Todo el mundo alrededor guardo silencio al ver la escena que tenían frente a ellos, quedando completamente pasmados.

La mano de la destrucción había quedado rígida en el aire con aquella aura oscura que le rodaba, dispuesto a destruir lo que tenía frente a él.

Pero había sido detenido.

Una especie de cuerda se había aferrado a su muñeca, impidiendo que lograra el movimiento que había amagado.

Él giró con lentitud su rostro, buscando al culpable de aquella acción.

Y al verle, una gran furia que no podía controlar comenzó a acumularse en su pecho.

Era una mujer con un traje parecido al suyo, solo que de color rojo y completamente moteado, a excepción de algunas partes donde parecía predominar el negro.

Con una pequeña mascara sobre su rostro, cubriendo parte de este.

Algo dentro de él se removió y entendió entonces que se trataba de la creación.

― Detente ― Titubeo un poco, jalando levemente la cuerda que tenía sujeto el brazo de él ― No tienes que hacer esto ― Aquella petición simplemente logró que sus nervios se crisparan.

Una risa un tanto arisca salió de él, ahora tirando de la cuerda. Le pareció divertido que aquello que ella usaba para detenerlo era una especie de yo-yo.

Ella se plantó en su lugar de manera firme, intentando evitar que él de un movimiento la levantará del suelo.

― No, ya no tengo que hacerlo ― Susurró, llevando su mano libre hasta el inicio del agarre, aferrándose a la cuerda ― No ahora que estas aquí, bichito ―.

Tragó saliva al sentir como el tiraba nuevamente de la cuerda de su yo-yo, atrayéndola lentamente hasta él.

Había tenido dos encuentros con aquel que comenzó a llamar como Chat Noir y en ninguno de ellos había sentido la necesidad de huir, en ninguna de esas ocasiones había experimentado el temor.

Hasta ahora, puesto que sus ojos solo podían reflejar una furia completamente abrazadora.

Con un movimiento logró soltar el agarre de su yo-yo de la muñeca de él, evitando que le arrastrara hasta donde se encontraba.

Creyó estar a salvo, pero no fue capaz de esquivar el ataque que él le había propiciado, logrando tomarla por el cuello.

De un fuerte golpe logró que la espalda de ella chocara contra un edificio, logrando que una pequeña cortina de humo se levantará.

La creación intento toser levemente debido a que había sentido como sus pulmones se encogían por aquel golpe, pero fue en vano. La destrucción estrujo su cuello como si de un juguete se tratará, impidiéndole que pudiese respirar.

Pudo observar una sonrisa que nunca había estado en el rostro de él, sintiendo como su pecho se encogía ante aquello.

Llevó su mano hasta su brazo, logrando que un suave cosquilleo comenzara a expandir por todo su cuerpo.

Y, como si su propio cuerpo fuese el creador de aquello, un pequeño bastón comenzó a salir de su propio brazo.

De manera rápida lo colocó sobre su abdomen y, cuando él se dio cuenta fue demasiado tarde, había sido empujado por aquel bastón que se comenzó a extender sin medida, tal como el suyo funcionaba.

Había creado algo que le pertenecía a él, para defenderse de él.

Chat Noir cayó de costado en uno de los filos de un edificio, y ella pudo escuchar un gruñido de dolor por su parte.

Ella no quería que eso pasará.

Pero lo que él hacía solo parecía empeorar, solo le demostraba al mundo que sí, que él era a quien debían de temer, a quien debían de llamar como un villano.

Entendió que todo se había desatado luego de las víctimas inocentes aquella noche. Él no volvió más a aparecer por su hogar, no volvió con ninguna explicación, y sinceramente no tenía idea porque creía que él deseaba dársela, después de todo, en sus dos encuentros el usualmente intentaba convencerla de que el sí era un villano, aunque al final él lo negará sutilmente.

Lo buscó con la mirada, pero él ya no se encontraba ahí.

