Sin más me retiro y doy las indicaciones de siempre.
Por favor, sean creativos con sus comentarios, que sean largos, que se note que han leído.
Y, se me había olvidado, pero si van a hacer comentarios ofensivos o despectivos, mejor ahórrenselos. Sin comentarios ofensivos ni insultos. Se les ruega encarecidamente, lean las indicaciones y los apartados de autor que no los pongo de adorno. Están al final de cada capítulo, una breve explicación.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo. —
‹‹Pensamientos.››
(*) Esto es un apartado para alguna palabra o concepto que aclararé al final del capítulo.
Advertencias:
OoC en los personajes.
OC's.
Situaciones sexuales implícitas-explícitas.
Lenguaje inapropiado o soez.
Género: Romance | Drama | Humor.
Clasificación: K+.
Disclaimer: La serie no me pertenece, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota 1: Por favor, lean las notas de autor antes de comentar.
Momento VI
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‹‹Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta donde podemos hundirnos.››
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Emil Cioran.
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Ebriedad.
La muerte es un proceso terminal que existen en la extinción homeostático de un ser vivo, en la forma técnica del concepto. En la forma simple, es el declive de la existencia de un ser humano, su desaparición del mundo terrenal.
Como kunoichi tuvo que vivirla en diversas situaciones, ver amigos y conocidos perecer, en algunas ocasiones frente a ella. El fallecimiento debería ser relativamente normal, sobre todo en su profesión. Sin embargo, como medic-nin la muerte debería ser común y fácil.
Nadie le dijo que el primer paciente podía ser motivo de dolor, también una forma de cuestionarse su capacidad para poder ayudar a otros. Era inevitable aun cuando la muerte de ese paciente fuese esperada, esta era capaz de remecerla y llenarla de interrogantes. ¿Estaba preparada para ayudar a sus pacientes a enfrentar a la muerte, era capaz de acompañar a sus familiares, estaba capacitada para continuar con su trabajo del día?
Cuando se decidió por la medicina ninja, nunca imaginó que podía llegar a ser igual de duro que ver morir shinobis en el campo de batalla. No. Nunca lo puso de esa manera.
— Otra. — pidió al cantinero.
— Sakura, no creo que debas seguir bebiendo. — contestó el hombre detrás de la barra.
La peli-rosa frunció el ceño en desacuerdo, a ella nadie le decía cuando parar de beber.
— ¡Otra he dicho! — gritó molesta, el hombre tras la barra tembló ante el tono y se apresuró a darle la botella de sake.
Dubitativo se la entregó, advertía que no era correcto pero también conocía del carácter de la kunoichi y su fuerza monstruosa, preferible no arriesgarse. Le otorgó el alcohol a la mujer que lo tomó de inmediato, a simple vista podría parecer que no había bebido ningún tipo de líquido durante días, tal vez meses. Lucía tan sedienta como una persona perdida en el desierto al encuentro de un manantial.
El hombre había observado a Sakura desde que llegó con la Godaime y empezó a beber en forma desmedida, la quinta logró ponerle un stop. Desgraciadamente eso solo duró el tiempo que la gobernante estuvo con ella, en cuanto otros shinobis llegaron y la invitaron a beber dejó a su alumna en la barra. La kunoichi ignoró el abandono de Tsunade y se centró en el sake que bebía (a cuenta de la quinta, porque ella la invitó en primer lugar), perdiendo la cuenta de los tragos que ya llevaba encima.
La razón por la que ingería con tanto ahínco no la sabía el tabernero, solo que si seguía así tendrían que sacarla arrastras, ya que no podría mantenerse en pie. Alguien lo llamó desde la otra esquina de la barra, debía atender el bar estaba a reventar y no quería perder clientes. Así que descuidó a la kunoichi de cabellos rosa, mientras ésta se empinaba la botella de sake.
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Su desempeño como aprendiz de la Hokage había sido excelso, incluso muchos dijeron que superaría a su maestra en muchos aspectos médicos y en otros tantos que no concernían a su vocación. Sakura también lo creyó, hasta que empezó su período como internista en el hospital de la aldea. Cuando le asignaron el quinto piso de Medicina de mujeres no imaginó que su perspectiva acerca de la vida, de su vocación e incluso de sí misma pendería de un delgado hilo.
