto meterme en lo que cocinas o cómo limpias?
― ¿Acaso crees que nací para ser dueña de casa?, ―preguntó retórica― Estás mal Cole Turner. Voy a terminar la escuela e ir a la universidad. Mi mamá se convirtió en una por mi papá, ambos. No fue a la universidad porque mi papá biológico le dijo que él iría primero, y luego ella, porque Prue era muy pequeña. Luego llegó Piper, y cuando la embarazó de mí, se fue. Después conoció a Sam y no tuvo más opciones que hacer lo que él decía para salvar a sus hijas de morirse de hambre, y por eso es que no puedo volver a mi casa. No voy a quedarme aquí de brazos cruzados como ella, me lo debo a mí misma, a mi hija. Necesito ganar mi propio dinero, sobrevivir por mí misma en el caso en que llegues a faltar.
― ¿Crees que podría dejarte e irme?, ¿Así de fácil?
― Nunca dije eso. Lo único que dije, fue que no voy a dejarte controlar mi vida como quieres.
― ¿Controlarte a ti?, ―se burló― ¿Quién puede controlarte?, ¡Haces lo que quieres!, ¡Te la pasas coqueteando por ahí y yo no puedo hacer nada al respecto!
― ¡No me la paso coqueteando!, ¡No te atrevas a decir eso otra vez! ―gritó, poniendo sus manos sobre sus caderas, completamente ofendida.
― ¿Ah no?, ¿Entonces por qué el idiota de McMillan te mira como te mira?
― ¡Porque es un pervertido!, ¡Pero ese no es asunto mío!
― ¡Te vi coqueteándole!, ¡No me mientas!
― ¡Necesitas lentes entonces!, ¡Me agaché a recoger a Patty y él se quedó mirándome el trasero como si nunca antes hubiera visto uno! Fui a decirle que me dejara tranquila, porque a ti no te interesa el asunto al estar más ocupado hablando por ese teléfono caro que ni siquiera necesitas.
― ¡No cuestiones mis decisiones!
― ¡No cuestiono tus decisiones, cuestiono las mías!, ¿En qué estaba pensando cuando se me ocurrió decirte que sí cuando me preguntaste si quería salir contigo?
― ¿Yo preguntarte a ti?, ¡Tú fuiste la que se me acercó con la falda corta el escote!
― ¿Ahora me dices que te me acercaste porque ser fácil?
― ¡No tengo idea!, ¡Dime tú!, ¿Quién fue la que me hizo tener sexo con ella y quedó embarazada? ―preguntó dándole la espalda, listo para irse a tomar con sus amigos y pasar el mal rato.
― ¿Qué fue lo que dijiste? ―preguntó Phoebe con sus manos y mandíbulas apretadas, estaba a punto de matarlo con sus propias manos.
― Tú me sedujiste, me quitaste la camisa y me pediste que te cogiera, eso dije. ―le gritó en la cara, dándose la vuelta de nuevo pero ella lo detuvo.
― ¿A dónde crees que vas? ―demandó golpeando el suelo con sus pies: eso no iba a terminar así. No señor.
― A donde sea en donde no estés tú, ¿Estás en tus días acaso? ―se burló, tomando su chaqueta del perchero.
― ¡No!, ¿Y sabes por qué eso es bueno?, ¡Porque así, mientras tú estés trabajando, yo voy a estar acostándome con todo el edificio porque soy una puta y eso es lo que nosotras hacemos!
― ¿Sabes qué...? ―comenzó a decir Cole, girando sobre sus talones para mirarla, moviendo sus brazos con fuerza en el aire, sin notar que Phoebe se le había acercado.
La única cosa que ésta pudo ver después de eso, fue que estaba encima de la mesa de cristal, ahora trizado, del salón. Todo su cuerpo dolía y sentía sangre correr por su piel, pero no de adónde venía. Cole abrió los ojos enormemente, se golpeó a sí mismo y corrió a ayudarla. Patty se despertó por el ruido y ahora estaba llorando al ver a su mamá cubierta de sangre y a su papá tan preocupado.
― Oh mi Dios, ¿Estás bien? ―preguntó en shock― Lo siento, por favor, perdóname. ―pidió aterrorizado, agachándose para tomarla del brazo y ayudarla a ponerse de pie, pero ella no lo dejó― fue un accidente, ¡No sabía que estás detrás mío!
― Lo sé. ―respondió rasposamente, sus ojos estaban llenos de lágrimas y sentía mucho dolor.
― Déjame llevarte al hospital. ―dijo dándose cuenta de que tenía al menos dos cortes, uno en su cara y otro en su brazo.
