Los personajes no me pertenecen… son idea de la Diosa que creo los libros de crepúsculo Stephanie Meyer
Yo solo juego con los personajes.
No daré descripciones de como son los personajes, creo que ya todos los que entran aquí lo sabrán y no hará falta… ojalá y les guste.
EBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEBEB
La semana paso tan rápida como comenzó, después de aquel lunes ya no había vuelto a maquillarme, sabía que había una razón por la cual no me gustara hacerlo. Aumentaba mi mala suerte.
Carlisle había adelantado nuestra consulta, decía no querer demorar más el tema de mis heridas, el jueves estuve con el y me hizo un chequeo de ambas manos, mi cara se descompuso al verlas, estaban muy lastimadas, nunca creí tener tanta fuerza. Yo lo compare con lo que haría un loco en pleno desquicio. Las vendas no fueron retiradas, pero ya podía quitármelas para cosas simples como lavarme las manos o ducharme, me dio una pequeña pomada para el ardor, no iba a desaparecer hasta que todas y cada una de las cortadas dejaran cicatriz.
En cuando a mi traicionera camioneta, aún no encendía, muchas veces pensé en llevarla a un mecánico, el problema era que no sabía como moverme. El señor Banner amablemente se había ofrecido a revisarla e intentar saber que tenía, pero el tenía de mecánico, lo que yo de bailarina. Decidí dejarla así solo por un tiempo, excusada del hospital y de Starbucks no tenía demasiadas cosas que hacer en un día, solo perdía el tiempo, algo que, honestamente, odiaba.
No había vuelto a ver a los Cullen, a excepción de Carlisle, no hubo nunca llamados o una señal de vida por parte de ellos o de mí.
A Edward, ya no lo había visto tampoco desde aquel día en la escuela, claro, por parte de el no esperaba una llamada ni mucho menos una visita, sería una ilusa, creo que aquel encuentro fue nuestro debut y despedida con respecto a nuestro "compañerismo". Toda la semana estuve como histérica comprando en cualquier tienda el periódico todos los días en busca de imágenes que hayan logrado captar de mí y Edward en nuestro pequeño paseo. Gracias a dios, no hubo tales fotos.
Suspire por décima octava vez frente al televisor, era sábado por la tarde ¿que demonios haría?, nunca creí decirlo, pero en verdad extrañaba la hiperactividad del pequeño duende Cullen.
Había pensado en salir al parque, pero es lo que había estado haciendo toda la semana ya que no tenía absolutamente nada que hacer por las tardes. También había pensado en seguir escribiendo mis historias de no ser porque mi cabeza estaba totalmente seca de imaginación.
Me recosté completamente sobre el sofá mirando al techo, hacía calor, siendo las siete cincuenta de la tarde el día estaba sumamente tranquilo, estaba entrando en un momento de trance cuando mi celular sonó ruidoso por todo el apartamento.
Ya había puesto un tono que distinguiera quienes hablaban, inconscientemente sonreí al escuchar exactamente ese tono. Baje corriendo del sillón y subí las mini escaleras de mi apartamento, conteste agitadamente.
- ¡Alice! – dije con emoción.
- ¿Me extrañabas? ¡Yo también! – sonreí abiertamente, entonces recordé que no podía verme.
- ¿Quien no te extrañaría pequeña duen… - pare en seco, no sabiendo si éramos lo suficiente cercanas como para que me dejara llamarle así – lo siento – susurre al teléfono.
- ¡Ash! – se enojo – no eres la única en llamarme así, no te disculpes – dijo en tono burlón, y yo suspire aliviada. Volvió a su hiperactividad – ¡tengo planes! – grito al teléfono.
- ¿Estoy incluida? – pregunte con falsa decepción, ella solo río.
- Obvio – reí al teléfono – ¿tienes algo que hacer?, ¿no, verdad?, bien, pasare por ti en cinco minutos. – abrí mis ojos como platos.
- ¡No estaré lista en cinco minutos! – grite alarmada.
- ¡Tonta Bella, yo me encargare de eso! – río fuertemente, bien, ahora si estaba alarmada.
- ¿Adonde iremos? – pregunte.
- Te lo diré en un lugar cerrado y en movimiento – contestó.
- ¿Que te hace pensar que no huiré? – pregunte maliciosa.
- Porque estoy frente a tu apartamento – contesto feliz – así que baja. Adiós – corto la llamada.
Sin pensármelo dos veces, tome mi celular y lo guarde en la bolsa de mi pantalón, baje corriendo las escaleras y apague el televisor, tome mis llaves y salí pintada del edificio a mi encuentro con Alice.
Como era costumbre, despedí al señor Banner y fui directo con Alice, que por la ventanilla de su coche me miraba sonriente.
- Hola – salude entrando al asiento del copiloto.
- ¿Lista? – pregunto.