Su labor como alumna era paralela a la del equipo tratante, su trabajo se limitaba a escribir la historia clínica, examinar al paciente y discutir el diagnóstico o pronóstico con sus superiores. Aunque al final llegaba a la conclusión que hacerlo no era de utilidad para el paciente, ya que al término ellos eran los que les servían como objeto de aprendizaje. Una forma muy fea de llamarlo, pero verdad al fin y al cabo.
Las rotaciones por distintos servicios le resultaron prolongadas, lo que sumado al hecho de que los pacientes permanecían días e incluso semanas hospitalizadas, contribuía a crear lazos afectivos entre estudiantes y pacientes. Ese caso no diferenció en Sakura, cuando conoció a Tamyko. Una mujer de alrededor de los 28 años, que pocas semanas atrás había dado a luz a su primer hijo. En la cama de enfrente se encontraba Shinako, que al igual que Tamyko, estaba hospitalizada por endocarditis bacteriana secundaria. Shinako era alegre, conservadora y observadora. Contemplaba con ciertos aires de superioridad a todos por los vanos intentos para acercarse a los pacientes. Sakura concluyó que ya llevaba varias semanas internada y le había tocado enfrentar a numerosas rotaciones de estudiantes.
Haruno recordaba muy bien que antes de entrar a esa sala, se detenía unos minutos en el umbral de la puerta, tomando fuerzas e intentando sin éxito aplacar su nerviosismo. Shinako lo notaba y le aleccionaba.
— Tienes que entrar con la cabeza en alto. — le decía —. Camina rápido y directo a la cama, que no se note que vacilas.
La verdad es que los regaños de la paciente le caían como baldazo de agua fría, en el fondo sabía que debía tener el aplomo de un médico. ¡Había ido a la guerra! Y aun sentía ansiedad cada vez que entraba a las salas a revisar enfermos. Le resultaba frustrante.
Sonrió vacía dándole un trago a la botella de sake, se acomodó un mechón detrás de la oreja.
— Vaya, quien lo diría… — soltó funesta, nadie la oiría entre ese horrible ruido.
Rememoró un episodio más de aquellos días. Tamyko, era una paciente silenciosa. La kunoichi llegó a la conclusión que únicamente no hablaba porque no tenía nada que decir. Tiempo después se enteró que su falta de elocuencia no era el no querer hablar, sino las secuelas de un accidente cerebro vascular, posiblemente embólico, que la dejó con afasia. También supo que el bebé había nacido prematuro y que por eso estaba hospitalizado. Acercarse a ella le llevó su tiempo, comunicarse no fue fácil. Al principio se limitó a revisar la ficha clínica y examinarla, pero Sakura no se contentaba con eso. No. Buscó una manera de poder comunicarse con la mujer, y no se le ocurrió mejor manera que darle un papel y un lápiz para que escribiera.
Claro, que sus intentos fueron vanos porque los grabados no se comprendían. Sin embargo, los ojos tristes le transmitían mucho más de lo que un papel e incluso una palabra podía decirle. En ese momento más que nunca comprendió su ignorancia y lo que desconocía del concepto centro del habla.
Las semanas pasaron y Sakura continuó con su infructuoso intento de comunicarse con Tamyko, los papelitos no contenían nada más que garabatos que parecían hechos por un niño de primaria. Trató de discutir con los médicos a cargo alguna forma de rehabilitación para la mujer. Formas terapéuticas, un mejor pronóstico a mediano o corto plazo ¡no sabía! Solo quería ayudarla a tener una mejor vida, a en la que pudiera estar con su hijo, con su familia. Que saliera de ahí.
— Todo fue inútil… — murmuró, dándole un largo trago a la nueva botella de sake.
Fue un miércoles, ese día se le había hecho tarde y por esa razón se le olvidó que su primera parada era el quinto piso en la sala de mujeres. No fue hasta pasada media tarde que recordó la visita que le hacía siempre a Tamyko. Al pisar la sala, se encontró con la cama desarmada, el colchón sin sábanas y el velador abierto sin nada en su interior.
‹‹¡Por fin! La dieron de alta.›› pensó internamente.
