El trato... lo es todo, Kykyo... lo es todo.

Todo llegará... sabremos más, dcromeor... con el tiempo e_e


Anita

Apestaba. Un hedor que lo llenaba todo, que se filtraba hasta lo más profundo de mi nariz y me ponía de mal humor. Reconocería ese sucio y repulsivo olor en cualquier parte. Ruby se tensó cuando me vio entrar en la cocina. Emma aún dormía, pues apenas despuntaba el alma.

_ Tu hermana huele a vampiro._ Mi voz sonó ronca, poco humana._ ¿Hay algo que no me ha contado, Ruby?

Ruby

Tragué saliva. Sabía que era cuestión de tiempo. Un abrazo, un contacto casual… y Emma adquiría el olor de aquella vampiresa. Yo había visto las intenciones de Emma desde un principio. Estaba claro que, aún si no lo sabía ella misma… Regina le gustaba.

Y esa era una relación que mi madre jamás iba a tolerar. Regina era un vampiro. Un monstruo oscuro y siniestro que venía de la oscuridad más profunda del infierno.

_ Hay una… vampira en la universidad. Dos, en realidad._ Los ojos de mi madre se iluminaron._ He intentado apartarla pero… no me hace caso. Una de ellas es profesora y la otra… le ayuda por los deberes. Ya sabes cómo es Emma, no me escucha. Y tampoco te escuchará a ti.

Lanzó un rugido y se puso a pasear de un lado a otro. Parecía un animal enjaulado, y supongo que era así como se sentía. Atrapada porque no podía decirle a Emma una razón lógica para evitar a Regina aparte de "No es buena para ti". Pero si la conocía… y conozco a mi madre bastante bien… no iba a quedarse de brazos cruzados.

Anzu Stealer

Aún pensaba en la cita que me había propuesto Mallory. A pesar de que había sido respetuosa y no había insistido no terminaba de convencerme de que aquello no fuese una trampa. Anna estaba muy callada a mi lado. Acababa de cenar y la había dejado agotada. La pelirroja me traía buenos recuerdos, me hacía pensar en un mundo más agradable, más amable. Pero lo cierto es que su inocencia, al mismo tiempo, me resultaba agotadora.

Había tanto que ignoraba… tanto que presuponía. Quizá yo misma me había convertido en una anciana cascarrabias… pero la verdad es que no me sentía con fuerzas para pasar el resto de su vida explicándole cosas que para mí eran elementales. El sonido de la puerta llamó mi atención. Alguien había llamado. Pero lo había hecho escasamente.

Era un toque pensado para no alertar a ningún ser humano. Dejé con delicadeza a Anna sobre el sofá, dormida, y me acerqué a la puerta. Al abrir mis ojos captaron dos esferas ambarinas que me eran familiares. Yo conocía a aquella mujer y, sin embargo… estaba claro que ella no me reconocía.

Los licántropos tenían una vida y una memoria limitada, a diferencia de los vampiros. Eran especialmente longevos, y aquella mujer tenía al menos trescientos años… pero hacía tanto desde nuestro encuentro, que no podía recordarme. Algo que no pude evitar agradecer.

_ Pase, por favor. Intuyo que hace frío fuera._ Dije, diplomática.

Anita apagó sus ojos amarillentos, con cierta sorpresa, pero aceptó mi invitación. Me ofrecí a quitarle la cazadora, pero ella rechazó mi gesto con el mismo desprecio que si la hubiese abofeteado. Sus ojos mostraban un odio ciego que iba más allá de mi persona.

_ Disculpe… presupuse que querría…_ Mantuve la sonrisa._ ¿Puedo ofrecerle una copa?

_ No he venido a tomar una copa._ Me dijo, con tono recriminatorio._ E imagino que eso ya lo sabes.

_ Temo que no._ Yo quería mantener la distancia, pero estaba claro que si fuese por ella lo más probable es que me hubiese saltado al cuello y habría mordido hasta que muriese. Pero no estaría conforme si no era yo la que alzaba la mano en primer lugar._ Desconozco la razón por la que ha venido.

_ Se trata de Emma.

_ Entiendo._ Dije, sin perder la tranquilidad._ Acompáñame a mi despacho, por favor.

Anita

Cuando esa mujer subía los escalones, sus pies no hicieron ningún ruido. Y no quiero decir que hicieran poco… o que fuera apenas apreciable, pues ni siquiera mi oído, fino incluso entre los de mi raza, pudo percibir vibración alguna en la madera cuando ella subió.

