VI En rojo y verde.
La tarde continúa, el sol se pone sobre los terrenos de Hogwarts, tiñendo el castillo en colores amarillos y ocres. Las clases terminan, para alivio de los alumnos. Las últimas horas, ella solo escucha un eco en las palabras de Minerva McGonagall; la nueva directora. No tiene la menor idea de lo que está diciendo, ni si quiera cuando toda la clase ríe, ante una posible broma de la mujer. De pronto, ella reacciona, se levanta siguiendo a los demás y sale.
La chica mira el horizonte tan inexpresivamente como lo hace con todo, sin sonreír ni hablar con nadie, sin dirigir su vista a nadie, sale. Camina en línea recta por el pasillo todavía bien iluminado del castillo, pareciera que todos los alumnos van a en dirección contraría a ella, le golpean los hombros cuando intenta ir contra la corriente, pero no importa. Se aproxima hasta salir de aquella prisión llena de tristeza. Llega a los jardines, aspira profundamente con su nariz y deja salir el aire por la boca.
— ¿Lovegood? —Inquieren a su espalda.
La rubia se vira. Sonríe suavemente— ¿Si?
¿Ahora que? Se sentía enmudecido ante el sólo recuerdo de su piel desnuda y húmeda— Hola —es lo único que puede atinar a decir.
De pronto se siente el ser mas estúpido en todo el colegio, definitivamente hablar con mujeres no es su fuerte, es mejor besándolas y llevándoselas a la cama. Sabe que esta es la primera que no será fácil.
—Hola —responde la hermosa rubia. Ahora sonríe ampliamente.
Theo no puede hacer nada más que suspirar profundo, es hermosa, su sonrisa le hace pensar en un arcoíris… O algo cursi y tonto por el estilo, no sabe que es, pero le llena. Un ligero viento casi imperceptible ondea el cabello de la rubia, su perfume, le llega a la nariz, nada tiene un olor parecido, le gusta.
El slytherin baja la cabeza, mete las manos en sus bolsillos, traga saliva:
—Tenía, ganas de hablarte desde hace tiempo —dice el chico.
Ella sonríe— ¡Oh!... Gracias —aprieta los labios, su boca se seca al instante— ¿Quién eres?
¡Claro! ¿Cómo demonios se le ocurrió pensar que ella sabría quien era? Un calor insoportable se apodera del cuerpo de Theo, no quiere sonrojarse pero no puede evitarlo.
— ¿Qué estoy haciendo? —Se dice a si mismo.
Un flash le atraviesa el cerebro, sabe que ella nunca ha pensado en él, si ahora está consciente de que existe; Es por que se le puso en frente.
El chico levanta la mirada— Olvídalo —dice, se humedece los labios—, sólo quería ver algo. Gracias por tu tiempo —sonríe—. Adiós.
— ¡Theo! —Escucha que lo llaman a lo lejos.
El slytherin, voltea sobre su hombro derecho, distingue a lo lejos a Zabini; claro, el único negro de Slytherin. Al instante pone los ojos en blanco, suspira, mira por última vez a la rubia, sonríe de nuevo y se encamina en dirección donde escuchó el grito.
— ¡Espera! la rubia avanza un par de pasos hacia él.
— ¿Dime? —Pregunta el chico sin voltear.
Luna enlaza sus manos poniéndolas en su pecho y agacha la cabeza— ¿Qué es lo que querías ver? —pregunta con un leve susurro.
El perfil del chico lo ilumina el naranja de la tarde… Por Merlín, ella nunca vio un chico así.
—Solo quería ver —sonríe mostrando los dientes— si tus ojos son igual de hermosos de cerca, como de lejos — finaliza.
La Ravenclaw suspira, por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa amplia y sincera se forma en sus labios. Lo observa alejarse; caminando con ambas manos en los bolsillos, su espalda se mueve rítmicamente al compás, las mangas de la larga camisa las trae recogidas hasta los hombros… Valla que es atractivo.
— Theo —dice Luna casi en un imperceptible susurro, ahora sabe su nombre.