No pudo reprimir la sonrisa de alivio y satisfacción que le provocó la reflexión. Realmente sintió muchísima alegría de imaginarlo, seguramente estaba deseosa de ver a su hijo. Lo único que Sakura podía lamentar era no haber podido despedirse, realmente llegó a tomarle mucho cariño a la mujer.
— No la dieron de alta como tú crees. — Shinako interrumpió el hilo de sus pensamientos, la peli-rosa la miró desconcertada —. Tuvo otro derrame cerebral y murió anoche.
La sonrisa de la kunoichi poco a poco se perdió, en su corazón se produjo un horrible golpe pasando desapercibido el tono de pena, alivio y temor en la voz de Shinako. La mujer frente a ella sentía pena por la pérdida de su compañera de sala, un evidente alivio de no haber sido ella la que falleciera y finalmente, un palpable pánico, ya que ambas padecían la misma patología y ella podía ser la próxima.
Sakura recordó que no supo que contestar, prefirió salir de la sala. Tan pronto como lo hizo la tristeza y la rabia le cayeron como una tonelada de concreto, la impotencia y la soledad le sobrevinieron como la consecuencia de su extremo desconsuelo ante la situación.
Empezó a preguntarse de qué le sirvieron todas aquellas horas dedicadas a la investigación, las largas e interminables charlas con Tsunade para avanzar en el caso de Tamyko, como a lo mejor un tratamiento a base de chakra pudiera reavivar las células cerebrales. Las interrogaciones sobre diagnósticos diferenciales y complicaciones posibles, si no había sido capaz de evitar su muerte.
Y eso la llevaba al presente, a la razón por la que estaba bebiendo en el bar a media semana. Su maestra la llevó ahí con el único afán de subirle el ánimo, pero al final terminó dejándola sola y por si fuera poco, ver a las parejas en el lugar en plano amoroso no le ayudaba en lo absoluto. Solo la hacía sentirse más sola. Cogió la botella de sake y antes de darle un amplio trago dijo.
— La vida es una mierda.
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No había cosa que Neji detestara más, que tener que ir a un bar a pagar cuentas que no le pertenecían sino a su compañero de equipo, Rock Lee. En su itinerario no existía la posibilidad de tener que ir a pagar las cuentas de borrachos de Lee.
Aborrecía tener que ir a una cantina, no es que fuese un orgulloso o un aburrido de lo peor. No. Incluso él había pisado esos lugares y tomado un par de tragos con algunos amigos, pero de eso a hacerlo habitual había un gran abismo que no estaba dispuesto a cruzar por mucho que su compañero de equipo lo retara.
Obviamente, nada lo preparó para lo que encontró en cuanto entró en la taberna. El cantinero estaba cerrando, o es lo que él dedujo por la hora hasta que contempló mucho mejor la escena. El hombre intentaba por todos los medios despertar a una mujer que Neji reconoció de inmediato, se trataba de Sakura Haruno, estaba dormitando encima de la barra agarrada a una botella de sake.
Haberse acercado fue su perdición…
‹‹¿Podrías hacerme el favor de llevarla a su casa? Ha bebido toda la noche sin razón y nadie lo ha notado, yo no puedo llevarla porque aún tengo que cerrar ¿podrías?››
Le había pedido el cantinero, Neji arrugó la nariz en señal de disgusto pero no pudo negarse.
Él había llegado solo a pagar la cuenta de Lee.
— ¿A dónde vamos? — inquirió la kunoichi con tono atontado y riendo como boba.
Ahora llevaba a Sakura prácticamente en brazos, la peli-rosa apenas podía mantenerse en pie. Neji se tragó un gruñido descontento, el fuerte aroma a sake aletargó sus sentidos por un instante.
¡Él solo llegó a pagar la cuenta de Lee!
— A tu casa. — respondió escueto.
Al momento que lo dijo, se percató de un pequeño detalle que pasó por alto… No sabía dónde carajos vivía Sakura Haruno.
— ¿Dónde demonios vives? — preguntó.
