Helloes ;D Estoy aquí trayendo el capítulo seis de Legendary. Sé que debí haberlo publicado ayer pero bueno, ya han comenzado mis exámenes finales de la universidad, acabo de abrir una tienda online de cosméticos y, por si fuera poco, me tocó remplazar a otra profesora en la escuela en la que trabajo de modo que estuve demasiado ocupada como para publicar ayer. Pero ¡ya es viernes! y estoy aquí ahora.
Sobre este capítulo debo decir que, si bien Itachi no aparece de forma directa, conocerán a una persona muy importante en la vida de Sakura... y se revelará un dato de bastante importancia para la trama de la historia. Espero que les guste. ¡Ah! No me quiero olvidar de agradecer a las personas que han dejado reviews para el capítulo anterior y me han agregado a mí y al fic a sus listas. Como siempre, mención de nicks más abajo.
También tengo que hacer un aviso importante: estoy de exámenes finales hasta el 11 de diciembre, y puede que no actualice de forma tan regular hasta entonces, lo intentaré pero no sé si pueda lograrlo. De todos modos, luego de esa fecha estaré de vacaciones y prometo compensar.
Disclaimer: Naruto Shippuden y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Esta historia me pertenece a mí. Favor no plagiar.
¡Ahora sí, a leer!
CAPÍTULO VI: PLEGARIA
Por Deirdried
Había un aroma dulzón en el aire. Le hizo recordar a los bollos que su abuela solía prepararle cada sábado, cuando iba a visitarla. Sakura miró a su alrededor, confusa. No estaba para nada cerca de la casa de su abuela. O eso creía. La verdad era que no sabía dónde estaba y comenzaba a sentirse asustada. Se miró las manos pequeñitas y regordetas. Estaban sucias, al igual que el vestido blanco de lino que su madre le había comprado la semana anterior. Sabía que se llevaría un buen regaño en cuanto la viera.
Observó a su alrededor, se encontraba en un vecindario donde todas las casas eran chiquitas y parecían abandonadas. No se acordaba de cómo había llegado allí, no había prestado atención al camino porque aquella hermosa mariposa tornasolada de alas que parecían cambiar de color cada vez que se abrían y cerraban había acaparado toda su atención mientras caminaba desde el parque donde había estado jugando, intentando atraparla. El sol se ocultaba detrás de unos árboles que parecían muy lejanos, Sakura dejó de caminar. Pronto sería de noche, y a ella no le gustaba quedarse sola de noche.
Echaba de menos a su mamá y la barriga le rugía con fuerzas. Quería volver a casa. Sintió sus ojos calentarse y dejó escapar el primer sollozo, las lágrimas brotando a borbotones de sus grandes ojos verdes, escurriendo por sus mejillas. Dio una vuelta en redondo, tratando de ver si había alguien a quien pudiera pedirle ayuda, pero las calles estaban completamente desiertas.
Sin saber qué hacer, la niña caminó hacia un pequeño parque que podía ver a una cuadra de distancia, esperando que fuera el mismo en el que había estado jugando y que su mamá la estuviera esperando cerca de los columpios. La luz del atardecer le mostró que aquel lugar no era el mismo, pues los toboganes estaban en mal estado, oxidados y tenían un aspecto poco seguro. Algunos de los columpios estaban rotos y la pintura de los otros juegos se había despostillado. Sakura caminó hacia unos árboles que había más al fondo. Comenzaba a hacer frío, y se abrazó a sí misma, sin dejar de sollozar.
Le llamó la atención un árbol en particular, grueso y con una caprichosa forma abombada en la base. Había un hueco adentro de una dimensión ideal como para que una niña de su tamaño fuese capaz de entrar. Se secó las lágrimas con el dorso de las manos, y observó con curiosidad. La entrada estaba oscura pero, a sus tiernos cinco años, tenía suficiente sentido como para saber que estar afuera en aquel lugar desolado era más peligroso.
Se agazapó y se metió en el huequito, en el que notó que cabía a la perfección. El aire dentro olía intensamente a savia y las paredes interiores estaban pegajosas, pero aquello no la molestó, sino que la hizo sentir segura. Sollozó una última vez, sintiendo que el cansancio se cernía sobre ella como la cálida mantita púrpura que la abrigaba en su cama por las noches. Su último pensamiento coherente fue el de querer despertar en su habitación, con su osito bajo el brazo y el aroma de un delicioso desayuno cociéndose en la cocina.
