Sakura Card Captors es propiedad de las CLAMP, yo solo torturo humildemente a sus personajes.

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Infraganti.

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Capítulo V.

"Familia indeseable I."


Sakura POV.

Como pasaban los días, me vi involucrada en tres desafortunados incidentes que me dejaron sin bragas «y dignidad», por más comprometedor que eso sonará no tenía ni el más mínimo indicio sexual. El primer asalto ocurrió en los vestidores y la sutil nota naranja, como ya sabían, el segundo se llevo a cabo un fatídico martes que se me hizo tarde y termine llegando una hora más tarde completamente empapada por la fuerte lluvia que atestaba la tarde, ese mismo día la señora Ritsuko o «bruja con falta de sexo» como la había bautizado debido a su amable y armonioso carácter, me hizo un llamado de atención y me mando a las regaderas alegando que lo hacía para que no me contagiara de un resfriado.

Y le hice caso, me fui a duchar y cuando salí, había otra nota amenazante, ahora azul.

"Deberías de acatar las reglas, Sakura, vete de la casa de Li, te estoy dando oportunidad antes de que sea tarde. Xoxo. K."

Ese día tuve que retirarme mucho más temprano que lo habitual, nada que una pequeña mentirita blanca sobre lo mal que me sentía no pudiera arreglar, no iba a permitirle a esa persona darle el lujo de verme caminando de nuevo a las 6 de la tarde por el centro con frío y sin bragas, tratando de evitar que Shaoran notara mi pequeño problema.

El tercero fue un poco más extraño, me hizo darme cuenta que esto del acoso estaba yendo demasiado lejos y no se iba a detener hasta que yo hiciera algo al respecto.

Era viernes en la noche y había llegado cansada del instituto, «después de dos largas y tediosas horas de matemática y química, ¿Quién no?» no podía creer porqué los profesores no podían hacer sus clases más dinámicas, no sé, unos fuegos artificiales cada vez que alguien haga un ejercicio bien o algo así.

Entre brillantes pensamientos llegué a la puerta de la casa de Shaoran, giré la manilla, pero la puerta no abrió, tenía seguro, deduje que Li no había llegado, me había extrañado mucho aquello, puesto que lo vi saliendo del instituto primero que yo.

Diez minutos más tarde un muchacho castaño de 1.76 apareció por el sendero y subió los escalones, seguía con su uniforme y su mochila pero venía con un par de bolsas azules algo transparentes –y muy, muy llenas- de lo que yo creí eran, ¿víveres?

— Hola.

— Hola. —Le devolví el saludo.

— ¿Por qué no haces como en las películas y guardas una llave bajo el tapete de la entrada?

Shaoran pareció pensar su respuesta.

— No tengo un tapete en la entrada.

Lo miré fijamente y me di cuenta de que era extraño en él bromear, o mejor dicho, ser sarcástico, se le estaban pegando mis manías y aquello no me parecía muy bueno.

— Quise decir, ¿Cómo haces entonces cuando pierdes tu llave o la dejas adentro?

— Soy una persona muy cuidadosa, siempre reviso si tengo mis llaves conmigo antes de salir de cualquier sitio. No soy tan pendejo y despistado como crees. —Contestó, como si estuviera diciendo algo sumamente obvio.

Me sentí levemente identificada con ese insulto, yo si había perdido las llaves millones de veces y millones de veces he tenido que tratar de convencer a los guardas espaldas de mi padre que sí era su hija y no una vil espía.

— Que te den, Shaoran. Abre la maldita puerta.

Me aparte para que pudiera pasar a la entrada, dejo la bolsa a un costado de él, hurgó un poco en su bolsillo sacando la llave consigo para luego meterla en la cerradura, la giró y segundos más tarde nos encontrábamos ya en el interior de la casa, dejándolo a él en la sala me encamine a la habitación que por los momentos era mía, abrí la puerta, busqué un bolsito, tome un traje de baño más o menos decente del armario de Paris Hilton, una toalla y salí por la puerta con dirección a la piscina. Necesitaba urgentemente darme un relajante chapuzón.

