Capítulo 6: Alumbramiento
- ¡Las personas no pueden controlar lo que les rodea! ¡La ilusión jamás es tan buena!
- No es como un juego de naipes Snape- le dijo.
¿Naipes?, una vez un hombre había dejado sobre la mesa en la que bebía una tarjeta, cuando intentó devolvérsela él ya se había ido. Leyó la inscripción pensando que así podía ubicarlo y en ella estaba la información de la casa de Hermione.
Hermione seguía gritando tras él, observaba los cadáveres a su lado, tendidos en mesas iguales, con rostros de terror. A su derecha estaban etiquetadas las partes con el nombre de "Cristopher"
- ¿Cómo supo que yo sería la persona que lo investigaría?
- Nunca se había encontrado con alguien como yo ¿verdad? Yo estaba en todas partes, en sus bebidas; yo manipulo la realidad y la subjetiviso. ¿Recuerda aquél vino en la habitación que lo hizo sentirse cansado? ¿Las fotos?
El hombre se giró y se quedó observando a Hermione. Minutos más tarde tomó un cuchillo y lo empuñó cerca de ella.
- ¡No!- gritó Snape, Hermione soltó un grito cuando el cuchillo le rozó el pecho. Enseguida gotas de sangre comenzaron a brotar.
- No te preocupes preciosa, lo único que necesito de ti es el corazón. Mi esposa es perfecta, es una mujer esplendorosa; pero aún le falta un corazón.
- ¡Basta!- le gritó Snape- La gente no vuelve a vivir, aunque tenga su corazón; ¿de qué le servirá?
Sonriente el hombre se volvió hacia Snape, que lo miraba con odio desde el lugar donde se encontraba.
- Pues, puede conocerla; ella ansía conocerlo a usted.
El ambiente se tornó extraño, mucho ruido se escuchó sobre ellos; como si centenares de personas bajasen a la misma vez.
- ¡Lo está haciendo!
- ¿Haciendo qué?- preguntó, su voz era suave y distante.
- Si lo quieren ¡tómenlo!
- ¡No, váyase; van a matarlo!- chilló Hermione, pero él ya no estaba junto a ella.
Se encontró solo otra vez, en una habitación distinta. Corrió hacia la puerta y la abrió; frente a él otra habitación igual a la anterior.
- ¡Ya basta!- gritó al encontrarse por tercera vez en la misma habitación- ¡Ya no puede engañarme!
Y volvió a entrar por cuarta vez. Sin embargo, le esperaba una mujer; la mujer que encajaba con todas las descripciones que le habían dado. Varias versiones, una sola persona.
Trató de creerse que era un engaño, más sin embargo; era tan sólida como cualquier cosa en la habitación. ¿Cómo lo hacía?
Se acercó a él, corría a gran velocidad. Traía un arma y con ella le disparó en el hombro, sintiendo él un dolor tan real y desgarrador como su visión.
- ¿Qué?- articuló, último respiro. Ella lo siguió mirando, sus ojos como una sombra infinita, perdidos como si se tratase de un poseso.
- ¡Sé que eres tú!- exclamó, grandes cantidades de sangre saliendo de su hombro- ¡Habrás engañado a los demás, pero para mí sigues siendo un vulgar asesino!
Estaba otra vez plantado frente al hombre, se levantó con dificultad. Él lo miró con serenidad.
- ¿Se siente terrible? Igual me sentí al ver como asesinaban a mi esposa sin yo poder hacer nada. Un policía, un policía la violó y la asesinó tiempo después; se aprovechó de que yo estaba en la cárcel por un crimen que no cometí.
- Son personas inocentes- observó a Hermione, estaba inconciente debido a los cortes que le había hecho.
- Ella también lo era- sonrió el hombre- Tú debes saberlo, como médico que eres.
- ¿Narcisa?
- Sí, la mujer moribunda que llegó al mismo hospital en el que tú tuviste a tu madre antes de que falleciera.
- ¿Qué demonios? ¿Quién es usted?
- A los efectos será lo mismo. Tom, Tom Ryddle.
- ¡Es un!
Y volvió a notar que estaba atado, que el tiempo se detenía de nuevo y se devolvía al estadio anterior. Sólo que tenía aún la herida en su brazo.
