DISCLAIMER: El maravilloso mundo de Labyrinth no me pertenece, es propiedad de Jim Henson Co, así como de Jennifer Connelly y David Bowie, quienes le dieron vida a sus inolvidables personajes, yo solamente juego a crear historias sin fines de lucro con ellos, porque me encantan.
Hola a todos! aquí estoy de nuevo trayéndoles otro capítulo de esta historia. Quiero agradecer antes que nada a EloraP y Brimilec por sus hermosos reviews, mil gracias por el apoyo chicas. Les envío un abrazo al igual que a todos los que se toman un tiempito para leer este fic, en cualquier parte del mundo que estén.
CAPÍTULO VI: JARETH
De haber tenido opción, Sarah hubiese preferido irse a la cama temprano en lugar de cenar pero lastimosamente en el colegio condenaban con castigo el saltarse dicha hora. No obstante, tenía en mente con mucha claridad lo que debía hacer para llevar a cabo su misión, ni bien llegara el momento de ir a la cama.
Había tenido un aviso, debía volver a Underground lo más pronto posible porque la vida de Jareth estaba en peligro y dependía de la suya. No iba a ser sencillo, desde ya lo auguraba pero debía poner todo de sí con esperanza de alcanzar su objetivo. Para esto tenía un plan como buena estratega y un plan B en caso de que su plan A fallara. El método más sencillo era ingresar al subsuelo a través del mundo onírico, deseando con fervor desde el fondo del alma que sus pensamientos la condujeran hasta allí… el otro método en cambio era…
Las miradas de sus compañeras de mesa fijas sobre ella le hizo volver de lleno a la realidad, dándose cuenta de que debía haber demostrado una buena actitud de perdida, embebida en sus pensamientos al revolver su crema de legumbres en el plato sin atreverse a probarla, que había ocasionado una vez más que Angélica Reagan profiriera alguna burla sobre ella. Lo supo por la sonrisa pérfida hacia ella que tenía pintada en la cara.
-¿Qué?- quiso saber Sarah enseguida
-Pero qué despistada eres Sarita, justo estábamos conversando con las chicas del por qué tu mamá acostumbra a excluirte de sus eventos, pero después de todo no es tan difícil de comprender- respondió la mordaz pelirroja en tono de mofa -¡Quién no se avergonzaría de tener una hija tan aburrida y simplona como tú!- alegó sin siquiera una pisca de consideración o respeto haciendo que sus seguidoras estallaran en risas.
Alice miró a Sarah con un asomo de pena desde el otro lado de la mesa, prefiriendo agachar la cabeza al tiempo que la movía con desaprobación.
Sarah conocía a su amiga desde que era casi una niña y podía distinguir sus gestos de contrariedad cuando se estaba resignando a aceptar algo que no podía cambiar. En este caso era el tener que convivir y soportar a la terrible Angélica, quien se había autoproclamado la "Reina del terror" del colegio, se consideraba inmune a las reglas por ser de las estudiantes más adineradas y creía por lo tanto que las demás debían bañarse en aceite para soportar sus crueles bromas cuando tocaran… pero Sarah que por desgracia era su hazmerreír favorito, no podía estar más en desacuerdo ante aquello y no se iba a quedar con ganas de manifestarlo.
Angélica no tuvo prudencia antes de molestarla, aun estando al tanto de que debía tener para entonces la cabeza llena de problemas luego de haber pasado una tarde muy pesada que le había dejado incluso un castigo. Aprovechándose de ello quiso mortificarla, subestimando su mal humor.
Todas se sorprendieron por lo tanto al ver a Sarah levantarse realmente afectada pero aún más cuando en lugar de correr a su alcoba como hiciera la última vez, tomó su pocillo de sopa y se encaminó disimulada pero decidida hacia el puesto donde se encontraba sentada Angélica, que tratando de ignorarla luego de fastidiarla, no se percató de inmediato de su presencia detrás de ella ni mucho menos de sus intenciones.
-En realidad no me lleva debido a mi intolerancia a soportar a un montón de taradas del medio iguales a ti- Sarah le indicó, logrando que se volteara alarmada a mirarle justo a tiempo para apreciar bien como volteaba todo el contenido de su plato sobre su refinada cabeza.
La indignación de la pelirroja fue tal que se levantó de la mesa con la boca abierta sin saber que hacer pues no estaba acostumbrada a que nadie se revelase en su contra, sin esperarse además que la mayoría aplaudiera o alentara a su archienemiga, poniéndose de su parte y lo peor, que entre ellas había hasta algunas de sus propias "besties". Aquella noche le hicieron abrir los ojos dejándole saber que su régimen abusivo no era bienvenido así como que en realidad no tenía a nadie sincero de su lado.
Se armó tal alboroto en el comedor por lo sucedido que las maestras no tardaron en intervenir, buscando información en el resto de alumnas. De esa forma terminaron siendo amonestadas por igual tanto Angélica como Sarah, la primera por comenzar el lío y la segunda por responderle.
-¿Sari te encuentras bien?- Ya en la habitación, Alice no perdió el tiempo de interrogarle, visiblemente preocupada por su comportamiento de ese y de los últimos días -¿Qué te sucede?, ya te has ganado dos castigos en un solo día y utimamente andas un poco extraña. Esta tarde sucedió lo que sucedió porque no estabas prestando atención en clases al estar dibujando y esta noche has conseguido cinco puntos menos adicionales por enfrentarte directamente a esa loca de Angélica. ¡Claro que le pateaste el trasero!... pero hubiese sido más sensato que le avisaras de su mal comportamiento a las supervisoras para que ellas mismo se encargaran de llamarle la atención de la forma respectiva, como hice ayer- Le hizo ver a modo de regaño. Habían sido amigas desde el primer día de clases al ingresar al colegio y consideraba por lo tanto una obligación cerciorarse de que nada malo le estuviese aquejando.