El chico sigue caminando, sin si quiera verla, sabe que se ha quedado sonriendo. Su voz es igual de melodiosa que en sus sueños, tal vez mas. Tal y como la imaginó, cada vez que fantaseo con ella. Solo en una cosa no acertó… Era mas hermosa que en cualquiera de sus sueños o fantasías, de eso no dudaba.
— ¡Donde demonios estabas, Nott!
El chico pasa de Blaise, sin prestarle atención.
— ¡Nott! —Empieza a seguirlo— ¡Con un demonio, Theo!
— ¡Que Zabini! ¡¿Qué?! —se vira bruscamente.
— ¡¿Dónde habías estado, imbécil?! —Hace aspavientos con las manos.
Sonríe— No te interesa —dice con un suspiro—. ¿Qué querías?
Blaise sonríe, se cruza de brazos y arquea una ceja— ¿Detrás de quién andas, Nott?
— ¡¿Qué?! —Theo se exalta, ¿como lo supo?
— ¿Lovegood? —Estalla en carcajadas— ¡Eres un imbécil! ¿Crees que te puedes acostar con esa…?
No lo deja terminar, de inmediato con un fugaz movimiento lo aprisiona contra la pared. Tal vez Zabini es más alto y más fuerte, pero Theo es más listo, encaja su varita en el cuello del moreno, este no se mueve, no dice nada y no denota miedo.
— No te atrevas a nombrarla —su tono es tan vacio y seco, que sería casi imposible notar que estás furioso.
Sonríe— Has lo que quieras, Nott.
Blaise se retira, no dice lo que tuvo que decirle. Golpea el muro, se siente lleno de rabia, la piedra se marca en el borde de sus puños. Es ridículo pensar en una mujer así, rara, pura, era tonto… Pero ella es hermosa, no dejará de intentarlo.
Unas tersas palmas recorren los músculos de su espalda, suben lentamente hasta llegar a sus hombros y se enredan en su cuello—. Puedo ayudarte a tenerla —susurra con aliento cálido en su oído.
Su espalda se estremece— Bruja —dice.
Ella sonríe y lo suelta, él se vira— Hola Nott.
— Que demonios quieres, Alden.
— ¿Te gusta Lovegood? —Pregunta. No obtiene respuesta— Te puedo ayudar a conseguirla.
El chico de cabellos color miel la toma de la muñeca fuertemente, con la otra mano la aferra de su cintura pequeña, rodeándola completamente, tan fuerte que le roba todo el aliento. Sus labios quedan levitando a centímetros, ella sonríe, mostrando la enorme dentadura que esconde tras los carnosos labios.
— No te necesito —dice Theo—, puedo conseguirla…
— No he dicho que no puedas —le responde la chica sensualmente—, digo que puedo hacerlo más fácil.
El slytherin sonríe— Astor… Voy a tener a Luna, porque la quiero, es un capricho que necesita ser saciado ¿Cuál sería la gracia si resulta fácil? —La suelta sólo para aprisionarla contra el muro—. No preciosa —su tono denota burla, pega su cadera al cuerpo de la ojiverde, levanta uno de sus muslos a la altura de su cintura acariciando debajo de su falda.
Ella lo mira retadoramente, no deja de sonreír ni un solo instante. Como siempre, ellos, la pareja perfecta de no ser por que Theo es demasiado raro y Alden en exceso presumida… A quién le importa. La chica enreda sus manos en el cuello del joven acariciado sus cabellos, lo atrae a sus labios, prueba la sal reseca acumulada en ellos. Se funden en un beso cálido, donde sus lenguas se encuentran.
Ella quiere desmayarse estando entre el muro y el cuerpo sólido de Theo, él retira las manos de ojiverde de su cuello y las levanta aprisionándolas sobre su cabeza, al tiempo que abre completamente la boca para saborear toda su profundidad, un gemido gutural se escapa de la chica.