Sakura escuchó un ligero tap, tap, tap que la despertó, sobresaltándola ligeramente. Desorientada, trató de incorporarse pero su pequeña cabeza chocó contra la pegajosa madera del hueco en el que se encontraba. Le dolía todo su pequeño cuerpo por la posición en la que se había quedado dormida. Estaba a punto de comenzar a sollozar otra vez cuando otros nuevos golpecitos que provenían de afuera llamaron su atención. Se acurrucó tanto como podía, deseando que, si aquello era un monstruo, no fuese capaz de verla.
—Sé que estás ahí —oyó decir a una voz, desde afuera— y necesito que salgas.
Sakura retrocedió hasta pegarse lo más posible a las paredes del hueco del árbol cuando escuchó unos pasos girar lentamente hasta que vio unos pies posicionarse frente a la entrada de su pequeño refugio. Pausadamente, un señor se agachó hasta que pudo verle el rostro. Parecía muy cansado.
—Tu mamá te está esperando en casa. Está preocupada —él le comunicó, y la niña sintió las lágrimas acumularse sobre sus ojos, una mezcla de esperanza y recelo fusionándose en su expresión aniñada.
—Mi mamá dice que no debo hablar con extraños —le respondió, pero abandonó aquella postura miedosa ante la mención de su progenitora.
—Ese es un buen consejo. Pero dado que me pidió que viniera a buscarte, diría que por esta vez puedes ignorarlo —el extraño dijo, extendiendo una mano pálida y grande hacia ella.
Sakura lo observó largamente, pero él no se movió de ese lugar, ni dijo nada más. Finalmente, decidió tomar la mano que le ofrecía y él la ayudó a salir del hoyo. La pequeña estaba roñosa de polvo y sus cabellos rosados estaban pegajosos a causa de la savia que impregnaba su improvisado escondite. Al salir, ella notó dos cosas: la primera, que era de noche y que parecía ser muy tarde porque el lugar estaba muy oscuro. La segunda, que el extraño era muy alto y tenía el cabello largo como el de una chica. Rió ante aquel pensamiento.
—¿De qué te ríes? —él le preguntó.
—Tu cabello es largo como el de una chica —confesó Sakura. Él le dio un mínimo atisbo de sonrisa, pero no le dijo nada más.
Empezó a caminar hacia el lugar donde terminaban los árboles. Sakura lo siguió.
—¡Espera, espera! —Llamó con su vocecita aguda— ¡Está muy oscuro!
Él se detuvo para esperarla y la tomó de la mano para guiarla hacia una acera desierta donde ni siquiera los faroles nocturnos funcionaban bien. Sakura le apretó los dedos con fuerza, como si fuera su tabla de salvación, su única esperanza.
—¿De dónde conoces a mi mamá? —preguntó después de un rato de estar caminando hacia un lugar donde las luces de la ciudad sí funcionaban y el panorama le parecía ligeramente conocido.
—No la conozco —él respondió.
—Entonces ¿cómo fue que te pidió que me llevaras a casa? —la niña inquirió.
—Me parece que era lo único que podía hacer.
Sakura lo miró con sus grandes ojos bien abiertos, como si no quisiera perderse su expresión, pero él no dijo nada más, y su semblante no reflejó ni siquiera una pizca de emoción.
—¿Ella está muy preocupada? —la niña se mordió los labios, sintiéndose culpable.
El hombre a su lado se limitó a asentir.
—Pobre mamá —Sakura musitó, sin importarle que él no pareciese muy dispuesto a conversar— yo no quería que se preocupara… —un sollozo nació en su garganta— yo sólo quería atrapar a la mariposa.
—No vuelvas a alejarte tanto de ella —el hombre le dijo, guiándola a doblar en una esquina— hay cosas malas aquí afuera. Podrías no tener tanta suerte si te pierdes de nuevo.
Aquellas palabras le dieron escalofríos y se aferró más fuertemente de la mano grande y cálida de él, pero no pudo evitar tropezar cuando una piedrita se cruzó en su camino. Sakura cerró los ojos, previendo el impacto, pero este no llegó. En su lugar, se encontró a sí misma pataleando en el aire, el muchacho la había alzado de un brazo para evitar que cayera. No pudo evitar soltar una carcajada cuando la depositó cuidadosamente en el suelo otra vez.
—¡Eso fue muy divertido! —Exclamó— ¡Hazlo de vuelta!
