Candy entró apresuradamente a la casa y George lo notó
-Señorita Candy, ha palidecido ¿Le ocurre algo?
-No es nada George.
-¿A qué vino Arthur? Espero que nunca regrese -pensó Candy.
Arthur Robertson fue con premura a la oficina del Alcalde William Hale, para pedirle que clausuraran la barbaría a Albert.
-Arthur ¡Por favor! estamos en tiempo de crisis, la gente busca la manera de sobrevivir, estamos promoviendo el auto empleo, no se cobran impuestos altos a fin de ayudar a la ciudadanía, definitivamente no te puedo complacer.
-¡Mira como me dejó! ¡Me rapó por completo!
-Lo que puedes hacer es reclamarle y que te devuelva tu dinero.
Arthur se fue molesto de la oficina del Alcalde.
Ese día en la cena…
-Mañana me daré a la tarea de buscar empleo-dijo Candy.
Todos se pusieron tristes por la noticia.
-No saldrás sola Alistair y yo te acompañaremos, nos iremos en el auto-comentó Albert.
La señora Elroy tuvo mejoría desde que Candy y su hijo llegaron, por lo que no requería tanta atención y George se quedaría cuidando de ella.
Al siguiente día, Albert la llevó a los hospitales a rellenar solicitudes de empleo, cuando Candy salió del último hospital pasó por donde habían dos hombres conversando, ellos la desnudaron con la mirada, Albert se dio cuenta de la acción y la alcanzó para tomarla de la cintura mirando desafiante a los tipos y estos se retiraron del lugar.
-Pequeña, debes usar una gabardina que te cubra por completo.
-No hay tanto frío
-Entonces desde ahora cada vestido que te vayas a comprar deberás verificar que no te queden ajustados y que te tapen las pantorrillas, llamas mucho la atención.
Candy pensó: ¿Qué le pasa a Albert? él nunca ha sido posesivo.
Albert la jaló más hacia él, con la otra mano sostenía la manito de Alistair, los tres fantasearon que eran una familia.
Al pasar por Navy pier vieron que se había instalado una feria por lo que le prometieron al pequeño Alistair que regresarían el fin semana para llevarlo de paseo.
-¡Yo quiero que mi abuelita venga con nosotros!
-¡La invitaremos!
-También quiero que nos acompañe George.
-También le diremos-respondió Albert
Al llegar a la casa Andrew…
-¿Y bien como les fue?-le preguntó la señora Elroy a Candy.
-Espero que bien, di el teléfono de la tienda cercana para que me den el recado.
-Esperemos que te contraten así podremos comprarle juguetes al niño.
Candy sonrió pues sabía que la señora Elroy ya estaba encariñada con Stear.
Llegó a la peluquería la esposa del Alcalde.
-Señora disculpe, pero no atiendo a las damas sólo me especializo en cortes para caballero.
-Mi esposo me dijo que te habías vuelto peluquero, me dio mucha curiosidad y tenía que verlo por mí misma.
-Vaya, le sirvo de entretenimiento.
-No es eso William Andrew, tú eres de los pocos que están saliendo a flote, varios se suicidaron al quedar arruinados, me alegra que estés bien, espero que no caigas en depresión.
-Gracias por sus palabras y verá que no caeré.
La mafia se había apoderado de la ciudad de Chicago gángsters como Al Capone, Dion O'Banion, Bugs Moran y Tony Accardo asolaban las calles, se habían vuelto inseguras, por lo que no les convenía alardear a los que tenían negocios prósperos, la mafia le cobraba a los comerciantes cuotas permitiéndoles seguir operando. Por lo que Albert no se apuraba en sobresalir.
El sábado siguiente fueron a la feria, la Señora Elroy y George no quisieron ir.
Pasaban por los puestos y Alistair quería participar en todos los juegos, habían pasado 6 y Albert no había ganado ningún premio, por lo que Candy se aventuró en el próximo que consistía en trepar un tronco encerado.
-Candy ¡Tu falda! –alcanzó a decir Albert y Candy ya se estaba trepando.
Varios se pusieron alrededor para presenciar la hazaña de la rubia que sólo tardó unos segundos y logró alcanzar la banderita. Le dieron de premio al pequeño Alistair un conejo de peluche.
Había otro juego donde lucharían dos hombres arriba de una tabla, el que tumbara al otro en una piscina de colchonetas sería el vencedor y ganaría un juguete para su hijo.
