NOVA
Escrito por Blessende / Traducido por Maru de Kusanagi


NOTA: Ha sido un poco aventura traducir esta mini historia. No fue mi intención tardar tanto. El fin de semana, espero volver con la historia principal.


Capítulo 6

~.~

La mañana siguiente, Levi fue al living y lo halló, muy para su disgusto, vacío. No había rastros del muchacho, y tampoco de su segundo al mando. Maldijo levemente por lo bajo, y estaba listo para pedir auxilio a Gale, cuando oyó un gemido, que sonaba trágico, emergiendo del armario de provisiones.

El hombre de pelo rebajado suspiró, y procedió a rescatar a un muy molesto droide, de las profundidades del closet. Krobe se veía encantado de verlo. El droide le regaló lamidas, ladrando a su amo su gratitud, meneando la cola.

Una cola que tenía un rollo de papel atado a ella, se percató Levi.

El guardián la sujetó.

Curioso, quitó el papel del perro hiperactivo y lo desenrolló.

Era una nota breve. La letra manuscrita del joven era apenas legible, como si la hubiera hecho a los apurones.

Levi,

Antes de que digas algo, sip, tu perro se lo merecía.
Y sí, voy a regresar. No por todo lo que dijiste. O porque tuvieras la razón. Te sigo odiando. Chantajeas a la gente: puedes ser un desgraciado convincente, y decir lo que quieres.
Pero, gracias.
Por todo.

Tuyo
(espero)
Eren
(Sigo sin apenarme por el perro)

PS: La próxima vez que me quede, te voy a dejar aprovecharte de mí.

Levi dobló la nota y la guardó, aguantándose la sonrisa que amenazaba asomarse. Se detuvo a mirar a Krobe, que mascaba la media de Eren, descargando su furia en ello.

'Se está volviendo atrevido, ¿no?', le preguntó al droide.

Krobe alzo una oreja.

'Y que lo digas', pareció responderle.

..-..

Durante una ventosa tarde de noviembre, Eren se sentaba en el porche de su casa, con las piernas cruzadas debajo suyo. Luchaba con una caja de cartón y cinta adhesiva, que llevaba el título de "colecciones", cuando un silbido en la puerta le hizo levantar la vista.

Y allí estaba Hannes, un rostro amigable, que le saludaba con una sonrisa.

'Hey', le dijo, con un saludo, Hannes.

Eren arqueó una ceja.

'¿No se supone que deberías estar patrullando?', dijo el joven.

Hannes suspiró, mientras cruzaba la puerta y se acercaba para reunirse con el chico en el porche. Se sentó junto a Eren, y estiró los brazos, con una mueca.

'Mira, Chico Detective, sé cómo hacer mi trabajo, ¿está bien? Y, para que sepas, acabo de terminar un turno de doce horas, más un discurso motivacional en un preescolar.'

Eren se le acercó y olisqueó el aire alrededor de Hannes, con sospecha.

'¿Cuántas de esas doce horas fueron en el pub, viejo?', le preguntó, riendo. 'Apestas a alcohol, lo sabes, ¿no?'

Hannes hizo una mueca.

'Bueno, bueno, a lo mejor tomé un trago. Uno o dos, nada más.'

'¿Uno o dos?', repuso Eren, escéptico, mientras mordía el borde de la cinta.

El policía se agachó y miró el contenido de la caja. Alargó la mano y sacó una figura del Doctor Octopus. Mostrándose confundido, volvió a estirar la mano y sacó otra. Batman, decía la base.

'¿Sigues guardando estos juguetes? ¿Qué edad tienes?'

'¡Devuélvelo!', espetó Eren. 'Nadie te dio permiso para tocarlos. Y no son juguetes. Son figuras de colección. En unos años, valdrán una fortuna.'

'¿Ajá?', repuso Hannes, levantando una figura medio vestida de la Mujer Maravilla. Esta vez, él sonó escéptico.