Él rió levemente, una carcajada suave que a ella le pareció muy agradable, y la levantó en el aire otra vez, arrancándole chillidos de alegría. Luego de unas cuantas repeticiones, él le recordó que debían seguir caminando, y Sakura dejó escapar un bostezo.
—¿Falta mucho para llegar? —preguntó, frotándose los ojos con la mano que tenía libre.
—Falta poco —respondió él, y se acuclilló frente a ella, invitándola a subir a su espalda. La niña obedeció de inmediato.
—Duérmete, Sakura —dijo suavemente, su voz llenándole los oídos— Cuando despiertes, todo esto habrá pasado.
—Me dijiste por mi nombre —la niña profirió, con la voz pastosa por el sueño— ¿Te lo dijo mi mamá?
—Así es.
—Pero yo no sé el tuyo —acomodó su cabecita sobre el hombro grande de él— ¿cómo te llamas?
—Eso no importa —dijo, cada paso que daba la mecía levemente, haciéndole más difícil escuchar lo que decía— vas a olvidarlo de todos modos.
—¡No lo olvidaré! —Ella exclamó, haciendo uso de sus últimas fuerzas, los ojos cerrándosele en contra de su propia voluntad— ¡Lo prometo!
Lo escuchó reír y sintió que se metía por un túnel brillante hacia el mundo de los sueños.
—Es Itachi —fue lo último que alcanzó a escuchar.
Sakura despertó con la frente perlada de sudor y la garganta tan oprimida que le pareció que podría asfixiarse. Inspiró y exhaló profundamente un par de veces, aquel sueño quemando en su memoria de una forma tan nítida que estaba segura de que se trataba de un recuerdo. Se abrazó a sí misma, sintiéndose completamente perdida. Aquel hombre era nada más y nada menos que el mismo que había conocido aquella tarde, hasta su nombre se lo confirmaba. Sintió escalofríos sacudir cada porción de su piel.
—Es… imposible —musitó.
Luego de haber salido del departamento, no había hecho más que buscar explicaciones racionales a lo que había visto. Su conclusión había sido que Itachi podía ser un descendiente remoto del hombre que había posado como modelo para la ilustración, y que era aquella la razón de su asombroso parecido. Y hasta se lo había creído. Una leve risa histérica escapó de sus labios resecos.
Se pasó una mano por la frente, sintiéndose tan confundida que pensó que su cabeza podría estallar de un minuto a otro. También cabía la posibilidad de que su inconsciente le estuviese jugando una muy mala pasada. Echó un vistazo al reloj, eran apenas las 4 de la mañana, pero sabía de sobra que no conseguiría volverse a dormir. Decidió; sin embargo, prepararlo todo para ir a visitar a su madre en la tarde.
La mañana le había pasado volando y, aunque se había sentido tentada a volver al libro de Demonios Japoneses para observar de nuevo la ilustración del Karasu Tengu, se contuvo. Al salir, fue directamente a comprar tickets para el tren que la llevaría a casa de su madre, que se había mudado a la antigua casa de su abuela en cuanto ésta había fallecido, hacía un par de años. El trayecto fue rápido, y pronto se encontró en las familiares calles de aquella pequeña ciudad. No tuvo que caminar mucho hasta encontrarse con la casa de paredes blancas y puerta roja con dos pequeños escalones en los que le gustaba jugar de pequeña, mientras esperaba los deliciosos bollos rellenos de dulce de leche que parecían explotarle en la boca cuando los mordía, hacía ahora tantos años.
Cuando su madre le abrió, lo primero que hizo fue estrecharla en un fuerte abrazo que Sakura correspondió.
—Sakura —le dijo, acariciándole los cabellos— ha pasado mucho desde la última vez que viniste, ¡no me vuelvas a descuidar así! —la más vieja le gruñó, aunque la sonrisa no se borró de su rostro.
Tenía los cabellos de un color rubio oscuro, cortos y con espesos mechones que le caían sobre la frente, y unos ojos igual de grandes pero de un verde más intenso que eran sencillamente encantadores aun cuando la piel aledaña comenzaba ya a surcarse de arrugas.
—Lo siento, mamá —la joven se excusó, siguiendo a su madre hacia el interior de la casa— ¿has hecho cambios en la decoración?
—Oh, sí —la mujer sonrió ampliamente, gesticulando con los brazos hacia las paredes, antaño color crema, que ahora resaltaban con un moderno color turquesa— ¿no ha quedado precioso el salón?
