Disclaimer.
Advertencias.
Nota: Este capítulo es LARGO. Quiero decir, 30 páginas en word (muy largo). Siento si puede hacerse un poco pesado. Hay por ahí tres flashbacks largos que se pueden leer independientemente, pero son necesarios para la historia, y después de una discusión bastante larga con Barty, me convencó para que los dejase donde están, así que sabeis que la culpa es suya! XDD. De todas maneras voy a indicar el principio y el final de cada flashback para, si alguien quiere, leerse primero el capítulo a secas y los flashbacks al final. En fin, espero que os guste el cap.
Capitulo 5
Sirius bostezó y tomó su tiempo en estirarse antes de ir hacia el teléfono que no dejaba de sonar.
Que se esperasen. Además¿quién llamaba a esas horas de la mañana?
.- ¿Diga?
.- Buenos días. ¿Está Remus?
.- Mmmm... ahora mismo está en la ducha. ¿Quién eres?
.- Soy Thomas.
.- ¡Así que tu eres Tom!- exclamó con una sonrisa maliciosa y sentándose en el sofá de un salto.- Y dime...
.- ¡Padfoot¿Quién es?- gritó Remus a través de la puerta.
.- ¡Tu queridito Tom!- contestó chorreando sarcasmo.
Remus salió corriendo del baño, sin siquiera una triste toalla para taparse. ¿Para qué? Siempre se había sentido más cómodo desnudo y Sirius le había visto sin ropa tantas veces como para aburrirse.
Le arrebató el teléfono de las manos y le pegó un suave puñetazo en el hombro.
.- Tom, soy yo- dijo arreglándose el pelo en un gesto automático.
Sirius empezó a hacer como si fuese una chica maquillándose delante de un espejo, poniendo caras bastante ridículas. Remus le levantó el dedo.
.- ¿Ese era Sirius?- preguntó en un tono divertido.
El licántropo rodó los ojos intentando poner expresión de exasperado mientras Sirius montaba el mimo de estar terriblemente ofendido, pero su sonrisa no ayudaba al propósito.
.- Sí, es él.
Al escuchar que hablaban de él, el animago dejó de hacer payasadas y se sentó al lado de su amigo.
.- Al fin y al cabo parece buena persona.
.- Eso es porque no le conoces.
Sirius puso otra vez cara de ofendido y lo empujó a la parte contraria del sofá. Remus dibujó una sonrisa divertida mientras intentaba aparentar incredulidad y le hizo un gesto a su amigo para que parase.
.- Bueno, mejor que te diga ahora para lo que te he llamado, porque si no, no te lo voy a decir nunca.
El moreno se acercó a Remus para empezar a hacerle cosquillas, pero esta vez el castaño le dijo que parase con un gesto serio.
.- Sé que nuestra última cita no acabó especialmente bien. Tenía las expectativas muy altas en esa cena y bueno... sé que no es culpa de nadie lo que pasó y al fin y al cabo me lo pasé genial.
.- Sí, yo también- contestó con una sonrisa.
"¿Qué pasa?" escribió Sirius en el aire con la varita. El licántropo dibujó la palabra "después" con los labios.
.- La cuestión, que para mí todo sigue como antes. Y, bueno, me preguntaba si hoy podríamos quedar...
.- Claro, me encantaría.
"¿Pero no era que no le querías?"
Remus le cogió la varita para contestarle.
"Ahora después hablamos"
.- ¿A que hora te viene bien? Yo después de comer tengo una reunión con un editor.
"¿Como que después¡El error lo estás haciendo ahora!"
"Oh, bueno. Puedo darnos una oportunidad¿no?"
"Pero si tu mismo dijiste..."
.- Esta mañana tengo que ir a la universidad muggle de estudios mágicos¿te apetece acompañarme?
"Ahora comprendo como te sentías todas esas veces que me decías que no hiciera tal o cual idiotez"
"No hables en pasado"
.- ¡Perfecto¿Te recojo de aquí una hora?
"No, Moony, está es tu última oportunidad"
.- De aquí media hora estaré listo.
Sirius se pegó una palmada a la frente. No lo podía creer. De todas las personas del mundo, nunca había imaginado a Remus capaz de tal gilipollez.
.- Bien. Au revoir, Rems.
.- Au revoir.
Colgó el teléfono con una sonrisa. Sirius tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.
.- ¿Au revoir, Moony?.¡Au revoir!.¿Pero que coño crees que estás haciendo?
.- Ey, ey, ey, tranquilo.
El pelinegro se pasó una mano por la cara en un gesto que tantas veces había hecho el otro. Toda la escena estaba trasgibersada: tenía que ser Remus el que le estuviese haciendo ver a Sirius que había hecho una tontería u otra, y no al revés.
El animago intentó calmarse. Por primera vez estaba en la parte perdedora de la ecuación y no sabía demasiado bien que hacer.
.- Moony, en serio, creo que no deberías salir con él. No le quieres y acabarás haciéndole más daño al final. Te conozco y sé que cuando eso pase te vas a sentir terriblemente culpable.
Remus, más que otras personas, no soportaba que lo acorralasen ni física ni verbalmente, así que desde siempre había procurado tener la respuesta más sarcástica, el comentario más cortante apunto para poder evitar el llegar a tener ninguna batalla verbal y, si la tenía, poder salir de ella fácilmente. Pero cuando se daba la extraña ocasión en que alguien conseguía tener la carta dominante en una discusión, su mecanismo de autodefensa si activaba automáticamente. Gritaba, maldecía y, en general, se comportaba de manera totalmente irracional hasta que conseguía recuperar su espacio y respirar. Su hermana siempre le decía que tenía el caso de claustrofobia más extraño que hubiese visto nunca. Y ella había visto mucho, y todo sobre el peor aspecto de la humanidad.
Los síntomas estaban claros: la respiración entrecortada, la leve sensación de mareo que le hacía ver las cosas ligeramente borrosas, el zumbido en lo oídos...
Pero claro, Sirius nunca había visto a su amigo en esa situación, así que no supo interpretar los signos.
.- No te metas en lo que hago y lo que no hago- gruñó Remus en una frase que no solía decir nunca.
.- ¡Pues luego no me vengas llorando a contarme lo mal que te sientes!.¡Porque lo tendrás merecido!
.- ¡Calla, calla, CALLA!- gritó el licántropo histérico
Sirius parpadeó confuso. Esa no era una actitud normal en Remus. Su amigo siempre intentaba tomar la vía de la conversación civilizada. Y podía sentir el pánico en todas y cada una de las sílabas que salían de los gruesos labios del rubio.
.- ¡Nunca te he pedido que me consolaras!.¡Estos últimos cinco años he estado viviendo sin que notases mi existencia y puedo continuar otros cinco años más así!. ¡NO TE NECESITO!
Eso no estaba bien. Nada bien. Ese no era Moony. Ese no podía ser Moony. Ahí pasaba algo extraño. Remus estaba apunto del colapso nervioso y el pelinegro, más que escuchar las palabras, había escuchado el tono histérico y casi llorando en que las había dicho.
.- Moony...- susurró posando una mano en el antebrazo del castaño.
.- ¡NO ME TOQUES!- chilló apartándolo de un manotazo.
.- Escucha Moony...- intentó cogiéndole suavemente de los hombros.
.- ¡QUE TE APARTES!- volvió a chillar empujándolo con todas sus fuerzas.
Buscando desesperado en su memoria que hacer, se acordó de una escena en la enfermería: Remus en la cama con su hermana y el marido de esta a un lado y su sire y sus dos otras hermanas al otro. Era el día después de haber enviado a Snape al Sauce Boxeador. Le acababan de decir quien había sido el culpable de que uno de sus mayores enemigos descubriese su más grande secreto, y se había puesto completamente histérico. ¿Qué había hecho su hermana mayor?
.- Mira Remus...- empezó cogiéndole los brazos y formando con ello un círculo delante del licántropo. Sirius se puso justo delante, le cogió de las manos y empezó a hablarle mirándole a los ojos antes que se pudiese dar cuenta de que estaba pasando y le volviese a empujar.- Este es tu espacio y sólo tú estás en él. Nadie puede entrar. Es tuyo y de nadie más. Ni mío ni de nadie, tuyo. Tienes todo este espacio delante de ti para respirar calmadamente. Inspira... y expira. Cierra los ojos. Inspira... y expira. Muy bien. Sólo tuyo. Inspira...y expira. Nadie va a poder traspasarlo¿entendido? Inspira... y expira. Es sólo tuyo ¿está claro? Inspira... y expira. Se extiende delante tuyo sólo para ti. Inspira... y expira. ¿Algo más calmado?
