Gracias a Bells Masen Cullen por betear el capítulo :D.
Capítulo 6
Llegué al despacho el viernes a las nueve menos cinco de la mañana. Seth era un gran conductor; apenas había usado sus servicios como chofer o guardaespaldas, pero sabía que era uno de los muchos buenos hombres que tenía Jacob en sus filas. Se adelantaba cinco minutos siempre a mis horarios y eso era algo que agradecía, no me gustaba llegar tarde.
El día siguiente a la visita de Rose, me encontré con el informe sobre el Sr. King en mi mesa. Le eché un rápido vistazo, no tenía mucho tiempo para mirarlo, no al menos esta semana; me dedicaría a ello el fin de semana.
Después de mirar cómo iban mis acciones y mis obras, pulsé el botón del intercomunicador para decirle a la Srta. Weber que le dijera a Black que se presentara en mi despacho.
Todo iba viento en popa. Una empresa de construcción no era fácil de llevar, pero para alguien con tanta experiencia como yo era coser y cantar. Estaba deseando tener la empresa de Vulturi y la de Cullen. Sabía que la mayoría de los negocios de Aro no eran legales, pero eso se iba a solucionar en cuanto me quedara con ella. Por otro lado Carlisle, estaba segura de que no sólo podía haber hecho la fortuna que tenía por vender cuatro proyectos; tenía que haber algo oscuro detrás de eso.
Unos suaves golpes en la puerta me sacaron de mi ensimismamiento.
- Adelante – dije apartando la mirada de la pantalla del ordenador.
La puerta se abrió lentamente y por ella cruzaron Black y Masen. No sabía que hacía Masen ahí aunque tampoco me molesté por ello, simplemente ignoré su presencia y me dirigí a Jacob.
- ¿Tienes los informes de esta semana de Vulturi y Cullen? – Directa al grano, como siempre.
Ambos se sentaron en el par de sillas que estaban al otro lado de mi escritorio.
- No. – Le miré con ceño fruncido y comenzando a enfadarme.
- ¿Cómo que no? – Mi voz sonó baja pero amenazante.
- Aun estoy esperando que los chicos me envíen los informes. Sólo tengo claro que Cullen sigue una rutina, de casa al trabajo y del trabajo a casa. No hay nada extraño en su forma de actuar. Sus dos guardaespaldas siempre están con él. Cuando sale a cenar con su esposa e hija, les acompañan más guardaespaldas y…
- Black – corté. – Me da exactamente igual lo que haga o deje de hacer en su vida personal.
- Creí que querías saber todo respecto a ellos – contestó molesto cruzándose de brazos.- Y si quieres saber cómo va con su empresa… - Se detuvo un segundo antes de continuar. – No tenemos ni idea – prosiguió. – No somos capaces de acceder a sus cuentas, no somos capaces de ver más allá de lo que la bolsa muestra. Está bien protegido – lo dijo con tanta serenidad que lo único que hizo fue que me enfureciera más.
- ¿Me estás diciendo que estoy pagando a uno de los mejores… - me detuve para buscar el adjetivo perfecto, - informáticos del país y no es capaz ni de meterse en una simple empresa?
- ¡Joder, Swan! – Le lancé la mirada más fría que pude por su atrevimiento. – Lo siento – se corrigió rápidamente. – Pero Srta. Swan, la empresa de Cullen no es tan simple como dices. Carlisle es un tipo muy listo y tú no has hecho más que ponerlo sobre aviso, ahora se cubre mejor las espaldas y…
- ¿Me estás culpando? – pregunté atónita por su osadía.
Vi como Black apartaba la mirada de mí y suspiraba cansado. Se aclaró la garganta y alzó el rostro para volver a mirarme.
- Cullen es un hueso duro de roer. – Se encogió de hombros. – Y Vulturi… Aro es muy hemos seguido como pediste, aun no sabemos en qué se está metiendo, pero parece ser algo gordo. Con él hemos tenido más suerte;está moviendo cantidades enormes de dinero de su cuenta privada a otras cuentas que no sabemos de quien son.
