Su mundo pareció detenerse por un segundo cuando lo vio ser atravesado por una energía.
Ese maldito de Zarbon, asqueroso afeminado, despreciable lamebotas y posible amante de Freezer había herido a Bardock. Se imaginó cortándole su bonito cabello verde con una cuchilla para la carne, algún día se las pagaría, pero ese día no, tenía que cuidar a su maestro y protegerlo, después de todo él había hecho mucho por ella y no lo podía abandonar ahora.
Esperó tortuosamente un par de minutos a que la gente que se encontraba ahí se marchara y cuando ya nadie estuvo presente, salió en su rescate. Lo cargó sin mucha dificultad ya que con el entrenamiento se estaba haciendo más fuerte, lo llevó hacia su escondite entre las montañas, robó líquido de las maquinas regeneradoras y lo curó con el, mientras rogaba en silencio por su mejoría. Horas pasaron y el rojizo cielo del planeta Vegeta se volvió negro con destellos naranjas. Un quejido adolorido la espabiló.
—Bardock...—lo llamó preocupada, pasando por alto que por primera vez lo llamaba por su nombre. Él intentó sentarse pero su cuerpo falló y cayó—No lo hagas, aún no estás recuperado.— los orbes de él la observaron con curiosidad, aunque claro, viniendo de él esa mirada se veía como una de desprecio. Se alejó sonrojada y avergonzada, quizá él estaría pensando que era una confianzuda para tratarlo de esa forma. Se quedó cabizbaja y removiéndose inquieta en su lugar cunado sintió una presencia muy cerca.
—¿Ma-maestro?— tartamudeó al ver como el pelinegro se acercaba lentamente hacia ella. ¿Qué pasaba? ¿Por qué su estómago se retorcía de esa manera en respuesta a su cercanía? ¿Por qué su pecho se inflaba de emoción cuando lo divisaba entre la gente? Eso no era normal, era algo completamente nuevo para ella, y aunque no lo supiera, también era algo nuevo para toda esa raza.
Un nuevo sentir se estaba instalando en el planeta Vegeta, uno que sólo una mujer antes que ella logró poseer, y que logró traspasar las paredes del orgullo y la maldad.
Pero esa es otra historia.
Exhaló con pesadez al sentir la callosa y firme mano de él en su rostro, Bardock sonrió ante su reacción. Poco a poco se fue aproximando más a ella, respirando así el mismo oxígeno los dos, Gine posicionó sus pequeñas y tiritonas manos en el pecho desnudo de él, haciendo que se estremeciera un poco, ahora era el turno de ella para sonreír.
Y así fue, como el día 51 del año 730 en el planeta rojizo, un par de saiyajines fueron los primeros de su raza en unir sus labios en un beso. No uno cualquiera, sino uno lleno de un sentir extraño nunca antes experimentado por aquellos lugares, y que ellos, a pesar de lo diferentes que llegaran a ser, lograron instalarlo en su corazón al pensar en el otro antes que en sí mismos.
Su pulgar delineó una cicatriz en su pectoral, y él cargó un poco su peso sobre ella, haciéndola inclinarse a su merced. Sus labios saboreándose y conociéndose abrieron paso a sus lenguas, profundizando aquello desconocido y tan hermoso que estaban viviendo. El guerrero gruñó extrañamente al sentir como las pequeñas manos de ella jugueteaban con su cabello, y sin perder oportunidad enredó sus manos alrededor se su diminuta cintura, apretándola y sintiéndola mucho más cerca, era simplemente todo lo que había deseado, sentirla cerca. Gine estaba perdida en sensaciones y sentimientos nuevos, su pecho quería estallar y su estómago tenía la sensación de la emoción previa a una batalla, los carnosos y demandantes labios de Bardock abarcaban cada espacio de los suyos y no tenían la intención de abandonarla muy pronto. Se miraron aturdidos y agitados cuando se separaron después de unos minutos.
—Maestro...
Él la calló depositando otro suave y lento beso en su boca, quería comprobar si todo aquello había sido cierto, y sí que lo era. Los dulces y adictivos labios de la hembra le sabían muy familiares ahora. Se levantó sin decir palabra y comenzó a vestirse su armadura, ella lo observaba en silencio y sonrojada. Su ronca voz la hizo salir de la burbuja que había creado.
—Recuerda que mañana te unirás a mi escuadrón...— le dijo serio sin voltear, ella asintió aún sabiendo que no la veía.—No me falles.
Y con eso, se marchó en vuelo dejando en el pequeño escondite a quien se había convertido, en el ser más importante de su vida.
¡Listo, tenemos el beso señoras y señores!
Qué sabrosones son los saiyajin. ( ͡° ͜ʖ ͡°)
Sin nada que parlotear, nos leemos:*