Remus asintió aún sin abrir los ojos, todavía con la respiración medio entrecortada.
Sirius separó los brazos del licántropo y se los bajó lentamente, para que no se volviese a alterar, y le rodeó la cintura con los brazos suavemente, de manera que no se asustase. Enredó una mano entre el pelo rubio, moviendo la cabeza de su amigo de manera que se apoyase en su hombro.
.- ¿Mejor?
.- Gracias Sirius.
.- No te preocupes.
Remus suspiró y levantó la cabeza. Rodeó él también la cintura de su amigo y bajó la cabeza hasta juntar las dos frentes.
.- Sí que me preocupa. Hacía tiempo que no me pasaba esto. Sólo reacciono así cuando me siento acorralado. Supongo que tienes razón y no lo podía admitir.
.- Bueno, al menos eres mucho mejor que yo al reconocer tus errores.
.- Sirius...
.- ¿Mhm?
.- Es mentira lo que he dicho. No podría vivir sin ti.
.- Y está comprobado que yo tampoco puedo vivir sin ti- contestó con una sonrisa.- Así que parece que estamos condenados a soportarnos el uno al otro hasta el fin de nuestros días.
Remus soltó una risita y Sirius le cogió una mejilla y le levantó la cara.
.- Ese es el Moony que me gusta a mí ver.
Remus dibujó una sonrisa radiante y, levantando una ceja, dijo:
.- Ni se te ocurra decir a nadie que me has visto así.
.- Y a ti no se te ocurra decir que soy capaz de soltar tantas cursiladas.
Remus se echó a reír y Sirius lo arrastró hacia su habitación.
.- Ale, vístete, no queremos que Tom entre y tenga estas vistas¿verdad?
Remus bajó la vista, y se dio cuenta de que todavía seguía desnudo
.- Te aseguro que a él le encantaría.
.- Hasta ahí llegaba yo solo.
.- Sirius...
.- ¿Sí?
.- Hoy corto con él.
Sirius sonrió.
.- Bien.
RSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRS
Gracias a los dioses que se había puesto su sombrero.
Remus enterró la cara en su bufanda y las manos en los bolsillos, intentando vencer el frío.
Era un sombrero que podría haber estado en la cabeza de su ídolo en cualquiera de sus películas. Cuando lo vio de reojo en el escaparate de aquella tienda de segunda mano, se quedó completamente parado en medio de la calle. No lo podía creer. No hacía mucho que se había comprado la gabardina y le venía perfecto para completar su look Humphrey Bogart. En el bolsillo llevaba justo el dinero para comprarse la túnica que le hacía falta.
Siempre podía cogerle prestada una a Sirius, total, seguro que ni se daba cuenta. Esa tarde, para celebrar la compra, volvió a ver Casablanca, El halcón maltés, Sueño eterno y Tener o no tener una detrás de otra sin parar. Si solo existiese en esos momentos un doble del actor por el mundo, Remus sería capaz de cometer las estupideces más grandes para encontrarlo.
De todas maneras, parecía ser capaz de hacer las estupideces más grandes sin ningún Humphrey Bogart a la vista.
Echó una mirada de reojo a su acompañante pero, antes de girar la cabeza, Tom atrapó su mirada y le dibujó una pequeña sonrisa. Remus le correspondió y pasó a mirar hacia delante.
No se iba a atrever. Solo habían pasado diez minutos desde que se habían visto pero ya sabía que no se iba a atrever a decirle nada.
Se acordó de la sonrisa orgullosa de Sirius cuando le había dicho que iba a cortar con él y como por un momento le pareció que, realmente, todo podría volver a ser como antes. Antes de vivir juntos, antes de que a Sirius lo echasen de casa, antes de Snape... Se acordó de su propia resolución mientras se vestía. De la mirada que le había dedicado al espejo y como, al contarle porqué se arreglaba tanto, este le había soltado un "Bueno, Lupin, parece que por fin estás aplicando tu inteligencia y tu sentido común a tu vida sentimental".
Intentó desviar su mente de las caras de decepción que le esperarían en casa e intentó concentrarse en el lugar al que se dirigían.
El caldero Chorreante.
Sólo pensar el nombre le hacía venir a Remus una sonrisa en la cara.
... Principio Primer Flashbask...
Cuando Tom Zulich abrió su negocio, todos pensaron que estaba loco.
Compró un local en el callejón Diagon, tapó su entrada, abrió otra al Mundo Muggle y fabricó una contraseña con la que poder reabrir la puerta tapida que puso a disposición gratuita de todos. Decoró un poco el lugar a su manera, incorporando elementos de su Rumania natal y de la América Latina que se había pasado los últimos años descubriendo, llena de magia negra usada para hacer el bien y magia blanca con la que se hacían verdaderas barbaridades. Puso una barra que escondía las bebidas y mostraba dulces varios, colgó el cartel de "Caldero Chorreante", un nombre demasiado pomposo para un bar que ni siquiera servía comida, y se dedicó a esperar confiado.
Los primeros meses sólo tuvo pérdidas y, encima, se endeudó con el banco para poder comprar los permisos necesarios para establecer portales con todos los lugares mágicos del Reino Unido que lo aceptaran.
Los clientes continuaban sin aparecer.
Todos sus amigos le dijeron que lo dejase estar, que des del primer momento había sido un proyecto absurdo, que vendiese el local y se conformase con su viejo trabajo de funcionario. Que nadie le llamaría cobarde, que era lo único que podía hacer.
Él contestó que no pensaba colaborar nunca más con un sistema tan increíblemente déspota y corrupto como el del ministerio mágico inglés. Además su idea era genial, el único problema es que el resto de la gente todavía no lo podía ver. Sólo les quedaba esperar y comprobar como tenía razón.
Tom Zurich era un hombre que creía con pasión en sus sueños. Así que cuando salió una caricatura de él en el Diario Profético que lo mostraba haciendo una poción en un caldero lleno de agujeros por los que no dejaba de caer dinero, Tom vendió su casa y con el dinero canceló su deuda, construyó una planta llena de habitaciones sobre su bar y contrató una cocinera de la que acabó enamorándose locamente.
Sus amigos se tiraron de los pelos, pero para ese entonces a él no le importaba nada ni nadie que no fuese Sylvia. La mujer, quince años mayor que él, se había dejado seducir por la juventud, el ímpetu y el entusiasmo del poco agraciado muchacho. Una horrorosa relación anterior le había enseñado que más le valía encontrar alguien de buen corazón y que la quisiera a alguien inteligente, carismático y guapísimo como era el marido que había tenido que matar por tal de poder defender su vida.
Entonces llegó el verano, y los estudiantes de Hogwarts empezaron a quedar en el Caldero Chorreante, dónde podían llegar tanto los nacidos de magos como los nacidos de muggle. Los padres, al llevar a los niños, se quedaban a tomar una copa o iban a algún sitio a través de los portales del bar y, normalmente, al final se quedaba toda la familia junta a comer o a cenar. Poco a poco, además, las habitaciones del Caldero Chorreante se hicieron famosas por ser el perfecto lugar donde consumar alguna relación clandestina.
Un año después, las familias más pudientes de la Inglaterra mágica le pagaban a Tom unas comisiones increíbles para conectar ciertos portales con sus mansiones y él había decidido destinar el dinero de más que ganaba a crear un fondo en Gringotts de préstamos con un interés mínimo y a largo plazo para jóvenes emprendedores al que llamó "fondo McOrffen", en honor al dibujante de la caricatura que tenía colgada en un lugar de honor en su bar.
Había sido gracias a ese fondo que Remus se había podido arreglar un estudio y había comprado todos los libros y materiales necesarios para restaurar su primer cuadro.
Con su quinta venta pudo liquidar la deuda y darle una pequeña suma de agradecimiento con la que Tom abrió un portal a la principal casa de subastas del mundo, en Palmanova, que prácticamente sólo utilizó el licántropo. Al fin y al cabo, un simple portal en una taberna no era la manera de llegar a sitios tan elegantes que preferían los clientes de ese tipo de sitios.
En no demasiado tiempo el Caldero Chorreante pasó a ser considerado uno de los mejores hostales del Reino Unido mágico y su función principal de lugar de paso fue pronto olvidada por casi todos, dejando la mayoría de portales prácticamente inutilizados. Pero Tom Zurich se negó siempre a dejar de pagar los permisos necesarios para mantenerlos abiertos, a pesar que casi nadie los utilizase.