- Pobres- dijo mostrándole las cabezas de sus víctimas enredadas entre viseras, sus pieles ya pálidas y moradas por la putrefacción- Ninguno de ellos es aquél policía, pero igual los desprecio por serlo.
A lo largo de la habitación colgaban los cuerpos a medio abrir, Snape trató de no sentirse mal ante las visiones que se le presentaban. Jamás pensó que alguna vez odiaría tanto a la medicina como ahora.
- Mis conocimientos, también son muy buenos. En realidad, son superiores. Yo puedo hacer que cualquier cosa vuelva a la vida, yo puedo hacer que estos hermosos órganos funcionen a la perfección.
Snape se mostró asombrado, el hombre sonrió.
- Sé lo que está pensando. Pero yo no soy un cualquiera, un criminal que deja más pistas que muertes. ¡Yo soy invencible!
- ¿Piensa intercambiar a Hermione por su esposa? Es un tonto, es un ser patético y deprimente. ¡Jamás podrá devolverla a la vida! ¡Jamás podrá reparar los errores!
- ¡Tú que sabes!- pareció éste, perder su temple- ¡No oses hablar en mala manera de mi esposa!
Otro dolor intenso se sintió en su hombro, observó como un tajo de piel se le desprendía lentamente. Lo estaban cortando a él también.
- Fue de alguna forma; especial el haber tomado su lugar para confundir a la joven Weasly. No creí que sería tan fácil; engañé a medio estado.
Y otro tajo de piel caía, se bañaba a sí mismo con su propia sangre. Un dolor insufrible.
- No tiene sen, sentido- dijo ante el debilitamiento que representaba tener un cuchillo enterrado en su hombro.
- Quizás no- le dijo él calmadamente, moviéndose, cortándolo más profundo- Pero, probar no le hace mal a nadie.
No iba a resistir más, la herida se hacía cada vez peor, si seguía perdiendo sangre moriría.
- Tiene un cerebro muy brillante señor Snape, muy útil.
Tenía que hacer algo. Usando toda la fuerza que jamás creyó tener, introdujo su mano en el bolsillo de su chaleco y se alegró de tener dentro de el un pequeño bisturí. Agradeció el haber olvidado dejarlo dentro del consultorio. Con el, pudo cortar las sogas que lo ataban empujando al hombre de su soporte. Le apuntó con su arma que había rodado por el suelo.
- Muy lindo su truco señor Snape- le sonrió el hombre, apuntado desde la espalda- ¿No odiaba las armas? Pero claro, si quería ser policía tenía que aprender a usarlas. La vida ha sido muy cruel con usted señor Snape. Primero la muerte de su madre, su padre jamás estuvo a su lado, su prometida terminó en un sanatorio mental y ahora; su amada va a morir también.
- No es un truco, se le llama bisturí. Ahora, deje de decir sandeces y libérela.
Se había vuelto hacia él, ninguna preocupación aunque sobre su frente estuviera el arma de Snape.
- Usted jamás me recordará, jamás sabrá mi nombre aunque se lo haya dicho ya tres veces; no podrá hablar de mí y volverá a ser como antes. Simulará que no me conoce y que jamás me ha visto.
En efecto, un ruido ensordecedor se escuchó y la puerta de la habitación voló de su soporte. Muchos hombres entraron armados y él pasó entre ellos; con la mayor calma del mundo, nadie notó nada sobre él.
- ¿Estás bien?- le preguntó un colega a Snape.
- Sí, estoy bien- se colocó la mano sobre la herida y tanteó con ellos. Era real, dentro de ella; una bala.
- ¿Y él asesino? Recibimos tú mensaje. También notamos, que el pueblo está bastante normal.
- ¿Qué?- preguntó confundido- No lo vi, no lo encontré. ¿Heridos?
- Pues ascendieron a unos cien, muertos unos cincuenta o sesenta. El asesino ahora tiene rango de altamente peligroso y se le extraditará de cualquier país si se le consigue.
- ¿Ya saben cómo es?
- Creí que tú averiguabas eso. También recibimos tú aviso sobre Hermione Granger ¿Murió?
- ¡Hermione!- salió corriendo, bajando las escaleras hacia el sótano donde recordaba haberla visto.
