CAPÍTULO 6
Bienvenido a la casa de los Weasley
Rose habría jurado que su padre llevaba más de cinco minutos mirándola sin decir nada. Cinco minutos con los ojos como platos y boqueando como un pez fuera del agua.
-¿Scorpius Malfoy?.- dijo por fin el pelirrojo. Más que serio estaba sorprendido, como si su hija le estuviera haciendo algún tipo de broma.
-Sí, papá.- respondió ella con cansancio. Desde que le había dicho que Scorpius iría a visitarles un día de aquél verano, no paraba de preguntarla cada dos por tres.
De todas formas, Rose no podía reprochárselo. Sabía que de vez en cuando hablaba con Malfoy, algo normal dado que iban al mismo colegio, pero para nada podría imaginarse que era ni más ni menos que su mejor amigo. La pelirroja había pensado que ya era hora de dejar las cosas claras, que las familias Malfoy y Weasley se llevaran a matar, no implicaba que ella tuviera que hacer lo mismo. De hecho, estaba harta de que la miraran como una especie de loca dentro de su propia familia.
-No es tan grave, no muerde.- dijo Rose con una sonrisa burlona, para después sentarse con despreocupación en la silla de la cocina.
Ron miró a Hermione con cara de susto, pero ella no parecía tan afectada. De hecho, se mantenía bastante serena. Nunca había sido de ponerse histérica como el pelirrojo, aunque luego éste se calmaba en seguida. El genio de los Weasley, decían.
-¿Y cuándo vendrá, dices?.- preguntó su madre, mientras hacía zumo de naranja a punta de varita. Aquél día la casa era un hervidero de gente: Albus, Lily, James, Dominique y cualquiera que pudiera presentarse a lo largo de la tarde.
-Hoy. De hecho, debe de estar al caer.- informó Rose mirando el reloj que descansaba sobre su muñeca.
-¿Tús primos lo saben?.- inquirió Ron con una ceja levantada y los brazos en jarra, al más puro estilo de Hermione cuando se enfadaba.
-¿Que si saben qué?.- respondió su hija, divertida.
-Que eres amiga de Malfoy.
-Claro.- esbozó una gran sonrisa.- vamos al mismo colegio ¿recuerdas?
-¿Y les parece bien?
-Bueno.- ella se encogió de hombros, pensando.- no es la mejor noticia que les podría dar pero, lo aceptan.
Hermione asintió con una sonrisa y colocó una mano en el hombro de su marido, con tranquilidad.
-No te preocupes, papá. Es un chico muy majo ¿Crees que sería su amiga si no?
-La niña tiene razón.- dijo su madre, terminando de poner unos sandwiches en una bandeja.- estaremos encantados de conocerle, cielo.- se dirigió a Rose.
Ron miró a su mujer con incredulidad, pero bastó una fiera mirada de ella para que él asintierá, aunque sin mucho entusiasmo, todo había que decirlo.
-Por cierto, Rosie.- le avisó su madre, cuando ella ya se marchaba hacia el jardín.- hoy vendrá Ewan, se me olvidó decirte.
La pelirroja se quedó parada en el sitio, como si le hubieran arrojado un Petrificus Totalus. ¿Ewan? ¿Allí?
-¿Tan pronto?.- preguntó, desconcertada.- suele venir en agosto.
-Lo sé, pero en agosto se irá de vacaciones con sus padres. ¿No te alegras? Siempre habéis sido muy amigos.
"Más que amigos..." pensó Rose para sus adentros.
-Sí, claro. Es genial.- estuvo de acuerdo la Gryffindor, mientras en su mente se maquinaban todo tipo de planes perversos.
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Scorpius miró el papel que escondía en su bolsillo. La tinta se había corrido un poco debido al asfixiante calor, pero aún se podía leer la dirección de la casa de Rose.
Miró a su alrededor. Se encontraba en un barrio de discretos adosados, sin apenas gente en las calles excepto algún niño jugando en el parque que tenía enfrente.
Resopló y se apartó el pelo de la cara, pensando que no había sido buena idea ir hasta allí. ¿Por qué tenía que conocer a la familia Weasley? Tenía muy claro que no le tenían mucha simpatía, y era algo normal, su padre tampoco era partidario de su amistad con Rose.