...Fin Primer Flashback...
Remus, un gran usuario de su función original, procuraba siempre quedarse un rato a tomar una copa con él cada vez que se pasaba, pero ese día estaba con otro Tom y no podía pararse.
Entró, le saludó y le dirigió una mirada de disculpa antes de dirigirse a la habitación 69, la "permanentemente ocupada", y que en realidad albergaba las puertas a instituciones culturales.
.- De verdad conoces todos los recovecos que hay que conocer- comentó el francés admirado.
Remus le sonrió y resistió el impulso de darle un pequeño beso en los labios.
Se giró hacia el gran espejo y empezó a contar las flores del lado derecho del marco desde el suelo hacia arriba. Presionó hacia dentro la numero dieciséis y luego presionó la que estaba a la misma altura del lado izquierdo. La rosa que destacaba en medio del marco superior salió hacia afuera.
"Ajá, parece que no me he olvidado" pensó Remus dándole tres vueltas.
El cristal bajó, dejando entrar la luz de un sol esplendoroso que brillaba sobre lo que parecía ser una gran extensión de hierba.
Tom sonrió orgulloso y le besó el cuello.
Remus cerró los ojos e intentó pensar en lo que tenía que hacer.
Había quedado en que cortaría con él. Se lo había prometido a Sirius y, más importante, a si mismo.
Tuvo que morderse el labio para no devolverle el beso.
Al final lo cogió de la mano y cruzó el portal, intentando no mirarle a los ojos.
Sabía que no tenía que poder.
Encendió un cigarrillo, dio una calada y sonrió.
Hacía tiempo que no sonreía así.
Era la sonrisa que había puesta aquella tarde cuando James le acusó de cerrar la biblioteca, cuando en realidad volvía de haber hecho el amor por primera vez y que, por primera vez, le rompieran el corazón, destrozado, y sin poder desahogarse en nadie por miedo a la reacción que tendrían si sabían que no le gustaban las chicas. Era la sonrisa con la que saludaba por las mañanas a Sirius los meses posteriores de que le hiciese a Severus Snape la última "broma" que le haría a nadie. Con la que llegaba a casa todos los días durante los tres primeros meses después de Hogwarts, cuando todavía pensaba que sería capaz de encontrar un trabajo normal y, por tanto, se dedicó a buscarle por tierra, mar y aire.
Una sonrisa destinada a esconder las lágrimas que le cortaban por dentro.
.- Remus...- susurró Tom una vez en el jardín y con la puerta cerrada a sus espaldas.
Su nombre en los labios de Tom sonaba agridulce, no por el tono en que lo había dicho, sino por los recuerdos que siempre le reportaba su forma de decirlo.
...Inicio Segundo Flashback...
Remus era, claramente, un nombre francés, y el rubio no escondía su origen. Hacia una r grutal, raspada, como si la transportase continuamente escondida en su cuello y solo le hiciese falta que la boca se abriera para poder salir y coger la mejor corriente de aire para llegar hasta las nubes; la u la hacía cerrada, prácticamente como una i, soportando todo el peso del nombre; y nunca llegaba a la s. Así, "Remus" se convertía en un "Remí" hondo, profundo, que salía de las entrañas y entraba por los oídos como al estómago un buen tinto viejo.
Era como lo había oído la primera vez que alguien dijo el que ahora era su nombre, el mismo día en que perdió una familia y ganó otra. Cuando, sin saberlo, cambió una vida acomodada por una de penurias, pero con un amor que estaba seguro no le habrían brindado sus verdaderos padres.
Cuando conoció a Thomas, una de las cosas que más lo atrajo de él fue, precisamente, que pronunciase su nombre así.
Tendría para siempre grabado en la memoria en que Catherine decidió que, a partir de ese momento, iba a llamarse Remus Lupin.
Había pasado dos días vagabundeando por las calles de Toulouse, muerto de hambre, de frío, de miedo y de dolor, con apenas cinco años, después de haberse escapado del hospital donde le habían metido después de una terrible noche de la cual no recordaba (ni llegó a recordar nunca) nada.
Al parecer, se había desmayado en algún momento de su vagar y, cuando despertó, se encontró sobre un colchón mullido y vendas nuevas en la cadera, donde le habían mordido. La primera cosa que hizo al abrir los ojos fue llorar.
Se había pasado la última semana envuelto de gente que no comprendía, sin sus padres, y con un dolor permanente en absolutamente todo el cuerpo.
Así que cuando una chica le limpió la cara con su propia camiseta, se sentó a su lado y le rodeó los hombros con un brazo, le pareció un ángel.
.- Así que eres John, el pequeño chico-lobo- chapurreó en un inglés tosco.- O eso es lo que dice la cosa esta- dijo sacando del bolsillo de su pantalón un informe médico que había estado en el bolsillo de la chaqueta de John.
.- ¿Tus padres no están?
Él negó con la cabeza, con la vista enganchada al suelo, sin atreverse a mirarla directamente.
.- Ey, ey, chico-lobo, déjame ver esos ojos que tienes.
John levantó la cabeza y fijó sus ojos en la cara de la chica.
.- Oh, vaya chaval¿con esos ojazos estabas en la calle?.¡Si te basta enseñarlos para tener el mundo a tus pies! Porque tengo esposo, que si no te pedía ahora que te casases conmigo. ¡Teo!.¡Ven aquí, Teo!
.- ¿El bello durmiente despertó?
Lo que a John le pareció un gigante negro entró en el diminuto camerino transformado en habitación, lo miró y dio dos silbidos admirado.
.- Menos mal que nosotros le vimos primero- dijo en un lenguaje inteligible que, años después, Remus aprendería que era ruso.- Con esa mirada habrían cotizado alto por él.
El pequeño John no había visto nunca a una persona tan grande, y menos a una persona tan negra, y no podía dejar de mirar como ese hombre (en realidad un chiquillo, pero a él le pareció muchísimo más mayor que él) decía algo en lo que a él le parecía que debía ser algún tipo de lenguaje celestial.
Catherine, al observar la mirada fascinada del niño sobre su compañero, sonrió.
.- Es feo¿verdad?
John la miró asustado¿cómo se atrevía a decirle algo así a alguien con esas pintas?
.- No te preocupes por contestar.
John asumió que el ángel negro solo entendía su lenguaje particular.
.- Da miedo- dijo hablando por primera vez en el día.
La chica, encantada de haber oído su voz, le pegó unas palmaditas en el brazo. Teo, sin querer interrumpirles ahora que el pequeño parecía estar cogiendo confianza, solo se sentó a su otro lado, intentando mirarle lo más encantadoramente que pudo.
De todas maneras John se arrimó más a Catherine.
.- ¿Verdad que sí? Pero en realidad es como un osito de peluche.
.- ¿Un panda?
Ella miró al negro, que iba vestido completamente de blanco, con una camiseta y unos pantalones anchos que le llegaban hasta las rodillas. Al verlo, se echó a reír y revolvió el pelo del pequeño, que sonrió encantado.
.- ¿Que te parece, eh, pandita? Además de sexy, inteligente e ingenioso. ¿Cuantos años tienes, preciosidad?
.- ¿Me entiende?- preguntó otra vez asustado.
Teo le sonrió con dulzura y le atrapó la nariz entre los dedos suavemente en un gesto rápido
.- No te preocupes, que no me voy a enfadar contigo, los pandas siempre han sido mis animales favoritos.
John dibujó una sonrisa tímida y dejó que Teo se acercase un poco más a él y le revolotease el pelo. Detrás de él, Catherine miraba a su marido con una ceja levantada, divertida ante su último comentario.
.- ¿Cuantos años tienes entonces?
.- Cinco.
.- ¡Cinco!- exclamó la muchacha.- ¡Ya eres todo un hombre! Seguro que todas las chicas te persiguen dondequiera que vas¿verdad?
El niño se sonrojó y negó rápidamente la cabeza.
.- ¿No? Eso tiene que ser por el nombre. John Bottinelli no es un nombre adecuado para un sexy hombre-lobo como tú. Teo¿que nombre crees que le iría bien?
.- Remus.
Y fue la primera vez que lo oyó. Dulce y salvaje a la vez, profundo y ligero, con todo el sabor de un teatro bohemio y el olor de la sabana africana.