La encontró allí, aún atada y desmayada. La desató violentamente y colocó su mano sobre su cuello, mojándoselas con sus cabellos húmedos de sangre. Seguía con vida.
- Hermione- la llamó- Hermione, despierta.
La chica pareció reaccionar, nerviosa trató de moverse.
- No, soy solo yo- la levantó con cuidado y la cubrió con su chaleco- Todo va a estar bien, lo prometo.
Días más tarde se encontró de nuevo en su consultorio. Estaba sentado en su escritorio, limpiando su herida como diariamente debía hacerlo. Tomó unas tijeras y una aguja comenzando a deshacer lentamente los puntos para volverlos a coser. Algo un poco doloroso, pero estaba acostumbrado.
- Buenos tardes doctor- le sonrió Pansy desde la puerta- me alegro que se encuentre mejor.
- Gracias, ¿alguna novedad?
- Sí, afuera está una mujer que insiste en verlo- La chica dejó escapar una risilla y Snape se dedicó a observarle con confusión- Que se divierta, lo veré mañana.
- ¿Que me divierta? ¿Mañana? Pero si aún no cerramos.
Igual, la enfermera no le escuchó. La oyó cerrar la puerta de salida y tuvo el impulso de levantarse para tratar de alcanzarla. Se detuvo en cuanto la otra mujer cruzó la puerta que daba a su despacho.
Era Hermione, tan hermosa como él jamás la había visto. Traía su cabello recogido en un hermoso peinado, un vestido blanco y corto que la hacía verse más angelical, un maquillaje tenue y sus labios tenían un suave color rosa. Se acariciaba el cabello con nerviosismo y apretaba con sus dedos su cartera.
- Buenas tardes señor doctor.
- Buenas tardes- respondió, volviendo a la realidad; muy subjetiva de hecho- ¿Es que, le sucede algo?
- Ginny me trajo. Verá, yo quería.
- ¿Se siente bien? ¿Las heridas no han sanado aún?
- ¡Oh sí! lo que me recomendó me sentó muy bien. De hecho.
La chica seguía balbuceando, él se sintió preocupado ¿Y si se trataba de algo grave? Se levantó con lentitud y se detuvo frente a ella.
- En realidad, yo quería verlo. ¿Está usted mejor?
- ¿Verme?- meditó por cuestiones de segundos- sí, me recupero al igual que usted.
- Sinceramente, nunca en mi vida había sentido tanto miedo como en ese instante. Ver a Cristopher morir o, al menos, ver parte de él a mi lado; fue muy difícil.
- Lo sé, la entiendo.
- Pero usted, fue muy acertado. Jamás me sentí insegura a su lado, así que quise agradecérselo.
Suavemente rodeó su cintura con sus manos, sintiéndola tan frágil, tan delicada. Ella soltó lo que traía, y como se lo imaginaba; no le sorprendía en lo absoluto su reacción.
- Me alegro de haberle podido ayudar- susurró suavemente, su respiración se hizo tensa cuando los dedos de Hermione con lentitud tortuosa comenzaban a deshacer los botones de su bata.
Retrocedió unos pocos centímetros, estando parcialmente desvestido escuchó la voz de Hermione en su oído.
- ¿Cree usted que estoy haciendo mal?
Sonrió y tomó su rostro con delicadeza, perdiéndose en sus ojos de color caramelo. Ahora sí podía responder la antigua pregunta que la joven Weasly le había hecho. Sí estaba interesado en ella, hubiera muerto de haberla perdido.
- En absoluto.
Y la besó, labios como seda y una piel tan suave como el pétalo de una flor. Volvió a delinearla completamente con sus manos.
Podía hacerlo más deprisa, pero sabía que las mujeres amaban el ritual de desvestirse lentamente, de ver caer la ropa una por una. Él no exigía mucho, así que dejó que la mujer le hiciera sentir. Sentir lo que había muerto hacía muchos años atrás. Quería saber lo que significaba encontrarse con el cálido cuerpo de una mujer a su lado.
Con la camisa entreabierta y el cinturón resbalándose entre ellos, volvió a tomar a la mujer por la cintura y siguió retrocediendo hasta la cama que había dispuesto para las revisiones de los pacientes. La dejó allí y dejó que la camisa se deslizara a través de sus brazos y cayese al suelo.