-La verdad no me interesa- respondió Sarah, sentada de brazos cruzados sobre su cama –Quizá no debería ser así pero así es- concluyó bajando la voz. Alice no pudo objetar nada ante eso. Hubiese querido preguntarle si su congoja se debía a la añoranza hacia aquel chico que tanto le gustaba pero ante la determinación de Sarah a guardar el secreto no se atrevió, tampoco quería que pensara que era una entrometida. Respetaba el espacio personal de su amiga.
-Está bien, está bien, no diré ni preguntaré más… pero espero que un día me cuentes cuando algo te afecte. ¿Somos mejores amigas o no? Además yo siempre te cuento mis cosas- musitó la chica rubia un tanto resentida mientras sacaba su pijama de un cajón de su cómoda para ingresar al baño a cambiarse.
Sarah sabía que por una parte tenía razón, que no había equidad de su parte respecto a la confianza en su amistad, pero había al final cosas que prefería no contárselas a nadie y que de hacerlo nadie le creería, inclusive ella, así que era mejor no exponerse.
-Lo siento Alice- susurró con culpabilidad, sabiendo que la chica rubia no podía oírla.
Cuando llegó la hora de dormir y se apagaron las luces en los dormitorios de las estudiantes, Sarah arropada en su cama se topó de cara al hecho que más había estado temiendo, su imposibilidad para conciliar el sueño esa noche, lo que la dejaba de lleno sin un plan de emergencia en caso de que el primero fallase pero era inevitable, tanta preocupación e impaciencia por llevar a cabo su misión, no dejaba de darle vueltas por su cabeza, causándole desvelo. La tensión que sentía en el estómago por no saber lo que pudiese suceder parecía a cada minuto que pasaba volverse más fuerte y en el fondo le aterrorizaba la idea de volver sola al laberinto, el cual para variar había divisado en gran parte destruido desde el castillo pero no por ello eximía el hecho de ser aterrador. Más debía ser valiente para ir por Jareth y rescatarlo. No podía dejarlo morir. No tenía opción.
Esperó paciente hasta cerciorarse de que la respiración de Alice era tranquila y pausada, indicación de que estaba profundamente dormida. Solo entonces se levantó sigilosa, intentando hacer el menor ruido para no despertarla, lista para emprender cualquier gran aventura.
Se despojó de inmediato de su bata de dormir con la cual había fingido acostarse para no levantar sospechas pero que en realidad le había servido para ocultar que por debajo iba vestida de jean y camiseta (había elegido su camiseta favorita, una de color rosa pálido con un estampado en el centro de florecitas, pues quería que aunque sencilla, Jareth la encontrara bonita) sus travesías a Underground le habían enseñado que allá aparecía con lo que tuviera puesto.
Dándose un último respiro de valor, volviendo a sentarse en la cama, Sarah tomó su abrigo violeta que reposaba colgado de uno de los extremos del respaldar y se calzó despacio sus converses color plomo, luego recogió despacio su mochila cargada con algunas prendas que se había encargado de guardar precavida con anterioridad, en caso de tener que quedarse en el reino mágico durante varios días, dos botellas plásticas con agua y toda su provisión de golosinas, snacks y galletas que había acumulado en la semana comprando en el bar, por si le daba hambre al atravesar ese lugar ahora tan vacío. Con todo listo, en sumo silencio salió al corredor, agradeciendo que por suerte la manija de la puerta giraba con facilidad y no era ruidosa.
Su siguiente paso era sortear los pasillos sin ser pescada por las religiosas encargadas de montar la guardia, que si la encontraban creerían que a lo mejor estaba intentando huir y sabía que el único castigo para eso era una expulsión. No obstante, a esas alturas ya nada le importaba. Nada parecía tener mayor relevancia comparado con aquello que estaba a punto de llevar a cabo, en lo que no podía permitirse fallar.
El primer paso de su plan era llegar al jardín, pues necesitaba estar rodeada de naturaleza en medio de la noche para concentrarse y cerca además a una fuente de agua. Una vez allí intentaría invocar a Jareth y algo en su interior le decía que tal vez en esta ocasión al llamarlo la escucharía, porque después de todo ella también tenía poder. Podía funcionar.
Con suerte a la vez que ocultándose a tiempo, pudo sortear la presencia de las supervisoras logrando salir del edificio airosa, sin ser vista. Corrió entonces emocionada y muy orgullosa de sí misma por su logro hacia la parte más alejada del jardín, la cual asemejaba a una arboleda, donde sabía que no encontraría a esas horas vigilancia. Sentía como la adrenalina vibraba en su interior inundando su pecho, haciéndola reconocerse libre e imparable. Faltaba poco para estar cerca de él, lo presentía.
-Bien… ¡aquí estoy!- expresó en voz alta y firme, abriendo los brazos, al constatar que se encontraba lo suficiente sola, únicamente rodeada por la densidad de los árboles y la oscuridad, pero no obtuvo respuesta.
Un fuerte viento otoñal barrió con todo a su alrededor y tuvo que abrazarse a sí misma para soportarlo, cerrando los ojos. En definitiva si llegaban a encontrarla y no la echaban, decidirían que estaba loca. La insoportable de Angélica sí que se regocijaría al enterarse.
Sarah sacudió la cabeza, no era momento de pensar en esas cosas porque debía concentrarse. No sabía lo que le esperaba en Underground pero debía acudir… aunque tampoco sabía si después de aquello podría volver, pero era mejor por lo pronto no pensar en eso. Caminó entonces con seguridad hacia el esplendoroso estanque que adornaba esa parte del jardín (su favorita, después de la Biblioteca), en el cual se reflejaba la luna llena, iluminándolo y haciéndolo parecer un lago artificial y despacio se sentó sobre sus rodillas al llegar cerca de la orilla.
-¡Rey de los Gnomos, ¿me escuchas?, estoy aquí!- gritó esta vez, mas el ruido de los insectos, el sonido de la noche, fue su única respuesta. Una densa nube cubrió en el cielo los rayos de luna mientras esperaba atenta a que ocurriera algo. Transcurrieron varios segundos que luego se transformaron en minutos y no pasó nada. Sarah se tocó la cara preocupada, pensando en qué estaba haciendo mal. El agua era un elemento por medio del cual Jareth se contactaba con el mundo real, lo había visto en sueños y también a través de los recuerdos que él le compartiera con su beso…Las mejillas se le encendían de solo rememorarlo.
