Ni los personajes, ni la historia me pertenecen.

Capitulo 5

Discutieron durante todo el camino de vuelta al rancho de Edward. Pero Bella notó que su discusión estaba disgustando a Renesme.

—Tenemos que parar —murmuró a la vez que hacía un gesto con la cabeza en dirección a la niña.

—Me parece bien porque, por muchas cuotas que pagues, yo estaré allí contigo para cuidarte. Me siento responsable.

Bella suspiró.

— ¿No te das cuenta de cuántas personas han pensado que estamos... juntos?

—No te preocupes. Haré correr la voz —Edward se volvió hacia Renesme—. Y ahora, ¿estás lista para ver el ternero?

— ¿Aún puedo verlo? — preguntó ella, indecisa.

Edward pareció sorprendido.

—Claro que puedes. Lo había prometido.

— Pero creía que estabas enfadado con mamá.

—Tu madre es un poco testaruda, eso es todo. Tengo que mantenerla a salvo. Pero eso no tiene nada que con lo que te había prometido a ti. Vamos, te llevaré a caballito hasta el establo.

El rostro de Renesme se iluminó con una sonrisa cuando Edward se la echó a la espalda. Bella sabía que debería estar enfadada con él, pero alguien capaz de hacer sonreír a Renesme de aquella manera no podía ser mala persona. Además, si Sam volvía a presentarse en el mercado estando ella sola, podría tener problemas.

Tomó a Tony en brazos y siguió a los otros dos. El niño parecía de buen humor, porque no dejaba de sonreír y balbucear.

—¿A ti también te ha encantado, cariño? No está mal para ser un hombre que piensa que no atrae a las mujeres.

En el establo, Edward sentó a Renesme sobre la barandilla de la puerta que daba a una de las casillas y le advirtió que se sujetara mientras él abría.

La vaca se movió y el ternero quedó expuesto a la mirada de todos.

— ¡No dejes que te pise! —exclamó Renesme.

Edward se llevó un dedo a los labios.

—Hay que hablar bajito para no alterar a la mamá. Este es su primer ternero — Edward palmeó el cuello de la vaca a la vez que le susurraba tranquilizadoramente. Luego, se agachó para tomar el ternero en brazos y llevarlo hasta la verja donde aguardaba Renesme.

— ¿Qué te parece? — preguntó cuando la niña acarició al animal.

— ¡Es tan bonito! ¿Puedo tener uno, mamá?

—No, cariño, no puedes. No sabemos cómo cuidar a las vacas.

—¿No tenéis ni una vaca lechera? —preguntó Edward, sorprendido.

—No. Jacob no estaba interesado en cuidar animales. Y no bebía leche.

—Creo qué papá tiene demasiadas vacas lecheras. Veré lo que pide por una de ellas.

La desenfadada actitud con que Edward se hacía cargo de todo irritó a Bella.

—No lo hagas por mí, porque no pienso comprar una vaca lechera.

—Pero compras leche, ¿no? Te facilitará las cosas tenerla en el establo en lugar de tener que ir a la tienda a por ella.

—No sé cómo ordeñar a una vaca, ni cómo cuidarla, ni qué hacer con la leche una vez ordeñada.

—Yo puedo enseñarte todo eso —Edward dejó el ternero en el suelo y abrió la verja—. Renesme, vamos a enseñarle a tu madre todo sobre las vacas.

Bella permaneció donde estaba mientras Edward y su hija salían del establo.

— No pienso comprar una vaca.

Su protesta no afectó a los planes de Edward. Unos minutos después, Bella se encontraba en otra casilla con Edward y una vaca. Habían dejado a Tony en su capazo sobre un montón de heno y Renesme lo estaba vigilando.

—¿Por qué no me escuchas? —Protestó Bella—. No quiero una vaca lechera. Me da asco… y no sabría qué hacer con leche después.

—Yo te enseñaré —dijo Edward mientras preparaba las cosas.

Situó un pequeño banco junto a la vaca y un cubo de aluminio bajo su ubre.

—Es muy sencillo. Tomas uno de los pezones entre el pulgar y el índice y tiras a la vez que presionas con suavidad — un chorro de leche golpeó el cubo—. Cuando aprendas podrás tirar de dos pezones a la vez. Así lleva menos tiempo.

— Me gusta comprar la leche en la tienda.

Edward ignoró a Bella y se levantó.

—Ahora siéntate y prueba. Yo voy a estar a tu lado, así que no te preocupes.

Apoyó una mano en el hombro de Bella, que se sentó obedientemente.

—Ahora, toma un pezón y haz lo que te he dicho. Con suavidad. La vieja Bessie está muy bien entrenada.

