La tarde había avanzado rápidamente, y el día llegaba a su fin. El cuarteto de slytherins se encontraban en un aula vacía, agigantada mágicamente, ensayando las nuevas canciones para el próximo espectáculo que sería ese viernes en la noche, en la fiesta mensual de Ravenclaw. Habían terminado de cantar "Para tí" cuando un moreno de ojos verdes esmeralda entró en la estancia, seguido de un rubio de penetrantes ojos grises, a lo cual, la reacción de los slytherins no se hizo esperar. Sin embargo, la Reina de Hogwarts estaba distraída, y no lanzó uno de sus acostumbrados comentarios hacia Malfoy, lo que fue la primera señal de alarma para todos, incluído al susodicho. Por regla general nadie podía entrar a verlos ensayar excepto Albus, por lo que el ojigris nada tenía que hacer allí, sin embargo Rose no lo echó como todos esperaban, sino que se fue a sentar al piano de cola, evidentemente cansada, aunque no sabía ni ella misma el porqué. Minutos después volvió todo a su normalidad, y siguieron ensayando, canción tras canción, con una Rose Weasley que interpretaba a la perfección cada una de ellas sin evidenciar ese raro cansancio que hacía unos minutos la aquejaba. Luego de otra movida canción, la pelirroja pidió hablar, lo que atrajo la mirada de todos. Con algo de vergüenza, anunció que había escrito otra canción y que quería enseñárselas a ver qué le parecían. Los tres slytherins se mostraron entusiasmados aunque Albus intuyó que algo raro pasaba con guitarra al ritmo de la canción. El chico tenía un oído musical excelente, por lo que no dudaba que captaría la melodía en la batería.

Los demás se sentaron frente a ella. Y la pelirroja, algo melancólica, comenzó a hacer sonar las teclas del piano, suavemente como un murmullo. Y su voz, esa de la que se jactaba, esa voz de ángel que heredó de su tatara abuela y de la que pocas veces se escuchaba, comenzó a cantar, con un hondo sentimiento que traspasó a todos, aunque ella no lo quisiera.

Es muy pronto para poder ver

cómo la vida te da un nuevo día y un ayer,

para saltar entre el jardín

como en mi cumpleaños en abril,

esos meses de alegría y sol.

Scorpius recordó cuando, en el cumpleaños número doce de la slytherin, habían saltado entre las gardenias y rosas de su mamá, terminando todos embarrados pero felices. Recordó los juegos, las canciones entonadas por sus voces felices, los hechizos divertidos y por sobre todo, la sonrisa radiante de Rose Weasley. Ese había sido uno de los cumpleaños que más disfrutó el ojigris, un momento de plena felicidad que desearía que volviera a suceder, aunque sabía que eso no iba a pasar.

El crecer fue duro para los dos,

el hacerse mayor entre un mundo de odio,

si ríes, reiré, si lloras, lloraré

si gritas, gritaré, amigo.

Lily sonrió, enternecida y divertida, al recordar cuando, a los ocho, su prima la ayudó a hacer un berrinche de proporciones catatónicas al no querer llevarlas al circo. Era uno de los mejores recuerdos de su vida. Y ahora, sin querer, se acordaba de ello.

Y si cuentan que lloré al no tenerte a mi lado,

no dudes en comprender que aún me duele estar en este lado.

Albus recordó la única vez que vio a su prima llorar en Hogwarts al verse separada de su familia por ser slytherin y es más, por estar separada de él, que era uno de sus mejores amigos y su primo favorito. Recordó la promesa que hicieron de no dejarse nunca de lado y seguir con esa amistad igual de fuerte que cuando casi vivían juntos, aunque no era lo mismo, él era un gryffindor y ella una slytherin.

Los años pasaron rápidamente,

y fuimos mayores para entender

los misterios de una vida vedada

de una vida acelerada

y del amor no correspondido.

Faith sintió correrle una lágrima cuando se acordó de lo mal que ella lo pasó en su primer amor, al igual que la pelirroja, y como ésta la consoló y planeó y llevó a cabo la venganza perfecta. Recordó cómo un día, en pociones, junto a ella y Albus, se dio cuenta que había crecido demasiado para su sorpresa, viniéndosele sus quince años encima. Sonrió amargamente, esos años eran tan diferentes a los que se le vendrían encima...