Manejó el nombre en su cabeza. Remus... La verdad es que sonaba mucho mejor que John, y era el nombre que le había puesto uno de los ángeles que le habían curado.
Tiempo después se dio cuenta de la inteligente manera en que le habían cambiado el nombre, diciéndolo como un juego, haciéndole creer que era un halago y no una medida de seguridad.
El ahora Remus asintió, feliz por primera vez desde que había salido de vacaciones.
.- Si te quedas con nosotros, no volverás a ver a tus papás, ni volverás a ver nunca tu casa, ni verás a tus juguetes. ¿Quieres venir con nosotros?- preguntó Teo hablando lentamente para que lo entendiese.
No importaba la respuesta, pero en ese momento el licántropo no lo sabía, y se sentía importante al saberse consultado.
Asintió encantado.
Pasaron muchos años antes que alguien le llamase John, y no fue hasta seis años después que el nombre que él consideraba como verdadero pasaría a tener acento inglés.
Y hasta Tom, nadie le había recordado porqué era lo que era cada vez que se dirigía a él.
Remus tiró el cigarro al suelo y se giró hacia Tom, esperando a que hablase.
El rubio tomó aire y cerró los ojos.
.- Ya sé lo que me vas a decir.
.- ¿Sí?- Remus se maldijo mil veces por haber tirado el cigarro. Necesitaba un par de caladas bien largas antes de tener esa conversación.
.- Remus- volvió a intentar Tom abriendo los ojos.
.- ¿Oui?- el licántropo sabía que los sentimientos se expresaban siempre mucho mejor en la lengua materna, y esas últimas semanas, rodeado casi siempre de Tom, Christian o Marianne, había acabado recuperando el poco francés que sabía y mejorándolo hasta ser capaz de entender el sentido general de las conversaciones (más bien peleas) que tenían sus dos colaboradores.
.- Je t'aime (Te quiero)- empezó Tom sin apartar la mirada.
.- Je le sais (Lo sé)- contestó bajando los ojos.
.- Mais tu ne m'aimes pas (Pero tú no me quieres)
Remus empezó a protestar, pero todo lo que decía le salía en árabe.
Cerró los ojos y cogió aire.
Ahora se daba cuenta de lo que estaba haciendo Tom.
Al tener que hablar en francés, le obligaba a pensar sus respuestas.
Por mucho que en esos momentos pudiese entender aceptablemente el francés, a la hora de hablarlo le salía aquel que había aprendido y que ningún habitante de la patria de Voltaire podía entender: con la pronunciación y las estructuras gramaticales arabizadas y la mitad del vocabulario propio de diversas lenguas de los diversos países africanos donde había estado.
.- Je t'aime, mais... (Te quiero, pero...)
.- Mais pas comme moi. (Pero no como yo).
.- Non. Pas comme toi. (No. No como tú).
.- Et tu ne m'aimeras jamais comme ça (Y tú no me querrás nunca así).
Remus cogió aire otra vez. Eso era. Ahora.
.- Non.
Tom suspiró derrotado y le acarició suavemente la mejilla, acercando su cara a la del otro.
.- Abre los ojos- murmuró.
Remus se mordió el labio inferior y, al abrir los ojos que no se había dado cuenta que había vuelto a cerrar, intentó decirle todos los "perdones" del mundo con una mirada.
.- Con tus ojos serías capaz de parar el mundo- susurró con la voz entrecortada.
El castaño le cogió la cara y le besó con toda la pasión que todavía sentía.
.- Le baisser de l'adieu (El beso del adiós) dijo dándole un último abrazo.
.- ¡Vosotros!.¡Menos mariconerías y venid aquí!- escucharon chillar a alguien des de lo que parecía ser la última punta del patio de la universidad.
.- Trabajo- se disculpó Remus separándose de Tom.
.- Bueno, ya no veremos- contestó con una sonrisa triste.
.- Sí...- suspiró sabiendo que eso quería decir que no volverían a hablar nunca más.
No. Se negaba a que todo acabase así. Por una vez en la vida pensaba hacer las cosas bien.
Lo cogió de la camiseta antes de que se fuera.
.- No es por quedar bien. De verdad quiero volver a verte.
Tom se giró con una expresión entre triste y resignada.
.- Ahora... ahora no creo que pueda. De aquí un tiempo.
.- Si de aquí dos meses no me has llamado, aunque sea para decirme que me pudra en los infiernos, te llamo yo.
.- Creo que es una amenaza con la que puedo vivir- contestó con un tono divertido.
Al escucharlo, Remus sonrió aliviado.
.- ¿Sois posibles de dejar de comportaros como los protagonistas de un culebrón?.¡He tenido que venir hasta aquí!
.- Lo siento Marianne.
Pero el típico "¡Lo siento, lo siento, lo siento!. ¿A mí me importan "los sientos"?. ¿Eh?.¿Me importan?.¡No!.¡No me importan!" que siempre soltaba cuando alguien intentaba disculparse con ella no llegó nunca a sus oídos.
.- ¡TÚ!- exclamó Marianne con el ceño fruncido y señalando acusadoramente a Tom.
.- No me digas que te has metido en problemas con Doña Rencores- murmuró Remus a media voz.
.- Me temo que sí.
.- ¡Fils de la putaine merde¿Qu'est-ce que tu fais ici? (¡Hijo de la puta mierda!.¿Qué haces aquí?).
.- Mmmmm.
.- ¿Queréis que me vaya?- preguntó Remus, pero nadie le hizo caso.
Resignado, apretó la mano de Tom brevemente y se alejó un poco, dejándolos discutir en paz.
(N/A: la conversación que sigue, en teoría, es completamente en francés, pero no tengo ganas de traducir ahora mismo, así que lo pondré simplemente en cursiva y au.)
.- Así que estás saliendo con él.
.- Estaba- corrigió con amargura.
Marianne sonrió.
.- Y yo estoy colaborando con él, ergo paso muchas horas a su lado.
.- Eso parece.
.- Me alquilas esa habitación por la mitad que decías, pagas tú el agua, la luz y el teléfono y yo te informo de todos los detalles.
.- ¿Pero quien te piensas que soy?- dijo Tom enfadado.
.- Está bien, haré yo la comida todos los días.
.- No soy un sucio rastrero como tú.
.- Vaaaleee... el gasto de la luz será a medias.
.- ¿Me estás escuchando?
.- Ok, ok, me puedes descontar sólo un 40 del precio original ¿que te parece?
.- Un no es un NO, aunque tú no lo sepas.
.- Esa era mi última oferta, la tomas o la dejas.
.- ¡Pero si tú eres la desesperada por encontrar piso!
.- Y tú eres el idiota enamorado- finalizó con una sonrisa triunfal.
Tom miró de reojo a Remus, que estaba fumándose el que debía ser el último cigarro de la cajetilla. El licántropo, al sentirse observado, dibujó una sonrisa incómoda antes de desviar la mirada.
.- Trato echo. Mañana te trasladas.
.- Sabía que verías las cosas desde mi punto de vista- sonrió.- Ahora no te entretengas despidiéndote de tu amorcito, que él y yo tenemos trabajo.
RSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRS
Marianne, observó Remus, se movía por la biblioteca como una abeja en un gran prado de amapolas. Toda la gracia que no tenía, toda esa elegancia que no poseía parecía ser la fuerza que guiaba todos y cada uno de sus actos cuando se veía rodeada de libros.
Sus ojos desprendían la misma luz que los de Sirius cuando reía hasta morir después de haberle hecho una broma especialmente graciosa a James. Tenía los labios entreabiertos como si todo el aire del mundo no fuese suficiente para sus pulmones, como si el mundo fuese una obra de arte que le quitaba el aire todos y cada uno de los segundos de su existencia. Caminaba con la espalda recta y con pasos firmes, segura del lugar que el espacio en el que estaba reservaba para ella, pero a la vez con una cierta lentitud propia de los que se saben en su casa, de los que se sienten libres de miradas ajenas y pueden acariciarse mientras toman un helado sin que nadie les diga lo raro que es eso, esos movimientos curvilíneos que atrapaban tu mirada y te hacían seguir a esa persona con el placer de saberse cometiendo un pequeño pecado. Se movía entre las estanterías, bajando y subiendo escaleras que movía de un lado a otro como si fueran una simple extensión de su cuerpo, parte de una extraña coreografía que solo ella parecía conocer. Prácticamente podías sentir la suave guitarra bañada con un tímido clarinete que la acompañaba mientras acariciaba suavemente los lomos de los libros.