Bella no podía creer que estuviera ordeñando una vaca, pero se sintió orgullosa cuando la leche comenzó a caer en el cubo.

—¡Se te da de maravilla! —exclamó Edward, que abrió la puerta para que. Renesme pasara un momento a ver a su madre.

—De acuerdo, puedo hacerlo, pero no quiero una vaca lechera, Edward. En serio.

—Te daremos un tiempo para que te acostumbres a la idea. Termina de ordeñar a Bessie o se disgustará mucho si no se libra de toda esa leche esta noche.

Para asombro de Bella, pronto tenía dos tercios del cubo llenos.

—Eso bastará —dijo Edward—. Es lo que da más o menos dos veces al día. Ahora, vamos a casa y completaré tu educación.

Tomó el cubo, colgó el taburete de su gancho y recogió el capazo de Tony con su mano libre.

—Vamos, señoritas. Nos dirigimos a la cocina. A Bella le encantó su casa. Era de construcción reciente y, además de ser grande y espaciosa, la cocina tenía todos los electrodomésticos modernos.

—Tú cocina es preciosa.

—Gracias. Mamá me ayudó a elegir todo y Alice y Rosalie me aconsejaron sobre la decoración.

Mientras Edward le explicaba todo lo que tenía que hacer con la leche, Bella siguió mirando la cocina.

—¿Me estás escuchando?

Ella se sobresaltó y lo miró con expresión compungida.

—Lo cierto es que estaba admirando tu cocina. O tal vez debería decir que me estaba poniendo verde de envidia.

—¿Quieres ayudarme a preparar la comida?

Bella parpadeó varias veces.

—¿Qué has dicho?

—-Estoy pensando que alguien se va a quedar dormido sin cenar si os llevo a casa ahora. Supongo que me he entretenido con lo de la leche. Tú también debes de estar cansada, así que podemos preparar algo aquí, alimentar a Renesme, y tal vez a Anthony, y luego os llevo a casa.

— Oh, no, eso sería demasiado generoso por tu parte, Edward.

—No. Tuviste que aguantarme cuando me puse mandón y sé que estaba equivocado. Deja que te compense preparando la cena —Edward sonrió y Bella no habría podido negarle nada. Además, siempre admiraba a cualquiera capaz de reconocer que estaba equivocado.

Edward llevó a Renesme al cuarto de estar y le puso la tele. Dejó a Anthony junto a ella y le dijo que avisara si necesitaba algo. Luego, volvió a la cocina y sacó algunas cosas de la nevera.

— Mamá preparó este pan de carne para mí. Podemos calentarlo y cocinar unas patatas con judías verdes. Eso y un poco de pan bastarán para una buena cena. ¿Anthony puede tomar puré de patatas?.

—Sí, y yo llevó algo de comida suya en la bolsa.

—Estupendo.

Trabajaron juntos a buen ritmo y la cena estaba lista en quince minutos. Mientras Bella se ocupaba de dar de comer a Anthony en su regazo, Edward sirvió el plato de Renesme. Bella no estaba acostumbrada a tener ayuda con los niños, y notó que a Renesme también le gustaba.

— No sé cómo darte las gracias, Edward — dijo tras dejar a Anthony en su capazo y servirse.

—Oh, vamos, Bella. Sabes que estabas a punto de patearme cuando he insistido en que ordeñaras a la vaca.

— Lo cierto es que puedes ser bastante dictador — dijo ella, sonriente.

—Soy el mayor de los hermanos, Siempre siento que debo ayudar a la gente y me preocupa lo que puedas hacer mientras yo no estoy.

— Me las arreglo bien, Edward. De momento he sabido cuidar de mis hijos. Admito que has resultado de gran ayuda estos últimos días y te lo agradezco, pero no puedo acostumbrarme a que me ayudes todo el rato.

—No te preocupes. Ya estoy pensando en quién podría ser un buen marido para ti y un buen padre para los niños.

Bella puso los ojos en blanco.

— Tu madre dice que tú también deberías buscarte una novia. Se supone que debo presentarte a todas las mujeres que conozco, pero no conozco a muchas.

—Mejor. Nadie va a querer casarse conmigo, excepto las chicas como Louise, que creen que podrán tener todo el dinero que les dé la gana si se casan conmigo.

— Pero Edward... — empezó a protestar Bella, aunque sabía que aquello era cierto—. Puede que tengas razón respecto a Louise, pero tienes mucho que ofrecer a una mujer.

Edward rió.

—Creo que has pasado demasiado tiempo con mamá esta mañana.

Bella protestó, pero él la ignoró y se volvió hacia Renesme.