'Por supuesto', dijo el joven, mientras volvía a empacar.

'Y, ¿te los vas a llevar al dormitorio, ¿eh?', dijo Hannes. El oficial de policía se volvió a mirar a la casa, al porche vacío, las sogas de ropa desiertas, el corredor y el aviso de desalojo en la puerta. Una brisa sopló entre los sicomoros del jardín, sus hojas susurraron al viento. El silencio era pesado, y sabía que era peor para el muchacho. Una semana atrás, Eren ingresó a su madre en el Stanley Memorial. No fue decisión fácil, y Hannes lo sabía. Había visto al adolescente prometerle a su madre que siempre estaría cerca. Que no había de qué preocuparse.

'Así que, te quedarás en la Uni… Carla en el hospital. Vas a estar lejos. Te extrañaré, chico. A los dos, también a Carla. No será los mismo sin ustedes.'

El chico se quedó paralizado ante esas palabras. Sonriendo apenas y renuente, asintió.

'Sí, también te extrañare, Hannes. No me manejes borracho, viejo. Espera a que vuelva de la universidad.'

Hannes rio ante la broma. Volvió a rebuscar en la caja y sacó otro muñeco de extraño aspecto. Era un hombre, con un pie delante, que vestía una rara mascara blanca de manchas negras, un sombrero fedora y gabardina. Y sostenía un cartel.

El Fin se Acerca.

'Ja', rio para sí. '¿Quién es este tipo raro?', preguntó, curioso de si podría sacarle el cartel.

'¡Oye!', le advirtió Eren, con ojos sorprendidos. 'Cuidado, es una pieza única. Y, vamos, no es raro. Se llama Rorschach.'

'¿Rosas?', preguntó Hannes.

'No rosas. R.O.R.S-', Eren lo vio reírse, y suspiró. '¿Sabes qué?, olvídalo.'

Hannes apartó la mirada del "juguete" (carajo, figura), y se volvió a mirar a Eren, con gesto estúpido.

'Y, ¿qué hace este tipo?', preguntó, solo para ser educado.

Eren, quien había estado peleando con un trozo de cinta, alzó la mirada, confundido. '¿Ah?'

El policía barbudo miró analíticamente largo rato a Rorschach.

'Digo… ¿cuál es su poder especial? El chico murciélago tiene plata. El de metal el traje. Doctor Octopus… muchos brazos. ¿Qué hay con este?'

'Rorschach no tiene ningún súper poder. Es sólo un tipo común... que salva gente.'

Para la incredulidad de Eren, el viejo barbudo no le oía. Miraba al cielo, distraído por una imagen maravillosa. Hannes tomó la cabeza de Eren y la guio al cielo, ansioso.

'¡Mira, MIRA!', le dijo.

'Ay, ¿mirar qué?', resopló Eren.

'¡Una estrella fugaz!'

'Es un meteorito, Hannes. Vamos, viejo, hasta los nenes de primaria lo saben.'

Hannes se rascó la barba crecida, desilusionado.

'Bueno, sabiondo, es un meteorocosa. Ahora, ¿vas a mirarlo?

Eren no respondió, pero alzó la vista al cielo sobre Sylvan. Logró ver el meteoro y su ardiente cola que cruzaba el vacío. La imagen era impresionante. Hannes soltó un ligero silbido de apreciación.

'¿Sabes, Eren? Estos meteorocosos te hacen poner filosófico. Te hacen preguntarte… cuán pequeños somos en verdad. Eso, de que no podemos estar solos en este gran y cruel universo. ¿eh?'

El joven castaño observó el rastro de humo deshacerse.

Un meteoro.

¿A dónde iría? ¿Cuán lejos habría viajado? ¿De dónde vendría? Sonrió, y se preguntó si habría conocido a cierto guardián cara de póquer suyo.

'Sí', dijo Eren. 'No estamos solos.'


-FIN-