El chamán de la tribu en la que había estado viviendo en Kenya le había dicho que todas y cada una de las cosas bajo el cielo poseían toda la belleza que desprendía el continuo flujo de la vida del cual todo formaba parte. Si el esqueleto de un elefante nos parecía menos bello que una joven gacela esperando a su prometido era porque no habíamos hecho el suficiente esfuerzo por ver el esqueleto de elefante.
Parecía que era solo en ese momento cuando estaba mirando a Marianne de verdad.
Cogió el último de los tomos que necesitaba, lo abrió por una página que tenía marcada en su mente y lo posó suavemente sobre la mesa.
Remus reposó la cabeza sobre un puño mientras observaba a la joven revolotear alrededor de la mesa, abriendo libros y pasando páginas, dibujando una sonrisa triunfal cada vez que encontraba lo que quería. Pero no era la sonrisa triunfal que el castaño estaba acostumbrado a ver en el rostro de la francesa, aquella que afeaba su cara cada vez que conseguía salirse con la suya, sino una que mostraba una extraña alegría interna que nadie, nunca, había podido describir. La sonrisa que adorna a la madre cuando por fin ve a su hijo después de unas horas de dolor que le parecían nunca acabar, la que muestra un hombre al mundo antes de desmayarse y después de haber realizado un esfuerzo que pensaba nunca poder realizar. Una sonrisa que mostraba una armonía que la hacían parecer conectado con el escenario que la rodeaba, como si ella no fuese una persona, sino una extensión del aire puesta ahí para mostrar al mundo exactamente lo unidas que estaban una molécula con la siguiente, por mucho que una perteneciese a una foto y la otra a una manga. Para que el mundo pudiese decir: "¡Mirad!.¡La culpa es vuestra!.¡Yo os he hecho como una parte más de la naturaleza, sois vosotros los que os habéis alejado de ella por propia voluntad!".
Marianne se alejó un poco de la mesa, mirando el aparente caos de libros abiertos y hojas sueltas como un mapa que solo ella sabía descifrar. Entrecerró los ojos y apretó los labios, concentrada, con el extraño brillo que tienen aquellas personas que están haciendo verdaderamente lo que más les gusta hacer iluminándole el rostro.
Un día, Remus lo sabía, alguien vería lo que él estaba viendo y, con suerte, ella dejaría de ver tan necesarios ocultar esa faceta suya, de esconder lo que hacía sonreír a sus ojos y, por tanto, lo que más fácilmente podía hacerlos llorar.
.- Et voilà!- exclamó observando su particular obra de arte con un orgullo íntimo que, el licántropo estaba seguro, no quería que él notase.
Ella miró al mago esperando encontrar una reacción de asombro absoluto ante lo que tenía delante de él. Remus, no queriendo decepcionarla, pasó la vista sobre los libros: dibujos, ensayos y lo que parecían ser una multitud de árboles genealógicos.
.- C'est vrai! Os había olvidado a vosotros, oh, êtres inferieurs!- dijo rodando los ojos ante la cara de confusión del castaño.
Se arrodilló sobre una silla a su lado, intentando esconder sin demasiado éxito la excitación que sentía de saberse apunto de exponer a alguien con todo lujo de detalle el trabajo en el que había invertido tanto esfuerzo.
.- Aquí en Inglaterra sois todos demasiado pragmáticos, y los magos más que nadie: sabéis hacer hechizos mejor que nadie, incluso habéis creado algunos de los más poderosos hechizos que existen, pero no entendéis lo que es la magia. No investigáis la historia de la magia: como alguien consiguió hacer por primera vez esta u otra cosa, todos los intentos fallidos que le precedieron, cuales fueron las consecuencias profundas de ese acto... Os limitais a imitarle aplicando ligeras variaciones para conseguir vosotros también algo que os parecerá sorprendente y novedoso, pero que no es más que una combinación lógica de factores. De echo, no he leído ningún libro de la historia de la magia inglesa escrita en inglés que valga la pena."
"¿Cuando se introdujo la madia en Inglaterra, como, porqué, por quiénes?.¿Por qué es tan importante la pureza de sangre en este país?.¿Porque las familias de sangre pura tienen tanto dinero?.¿Quién organizó por primera vez a los magos en este país?. ¿Quién luchó por conseguir los pocos derechos que teneis? No lo leerás en la lengua de Merlín. ¿Conoces la teoría de la evolución de la humanidad?"
¿Que si la conocía? Por supuesto que la conocía.
...Inicio del Tercer Flashback...
Cuando su hermana había ojeado el libro de historia de la magia que utilizaría en Hogwarts puso el grito al cielo y estuvo despotricando primero contra el sistema educativo inglés, luego contra el sistema educativo mundial y finalmente contra cualquier sistema en general durante todo el día. Finalmente Teo consiguió calmarla (Remus había comprobado que el negro era capaz de calmar al león más feroz, literalmente) y Catherine se tomó como propósito personal enviarle todo libro sobre historia de la magia que encontrase conveniente.
Y la alemana puede que no hiciese muchas cosas, pero cumplía todas y cada una de sus amenazas.
Así que sobre los numerosos libros que ya le había prometido enviar para que practicase y mejorase las lenguas que sabía y todos aquellos que le parecieran interesantes para introducirle en el ilusionismo, se añadieron esos. Y ojo que no los leyese. No le importaba que le llegasen cuatro mil cartas de profesores quejándose de que no hacía sus deberes: lo que ella decía, se hacía, y no había nada más que discutir. Además que dudaba mucho que una lechuza no deseada pudiese llegar hasta ella, como bien podían corroborar rechinando los dientes los funcionarios de más de diez gobiernos que iban detrás de la pista de ella y los suyos.
Uno de los primeros libros que le envió fue, precisamente, "Transfiguración natural o surgimiento de los humanos y la magia o filosofía de la evolución" por Bodouin, en su versión original: medio tomo en árabe y el otro medio, el libro completo en francés. Suponía que la pretensión de su hermana era que se leyese las dos partes para mejorar su francés, pero Remus¿para qué tenía que esforzarse si estaba mucho más cómodo con la otra lengua?. De echo, los apuntes de clase los tomaba todos en árabe, y sus trabajos tenían una gramática y ortografía tan horribles que muchos maestros optaron por pedirle que se quedara después de las clases para hacer una exposición oral que poder puntuar.
A los 11 años Sirius Black era lo que él mismo calificaría más de media década después, utilizando uno de los eufemismos más grandes de la historia, como un gilipollas.
Había decidido que Hogwarts era una gran mierda indigna por definición de la presencia de alguien como él, así que había decidido, a pesar de las reticencias de sus padres, al año siguiente iría a Dumstrang. Entre tanto, como no quería aburrirse y, de todas maneras, al curso siguiente no lo tendrían que volver a ver, iba a hacer lo que le diese la santa gana durante los meses que iba a estar encerrado en ese asqueroso castillo.
Entre esas cosas estaba, por supuesto, joder a los profesores, a los que acusaba interiormente, (irracionalmente, como aceptaría un tiempo después) de haber manipulado al Sombrero Seleccionador para que lo pusiese en Gryffindor, todo lo que pudiese y más; hacer la vida imposible a los Slytherin, a los que quería hacer pagar el atrevimiento de ocupar el lugar que por derecho le pertenecía a él y meterse con los sangre sucia de su casa por el simple hecho de contaminar el aire que él respiraba.
Eso sí, al tontorrón que había elegido como su vasallo en el crimen siempre le decía que estaban gastando bromas (más bien putadas) a sus compañeros porque habían dicho tal cosa o porque habían echo tal otra.
A James Potter, con solo once años, lo único que le preocupaba era divertirse lo máximo posible y, para él, el súmmum de la diversión era ver lo desgraciados que era capaz de hacer a los demás, comprobar el poder que tenía sobre ellos, especialmente aquellos en apariencia más grandes y más fuertes que él. Por lo que en ningún momento se le pasó por la cabeza el preguntarse los motivos ulteriores de su nuevo (y único) amigo a la hora de seleccionar sus víctimas: si Sirius creía que se lo merecían, era que se lo merecían, y punto.
Los que sí que se lo plantearon y lo descubrieron rápidamente fueron dos de sus víctimas: Remus Lupin y Lily Evans, que no los consiguió perdonar por ello hasta seis años más tarde, y todavía con muchas reservas.
Pero de todas las "bromas" que le intentaron hacer a Remus Lupin, no tuvo éxito ninguna.