Y si cuentan que lloré al no tenerte a mi lado,

no dudes en comprender que te quise tanto.

Como la brisa que golpeaba mi llanto

tuve que hacerme ver que teníamos que separarnos,

sinceramente, te deseo que te vaya bien este verano...

en caminos separados.

Frank agradecía que nunca tuvo que separarse de su mejor amiga desde el jardín de infantes, porque para él hubiera sido difícil integrarse a las serpientes sin ese demonio pelirrojo que llenaba su vida de travesuras, risas, lealtad y amistad ante todo. Eso si, sintió por primera vez pena por lo que había ocurrido entre ella y Malfoy, el cual ya no gozaba del privilegio de ser amigo de ella, y viceversa. Suspiró, observando además de reojo a Faith, que estaba al lado suyo, tratando de aguantar las lágrimas. La abrazó, con una dulzura y cariño que solo había mostrado con Rose y que sorprendió a la rubia.

Y si cuentan que lloré al no tenerte a mi lado,

no dudes en volver, te necesito tanto,

me duele tanto, te quiero tanto.

A Scorpius, la culpa pronto lo embargó, se sentía terriblemente mal, la angustia empezó a apoderarse de él porque así era, él tenía la culpa de que Rose ahora fuera la que era...que su ex mejor amiga, la mujer que más respeto merecía, la mujer que estuvo a su lado siempre, en las buenas y en las malas, la única que fue capaz de encararlo, ella, su ex mejor amiga, su Rose...Por su maldito orgullo, por sus malditos celos, por su maldita altanería y egocentrismo había salido dañada... Y aquellas frases que la pelirroja entonaba con voz herida y nostálgica se lo demostraban, porque esa balada era para él, a quién una vez consideró amigo pero que ahora vivían separados, en caminos separados...

Y si cuentan que sufrí, al no abrazarte como antaño,

no dudes en irte, antes de que te necesite demasiado,

que me duela demasiado, que te quiera demasiado.

Las últimas notas murieron, pero no así las lágrimas que caían, sin poder contenerse, del rostro de Faith y de la misma Rose, que trataba por todos los medios de pararlas. Había cantado lo más hondo de su corazón y su alma, esos que ella no dejaba salir para nada, siendo capaces de desarmar por primera vez a la gran Reina de Hogwarts. Su odio hacia Malfoy había desaparecido tras esas palabras para dar lugar a lo que realmente sentía en esos momentos. Sin embargo, lo que no preveyó, fue el desastre sicológico que arremetía contra los presentes. Si bien Faith sollozaba y Lily hacía lo posible por no dejar entrever esas lagrimitas que salían de sus negros ojos, Frank, Albus y Scorpius estaban iguales o tal vez peores que las chicas. Frank abrazaba con ternura a la rubia, mientras Lily tenía su cabeza apoyada sobre el hombro de su hermano. Solo Scorpius parecía sufrir su pena solo, aunque en un momento su mirada chocó con la de ella, que comprobó cómo las lágrimas inundaban sus grises pupilas. Tuvo el viejo impulso de lanzarse encima de él a abrazarlo como antaño, pero no lo hizo, no por falta de valentía, sino porque tenía una máscara que lucir. Escondió su rostro del de él para que no la viera llorar como una débil niñita, pero cuál fue su estupor y sorpresa cuando sintió unos brazos rodearle y unos labios besando su abundante cabellera roja. Cuando se volteó, vio al gryffindor observándola, sin un sentimiento fijo, pero tan intensamente que por primera vez fue la pelirroja la que se sintió cohibida e hipnotizada.

Sin embargo, volviendo en sí, tomó su varita y, murmurando mentalmente "Aresto Momentum", congeló el tiempo para así poder escapar hacia las mazmorras. Hacía tiempo que no sentía su corazón latir con violencia y tuvo que pasarle precisamente con Malfoy para entender que aún no había podido sacarlo completamente de su corazón.