Nunca dejaría de parecerle increíble y extraño el cómo entre ellos habían surgido sentimientos después de todo lo que había pasado. El pensar en los inicios y en su rivalidad sin embargo, le resultó provechoso porque de repente recordó algo más.
-¡Qué tonta! ¡Claro, los gnomos!- se dijo para sí, sin dar más vueltas cerró de inmediato los ojos para concentrarse y volver a expresar despacio, con claridad, la frase que una vez tan bien una noche le funcionara.
-Deseo… deseo que los gnomos vengan y me lleven a Underground con su rey, ahora mismo-
Permaneció estática sin atreverse a mover un centímetro, esperando, poniendo toda su fe en que esta vez su pedido funcionaría. Por ello, grande fue su decepción al abrir los ojos después de unos minutos y darse cuenta de que seguía exactamente en el mismo lugar.
-¡Rayos!- esbozó con frustración, levantándose de golpe y dando una patadita en el suelo. Qué iba a hacer, no se le ocurría nada más. Se sintió de pronto muy torpe y desolada.
-…Hoogle… Didymus… Ludo- rogó luchando contra las lágrimas que amenazaban con brotarle a raudales –Los necesito… por favor- susurró con voz acongojada pero luego de un largo minuto que hasta contó, se dio cuenta de que tampoco acudirían. No pudo contener entonces más la tristeza, pensando que la magia de verdad se había esfumado, comenzó a llorar de impotencia y de temor por entender que con probabilidad no volvería a ver a sus amigos ni a Jareth.
Más no podía dejar las cosas así, no después de lo que le habían contado. No podía separarse de ellos de esa forma, sin siquiera decirles adiós… y Él, de tan solo pensar en él se le oprimía el pecho y sentía que le faltaba el oxígeno, tenía que ayudarlo, no podía dejarlo morir. Necesitaba hablarle, volver a verle a la cara. Lo echaba de menos, extrañaba su intensa mirada que parecía desnudarle el alma y verse reflejada en esos bellos y enigmáticos ojos de diferentes tonalidades que transmitían a través de ellos pura magia, lo extrañaba incluso con su soberbia forma de ser, admitiéndose perdida por él.
No iban con ella su crueldad, ni su prepotencia, mucho menos su mordacidad, reconocía que en muchas cosas eran diferentes pero quizá en otras se complementaban, así funcionan las partes de un todo que sirven para encajar entre sí. Sarah tarde lo había entendido pero en esta ocasión (si se le concedía otra oportunidad) ya no iba a ser cobarde. Su historia no estaba cerrada aún, tenían muchas cosas por aclarar.
-Por favor…- reiteró suplicante mientras el azote del viento jugueteaba con sus largos cabellos y le obligaba a apresurarse a sentar bajo unos arbustos cercanos para protegerse del frío, donde abrazándose las piernas intentó calmarse a la espera de que en el mundo mágico alguien pudiera escucharle y se condoliera de su alma para ayudarle a cruzar.
Apoyó sollozando la cabeza en sus rodillas y volvió a cerrar los ojos porque quería escapar de la realidad, no quería cavilar en lo qué ocurriría al día siguiente, no le interesaba que hubiese un mañana si no era capaz de ayudar a los seres que amaba cuando la necesitaban. Nunca en su vida se perdonaría el haberles fallado, así no los volviera a ver.
Sarah estaba ensimismada en sus pensamientos cuando notó no sin extrañeza que el viento cesaba de pronto y el clima parecía volverse más cálido para darle paso a unas grandes gotas de lluvia, entonces levantó la vista lentamente para asombrada darse cuenta de que todo el estanque estaba cubierto de una misteriosa luz celeste que provenía de sus entrañas, tal como la que había visto en los bordes del espejo de su habitación y como aquella vez, se levantó despacio para caminar directo hacia allí como presa de un hechizo hipnótico.
Lo siguiente que sucedió fue como caer en un agujero de gusano. Todo ocurrió muy rápido y no supo en que momento resbaló del borde de piedra para caer al estanque, ni por qué éste resultó ser de una profundidad inimaginada.
"Cómo un profundo lago" pensó sobrecogida mientras volvía a ascender a la superficie luego de la singular zambullida y cual escalofriante pesadilla se encontró con que en realidad se equivocaba en parte. El estanque bonito sí había desaparecido transformándose en una inmensa masa de agua de la cual resultaba imposible a simple vista calcular su extensión… pero ésta no era un simple lago, tenía olas.
Aterrada, Sarah alcanzó a cargar de aire sus pulmones antes de que un gran tumbo cayera sobre ella, arrastrándola como un insignificante pequeño pez a la deriva en una marejada. No le dio tiempo ni para gritar. Se sintió dar vueltas y más vueltas en medio de las ondas sin poder hacer nada y cuando creyó que ya estaba todo perdido, que era mejor abandonarse a la muerte de una vez, fue escupida hacia la orilla de una playa que no conocía... mas no le hizo falta que nadie se lo corroborara para saber que había regresado a Underground.
Asombrada, volteó cautelosa a ver que había a sus espaldas y para su júbilo divisó a simple vista el castillo de los Goblins que se elevaba sobre una colina más allá de la arboleda, después de la playa.
"No muy lejos" pensó
-¡Sí!- gritó jubilosa al tiempo que se ponía de pie de un salto, dejando de lado el extraño mar todo cubierto de neblina gris que la había llevado hasta allí (del cual no quería saber ni el nombre, si es que lo tenía) y la espeluznante experiencia que acababa de vivir porque era tiempo de concentrarse por completo en su misión. Así que sin prestarle mucha atención al hecho de que era de noche, estaba sola, completamente empapada y para colmo hasta había perdido su mochila con provisiones; se encaminó con valentía hacia el castillo, sin dejarse impactar demasiado por el hecho de que la floresta estaba deforestada en más de la mitad y árida en ciertas partes creando un paisaje semi-apocalíptico, pero lo que sí terminó por capturar por completo su atención fue su reloj de mano. No por el hecho de que hubiese sobrevivido al revolcón acuático inesperado sino porque los números dentro habían cambiado, el tiempo había cambiado y tal como su primera experiencia en Underground, las horas ya no eran solo doce sino que había una adicional que completaba el círculo. Un indicativo de que muy atrás había dejado el tiempo real.