Cada vez que el licántropo olía la presencia de una poción en su copa o la de un encantamiento en su cama, simplemente lo eliminaba. Todavía le costaba hacer eso, pero iba mejorando conforme las bromas de los dos morenos se iban haciendo más complejas, lo que le servía de un entrenamiento, genial para cuando llegase el verano y su sire y su hermana le obligasen a enfrentarse a duelo continuos.
Ya a finales de noviembre, más seguro consigo mismo, se decidió a, en vez de anular sus trampas, intentar esquivar la magia de las más fáciles. Era bastante más difícil, pero valía la pena para ver la cara que se les ponía al beber la poción que tenía que volver la piel del licántropo de color fucsia y comprobar como eran ellos los que se convertían en caramelo de frambuesa andantes.
En febrero era incluso capaz de realizar ligeras modificaciones, como que les afectaran las pociones solo con olerlas, o que los hechizos que estaban destinados a él les afectaron a ellos por más tiempo de lo planeado.
Finalmente, uno de los dos herederos se dio cuenta que lo único que hacían era tropezar continuamente con la misma piedra.
Ese día Sirius declaró en el dormitorio que el peor castigo que le podían aplicar a una persona era el hacerle el vacío, así que reclutó a Peter Pettigrew a su causa para hacerle la vida miserable ("ajá" pensó el licántropo rodando los ojos) a Remus Lupin y salió de la habitación con la cabeza bien alta y su séquito detrás.
A Remus se le ocurrió esa noche, en tono de broma, quejarse a su sire por la falta de práctica que iba a tener a partir de ese momento. Fue hacerlo y entre ella y su hermana convencer a los elfos domésticos que le prepararan trampas al castaño por todo el castillo. Y tuvo que vivir con ellas hasta su último día en el colegio, después del cual agradeció a todos los dioses haber salido de Hogwarts con vida.
Fue el mismísimo heredero de la casa Black el primero en incumplir el bendecido voto de silencio que él mismo había aplicado alrededor del licántropo. Exactamente 10 horas y 19 minutos después de hacer su dramático discurso, a la mañana siguiente mientras se vestían, con James Potter y Peter Pettigrew ya desayunando, empezó a meterse con lo ajada y pasada de moda que estaba su túnica y no paró hasta que el licántropo salió de la habitación. En su primera clase, Pociones, no dejó de meterse con él por el mal estado de sus libros, de su caldero, su cuchara, y hasta de los ingredientes que estaba usando, hasta que Evans le recordó que eran los mismos que tenía él sobre su mesa, ya que el profesor les obligaba a utilizar el material del colegio. En Historia de la Magia llegó hasta el punto de sentarse a su lado para, de esa manera, poder reírse mejor de su forma de escribir.
Remus, finalmente, le hizo un hechizo silenciador, en los que ya estaba especializado, y lo hizo de la única manera que sabía: sin varita y sin hablar. Sirius se quedó demasiado sorprendido como para reaccionar a tiempo y al final tuvo que ir a la enfermería, porque antes muerto que pedirle ayuda a alguno de los otros alumnos o, Merlín le salvase, a algún otro profesor.
Y esa situación le acompañó durante más de un mes.
Dos días después de la primera luna después del equinoccio de primavera, entre el segundo y el tercer rezo (así era como siempre había contado los días, y como lo haría mentalmente hasta el día de su muerte) estaba releyéndose el libro de Bobouine, esta vez en profundidad y con subrayador a mano, cuando Sirius Black entró en la habitación.
Igual que todas las veces anteriores en que el moreno le había visto leyéndose algún libro en árabe, empezó a burlarse de él, preguntándole si sabía en qué dirección se pasaban las páginas y comparando su capacidad intelectual con el de otra criatura mágica de tamaño bastante más grande que el suyo y, le gustaba pensar, de mucho peor aliento.
Ante esto, el castaño levantó los hombros en un gesto de resignación y continuó leyendo.
.- ¿Quieres no aceptar todo lo que te digo?
.- No.
.- ¿No qué?
.- No a tu pregunta.
Se sacó el lápiz de detrás de la oreja y subrayó un pasaje que le pareció bastante importante para entender el conjunto de la obra.
El moreno apretó los puños y se mordió la lengua para no empezar a chillarle ahí mismo. Bien, si ese era el juego que quería jugar, a ese juego jugaría. Al fin y al cabo era un Black y, no importaba lo nervioso que le pusiese ese estúpido por el simple hecho de respirar, podía aparentar todo lo calmado que quisiese.
.- ¿Y porqué?
.- La vida es así de injusta- y, con gesto concentrado, hizo una pequeña anotación en el margen.- Y cállate, que esto es interesante.
.- Sí claro, mucho más interesante que lo que te tengo que decir.
.- Veo que vas captando.
Con los labios prácticamente invisibles de los apretados que los tenía, el moreno arrancó con furia contenida el libro de las manos de su compañero.
.- ¿Pero que mierda es esta?- exclamó observando el libro desde diversos ángulos.
.- Es árabe. Es una lengua diferente del inglés o del sireno. Hay bastantes por el mundo, la verdad.
.- ¡Eso lo sabía, estúpido!- gritó girando el libro y volviéndolo a abrir por la parte traducida de puño y letra del autor.
"Vaya, parece que el idiota sabrá leer en francés y todo" pensó Remus al ver como la cara del heredero se volvía completamente roja de furia e indignación.
.- ¡Todo esto son estupideces!
.- Que yo estoy leyendo. Devuélvemelo.
.- No- dijo apretando el libro contra su pecho y mirándolo con una expresión que, por primera vez, el castaño no supo descifrar debido al terrible conflicto de emociones que se veía reflejado.
.- Sabes que quieres devolvérmelo.
.- No quiero.
.- Sí que quieres- afirmó empezándose a enfadar de verdad.
.- No.
El licántropo se levantó lentamente y se acercó al moreno en un par de pasos. Este no se había movido del sitio y tenía la barbilla levantada en un gesto desafiante.
Cuando estuvo delante de él, el castaño atrajo el libro hacia él sin coger la varita ni pronunciar una palabra.
Sirius intentó que la sorpresa no se le viera reflejada en el rostro. Nunca podría entender como alguien tan inútil y patoso en Encantamientos y Transformaciones como lo era su compañero podía hacer esa clase de cosas.
Remus levantó una ceja, ahora abiertamente divertido.
El pelinegro, enfurismado y dispuesto a todo, se abalanzó y cogió el libro valiéndose de la fuerza bruta.
El licántropo esquivó un puñetazo exasperado. ¿Pretendía un aristócrata hacer algo de provecho con la fuerza de sus manos?.¿Unas manos que el máximo esfuerzo que habían hecho nunca era coger unos cubiertos de plata recubiertos de oro puro?.¿Que no conocerían la palabra esfuerzo ni aunque se la deletrearan?
Por favor.
Cuando Sirius todavía tenía los brazos bajados, intentando reponerse para poder arrearle un segundo puñetazo más acertado, Remus lo abrazó con fuerza, inmovilizándolo. Le dio un rodillazo en la barriga y, sin perder tiempo para evitar que se recuperase de la impresión, cerró el puño y le dio con un lado de la mano en el cuello, cortándole de esta manera la respiración. Se puso rápidamente detrás de su compañero y se apegó a su espalda. Dobló sus rodillas, doblando con el movimiento las de Sirius y, sin perder un instante, le rodeó el cuello con lo antebrazos, de manera que no pudiese mover la cabeza hacia ningún lado.
No podía mover las piernas ni la cabeza y, obviamente, no llegaba a pegarle con las manos.
Una vez asegurado esto, Remus apretó los antebrazos de manera que le quitase el suficiente aire para como eliminar todas sus fuerzas, pero no tanto como para ahogarle.
.- ¿Quieres el libro?
.- Sí- carraspeó el moreno intentando liberarse del agarre del castaño con éxito nulo.
.- Entonces te lo presto, pero no me vuelvas a quitar nada¿entiendes? A mí las cosas se me piden prestadas¿te ha quedado claro?
Sirius intentó asentir con la cabeza, pero al comprobar que no podía tuvo que esforzarse para decir un "sí" entrecortado.
Remus lo soltó y él cogió el libro y se marchó corriendo de la habitación, sin atreverse a mirar a ningún lado que no fuese al frente.
El castaño no volvió a saber de él en una semana.