- Para nada, vamos – conteste y ella arranco el coche - ¿me dirás a donde vamos? – pregunte después de un rato.
- ¡A bailar! – se me descompuso la cara.
- ¿B…bailar? – pregunte alarmada.
- ¡Si!, acaban de inaugurar un nuevo club, ¿como se llamaba? ¡Ah si, medianoche! – sonreí falsamente - ¿Que pasa Bella? – pregunto.
- No se bailar – admití.
- ¿Que? – me ruborice – vamos, no puedes ser tan mala – espero una respuesta, nunca llego – bien, Rose y yo te enseñaremos – termino contenta.
- ¿De verdad? – pregunte burlonamente.
- ¡Claro que si! – dio saltitos en su lugar, me reí junto con ella, hasta que me di cuenta de algo y deje de reír en seco. Alice me miro confundida.
- ¿Ira…? – no me obligues a decir su nombre
- No – respondió tranquila, gracias. Suspire aliviada.
Todo el camino fue tranquilo, Alice me pregunto que era lo que había hecho en toda la semana, no había mucho que contar, solo que no había tenido nada ajetreado, solo la escuela. Me pregunto sobre mi estado, esta vez no había necesidades de mentir, el ardor estaba comenzando a cesar notoriamente, había estado buscando la manera de ver a Carlisle y preguntarle si podía quitarme las vendas, mi diagnostico era positivo, ya que era yo quien estaba atendiéndome, pero Carlisle se enojaría si lo hacía sin su consentimiento, me cuidaba como a un padre, y se lo agradecía. Hoy aprovecharía y preguntaría, no quería ser la única chica en el antro con las manos vendadas.
Sin más eventos, llegamos a la casa Cullen, tan hermosa como la recordaba. Ambas bajamos del coche y Alice me tomo del brazo arrastrándome dentro. Entrando encontré a Esme sonriéndonos de manera maternal.
- Hola Bella – se acerco a mí para darme un abrazo que, gustosamente respondí.
- Hola Esme – susurre a su oído.
- ¿Como siguen tus manos hija?
- Bien, ya no me duelen – era la verdad, ella me sonrió calidamente.
- ¿Te quedaras a cenar? – pregunto.
- ¡No!, saldrá con nosotros – respondió una hiperactiva Alice por mi - ¡te veremos luego mami! cuando llegue Rosa la envías a mi habitación – le dio un beso en la mejilla a Esme y a mi me arrastro a su habitación.
Estaba sentada en la cama de Alice, observando divertida, la manera en la que sacaba y aventaba casi toda la ropa de su enorme armario. El piso estaba repleto de ropa.
Minutos después, entro Rosa a la habitación, Alice pregunto por los chicos y esta contestó que se estaban arreglando, Alice llevaba más de media hora intentando buscar un conjunto. Sin más, me ordeno bañarme y yo obedecí.
Tome una ducha corta, el agua caliente relajaba mis músculos, me había quitado las vendas, ocasionando que ardieran ante el agua caliente, pero no importo, se desvaneció a los pocos minutos, cuando decidí que había sido demasiado tiempo en la ducha, salí poniéndome una toalla alrededor de mi cuerpo y otra en mi cabello. Pedí permiso a las chicas para salir y estas asintieron, me encontré con ambas modelos frente a mí, ambas bañadas, vestidas y maquilladas.
Rosalie llevaba una blusa lila de tirantes cruzados por la espalda y dejando relucir unas cuantas pecas sexys en su cuello, unos shorts de tela pegados a sus torneadas piernas y zapatos de tacón sumamente alto, el cabello suelto solo un poco ondulado.
Alice llevaba unos pesqueros color negro, con remangos a la altura de la rodilla, en una de las bolsas tenía una "cadena" de adorno, un blusón rosa abierto hasta la altura de su pecho, tapando lo suficiente como para que no se viera vulgar y unas zapatillas rosas con tacón. Su cabello no tenía mucho arreglo, simplemente lo desordeno más de lo normal.
Ambas me miraron y sonrieron con suficiencia, inmediatamente me mandaron poner mi ropa interior y después me sentaron frente al salón de belleza que tenía Alice, como tocador. De nueva cuenta me impidieron ver hasta que terminaran de vestirme y arreglarme, me queje, ya que la última vez, había tenido que verme yo sola. Se disculparon y prometieron, esta vez, si me vería en el espejo y frente a ellas. Sin alegar más, deje sus manos terminar.
Una
vez hubieron terminado, me mandaron a vestirme al baño, dios sabe
que ropa me dieron, pero se veía diminuta. Me cambie lo más rápido
que pude y me negué a salir del baño.
- ¡No
pienso salir con esto puesto! –
grite desde el baño.
- ¡Si, si lo harás! – respondió una Alice impaciente. Negué nuevamente. - ¡Si no sacas tu trasero del baño entrare yo por el! – grito.