Albert subió, Alistair y Candy lo animaban pero luego observaron a la otra familia que miraba con esperanzas de que el rival de Albert ganara algo, se escuchaba el grito desesperado del otro niño que estaba humildemente vestido, Albert también se fijó en aquel niño, Alistair gritó: ¡No importa si pierdes papá, de todas maneras así te quiero! Con eso, Alistair le daba la autorización a Albert para que se dejara vencer, este se dejó caer para que le dieran el premio al otro hombre, ellos observaron lo feliz que se había puesto aquel niño cuando le dieron un camión de juguete.
Los rubios suspiraron por la buena obra que habían hecho. Subieron al carrusel a Alistair, Candy recordó cuando Anthony y ella habían estado en uno, Albert sabía en lo que ella pensaba.
Pasaron por un puesto de periódicos y el titular decía que El gran Actor Terrence Graham incursionaría en el mundo del cine, Albert se puso serio cuando vio que Candy agarró el diario para leerlo, él pensó que lo compraría pero Candy lo dejó en el mismo lugar.
Subieron a Alistair a una rueda que contenía varios columpios mientras giraba Albert preguntó: ¿Por qué no me quieres decir quién es el progenitor de Alistair?
-Por favor Albert, si quieres que siga en tu casa, no me vuelvas hacer esa pregunta.
-Está bien no volveré abordar el tema ¿Qué sentiste al ver la foto de Terrence en el diario?
-Me alegra por él, sigue cosechando triunfos.
-¿Sabías que quedó viudo?
-Sí, me escribió una breve carta.
-¿Qué le contestaste?
-No le contesté nada.
Albert respiró aliviado.
Por fin llamaron a Candy del Hospital del St. Luke, le dijeron que había una vacante y que iniciaría el lunes siguiente. Sería el cumpleaños número 70 de la señora Elroy, Candy horneó un pastel para celebrarlo, Albert ese día compró camarones, se darían un festín porque los cocinaría empanizados.
Alistair estaba entusiasmado, había planeado hundir la cabeza de la señora Elroy cuando le diera la mordida al pastel, lo llenaron con velitas encendidas, Stear la ayudó a soplar para apagarlas.
Animaron a la señora Elroy diciendo: ¡mordida! ¡mordida!
Stear le hundió la cabeza y al momento que la alzó el niño empezó a gritar del espanto al ver que la dentadura postiza de la señora Elroy había quedado enterrada en el pastel.
-¡Perdón abuelita no pensé que te tiraría los dientes! ¡Perdóname! ¡Mamá no me vayas a pegar por tirarle los dientes a mi abuelita!
Albert se reía, la señora Elroy agarró la dentadura y se la puso en la boca, Stear se quedó asombrado, la señora Elroy lo miró y se la sacó un poco a fin de asustarlo, el niño se cubrió los ojos, ¡Me va a comer! ¡Mamá me va a comer!-lloraba el niño.
-La señora Elroy se carcajeó y le dijo: Es una dentadura postiza, no te voy a comer.
-¿Son dientes falsos?
-Sí, mi verdadera dentadura la perdí hace algunos años.
-¡Abuelita me asustaste! ¡Pensé que eras una wampira!
-¿Wampira?
-Stear, quiere decir vampira-dijo Candy.
La señora Elroy pensó: Hubiera querido que este pequeño fuera el hijo de William, en poco tiempo lo he llegado a querer más de lo que imaginé.
Albert llevó a Candy a su primer día de trabajo, entraba a las 7 am y saldría a las 3 de la tarde. Después él con el pequeño Alistair atendían la barbería mientras George cocinaba el almuerzo. A las 3 de la tarde, esperaba a Candy con Alistair para regresar a casa.
Todos en el hospital pensaron que Albert era el esposo de Candy.
Al llegar a casa George le pasó una carta a Candy de Archie la cual decía:
Querida Candy: nos llegó una carta de la tía Elroy donde nos dice que regresaste a Chicago para cuidar de ella, nos cuenta que se ha enamorado del pequeño Alistair, te agradezco que le hayas puesto el nombre de mi hermano, tengo sentimientos encontrados por un lado me siento tranquilo de que la tía esté bajo tu cuidado pero por otro lado siento celos porque estás bajo el mismo techo del tío William, no sabes cuánto me ha costado callarme y no poder decir lo que ocurrió aquella noche en esa habitación, ahora me debo a Annie pero bien sabes que deseaba hacerme cargo de ese pequeño pero tú no me lo permitiste, espero que algún día me permitas decir la verdad. Con cariño Archibald Cornwell.
Candy arrugó la carta se acercó a la chimenea y la tiró para que se quemara.