Remus sonrió interiormente cuando Sirius, apunto de salir para ver un partido de quidditch, se manchó la túnica sin ningún disimulo y se quejó dramáticamente de su terrible desgracia que, estaba seguro, iba a costar mucho de solucionar, así que mejor que se fueran yendo los otros dos, que él los seguiría después.
Cuando oyó la puerta cerrarse, sacó de su mesita de noche y empezó a escribir, contando interiormente. "Uno, dos, tres, cuatro, cinco..."
Las cortinas de su dosel se abrieron y su compañero posó el libro donde poco antes había estado su libreta.
.- Lupin. Toma. Gracias.
.- No hay de qué- contestó, y continuó escribiendo.
Sirius carraspeó incómodo y el castaño levantó la cabeza. Se quedó mirándolo con expresión interrogativa unos momentos antes de que el moreno se decidiese a hablar.
.- ¿Tienes más como este?
Remus, en vez de contestar, arrancó la hoja en que había estado escribiendo.
.- No, pero estos dos primeros lo he leído y de estos tres últimos he oído hablar. Si te ha gustado "Transformaciones", estos cinco también te gustarán.
El moreno cogió el trozo de papel entre sus manos y se le quedó mirando, sin saber demasiado bien que hacer o decir.
.- Bien. Gracias. Adiós.
.- Adiós.
.- Vale- y se giró.
Pero cuando ya estaba en la puerta, volvió a dirigirse al castaño.
.- Tú no hablas mucho¿verdad?
.- No si no tengo nada que decir- dijo sintiéndose como el tipo duro de alguna película.
Sirius se quedó contemplándolo más de un largo minuto antes de decidirse a salir.
A partir de entonces, Sirius se sentó a su lado en todas las clases y, por unas benditas semanas, el número de caos causado por él y el que se había convertido en su amigo del alma disminuyó considerablemente.
La siguiente luna llena, se encontró en la mesa de la enfermería los tres libros que no se había leído y, encima de ellos, una tableta de chocolate y una notita con la palabra "Gracias" escrita en la elegante letra del heredero.
Años después, los profesores todavía pasaban por alto cualquier acción que a otro que no fuese Remus Lupin le hubiese válido una buena reprimenda, agradecidos como estaban de que, no sabían demasiado bien como, hubiese evitado que Sirius Black se convirtiese en el monstruo que amenazaba en ser el primer año en Hogwarts.
Este, por su parte, tenía la primera edición encuadernada en cuero y, grabado en letras de oro sobre su portada "El libro que evitó que me convirtiese en una mala copia de mi padre" y había ocupado siempre un lugar de honor en su biblioteca.
...Fin del Tercer Flashback...
.- Sí, sí que la conozco.
.- Genial, entonces me ahorro media explicación. En fin, según dijiste esto está ambientado en el siglo doce, aunque pintado posteriormente. Bien, vamos a basarnos en que el pintor sabía lo que hacía. Sabemos que la población, por entonces, era mucho más reducida que la de ahora y, en cuanto a los magos, todavía lo era mucho más, por todo el rollo ese que tú ya sabes. Bien, según tú ninguno de estos cuatro estaba casado con ninguno de los otros..
.- No, porque entonces en el cuadro habría habido...
.- Sí, sí, no hace falta que te expliques, me fío de ti, tenemos un par de cuadros tuyos en la universidad y sé que lo haces bien.
Remus fue a decir algo, pero Marianne lo volvió a cortar.
.- Y no hace falta que des las gracias. Yo no hago piropos, establezco hechos- ante esto, Remus sonrió. Sabía que quería decir que alguien como la francesa dijese eso.- A lo que íbamos- continuó ella, aparentando que no lo había visto.- Cuatro magos de la misma franja de edad y sin estar casados entre ellos, no tenían que ser demasiado difíciles de encontrar. No digo nada de sobre si están acomodados o no: en esa época todos los magos eran asquerosamente ricos. Así que no debería ser demasiado difícil descubrir quienes eran."
"Aunque no es un hecho que demasiada gente en este país sepa, las genealogías inglesas son pura basura. Tienen tantas mentiras y tan obvias que son hasta insultantes. Así que he tenido que recurrir a historiadores alemanes, que no es que sean muy fiables, pero al menos tan solo pecan de omitir información, no de poner información falsa."
"En resumen: según tú esto es una escena de la séptima década. Te hice caso y encontré cuarenta y tres familias que tuviesen hijos de entre 20 y 25 años en esa época. Era de suponer que serían tan pocos, sabiendo los tiempos que corrían."
"En total tenemos setenta y cinco personas, de ellas, cincuenta y una mujeres."
"Emparejando a todos los casados, me di cuenta de una cosa curiosa. Hay una mujer que, a pesar de morirse mayor, no se llegó a casar nunca".
Remus sabía que el descubrimiento no había sido tan fácil. Había vito a Marianne horas y horas buscando en pesados libros que no le llevaban a nada. La había visto frustrarse hasta casi el punto de las lágrimas. Había estado con ella cuando le chillaba hasta al polvo de pura desesperación. Si ella quería hacer como si todo ese esfuerzo no hubiese existido no iba a decir nada. Al fin y al cabo, había tenido sietes años de compartir clase con Sirius Black para acostumbrarse a esa actitud.
.-Nadine Emedler- sentenció señalando a un grupo de libros que estaban delante del licántropo- Este es su árbol genealógico- continuó apuntando a uno en especial.- Como puedes ver, tenia dos hermanas gemelas.
"Ambas fueron, por lo que se ve, muy famosas en su época. Estos de aquí son varios documentos de actos sociales que presidieron, imágenes suyas, no muy buenas por cierto... En fin. Se ve que eran increíblemente bellas. Y parece ser que sin demasiado amor por el resto de la humanidad, si contamos con la cantidad de maridos que tuvieron cada una. Y en una época en que no se permitía el divorcio."
"Aquí tengo... a ver... Hay un alemán un poco chalado que se dedica a estudiar retratos familiares hechos por encargo. Aficiones raras las hay miles. De echo tienen bastante poco valor artístico, pero fíjate lo que encontré."
En la ilustración se veían a las dos niñas de nueve años más lindas que había visto nunca. Lucían unas sonrisas traviesas encantadoras y tenían una pose coqueta más propia de chicas varios años más mayores. Con la piel perfecta de una niña, completamente blanca y el pelo de color negro azabache recogido, dejando unos cuantos rizos cayéndoles por sus pequeños rostros, donde destacaban dos pares de enormes ojos verdes. La mirada se posaba automáticamente sobre ellas, quisieras o no. Las dos figuras parecían absorber toda la luz de su alrededor. De hecho el pintor, no demasiado bueno, había puesto el foco de luz sobre ellas, parecía ser que de manera inconsciente. Pero si conseguías despegar la vista de las dos figuras que dominaban el cuadro, descubrías a la hermana mayor, posando detrás de las gemelas.
Tenía la cara seria, triste, y la postura rígida, todo el cuerpo en tensión. Era bella. No tanto como las hermanas, pero sí lo suficiente para que más de un hombre matase por ella, en la época en que los duelos eran el pan de cada día. Pero no creía que eso hubiese pasado nunca. La adolescente escondía su belleza detrás de una expresión amarga y una pose de incomodidad. Se veía claramente que el vestido que sus padres le habían hecho llevar y que seguramente sus hermanas llevarían como una segunda piel, no le gustaba para nada.
Remus se la imaginaba deseando que el estúpido pintor terminase de una maldita vez para poder vestirse con la ropa robada a uno de los chicos sirvientes del castillo, que seguramente tenía escondida en el fondo de su armario, y salir fuera a correr, saltar y colgarse de los árboles del jardín juntos con los hijos pequeños de los criados, con los que seguramente compartía más cariño fraternal que con las dos gemelas.
Cogió la foto de El Cuadro, como había empezado a llamarle mentalmente en una arranque de poca originalidad, y buscó a esa adolescente incómoda en la bella joven que miraba resignadamente al jardín, vistiendo un sencilla vestido con corte propio de una mujer de artesano, hecho enteramente con hilo de oro, lo que desmentía completamente su supuesto origen humilde.
Ni siquiera se paró a buscar las semejanzas con la mujer que jugaba al ajedrez: la nariz que presidía su expresión concentrada en el tablero era inconfundible y, definitivamente, no coincidía con la pequeña nariz redonda de la hermana mayor de las dos gemelas.
Todo en ella era redondo: su pelo ondulado, sus hombros descubiertos, sus pechos, sus caderas...