Alden no lo detiene, no tiene la menor idea de porque está permitiendo que el fenómeno de Slytherin la esté tocando… pero se siente tan bien, lo siente excelente. Una de las manos del chico recorre su silueta para inspeccionar lo que hay debajo de su falda, la hace gemir de nuevo, sonríe sobre los labios de ella y lentamente se va separando de ellos.
Se miran, ella está extrañada, agitada y ahora lo entiende. Es una estúpida.
— ¿Lo vez? —Él se acerca a sus labios—. Si quisiera una chica fácil, lo intentaría contigo—susurra.
El chico se pierde en la oscuridad del pasillo, la furia se apodera de Alden mientras lo observa alejarse, gruñe con rabia. Sabe que se ríe de ella aunque no lo pueda ver, lo sabe.
Respira profundamente, cuando tres aplausos sardónicos la sacan de sus pensamientos. Como si hubiera visto un mortífago su corazón se acelera, la sangre le sube hasta la cara.
— ¿Qué puedo decir?... —Dice la misma figura que se aproxima aplaudiendo— Eres una cualquiera —profiere en medio de una incontenible carcajada. Se acerca a ella, al tiempo que se deshace sensualmente de su túnica—. Bueno Alden, ¿Era de esperarse? —Prosigue— ¿Tan pronto te aburrió Potter?
— Basta —dice Alden, conteniendo la furia. La castaña respira profundamente, sus ojos permanecen cerrados.
— ¿En que estás pensando ahora? ¿Qué clase de…?
— ¡Cállate Pansy! —Le grita—. Acabo de ser una estúpida, lo sé —levanta su rostro, sus ojos están llenos de lágrimas contenidas—, yo más que nadie me lo reprocho.
Al cabo se hecha a correr, se siente humillada. La morena levanta su cabeza y no dice absolutamente nada, ni si quiera intenta detenerla, estira sus brazos hacía arriba haciendo que su espalda truene; Le rodean la cintura con ambos brazos, al instante baja los brazos y hace un gesto de malestar ¿No se cansaba de tocarla?
— ¿Te acompaño a tu habitación? —Susurra en su oreja.
Pansy ríe— ¿Aceptarías si te digo que no?
Él ríe también. Sin soltarla de la cintura empiezan a caminar por los pasillos, bajando escaleras hasta entrar en los pasillos siempre oscuros, alumbrados por antorchas que los llevan hasta las mazmorras. Ella no se siente bien, sus brazos la sofocan, incluso esa fragancia melosa, con olor a dulce la marea, le parece nauseabunda, quiere vomitar.
Llegan, la fría y oscura sala común de Slytherin, ordenada pues nadie nunca está ahí, no tiene calor humano como deben tenerlo las demás salas adornadas con oro y pieles.
El chico la suelta.
— Llegamos, ¿Feliz? Estoy aquí… ¿Algo más? —Dice Pansy con la misma frialdad que la caracteriza.
— ¿No irás a tu habitación? —Se acerca provocativamente a ella.
De inmediato pone una mano en el pecho del chico—. Si lo hago será sola, Blaise.
El moreno sonríe, su dentadura blanca parece resplandecer en medio de la oscuridad:
— Me he portado muy bien, Pansy, ¿No merezco una recompensa? —su mano se pasa a la cintura de la slytherin. Acaricia su labio inferior con el dedo índice.
La slytherin alza el mentón, esboza con dificultad una sonrisa; Blaise huele a alcohol. Ella pone sus dos manos en el pecho de él y lo retira— Estás borracho, Zabini —afirma.
— ¡¿En serio?! ¿Lo notaste? —Ríe tontamente, se tambalea cuando Pansy lo hace a un lado.
El moreno golpea la pared, gruñe, alcanza a tomar a la chica de la muñeca antes de que se aleje de él y la avienta al sofá de cuero negro frente a la que debería ser una chimenea encendida. Ella no grita, cae encima de la dureza lastimando su pierna, de sus ojos escapan las lágrimas por el dolor, quiere gemir muy fuerte de dolor, de rabia, odia que la lastimen. Zabini le impide hacer cualquier sonido tapando su boca con una mano.
— Llega un momento, en que la única solución es estúpida —susurra con voz ronca a su oído—, O ¿Tú que crees? —Se burla.