Desde que había mirado al rostro a esa vampira había sentido cómo una rabia desmedida brotaba en mi interior. Algo en su fría cortesía me escamaba. El despacho era una habitación con las paredes cubiertas por estanterías, y una cantidad de libros casi irrisoria.

Se sentó en su sillón, y me ofreció sentarme frente a ella. Al principio se me pasó por la cabeza rehusar… pero me dije que sería una estupidez y me senté. Cuando quise darme cuenta, había dos copas sobre la mesa, y sin hacer preguntas, Anzu las había llenado.

Tomé la que ella tenía más próxima, en un gesto de clara desconfianza, y di un trago al vino. Estaba claro que era una buena cosecha.

_ ¿Qué sucede con Emma?_ Preguntó, dando un sorbo a su copa.

Sus ojos, con un tinte rojizo… en apariencia por la luz de la sala, brillaban con una inteligencia poco humana. Parte de la fachada se había desgajado.

_ No me gusta que confraternice con vampiros._ Dije, directa._ No me parece bien que pase el tiempo contigo y con esa tal… Regenta.

_ Regina._ Me corrigió, con suavidad._ Se llama Regina.

_ Bueno, eso no importa._ Dije, directa._ La cuestión es…

_… Que me estás pidiendo que suspenda a tu hija._ Dijo, mojando levemente sus labios con su copa.

_ ¿Qué? ¡No!_ Exclamé, furibunda.

_ Emma es alumna en mis clases_ Dijo, firme._ No puedo evaluarla si no asiste, como comprenderás. En cualquier caso… creo que como adulta debería ser ella quién decidiese.

_ Ella no sabe…

_ Ya, ya intuyo que no conoce la existencia de vampiros y licántropos._ Me detuvo._ De lo contrario no estaríamos teniendo esta conversación.

_ No sabe al peligro al que se expone._ Dije, seria.

_ No se expone a ningún peligro, Anita._ ¿En qué momento le dije mi nombre?_ Regina y yo tenemos un estricto código. Si se acerca a ella es sólo porque le cae bien, y nada más.

_ Disculpa si no tengo confianza en una…_ Anzu alzó el dedo y me callé.

_ No toleraré imprecaciones por la raza en esta casa._ Dijo, en un susurro._ Ya me disculpé por el incidente que yo misma tuve con tu hija. Y ten por seguro que no se repetirá.

Gruñí, mostrando mis ojos amarillos, y ella me respondió con una mirada de un escarlata apagado.

_ Anita… somos personas civilizadas._ Le dije._ Vosotras vivís en sociedad, y nosotras sólo buscamos lo mismo. Nuestros caminos se han cruzado por casualidad. No deberíamos convertirlo en una batalla.

_ No puedo fiarme de los tuyos._ Dije._ Hay gente que va tras Emma y…

Me mordí el labio, tensa por mis propias palabras. Había hablado de más. Es cierto que había vampiros tras Emma… y acababa de decirle a uno de ellos que la perseguían.

_ Si alguien va tras una amiga de Regina, sea cual sea su naturaleza._ Sus ojos brillaron._ Ten por seguro que frustraré sus planes.

Esos ojos rojos tenían una fuerza interior que me sobrecogió. Aquella mujer no era como los otros vampiros que había conocido. Supe que no podía intimidarla.

_ ¿Podemos tener una tregua?_ Preguntó.

_ Sí… está bien… pero si le pasa algo a Emma…

_ Me haré enteramente responsable._ Dijo, con la calma de quién se siente segura de sí misma.

Anzu Stealer

La falta de memoria de los demás había radicado muchas veces en mi beneficio. Y aquella era una de esas veces. Si Anita recordase quién era yo, lo que había hecho… lo más probable, es que hubiésemos terminado combatiendo a muerte. Y aunque confiaba en mis habilidades eso generaría unas enemistades que no me convenían en absoluto.

Me dejé caer sobre la silla y cogí el móvil, marqué el número que Mallory me había dado y escuché ese tono tan familiar.

_ Me gustaría cenar esta noche, si la oferta aún sigue en pie.

Regina Mills

Eran largos los días en los que no había clase. Casi había olvidado la libertad que tenía en esos días ociosos. Estaba bajo un árbol, a la sombra. Disfrutando de las pequeñas cosas de la vida, como se suele decir. Había aprendido el arte de la paciencia y la verdad es que cada minuto se disfrutaba mucho más cuando no pensabas demasiado en ello.

Aunque quizá asistir a la universidad en fin de semana no era el mejor plan del mundo. Quizá no era lo más adecuado para olvidarme de todo lo que estaba pasando. Al sentir un peso caer a mi lado, alcé la vista. Confieso que no me esperaba encontrarme con Ruby. Había estado distraída y no había notado el olor a lobo.