Siguió caminando y se detuvo ante el número cuarenta y ocho. Era una casa como todas las demás, de piedra y con el tejado negro. Delante tenía un pequeño jardincillo con una verja blanca, pero podían escucharse chapoteos en la parte de atrás. Los gritos y risas de alguien llegaron hasta los oidos del slytherin, que frunció el ceño. ¿Es que acaso no sólo tendría que enfrentarse a los padres de Rose, sino a toda su familia?
Resopló por enésima vez y llamó al timbre. Una, dos, tres veces ¿Es que acaso se había equivocado de casa?. Por fin, tras unos segundos que se le antojaron eternos, observó la puerta de madera blanca abrirse.
Al otro lado apareció Rose, que apenas vestía con un bikini y tenía el pelo suelto y mojado. No cabía duda de que acababa de bañarse.
-¡Scor! ¡Ya pensé que te habías perdido!.- exclamó en voz alta, como casi todo lo que decía, y después se abalanzó para darle un efusivo abrazo.
-Todas las casas son iguales.- se excusó él cuando se separaron.
-Perdón por no vivir en una mansión como la tuya.- ella le sacó la lengua.- y ahora pasa, ¡Debes de estar muerto de calor!
Rose le tomó del brazo y tiró de él, pero Scorpius no parecía muy dispuesto a dar un paso. Se mantuvo en el rellano, reticente y mirando todo con detenimiento.
-¡Venga!.- insistió ella.
-Eh... - alcanzó a decir él, rascándose la nuca.
La pelirroja le miró durante un instante y luego comenzó a reír con ganas.
-No te van a comer.- dijo limpiándose las lágrimas.- ya verás. ¡Ven!
El slytherin asintió sin convencimiento y siguió a su amiga, que ahora se internaba por los pasillos de la casa y le conducía hasta el jardín trasero. Allí, junto a una piscina bordeada por césped y tumbonas, estaba un grupo de gente. Podía reconocerlos a todos, pues iban a su colegio y eran los inseparables primos de Rose. Aquellos que les miraban tan bien cuando le veían con Rose... pensó Scorpius para sus adentros.
-Pensé que ibas a presentarme a tus padres, no a toda tu familia. Y no es que sea pequeña, precisamente...
-No has visto nada. Falta muchísima gente.- replicó ella, divertida.
El platino observó como un hombre alto y pelirrojo y una mujer castaña se acercaban a ellos peligrosamente rápido. Eran los padres de Rose.
Fue ella quien le extendió la mano primero para estrechársela, mientras le brindaba una discreta sonrisa. Scorpius se relajó un poco, verdaderamente no parecía que iba a comerle, era bastane simpática, de hecho. Después, miró a Ron, que se mantenía reservado y más serio, aunque le estrechó la mano igualmente.
-Ya teníamos ganas de conocerte.- dijo Hermione, tratando de aliviar la tensa situación que se había formado entre su marido y Malfoy.
-Igualmente, señora Weasley.- respondió él, tratando de ser educado.
-Bueno...- intervino Rose frotándose las manos.- creo que iremos a bañarnos. Hace calor ¿no crees?.- el platino asintió rápidamente, queriendo huir de allí. De enfrentarse a alguien, prefería hacerlo a sus primos, al menos estaban en igualdad de edad.
Gryffindor y Slytherin se encaminaron hacia la piscina.
-¡Eh! ¡Chicos! ¡Ha venido Scor!.- gritó Rose a sus primos con entusiasmo, y el platino pensó que ninguno de los que estaban allí se alegraría tanto de verle como lo hacía ella.
Miró como Albus y James se dirigían sendas miradas significativas, pero luego le saludaban con un gesto de la mano y volvían a sus asuntos. Lily y su prima Dominique rieron por lo bajo y le saludaron desde lejos, como si les diera apuro acercarse más.
-No se lo tomes en cuenta. Están locas por ti.- le dijo Rose por lo bajo, riendo. Scorpius le miró sorprendido, lo último que habría pensado de alguna persona del clan Weasley era que estuviera "loco" por él.
-¿Traiste bañador, no?
-Sí, claro.- asintió él.
-Puedes ir a cambiarte al baño, está nada más entrar a la derecha. Ahora nos vemos.- el platino asintió y se dirigió al interior de la casa, rogando por no encontrarse a los padres de Rose por el camino. O al menos a su padre, ya había recibido suficientes miradas fulminantes por ese día.
No paso mucho tiempo hasta que el slytherin volvió al jardín, pero cuando lo hizo, se percató de que había una nueva persona entre ellos. Era alto y moreno, y Rose hablaba con él animadamente. Muy animadamente.
