Capitulo 6 : Engaño

Ya se contaban tres meses desde que Garen y Katarina abandonaran el escenario bélico de la vida social de Valoran, en ambos bandos la prudencia presidía todos los actos, y las noticias de la pareja y las ansias por recibirlas ya eran casi inexistentes. Parecía que la aceptación del hecho de que ambos hubieran abandonado sus hogares para siempre había llegado, como un silencioso cambio de estación, que llega sin que nadie se de cuenta. La academia de la guerra cesó los enfrentamientos entre campeones durante las primeras semanas, temerosos de que la calidez de la sangre en aquellos momentos fuera exacerbada por un enfrentamiento en la grieta. La vanguardia intrépida ahora era comandada por Lux y Shyvana conjuntamente. Las dos grandes potencias de Valoran se armaban y hacían crecer su poder militar al tiempo que cerraban us respectivas heridas.

En las orillas de las costas de Jonia, la luna, llena y brillante sin nube alguna que la oculte, arranca destellos de plata de la arena mojada por el mar. Una brisa fría y ligera sopla lo largo del levante de las islas. Sobre uno de los escarpados acantilados que perfilan el litoral, un solitario árbol da sombra a la hierba verde que crece junto al mar. Y es entre sombras que tres figuras aparecen en el lugar, puntuales a la cita concertada. Elise, Evelynn y Zed permanecen inmóviles sobre el acantilado , estudiando a sus interlocutores, aquello no es un enfrentamiento en la grieta, allí, en ese momento, las cuchillas, los venenos, las espinas, todo ello, arrebataba la vida sólo una vez. Es Elise quien rompe la calma de la noche Jonia:

-Bienvenidos a los dos, gracias por acudir a la cita de esta noche.-Se hace el silencio y ninguno de los otros dos campeones hace ademán alguno de responder al saludo de la araña.-Hoy vengo como sabéis para escuchar vuestra última palabra respecto a lo que os propuse.

-La orden de la rosa se unirá a la isla de las sombras, participaremos del proyecto del que hablasteis dama Elise.-La voz de Evelynn se remitía a ser un canal para unas palabras que no eran las suyas, ella solo era al portavoz de su maestro y no podía ocultar ciertos detalles que indicaban que el estar allí no era por gusto.

-Me alegra mucho oír eso Evelynn-elise sonreía ampliamente ante aquellas nuevas, y aquella sonrisa no la abandona cuando gira con elegancia la cabeza para dirigirse a Zed-y vos maestro de las sombras, ¿uniréis vuestras fuerzas a las nuestras en esta empresa?.

-Eso depende señora.-La voz de Zed era profunda como un pozo sin fondo, desde el oscuro abismo del alma del maestro ninja la amenaza alzaba el vuelo con alas hechas de puro terror.

-¿Depende?-La sonrisa se desvanece de la cara de Elise.

-Me es indiferente las razones que os llevan a vos y a los vuestros a realizar semejante locura, en parte porque no consigo descifrar exactamente dichas razones, pero si puedo ver las consecuencias. Puedo ver el gran beneficio que se podría sacar a la situación generada con los actos que queréis llevar a cabo.-Elise cambiaba rápidamente el rostro a medida que el maestro ninja revelaba hasta que punto había adivinado las intenciones de la dama araña y sus aliados.-Y ya que puedo ver todo ello, se perfectamente cual será el siguiente proyecto que intentaréis haga mío junto a vosotros. Ésto último si me interesa particularmente. Digamos que si todo va según me imagino irá, me gustaría que a cambio de mis servicios para con la causa se me dieran ciertos privilegios.

-¿Qué clase de privilegios puedo ofreceros maestro Zed?¿qué debo daros para que os unáis a nosotros?-Elise sabía muy bien lo que el maestor ninja le pediría, porque había acertado en todo lo que había dicho, y eso teniendo en cuenta que no había dicho nada, pero sus palabras hacían saber a Elise que estaba al corriente de los pasos más a largo plazo del plan, y eso, lo decía todo.