- ¡Averígualo! – bramé. No quería que Aro se escapase, no quería que reforzarse su empresa.
Estaba más que convencida de que estaba casi en números rojos. La gente ya no le contrataba a él, me contrataban a mí para las construcciones más complicadas e incluso las sencillas. La única diferencia entre su empresa y la mía era que él tenía arquitectos muy buenos y yo… yo tenía que contratarlos según me llegaban los trabajos. Pero eso se iba a acabar; en cuanto me hiciera con su imperio, mejoraría su empresa y le cambiaria el nombre. Iba a ser la más grande y la mejor en ello.
El juego con los Cullen iba a ser complicado pero divertido. Nunca había pensado en meterme con su empresa, pero desde que mis padres se hicieron tan amigos de ellos… fue como la gota que colmó el vaso. No aguanté nunca a la familia Cullen, no aguanté a su hija en el colegio, en mi misma clase, fue como un dolor de ovarios. No entendía la razón de mi odio hacia ellos, tampoco me preocupaba por saberlo; sólo quería verlos hundidos.
Quizás era porque ellos parecían estar muy unidos desde siempre y sentía envidia porque mis progenitores, a pesar de ser unos buenos padres, no me dieron el amor que le dieron a su hija…
¡Nah! Me reí internamente de mis pensamientos.
- ¿Eso es todo? – preguntó con un suspiro.
- Sí – le respondí, mirando la pantalla de mi ordenador.
- En ese caso, Edward y yo nos vamos, tenemos trabajo que hacer.
…
Las seis, hora de volver a casa. Apagué el ordenador y ordené los papeles que tenía sobre la mesa. Me levanté del sillón y me puse el abrigo; tras coger los papeles de encima del escritorio, salí del despacho.
- Están ordenados, mételos en el fichero. – Le pedí a la Srta. Weber, dándole los papeles cuando pasé por su mesa.
- De acuerdo, Srta. Swan.
Pulsé el botón del ascensor con Seth pegado a mis espaldas; el teléfono sonó en mi bolso justo cuando iba a entrar en él.
- Swan – ladré sin mirar quién era. Entré en el ascensor, importándome una mierda si me quedaba sin cobertura.
- Hale – respondió divertida Rose al otro lado de la línea.
- ¿Qué quieres? – Las puertas se cerraron y Seth pulsó el botón de la planta baja.
- Primero que te relajes.
Rodé los ojos.
- Estoy cansada Rosalie. – Me quedé unos segundos esperando a que hablara hasta que por fin, un pequeño pitido en el teléfono me indicó que se había cortado la llamada.
Me quedé con el teléfono en la mano a la espera de que Rose volviera a llamarme. Lo hizo en cuanto estuve en el coche de camino a casa.
- ¿Por qué coño me has colgado? – inquirió molesta.
- Estaba en el ascensor, se cortó. – Me encogí de hombros aun sabiendo que ella no podía verme.
- ¿Dónde estás? – Suspiró.
- De camino a casa.
- Bien, prepárate. Necesito una copa y tú me vas a acompañar.
- Rose, estoy cansada. – Gemí pasándome la mano por la cara.
- Y yo triste y aburrida por culpa del Sr. King.
Me sentí culpable por el estado de ánimo de mi amiga. Ya le había dicho que hasta el fin de semana no iba a poder mirar el expediente de King; ella aceptó tranquilamente, diciéndome que la venganza se servía en frío.
- Solamente será una copa, Bella, por favor – suplicó.
- Una – le advertí.
- ¡Bien! – exclamó entusiasmada. - ¿Te falta mucho para llegar a casa?
- No.
- Vale, Sue ya tiene la cena hecha y he preparado un vestido para que te pongas con unos bonitos zapatos a juego y…
- Una – repetí entre dientes ignorando el hecho de que ella ya estaba en mi casa.
- Lo sé, que sea una no significa que no tengas que salir presentable.