-Mira, Scor. Te presento a Ewan.- dijo ella, de pie entre los dos.
El platino le tendió la mano y se la estrechó con cara de pocos amigos.
-No sabía que tuvieras un primo más.
Rose rió y negó con la cabeza.
-No es mi primo. Es un viejo amigo de la familia.- respondió y Scorpius le miró ceñudo, parecía pasárselo muy bien con aquella situación, y no entendía por qué.
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La tarde transcurría tranquila, pero ya casi estaba anocheciendo. Albus, Lily, James y Dominque ya se habían marchado, mientras que Hugo y Ewan jugaban una partida de ajedrez en una mesita del porche.
-¿Quién es exactamente ese tal Ewan?.- preguntó Scorpius a Rose. Ahora se encontraban tumbados en el césped, mirando como el sol daba paso a unas tímidas estrellas.
La pelirroja sonrió sin que él le viera. Su plan daba resultado.
-Es un amigo de la familia. Sus padres son amigos de los míos y suele venir casi todos los veranos.
-¿No debería marcharse ya?
-¿Marcharse? No. Él duerme aquí.- respondió Rose con una sonrisa burlona bailando en sus labios. Vio por el rabillo del ojo como Scorpius se incorporaba y la miraba con los brazos cruzados. Ella también se sentó.
-¿Duerme aquí?.- repitió. Aunque trataba de parecer tranquilo, Rose podía observar como sus músculos se habían tensado.- ¿Y a tus padres les parece bien?.
-¿Que si les parece bien? Claro. Siempre se queda a dormir a mi casa.
El platino arqueó las cejas y le miró pidiéndole algún tipo de explicación.
-Él no vive en Inglaterra, por eso cuando viene se instala aquí durante una semana, más o menos. Es casi como una tradición.
-¿Y desde cuándo os conocéis, exactamente?
-Desde pequeños.
-Nunca me lo habías contado...
-Bueno.- ella se encogió de hombros, divertida ante el interrogatorio de su amigo.- sólo le veo en verano.
-Ya...- murmuró Scorpius dirigiendo una mirada a Ewan, que parecía estar perdiendo al ajedrez con Hugo. Era simpático, pero no podía creerse que fuera un amigo de la infancia, tal y como decía Rose. Ese tipo no miraba a la pelirroja como una amiga precisamente. No era tonto, se había dado cuenta.
Ambos volvieron a tumbarse y siguieron charlando sobre sus planes para el verano y sobre las asignaturas del año que venía, pero en la mente de Rose sus neuronas parecían estar de fiesta. Su plan había dado resultado. Scorpius estaba celoso. Celoso con todas las letras, aunque él intentara disimularlo.
La pelirroja no tenía previsto nada, de hecho, no sabía que Ewan les visitaría tan pronto, pero todo había sido una agradable casualidad. Si Scorpius se había atrevido a darle celos con la cabeza-hueca de Yelsey, ella no iba a quedarse atrás.
Ewan era un viejo amigo de la familia, pero desde el año pasado algo más que eso. Podría decirse que era su primer amor, aunque ahora no hubiera nada entre ellos. Pero eso Scorpius no lo sabía, y era termendamente satisfactorio hacerle creer lo contrario.
-Hace mucho que no te pongo un reto.- dijo Rose entrecerrando los ojos.
El platino conocía esa expresión, su querida amiga estaba maquinando algo.
-¿No crees que tu familia me odia ya lo suficiente sin necesidad de retos?
-No seas bobo. No te odian.- dijo ella, resuelta.- Bueno, mi padre quizás un poco.- vio como la cara de Scorpius se transormaba en una mueca de espanto.- solo un poco.
-Es un alivio saberlo...- ironizó él.
-Será algo suave. Además, ganarás puntos con ello.
-A ver...¿Qué propones?
-Ayudarás a mis padres a preparar la cena. ¿Capaz?
Scorpius se pasó una mano por la cara y suspiró. ¿Para qué le daría oportunidad de decir nada?. Aunque siempre podía negarse.
-Rose, no tengo ni idea de cocinar. Y no creo que a tus padres les haga mucha gracia que rompa la vajilla. Además, no puedo hacer magia, ya lo sabes.
-Más divertido entonces.- rió ella.
-Está bien, iré, pero no creo que tu madre me deje ayudarla.
-Si lo hará, siempre está protestando porque nadie lo hace.