"La treceava hora"
Sin saber por qué, Sarah presintió que debía apurarse, marcándosela como límite para alcanzar su meta. Solo esperaba con fe, rogando desde lo profundo de su corazón que Jareth resistiera.
Al internarse entre los árboles o lo que quedaba de ellos, descubrió que esa zona colindaba con la parte de las paredes de arbustos del laberinto, la misma que le había impresionado por su majestuosidad en gran manera la primera vez que la viera pero que ahora le ocasionaba tristeza al encontrarla en su mayoría derrumbada, dejando de constituir un obstáculo para acercarse a la morada del rey.
La dificultad de la mega estructura que tantas pesadillas durante muchas noches le había dado, estaba mermada, el gran laberinto se asemejaba ahora a una concentración de fichas de dominó derribadas, lleno de escombros y de paredes a punto de caer, por lo que respirando profundo se encaminó a cruzarlo tan solo guiada por la luz de la luna (la misma luna que brillaba también en el firmamento del mundo real), diciéndose para darse fuerza que si ya lo había hecho una vez, bien podía hacerlo dos veces. Ahora sí debía ser en realidad "Pan comido".
Echando a correr para llegar más rápido, tanto como podía en medio de las ruinas, agradeció que el clima de Underground fuera cálido a diferencia del de Suiza o si no, empapada como estaba de seguro se ganaba una pulmonía. Sus zapatos encharcados hacían ruido en el pavimento, no obstante notó con sorpresa que aquello cesó ni bien pudo poner un pie fuera del laberinto media hora después. Una vez allí impresionada se miró a sí misma para descubrir que se encontraba totalmente seca.
"Es una buena señal" se dijo, pensando en que las estructuras podían destruirse pero la magia reinante en el lugar seguía igual.
Llegar a la Ciudad de los Goblins desde allí le tomó unos diez minutos y atravesarla una media hora más, por suerte la noche estaba acompañada del silencio de esa tétrica soledad imperante y nueva ahora en el reino (tal como lo había visto en sus sueños), lo que le permitía una mayor concentración en su empresa aunque también por momentos, sentimientos de incertidumbre e inseguridad, pero no tenía otra opción más que seguir adelante, además siempre había tenido en cuenta que habría ciertas cosas en la vida (aún por muy irreal que esta pareciese) que debía enfrentarlas sola… De todas formas se había preocupado con anticipación durante la tarde, de meter su tarrito de gas pimienta en aereosol dentro del bolsillo de su abrigo para defenderse en caso de emergencia, por si aparecían en su trayecto criaturas raras como esos molestosos Fireys. Solo esperaba de corazón que no se le presentara la oportunidad de usarlo.
La extraña calma del lugar solo se veía interrumpida de tanto en tanto por algún relámpago alejado o por el fuerte viento que soplaba desde las colinas y descendía por el valle, asotándolo, en cuyo caso Sarah tenía que cubrirse la cara, entrecerrar con precaución los ojos y si era posible ocultarse detrás de algún árbol o pared para protegerse, pero sin apartarse del camino. Sentía que avanzaba a buen paso, tanto como su fortaleza se lo permitía.
No encontró obstáculos para ingresar a la ciudad de los Goblins ni para atravesarla. Estas vez no había trampas y si las había estaban desactivadas. No encontró ningún gigante robot intentado impedirle entrar y los grandes portones que coronaban el ingreso a la fortaleza se habían venido abajo desde lo que parecía ser varios días, encontrándose para entonces el lugar totalmente vacío como si se tratase de un pueblo fantasma, de esos que se veían en las películas del viejo oeste. Ningún duende asomaba por allí y ni siquiera había rastros de animales. El reino parecía haber sido devastado por catástrofes naturales como un terremoto y una sequía, lo que había obligado de repente a toda la población a huir. Se podía deducir aquello por las puertas abiertas de las casas, que se notaban habían sido abandonadas con premura. No obstante, aunque quiso llamar o ingresar a alguna de ellas para comprobar si no estaba deshabitada, no se atrevió. Ni tampoco a preguntar en voz alta si en los alrededores se encontraba alguien. Si lo había era mejor pasar desapercibida porque con duendes no era fiable después de todo tratar… así estuviese enamorada de uno.
Las cosas iban bien en un principio y Sarah sentía que su estrategia de sigilo le ayudaría a tener éxito al final, sin embargo se empezaron a complicar a medida que se acercaba a las lindes del castillo, cuando el clima de forma extraña comenzó a cambiar de pronto. Primero fueron rayos en la lejanía, encima de las montañas detrás del castillo, que de por sí se veía oscuro, inmenso y amenazador (…y donde ella tendría que aventurarse a buscar a Jareth), dándole a la escena una ambiente de filme de terror. Sarah se sobrecogió deteniéndose un momento, sabiendo aún en medio de su juventud que aquello habría hecho temblar las piernas de cualquiera sin importar la edad.
Abrazándose a sí misma y con mayor precaución de mirar a todos lados, continuó avanzando, decidida a no dejarse intimidar, aun cuando todo su interior le gritaba que ordenara a sus pies que dieran media vuelta.
El siguiente ataque fue un fuerte ventarrón de mayor intensidad de los que había sentido hasta entonces durante esa noche, el cual le hizo trastabillar haciéndola caer de espaldas sorprendida por lo que decidió no atreverse a levantar hasta que pasara, teniendo en lugar de ello que acurrucarse en posición fetal en su debido momento por protección mientras escuchaba que por las ramas de los árboles crujían al romperse u otros eran arrancados de raíz para luego volar por los aires. Apretó sus párpados cerrados hasta que amainara y como cereza en el pastel cuando pensaba que ya todo había pasado, unas ligeras (en un principio) gotas de lluvia helada comenzaron a caer sobre su cara y en pocos segundos se intensificaron haciéndole levantar de sobresalto al darse cuenta de que dicha precipitación no pararía hasta transformarse en una tormenta. Fue cuestión de pocos minutos para que todo se cubriera de neblina dificultando la visibilidad y los rayos y truenos resonaran por doquier.