- ¡Se me vera mi ropa interior! – exclame.
- ¡No es así!, ¡Sal ahora! – bufe rendida y salí del baño. Alice comenzó a dar saltitos a mí alrededor.
Una
falda corta de mezclilla con holanes, ¡apenas si llegaba a mis
muslos!, una blusa normal color amarillo claro con pequeños
destellos rosas por toda la blusa, al menos agradecía que los
zapatos fueran de esos tenis largos que tenían cintas y llegaban
hasta las rodillas. (No
se si son los converse, los he visto casi nunca, aunque yo juro, no
son los converse)
-
¡Te ves sexy! –
dijo Rose picadamente. Me sonroje.
- ¡¿Ya viste el tamaño de esta falda?! – pregunte exasperada, no había problema con la blusa y los zapatos, el problema era la maldita falda - ¡Se me vera toda la ropa interior!
- Es mejor – contesto Alice. Le dirigí una mirada furiosa - ¡bien!, aguafiestas – camino a su armario y rebusco, hasta que encontró lo que buscaba, se acerco a mí y me tendió unas pantaletas negras demasiado pequeñas. La mire enarcando una ceja - ¡no me mires así Swan!, no cambiare de opinión, te ves bien así.
Bufando y enfurruñando en mi interior, tome las pantaletas y me dirigí al baño, esto me gano por extrañar a Alice Cullen.
Una vez lista, mis estilistas personales me llevaron frente a un espejo de cuerpo entero y me observe detenidamente, ellas hacían magia. Estaba igual o mejor que la última vez que me arreglaron, esa morena del espejo se miraba… sexy, muy diferente a la otra que ellas mismas habían arreglado. Me sonroje solo de verme, estaba muy diferente, si Renne me viera… estaría igual que Alice de contenta, hasta que se me ocurrió una idea.
- ¡Alice! – le hable.
- ¿Que pasa, no te gusta? – pregunto preocupada.
- ¡Me encanta!, gracias, a las dos – sonreí a ambas que estaban frente a mí – quiero pedirles un favor…
- Dinos
- ¿Alguna de ustedes tiene… cámara? – me pareció la pregunta más estúpida del mundo.
- ¡Claro! – Alice salió corriendo de su habitación y regreso en un segundo con una cámara pequeña.
- ¿Me podrían tomar una foto? – me sonroje ante mi propia petición.
- ¡Bella quiere consejos! – grito emocionada Rosalie.
- Quiero que mi mamá me vea… así – me señale el cuerpo – lleva años intentando verme así – sonreí apenada, ellas soltaron un chillido de emoción y accedieron. Estaba preparada para una pequeña foto, pero ellas al parecer no, me tomaron muchas fotos desde muchos ángulos, para que Renne me observara con detalle. Ya cansada, agradecí la aparición de Esme.
- Los chicos los esperan mis niñas – dijo maternalmente asomando la cabeza por la puerta de Alice.
- ¡Mamá!, ¿nos tomarías una foto a las tres? – pregunto Alice, Esme asintió. Rose y Alice se colocaron a mis costados y sonreímos a la cámara.
Después de la pequeña cesión de fotos, salimos de la habitación, Alice prometió que me enviaría los archivos e imprimiría las fotos, si quería. Accedí, luego le pagaría.
Aún me sentía completamente incomoda por la micro-falda que tenía que usar, pero Alice no cambiaría de opinión nunca. Eso lo tenía muy claro.
Al bajar las escaleras, note que Jasper y Emmett nos esperaban con impaciencia.
- ¡Creí que envejecería aquí! – exclamo Emmett sarcástico.
- Valió la pena – dijo Jasper.
- ¡Oh si! – respondió Emmett con sus ojos fijos en Rosalie. Después su mirada se poso en mi y en Alice, su semblante se puso serio – ¡si alguien se acerca a ustedes lo mato! – me asuste ante su comentario.
- ¡Eres un exagerado! – reprocho Alice.
- Bien, entonces cuidare de mi hermanita Bella, tu tienes a Jasper – Alice le saco la lengua y Emmett en un acto de madurez, le saco la lengua devuelta.
- ¡Vamonos! – grito Alice emocionada jalando a Jasper con ella hacía la entrada.
- ¿A donde crees que vas… Bella? – pregunto un Carlisle contrariado, haciendo que Alice se parara en la puerta de entrada. Me quede muda – las vendas – comprendí. Alice contesto por mí.
- ¿No querrás que sea la única chica en el club que tenga vendas en ambas manos, no es así papá? – dijo a manera de reproche.
- Pueden infectarse, aún no sierran las heridas – exclamo.