Baje corriendo las escaleras y sin siquiera mirar a Shaoran salí por la puerta de atrás directo a la piscina, la rodeé y me metí en una especie de tienda para cambiarse, me despoje rápidamente de mi ropa y me coloqué el traje de baño, salí de ahí y lancé mi ropa en el primer sitio que vi y me lancé de clavado.

«Grave error.»

Me entretuve nadando por más de una hora y media, hasta que Shaoran se apareció en el marco de la entrada, gritándome algo como «¡¿No piensas comer?!» solo para recibir un «¡Pareces mi esposa!» mío.

Rodando los ojos y sin muchas ganas me fui nadando hacía la escalera tipo marinera y salí de la piscina sintiendo extremadamente pesada pero muy relajada, tenía el cabello sumamente empapado y un frío del demonio me recorrió. Camine hacía mi ropa y de nuevo sentí que se crispaba cada parte de mi cuerpo.

Había otra maldita nota encima de mis cosas, solo que esta vez, amarilla.

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Shaoran POV.

Sabía que las mujeres se pueden poner de mal humor de repente. Conocía unas cuantas que se veían enfrascadas en pensamientos lindos y situaciones claramente imaginarias y cuando salían de esos lindos y bellos pensamientos se enojaban porqué asumían que tu nunca harías ese tipo cosas.

Y claro, tú ni enterado estabas.

Sabía que vivir con Sakura era un gran reto a tratar, pero yo soy un caballero fiel a su palabra, estúpido, pero fiel a su palabra, a pesar de lo mucho que odiara las constantes preguntas de Eriol y varios del equipo de Béisbol sobre nuestra relativa y rara amistad, el flujo de atención que recibía de esos imbéciles no iba a lograr que cediera y cantará toda la verdad. Y también está el hecho que me cuesta coordinar las palabras cuando estoy tan nervioso.

No tengo mucha práctica hablando con mujeres, he tratado a varias nada más, entre ellas: las novias que ha tenido Eriol y varios del equipo, Tomoyo, las dos novias –ejem- que he tenido yo, y mis hermanas. Creo que debido a eso es mi falta de tino con ellas, y con Sakura.

Pero sinceramente no me parecía que eso fuera lo que estaba pasando con Sakura en aquel momento que salí y me situé en el marco de la puerta para decirle por novena vez que debía dejar de creerse Ariel la sirenita y entrar a comer algo. Ella nunca había sido «en las dos semanas que llevaba conociéndola, cabe a destacar» ese tipo de mujer. La había visto furiosa antes, demasiadas veces para mi suerte. Demonios, de hecho había visto todos los estados de enfado que tenía: molesta, iracunda, detestable, cercana a la violencia, a punto de cometer un maldito genocidio y a punto de cortarte los huevos apenas le dirigieras la palabra.

Pero nunca la había visto tan al borde de la ira, del estrés y del sentimiento de –ya no puedo seguir con esto- el cual reflejaba claramente sus expresiones. Aquello hizo que yo ni le prestará atención a que estaba en bañador y yo no había visto a alguna chica que no fuera de mi familia en... eso.

— ¿Me dirás que sucede o debo preguntártelo varias veces?

Mis palabras hicieron que reaccionará notando mi presencia, alzó aquellos enormes y hermosos ojos verdes y me vio como si fuera no más que un vil insecto pegado en la suela de su zapato.

Tardo demasiado en contestarme, más bien una eternidad, «en ese momento me di cuenta que había estado causando lentamente mi propia muerte.» Después de un breve silenció, aquella flama de pura ira que se reflejaba en sus ojos se apaciguo, aún sentía que se me calaban todos y cada uno de los huesos del cuerpo, pero decidí esperar un poco más por una respuesta. Pero eso sí, si duraba más de cinco minutos, huiría, aún temía por mi vida.

«Y mis huevos.»

— Tengo un acosador que me roba las bragas. —Dijo, en una voz tan baja que necesité un momento para registrar que había dicho algo y otro más para procesarlo. Se me cayó el alma a los pies.

— No me estés jodiendo Sakura, es en serio.

Por la mirada que me dio no me dieron más ganas de llevarle la contraria, le estaba costando un mundo abrirse a mí en ese tipo de cosas, y era en serio todo aquello, un pervertido estaba robándole las…

Enrojecí hasta las orejas.