-Sangre señora elise, dadme sangre, y mi hoja será vuestra.

Elise retoma su oscura sonrisa, con Zed de su lado la balanza se inclinaba favorablemente, tanto que podría caer en cualquier momento con el estruendo de la victoria. Vuelve la cabeza en dirección la mar, con la vista perdida en la isla de las sombras, donde sólo algo que ella ve hace que su sonrisa se ensanche hasta el extremo.

-Creo que podemos dar por concluida la reunión, no os preocupéis, en los próximos días recibiréis instrucciones precisas de lo que debéis hacer, he de retirarme ya, la noche es hermosa, y sin embargo efímera, hasta pronto damas y caballeros.

Por toda respuesta a las palabras de Elise, Evelynn y Zed desaparecen en un remolino de sombras. Elise tarda unos segundos más en desaparecer también, los que le lleva saborear una vez más el triunfo conseguido aquella noche.

El sol castiga con dureza a los reclutas demacianos, en el exterior de los barracones de la academia de instrucción, jóvenes demacianos practican el manejo de las armas contra maniquíes que en batalla serían soldados noxianos, pero con más dureza que los rayos del sol caen las miradas de Lux y Shyvana, quienes siguen atentas los progresos de los futuros defensores de la nación. Desde que Garen y Katarian desaparecieran y Lux se hubiera recuperado, la menor de los hermanos se había implicado mucho en ponerse al mando de la unidad que antes comandara su hermano. Shyvana por otra parte la acompañaba porque ya estaba acostumbrada a coordinar a los instructores del ejército demaciano, además de que estaba preocupada por la actitud que mostraba Lux. El ímpetu que ponía la hermana de Garen se acercaba más a un obsesivo deseo de no pensar en nada más, el brillo que antes alegraba los corazones de quienes se juntaban con la joven Crownguard se había transformado en acerada amenaza en sus ojos azules. Shyvana había itentado en alguna ocasión sacar a coalición la posibilidad de que Lux se alejara un poco de aquel ambiente, sin mucho éxito, Lux siempre cortaba tajantemente la conversación si se dirijía hacia ciertos temas. En ello pensaba Shyvana cuando uno de los reclutas ejecuta mal una estocada, y deja caer la espada al suelo, Lux al verlo se dirije hacia él y ante la mirada asustada del muchacho le da una severa reprimenda:

-¿Qué crees que estás haciendo?-La voz de Lux suena dura, y su mirada es incendiaria.

-Perdone señora Lux, yo... he tropezado.

-Los noxianos no tropiezan, y si ellos no lo hacen nosotros no podemos permitirnos el lujo de hacerlo, si crees que si, entonces no sirves a Demacia, no en el campo de batalla al menos.-Lux aumenta el tono con cada palabra, está muy cerca del joven, que aun siendo más alto que ella empequeñece al lado de la ira de la campeona. Shyvana se aproxima a ambos para mediar, con la preocupación marcando su rostro.

-Dama Lux lo siento mucho, no volverá a pasar, yo...

-Pídele disculpas a un noxiano, quizá te perdone la vida, aunque sinceramente yo no lo haría.

-Lux, es suficiente, es un buen recluta, un fallo lo tiene cualquiera.

-No te metas Shyvana.

-No ha hecho nada malo, se le ha caído la espada, estoy segura de que si lo repite cien o doscientas veces no le volverá a pasar.

-No estoy muy segura de ello la verdad.- Lux templa momentaneamente sus ánimos, y con una mirada iracunda dirigida al soldado y en parte a Shyvana se retira del campo de entrenamiento.