― No.
― Phoebe, estás sangrando.
― ¡Déjame en paz! ―gritó empujándolo lejos de sí.
― No, no lo haré. Soy responsable de ti y de tu salud. Vamos a ir quieras o no.
― ¿Y qué vamos a decir, ah?, ¿Que me golpeaste?, Van a llamar a servicios sociales.
― Diremos que había un juguete y te tropezaste.
― Odio mentir.
― No tenemos opciones. Toma mi brazo, te llevaré al auto.
Phoebe asintió, estaba asustada de él, también de sí misma, pero él tenía razón: necesitaba un doctor. Él la sentó en el auto y fue por Patty quien no paraba de llorar, por lo que tuvo que acunarla un rato hasta calmarla.
― Cinturón. ―murmuró Phoebe, y él asintió, asegurándose de que la bebé estaba segura en el auto.
Unas pocas horas después, el brazo de Phoebe y su mejilla estaban parchados y todos iban camino a casa. Éste fue en silencio, Cole no podía dejar de sentirse culpable y triste por lo que había hecho.
― Sigues enojada.― le dijo, mirando a su hija por el retrovisor.
― ¿Quieres que te haga una fiesta?
― ¡Fue un accidente!
― ¡Lo sé!
― ¿Entonces? ―preguntó preocupado y nervioso.
Phoebe miró a otra parte y se puso a jugar con sus dedos sobre la ventana empañada antes de decir algo.
― No pude evitar sentir que...una parte de ti se sintió bien, Cole. ―confesó, sintiéndose estúpida, pero muy triste a la vez.
Él se mordió la boca por dentro, herido por ello. Estacionó el auto y le tomó el mentón con suavidad.
― Phoebe, nunca podría herirte. Golpearte no era parte de mi plan, no es parte de mí tampoco y lo sabes. No soy un matón.
― Me asustaste. ―susurró― Nunca te había visto tan...nunca había esperado escucharte hablar así. ―cerró los ojos y con su mano, lo hizo soltarla― No quiero hablar ahora, en serio.
― Lo siento, lo juro. ―insistió, tomando su cara entre sus dos manos ahora― fui un imbécil, todo lo que dijiste es verdad. No fueron mis palabras Phoebe, fueron las de mi madre es...la gente con la que me relaciono ellos...
― Eres apenas un empleado, uno bueno es cierto, pero, ¿Qué va a pasar el día en que te asciendan a gerente o algo mejor?, Si eres así ahora, ¿Qué tengo que esperar para el futuro de nuestra hija?, ¿Que la cases con alguien que no ama, no conoce, ni siquiera le gusta, solamente para cerrar un negocio? ―preguntó preocupada en serio, mirándolo directamente a los ojos.
― Tienes razón. ―reconoció mirando al suelo― Mañana iremos al colegio de la esquina. Si necesitas ayuda con tus clases, contrataré a alguien para que te ayude. Ganar dinero no sirve de nada si no puedo invertirlo en cosas importantes.
― ¿Qué va a pasar con Patty? ―preguntó, no le creía, por mucho que quisiera hacerlo.
― La llevaré conmigo al trabajo. Es hora de que empiece a tomar responsabilidades con ella, no solamente los momentos divertidos.
Phoebe sonrió, podía ver en sus ojos que estaba siendo honesto. Se miraron directamente, y los ojos de Cole jamás le habían mentido: y no lo harían nunca.
― Va a ser al revés. Yo tomaré el trabajo pesado, tu jugarás con ella en los días de semana. Los fines de semana, podemos compartir el trabajo. Quiero que las cosas funcionen, no quiero arruinarlo. ―sonrió débilmente― No quiero perderte. Sé que no te merezco, pero por favor, dame una oportunidad.
― Gracias. No sabes todo lo que esto significa para mí.
― Lo siento. No sabes cuánto significas para mí.
Cole se inclinó sobre ella y unió sus labios con los suyos.
― Cuidado, duele. ―le advirtió, hablando de su mejilla herida.
― El amor duele. ―bromeó, y ella sonrió antes de que él pudiera besarla de nuevo, y de nuevo, y de nuevo...
En un abrupto movimiento, causado por su corazón herido, Phoebe apretó el timbre.
Ding.
Dong.
Ding.
Dong.
Se espantó, trató de correr pero sus piernas estaban de nuevo tan pesadas como una tonelada de iridio. Empezó a sudar frío, su presión sanguínea a cambiar y cuando se sintió a punto de desmayar, la puerta se abrió.
Su corazón dejó de latir.
El de él también.
Tadan! ¿Qué piensan?