Y, pronto entendió que él por alguna razón deseaba acabar con ella.

[…]

Sus ojos se abrieron lentamente, intentando identificar donde se encontraba, restregando sus manos contra ellos para poder aclarar su vista.

Se encontraba en su habitación, sintiendo por fin los rayos del sol colarse por su gran ventanal, anunciando la llegada de un nuevo día.

Pero, para él realmente no importaba.

Se estiró para poder relajar sus músculos, pero lamentablemente un dolor brutal lo sacudió por completo.

Llevó una mano hacia sus costillas del lado derecho, identificando una herida, parecía ser un gran raspón, sintiendo un poco de sangre coagulada.

— Sí que te dio una paliza — Escuchó la voz burlona de su Kwami, intento ignorarlo mientras se dirigía hacia la ducha.

Comenzó a quitar su ropa para posteriormente entrar y dejar fluir el agua sobre su cuerpo.

Un leve escozor se posó sobre sus costillas nuevamente al entrar en contacto con el agua, él solo pudo hacer una mueca ante esto e intentar ignorar aquel dolor.

― No puedo creer que apareció ― Soltó en un suave susurró mientras pasaba un poco de jabón sobre su herida.

Un intensó dolor apareció, pero era necesario limpiar ese desastre.

― Creo que fue porque estas ya pasando tus limites, Adrien ― Se apresuró a decir Plagg, tomando lugar en el lavabo ― Tiene que existir un equilibrio, y tú lo estas rompiendo ―.

Adrien hizo una mueca de molestia ante las palabras de él.

― Lo seguiré haciendo hasta que tenga sus pendientes y cumpla con lo que mi padre desistió ― Bramó, dejando que el agua comenzara a retirar la espuma que había formado en su cabello.

― Ayer no fue precisamente por los pendientes por lo que atacaste ― Musitó con un tono de molestia.

― Estaba furioso, después de todo se digna a aparecer casi demasiado tarde ― Intentó restarle importancia, pero la verdad es que le era difícil.

Había actuado con una ferocidad de la cual el mismo se sorprendió, sintiéndose abrumado por sus propias acciones.

Unos segundos más y sabía que hubiese acabado con la vida de ella.

Cerró el paso del agua, enredando su cintura con la toalla blanca que se encontraba a su alcance, intentando quitar los mechones de cabello que se pegaban a su frente.

― Pero ahora te arrepientes, porque sabes que ahora París sabe de lo ocurrido ― Hizo una pausa, observando como su portador salía del cuarto de baño ― Por qué sabes que esa chica ahora lo sabe ―.

Y sí, para esas alturas Marinette ya debía saber sobre aquello.

Ella pensó que lo ocurrido con aquella familia había sido un accidente, tal como había ocurrido en realidad, pero con aquello no tenía idea de cómo ella podría reaccionar.

Tenía miedo, no podía controlar lo que comenzaba a ocurrir a su alrededor.

[…]

Aquel día Marinette no había llegado a clases.

No había sido un retardo, tampoco había avisado con anterioridad a Alya sobre aquello.

Simplemente no asistió.

Intentó que aquello no le molestara, después de todo, cualquier persona podría tener ciertos días para abstenerse de ir a la escuela; Desde enfermedad hasta compromisos familiares.

Incluso se atrevió a pensar que la chica se había quedado dormida, puesto que sabía muy bien que con frecuencia llegaba a pasar gran parte de la noche observando el paisaje que su edificio le proporcionaba y haciendo gala de sus talentos.

A mitad del día Alya le dio la respuesta su predicamento que tanto trataba de ocultar; Al parecer se encontraba algo enferma.

Ella y Nino se dirigían a su hogar para entregar los deberes y actividades hechas a lo largo del día, él por supuesto no se quiso quedar atrás, sorprendiendo a sus dos amigos.