— ¿Estás cansada, cariño? La pequeña asintió.

—Pero me he divertido mucho. ¿Qué nombre le vas a poner al ternero?

—Aún no lo hemos decidido. ¿Y si le pones tú el nombre? En realidad es una chica.

—¿Cómo lo sabes?

Edward no supo qué decir por primera vez aquel día. Miró a Bella, nervioso.

—Edward sabe distinguirlos —dijo ella en repuesta a su silencioso ruego—. Cuando seas mayor podrá enseñarte, pero ahora eres demasiado joven. Tendrás que aceptar su palabra.

Renesme asintió y miró a Edward con renovado respeto.

—De acuerdo. ¿Podemos llamarla Rosy?

— Creo que es un gran nombre. Rosy será.

Renesme aplaudió.

—¡Gracias, Edward!

—De nada. Y ahora os llevaré a casa para que podáis acostaros.

—Aún hay que fregar, Edward —dijo Bella.

— No te preocupes. Recogeré las sobras y podemos dejar las cosas en el fregadero. Mi asistenta viene por la mañana.

—¿Tienes una asistenta? —Bella no pudo evitar pensar en el cambio que supondría aquello para su vida.

—Sí. Suelo estar demasiado ocupado con el ganado y la tierra. ¿Te importa alcanzarme la mantequilla, Renesme?

Unos minutos después todo estaba recogido.

—Buen trabajo, Renesme, y también mamá. Y Anthony, que se ha quedado dormido sin protestar.

— Eso es porque le ha encantado tu puré de patatas—dijo Bella—. Probablemente dormirá toda la noche de un tirón.

— Bien, porque tú también pareces un poco cansada. Puede que duermas hasta tarde.

Edward tomó en un brazo a Renesme y en la mano libre el capazo. Bella se sintió extraña llevando sólo la bolsa. Normalmente tenía que hacer varios viajes de ida y vuelta al coche cada vez que iba a algún sitio.

Edward los llevó a casa mientras la luna salía y Bella sintió una satisfacción que hacía tiempo que no sentía.

—Gracias por todo lo que has hecho por nosotros, Edward. No sé cómo voy a poder corresponderte — entonces recordó algo—. Oh, finalmente no hemos puesto la colcha en tu cama. Lo siento, lo he olvidado.

—No pasa nada. Puedo hacerlo cuando vuelva a casa. Y tal vez, mañana podrías pasar a ver qué tal ha quedado.

—Mañana no. Eso sería mucha molestia. Pero dentro de unos días iremos a verla, cuando no estés tan cansado de nosotros.

— De acuerdo, cuando te parezca.

Bella no volvió a hablar. En realidad le habría gustado que Edward insistiera en que fuera, pero al menos sabría que iba a dormir con algo que había hecho ella. De algún modo, aquello la hizo sentirse mejor.

A la mañana siguiente, las primeras palabras de Renesme fueron:

—¿Cuándo viene Edward?

Bella estuvo a punto de dejar caer el recipiente en que estaba preparando la avena.

—¿De qué estás hablando, Renesme? Edward no va a venir a vernos hoy.

—No vimos la colcha en su cama —protestó la niña—. Dijo que podíamos verla hoy.

—Lo sé, cariño, pero yo le dije que hoy no iríamos. Ya ha tenido que pasar mucho tiempo con nosotros los últimos días.

— Pero a él le gusta estar con nosotros.

— Hoy no va a venir. ¿Quieres pasas con tu avena?

Renesme cruzó sus bracitos sobre su pecho con expresión levantisca.

—Quiero ver a Edward.

Bella sabía que a Renesme le gustaba Edward. Era difícil que no le gustara a alguien con su gran sonrisa y su sensibilidad hacia los niños.

—Edward no es pariente nuestro, Renesme. Sólo nos ha ayudado un poco. El tiene su propia vida.

Renesme frunció el ceño.

—¿No te gusta Edward?

—Claro que sí. Y precisamente por eso no podemos darle la lata. Como nos gusta, tenemos que buscarle una esposa con la que pueda tener sus propios hijos.

—Pero yo quiero ser la hija de Edward.

Bella se volvió hacia su testaruda hija.

—No, Renesme. Eso no va a pasar. Hoy vamos a ir a la iglesia. Podrás asistir a la escuela dominical con otro montón de niños de tu edad. Puede que Drew esté allí.

Bella vio con alivio que su táctica funcionó. Llevaba un tiempo pensando en volver a la iglesia. Jacob se negaba a ir y ella había ido por su cuenta en algunas ocasiones, pero resultaba incómodo ir sin su marido.