Al tiempo una de sus manos se pasea por la cara interna de su muslo, llegando hasta su intimidad. Entonces ella grita, escucha retumbar en su garganta su propio grito. Las lágrimas corren por sus mejillas, él retira su mano para robarle un beso profundo, robándole el alma con la lengua, las arcadas de ella no le impiden seguir furiosamente; con un movimiento de su rodilla, logra golpearle la entrepierna muy cerca de los testículos, muerde su labio ferozmente para deshacerse de su boca, saca su varita, lo empuja lejos y lo apunta.
El chico cae al pie de un sillón, al parecer quedó inconsciente, Pansy no sabe si se golpeo la cabeza o es por la borrachera… apuesta más por la segunda. Se aproxima a él y da una patada al pie de Zabini.
— Imbécil… —le dice, lo apunta con su varita, respira profundo— Si Draco se entera, te mataría.
Lo contempla unos segundos, se coloca la túnica perfectamente cerrada y guarda la varita. No quiere estar ahí. Se infiltra de nuevo por los pasillos, luciendo orgullosa su insignia de "Prefecta", sabe que nadie le dirá nada por merodear a altas horas de la noche.
Sale hasta la superficie, respirando el frío aire de la noche. Mira la luna, se ve más grande que nunca. De su boca sale un humo blanco que delata el clima, traga saliva con dificultad, se coloca la capucha de la túnica y camina hacia los jardines.
La luna refleja su esplendor pálido, de perfil perfecto y piel de porcelana, el fleco negro sobresale en su frente y sus labios se ven mas rojos que nunca. Mientras camina sin un rumbo, piensa en el encuentro con Blaise, no es la primera vez, no le importaba, así era él y hacía impertinencias cuando se emborrachaba.
Se siente triste. No sabe donde está Draco, pero está segura que debe reposar en la cama de alguna estúpida que cometió la idiotez de entregársele, creyendo en mil promesas… De esas que él sabe hacer perfectamente.
Pansy no siente celos, al menos no de él. Siente un vacío inmenso, al pensar que si el hombre de su vida la ama tanto ¡¿Por qué entonces le hace aquello?! Claro, tenía que justificarlo: "Está con otras mientras no puede estar contigo" —intenta convencerse. La respuesta es más que obvia a decir verdad, es simple; Draco Malfoy no sabe amar.
Una lágrima se desliza por la mejilla de la chica, al pensar en la cruel realidad; Nadie podría amarla nunca, pues su belleza es tanta, que nadie la conocería realmente, sin fijarse en algo más que una cara bonita. No le importa, sigue su camino inexistente y lo encuentra.
Sonríe. ¿Por qué precisamente él? ¿Tiene que estar ahí cuando desea encontrarlo?
Como lo pensó antes, no siente celos de Draco, pero si de Weasley… Por tener esa capacidad de amar con tanta entrega como lo hace con Granger, por eso lo cela, desde aquellos besos que presenció sin proponérselo. Un deseo que surge más que de la apuesta y del orgullo se apoderó de ella ¿Qué se sentirá sentirse amada con tanta intensidad?
— ¿Eh? —Exclama el pelirrojo, que está sentado en el suelo, con las rodillas encogidas. Escucha claramente como alguien se acerca, el sentido mas desarrollado de Ronald es su oído… y su tacto.
La Slytherin intenta tranquilizarse, por algún motivo tiembla, como si se tratara de una persona muy importante. Se detiene frente a él, con los talones juntos y las manos atrás. Al sentirla, Ron abre los ojos y se pone de pie.
— ¿Qué haces aquí? —Pregunta jovialmente.
— ¿Tú que haces aquí?
El chico vuelve a sentarse— Me gusta venir a pensar.
Ella se muerde el labio inferior y decide sentarse a su lado, el rocío nocturno hace que el césped este frío y a lo lejos no ven más que un horizonte sin fin de césped verde azulado a la luz de la luna.
— ¿En que piensas? —Pregunta la chica, adoptando la misma posición de rodillas al pecho que tiene él.
