Capítulo 6 La lucha de poder… por el poder.
Otro día más buscando a ese maldito. Y en su camino encontraron… las típicas batallas entre humanos por la obtención de más poder y riqueza. "Basuras despreciables. Se dejan dominar por sus ambiciones". Sería mejor evitarlos.
Sesshōmaru se detuvo un instante, dirigiendo una mirada gélida a la batalla que transcurría enfrente de ellos, a la lejanía. Los soldados no habían notado su presencia, estaban concentrados en su lucha.
¿Qué ocurre Señor Sesshōmaru? — preguntó la pequeña niña de negros cabellos y grandes ojos cafés, la cual montaba sobre Ah – Uh, con Kohaku junto a ella. El muchacho miró fijamente al Daiyōkai, después de ver a la lejanía, hacia donde dirigía su mirada ambarina.
Jaken, — le dijo el gran demonio a su sirviente — monta en Ah – Uh y elevémonos un poco.
Como ordene amo bonito — contestó Jaken, que también había notado la presencia de los molestos humanos.
Rápidamente montó en el dragón, y se elevaron primero que el Daiyōkai.
Sesshōmaru ascendió suavemente, sin mirar a sus acompañantes y sin dejar de observar la batalla. A una altura prudente, avanzaron sigilosamente. Lin y Kohaku observaron desde arriba a los soldados.
Son soldados. — señaló el muchacho a su compañera — Están peleando por nuevas tierras para sus señores.
¿Por qué hacen eso? — preguntó la pequeña, mirando a su amigo con curiosidad.
Pues… — dudó Kohaku — creo que porque quieren tener más poder sobre los demás.
Más poder… ¿quién no quisiera? Sin embargo los humanos tienen una idea equivocada del poder. Y si lo tienen… no lo saben controlar. Sus debilidades los dominan. Los humanos no merecen más poder… ¿o si?
¿Para qué quieres más poder? — le había dicho su padre hace cientos de años — ¿Tienes algo que proteger?
¿Poder para proteger… algo?
Y eso le hizo recordar… una lucha de poder que involucró una vez más la vida de esa dulce pequeña que lo acompañaba.
Sintió la fuerza que hacía mucho tiempo se había perdido… y sonrió brevemente complacido al pensar que al fin podría adueñarse de ella… y cumplir por lo menos con uno de sus deseos de hace doscientos años atrás. Tal vez parte de la herencia le fue negada, y ésta otra oculta, lejos de su alcance. Pero ahora se encontraba nuevamente en este mundo, y él la tomaría.
Regresaron sobre sus pasos. Jaken también había sentido el poder maligno, proveniente de ese extraño lugar, el pozo devorador de huesos ubicado cerca de esa aldea de humanos que Inuyasha, el medio hermano de su Señor, solía frecuentar. Y no le gustó la sutil sonrisa de su amo. No sabía si esperar algo bueno de eso. "El amo Sesshōmaru es tan impredecible". Lin también notó algo extraño, y más cuando su Señor quiso volver ahí, a ese lugar por donde casi nunca le gustaba pasar.
Señor Jaken, — preguntó un poco… cautelosa, pues el comportamiento del gran demonio le pareció diferente — ¿qué ocurre?
No lo se. — le contestó el ser verde en un susurro, temeroso de decir una palabra que a su amo no le gustara — Pero seguramente es algo importante.
Siguieron a una distancia prudente a su Señor. En ese momento… se detuvo.
"Así que Inuyasha tiene a la Souunga" pensó Sesshōmaru al sentir también la presencia de su hermano, y se le dibujó una pequeña mueca de disgusto. "No se conforma con haberme quitado a Tessaiga, pero… ¿cómo diablos la consiguió ese mal nacido?" Apresuró su andar y dejó atrás a sus acompañantes.
¡Señor Sesshōmaru! — le gritó Lin. Jaken abrió de más el pico — ¡Apúrese señor Jaken, o nos dejan! ¡Rápido Ah – Uh! — le ordenó al dragón para que no perdiera de vista al amo.