Sakura asintió, riendo con ganas. Ambas se dirigieron a la cocina, donde un enorme reloj del gato Félix que movía los ojos y la cola para marcar los segundos la saludó con su familiar "tic, tac". No pudo evitar recordar que aquél siempre había sido su objeto favorito en la casa de la abuela. Podía pasarse horas y horas mirándolo atentamente cuando tenía tan sólo cinco años. Se sentó a la mesa, mientras observaba a su madre preparar algo de café.
—¿Cómo es que todavía funciona? —preguntó, señalando al reloj.
—Oh, créeme, querida, yo también me lo pregunto —su madre respondió— ¿Cómo te ha ido en tu nuevo empleo, y qué tal está Naruto?
—El empleo es maravilloso, como te comenté —Sakura comenzó a jugar con sus dedos— todos los libros son increíblemente interesantes. Y Naruto sigue igual de testarudo que siempre, pero está muy bien.
—Me alegra oírlo. Dile que tiene que pasar por aquí alguna vez. Hace siglos que no lo veo.
—Se lo diré.
El fuerte aroma del café le llegó en una cálida oleada, provocando una sensación agradable en ella. Observó a su madre servirlo en dos tazas y sentarse frente a ella en la pequeña mesa.
—Si hubiese sabido que vendrías te habría preparado una tarta de frambuesas —dijo, sus ojos azules estrechándose ligeramente— me pregunto qué razón te ha traído hasta aquí de forma tan imprevista.
Aunque Sakura conocía bien a su madre y lo perceptiva que era, no pudo evitar sorprenderse. Dejó escapar un suspiro largo.
—Anoche tuve un sueño —confesó, el vapor del café subiendo hacia su rostro, nublando todos sus demás sentidos— en él me había perdido luego de estar jugando en un parque.
La otra mujer asintió, llevándose la taza a los labios. Aquel día se había grabado en su corazón de madre como si se lo hubieran estampado con hierro al rojo vivo.
—¿Quieres contarme, por favor, cómo fue aquello?
—Me sorprende que lo hayas recordado —dijo la mayor, dejando la taza de cerámica blanca sobre el mantel bordado con flores amarillas— sólo tenías cinco años… Recuerdo que tenías un adorable vestido blanco y un moño azul en el cabello. Era una tarde muy calurosa y te llevé al parque para que te diera el sol y jugaras un poco. Estaba observándote mientras te columpiabas, y entonces me saludó una vieja compañera de la secundaria cuyo hijo también estaba jugando por allí —el rostro de la mujer se ensombreció levemente— me arrepentiré toda la vida de haberte quitado los ojos de encima. Fueron tan sólo unos diez minutos, pero después… tú simplemente ya no estabas.
Sakura se estremeció ante el tono de voz que su madre había adquirido. Estaba llena de culpa y alargó su mano hacia ella, quien la estrechó con vehemencia antes de proseguir.
—Te busqué por todas partes. Fue increíblemente desesperante, parecía que la tierra te hubiese tragado. Llamé a la policía, rastrearon los lugares aledaños, preguntaron a las personas pero nadie te había visto… era como si te hubieses esfumado —hizo una pausa larga, Sakura sintió un nudo formándosele en la garganta— me llevaron a casa. Lloré y grité todo el camino, no quería dejar de buscarte, pero ellos dijeron que no era probable que estuvieras cerca, que quizá alguien podría haberte secuestrado. Necesitaban más datos, fotos, cualquier información que pudiera ser relevante.
Sakura podía apenas imaginarse el calvario que aquello debió haber sido.
—No pude dormir en toda la noche. Los policías habían enviado una de tus fotos a las jefaturas aledañas, y habíamos acordado llevarla a las estaciones de televisión en la mañana. Recuerdo que el timbre sonó a eso de las 4 de la mañana. Tenía los ojos hinchados de llorar, y creí que sería la abuela, quien me había dicho por teléfono que estaría en casa temprano en la mañana. Pero cuando abrí la puerta, al principio no vi nada y después noté un bultito acurrucado sobre el último escalón —una sonrisa nostálgica se formó en su rostro mientras hablaba— un pequeño bultito blanco con cabellos rosados.
Sakura se sentía profundamente conmovida.
—Los policías no podían creerlo. Te hicieron unos exámenes rápidos y concluyeron que nadie te había lastimado y que sólo estabas… sucia —rió ligeramente— se fueron y tú dormiste hasta la tarde del otro día. Luego parecías no recordar nada del día anterior, y yo pensé que sería mejor dejar todo ese episodio en el olvido.