Entendió entonces de alguna manera que se trataba de una amenaza, una advertencia para que no se acercara al castillo que primero había sido delicada hasta volverse peligrosa. Una vez más recordó que estaba en terreno de Jareth, bajo sus dominios y que si era voluntad de él que no lo encontrasen, nadie debía oponerse a ello o de lo contrario sufriría las consecuencias como en ese caso. Se preguntó con tristeza si ya la habría visto desde su ventana privilegiada... porque entonces significaba que ya no quería saber nada de ella.
No le era difícil imaginarse a Sarah, lo testarudo que debía ser Jareth en sus decisiones. Él que era el amo y señor del extenso laberinto y de todo el subsuelo, que tenía también la potestad de variar el clima de su reino a su antojo y del tiempo, así como espiar a través de cristales todo lo que ocurría en su mundo como en el real… quería ahora que nadie lo fastidiase para poder morir con dignidad.
Sus verdes ojos se le llenaron de lágrimas al concientizarse de ello y recordar las palabras dichas por Sir Didymus… mas ella no era cualquiera persona, tampoco alguno de los pobladores dispuestos a acatar órdenes, Jareth no tenía poder sobre ella para obligarle a hacer lo que quisiera y es más, si la había elegido para ser digna de su afecto entre miles de millones de chicas en las que podía fijarse en su mundo o en el suyo, no era por nada. A lo mejor le agradaba su testarudez y si no, debía acostumbrarse a ello. Así que decidida, Sarah aguzó lo que más podía su mirada para poder escrutar a través de la neblina por donde debía seguir y en cuanto un relámpago iluminó la colina mostrando la sombra del palacio, se dirigió hacia allí de inmediato, corriendo en contra de la tempestad, sin importarle el viento ahora gélido y la salvaje lluvia, sin importarle estar empapada de nuevo hasta el tuétano. No había llegado hasta allí escapándose en medio de la noche, exponiéndose a terminar ahogada en un mar embravecido o intentando pescar una Neumonía, mojándose, secándose y luego volviéndose a mojar para no conseguir nada. Había ido allí a buscarlo y no se iría sin él.
Corrió y corrió sin parar tanto como le permitían sus largas piernas, tratando de hacer caso omiso al molesto dolorcito presente en sus costillas, solo deteniéndose para inhalar el suficiente aire que le permitiera continuar. Estaba poniendo a prueba su fuerza verdadera y se sentía orgullosa de ello. Si salía de esa se dijo, tendría presente el agradecerle a la Srta. Chung por su condenado entrenamiento.
El tiempo se acaba y faltando apenas veinte minutos antes de la hora trece, exhausta, con el cabello cayéndole en la cara a causa de la lluvia y sucia después de varios resbalones en el lodo, Sarah alcanzó el castillo. Sobándose los brazos, tiritando de frío, llamó de inmediato a la enorme puerta esperando que Jareth no hubiese despedido a todos sus gnomos empleados, más nadie contestó o se dirigió a abrirle y lo peor, algo que notó después de arriesgarse a empujar. Estaba con seguro.
Sarah observó hacia arriba con frustración y comprobó que las luces estaban apagadas, lo que hacía parecer el castillo deshabitado... lo había presentido de lejos pero conservaba la esperanza de que no fuera así. Sin embargo, algo en su corazón le decía también que Jareth se encontraba allí, lo había visto en sueños y confiaba de forma plena en ellos.
Un estrepitoso sonido de paredes resquebrajándose le hizo sobresaltarse de pronto y dirigir su vista hacia las altas atalayas, las cuales para su impresión comenzaron derrumbarse como si de piezas de Lego se trataran. Con un escalofrío recorriéndole el cuerpo entendió de golpe que el tiempo del Rey Jareth de verdad estaba contado y que si quería actuar debía hacerlo rápido.
Angustiada volvió de inmediato a intentar abrir la puerta, empujando para hacerla ceder con toda su fuerza y el peso de su cuerpo contra la madera más fue en vano ya que ésta no cedió ni un poquito. No sabía que hacer… allí a la intemperie mientras el cielo parecía querer caerse en pedazos encima suyo al igual que la fachada del castillo no era de mucha ayuda, lo más importante era lo que ocurría adentro. A esas alturas ya no le interesaba nada, ni ella misma, lo único que quería era llegar hasta él. Por ello en un acto desesperado, sin pensar muy bien en lo que hacía, decidió llamarlo, quizá era la única manera de hacerle saber que estaba allí, que había regresado por él.
-¡Jareth!, ¡Jareeeethhh!-
Clamó su nombre a través del viento, de los truenos y relámpagos que invadían ese ambiente de pesadilla, con toda la su fuerza de su interior, como nunca había gritado antes, advirtiéndose a totalidad agotada después de ello y a sabiendas de que con probabilidad si salía de esa al día siguiente estaría afónica. Su cuerpo se dobló de la congoja al no obtener respuesta y estuvo a punto de echarse a llorar como una niña desesperada pero entonces para su asombro escuchó el ruido de la pesada puerta al empezar a abrirse acompañado de un retumbo sordo en las paredes. Entendió que estaba ocurriendo algo mágico, era como si el castillo en sí empezara a responderle.
-Mil gracias- susurró desde su corazón al corazón del castillo como si este fuera un ser viviente y comprobó que de serlo, era tan extraordinario como su propio dueño.
Una vez pudo entrar, se lanzó a correr sin detenerse por el inmenso hall y de allí escaleras arriba esquivando escombros y demás obstáculos, hacia la cámara principal en el sendero que había recorrido durante su aventura con sus amigos, que para sorpresa todavía recordaba con claridad. La tierra parecía también haber temblado allí dentro, dejando destrucción por doquier, por lo que debió caminar en ciertos tramos con cuidado. No le importó para esto la oscuridad o quien fuera que pudiera encontrarse de camino, siempre se había considerado una chica valiente y era el momento de demostrarlo. Para su suerte el palacio parecía estar desolado aunque a la vez aquello no auguraba nada bueno.