Ah - Uh obedeció y avanzó más rápido… lo suficiente como para no quedarse muy atrás.
"El poder de Souunga" volvió a pensar Sesshōmaru al sentir la terrible descarga de energía. "La Souunga no puede ser controlada por un ser tan débil como esa escoria". Llegó a donde se encontraba el Hanyō, que batallaba contra el dominio de la terrible arma, la cual estaba firmemente atada a su mano.
En cuanto se percató de su presencia, Inuyasha lo encaró. Su rostro reflejaba esas duras facciones que adquiría cuando era controlado por el instinto de bestia que reside en su interior. ¡Cómo si pudiera llegar a eso!
Sesshōmaru, — habló con su áspera voz — aléjate de aquí y no te entrometas en mis asuntos — al tiempo que forcejeaba contra sí mismo.
"¿Tus asuntos?" pensó el Daiyōkai con furia "La Souunga no es asunto tuyo, no eres digno de ella".
Sesshōmaru, — se oyó otra voz — ¿así que aún deseas poseerme como antes? — la espada era la que hablaba — ¡Qué pena que para ti sólo haya sido el arma más débil!
Cállate escoria y no hables más. — contestó el gran demonio — ¿Cómo te atreves a pensar que una basura como tú puede controlar ese gran poder? — se dirigía a su hermano, el cual seguía luchando en contra de la espada.
Jaken y Lin se habían acercado, pero prefirieron mantenerse a una distancia prudente, ocultos tras unas rocas. Observaron el rostro endurecido de Inuyasha… y no les gustó para nada.
Es mejor permanecer aquí Lin. — le dijo Jaken a la pequeña, que parecía querer estar cerca de su Señor — No hay porque entrometerse en su pelea.
Oiga señor Jaken, — preguntó la niña con un poco de temor — ¿por qué siempre el Señor Sesshōmaru pelea contra el señor Inuyasha? ¿Acaso no son hermanos?
Pues si pero… — iba a contestar el pequeño demonio, cuando en ese instante los dos hermanos empezaron a pelear — ¡Guarda silencio! — le espetó a la chiquilla y se escondieron un poco más, lo suficiente como para no perder detalle de la lucha.
La Souunga controlaba nuevamente a Inuyasha, y le estaba dando algo de batalla a Sesshōmaru, que utilizaba hábilmente a Tōkijin, pero no era tan fácil como cuando lo enfrentaba en una pelea normal. Esta vez tuvo que emplearse un poco a fondo. Por un momento parecía que el Hanyō, manejado por la espada maldita, vencería al Daiyōkai.
¡Ríndete Sesshōmaru! — habló nuevamente la espada — ¡Los dos se irán al infierno junto con su padre!
Inuyasha empujaba a Sesshōmaru hacía un despeñadero. Lin y Jaken se asustaron. "¡Señor Sesshōmaru!" gritaron al unísono. El gran demonio notó la presencia de sus acompañantes y vio por un instante el miedo en los lindos ojos de "su" pequeña. Se recobró y de un rápido movimiento… empujó a su hermano y soltó a Tōkijin para tomar a Tessaiga del obi de Inuyasha y lanzarle… un Kaze no Kizu. Por un pelo no es alcanzado por el ataque de su propia espada, aún así voló un poco para atrás y cayó como fardo (a Sesshōmaru le sale mejor que a Inuyasha).
El campo protector de Tessaiga hirió una vez más la mano del Daiyōkai. La dejó caer mientras respiraba algo cansado. La Souunga no sería fácil de dominar. Estaba llena de odio y rencor hacia su padre. "El amo Sesshōmaru se ve agotado, nunca lo he visto así", pensó Jaken con preocupación. "¡Pobre Señor Sesshōmaru!", Lin también lo veía y en su pequeño rostro se reflejaba… sus ganas de querer estar junto al gran demonio y poder ayudarlo. Inuyasha se levantó, aún controlado por la espada.