— ¿Te roba… qué?

Ella puso los ojos en blanco.

— ¡LAS BRAGAS SHAORAN! ¡ME HA ROBADO LAS BRAGAS TRES VECES! —Sí había otra forma de enrojecer más de lo que estaba, pues, yo era la prueba viviente, hasta sentí miedo de qué los vecinos pudieran oírla y le comentaran a mi madre cuando pasará casualmente por aquí a fin de año que tenía una compañera poco usual a la cual le robaban las bragas.

De todas las preguntas que podía hacerle, solo una salió de mi boca.

— ¿Por qué no me dijiste nada? —Me golpeé internamente varias veces por la falta de tino que tenía para estas cosas.

— Lamento no haberlo incluido en nuestras conversaciones matutinas, ya sabes, —movió las manos como si intentará agrupar bien las palabras—algo como: «¿Cómo te fue en la práctica de hoy, querido Xiaolang? Me contaron que bateaste varios jonrones, me alegro mucho. Por cierto, hoy un pervertido me robo mis bragas mientras me duchaba después de educación física. ¿Quieres más leche en tu cereal?»

Me di cuenta en esos momentos que ella cuando llegaba al punto de odio total usaba el sarcasmo como escudo y pronunciaba mi nombre en un perfecto chino.

— Que linda.

Me miró, algo aturdida.

— ¿Linda qué?

— La forma en la que te refugias en tu sarcasmo y no te abres antes nadie. —Sabía que la patada en los huevos que me estaba ganando iba a ser sumamente dolorosa, pero me molestaba que con toda la intimidad que habíamos ganado «ya no me gritaba "crío" 24/7» aún le costara decirme que alguien la acosaba.

Su rostro adopto un peligroso rojo lleno de cólera, di gracias al cielo de que estuviera la piscina de por medio entre nosotros.

— Qué te den, Li, a ti y a tu estúpido razonamiento psicológico errado. No uso mi sarcasmo como mecanismo de refugió, lo uso como mecanismo anti-idiotas. —Replicó, jodiéndome, alzando sutilmente ambas cejas con la última silaba. Maldición, sabía exactamente lo que había querido decir con ese gesto, inexplicablemente, lo sabía.

«No trates de jugar mi juego, crío, qué mientras tú vas, yo he vuelto he ido nueve veces, y hasta me comí un taco en el camino.»

Y terminando esa frase me mostró el dedo del medio mientras me sonreía con desprecio, tomó sus cosas y se fue hecha una furia al interior de la casa, escurriendo todo por donde pasaba.


Sakura POV.

Mirando por la ventana de mi habitación situada en el segundo piso veía el cálido y hermoso atardecer, una mezcla de rosado, rojo y naranja se abría paso a lo lejos, por la avenida principal. Era una pena que no pudiera disfrutar de él, el humor que tenía no era el mejor, cerrando las cortinas me pregunté si sería posible que mi día mejorara un poco aunque sea.

No había nada en particular que hubiera ido mal: de hecho, era más bien al contrario «a excepción de la nota y mis bragas». Mi rutina diaria con Shaoran lleva aunque sea dos insultos hacía su madre y cuatro a él, sumado de varias maldiciones, sin embargo algo en aquella contestación de parte de él no pudo evitar que estuviera de un humor de perros.

Tomoyo se había ocupado de decirme cada quince minutos por sms durante las tres últimas horas que me estaba comportando como una adolescente malhumorada y que yo debería sonreír más a menudo, que me veía hermosa cuando lo hacía. Para cuando termino de hablar yo solo quería matarla. Le había contado que tenía un problema con un muchacho, no le dije quién o porqué, solo eso. No hacía más que preguntarme cada vez que podían qué demonios me pasaba «no con esas palabras vulgares y con un tono elegante y más bien chillón» y francamente, supongo que era lo normal en las chicas de mi edad.

Yo misma tenía que admitir que había estado imposible el último par de días. Y eso, teniendo en cuenta que hablábamos de mí, era algo extraordinario después de todos los problemas con las bragas, el acosador, Shaoran y la vida. Y como era propio de Tomoyo, cuando ya anunció que se iba a ir a dormir, declaró justo antes de colgar que lo que me hacía falta era una buena ida de compras.