- Juro que no me las quitare en el próximo mes si es necesario – no tenía idea de porque estaba diciendo eso – solo, déjame salir así esta noche. – suplique. Pareció pensárselo durante varios minutos, no fue hasta que Esme susurro algo en su oído, que el rostro de Carlisle intento sonreír pero mantuvo su semblante sereno.
- Bien – tenía la garganta seca y se la aclaro – solo por hoy, Bella, mañana volverán las vendas – Alice comenzó a dar saltitos y Esme y Carlisle nos acompañaron a la puerta para despedirnos.
Nos fuimos todos en una jeep enorme, supuse era de Emmett; puesto que el y Rose iban en los asientos de adelante y Jasper, Alice y yo íbamos en el haciendo trasero. El camino fue silencioso, solo unos pocos comentarios de todos, acerca de lo bueno que prometía ser el club, me sentí extraña, todo el club iba a estar lleno de gente rica, iba con algunos de ellos, pero no lo era.
- Alice, Edward llamo, dijo que esperaría en la entrada hasta que llegáramos – hablo Emmett desde el asiento delantero. Alice me miro y dirigió una mirada significativa, le devolví otra de enojo. Pero no dije nada, simplemente desvié la mirada y me dispuse a ignorarla lo que restaba del camino.
Me había mentido, la única razón por la que no retrocedí de ir a este club era porque tenía ganas de verles a todos y porque Edward no iba a asistir. ¡Ella me lo había corroborado!
Cuando llegamos al club, simplemente me quede sin palabras, tenía luces por todos lados, no me sorprendió que no tuviera cartel de "ya abrimos", aquí era más sofisticado, las luces y todo era el incentivo de que habían abierto un nuevo club. La noche hacía que pareciera irreal.
Al estacionarse, las cuatro puertas del jeep se abrieron rápidamente, no espere a que nadie me dijera, me sentía atraída hacía las luces del club, daban justo al cielo y se divisaban las estrellas. Pensé, por algunos momentos, en preguntarles a los demás si podía quedarme fuera del club para observar las estrellas, utilizaría en chantaje en cuanto de Alice se tratara, me lo debía por mentirme, pero una parte de mí quería entrar y encontrarse con el hermoso chico de ojos verdes.
Seguí a todos hacía la entrada del club, mientras mantenía mi ley de hielo hacía Alice, con Rose no iba a ser igual, sabía que ella no había tenido nada que ver, ella odiaba a Edward, sabía que tampoco le había hecho gracia que el asistiera esta noche.
Una vez ya acercados a la entrada, pude reconocer a lo lejos a mi pesadilla… Edward Masen, se veía tan Dios como siempre, unos jeans azul fuerte desgastados, una camisa azul marino tipo polo desfajada y con los dos primeros botones desabrochados, dejando ver bellos sobresalientes de su bien marcado pecho. Estaba sonriendo, hasta que me miro. Algo me decía que el tampoco sabía de mi asistencia.
- ¡Hermano! – grito Emmett a Edward, quien le dio un abrazo masculino y seguido de el Jasper.
- ¡Hermanito! – Alice eufórica, corrió a los brazos de Edward y este la estrecho fuertemente en ellos. Intente sonreír ante la graciosa escena, pero no pude, ¡estaba sintiendo celos de mi propia amiga!
No pude sentir más alivio cuando Rose y Edward se saludaron de una manera notoriamente indiferente… agache mi mirada preparada para que Edward ignorara completamente mi presencia, pero la suerte no estaba de mi lado.
- Hola Bella - susurro frente a mí.
- Hola… - no salió nada más de mi boca.
- Te ves… bien – bien… repetí sus palabras en mi cabeza. Solo me veía bien.
- Gracias
- ¡Vamos dentro! – grito Emmett interrumpiendo mi platica de monosílabos con Edward. Inmediatamente camine tras Emmett y Rose, ignorando por completo a Edward, Jasper y Alice, esta última me las pagaría caro.
No sabía si este era o no como los otros clubes, la verdad nunca había tenido tiempo ni oportunidad de asistir a uno, Forks, no era conocida como la ciudad más divertida del mundo, y aquí, había estado enfrascada en el trabajo y la escuela.
Entramos al club y quede impresionada por el tamaño de este, estaban todas las luces apagadas, solo luces de colores para la enorme pista de baile iluminaban el lugar, había una barra de bebidas a lo largo de una esquina y en ambas orillas había escaleras para subir a un segundo piso que tenía unos sillones para sentarse y todo el centro eran mesas, la planta baja estaba repleta de mesas y estas de gente con bebidas y comida.
- ¡Vengan! – grito Alice por encima del ruido de la música, la seguimos en fila india, el lugar estaba repleto. Nos llevo hasta el segundo piso en una mesa que estaba justo a un lado de la pared.
Por suerte había sillas suficientes para los seis, no tuve más remedio que sentarme junto a Edward, me vería muy mal si me sentara en medio de las parejitas. En lo que terminamos de sentarnos, llego un mesero a tomar nuestras órdenes.