Estamos a principio de enero, y las vacaciones navideñas habían pasado raudas y fugaces comenzando todo el esplendor del pleno invierno. Rose, que transitaba sola por los pasillos del primer piso, mostraba una de sus características miradas asesinas, buscando al responsable de haber divulgado el cuentito de que Rose Weasley, la gran Reina de Hogwarts, La Princesa de Hielo, había estado llorando. Cierto que el asunto había pasado hacía tres meses. Cierto que estaba bien enterrado por ella y sus serpientes en el lejano recuerdo de sus mentes. Muy cierto que había sido un estúpido momento de debilidad. Pero ahora estaba totalmente recuperada. Es más, al día siguiente de aquello salió de su cuarto tan campante, altiva y superior que siempre, volvió a coquetear con los más populares, a sacar extraordinarios en sus exámenes y trabajos y a burlarse de Malfoy. Ese momento que "pudieron" haber compartido "juntos" no existía para ella como tampoco aquel "abrazo". Eso, nunca había existido.

Salió a las gradas del estadio de quidditch con ese paso tan serenamente grácil que no avecinaba nada malo, aunque se sabía que si mirabas sus ojos podrías entrever las chispas que saltaban de ellos, mientras su cuerpo se tensaba. La brisa del crepúsculo era mucho más helada y sus ráfagas mucho más fuertes que hacía unas horas atrás, cuando supo del chisme que se corría a costa de ella sobre su escena de llanto en la sala de ensayos por todo el castillo. Aunque los mismos que habían propagado aquel rumor, ahora se arrepentían al ver las consecuencias que sus bocazas podrían generar debido a la fría furia que era la slytherin, dispuesta a matar al que había inventado aquello. Todo Hogwarts sabía que Rose tenía un corazón de metal del cual se sentía orgullosa ya que nunca se dejó humillar por otros ni lloraba, tanto en público como en privado. Había sido un error garrafal haber propagado aquella estupidez.

En ese momento el responsable de su humillación pública bajaba de su escoba, seguido de un moreno de ojos verdes esmeralda. Con una frialdad y furia contenida, lo agarra del cuello de la túnica de quidditch, sacando casi a rastras al mismísimo Scorpius Malfoy del campo de quidditch. La presencia amenazadoramente fría de la Princesa de Hielo de Slytherin no augura nada bueno para los presentes, menos para el acusado.

-¡Suéltame, maldita demente!-exclama una vez que ambos están fuera del área de juego, ante el discreto corrillo de gente que se ha formado alrededor de ellos.

Rose, fastidiada, lo suelta de un tirón, haciendo que él cayera.

-¿Qué pretendes?-sisea lenta y ácidamente.

Scorpius se levanta lentamente, entre tanto la contemplaba asustado. Si había habido un día en que Weasley echara a flote su peor cara no había duda que ese era el día. La chica, con varita en mano, lo miraba lívida de rabia, aunque sin perder ese toque de superioridad y elegancia.

-Contesta, ¿Qué pretendes?

El joven no reaccionaba, los ojos llameantes de ella lo habían hipnotizado como muchas veces pasaba con sus demás compañeros, que sucumbían al encanto enigmático de su mirada. Sin embargo había algo de lo que estaba seguro, y era el hecho de que la slytherin no había venido precisamente para hacer las pases o felicitarlo por sus jugadas de quidditch.

-No se de qué me hablas, Weasley. No entiendo a qué se debe tu actitud de cavernícola que ha asustado a todo mundo aquí afuera ni qué quieres de mí.-respondió fría y burlescamente, reponiéndose del ataque sufrido.

Una mirada fría. Más bien dicho, quince decibeles más fríos de lo normal.

-Hablo-comenzó a decir, con un siseo dulzón que a nadie le gustó-del maldito cuento que soltaste de mí llorando como una patética niñita en una sala del tercer piso y del que todo Hogwarts sabe ahora. ¿No te suena acaso, amoroso?

Scorpius abrió los ojos sorprendido, ¿cómo se había propagado aquella historia?¿quién había sido el bocaza? No tenía que ser precisamente él, sus amigos también podrían haber sido...

-No sé de qué me estás hablando, yo no he hecho nada.-insistió, con una cara desconcertada que no paso desapercibido para su mejor amigo.