Y efectivamente, así era. Hermione no había tardado en sonreír y darle un cuchillo a Scorpius para que cortara los tomates para la ensalada. No le había importado que tuviera que hacerlo al modo muggle y, por tanto, más lento.
-Eres muy amable al ayudarme- le dijo, y el platino le dirigió una forzada sonrisa, mientras se esforzaba en no cortarse los dedos en vez del tomate.
Por su parte, Ron, que ponía la mesa, le miraba con recelo. No acababa de creerse que él, un Malfoy, se ofreciera a ayudar a alguien. Era la viva imagen de su padre Draco. Los mismos ojos grises y fríos, el mismo pelo platino, la misma postura desafiante.
-¿No es simpático?.- oyó como Hermione le susurraba a su marido, creyendo que no les oía.
También pudo ver como el padre de Rose hacía un mohín y se abstenía de responder. "vas bien, Scorpius, vas bien..." pensó el slytherin para sus adentros.
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-Scorpius, ¿puedes avisarles de que ya está lista la cena?.- preguntó Hermione al muchacho rubio, que asintió y se dirigió al jardín.
-Chicos, ya está lista la...- comenzó a decir poniendo un pie en el porche, pero se detuvo al ver la escena.
Rose y ese tal Ewan charlaban sentados en unas sillas, muy cerca. Demasiado cerca, pensó el slytherin. Miró enrededor ¿Dónde se habría metido Hugo? ¿Por qué el enano había tenido que dejarlos solos?.
-Ya está lista la cena.- terminó de decir en voz alta y acercándose asombrosamente rápido hacia donde se encontraban ellos. Rose se separó con lentitud, parecía que se recreaba en la situación.
-¿Qué tal ha ido?
-Bien.- respondió Scorpius casi con un gruñido, pero no la miraba a ella, le miraba a él. Con una de esas miradas suyas frías y afiladas que paralizaban a cualquiera. Ewan, por su parte, parecía apurado y nervioso por la interrupción. Aunque Rose y él no habían hecho nada, habría jurado que si ese rubio pijo no hubiera aparecido sí habría pasado algo. Era extraño, pues la pelirroja le había dejado claro el verano anterior que lo suyo había sido cosa de una sola vez, y que tenían que volver a ser amigos como lo eran antes. Pero esa tarde ella parecía más atenta y cariñosa de lo normal, como en aquél tiempo en el que descubrieron la sexualidad juntos. Y él no iba a negarse, seguía volviéndole loco..
-Me alegro.- contestó ella levantándose de un salto.- apuesto a que le cena estará deliciosa.
Emprendió el paso y se perdió en el salón de la casa, dejando a Scorpius y Ewan en el jardín, mirándose.
-¿Eres un compañero de su colegio, no?.- preguntó el moreno con un tono cortante.
-Más que eso. Soy su mejor amigo.- respondió el slytherin con la misma frialdad.
-Ah. Yo sin embargo la conozco desde los dos años. Somos casi como hermanos.
-Yo la conocí con once, pero, ya sabes, convivir todo un año juntos hace mella. Tu en cambio...¿la ves solo en verano, no?.- preguntó Scorpius aparentando desinterés, pero con toda la intención de picar a ese "amiguito de la infancia".
-Sí. Pero... digamos que se aprovechar los veranos muy bien.- replicó él con una sonrisa maliciosa.
El platino se quedó mirándole en silencio, apretando los puños dentro de sus bolsillos. Hacía mucho tiempo que no tenía tantas ganas de darle un puñetazo a alguien, pero él se lo estaba ganando a pulso.
-Chicos, ¿no venís?.- Rose apareció por la puerta e interrumpió su tenso duelo de miradas.
Ambos giraron la cabeza para mirarla y dos sonrisas forzadas brotaron en sus labios.
-Ya vamos.- respondieron al unísono.
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Bueno, aquí está el "contraataque" de Rose. Si él le había puesto los dientes largos a ella, nuestra pelirroja favorita no iba a ser menos!! xD
Me encanta escribir sobre un Scorpius celoso, jajaja, me podía imaginar la escena final en mi cabeza y me reía yo sola, espero que vosotras también =)
Bueno, para quien me preguntaba, ya ves que no es una Rose delicada y virginal, para nada! No es una Hermione en versión pelirroja! xDD
Espero que os haya divertido y perdón por que sea cortito, el próximo será más largo ^^ Un beso y gracias!!!