- ¿Que es lo que ordenaran? – pregunto mirando a todos y cada uno, deteniéndose en mí por unos momentos. Me sonrió débilmente y yo correspondí.
- ¡Yo un vodka! – respondió Alice emocionada.
- Tú no vas a beber un vodka Alice – dijo Edward en tono serio. Alice lo miro con reproche.
- No enana, aún no eres mayor de edad – secundo Emmett. Alice enfurruñada, pidió un poco de limonada, Rosa pidió un Daiquiri de fresas, Emmett una cerveza, Jasper un San Francisco y Edward un vodka martini.
- ¿Usted señorita? – me pregunto el mesero con una sonrisa.
- ¿Tiene… refresco de naranja y ananá? – era una bebida sin alcohol que mi padre acostumbraba hacerse en reuniones, y me convidaba un poco.
- Si, en un momento les traigo su orden – hablo en plural, pero su mirada siempre puesta en mí.
Cuando el mesero se fue, quise que me tragara la tierra, todos en la mesa a excepción de Edward molestaban abiertamente.
- ¿Viste como te miraba? – pregunto Alice emocionada.
- Dudo mucho que nos traiga las bebidas correctas, todo el tiempo estuvo mirándote – exclamo Edward molesto. Todos nos volvimos a el.
- ¿No va a venir tu novia? – pregunto Rosalie con pesadez.
- Aún esta en su viaje… - respondió irritado.
Mientras intentaba procesar las palabras de Edward y su notable irritación, llego el mesero nuevamente con nuestras bebidas. Entrego a cada quien su bebida y la mía la entrego al final, dándome una sonrisa avergonzada, no sabía el porque.
- Si necesitan algo más, no duden en llamarme, mi nombre es Santiago, estoy a sus ordenes – miro a todos y por último a mí, este jueguito de miradas me estaba cansando, hablaría con el más de rato. Sin decir más se retiro y cuando estaba a punto de darle un trago a mi bebida, una mano me la quito de las manos.
- ¿Que…? – más que molestarme, me sorprendió ver quien fue el que me quito la bebida, Edward miraba irritado el vaso, como si fuera la peor cosa que hubieran inventado en el mundo, levanto el vaso hasta la altura de su cara y quito de la base un pequeño papel húmedo por lo frío de la bebida. Voltee a ver a los demás, solo para encontrarme con la misma cara de sorpresa.
- Es su número telefónico… - dijo Edward con la mandíbula tensa. Enojada por su acción, quite de sus manos mi bebida y, con sumo cuidado, el pequeño papel.
- Es mío – grite molesta.
- ¡Quédatelo, no importa! – grito enojado y se excuso para ir al baño.
Sorprendida por su acción, incomoda por hacerlo enojar, y sentida por sus gritos hacía mi persona… decidí ignorarlo todo. El y yo no teníamos nada que ver.
Les hice saber a todos que me encontraba bien, Rose y Alice me hicieron prometer que si decidía llamar a Santiago les dijera inmediatamente, me daba risa la manera en la que hablaban del tema, ellas parecían más emocionadas que yo en ese aspecto.
Alice y Rose me dijeron, cumplirían su promesa de enseñarme a bailar, negué, decidí que dejar que bailaran con sus novios era la mejor opción, al menos así dejarían de molestarme e insistirme en que hablara con Santiago. Y si lo hiciera en algún momento, ellas no sabrían.
Me quede unos momentos sentada en la mesa, harta de esperar, me pare y me detuve en el barandal del segundo piso, que me daba una muy buena vista de toda la pista de baile. Pude ver a las parejitas bailar, la mirada de Alice se topo con la mía, animándome a ir a bailar con ellos, con una media sonrisa, negué, al fin y al cabo no tendría a nadie con quien bailar, si es que supiera hacerlo. De momento a otro, mi vista se encontraba buscando por toda la pista, no era difícil adivinar a quien buscaba… pero para decepción mía, no le encontré.
- ¿Buscas a alguien? – salté al escuchar una voz desconocida a mi lado. Lo mire, más no le conteste – lamento haberte asustado, soy Alec – dijo estirando su mano en mi dirección.
- Bella – conteste sin mirar su mano, el sonrió y bajo su mano – y no buscaba a nadie.
- ¿Te gustaría ir a bailar? – lo mire con desconfianza – tranquila, no muerdo, de verdad.
Después de un asentimiento de cabeza, Alec, tomo mi mano y me dirigió a la planta baja, al centro de la pista. El empezó a moverse demasiado bien al ritmo de la música, decidí ser sincera.
- ¡No se bailar bien! – grite por encima de la música. El solo sonrió y me tomo de la cintura, pegue un gritito ahogado.