¡Qué sujeto tan persistente! — observó Jaken.
Se ve que aún nos falta algo de sangre — dijo la espada. Inuyasha volteó a ver a los seres que estaban a su alcance… cayó cerca de donde Lin y Jaken se habían ocultado — ¡Ve por ellos! — ordenó la espada, y el semidemonio se abalanzó sobre los dos, con el arma en alto, dispuesto a descargar un golpe mortal.
Los pobres huyeron despavoridos y por poquito son cortados por la espada. Jaken había tratado de hacerle frente con el Báculo de Dos Caras. "¡Señor Sesshōmaru!" gritó la pequeña con miedo, al ver el terrible rostro del Hanyō. Utilizando lo que le quedaba, el Daiyōkai se levantó tan rápido como pudo, dispuesto a atravesar nuevamente con sus filosas garras con veneno a esa escoria de su hermano. Ese maldito no se atrevería nunca a tocar a "su" niña. No le permitiría sacrificarla para darle más poder a la Souunga. En eso…
¡OSUWARI! — el grito de la joven mujer que acompaña a Inuyasha, hizo que Sesshōmaru se frenara un poco.
Ella se abalanzó sobre el Hanyō, y lo tomó de la cintura, queriendo contenerlo. El poder espiritual se manifestó en el extraño rosario que su hermano lleva al cuello.
¡OSUWARI! — gritó más fuerte. Inuyasha, bueno, la Souunga, intentaba librarse de esa energía sagrada — ¡OSUWARI! — esta vez funcionó, y Souunga voló por los aires mientras que la fuerza del conjuro azotó a Inuyasha… y también a Aome (pobrecita, casi le cae Inuyasha encima, por eso quedó tan mal).
El corazón de Sesshōmaru recuperó un poco su latir. La Souunga había dejado a Inuyasha y por el momento… la pequeña Lin estaba salvada. Pero eso no acababa todavía. La espada maldita no se rendiría y él… tenía que tomarla y alejarla de la escoria de su hermano… y de los otros seres ambiciosos de poder, un poder que solamente él podría controlar. La Souunga tendría que ser suya o volver a desaparecer. Si Souunga seguía alimentándose de odio…
Se alejó de ahí en cuanto llegaron los amigos de su hermano. Ya había notado la presencia de un sirviente de su padre, desaparecido también junto con la poderosa espada. No podía perder más tiempo. Sus acompañantes, especialmente Lin, estarían mejor con ellos.
Caminaba pausadamente, recordando las palabras que su padre le dirigiera ese día, doscientos años atrás, antes de que se entregara a la muerte… por proteger… la vida de esa mujer y su despreciable descendencia.
¿Tienes algo que proteger?
Y esas palabras, hace mucho tiempo iban y venían en su memoria, pero ahora le sonaban más claras… sin saber por qué.
Siguió el rastro de la espada, lo había perdido por un instante, pero volvió a percibirlo. "¿Qué tienes planeado, Souunga?" pensó al darse cuenta hacia donde se encaminaba el arma.
Llegó al lugar, y se abrió paso entre las altas cañas de bambú. Alguien más se encontraba allí. Inuyasha. "¡Mph!" volvió a pensar el Daiyōkai al notar la presencia de su hermano "esta basura si que es testarudo". Se acercó a donde momentos antes estaba enterrado el cadáver… de un estúpido soldado.
Setsuna no Takemaru. — se sonrió un momento — ¿Por qué escogiste a este infeliz? — dijo, como conversando con la espada.
¿Acaso lo conoces? — le preguntó Inuyasha. Lo había dejado pasar sin haberle dicho nada — ¡Pero si esta es una tumba humana! ¿Qué tienes que ver con él?