La peli-rosa se irguió y trató de enfocar las calles arrugando los ojos, no más veía borrones negros y grises, una cosa que le pareció una banca a lo lejos pero no estaba segura porque la veía flotando con pingüinos encima haciendo piruetas. Soltó una risa graciosa, ¿pingüinos en Konoha? Naruto lloraría de emoción cuando se lo contara.
— Haruno.
— ¿Qué?
— ¿Dónde vives? — preguntó de nuevo, la mujer observó a todos lados y empezó a señalar.
— Por ahí, no, por allá, no, espera… — pausó, soltó otra risa boba tapándose la boca cual niña ha hecho algo malo —. No lo recuerdo. — dijo, seguido se echó a reír.
Neji rodó los ojos, cansado. Lidiar con borrachos no era lo suyo aunque se había acostumbrado a hacerlo con Lee. Sakura Haruno no era su compañera, de hecho, podía jactarse de decir que aparte de su nombre y su gusto por los hombres con instinto asesino no sabía nada más. Sin embargo, le estaba agradecido de por vida por haberle salvado la vida a su prima en aquel ataque en el que obstinadamente se enfrentó a Pain. Asimismo, amparar la de él.
Esa era la razón por la cual ahora se tomó la responsabilidad de llevarla a su casa, además, algo malo podía pasarle si la dejaba a su suerte sabiendo su estado, no se lo perdonaría jamás. Consiguió sentarla en una banca que Sakura (la que vio flotar) y comenzó a pensar qué haría. No sabía dónde vivía, tampoco la residencia de los padres de ésta. Llevarla con Naruto no era una opción porque estaba de misión, Kakashi por lo consiguiente (además no sabía dónde vivía tampoco). Yamanaka era una opción pero no sabía cómo se llevaban realmente, así que no le quedó más remedio…
— Tendré que llevarte a mi casa… — murmuró con desgana.
Neji tuvo que luchar contra la imperiosa necesidad de dejarla ahí sentada en la banca del parque hablando estupideces y riéndose como posesa. Decía algo acerca de los pingüinos y una banca flotante, que Naruto la envidiaría cuando se lo contara. El heredero del Bouke reprimió una risa, la verdad no recordaba haber visto tan ebria a Haruno. Sería algo con lo que podría divertirse en el futuro.
— Neji. — habló repentinamente la kunoichi, le resultaba admirable que a pesar del nivel de alcohol que cargaba encima no se le trabara la lengua.
— ¿Qué?
— ¿Por qué dejaste que Tenten se fuera con Lee?
La pregunta lo tomó de improviso, tanto que le hizo detenerse en seco y Sakura casi cae de bruces en el pavimento. Dio gracias al poco equilibrio que le otorgaban sus reflejos que no cayó al suelo, Neji la había soltado de repente.
El castaño arrugó el entrecejo y la miró, bastante molesto. Nadie aparte de él y sus compañeros de equipo sabían lo sucedido, de hecho, Tenten no lo abandonó como presuponía Sakura, fue un acuerdo mutuo.
— ¿Quién te ha dicho eso?
Le gustaba mantener su vida privada fuera de la vista pública, si Sakura lo sabía significaba que alguien corrompió su confianza y eso le irritaba.
— ¿Es por tu sello? ¿Es por la marca en tu frente? — la kunoichi desatendió la pregunta del Hyūga.
El pliegue en la nariz de Neji se volvía peligrosamente pronunciado, no le gustaba que hablaran de la marca en su frente. Le incomodaba, pero por encima de eso, le airaba en demasía hablar de su pasado, de su jaula personal. El Sello del Pájaro Enjaulado no era un tópico que le gustara tocar, menos con alguien que desconocía en muchos sentidos.
— Eso no es de tu incumbencia, Haruno. — zanjó Neji con seriedad, dejando escapar una nota de exasperación en el tono.
Increíblemente, la chica de cabellos rosados no registró el cabreo de él y le sonrió, al mismo tiempo que se le acercaba tambaleante, con el paso de un pato ebrio a punto de dar con el pico contra el suelo. El shinobi no se apartó, se quedó ahí plantado. Al final, ¿qué podía hacer Sakura estando más borracha que una cuba?