- ¡Yo te guiare, si me dejas! – víctima de sus ojos miel, asentí con la cabeza.
En mi vida había imaginado que yo pudiera bailar este tipo de música, y aquí estaba, talvez, el baile más erótico que haya bailado en mi vida, y lo estaba haciendo con un desconocido. Nuestros cuerpos llevaban el compás de la música, nuestros cuerpos rozándose, sus manos en mi cintura y las mías en su cuello. Nunca perdiendo contacto visual. Estábamos en nuestro mundo, que no nos dimos cuenta que alguien estaba a nuestro lado, esperando a que nos separáramos.
- ¡Al fin, creí que tendría que separarlos yo! – dijo la mujer con voz risueña, intente alejarme del brazo de Alec, para encontrarme con la ira de la novia, pero no fue así.
- ¡Bella, te presento a mi hermana melliza, Jane! – para que escuchara mejor, pego su boca a mi oído, mandándome corrientes eléctricas por todo el cuerpo, voltee a ver a Jane y sonreí.
- ¡Hola, espero que mi hermano no haya sido una molestia! – sonreí y negué.
- ¡Claro que no! – grite en dirección a Jane, esta volteo a ver a Alec significativamente.
- Estoy algo cansada ¿podemos irnos Alec? – pregunto. El aludido me miro a mí.
- ¿Te gustaría ir con nosotros? – no iba a mentir y decir que no me tomo por sorpresa su abierta invitación, la había pasado bien bailando con el, pero eso no quitaba que fuera un completo extraño, aparte, yo venía con los Cullen.
- Vengo con gente, no creo que se vea muy cortés de mi parte…
- Vamos, será divertido, no estaremos solos, estará mi hermana y un par de amigos más – me mordí el labio, cosa que solo hacía cuando estaba nerviosa, algo en sus ojos me decía que fuera, la mirada penetrante a la cual me sometía me atraía, pero por alguna razón, no quería acceder.
- Lo siento – termine, un poco decepcionada por mis palabras, pero era lo correcto. Alec se mostró comprensivo.
- Bien, aun así, espero verte de nuevo, Bella – el y su hermana se despidieron de mi y Alec me dio su numero de teléfono.
Después de perder de vista a los mellizos, comencé a buscar a los Cullen por la pista, no los vi, así que decidí buscarlos en nuestra mesa, subí al segundo piso y la mesa estaba completamente sola, no queriendo perderme, me quede en la mesa nuevamente a esperar a que alguien viniera. Cansada de esperar, comencé a jugar con mi celular, rogando en silencio que los Cullen no me hayan dejado. De repente escuche risas muy conocidas por mí.
- ¡Bella! – grito Alice desde la entrada de las escaleras, estaba… ¿borracha? Detrás de el estaba un Jasper, lamentándose.
- ¿Que paso? – pregunte alarmada caminando directamente hacía Alice. Jasper me contestó.
- La deje beber, creo que se me fue la mano – ayude a Jasper a sostener a Alice por su otro hombro y entre los dos la llevamos a la mesa.
- ¡Si mamá la ve así, me mata! – grito Emmett desesperado. No me había dado cuenta de cuando habían llegado, Emmett estaba preocupado, Rosalie miraba a su hermano con pesar y Edward estaba notablemente enojado.
- Vayámonos – sugerí, a estas alturas Alice estaba inconsciente.
- ¡Me mataran si la ven en ese estado, aun es menor de edad!, ni a mi me dejan ponerme así – contesto Emmet intentando despertar a Alice.
- ¿Cuanto bebió? – pregunte a Jasper.
- Solo unos tres tragos, pequeños, no se porque llego a este estado – respondió.
- No esta acostumbrada a beber, es normal – suspire – mañana tendrá resaca.
- No podemos llevarla en ese estado a tu casa – dijo Edward, hablando por primera vez desde que estaba ahí.
- ¿Que sugieres? – le pregunto Rosalie irritada. Edward ni siquiera la miro, contesto con la vista en Emmett.
- Vamos a mi casa – al escuchar sus palabras, sentí mi garganta seca y por alguna extraña razón mi corazón se acelero rápidamente.
- ¡Ya sabía yo que por algo te amaba! – contesto Emmett, quien se acerco a Edward y le planto un sonoro beso en la mejilla. Este, asqueado, lo aparto.
- ¡Gracias, pero prefiero al sexo femenino! – por una milésima de segundos, su mirada se poso en mi, después volvió su mirada a Alice – vamonos de aquí – dijo.
Dadas las circunstancias, Alice estaba indispuesta al momento de caminar, no importo que todo el mundo se quedara viéndonos de manera extraña, todos seguimos nuestro camino. Aunque claro ¿quien los culpaba? Jasper era el único hombre que tenía en brazos a una chica inconsciente, suerte teníamos si no llamaban a la policía, aparte, teníamos a Edward con nosotros, dolorosamente, el acaparaba la atención de todas las chicas que nos veían y ninguna ponía atención a la pequeña Cullen inconsciente.
