Capítulo N 6
Aún duele
El castillo tenía varios pasadizos, algunos conocidos por sus dueños, otros no tanto, pero a su vez poseía un par de secretos más…
Dos jóvenes enamorados utilizaban aquellos pasadizos para poder verse, ya que sabían que se les tendría prohíbo mantener una relación como esa.
Un día, un lacayo los descubrió en los jardines y sin perder tiempo le fue con la novedad al Rey al cual no le agradó para nada la noticia. Su pequeña niña con el simple hijo del herrero, eso no era aceptable, así que le prohibió la entrada como también el verse.
Desde el inicio nunca le había caído bien el pequeño, siempre lo miró como con recelo y lo trató como a un criado más, bueno casi todos lo trataban así, salvo la nana y la reina. Esta última no era que estaba a favor de aquella amistad, simplemente que siempre se encontraba enferma, por lo tanto casi nunca se enteraba de su presencia.
El enojo del rey se basaba en que Serena era la heredera al trono, no por ser la primogénita sino porque tenía un hermano, el cual debía heredar el reino por ser el único hijo varón, pero éste era unos años menor que ella y al igual que su madre este pequeño era muy frágil y se enfermaba con facilidad, por lo que todos temían que nunca llegara a reinar. Así que el Rey decidió casarla con un príncipe, hijo de un destacado rey adinerado de un pueblo cercano y así lograrían alianzas con el lugar.
Ella no estaba de acuerdo con ninguna de las decisiones de su padre, amaba al hijo del herrero pero su destino ya estaba escrito…
….
En otro tiempo y lugar
-Tráeme más agua, debemos bajarle la fiebre-
-Enseguida regreso-le contestó y la joven salió despavorida sin darle tiempo al joven peli negro que se encontraba ahí fuera de preguntar cómo se encontraba su huésped. Antes de que él pudiera pronunciar palabra alguna la puerta se le cerró nuevamente en su cara.
-Solo hay una manera de estar completamente seguros de que eres quien creemos- desabrochonó los primeros botones de la camisa de la joven para así poder ver su pecho y quedó sorprendida al notar aquella marca.
La otra muchacha regresó velozmente y Seiya la increpó impidiéndole que entrara a la recamara.
-Déjame pasar-
-No hasta que me digan que sucede-
-Lo siento pero no puedo, no aún- dijo apartándolo de un empujón. Y cerró nuevamente no sin antes permitirle observar el estado en el que se encontraba la rubia, casi sin camisa.
-¿Qué le hacen?-preguntó segundos antes que se le cerrara aquella puerta dejándolo pegado a la misma, otra vez.
-Aquí estoy-
-¿Hablaste con él?-
-Quiso pero no podemos hasta asegurarnos de que es ella-
-Sí lo es- le aseguró mientras le retiraba aquel paño húmedo del pecho y dejo ver aquella cicatriz.
-¡Es ella!-
-Sí, primero la mano, luego esto…-
-Ahora si podemos estar seguras, él no se equivocó-
-Llámala, dile que por fin la encontramos, te dije que él nunca se equivoca-
….
Fuera de la habitación estaba Seiya yendo y viniendo impacientemente.
-Debo hacer algo, no puedo quedarme aquí esperando- se dijo a si mismo mientras se dirigió al hall de entrada del hostel en busca de una copia del juego de llaves del cuarto.
-Alguna copia o alguna llave maestra debe haber- se dijo para sí.
Mientras las tomaba se preguntó el porqué le afectaba tanto lo que le sucediera a esa joven, si al fin y al cabo era solo una huésped más, pero algo raro estaba pasando lo presentía y su empleada le estaba ocultando algo.
Cuando nuevamente se posicionó frente a la habitación, tomó las llaves, respiró hondo y abrió la puerta.
Las dos mujeres jóvenes lo miraron sorprendidas y él a estas, más aún a la joven que se encontraba en la cama completamente empapada de sudor con el pecho al descubierto.
Se miraron por varios segundos hasta que por fin él exclamó.
-¿En qué puedo ayudar?-
-Necesitamos cambiarle esta ropa-
-Tengo la de mi hermana, que de seguro le va a quedar-
-¡Ve y tráela entonces!- le ordenó la otra mujer a lo que Seiya marchó de prisa.
-Él ya debería saberlo, ¿no te parece?- la castaña le preguntó bastante seria.
-No ninguno de los dos, no están preparados… debemos esperar- culminó la frase haciendo una pausa bastante larga.
Enseguida apareció el joven con un par de prendas para que la cambiaran.
-¿Esto servirá?-
-Sí y ahora vete- le tomó la ropa y realizó un ademan de que este se retirara.
-¿Por qué?-
-Sencillo, hay que bañarla para sacarle la fiebre y luego vestirla, ¿lo harás tú?-
-No, claro que no- se excusó muy apenado- Esperaré afuera-
Cuando el joven se marchó Serena despertó entreabriendo los ojos.
-¿Cómo te encuentras?-
-Muy cansada… y adolorida- exclamó al llevarse la mano en el pecho y notó el estado de su camisa, bueno en sí de toda su ropa.
-Debes darte una ducha para poder bajar la fiebre-
-La bañera ya esta lista- anunció la castaña saliendo del baño de la habitación.
-¿Puedes pararte y caminar tú sola?-
La jovencita estaba muda, eran las mismas mujeres de la vez anterior, pero la trataban tan amablemente que se olvidaba del miedo que estas le generaban.
Intentó levantarse pero tambaleó, menos mal que una de ellas la tomó y la cargó hacia el baño.
-Yo puedo desvestirme sola-dijo bastante sonrojada.
-Está bien-y largó una risita- Estaremos aquí por si nos necesitas- y salió.
La joven rubia se quedó pensativa unos segundos mientras se quitaba la ropa empapada de sudor, se sumergió en la tina y cerró los ojos; el dolor disminuyó con el transcurso del tiempo.
-Seiya ¿Qué haces ahí parado? Ven ayuda a tu padre- era su madre que andaba buscándolo.
Serena terminó de ducharse y mientras se secaba su larga cabellera observó por la ventana a aquel joven que le había dado asilo casi sin preguntar, estaba afuera recogiendo unas cajas de un vehículo junto a un hombre mayor.
-Él…- exclamó pero instantáneamente se ruborizó.
-Toc, toc, ¿Serena estas bien?-le preguntaron desde la habitación.
-Enseguida salgo- contestó mientras seguía observando a aquel joven de coleta negra, no podía apartarle la mirada de encima, parecía estar hipnotizada por este.
…..
Continuará…