Alya sonrió, haciendo ciertas conjeturas en su cabeza. Lo cierto era que nada se le podía escapar, y eso implicaba el repentino interés que su amigo había exterior Ado por su nueva amiga; Se rio internamente, al parecer tenia algún fetiche con las asiáticas, pensó, recordando un antiguo enamoramiento fugaz que había tenido hacia no mucho tiempo por una compañera de esgrima, Kagami.

Los tres salieron un poco decepcionados del hogar Dupain-Cheng, no por el trato de los padres de ella, ¡Al contrario!, se habían portado de manera maravillosa con el grupo de amigos, y se les veía increíblemente feliz al pensar que su hija había entablado ya amistades.

Pero, no pudieron ver a Marinette. Ella no quería salir de su habitación.

― Muchas gracias por todo muchachos, realmente apreciamos lo que hacen por nuestra hija ― Dijo la mujer, mientras los despedía por la entrada principal ― Adaptarse a una ciudad algo voluble es difícil, y ahora veo cómo es que la lleva de maravilla ― Agregó.

Comenzaron a caminar de regreso al instituto, ahí era donde el modelo y afamado ángel de parís esperaba paciente su transporte, mientras sus dos compañeros le hacían compañía.

― Alya ¿Marinette te comentó algo más por mensaje? ― Preguntó Adrien, algo impaciente por la respuesta.

Ella negó con la cabeza.

― Soló sé que se siente mal, y que no tiene ánimo para nada ― Contestó, releyendo el mensaje de su ahora, nueva amiga.

Y, por primera vez en lo que iba del día, él no pudo evitar sentir un ápice de culpabilidad sobre si, dándole un poco más de peso extra sobre sus hombros.

Se preguntó por qué se sentía así, quizás ella solo estaba teniendo un resfriado, él no era culpable de eso.

Pero, quizás sí había destrozado un poco su esperanza.

Al caer la noche se mostró impaciente sobre aquel tejado ajeno, observando fijamente el tejado de ella, esperando que saliera.

Pero no sucedió.

Marinette no salió esa noche.

Tampoco la siguiente.

[…]

Llevó su mano hasta su cabeza, buscando con desesperación su almohada extra para colocarla y poder cubrir sus oídos, intentando aminorar el ruido que se producía en su pequeña terraza.

Había entrado en pánico.

Después de seguir el consejo de Tikki e intentar detener a Chat Noir con las habilidades de su ahora Kwami, las cosas no resultaron bien.

Ella había terminado levemente herida, con pequeños rasguños sobre su cuello donde el antes nombrado había clavado sus garras con el fin de sofocarle, de provocarle daño.

Vio algo en él que pensaba que no existía, un deseo de acabar con todo. No había ningún rastro del confundido Chat Noir con él cual había entablado conversación.

Su cuerpo se estremeció cuando lo escuchó llamarla una vez más, golpeando con gentileza la pequeña trampilla que daba directamente hasta su cama.

― Marinette, suena muy mal ― Murmuró Tikki, quien se acomodaba a un costado de ella ― ¿Qué piensas hacer? Yo, dejaré que tu tomes las decisiones, no te arriesgaré de nuevo ― Le dijo, desviando su mirada con culpabilidad.

Ella se había sorprendido, nunca pensó que el portador de Plagg comenzará con un comportamiento tan bestial, pero escucharlo así en aquellos momentos con leves suplicas le hacían pensar que, en efecto, su portadora podía ser más útil sin su ayuda, más bien, sin su magia.

Pero ella había sido herida, y no tenía idea si aquello generaría una repulsión total por él.

Marinette suspiró, acariciando con suavidad la pequeña cabeza de su nueva amiga, intentando tranquilizarla.

Tomó su suéter, subiéndolo por completo para poder cubrir su cuello junto con sus heridas, saliendo por fin a su azotea.

― Marinette ― Fue lo primero que alcanzó a escuchar. Él le tendió una mano para que logrará salir, y cuando ella la aceptó, tiró de su menudo cuerpo hacia él.

Rodeándola, abrazándola.

Asegurándose de que ella no se fuera, de que no la dejará.