Al llegar a la puerta principal, el guardia nos miraba receloso, no quitaba su mirada de Alice, claro, Rosalie se encargo de que no nos dijera nada, ella simplemente fue… ella.
Cuando por fin, estábamos en el estacionamiento buscando el monstruo de carro que tiene Emmett, Alice estaba recuperando la conciencia.
Al llegar al carro, Edward aun nos acompañaba, Emmett ya había hablado con Esme y esta, cansada, accedió y nos deseo a todos buenas noches. Quería hablar con Alice, Emmett quedo paralizado y le hice caras y gestos para que dijera que se encontraba dormida.
Acomodaron a Alice en todo el asiento trasero del jeep, Emmett dijo que no permitiría que su hermana tuviera la cabeza en las piernas de Jasper y Rosa fue la que se sentó con ella en el asiento trasero. Hubo algo que no me paso desapercibido. Ya no había espacio para mí.
- Bella ¿te puedes ir con Edward? – pregunto Emmet cuando todos estaban dentro del carro y Edward se había ido a buscar su auto. Lo mire con miedo.
- No creo que el quiera… que valla a su casa, pediré un taxi – sabía que por algo quería aceptar la invitación de Alec.
- No me dejes así por favor, tú sabrás que hacer con Alice mañana, por favor – me miro suplicante, y yo no tuve más remedio que acceder.
- Bien – susurre al fin.
- ¡Gracias! – sin darme cuenta, el grandulon me envolvía en sus brazos.
Emmett subió al Jeep diciendo que no se iría hasta que Edward viniera por mí, el miedo me invadió, sería la segunda vez que vería esa casa enorme. Pero esta vez por dentro, un escalofrío me recorrió toda la columna vertebral, no me había dado cuenta del frío de la noche, eche un vistazo a mi celular y mire que eran las dos de la mañana. Era una fría madrugada. El claxon de un auto me saco de mis pensamientos. Con miedo y lentamente, abrí la puerta del copiloto y me adentre en el. Arranco nuevamente y mire por el espejo retrovisor que Emmett nos seguía.
Tenía la vaga esperanza de que Edward me ofreciera llevarme a mi casa, pero no lo hizo en la mayor parte del tramo, el auto estaba en completo silencio, solo el sonido de nuestras respiraciones acompasadas se escuchaba en fondo. Mi mirada pegada a la ventana, mirando la noche, y la mirada de el siempre puesta al frente.
- ¿Como están tus manos? – pregunto Edward de repente. Tarde unos minutos en responder.
- Bien – conteste simplemente.
- ¿Carlisle accedió a que te quitaras las vendas? – volteo a verme unos minutos y aproveche esos minutos para asentir con la cabeza, no quería hablar.
Paso más tiempo hasta que llegue a preguntarme si la casa de Edward estaba del otro lado del mundo, el sueño me estaba venciendo, pero no quería dormirme frente a el. Cuando por fin estuve a punto de caer rendida, visualice el gran barandal, el cual, recordaba perfectamente. Entramos a la casa con Emmett detrás de nosotros. Una vez bajo los coches, Rosalie estaba completamente dormida, sostenida por Emmett y Alice aun en su estado de inconsciencia, sostenida por Jasper. Edward abrió la puerta de la casa y nos recibió una cachorrita hermosa que recordaba a la perfección.
- ¡Hola! – susurre con emoción mientras me agachaba para cargarla y ella comenzaba a lamerme la cara.
Aun con la cachorra en brazos, me adentre a la enorme casa, la sala era enorme, todo estaba color blanco y sumamente limpio, sin mencionar que estaba en completo orden. Por un pasillo visualice una sombra que al principio me asusto, hasta que se acerco a donde estábamos.
- ¿Se le ofrece algo señor? – frente a nosotros apareció una mujer con pijama decente y completamente adormilada. Mire a Edward, era imposible que la hiciera trabajar a estas horas.
- No Renata, puedes volver a dormir, buenas noches – la joven lo miro con cara de sorpresa, tardo unos minutos en responder, pero al final asintió y nos deseo buenas noches a todos.
Después de aquello, Edward nos guió hasta las habitaciones desocupadas, eran muchas, cabe agregar.
Las parejas ocuparon cada una su habitación, dejándome con Edward para que me guiara a la mía.
Me
era imposible creer que, con tan semejante tamaño de casa, esta solo
sea de dos pisos. Pero una muy hermosa casa de dos pisos. Tenía un
jardín hermoso con todo el césped y hermosas flores muy bien
cuidadas, el patio era incluso de mayor tamaño al jardín de la
entrada, el patio también tenía una alberca de forma rectangular
muy grande. Estaba tan embelezada viendo el patio por la ventana que
no me di cuenta que Edward me hablaba.