_ Hola._ Saludo. Se la notaba tensa.

_ Hola._ Le sonreí, bajando ligeramente las gafas de sol que llevaba._ ¿Qué te trae por aquí?

_ Bueno… tu madre ha estado hablando con la mía y…

_ Anzu no es mi madre… pero prosigue.

_ Bueno, la verdad es que parece que hay una pequeña tregua y… Está claro que le caes muy bien a Emma.

_ Ella también me cae muy bien._ Admití._ Le preocupan las personas. Eso ya no se ve.

Yo había sido aspirante a reina. Había estado a punto de tener que ocuparme de todas y cada una de las personas de Londres, algo que en su día me aterraba. Entonces yo era bastante egoísta y ni imaginaba lo que significaba preocuparse por alguien que no fuese yo misma.

_ Bueno, el caso es que unas amigas y yo vamos a organizar una fiesta por su cumpleaños y… creo que le haría ilusión que vinieses.

Expresé una sonrisa inevitable. Me agradaba la idea de darle una sorpresa a Emma. Después de lo preocupada que estaba por Anzu sentía que debía hacerle un favor.

_ ¿Qué tengo que hacer?

Emma Swan

_ ¡Suena terrible!_ Exclamé.

Anzu rio, aunque para mí no tenía nada de gracioso.

_ En su día los egipcios creían estar por encima de sus esclavos. Es así cómo funciona, Emma. Así se justifica._ Noté cómo su mirada se ensombrecía._ Te dices que están por debajo de ti… que no son como tú y que por eso tienes derecho a hacer con ellos lo que quieras…

_ Anzu._ Sentí que su mente había abandonado la habitación.

_ Disculpa._ Dijo, volviendo a la realidad._ Mira, ya falta poco para el anochecer. Te acompaño, Swan.

Esperaba encontrarme con Regina cuando acudí a la mansión, pero lo cierto es que Anzu me había ayudado mucho aquella tarde. El temario era complicado, pero la historia parecía viva cuando ella lo pronunciaba. No hablamos de nada en particular mientras conducíamos.

Y fue entonces cuando una persona se arrojó en mitad de la carretera. Anzu golpeó con furia los frenos del deportivo, con una precisión casi felina. Las ruedas chirriaron. Yo llevaba el cinturón de seguridad… pero Anzu no. Salió despedida, dio una vuelta en el aire y aterrizó con soltura tras el hombre, como si el cristal roto no fuese con ella.

Yo me quité el cinturón y salí fuera, con intención de acercarme a Anzu. El hombre, sin embargo, fue más rápido. Se abalanzó sobre mí, tomándome por el cuello, y me elevó como si fuese como si fuese una muñeca. Intenté soltar aquella pinza… pero fue imposible. Sus brazos eran tan duros como la roca.

_ Swan._ Su voz, cavernosa, sonó como un gruñido.

Vi acercarse a Anzu, y darle un puñetazo en la mejilla que provocó que me soltara. Sorprendido y tambaleante, dio un par de pasos atrás.

_ ¡Busca a Regina y a Ruby!_ Me gritó Anzu.

Rumpelstiltskin

Después de tantos años, finalmente había encontrado mi premio. Emma Swan. Mi acuerdo finalmente iba a cerrarse. Y entonces había aparecido aquella mujer, aquella otra vampiresa. No la conocía, pero su fuerza física había sido suficiente para indicarme que estaba ante una adversaria poderosa.

_ Le prometí a la tutora de esa joven que no iba a permitir que le hicieses daño._ La voz de la pelirroja sonó desgarradora._ Márchate, no me obligues a acabar con tu existencia.

_ Esa muchacha me pertenece._ Mi voz denotó mi rabia._ Ni tú ni nadie va a impedir que tome mi justo premio.

Anzu, pues había entendido que ese era su nombre, se llevó la mano al pecho. Pude ver que su anillo relampagueaba, y una hilera de armas, brillantes y resplandecientes, la rodearon como si de una guardia personal se tratase. Entendí el mensaje. Aquella mujer no era una vampira como las que había visto hasta entonces.

_ Volveré._ Mascullé, dándome la vuelta.

Emma Swan

Ruby se mordía las uñas, mientras que Regina observaba por la ventana, preocupada. Las había encontrado a ambas en casa, pero no hice preguntas al respecto.

_ Creo que ya es hora de que lo sepa._ Ruby miró a Regina.

_ Esta noche no._ Contestó la morena._ Está agotada.