Concentrándose, continuó avanzando. De repente había dejado de lado todos sus temores y tapujos para poder por fin poner en orden sus sentimientos hacia el rey, comprendiendo que durante todo el tiempo había tenido miedo pero no exactamente de su omnipotencia o de su crueldad sino miedo de amarlo, de enamorarse y luego ser decepcionada, de salir lastimada, miedo a ese sentimiento desconocido que amenazaba con tomarla por completo, miedo de perder su libertad pero ahora todas sus dudas se habían despejado al permitirse escuchar a su conciencia, que le dejó saber lo que en realidad querían los designios de su corazón... Poder estar a su lado.
Sus pies y su intuición la direccionaron hacia el lugar correcto y se abstuvo con respeto un instante antes de ingresar a la sala real… Fue entonces que lo vio de lejos… Yacía adormecido en su trono, tal como lo viera en su último sueño, en una posición algo encorvada que hablaba por sí sola del intenso dolor que le aquejaba. Estaba sufriendo.
Sarah atónita durante unos segundos no atinó a reaccionar, pues jamás imaginó llegar a ver al Rey de los Goblins, tan deslumbrante e imponente, un día así, más aquello le devolvió enseguida la fuerza para actuar. Sin poder retirar la vista de él, caminó directo hacia el trono.
Jareth parecía estar agonizando, temblando de frío y no se percató de su presencia enseguida sino solo en cuanto estuvo frente a él. Levantó entonces lentamente la cabeza y al descubrirla su impresión aunque pasiva fue de completa incredulidad. Había escuchado que el hechizo protector que colocara alrededor del castillo para ahuyentar a los intrusos se activaba en presencia de uno pero suponiendo que terminaría por asustarse ante los difíciles embates del clima ni siquiera se animó a verle a través de sus cristales... jamás imaginó que se trataba de ella.
-¿Sarah?- susurró confundido con sus enigmáticos ojos muy abiertos. Su voz también débil estaba a punto de extinguirse. Ella sobrecogida no había tenido fuerzas para hablarle en un principio pero al escucharle pronunciar su nombre, de inmediato se sentó a su lado en el espacio que había entre el borde del trono y el cuerpo de Jareth y se atrevió a tomar con delicadeza su mano entre las suyas.
-Sí, soy yo- respondió con tristeza pues sabía que todo lo que allí acontecía, aunque jamás lo hubiese querido, era por su propia culpa.
-Pero ¿cómo?… ¿qué estás haciendo aquí?...- apenas pudo musitar Jareth por el dolor que afectaba todo su cuerpo. Ella cabizbaja, sonrojada y avergonzada en su presencia ante su mirada deslumbrante y escrutadora, quiso preguntarle si no era obvio pero se contuvo y en lugar de ello respondió con simpleza y seguridad.
-Vine por ti-
Los hermosos ojos del rey refulgieron un instante ante la revelación. Ambos se quedaron mirando fijamente durtante un corto lapso de tiempo que fue irreal para ambos, eterno, en el que se confesaron aun sin palabras lo que sentían. Duró tan solo unos segundos pero cautivó sus almas, tan solo unos segundos antes de que un colosal rayo cayera sobre la terraza del castillo y la destruyese, desencadenando un derrumbe en cadena de los pisos superiores hasta llegar a afectar el techo del salón del trono justo encima de sus cabezas. Afortunadamente, Jareth no había perdido sus rápidos reflejos y con agilidad se abalanzó a tiempo sobre Sarah, logrando que los dos esquivaran ilesos la caída de escombros y se salvaran de morir aplastados.
Debido a la acción quedaron muy juntos en el piso en una parte del salón que todavía no alcanzaba la destrucción, con sus respiraciones agitadas debido al susto y sintiéndose a la vez un tanto tímidos al advertirse tan cerca.
-No deberías estar aquí, como ya has visto es peligroso- Jareth fue el primero en romper el silencio entre ambos para advertirle, haciendo un esfuerzo con su voz adolorida para demostrarse firme.
-¡¿Pero qué esto, qué está sucediendo?!- demandó saber Sarah algo nerviosa, tratando de elevar su voz por encima de la tempestad mientras observaba impresionada el inmenso agujero que dejaba a cielo abierto parte del castillo mientras los rayos afuera no dejaban de caer y amenazaban con seguir acabando con todo.
Jareth no contestó, teniendo que cerrar los ojos en ese instante para soportar un espasmo del dolor que le mortificaba, el cual parecía tener su refugio en medio de su pecho. Sarah asustada y angustiada lo ayudó a recostarse a su lado, con cuidado de que no se golpease la cabeza y colocó sus manos encima de las suyas sobre su tórax intentando ver que era lo que tenía más él se lo impidió.
-Debes irte… mientras aún puedes- le hizo hincapié en voz baja. Quería que abandonara el lugar para que no le pasara nada. Hurgó entonces con las pocas fuerzas que le quedaban algo en su bolsillo y extrajo de allí una pequeña bola de cristal que la extendió ante ella -…tan solo deséalo y… volverás…-
Sarah lo sopesó durante unos instantes, Jareth le estaba mostrando la salida. Si aceptaba su regalo, todo terminaría, regresaría al colegio, a sus actividades cotidianas, a su rutina donde maduraría por la fuerza y quizá algún día pensaría que todo aquello se había tratado tan solo de un mal sueño, una pesadilla lejana. Volvería al mundo real para olvidarse de todas sus ensoñaciones y para tratar de extinguir de su alma ese amor que le atravesaba como una llama. Su primer amor… como si aquello no tuviese la menor importancia, y lo más duro, en donde debería obligarse a olvidarlo a Él como si jamás le hubiese conocido. Sarah sintió por veinteava vez en ese día, ganas de llorar, con muy pocas posibilidades en esa ocasión de reprimirlo. Si Jareth moría, se iba a quedar atrapada y sola en el subsuelo o en lo que quedaba de ello, sin oportunidad de llamar siquiera a sus amigos en busca de ayuda por no exponerlos a una muerte segura… pero sí se iba, sabía que siempre se arrepentiría de dejar morir solo al amor de su vida… Así que llegado ese momento lo decidió. Si era de morir, se iría con él.