Sonríe— Más bien… Recuerdo —dice sin mirarla—. Como eran las cosas, mi infancia antes de venir a Hogwarts y mi vida a partir de aquí —no sabía por qué, pero quería hablar y ella era la única que parecía querer escucharlo—. Recuerdo a mi familia, cuando vivíamos todos juntos en un espacio apretujado y pequeño. Luego conocí a Harry, la amistad, la lealtad, le envidia, el amor, el rencor, el odio… La maldad… La muerte —ríe y la mira—. Todo eso por conocer a Harry.
Ella lo mira, es la primera vez que lo tiene tan cerca, completo para ella sola, sin que nadie se lo quite, sin que nadie interrumpa. Entonces no sabe que decir. Pero aún en su mudez, puede apreciar el azul de los ojos de Ronald Weasley, son el cielo abierto mas hermoso que vio nunca.
— Supongo que Potter arruinó tu vida —intenta adivinar.
— No, tal vez sí… Pero no.
Pansy se carcajea, arquea una ceja, su expresión hace que Ron ría también:
— ¿Casi no eres inseguro verdad, Weasley?
El pelirrojo deja de reír, pero mantiene en su rostro una sonrisa serena:
— ¿No te gusta la gente insegura? —Le pregunta.
La Slytherin vuelve a mirar el horizonte vacío de nuevo—. Weasley —suspira—. Lo que veo es inseguridad por todos lados…
— Yo en la mañana no estoy seguro ni de encontrarme a mi mismo en el espejo —interrumpe Ron, no deja de reír… Ni de mirarla.
— Tal vez, en realidad nunca te has encontrado… Cada uno se considera distinto de lo que es en realidad, nos vemos como querríamos ser. No como somos —lo mira.
— ¿Cómo lo sabes? —Borra su sonrisa.
Los ojos de ella se humedecen— Es lo único que nos queda, si no fuera así… —mira el suelo— ninguno de nosotros tendría la paciencia suficiente para soportarse tal y como es.
Tiene razón, él no era Ronald Weasley, él era… El amigo de Harry Potter, una figura opaca de relleno que hacía lucir más al asombroso "niño que vivió". Pansy se quita la capucha, mira el reloj de su muñeca y se levanta.
— Es tarde, Weasley —dice.
De inmediato él se levanta tras ella— Lo sé ¿Me acusarás?
La chica sonríe— No.
Ron se acerca, la cubre de nuevo con la capucha abrigándola, como aquel primer día que la tapó sin permiso con la bufanda; lo hizo por amabilidad después que lo ayudó, ahora lo hace por qué tiene un ansia suprema de tocarla, a pesar del frío su cuerpo emanaba un calor extraño. La serpiente siente su corazón bombear mas sangre de lo usual al tenerlo tan íntimamente cerca.
— No me respondiste —dice Ronald.
— ¿Qué cosa? —Sonríe extrañada.
— ¿Tú que haces aquí?
Sonríe, pone sus manos en los hombros del pelirrojo y luego las sube por su cuello hasta sus mejillas, se pone de puntas y al instante, atrae sus labios a los de ella, no se resiste como la primera vez. El chico toma las manos de sus mejillas y las aprisiona en las suyas, no las retira, al contrario, las lleva hasta su pecho apretándolas contra sí.
Es un tacto solo de sus labios, sin una gota de saliva, una caricia mutua, lenta, acogedora, tierna, cargada de algo más que deseo o capricho. En un último intento por alargar mas la vida extinguible de ese beso, el chico aprisiona el labio inferior de la slytherin entre sus dientes y lo saborea tan dulce como ninguna azúcar lo llenó nunca.
Con una mueca de travesura realizada, ella lo suelta:
— Buscaba un beso de buenas noches —finaliza.
La pequeña silueta negra, que hasta parece graciosa se aleja de él. Al instante Ronald siente el frío de la brisa, sin embargo ahora no lo congela. La morena acaba de encender en él una llama y por algún motivo, sabe que esa llama, ambos la comparten.