Llegué a casa unos minutos más tarde y despedí a Seth, diciéndole que el lunes regresara a la misma hora.
Llamé a Jake en cuanto entré en casa, pidiéndole que mandara a Quil y Collin en una hora. No le di detalles y él tampoco los pidió, sólo acepto lo que le dije y cortamos la llamada.
…
- No puedo creer que estemos aquí – gemí cansada y dejándome arrastrar por Rose por todo el local en busca de un hueco en la barra, con mis guardaespaldas siguiéndonos los pasos.
Gracias a Dios, la música del local estaba lo suficientemente baja cómo para mantener una conversación civilizada.
- ¡Oh, cállate y disfruta!
Tras empujarme unos metros más dentro del local, detuve mis pasos, haciendo que ella detuviera también los suyos.
- ¿Ahora qué ocurre? – preguntó molesta mirándome con los ojos entrecerrados.
La ignoré y me quedé enganchada a unos ojos verdes. Masen estaba mirándome serio mientras su… amigo le hablaba al oído. Cerré los ojos y sacudí la cabeza.
No es que estuviera evitándolo desde que me folló en el despacho de Jacob, solamente no quería tener su presencia cerca de mí. Era bueno en su trabajo, pero había algo en él que no conseguía descifrar y quería hacerlo antes de volver a aceptar su compañía.
- ¡Oh! – dijo Rose sonriendo ampliamente. – Mira a quien tenemos ahí y… ¡Joder como está el tío de al lado! – Rodé los ojos, parecía que Rosalie se había olvidado del cabrón del Sr. King…
- Vamos a otro lado – dije justo cuando el acompañante de Masen se giraba y nos miraba, primero poniendo sus ojos en mí y después en Rosalie. Una sonrisa se fue extendiendo por su cara y un par de hoyuelos aparecieron en sus mejillas.
- ¡No! – dijo Rose fijándose en el acompañante de Masen y respondiendo a su sonrisa. – Necesito que ese hombre me haga olvidar a Royce. – Agarró mi mano y tiró fuertemente de mí, haciéndome andar.
De acuerdo, quería ir donde ellos… con ellos iríamos; pero que luego no viniera llorando porque el hombre que parecía un armario empotrado estuviese casado con una gorda, con una vieja o peor aún, con su propia hermana. Me estremecí de pies a cabeza por pensarlo. ¡Era asqueroso!
Llegamos hasta donde estaban ambos hombres mirándonos y Rose, sin esperar, saludó a Masen. Éste nos presentó a su acompañante, Emmett.
- ¿Qué queréis beber? – preguntó un sonriente Emmett sin dejar de mirar a Rose.
No había vuelto a mirar a mi supuesto guardaespaldas personal, pero sentía como me taladraba la sien con su mirada.
Hicimos nuestros pedidos y tras unos segundos, ambas teníamos nuestras copas en la mano. Iba a necesitar más de esto si quería aguantar toda la noche. Miré por encima de mi hombro en busca de Quil y Collin, ambos estaban hablando a unos metros de mí sin dejar de mirarme y observando todo a su alrededor.
- Bella, voy a bailar un poco. – Rose se acercó a mí. – No te importa que te deje con el macizo Masen, ¿no? – me susurró al oído.
Rodé los ojos y negué con la cabeza.
Yo no era quien para evitar que Rosalie se divirtiera.
Me coloqué en el lugar que ocupaba Emmett al lado de Masen. Me apoyé en la barra y miré hacia la pista de baile, hacia donde Rose ya movía sus caderas de manera sexy, rozando su culo contra la entrepierna de su acompañante. Aparté la mirada de ella y pasé mis ojos por todo el local. Habían subido la música aunque no lo suficiente como para que te quedaras sorda, cosa que agradecí. Quil y Collin seguían en su posición mirando como dos grandes pájaros aferrados en una atalaya.
Miré de reojo a Masen, me resultó extraño verlo sin su traje. Parecía diferente con sus vaqueros oscuros y una camiseta gris claro. Vi por el rabillo del ojo como fruncía el ceño antes de girarse a mí.