Una pregunta muy importante se sembró en su interior ¿La joven era virgen quizás? Era médico y creyó normal que lo estuviese pensando en ese mismo instante. Pero, también creyó que era obvio que no lo era luego de que ella estuviese casada tres años.
Se mantuvo en silencio, inclinado sobre ella. Hermione se apoyó en sus codos para alcanzarlo y lo besó delicadamente, luego colocó sus brazos alrededor de su cuello y sonrió.
Volvió entonces a enfocarse en ella. Aún con sus brazos alrededor de su cuello, él deshizo los botones de su corto vestido blanco y haciendo poco esfuerzo lo retiró de su cuerpo; admirando su fina y delineada figura.
- Es hermosa- le dijo, apenas encontró voz para hablarle. Ella en cambio se encontró feliz.
- No es muy elocuente ¿verdad doctor? Igual, se lo agradezco.
Volvió a besarla, deslizándose por su cuello, llenando sus fosas nasales con su delicado aroma. De la garganta de la chica brotaron suaves sollozos.
Siguió entonces. Delineó con sus dedos el contorno del sujetador, sintiendo también bajo sus dedos el vendaje que habían dispuesto para sus heridas. Hermione se movió hacia él, no pudiendo soportar las olas de placer que llegaban hasta ella.
Intentó continuar pero se encontró con una mano que lo giraba y dejaba reposar sobre la cama. Para cuando pudo ver, ella estaba sobre él con las manos puestas sobre su pecho.
Se despojó entonces del sujetador, causando de él un suave gemido de sorpresa. Tomó una de sus manos y la dejó reposar sobre su seno, dejándole sentir su pezón contra su palma. Lo cubrió como si éste fuera a quebrarse.
Ella unió su mano a la de él, moviéndola alrededor de ella; mostrándole como quería ser acariciada. Él, comenzó a explorarla suavemente.
Había estado con mujeres, no era de metal o algo por el estilo. Sin embargo, su profesión no le permitía mantener una relación en lo más mínimo. Siempre yendo y viniendo, siempre dedicándose de lleno al trabajo. Era un adicto a ello, pero desde hacía un tiempo; Hermione lo había cambiado.
Siguió por su vientre, mirando a la chica que se encontraba con los ojos cerrados. Delineó su entrepierna y con igual delicadeza retiró la última prenda que le quedaba; sintiendo entre sus dedos sus suaves y húmedos rizos.
Ella echó su cabeza hacia atrás cuando él introdujo uno de sus dedos en ella, casi pellizcándola suavemente. Su centro cálido se contraía con cada orgasmo que la chica presentaba.
La oyó mencionarlo, distante. Una sensación extraña comenzó a formarse dentro de él. Se separó de ella y la recostó sobre la camilla utilizando su lengua para delinear el contorno que antes había trazado con sus manos.
Muchas veces lo había hecho, tres o cuatro; pero describir como se sentía justamente ahora era imposible. Cristopher había sido apasionado, cualquier mujer hubiera muerto por hacer el amor con él. Pero Severus era otra cosa, no había punto de comparación alguno.
Dejó de pensar cuando los dedos del hombre en su interior, fueron remplazados por su lengua. La acariciaba, la absorbía; casi podía pensar que bebía de ella.
Se sentó con la dificultad que representaba tener a un hombre entre sus piernas y atrajo toda su atención. Con su mano tomó su rostro y lo atrajo hacia ella para besarlo. Su beso fue apasionado, necesitado; usando su lengua para acariciarlo, para sentir su esencia, deslizándose por su cuello; lamiendo su pecho enteramente.
Rápidamente deslizó su mano a través de su cadera y desabrochó su pantalón por completo; él estiró su cuerpo y ella pudo retirárselo junto con la ropa interior.
Lo dejó caer sobre la cama, ambos completamente desnudos y exhaustos. Se tumbó con suavidad sobre él quien la recibió rápidamente. Hermione lentamente, se dejó penetrar por él.
Él comenzó con movimientos pequeños, casi imperceptibles. Sabía que ella estaba herida y no deseaba lastimarla; pero la chica protestó.
- No, deseo sentirte; por favor.
- Acabas- balbuceó- estuviste gravemente, herida.