-No- fue su sencilla respuesta
-¡Debes marcharte ahora, el tiempo se acaba!- determinó Jareth enojándose y haciendo desaparecer el cristal entre sus dedos. Se había blindado para morir en paz pero ella una vez más se las ingeniaba para romper sus reglas. Nunca le respetaría, ni le haría caso, ni siquiera en su lecho de muerte. Sarah por toda respuesta y ante sus asombrados ojos, empezó a buscar apresurada algo alrededor. La vio gatear entonces hacia un rincón y cuando volvió hacia él habiendo encontrado lo que necesitaba, su semblante palideció más de lo que ya estaba.
-¡Sarah, chica tonta y necia!- expresó enfadado sacando su voz atronadora con la poca fuerza que le quedaba y se incorporó como podía intentando abalanzarse sobre ella para quitarle de las manos el pedazo de vidrio roto que traía, posiblemente caído de alguna mampara de los pisos de arriba. Era increíble como más que nadie podía sacarlo de sus casillas -¡¿Cómo es que has podido llegar hasta aquí después de todas las precauciones que tomé y qué es lo que intentas hacer ahora?!- increpó forcejeando con ella en medio de su debilidad, intentando desarmarla.
-Me iré contigo- la resolución de Sarah fue simple y terminante mientras lograba escaparse de su agarre y en el trajín luego de apretar muy duro el vidrio en su mano, Jareth vio que se había cortado, corroborando con ello con asombro, sus intenciones.
-¿Por qué haces esto?- quiso saber, mirándola a los ojos en busca de una sincera respuesta
-¿De verdad no lo sabes aún?- en esta ocasión fue ella la que con interés inquirió –… Las personas que aman son capaces de encontrarse la una a la otra cuando se esfuerzan donde quiera que estén… si amas no hay imposible- lo expresó con sencillez dejándolo sin palabras -¿De verdad pensaste que no regresaría?-
-Sarah...- logró expresar el Rey Goblin con una mezcla entre la sorpresa y la esperanza, permitiendo que cayeran sus barreras en ese momento para mirarla con ternura
Sarah sintió que aún así dudaba un poco de ella y de sus sentimientos, por lo que decidió ayudarle a despejar su incertidumbre. Un espeluznante rayo transformó la noche de Underground en día en el instante en que dejando todo de lado, se animó a juntar sus labios sobre los del solitario rey. Ruidos ensordecedores se suscitaron de inmediato alrededor, anunciando más destrozos por doquier, no obstante Sarah sin romper el beso se aferró a la solapa de su traje azul nocturnidad sin permitir que se alejara de ella mientras Jareth, débil y aturdido al principio, muy al contrario de como se había comportado al robarle su primer beso, se estremecía, temblando un tanto entre sus brazos, convenciéndose poco a poco de que lo que ocurría era real. Grande fue así, el júbilo de Sarah al sentir que comenzaba a mover despacio los labios contra los suyos, logrando que un ambiente de calidez se instalara alrededor de ambos y al entreabrir los ojos sin abandonar el beso vio que se trataba un aura de brillo azul, como si la magia de él estuviese despertando.
La fuerza de Jareth se fue restaurando gradualmente, estaba sanando, pudo percibirlo con claridad en su abrazo y se encargó por ello de profundizar el contacto, estrechándose más contra su cuerpo, tratando de transmitirle a profundidad de ese modo cuanto en realidad lo amaba hasta que lo sintió reclamarla en abrazos desesperados y tomar el control volviendo el beso demandante. Atrapándola y haciéndole olvidar de todo, con mayor intensidad incluso que la primera vez y en un instante empezaron a resurgir de nuevo dentro de su mente imágenes como las que había visto en dicha ocasión solo que en ésta ya no sintió miedo.
Quería estar a su lado.
Se volvió a ver así a través de la mirada de Jareth, el primer día en que llegó al colegio con su impecable uniforme de boina azul, insegura de lo que le esperaría allí donde no conocía a nadie. Se observó a sí misma asombrada, contemplando la fachada del internado en toda su vasta extensión poco después de atravesar el portón principal, sin tener idea de que el majestuoso búho que jugaba con ella en América, se encontraba en esos momentos escondido en una rama de un árbol cercano, cuidándola. Volverse a la forma animal era el único modo en que podía permanecer en la Tierra por largos lapsos de tiempo, así que había elegido volverse un ave porque le recordaba a su naturaleza, libre, incontrolable, majestuosa y rapaz.
Sarah que todavía no alcanzaba a entender con claridad en su interior por qué el casi omnipotente Rey de los Goblins se había fijado en ella, se dio cuenta de que Jareth la veía como algo precioso. Que tenía siempre presente para sí todas sus cualidades y dones, de los que a veces ella misma se olvidaba, los que la hacían única e irremplazable.
Comprendió entonces el por qué desde bastante tiempo atrás le sucedían pequeñas cosas increíbles en su vida que después atesoraba en su memoria como milagros porque si las contaba nadie se las iba a creer. Como la vez en que paseando en bicicleta durante sus vacaciones un grupo de mariposas de diversos y vibrantes colores se atravesó en su camino realizando casi una coreografía encantada ante sus ojos, que tuvo que detenerse maravillada a contemplar; o la vez que jugando con Merlín una noche, sentada en las escalinatas del portal de su casa, observó que los arbustos cercanos de pronto empezaban a brillar como adornados por foquitos de navidad amarillos y al acercarse vio asombrada que se trataba de una gran cantidad de luciérnagas, los únicos insectos que le encantaban, que habían trasformado su jardín en un bosque mágico; o la vez que al caminar por los jardines de la escuela muy de mañana mientras se dirigía a clases algo preocupada por una mala nota que estaba segura iba a sacar, notó que una ramita del rosal se movía de una forma extraña y al detenerse por curiosidad a observar, un capullo se abrió ante su presencia, precioso, dejando al descubierto una flamante y fragante rosa blanca recién nacida, del color de la inocencia para que fuese ella quien la contemplase por primera vez.