- Bailemos. – Agarró mi mano sin esperar respuesta y tiró de mí.
- ¿Qué haces? – Tiré de mi mano, liberándola de su agarre.
- Ven, por favor. – Lo miré durante unos instantes.
Su rostro era serio, no parecía querer más que bailar, aunque había algo en su mirada que no supe descifrar. Tras un suspiro resignado, acepté su oferta.
Caminamos uno al lado del otro hasta la pista de baile ynos colocamos al lado de donde estaban nuestros amigos. Agarró firmemente mi cintura y me pegó a él lo suficiente para que su calor golpeara mi cuerpo.
- Agárrate a mis hombros. – Se inclinó para decírmelo al oído. – Por favor – añadió al ver que no le hacía caso.
No sé qué coño me pasaba, pero estaba actuando como una autentica sumisa esta noche. Cosa que me pedía, cosa que hacía. Quizás había exagerado; sólo me había pedido bailar y que me agarrara a sus hombros, supuse que para no parecer un completo idiota al que le gustaba bailar solo alrededor de un cuerpo tenso.
Mis manos actuaron solas, aferrándose a sus hombros; las suyas seguían descansando en mi cintura. Se pegó más a mi cuerpo e instintivamente bajé mis manos hasta sus, he de decir, duros pectorales para empujarlo y separarlo de mí.
- No se separe, Srta. Swan. – Afianzó su agarre y se inclinó más hacia mí. – No se alarme con lo que le tengo que decir. – Fruncí el ceño. ¿Qué coño? – Perdone mi atrevimiento. – Fruncí aun más el ceño y mi sangre comenzó a hervir de manera furiosa. – Pero sus guardaespaldas no están haciendo bien su trabajo; les han estado siguiendo desde que han entrado al local.
- ¿Qué? – inquirí con la voz ahogada.
¡Me iba a cargar a esos dos en cuanto saliésemos de allí!
- ¿Son las mismas personas que en la fiesta? – pregunté alzando de nuevo las manos hasta sus hombros.
Ignoré el impulso de pasar las manos por el cabello de su nuca. Parecía tan suave y sedoso…
- No – interrumpió mi… estupidez. ¿Qué coño me pasaba? – Son otra pareja.
- ¿Otra pareja? – Me alejé de él lo justo para mirarle a la cara.
- Sí, dos hombres, uno a cada lado de nosotros. Uno de ellos está vigilando los movimientos de tus guardaespaldas y el otro nos vigila a nosotros – dijo acercándose peligrosamente a mi rostro.
- Bien – dije sin que su aliento me afectase. - ¿Qué plan tenemos? – Miré de reojo a Rose, estaba completamente metida en su mundo. Estaba segurísima y ponía la mano en el fuego sin quemarme, a que estaba muy encendida; no había más que ver como se frotaba contra la pierna de Emmett.
- Van a por ti – dijo serio. – La Srta. Hale está a salvo. Puedes dejar a Quil y Collin con ella y Emmett, yo me preocuparé por ti.
Pensé en su propuesta. No quería dejar a Rosalie sola, aunque por lo que mis ojos veían estaba en buena compañía y Emmett aparentaba ser un hombre muy competitivo con el cuerpo a cuerpo y…
¡Un momento!
- ¿A qué se dedica Emmett? – le pregunté en el oído tras alzarme en las punta de mis pies.
- ¿Por qué?
- Quiero asegurarme que mi amiga se queda en buena compañía.
- Quil y Collin se harán cargo de ellos.
- ¿Cómo se han hecho cargo de mí? – Me aparté de él para que me viera con la ceja alzada de incredulidad.
- Con Emmett estará segura. Además ellos van a por ti, no a por ella – refutó.
Me quedé mirándolo unos instantes pensando en las probabilidades de que esto saliese bien, o mal… tenía que hablar con Rose de ello.
- Cambio de parejas – dije separándome de Masen y robándole a Emmett a mi amiga.