Shyvana toma la espada caída del suelo, y la devuelve al soldado sin mirar a éste ni un instante, en lugar de eso pugna por alcanzar a Lux a Traves de los pasillos que conectan los cuarteles con los barracones y el campo de entrenamiento. Cuando la alcanza ya casi habían salido a la ciudad, a lo lejos podía distinguirse el bullicio de las calles y sus gentes. Antes de que Lux cruce la puerta que las separa de aquel gentío, Shyvana la toma por el brazo y la detiene:

-¿Qué ha sido eso Lux?

-No se a que te refieres Shyvana, déjame.

-Me refiero a los motivos que te han llevado a echar semejante reprimenda a ese pobre soldado, por una nimiedad, por una tontería.¿Acaso ganas algo torturándole por un error sin importancia?¿gana algo él?

-Gano el no tener a un inútil entre nuestras filas, eso gano.

-Lo único que buscabas me parece a mi era descargar la rabia que llevas dentro.

-No tienes ni idea de los que estás hablando.-Lux se acerca mucho a Shyvana para decir esto, sus palabras no salen holgadas de su garganta, se arrastran entre sus dientes, y los ojos azules de la joven demaciana se clavan hirientes sobre los de la medio dragón.

-¿Ah no?¿Me estás diciendo que no se lo que es estar llena de rabia y querer pagarlo con el primero que pase?, se muy bien lo que es sentir ira dentro de tu corazón Lux, antes de llegar aquí no conocía otra cosa, y por eso, porque se lo que pasas, quiero ayudarte.

-Ya se que tipo de ayuda me ofrecerías, retirarme, languidecer entre los muros de mi casa llorando que Garen se ha ido traicionando a todo lo que dijo querer. Si es esa tu solución Shyvana, no la quiero.

-No es eso lo que et quiero proponer, no quiero que pases el resto de tus días encerrada a solas con tus lágrimas, pero no quiero verte arder consumida por el odio.

-Ya es tarde Shyvana, es tarde.-Lux se libra de Shyvana y da media vuelta, abre la pesada puerta de los cuarteles y sale a la luminosa Demacia, mientras Shyvana queda entre las sombras del pasillo, observando como aquella niña a la que había llegado a querer como una hermana pequeña se perdía entre sombras y llamas, como una vez estuvo perdida ella misma.

-No es tarde Lux, yo no me rendiré contigo, no lo hagas tú.

Shyvana se da media vuelta y deshace el camino hasta el campo de instrucción y los barracones. Los reclutas lanzan miradas furtivas a la medio dragón, la cual se aproxima a una fila de muñecos de pruebas vacíos, que en los segundos porsteriores a que Shyvana recuerde momentaneamente la ira que una vez le invadía, arden hasta quedar carbonizados bajo el aliento de la Demaciana. Acto seguido Shyvana camina en silencio hasta el palacio real, sube las escaleras de la más alta torre del mismo, hasta sus aposentos, muy cercanos a los del príncipe. Cuando llega, se desprende de su brilante armadura demaciana, quedando sólo cubierta por una camisa de lino blanca y unos pantalones cortos de lana marrón. Deshace la trenza de fuego que forma su cabello, y como muy pocas había hecho, cae en la cama que casi nunca deshace, allí, con los ojos perdidos entre neblinosos remolinos de ideas proyectados sobre el techo de piedra blanca. Se encuentra perdida, igula que lo estuvo hace mucho tiempo, perdida entre sentimientos abrasadores y soledad. Las lágrimas querían salir de sus ojos, pero hacía ya tanto tiempo que no lo hacían que habían olvidado el camino de salida, y sólo una ligera humedad en sus ojos, y el terrible nudo en su garganta eran testigos de la tristeza y el dolor que la medio dragón sentía en aquellos momentos. Pero entre todo aquel dolor y malos sentimientos, Shyvana recordó lo que la última vez deshizo la telaraña que la atrapaba, una luz radiante que rompió la sombras a su alrededor, quizá aquella luz pudiera romper de nuevo aquellas sombras, y también disipar las que alejaban a Lux de ella. Pensando en aquella luz, Shyvana se abandonó al sueño, y aún soñando veía aquella luz, brillando entre destellos dorados y negros al grito de demacia, sobre aquel lucero una corona,y en su mano una lanza. Aquella luz que en un momento dado del sueño dejó de gritar el nombre de la tierra que acaudillaba, para susurrar el de Shyvana.