—Mamá —Sakura habló, su café se estaba enfriando, pero no le dio importancia— ¿le pediste a alguien… que fuera a buscarme?
La mujer se revolvió en su asiento, ligeramente incómoda y al mismo tiempo pensativa.
—¿A qué te refieres?
—Como te he dicho —la más joven retomó— anoche he tenido un sueño con aquello que sucedió. En el sueño, había un hombre que me llevaba a casa. Él me dijo que tú se lo habías pedido, aunque no lo conocías. Que lo hiciste porque era lo único que podías hacer —Sakura sintió sus rodillas temblar al ver en su madre una expresión que jamás le había visto antes.
—Karasu Tengu —su madre respondió, y luego dejó escapar una risa nerviosa. Se pasó una mano por la frente, un gesto que Sakura también hacía cuando se sentía turbada.
La mujer le soltó la mano que aún había sostenido para darle apoyo, y Sakura sintió que ahondar en aquel secreto le era tan difícil como vergonzoso.
—Hija —dijo, llevándose ambas tazas de café escasamente tocadas al fregadero, Sakura la siguió con la mirada— tú sabes que provengo de un pueblo pequeño de la zona rural. Sabes que quedé embarazada antes del matrimonio de un hombre que desapareció tras la noticia, y que mi madre y yo tuvimos que mudarnos a esta pequeña ciudad para evitar que nuestros compueblanos me estigmatizaran.
Sakura asintió. Lo sabía perfectamente. Sabía que su abuela había sido el único apoyo que le quedó a su madre en aquel momento difícil, cuando incluso su padre se volvió en su contra y la echó de la casa con ella en su vientre.
—En los pueblos hay creencias más antiguas de lo que puedes imaginar —explicó— y los niños, mi cielo, los niños se pierden en todos lados, se perdían en todas las épocas.
Algo en el tono de su voz se había vuelto más oscuro.
—Allá, en mi niñez, yo había visto muchas veces a las madres rezar para que sus hijos encontraran el camino a casa. Imploraban a los Karasu Tengu, y ofrecían algo a cambio. Son seres orgullosos, decían, por lo que la ofrenda debía ser importante. Y a veces, los niños regresaban.
—¿Rezaste tú también, esa noche?
—Oh, por supuesto que lo hice, Sakura —su madre sonó tan segura que se le heló la sangre.
—¿Qué ofreciste?
Hubo un largo silencio que sólo era quebrantado por el "tic, tac" que el gato Félix emitía, mirando a un lado y al otro sobre su enorme sonrisa, como si tuviera algo grande planeado y sólo estuviese esperando el momento preciso para llevarlo a cabo. De pronto dejó de parecerle el inocente objeto que siempre había sido. De pronto le pareció casi maligno.
—No ofrecí nada —la mujer respondió, volviendo el rostro hacia su hija, con una sonrisa leve— Estaba tan nerviosa y asustada que lo olvidé. Simplemente rogué que te devolvieran a casa.
Sakura sintió un peso escapar de sus hombros, uno que no había sentido instalarse, y respiró profundamente, para luego estrechar el cuerpo delgado de su madre entre sus brazos. Ella le correspondió el gesto, sus manos temblando levemente.
"Puedes llevarte lo que quieras, no tengo mucho que ofrecer pero puedes tomar hasta mi alma si es necesario. Sólo… por favor, permite que Sakura vuelva a casa."
Aquellas palabras, salidas de sus propios labios cuando su voz era quince años más joven pesaban, por sí solas, toneladas. Y la mentira que acababa de formular las hizo tan abrumadoras que Mebuki Haruno se preguntó si podría con ellas. Pero no se arrepentía. Jamás se arrepentiría de haber dicho aquella plegaria que le devolvió a su hija sana y salva, aunque aquello le tuviera que costar la vida. Aunque aquello le tuviera que costar el alma.
¡Tararán! Eso ha sido todo por el momento. Espero que les haya gustado.
Se aprecian muchísimo los reviews, (déjenlos porfi), pueden incluir comentarios, críticas, sugerencias, apreciaciones personales y lo que deseen.
Y ahora sí, menciones muy especiales a quienes dejaron sus reviews en el capítulo anterior: Sakura Hatsu, vampire andrea, Crimela, y Hiyoko-sama.
Y también a quienes agregaron el fic a sus listas: yomii20, Aidil, y Alexandraavsm, espero leer de ustedes muy pronto.
Muchas gracias por leer, hasta la próxima.
~Cambio y fuera.
Deirdre.