Sesshōmaru volteó a ver a su hermano con sus fríos ojos ambarinos. Había decidido ignorar su presencia, pero… ¿el pobre iluso pensaba que podría derrotar a esa poderosa espada, siendo lo que era, un simple… Hanyō? Bueno… su ignorancia y estupidez a veces le colmaban la paciencia.
Eres un pobre idiota… que no conoce bien sus orígenes — le dijo con calma, pero con un tono endurecido.
¿Qué quieres que sepa, tarado? — le espetó enfadado su hermano — Si tú lo sabes, dímelo.
Este desgraciado es el culpable de la muerte de mi padre — le dijo con la voz cargada de furia — por la basura de tu madre. Y te sientes digno de enfrentarte a la Souunga, sin siquiera conocer el rostro de él, imbécil.
¡Keh! Mira miserable, — lo enfrentó, desenfundando a Tessaiga — puedes decir lo que quieras pero de eso no me avergüenzo, — y lo fulminó con la mirada — no te creas tan importante porque tú si lo conociste y yo no. Y no te necesito para vencer a esa espada.
Escoria… morirás — sacó a Tōkijin y lanzó un ataque potente.
Inuyasha esquivó con algo de trabajo varios golpes del Daiyōkai. Las cañas cortadas caían por montones. El filo de Tōkijin es imparable. Sesshōmaru preparó su mejor ataque… el "Souryuha". El Hanyō cargó con todo.
¡Probarás el poder de Bakuryuha! — y lanzó el golpe, utilizando también la energía que salió de Tōkijin.
Sesshōmaru esperó el mejor momento para contraatacar, teniendo frente a él a su espada, en posición de defensa. Y mientras tanto pensaba… nuevamente en su padre. "Sólo yo puedo superarte, padre". Así que contuvo el Bakuryuha con Souryuha… y se lo regresó a Inuyasha. Si no fuera por el campo protector de la funda de Tessaiga… el Hanyō no lo contaría. "Mi poder no es despreciable" pensó Sesshōmaru al tiempo que se alejaba, sin dignarse a ver a su hermano, tirado entre los restos de las cañas de bambú; ninguna quedó en pie ante la potencia del ataque. "Veremos que puede hacer Souunga con ese desgraciado". Y volvió a seguir el rastro de la espada.
Andando, meditaba en muchas cosas. La Souunga… una espada difícil de controlar, le constaba muy bien que su padre no la había dominado del todo. Era un arma voluntariosa. Capaz de desatar caos si el que la poseyera estaba cargado de malos deseos; podría abrir las puertas del inframundo y terminar con la vida como la conocemos. Únicamente quedaría devastación y almas en pena. La Souunga, en manos equivocadas… sería letal. Su padre no confió en él, por eso…
Tenseiga es para ti, Tessaiga para Inuyasha, pues él la necesitará más que tú. — le dijo ese lejano día — Souunga no esta a discusión. La ocultaré lejos, en donde no pueda hacer daño ni caer en manos equivocadas. No necesitas más poder.
Poder… claro que le interesaba tener poder, ser más que su padre. Aunque ya era ampliamente reconocido como el hijo mayor de Inu no Taishō, el Gran Señor del Oeste. Y era respetado por muchos, temido por varios, tal vez hasta odiado. Nadie, nunca, ponía en duda su gran poder… pero si tuviera más…
"Padre" pensó nuevamente al tiempo que se acercaba al lugar donde la Souunga se encontraba… utilizando a ese pobre cadáver inmundo, hundido en su pena, "no entiendo por qué me negaste también a Souunga. ¿Acaso pensaste que… me dejaría dominar por su voluntad?" Y esta vez, sus finas facciones reflejaban ira y decepción ante lo que su padre le había hecho. La humillación.
Nota de la autora: La batalla aún estaba por comenzar, y él entendería algunas cosas que Inu no Taishō siempre había tratado de mostrarle. Especialmente… la protección y el amor hacia los seres que incondicionalmente te lo brindan. Y eso era de vital importancia… para poder realmente superarlo.