Vio respirar hondamente a la slytherin que estaba tan pálida como el frío hielo. Lo siguiente que sucedió no lo recuerda, solo sabe que despertó, adolorido, en una de las mullidas camillas de la enfermería. Sentía como si un camión hubiera pasado sobre él no una, sino cien veces, hasta machucarlo completamente. En una silla cercana a él se encontraba Albus, que se apresuró a observar, no sin cierto alivio, el semblante descansado de su mejor amigo. A Scorpius la cabeza le daba vueltas, tratando de recordar qué había pasado con exactitud. Solo se acordaba de que estaba frente a Rose Weasley tratando de convencerla de que él no había hecho nada, y lo siguiente que vio era la luz brillante de las lámparas de la enfermería.

-¿Qué me pasó?-preguntó, tratando de incorporarse.

La mano de Albus lo detuvo, haciendo que se acostara otra vez en la mullida cama blanca. Su mejor amigo tenía el semblante serio, lo que indicaba que estaba enojado. Estuvieron en silencio por varios minutos, Scorpius esperando una respuesta, Albus inmutable como una estatua de piedra.

-Rose te dio uno de sus cócteles especiales de hechizos. Empezó con un expelliarmus y terminó pronunciando hechizos tal pareciera que oscuros, que si no fuera por la intervención del director, ahora capaz estarías muerto. Estaba como transfigurada... parecía otra. Se notaba a leguas que el odio y la ira la habían dominado, porque no dejaba de lanzarte hechizos con una rabia que daba miedo.-la voz del moreno era impersonal lo que extrañó al rubio, Albus no era así.- No creas que sus amigos dejaron que te matara... Por muy serpientes que eran, se dieron cuenta que mi prima estaba descontrolada y fuera de sí y trataron de petrificarla, aunque fue en vano, Rose es ágil y rápida como un gato para esquivar hechizos como para jugar quidditch. Sin embargo se desmayó de repente, con la varita en mano y el último hechizo directo hacia tí, que yacías ya semiinconsciente, y solo ahí sus amigos pudieron atraparla.

Scorpius abrió la boca, pero se calló al instante porque, no había mejor explicación para que hubiera despertado en una camilla de la enfermería. Lo había visto muchas veces, el famoso cóctel marca Weasley del cual las víctimas no salían bien paradas.

-Está en su habitación, siendo atendida por Madame Pomfrey, no sabíamos con exactitud qué reacción tomaría si despertaba y veía al causante de su odio dormido a pocos metros de ella.-prosiguió el moreno, atrayendo la atención de su compañero.- Estoy enojado, Scorpius, Rose se pasó más allá de la raya y tú también, si hubieran dejado cuando les pedí por primera vez este odio malsano... no hubiera pasado nada de esto.-el ojigris sintió las mejillas enrojecer de vergüenza.- En todo caso no habrá necesidad de que tenga que pedirles otra vez que hagan una tregua, el director a decidido que sean Premios Anuales y vivan juntos en la torre que les corresponde. En cuanto ambos terminen su reposo se trasladarán directamente a la torre, sus cosas ya están allá.-el rubio quiso replicar pero como siempre, Albus lo cortó. Se levantó rápidamente de su cama y se dirigió a la puerta de salida, sabedor de que su mejor amigo comenzaría a despotricar contra su prima ante aquella nueva información.-Me voy a cenar, nos vemos después.-se despidió simplemente, saliendo por la puerta.

¡Lo que le faltaba! ¡En serio! Si querían entre todos matarlo esa era la mejor idea: ponerlo a vivir con su peor enemiga, una serpiente ponzoñosa y venenosa que no tendría remordimientos para hacerle pagar cada una de las putadas que le hizo en el pasado, la Princesa de Hielo de Slytherin y la Reina de Hogwarts. Rose Weasley.

Genial. Su día se había ido a la mierda.

Este capítulo he querido hacerlo un poquito más largo, ya que lo que viene se empieza a poner weno xDé. Espero que les haya gustado y que no critiquen tanto a mi Rose sensible :3

¿Dudas, consultas, sugerencias, opiniones construcdestructivas? Solo escríbanme y las tendré en cuenta :D

Hasta la próxima semana!

LaddyMalfoy*