Ya es de noche cuando Shyvana despierta entre sudores fríos, los sueños otrora dulces se habían tornado en pesadillas a lo largo de las horas. Con el cuerpo aún semidespierto, la armadura parece más pesada que de costumbre, ni siquiera se recoge el pelo antes de levantarse. Se levanta de la cama y se dirige no con poca decisión a los aposentos del príncipe, decidida a hablar con el, quizá su ayuda fuera lo que Shyvana necesitaba para traer a Lux de vuelta a la normalidad. Los ecos de sus pisadas resuenan solitarios en el pasillo que conduce a las estancias reales, demasiado solitarios de hecho. Es extraño que aún a altas horas de la noche no haya el más mínimo movimiento. Shyvana frunce ligeramente el ceño, aún somnolienta, su instinto le dice que algo no va bien. Por fin llega a la puerta de la habitación de Jarvan, golpea la puerta con fuerza, asegurándose de ser oída. Dos veces lo repite sin respuesta alguna. Por ello decide abrir la puerta sin miramiento alguno y entra en la estacia. Vací cortinas ondean al viento que entra por la ventana con la luz de la luna. La cama sin deshacer, Jarvan ni siquiera se ha acostado antes de salir de su habitación. Shyvana se inquieta, sale decidida en la busca del príncipe, haciéndose una clara idea de donde puede estar. Atraviesa con paso ligero los numerosos y entrecruzados pasillos del palacio, casi echa a correr en el tramo final hasta los jardines reales. Una vez allí se para en seco buscando con la mirada a Jarvan, pero no lo encuentra a primera vista. Recorre acelerada el laberinto formado por los setos, árboles y arbustos, hasta que al final encuentra lo que está buscando. Sentado en el borde de una fuente oculta en un rincón apartado de los jardines, tras una cortina de rosales, Jarvan mira pensativo algo que tiene en las manos. No lleva puesta su armadura, al menos no la parte superior, tan solo la ligera cota negra que se aprieta contra su cuerpo y las botas y pantalones acorazados. Cuando Shyvana llega a su lado, puede ver lo que Jarvan sostiene entre las manos, y entiende el peso que parecen soportar éstas. Entre las manos desnudas de Jarvan, la corona Demaciana parece hundirse sin brillo alguno, desgastado por la mirada pensativa de Jarvan. Sin retirar la vista Jarvan rompe el silencio nocturno con una pregunta que bien podía ir dirigida a Shyvana como a nadie:

-¿Puede un rey gobernar una nación si no es capaz de mantener a su pueblo de su lado?

-No, creo que no.-Shyvana era sincera, pero a la vez quería decirle a Jarvan que lo de Garen no significaba nada, quería poder en ese momento darle el apoyo que había ido a buscar.

-Lo suponía.-La voz de Jarvan denotaba un cansancio notable.

-Pero un rey no puede controlar los que su pueblo siente o deja de sentir, un rey protege a su pueblo, y vela por él, pero no lo controla por completo, no podías hacer que Garen no se enamorara Jarvan, ni podías elegir de quién lo hacía.

-Pero si podía haberme dado cuenta, podía haber visto que le pasaba algo, y si me lo hubiera contado, podía haberlo entendido. Le he estado dando muchas vueltas a ese asunto, más de las que quiero reconocer, igual que no quiero reconocer que puedo entender la razón de que se haya ido.

-Jarvan...