- Eso no importa, he soportado lo suficiente; ahora quiero pertenecerle.
- Ya yo le pertenezco, ya usted puede tenerme.
Y le hizo caso, se presionó contra ella mucho más fuerte; escuchando sus gemidos de placer, él pronunciando su nombre; sin importar que su brazo le ardiese más que nunca.
Volvió a mencionarla, no significaba nada; no era una pregunta ni un pedido, sólo necesitaba escucharlo. Ella soltó un grito y cerró los ojos, aún abrazada por él.
Creyó que dormía ya que su respiración era lenta y pausada. Pero entonces sintió su pecho vibrar mientras hablaba.
- Gracias, usted me ha salvado la vida.
Con una de sus manos acarició su cabello, sintiéndose por un momento culpable de haber tomado a una mujer que no le pertenecía.
- No, al contrario; usted me ha salvado a mí. Me ha hecho vivir más de lo que he querido, y ahora ya no me arrepiento de nada.
Hermione depositó un beso en su pecho, haciendo suaves círculos en sus pezones.
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- Señor Snape, su esposa ha venido a verle.
- Dile que pase, por favor.
Pansy asintió y se apartó para que Hermione pudiera entrar. Sentado, giró su silla para verle.
- He venido de vera Cristopher, señor- le dijo, vestida de negro.
- ¿Y cómo te ha ido?
- Bien, muy bien- se acercó a él y se le sentó en las piernas. La sostuvo sin entender.
- He venido a hacerle una consulta señor. Verá, hace dos días que me siento cansada y débil, mi periodo no ha vuelto a bajarme. ¿Será que estoy embarazada?
- ¿Emba? ¿Qué?
- Sí señor- se levantó y se volvió para mirarle- Creo que en mi vientre, hay un hijo suyo.
¿Había oído mal tal vez? ¿Embarazada?
- Sólo quería que lo supiera, volveré a la casa ahora.
No la dejó irse, la retuvo y la hizo detenerse. Ella sonrió complacida.
- ¿Embarazada? ¿Cómo que embarazada?
- Sí, ese es el término ¿o no?, usted es el médico; usted sabe de esas cosas.
La abrazó, colocando su mano en su vientre.
- ¿Y sabe usted señor, el nombre que le pondrá al bebé?
- ¿Qué? ¿Es un varón?
- ¡Oh no! usted sabe que es muy temprano para saber esas cosas.
La dejó marcharse y se quedó mirando a la nada como un tonto. Iba a ser padre, un padre que no iba abandonar a su hijo.
- Felicidades señor Snape, acabo de oírlo.
- Gracias Pansy, gracias.
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Pidió entonces permiso para ausentarse, había recibido de la agencia una oferta para que trabajara con ellos en las investigaciones. Él se negó y decidió dedicarle tiempo a su esposa que estaba por dar a luz.
- Es una hermosa niña la que tiene allí doctor- sonrió Pansy tomando de sus manos a la bebé para limpiarla- le dejaré con su esposa mientras aseo a esta hermosa criaturita.
Maldijo que en su momento, no existiesen medicinas apropiadas para las mujeres en labor. No había ningún tipo de calmante y todo debía hacerse a mano, por eso las mujeres; casi siempre morían. Tuvo suerte de poder atender a Hermione y mantenerla con vida.
La observó dormir pacíficamente, no le había enseñado a la bebé; pero lo haría más tarde, luego de que verificara que estuviera bien. Se acercó a las ventanas para correrlas y evitar que el sol diera con su rostro.
Observó por la ventana, comenzaba a salir el sol luego de pasar horas en la labor. Tomó un pañuelo y comenzó a limpiarse las manos y devolver sus mangas a su lugar, las cuales, estaban arremangadas hasta sus codos. Mientras lo hacía divisó a alguien que caminaba.
Era alto, delgado, atractivo y de ojos tan brillantes y profundos como un ámbar. Levantó la vista y le sonrió sin razón aparente, él sentía que lo había visto en alguna parte.
Entonces, Pansy gritó y abandonó la habitación.
Bueno, ese es el fin de este mini fic, con estilo de novela de terror con capítulos cortos (que las hay). Espero les gustase y si no, igual pueden hacermelo saber. Besos