- ¿Qué haces? – rugió Rosalie y si yo no fuera la mujer que asesinaba con la mirada, me habría acojonado con la que me estaba lanzando ella. Sus mejillas rojas la hacían parecer adorable.
Ignoré el enfado que emergía del cuerpo de Rose y tras meter mi pierna entre las suyas, le expliqué toda la situación en el oído. Seguimos bailando un par de canciones más, una pegada a la otra y discutiendo qué hacer, hasta que por fin me pidió que me preocupara por mí misma, que ella no iba a tener ningún problema. Emmett impresionaba y además la dejaba con dos de mis guardaespaldas, aunque no sabía a ciencia exacta lo bien que podrían hacer su trabajo, visto lo visto.
- Ahora devuélveme la pierna de Emmett. – Rodé los ojos y me alejé de ella para acercarme a Masen.
- Rosalie se queda con tu amigo y mis guardaespaldas. Soy toda tuya Masen, pero ten en cuenta que como me suceda algo vas a estar…
- Sí, despedido – me interrumpió rodando los ojos.
- No. Vas a estar perdido – dije sin aclararle a lo que me refería. Tampoco quería analizar la clase de pensamientos sexuales que corrían mi mente con él de protagonista. Sacudí la cabeza para deshacerme de ellos. – ¡Y no vuelvas a rodarme los ojos! – rugí.
Salimos del bar, con el brazo de Masen rodeando mis hombros como si fuésemos una bonita pareja, después de despedirnos de Rose y Emmett. Llegamos hasta un precioso y plateado Volvo S60. Abrió el coche con el mando a distancia y caminó hasta la puerta del copiloto aun con el brazo sobre mis hombros; abrió la puerta y me ayudó a entrar.
Una vez Masen se montó en el coche, arrancó y se puso en marcha. Estuvimos en silencio durante minutos. Me centré en mirar por la ventanilla durante todo el trayecto, hasta que me di cuenta de que el camino que Masen estaba tomando no iba a mi casa. Fruncí el ceño y me giré hacia él, pero antes de poder decirle nada, habló.
- Nos están siguiendo.
- ¿Qué? – inquirí con voz ahogada y tratando de mirar hacia atrás.
- ¡No! – su voz detuvo mis movimientos. – No te gires, así ellos creerán que no nos hemos dado cuenta.
- ¿Cómo lo sabes? – Miré su perfil serio tras el volante.
- Porque llevamos un rato dando vueltas en círculos - ¡Joder! Ni yo misma me había dado cuenta. – Si estuvieran observando a su alrededor, ya…
- ¿Son los mismos del pub? – le interrumpí.
- Sí.
- ¿Tienes algún plan?
Comencé a ponerme nerviosa aunque iba en contra de mi persona.
- Estoy esperando a que me des tu permiso – respondió sin apartar la mirada de la carretera.
- ¿Qué permiso? ¡Nos están siguiendo! – alcé la voz y retumbó por todo el coche.
- No estoy de servicio y…
- ¡Deja toda esa mierda! – bramé entre dientes. - ¿A qué esperas para distraerlos?
- A que me des tu permiso para hacerlo. – Rodé los ojos y gruñí algo que hasta a mí me costó entender.
- Haz lo que tengas que hacer – dije.
- Siéntate bien – ordenó.
Lo miré con una ceja alzada un momento y tras divagar rápidamente por mi cabeza, decidí hacerle caso; después de todo, él era el que tendría que saber manejar la situación y no yo. Me coloqué mirando al frente y me agarré al cinturón con las dos manos. Vi por el rabillo del ojo como Masen me miraba de la misma manera y, tras un atisbo minúsculo de sonrisa en sus labios, pisó a fondo el acelerador, provocando que me pegara al respaldo del asiento.
¡Oh! Esto se pone peligroso... ¿aprenderá Bella a que tiene que dejar de jugar con fuego? jijiji...
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer. Bienvenidas a las nuevas :)
Nos leemos... ¿pronto? :P
Un abrazoooo