- ¡Bella!
– susurro Edward
con intensidad. Me sobresalte unos momentos.
- ¿Si? Perdón – le mire a los ojos, grave error, me quede prendada de ellos por unos largos minutos, antes de que el rompiera la conexión visual.
- Aquí es donde dormirás – me señalo la habitación y asentí. De pronto me di cuenta que tenía una cosita en mis brazos, profundamente dormida. La cachorra de Edward.
Pareció darse cuenta del asunto, abrió la puerta para mí y me adentre a la habitación, era mil veces más grande que la mía, y la cama era king zise, tenía un pequeño buró al costado derecho de la cama, una mecedora a la orilla de la habitación, una puerta que daba afuera a una pequeña terraza, una mesa pequeña para tomar desayuno, una televisión frente a la cama y un baño propio. Quede encantada con la habitación y al parecer, Edward lo noto.
- ¿Te gusta? – pregunto con una media sonrisa, le mire y me quede pasmada, nunca le había visto sonreírme, le dedique una sonrisa tímida y asentí. Me acerque a la cama y deje a cachorrita en ella, Edward no puse objeción, así que supuse, dejaría que la cachorra durmiera conmigo. Agradecí infinitamente ese silencioso permiso, quería abrazar algo esta noche.
Me senté en la cama observando mejor la habitación, quise juntar mis manos para poder entrelazar los dedos, pero me lo impidió el ardor de manos sudadas. Hice una mueca de dolor y Edward, quien aun no se había ido, lo noto.
- ¿Estas bien?, ¿Te duele algo? – pregunto alarmado, cosa que solo agrando mi sorpresa.
- Solo un poco de ardor en las manos, se suponía que me pondría las vendas cuando esto terminada, pero las deje en casa de los Cullen – una parte de mi espero que hubiera captado la indirecta de que esto no estaba planeado.
- Hay vendas en el baño, cada baño tiene un pequeño botiquín de primeros auxilios – me dijo y sin darme tiempo de contestar, fue directo al baño para buscar las vendas. Regreso con dos rollos de vendas aun en su empaque.
- Necesito lavar mis manos – le dije.
- Adelante – me abrió paso para que fuera al baño, algo me decía que no se iría hasta que me pusiera las vendas.
Llegue al baño y me asombre de lo enorme que estaba, sin perder más tiempo, ya que estaba cansada, abrí el grifo del agua y me llene las manos de espuma del jabón. Una vez enjuagadas volví a la habitación para encontrar a Edward sentado en la cama.
- ¿Te ayudo? – pregunto tímidamente.
- Claro – susurre.
Yo era capaz de ponerme una venda, pero la otra, forzosamente tenía que pedir ayuda, una, porque no era zurda y dos, porque se me dificultaba más con el bordo de mi otra mano ya con la venda puesta. Terminando de ponerme la venda en mi mano izquierda, Edward rápidamente extendió la otra venda, lista para ser colocada en mi mano, solo había un problema, yo no quería que el viera mis heridas.
- ¿Que… pasa? – pregunto al ver ningún movimiento de mi parte. Me trague mis palabras, el parecía sincero.
- Nada – susurre y extendí hacía el, la palma de mi mano abierta.
Al mirar mi meno, hizo una mueca de dolor, una parte de mí espero que dijera que le daban asco las pequeñas múltiples heridas abiertas, pero no fue así, coloco sobre mi mano la venda muy delicadamente, que no sentí dolo mínimo.
Cuando hubo terminado de ponerme la venda, miro mis manos y luego a mi, tomo ambas manos entre las suyas, y me miro directamente a los ojos; quedando solo por unos momentos, atrapados en la mirada del otro.
No supe que fue lo que lo ocasiono, pero Edward soltó mis manos, como si su simple roce quemara y salió corriendo de la habitación sin siquiera decir adiós.
Atónica por su acción, mire significativamente mis manos, había tenido mis manos entre las suyas.
Y con ese pensamiento, caí rendida en brazos de Morfeo.
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Puedo Amarte
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Hii!, miles de perdones por bajar la historia una semana y media
después ._. pero les juro que tengo excusa XD… primero, era el
tema de la imaginación, mi cabeza estaba seca =D y segundo, estaba
el tema de mis exámenes parciales en la prepa, todo iba bien, hasta
que presente biología =/… pero bueno x's no las aburriré con mi
vida personal XD…
pues aquí esta este capitulo, en lo personal
me gusto la idea, me vino de un día para otro, en realidad la
borracha creí que iba a ser Bella, pero recordé, demonios, ella
vive sola, y no abría espacio para todos en su casita =P… así que
improvise :B
espero que les guste(:
¡GRACIAS POR SUS
REVIEWS!
miles de besos (K)