Odiaba verme atrapada en aquella situación.

Por un lado podía librarme del acosador en un dos por tres con una simple llamada al número de celular de mi padre, pero eso le estaría diciendo que yo no puedo resolver los problemas por mí misma y que aún necesitaba de su protección. No le iba a dar ese lujo.

Cosa que era sumamente obvio, pronto cumpliría apenas diecisiete años, era un bebé todavía, pero era tan orgullosa como él como para no admitir eso mientras viva.


Tres sutiles golpes le indicaron a Fujitaka que alguien tocaba la puerta.

— ¿Qué se les ofrece? —Dijo, al aire, puesto que la persona seguía al otro lado de la puerta.

Segundos más tarde la puerta se abrió y un serio y un poco despeinado Bozzo entró a la estancia, con un sobre en la mano derecha y una bolsa con un pote de comida China en la otra.

— Buenas tardes, señor.

Fujitaka asintió, sin prestarle mucha atención, se encontraba enfrascado revisando algo en su laptop.

— Le traje el informe semanal y el almuerzo.

El peligroso y fornido mafioso japonés volvió a asentir, pronunciando un escueto, -muy bien, Bozzo- para después reaccionar y mirarlo a través de las gafas que usaba en la oficina.

— ¿El informe de Sakura, no?

— Sí, jefe.

— Léelo para mi, no tengo tiempo de ponerme a leerlo yo, tengo varios negocios para mañana y Yue llegó a mí con dos problemas con el cargamento que viene de China así que estoy full.

— Sí, no se preocupe, —se aclaró un poco la garganta— por los momentos no ha habido ningún problema grave, sus notas están igual a cuando ella veía clases en las oficinas, tal vez un poco mejor, menos en matemática, hubo un pequeño percance con dos alumnos de otro salón, —Fujitaka alzó ambas cejas, pidiendo una explicación— al parecer estaban molestando a un chico y Sakura los amenazó —Internamente el mafioso estaba perplejo, pero por fuera seguía imperturbable— pero no paso a mayores, nos encargamos de ellos poniendo una queja anónima en el departamento de la institución, alegando violencia contra varios estudiantes y amenazas tanto físicas como psicológicas.

«Y para esto es que trabajo como mafioso, para acusar estudiantes.»

Como su jefe no dijo nada al respecto, decidió proseguir.

— Por ende todo ha ido normal, a excepción de… —Fujitaka volvió a alzar la vista interrogante— a su hija le han estado… —Bozzo no tenía ni idea de cómo formular aquella oración— hurtando varias prendas intimas cada vez que ella las deja al alcance. No hemos actuado porqué tanto ella como usted no nos lo han pedido, y no parece estar en peligro su vida.

«Ese era el momento —se dijo internamente el fiel socio— dónde lo insultaría por dejar que eso pasará y lo mandaría por dos semanas a hacer encargos en los muelles. »

— De acuerdo, si eso es todo puedes retirarte.

Bozzo estaba perplejo por la calmada y neutra respuesta de su señor.

— ¿No le importa, señor? —Se atrevió a preguntar.

Fujitaka dejo todo lo que estaba haciendo para levantarse y reír sonoramente.

— Por favor, Bozzo, no seas imbécil, ¿Crees que dejaría que a mi pequeña le sucediera algo mientras viva con ese Jovencito Li? Sé quién está detrás de esos hurtos, pero lo qué no se es el motivo, pronto me comunicaré con él y resolveremos cordialmente todo este asunto, por lo pronto, retírate, te llamaré si sucede algo.

Y sin decir una palabra, asintió, retirándose de la estancia.

«Sí de por si su jefe daba miedo cuando se enojaba, cuando reía era diez veces peor.»


Tres golpecitos llamando a su puerta la despertaron, inexplicablemente ella siempre se dormía cuando llegaba al tope del estrés y el odio.

Se levanto de la cama sin importarle su apariencia y fue a abrir la puerta.

Un sonido metálico tintineante fue lo primero que escucho, restregándose un poco los ojos observo con claridad a Shaoran, parado enfrente de su puerta, sosteniendo una bandeja de plata que vibraba por el leve «o quizá grave párkinson» que presentaba él castaño. Sobre la misma había un vaso con lo que suponía ella, jugo de naranja, unas tostadas y un pollito frito.