La respuesta le llegó tan rápido como se planteó la interrogante en la cabeza, en un movimiento torpe pero veloz la kunoichi le quitó el Hitai-ate de la frente dejando visible el sello. Haruno, con el atrevimiento que solo el licor podía conferirle, acarició el grabado en la frente del shinobi. Esa esvástica que lo convertía en un esclavo, en un ser inferior dentro de su propia familia. Jurando lealtad a su propia sangre, olvidándose de los valores familiares, del amor fraternal. Obligándolo a verlos como sus superiores, como sus amos y señores.
Sakura frunció el ceño, nadie en este mundo merecía ser marcado, forzado a guardar distancias y mucho menos un respeto inicuo. Ninguna persona tiene el derecho de sellar a otra para sublevar su voluntad, para asegurar su lealtad. Porque entonces la fidelidad no es fidelidad, es solo una falsa devoción obtenida por un medio ruin como lo es un sello maldito. Esa no era lealtad.
— Nadie tenía el derecho de marcarte… — musitó.
Neji se dejó hacer, al fin y al cabo se convencía de que Sakura estaba totalmente borracha. Pero, sinceramente, sus palabras poseían tanta certeza, viéndose tentado a revelar cosas que aún le lastimaban, igualmente la caricia en la frente le provocó una sacudida en el estómago, obligándolo a obviar el primer pensamiento y centrarse en esa cálida sensación que le recorrió el cuerpo. Aparte de Tenten, no permitió a nadie más tocarlo de una manera tan íntima.
El castaño observó cuidadosamente como la kunoichi engurruñaba el entrecejo, sus ojos verdes adquirieron un brillo fiero y sus labios se apretaron tanto que se convirtieron en una pálida línea, delgada y fina.
— Nadie tenía derecho a sellarte, por muy familia que sea. — bramó la peli-rosa.
La mano que lo tocaba pronto se volvió un puño encajándose las uñas en las palmas haciéndolas sangrar. Neji supo lo que sentía… Furia.
— Y deben pagar por lo que han hecho… — siseó.
El Hyūga apenas consiguió registrar el trasfondo que había en las palabras de la mujer, en cuestión de segundos la kunoichi desapareció de su vista.
— ¡Carajo! — articuló Neji, cayendo en la cuenta de lo que Sakura haría.
Salió rápidamente detrás de ella, le resultaba inconcebible que aun en ese estado la mujer pudiera correr sin tropezar. Seguramente era porque el enojo podía más que el nivel de alcohol que tenía en la sangre. Se angustió al percatarse del rumbo que la kunoichi tomaba.
‹‹Va rumbo a la mansión.››
¿Cuál era el propósito? Destruirla, como represalia contra su sello.
Para Sakura lo que hicieron con Neji en su niñez era una abominación, algo injusto. Quitarle un talento para comprarse una lealtad era lo más bajo. Conocía familias ambiciosas, incluso el Clan Uchiha jamás se propuso marcar a su propia sangre para sublevarlos si alguna vez se revelaban, su inconformidad no llegaba a tanto. El Clan Hyūga era extremista y tan frío, que destruirlos lejos de una desgracia parecía un beneficio. Su desaparición evitaría daños colaterales, discriminación y humillación para el Bouke. Ellos merecían morir. Así no habría distinción entre ramas, ¡no habría dos familias!
Es lo que iba a hacer, hasta que Neji se le atravesó en el camino y la obligó a detenerse.
— ¿Qué es lo que haces, Haruno?
La pregunta era retórica, él sabía perfectamente lo que pensaba.
— Ellos merecen morir. — ululó con rabia.
Sorprendentemente, ante su furia extrema Neji sonrió levemente y negó con la cabeza tristemente.
— No tiene caso, los perdoné hace mucho. — confesó, para impresión de la peli-rosa.
Esas palabras lograron aplacar en demasía la inusitada ira de la kunoichi, la borrachera le creaba muchas nubes tormentosas en la cabeza. Pero no dejaba de admirarse por la nobleza que Neji presentaba al perdonar a las personas que marcaron su destino como shinobi. Ella también sonrió, la volatilidad de su carácter le hizo sentir ternura repentina, terminó soltando una risa llena de gracia y también haciendo una negación con la cabeza.