Puso a Renesme su mejor vestido y le sujetó el pelo en una cola de caballo. Luego, hizo lo que pudo con Tony. Para sí misma eligió un viejo vestido que aún tenía buen aspecto. Metió a los niños en la camioneta y se fueron.

Poco después, el motor dejó de funcionar de repente. Bella aún tuvo tiempo de echar la camioneta a un lado de la carretera para que no molestara a otros coches.

—¿Por qué paramos, mamá?

—El coche se ha roto, corazón. Y yo no sé arreglarlo.

—Deberíamos llamar a Edward. El vendrá a rescatarnos.

— No tenemos teléfono — Bella trató de poner en marcha el motor, pero no pasó nada.

Un coche se detuvo tras ellos.

—¿Necesita ayuda? —preguntó la mujer que lo conducía.

—¿Va al pueblo? —preguntó Bella—. Si es así, ¿le importaría pasar por el taller mecánico para que envíen a alguien?

—¿Abren los domingos?

Bella no lo sabía. Pero al menos podría pagar por el servicio, gracias a Edward.

—Probablemente no. Gracias de todos modos.

La mujer se alejó.

Bella permaneció unos minutos sentada, hasta que Renesme se cansó de esperar y empezó a moverse inquieta en el asiento.

—Será mejor que volvamos andando a casa —dijo Bella. Afortunadamente, no debían de haber hecho más de un par de kilómetros.

—Pero yo quiero ir a la escuela dominical.

—Lo siento, pero hoy no va a poder ser. Puede que el próximo domingo, cuando nos hayan arreglado la camioneta.

Bella lamentó haberse puesto los zapatos de tacón alto. La vuelta a casa iba a resultar bastante incómoda con ellos. Salió del coche y ayudó a bajar a Renesme.

—Yo llevaré a Tony y tu puedes ocuparte de la bolsa, ¿de acuerdo?

Renesme asintió.

— Ojalá estuviera aquí Edward. El podría llevarme a mí y la bolsa.

— Nosotras somos fuertes, nena. Podemos cuidar de nosotras mismas. Oh, mira, una mariposa. Vamos a contar las mariposas que veamos de aquí a casa. Quien más cuente, gana.

—¿Qué voy a ganar, mamá?

—¿Qué te parecería el último trozo de la tarta que envió la señora Cullen?

—De acuerdo —dijo Renesme, más animada. Quince minutos después, en lugar de buscar mariposas estaba quejándose de que le dolían los pies. Quería que su madre la llevara en brazos, pero Bella sabía que no era posible. Cuando oyeron el sonido de otro vehículo, se apartaron a un lado de la carretera.

—Es un todoterreno rojo, mamá. ¡A lo mejor es Edward!

—No creo, cariño. Vamos.

Cuando el coche se detuvo junto a ellas y una conocida voz surgió del interior, Bella se alegró mucho de poder saludar a Edward Cullen.

—Hola, Edward.

—¿No sabéis que caminar por la carretera es peligroso? He visto vuestra camioneta un poco más atrás. ¿Qué ha pasado?

— Se ha parado.

Edward abrió la puerta de pasajeros.

— Vamos, entrad.

— No queremos entretenerte ni desviarte de tu camino, Edward —dijo Bella a pesar de su cansancio—. Estaremos bien.

Pero Renesme ya se estaba subiendo al coche.

—¡Baja, Renesme! No vamos a ir con Edward.

Edward estaba sonriendo.

—No seas tan testaruda, Bella. Vamos. Ella dudó un momento y luego dijo

—De acuerdo, pero con que nos lleves de vuelta a casa nos bastará.

—No. Estáis vestidos para ir a la iglesia. Podemos llegar a tiempo al sermón después de dejar a los niños en la guardería para que pasen un buen rato.

—No podemos ir juntos a la iglesia, Edward. La gente pensará...

—Les aclararemos las cosas —Edward alargó una mano para ayudarla a subir y ella cedió. El tomó la cesta de Tony en sus fuertes brazos y Bella se sentó junto a Renesme.

—Ponte el cinturón, mamá.

—Sí, mamá. Ponte el cinturón —dijo Edward con una sonrisa.

Bella permaneció en silencio mientras se dirigían a la iglesia. No tenía modo de volver a casa y no quería que la vieran saliendo de la iglesia con Edward. Sería el modo más seguro de despertar las habladurías.

— ¿Está abierto hoy el garaje?

—No creo. Mañana me ocuparé de que alguien vaya a ver tu camioneta.

—Yo me haré cargo de eso, gracias —dijo Bella. Edward le dedicó una mirada divertida y luego la ignoró el resto del camino.

Espero les haya gustado.

Gracias por comentar: ichigoneeko, Karili, Jess