Aquel gestó, en cualquier otro momento a ella le pudo parecer algo tierno, e incluso podría atreverse a pensar que satisfactorio.

Pero los recuerdos de aquella noche la invadieron, logrando que se estremeciera.

Sintiendo como poco a poco le faltaba aire.

― ¿Por qué estás aquí? ― Preguntó ella, en un leve titubeo.

Su cuerpo temblaba, pero al sentir como él la estrechaba con suavidad entre sus brazos dudó de que fuese de terror.

No era el bicho que el había intentado eliminar, era Marinette quien se encontraba frente a él.

― Me haces sentir bien ― Se limitó a contestar, aspirando el aroma que emanaba ella de sus cabellos ― Es difícil de explicar, pero me haces sentir que no soy un monstruo, y tenía miedo ― Admitió ― De que, por los sucesos, en realidad lo pensarás ―.

Marinette se separó del suave abrazo que él le otorgaba, observando nuevamente la confusión en su rostro.

Se sintió tonta, porque creyó en él.

― La familia del edificio, fue un accidente, ¿No es así? ― Preguntó, llevando su mano derecha hasta el pecho de él, sintiendo el fuerte palpitar de su corazón.

― Lo fue ― Aseguró, bajando levemente su rostro.

Tragó saliva, quería preguntar por el incidente que ella misma había vivido, pero no pudo hacerlo.

Realmente no quería saber si en realidad planeaba matarla en aquel instante.

― La chica, era lo que buscaba ― Agregó, sintiendo como ella se tensaba ― Yo uso magia, con este anillo ― Señalo su joya, haciendo una mueca indescriptible para ella ― Ella, con sus pendientes, y los necesito ―.

Marinette tragó a la saliva al escuchar como él excusaba sus acciones.

― No quería hacerte daño, parecía que lo disfrutaras ― Aunque no había sido una acusación como tal, para él muy en el fondo le había sonado como una.

― Lo sé ― Respondió con simpleza ― Algo va mal conmigo ¿Sabes? Siento que en ocasiones solo quiero destruir cosas, y puedo verlo, Marinette ― Hizo una pausa, sintiéndose levemente derrotado ― Sé que hay maldad en mi ―.

Quería gritarle que se encontraba equivocado, tanto en sus declaraciones como sus acciones, pero nada salió de su boca.

― ¿Por qué lo haces? ― Preguntó. Era la segunda vez que ella le hacia esa pregunta.

― Por mi madre ― Respondió, sincerándose ― Si junto ambas joyas, puedo traerla de regreso conmigo.

Marinette sintió pánico ante la seguridad con la que él hablaba.

― No creo que le hubiese gustado ver lo que haces ahora, por recuperarla me refiero ― Susurró, observando de reojo su anillo.

― Lo sé ―.

Él sonrió un poco para ella, quitándole cualquier ápice de miedo que ella podía sentir ante su presencia ante los nuevos eventos ocurridos.

Chat Noir tenía algo especial con Marinette, buscaba de su calor y lo pudo comprobar aquella noche que, después de compartir aquellas palabras simplemente se acunó en sus brazos.

Supo entonces por sus acciones que había estado preocupada por lo que ella pensará.

Aquella fue la tercera vez que habló con Chat Noir y supo en realidad sus motivos. Fue la primera vez que lo había acunado entre sus brazos. Y sí, sabía que su papel era detenerlo, entonces ¿Por qué no hacerlo ayudándole a cumplir su propósito? Nada era completamente bueno, y sus pensamientos se lo demostraron.

También fue la primera vez que notó como todos sus sentidos se nublaban ante él.

Para él, fue la primera vez que admitió para sus adentros que ella le hacía sentir de un modo extraño. Sí, era la luz que lo mantenía un poco cuerdo, pero notó que ahí había algo más.

Fue irónico; Ella lo hacía sentirse un poco bueno, mientras que él la hacía sentirse un poco mala.