Shyvana abandona cualquier protocolo o vergüenza y se arrodilla junto a Jarvan lo agarra por la nuca y lo abraza, hundiendo su cabeza en su cuello. De primeras Jarvan se queda parado sin reaccionar, pero sus brazos y sus manos sustituyen la corona por el cuerpo de Shyvana rodeándolo, haciendo de él el bastión en el que ocultarse de la tristeza. Los dos simplemente se abrazan, olvidando durante unos instantes sus vidas, los sentimientos oscuros que les rodean, y es en esos momentos de refugio, cuando creen que estan a salvo de cualquier cosa en los brazos del otro, la noche enseña su cara cruel. El emotivo encuentro entre los dos soldados se ve interrumpido cuando en la espalda de Shyvana, cubierta por su armadura de brillante acero y su pelo rojizo se estrella y clava una cuchilla lanzada desde alguna sombra del jardín. El impacto coge por sorpresa a la medio dragón, que recibe el golpe con una punzada de dolor que pronto se trasnforma en en ardiente rabia. Con un movimiento rápido se saca la cuchilla de la espalada, la punta ligeramente mojada con sangre, apenas a penetrado en el cuerpo de la demaciana un centímetro, mucho más si no fuera por su armadura. Lo que más enciende a Shyvana es identificar el blanco de la cuchilla, directa al corazón de Jarvan. Escudriña etre la sombras en busca del agresor, pero la luna no alumbra lo suficiente como para dar con un blanco rápidamente. Eso hace pensar a Shyvana que quien haya lanzado aquel ataque tiene una habilidad desmedida para con ese tipo de armas si ha sido capaz de apuntar con aquella precisión. Jarvan se pone de pie desprotegido sin su coraza ni su lanza. El agresor se da cuenta de la vulnerabilidad de su objetivo y decide cargar contra él. Como salido de las sombras, una figura masculina y encapuchada se planta delante de Jarvan. El desconocido agresor porta una enorme cuchilla adherida a su brazo derecho y una capa de cintas terminada en cuchillas, el rostro cubiero completamente por la capucha impide ver su identidad. Pero Shyvana reconoce muy bien esa indumentaria, eso y la flata de noticias y asistencia de Talon a la liga se complementan perfectamente para señalar al noxiano como candidato a aquel ataque sorpresa. El atacante lanza una estocada rápida contra el pecho de Jarvan quien apenas tiene tiempo de cubrirse con el antebrazo, como resultado, su brazo izquierdo recibe un corte profundo, al menos la herida no es mortal. Ese fallo permite a Shyvana interponerse entre ambos, dispuesta a lanzar toda su furia contra aquel hombre. Rodeada de fuego junta sus dos manos para formar una llama que arroja contra su oponente, el cual esquiva sin mucha dificultad, haciendo gala de una agilidad envidiable. Aún rodeada por llamas Shyvana se abalanza sobre el asaltante, intenta destrozarlo con sus manos recubiertas de acero. Pero el desconocido evita a Shyvana despareciendo momentaneamente para reaparecer un segundo más tarde delante de Jarvan, dispuesto a rematar el trabajo. Pero Shyvana se da cuenta a tiempo y rectifica la orientación de su ataque, con lo que logra golpear por la espalda al encapuchado. Es en ese momento que la furia contenida de Shyvana alcanza su límite y se prepara para saltar sobre aquel hombre en forma de dragón, sedienta de sangre. Pero el desconocido aún no ha usado todos sus recursos, y un segundo antes de que Shyvana se abalance sobre él, un abanico de cuchillas se despliega a su alrededor, y con él el noxiano. Shyvana aguarda apremiante a que Talon reaparezca, pero no lo hace. Extrañamente ninguna de las cuchillas ha alcanzado a los dos guerreros demacianos, es más, habían desaprecido, no habían huído a ninguna dirección como habían visto hacer otras veces cuando el asesino de noxus hubiera ejecutado su habilidad final. Es como si aquellas hojas hubieran salido desde las sombras que poblaban el jardín, y en las mismas hubieran desaparecido. Ya recuperados de la situación vivida, Shyvana posa sus ojos en los de Jarvan, los dos se miran por un instante, recordando el ataque y los momentos previos a él, recordando aquel abrazo tan comprometedor, del que ninguno parece querer hablar, aunque si repetir. Hacía tan solo unos instantes se habían sentido tranquilos, protegidos, felices en los brazos del otro. Pero el momento había pasado, y por toda conversación, Shyvana recoje la corona de Jarvan del suelo y se la ofrece sin mirarle directamente. Con paso firme Shyvana se dirige al palacio y le hace una señal a Jarvan para que le siga, mientras mira detrás de cada esquina, debajo de cada piedra y en cada sombra del camino, en guardia, alerta, como debería haber estado antes. Una vez han llegado al palacio, Shyvana escolta a Jarvan hasta el dispensario real, pero el médico ya se ha ido a dormir. Shyvana hace el ademán de ir en su busca para sacarlo de la cama sin ningún miramiento, cuando Jarvan la retiene por el brazo:

-No será necesario molestar al médico, tan solo es un corte sin importancia en el antebrazo, puedo vendármelo yo mismo.-Jarvan no lo dice en vano, un buen soldado debe tener ciertos conocimientos de primeros auxilios y tratamiento de esa clase de heridas.

-No hará falta.-Shyvana se pone a rebuscar entre los armarios del dispensario buscando unas vendas en vano. Al no encontrar absolutamente nada que le pueda servir para vendar a Jarvan vuelve junto a la camilla donde está sentado el príncipe, y sin miramientos, se libra de la coraza de acero que la protege, arranca casi la mitad de su camisa de lino blanco y la deshace en una sola tira de tela en cuestión de segundos. Limpia la herida del monarca antes de coser la herida con habilidad y rapidez, le parecía increible haber encontrado aguja e hilo en aquellas estanterías pero no unas míseras vendas. Una vez ha terminado la labor de costura, envuelve con cuidado el antebrazo del atónito príncipe, quien no creía a ningún hombre de Valoran con la suerte de poder admirar el cuerpo de Shyvana como lo podía hacer él en aquel momento. cuando Shyvana ha terminado su labor de enfermera se da cuenta de como la mirada de Jarvan se clava en ella, y un rubor inusual sube a su rostro, rápidamente toma su coraza y se da la vuelta indicando a Jarvan que la siga hasta los aposentos del príncpe, pero Jarvan la retiene por el brazo:

-Eh, espera, no soy el único que ha salido mal parado de esto, te coseré esa herida de la espalda.

-No es necesario, es una herida sin importancia.

-La mía también lo era, vamos, siéntate.-Shyvana se resiste a sentarse, la herida esta a la altura de su omóplato, ahí tendría que descubrirse por completo si quería dejar que Jarvana la tratara, el sólo hecho de pensarlo hacía que el color de sus mejillas se tornara aún más intenso.-Es una orden.

Shyvana se sienta en la camilla y Jarvan se sitúa en su espalda, aguja e hilo en mano, es Jarvan quien ahora se da cuenta de lo que implica tratar aquella herida, y agradece que Shyvana no le pueda ver la cara cuando se dirije a ella:

-Shyvana, podrías... quitarte la camisa, no puedo ver bien la herida.

Sin mediar palabra, la medio dragón sube su camisa, lo poco que queda de ella por la espalda, pasándola por su cabeza y tapando con ella su pecho. Jarvan coje el pelo suelto de la demaciana y lo retira dejándolo caer sobre el hombro que no está dañado y procede a coser la herida de Shyvana. Está claro que no es la primera vez que lo hace, pero desde luego no lo hace con la misma eficacia que Shyvana, si a la medio dragón le duele en algún momento no lo deja ver.

-Bueno, ya está, lo que lamento es no llevar una camisa igual que tú para hacer vendas con ella, aunque...