Sarah de pronto entendió que todas aquellas cosas, pequeñas muestras de varias situaciones especiales que le habían pasado, no se habían suscitado por casualidad, sino que se trataban en realidad de pequeños regalos.
Jareth estaba de verdad enamorado de ella pero provenían de mundo diferentes y lo tenía presente. Había ido en contra de las reglas de sus dos dimensiones, en contra de las opiniones de otros fairies o coidearios porque al fin y al cabo era el rey y nadie podía oponerse a sus decisiones y se había encariñado con una simple y soñadora mortal al punto de estar dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, hasta ponerle incluso su propio mundo a sus pies... Lo presenció todo como una avalancha de recuerdos.
Entendió que Jareth atrapado por la admiración que sentía ella hacia él, en sus menciones y evocaciones, al contemplar sus juegos de niña en los que era el protagonista aun siendo un personaje de leyenda casi olvidado en el mundo real y luego en las historias que tejía en su nombre a causa de su inspiración, había llegado a conocerla, a elogiar su imaginación y a prendarse de ella, queriendo con el tiempo permanecer a su lado pero no podía cortejarla sin antes presentarse. Fue por ello que creo el misterioso libro rojo de exclusiva edición, porque sabía que la Literatura le fascinaba y lo hizo aparecer dentro de una librería de segunda mano en los Alpes Suizos para que pasara inadvertido, momentos antes de que ella durante su paseo de fin de curso ingresara a curiosear por el lugar en busca de una buena trama que le hiciera compañía en el viaje de regreso a casa. Había ocurrido al inicio del verano luego de terminar su segundo año de colegio. Jamás lo iba a olvidar.
El libro según ella mismo recordó fue como un amuleto que casi vibró para atraerla y en cuanto lo tuvo en sus manos no pudo parar de leerlo porque se trataba de las aventuras de una adolescente como ella, que llevaba por casualidad su nombre y que encontraba además muy similar en cuanto a personalidad y vida, aparte de que justamente trataba sobre el Rey de los Goblins, su personaje de fantasía favorito. Amó cada detalle de ese pequeño libro desde el mismo instante que lo tomó y se alucinó con la historia al punto de convertirla en su biblia, sin saber que era en realidad como una carta de amor escrita por un pretendiente secreto. Porque Jareth al final de cuentas era inigualable y hasta para declararse tenía estilo.
Aquella fue la manera que utilizó para que ella pudiese conocerlo un poco mejor, un preámbulo antes de que pudieran encontrarse porque era un rey y actuaba por lo tanto con parsimonia, y mientras ella iba ingresando en su juego, mientras comenzaba a interesarse por el verdadero Él, asistía con puntualidad al parque, a la hora en que solía ir ella, como si de una cita se tratase.
Lo que sucedió luego cuando se encontraron fue algo que no estuvo bien, que se le salió de control y lo reconocía. Admitió para sí mismo después que no había sido la mejor manera de conocerse, arrepintiéndose a profundidad de ello. Su crueldad entonces se debió a su temor de que lo rechazase porque ante todo no se podía "despreciar a un rey"… Sin embargo ella lo había hecho, aunque admitía merecerlo por haberla asustado tratando de retenerla consigo, por ello cuando le había dicho cuanto la adoraba, ya no le había creído.
Sarah lo comprendió todo a través de imágenes, comprendió su soledad, la carga que llevaba por haber heredado el título de monarca en contra de su voluntad y la frustración que sintió al haberlo arruinado todo con la única persona que en su vida le había interesado. Observó su preocupación mientras ella cruzaba el laberinto, percibió su emoción al haberla tenido junto a él por fin, bailando entre sus brazos, así como su tristeza cuando ella huyó antes de que la pudiera besar y sintió por ultimo su desdicha y resignación en cuanto rechazó su regalo y su propuesta, decidiendo volver al mundo real que tanto la hacía sufrir en lugar de quedarse a su lado.
Vio también cuando la observaba desde el árbol enfrente de su ventana después de aquello, todas las noches sin atreverse a hacerse presente, preguntándose si todavía lo recordaba y cuando apoltronado en su trono ya deprimido y alejado de todos, faltando a su propia voluntad, se atrevía a espiarla a través de sus cristales, sufriendo, con el temor de que llegara el día en que pudiera enamorarse de otro y olvidarlo. La única esperanza que existía por entonces todavía en su corazón es que sabía que no le era del todo indiferente pues lo había notado en su manera de actuar frente a él, en su forma de mirarlo o cuando a través de sus cristales la notaba triste o la pescaba mirando con melancolía la gran inmensidad del cielo. Como era un ser mágico podía percibir sus verdaderos sentimientos y también cuanto hubiese deseado que las cosas entre ambos hubiesen sucedido de otra manera pero entendía por igual que no lo podía perdonar luego de todo lo acontecido.
El intenso beso entre ambos continuó lleno de pasión sin importar lo que sucedía alrededor, como un intercambio de energía entre sus cuerpos y sus espíritus, un intercambio de poder.
Cobijada en sus brazos y en la seguridad que le infundía, a Sarah la extraña tempestad que amenazaba con acabar con todo ya no le resultaba tan aterradora. Estando así surgía en ella la esperanza de que estarían bien y que juntos serían capaz de superar cualquier obstáculo. Lo amaba y ahora él lo sabía, nunca en su vida se había sentido más feliz y completa. Llegado un momento, sintió que empezaba a faltarle el aire y cuando rompió el beso entre suspiros, sin dejar de abrazarlo, tuvo que volver a cerrar los ojos porque fue como si una corriente los envolviera haciendo estallar dentro de cada uno una sensación de inmenso placer. Luego de ello todo dio vueltas como un remolino hasta volverse negro y volver a la tranquilidad.
"Lo sé todo y no te voy a dejar morir. Ya no estarás más solo"...
Continuará…
¡Gracias por leer!
Belén