Lo que sucedió después Neji no lo esperó. Un par de labios húmedos y suaves se posaron sobre los suyos… Húmedos y tersos labios que le hicieron olvidar el desagradable olor a sake, centrándose en el agradable ardor. El beso le supo a miel, pero fue tan efímero como el roce de una katana contra la piel.
La furia de la peli-rosa pasó tan rápido como llegó, el castaño la observó con impresión tambalearse súbitamente y la tomó antes de que azotara contra el suelo. Ya que estaban cerca, decidió llevarla a la mansión porque Sakura no le diría nunca donde vivía, mucho menos en ese estado de ebriedad en la que se perdía en su mundo cada dos por tres.
— De verdad que eres todo un caso, Sakura.
La kunoichi soltó otra risa mientras se apoyaba en el hombro del shinobi, aspirando el majestuoso aroma del castaño, se le antojó a canela, al mismo tiempo él la introducía en una de las habitaciones de invitados. Ya luego se arreglaría con su tío, porque estaba seguro que eso no pasaría desapercibido para nadie.
— Neji. — llamó la Haruno acomodándose en la cama, su voz se oía adormecida y sus ojos estaban cerrados.
— ¿Qué?
— ¿Por qué eres tan guapo? — la pregunta fue hecha con inocencia, esta vez Neji no pudo evitar soltar una carcajada — ¡No te rías! — intentó reñir Sakura, pero la voz no le alcanzó al tono amenazante que pretendía emular.
— Por la misma razón que tú te emborrachaste. — murmuró.
Sakura ya no lo escuchaba, había caído en un profundo sueño. Movido por una fuerza sobrenatural y extraña, acarició silenciosamente sus cabellos de igual manera la contemplaba minuciosamente. La chica había crecido, y junto con ella los dolores internos que le dejó la Cuarta Guerra. Pese a que era consciente del desarrollo y la evolución de la kunoichi, aun desconocía aspectos de su vida, como persona e incluso, hasta ese momento nunca se preocupó por saberlo.
Sin embargo, el bichito de la curiosidad comenzó a picarle por encontrar una razón por la cual la alumna de la Godaime se había emborrachado de esa forma. Neji no pasó desapercibido el brillo triste de sus orbes, un sentimiento profundo y un dolor silencioso. Pasivamente deslizó su mano por la mejilla de la chica y recordó el beso, admitía que no fue absolutamente desagradable. De hecho, siendo sincero… Se le antojó demasiado delicioso como para pasarlo inadvertido.
Y ya que era honesto, lo repetiría con el mayor de los gustos si se le presentara la oportunidad de nuevo.
— Dudo mucho que ella lo recuerde mañana. — emitió para sí mismo, Sakura se dio la vuelta acomodándose en la cama y él sonrió.
Aunque eso no significaba que él no pudiera hacer algo porque la situación se diera de nuevo, claro, sin que ella estuviera borracha.
Sonrió ampliamente ante su propio pensamiento, y tal vez la próxima vez, sabría las razones que Haruno tuvo para beber de forma desproporcionada. Se puso de pie dispuesto a salir del cuarto, no sin antes echarle un último vistazo a la chica.
Por el momento, disfrutaría de la ocasión. El siguiente día seguramente sería épico.
Notas de Autor:
¡Hola!
He aquí otro momento sin sentido, realmente tengo muy poco tiempo para este apartado así que nada más digo que este fue un momento sugerido por Lux Lunar, espero que lo hayas leído y te haya gustado, de igual manera para todas las que se han atrevido a llegar hasta aquí. Muchísimas gracias, no se imaginan lo feliz que me hacen sus reviews, espero que lo hayan disfrutado. Cualquier duda pueden dejarla en su comentario y se las contestaré con gusto.
Mis agradecimientos a Himeko Sakura Hamasaki, Rokusa Aiiri, MiisakiiKiss, Mar Angys Dreams, Lux Lunar, Yakumo . snake, lavida134, Neferetc, Crimela, Marde Geer, MarianitaUchiha, Sonohrina, Mina-Hai, lucia509, yusha, Yue Moon Uchiha. Muchísimas gracias, a quienes me agregan a alertas y favoritos por igual.
Me despido y nos veremos en el próximo momento sin sentido. Besos y un abrazo.