Sin más palabras, Jarvan se dirige a una de las ventanas del dispensario, las cortinas no son como las otras repartidas por el palacio, son mucho más finas y no están para nada llenas de polvo, son de un color rojo sangre y sin más miramientos, Jarvana arranca un buen cacho de tela, lo hace una sola pieza más larga y delgada y vuelve junto a Shyvana. Y cunado coloca el extremo sobre la herida y se dispone a dar la vuelta por el pecho de Shyvana, su mano se queda rígida totalmente ante la perspectiva de lo que, ahora, se ha dado cuenta requiere aquella empresa. Así hubiera permanecido eternamente si Shyvana no hubiera reaccionado y se hubiera descubierto por completo y agarrado la mano de Jarvan, pasándola por delante de su pecho, aún sosteniendo la venda, dada la primera vuelta, el resto no fue muy dificil. Una vez Jarvan hubo termiando de vendarla y Shyvana se hubiera puesto la camisa de nuevo, ambos emprenden el camino hacia sus aposentos en silencio, sin mirarse apenas. Cuando llegan al final del último tramo de pasillo que han de compartir se quedan parados, en silencio.

-Podéis dormir tranquilo majestad, yo haré guardia ante vuestra puerta.

-No soy el único que debería descansar, deberías dormir.

-Prefiero guardar vigilacia por el momento, esta noche han atentado contra tu vida, no dejaré que ocurra de nuevo.

-No creo que hoy nadie más tenga ganas de intentar cobrarse mi vida, al menos no quien haya visto como la has defendido, si no fuera por ti...

-No es nada, tan solo mi deber.-Para con mi corazón piensa Shyvana para si misma.

-Aún así, no creo que pase nada más esta noche, y te lo aviso, no tendré ningún reparo en darte la orden de que te vayas a dormir.

-No tendré reparo alguno en desobedecerla.

-Mmm, quizá...¿te avendrías a u trato?

-Lo dudo.

-Bueno, si quieres hacer guardia sobre mi persona no te lo impediré, pero exijo que descanses, así que, si te parece bien, podrías...-Jarvan duda antes de terminar la frase, no sabe porqué se le ha ocurrido aquello, ni mucho menos la razón de atreverse a decirlo

-Yo no...

-Podrías quedarte a dormir conmigo,es una buena forma de contentarnos a los dos.-Shyvana agacha la cabeza, queriendo esconder su rostro encendido.-¿Qué me dices?

-Yo... está bien.

Con un ademán de la mano, Jarvan la invita a pasar a sus aposentos, y Shyvana, se adentra entre las sombras más allá de la puerta. El príncipe la sigue, y solo el silencio sobreviene al sonido sordo de la puerta cerrándose tras el monarca.

Y es el silencio más absoluto el que se hace sobre una de las torres del palacio cuando el viento deja de soplar azotando las ropas del individuo que en vano ha intentado cobrarse la vida de aquellos dos campeones, la capa de cuchillas deja de bailar al son de la brisa, la hoja pegada al brazo derecho de aquel hombre brilla amenazante con la luz de la luna. Cualquiera pensaría que observa su presa con la frustación que trae la derrota al rostro, pero no es así, la misión encomendada ha sido exitosa, aún cuando Jarvan sigue respirando tranquilo en los brazos de su escolta, sin malos sueños ni hoja ávida de sangre que lo persiga. Y aquel hombre que se asemeja a una sombra sobre aquella torre, levanta sus manos para sentir el viento que se ha levantado de nuevo. Coloca sus manos sobre la capucha y al retirarla, los ojos de Zed, el maestro las sombras miran triunfantes la ciudad de Demacia cubierta por la luz de la luna. Los segundos, los minutos , las horas, los días de aquellas gentes estaban más que contadas, y con la satisfacción de conocer ese hecho, Zed desaparece entre sombras, y con el el viento que susurra oscuras profecías, para quien sepa escucharlo.