«Una combinación bien random a mi criterio.»

Miró a ambos lados extrañada, para luego fijar su vista sospechosa en Shaoran.

— ¿Hola?

— ¡T-te traje esto! —Anunció con voz forzada, alzando con muy poca delicadeza la bandeja hacía Sakura, bajando la mirada rápidamente tapándola por su largo flequillo cayendo por su frente, a la vez que un fuerte rubor aparecía en su cara.

— ¿Por qué?

— ¡De-debes de tener hambre! no has c-comido en horas. —Las palabras salieron como un cohete de sus labios, si no estuviera tan perpleja se reiría por sus reacciones, pero solo atino a agradecerle con dificultad a la par que se apresuraba a recibir la bandeja.

Apenas la tuvo en sus manos Shaoran salió disparado escaleras abajo como si el mismísimo diablo lo persiguiese.

«Necesito salir de aquí.» se dijo a sí misma, aún desconcertada por todo lo que le estaba sucediendo.

— Mamá, ya la he invitado varias veces y todas se ha negado, hasta me ha puesto excusas ridículas, en serio creo que no desea venir.

— Tonterías, levanta el teléfono y vuélvela a invitar. —La moderna señora Sonomi se encontraba al borde del estrés por culpa de la falta de interés que presentaba su única hija, no le importaba lo que pensara en estos momentos, no iba a perder la oportunidad de volver a ver a la hija de Nadeshiko.

Tomoyo suspiró internamente buscando el teléfono para marcarle de nuevo a Sakura, desde que tenía uso de razón su madre no estaba al pendiente ni de sus amistades ni de su vida diaria, hasta el año pasado había estado trayendo consigo a clases una camada de guardaespaldas, sabía que su madre no podía cuidarla por su atareado trabajo, pero francamente ella pasaba más tiempo con el servicio que con su propia familia.

Tres tonos más tarde Sakura contesto, Sonomi no tenía idea de la vergüenza que estaba sintiendo su hija, de seguro Sakura la tildaría de fastidiosa y molesta.

— Hola, Sakurita, disculpa que te moleste de nuevo, pero quería saber si…

— ¿Puedo ir a tu casa? ¿Ahora? ¿Ya? Bueno, si tú insistes. Voy en camino. —Termino su oración y velozmente colgó, dejando a una perpleja Tomoyo al otro lado de la línea, siendo arrullada por el sonido del teléfono:

«Pi, pi, pi...»

— ¿Entonces? —Sonomi la miraba algo ansiosa, Tomoyo estaba tan extrañada que ni se percato de esa peculiar emoción que se presentaba en su imperturbable madre.

— Viene en camino. —Y solo eso le falto decir para que Sonomi gritará como una adolescente.

— ¡Mamá!

— ¿Qué, Tomoyo?

— Agradece que esto pasó aquí en la casa ¿De acuerdo? No vuelvas a gritar así, al menos, no cuando yo esté cerca.

Puso los ojos en blanco, incorporándose, para marcharse con elegancia de la habitación de su hija, tenía muchos preparativos que hacer y muy poquito tiempo.

«¿Qué demonios le está pasando a su madre con Sakura?»


~ Notas de la autora ~

¡Hola chicas! «y tal vez, ¿chicos?» volví con un nuevo capítulo recién sacado del horno (?), lamento la tardanza, el fin de semana fui a una boda :3, «son tan lindas las bodas» y los otros días de esta semana a mis profesores les pico el bichito de mandar tarea y trabajos, pero ya todo bien.

Este capítulo es más que todo desde el punto de vista de Sakura y Shaoran. ¡Pobresito nuestro pequeño Shaoran! aún no sabe muy bien como controlar a nuestra violenta castaña, ni como controlar sus emociones, pero bueno, por ahí va jaja.

Y a nuestra castaña protagonista le siguen quitando las bragas, pero ¿Quién será ese «o esa» horrible acosador/a?

Pronto lo sabrán, pronto pronto.

Y Sonomi llegó con la camada de problemas, ya verán, muahaha(?)

Espero les guste y lamento si tengo algunos errores, nos leemos.