.-Siguiendo esta pista he buscado todas las relaciones que pudiese tener con cualquier de estos otros. Parece que pasó una vida bastante aislada- Remus no dejó de notar la pequeña inflexión que hizo en la palabra "parece". Reclinó el cuerpo hacia delante, sabiendo que eso era una pista para llegar hasta el final.- Pero fíjate en esta publicación.
Remus ya había visto otro de esos ejemplares: era lo que podríamos llamar el tatatatatarabuelo del Diario Profético.
.- Aquí tenemos una breve crónica del cumpleaños número 21 de la heredera.
.- Su salida de la minoría de edad- murmuró Remus ensimismado.- Está absolutamente todo: quién fue, quién dejó de ir y hasta...
.- La persona con la que realizó el ritual de varita, sí.
.- Pensaba que esa información era confidencial.
.- No lo fue durante un par de décadas, por lo visto. Y gracias a dios, porque no sabes lo que nos ha ahorrado eso el trabajo.
"Resulta que la persona más cercana a ella era una tal Orven Eagleton, nuestra otra mujer".
.- ¿Como?. Pero el ritual lo tiene que realizar el mayor de edad de lazos más fuertes con el joven. Normalmente son mucho más mayores que él.
.- Sí, pero al parecer y por lo que he leído no pudieron encontrar a nadie más. Además, ella acababa de salir de su minoría, así que no era ilegal.
Remus se identificó automáticamente con la chica. Si en el siglo veinte todavía se hiciese la ceremonia de la salida de edad, también se encontrarían con que las únicas personas aptas para la suya eran mucho más jóvenes de lo que deberían ser para poder realizar el ritual.
.- Tenemos por lo tanto a nuestras dos mujeres. No te preocupes, he visto un retrato de la tal Orven. Esa nariz no la confundiría. Es ella.
Remus sonrió y se relajó en su asiento. Podía notar como Marianne tenía ganas de llegar ya al final.
.- Tenemos, por lo tanto, el resto de mujeres eliminadas. Quedan veinticuatro hombres. Intenté averiguar si alguno había tenido relación alguna vez con alguna de ellas dos. Eliminé al marido de Orven y a su hermano. Eliminé también a aquellos que se habían casado con alguna de las gemelas.
"Nada. Con los otros diecinueve solo logré establecer lazos muy superficiales. Así que me dediqué a buscarlos por el método largo: la comparación"
.- Así que buscaste unos ojos azul paraíso y un cabello de un negro profundo.
Marianne rodó los ojos.
.- Sí, sí, busqué a tu amor platónico entre libros y libros de retratos. No era un chico que amase demasiado la pintura¿sabes?
.- Bueno, todos tenemos que tener nuestros defectillos. Pero por esos pómulos estoy dispuesto a dejarlos pasar por alto- dijo con un guiño.
.- Mariconazo- susurró Marianne sonriendo.
.- Eso siempre.
.- Antes de que esta conversación degenere todavía más- continuó la francesa con una mirada reprobatoria.- Vamos a continuar con lo nuestro. Y para tu inmenso placer, aquí tienes el único retrato que le he podido encontrar. Sólo no te pongas cachondo con él¿eh? Que apenas supera la década de edad.
"Doce años tenía exactamente. Antes de mirar el cuadro fíjate en su árbol genealógico. Fue justo ese año que se murió su hermano pequeño."
Él estaba de pie, al lado de su hermano mayor, de unos veinte años y que no tenía el encanto que tendría su hermano cuando creciese, entre sus dos padres. Tenía una pose solemne, la expresión vacía y la mirada desafiante. Decía claramente: "Atrévete a criticarme por hacer algo que no quiero hacer, por dejar que me arrastren, por no ser lo suficientemente fuerte. Atrévete a decir que tú sí lo eres sin sonrojarte. Atrévete a decir que tú no lo harías. Adelante. Solo atrévete".
.- Pólux Allandar. Parece que no tuvo ningún hijo, pues no sale en el árbol. De hecho, en el árbol tampoco sale la fecha de su muerte. Eso me hizo pensar.
"En el árbol genealógico de Orven Eagleton tampoco sale su descendencia, aunque sí la fecha de su muerte. Pero en el de Nadine Emedler tampoco sale la fecha de su muerte. Era todo muy obvio la verdad".
Pero me costó. Marianne no lo dijo ni lo diría nunca, pero a Remus ya le había pasado lo mismo muchas veces como para no saberlo: tienes la respuesta delante de las narices pero eres incapaz de verla, demasiado ocupado buscando en los rincones más escondidos, convencido que no puede ser tan fácil.
.- Si no están en el árbol genealógico de sus antepasados es, simplemente, porque crearon uno nuevo ellos.
.- ¡La ceremonia!
Marianne sonrió.
.- Exacto. ¿Sabes? Para ser hombre, mago e inglés eres una persona bastante decente. A lo que íbamos. La ceremonia, exactamente.
"No era demasiado común ya en es época, pero en los siglos anteriores sí que había bastante gente que se cambiaba el nombre por tal de empezar una línea nueva. Ahora ya no era tan típico..."
.- Por el dinero. Nadie quería tener que empezar des de cero.
Marianne lo miró con los ojos entrecerrados.
.- Está bien, no te vuelvo a interrumpir.
.- Bien. Bueno, al menos sé que no tengo que explicarte las cosas. En fin, busqué cual de los hombres restantes se había cambiado el nombre en su ceremonia. Encontré un galés, que se fue a vivir al continente y que, por tanto, descarté. Pero también hay un escocés que se llegó a cambiar suficientemente el nombre como para empezar una línea nueva, pero no tanto como para que su familia le desheredase. Antes de los veintiún años se llamaba Rodric McGriff.
"¿Qué te parece?".
.- Que te debo una visita guiada por Hogwarts.
.- Perfecto.
Notas de la Autora: Bueno, lo que todos suponían se ha revelado XDDD. ¿Qué pasa si no soy sutil, mmmmm? Además, me gusta ir dejando pistas (escusa barata XDDDD).
Ya sé que no ha sido ninguna sorpresa quienes eran los protas del cuadro, pero eso tampoco es lo más importante del fic, así que... :P. Ahora cuando empiecen a pasar cosas raras si que os podeis asustar. MUAJAJAJAJAJAJA!
Bueno, cosas a comentar... El capítulo es tan largo que me da perezaaaaaaaa XD. Soy una perra y lo reconozco, pero como decía aquella canción que sé que todos nos sabemos de memoria (se reconozca o no): A quien le importaaa lo que ya hagaaaaa? XD.
A otra cosa mariposa y a ver: ESCENAS CURSIS A GO-GO! Podríamos hacer una encuesta: cual crees que es la escena más cursi del fic? Empiecen sus apuestas, señores! No digo la mía porque eso sería favoritarismo y yo NUNCA hago eso (que Remus sea chupiguay en todos mis fics NO quiere decir nada, que lo sepais).
A sí: Palmanova. ¿Por qué la mayor casa de subastas del mundo mágico debería estar ahí? Buscad en internet fotos aéreas de la ciudad Y LO SABREIS. No digo más (cosa que es rara en mí, pero bueno).
Os habréis fijado que en la super explicación Marianne, de repente, habla bien: magia! XDDDD. No me apetecía currármelo¿qué pasa? Además, habría tardado mucho más en salir, así que todos salimos ganando.
Por cierto, si alguien quiere que exponga aquí un resumen de la super teoría chunga de la evolución, sólo tiene que decirlo y lo digo en el próximo chap :P.
Y bueno sí, le tengo una rabia tremenda al sistema político que se ha montado la Rowling: pero si es una dictadura!. Lo siento, me pongo de los nervios, pero es que parece que ningún mago hace nada!.Me indigno XDDD.
Otra cosa: a partir de ahora todos los reviews que vengan firmados les voy a contestar con el súper review replay ese¿porqué? Porque ahora me apetece, ala. A los otros los contestaré por aquí el final y yatá.
Así que a ver, gracias a:
Elanor Blackriver: Bueno, espero que el flashback del primer año de Sirius y Remus compense la poca interacción (poca pero intensa, eh!) que hay entre ellos dos. ¿Verdad que lo hace?. ¿Verdad?.(No me pegues ;;). Te prometo que habrá más Sirius en lo que queda de fic, te lo juro!
rassabe: Ja saps, gràcies!
Daia Black: GRACIAS! Espero no haberte decepcionado con este cap (aunque haya menos interacción entre ellos). Me gusta que te guste este Remus¿se nota que es mi personaje favorito de la saga? (Todos: por supuesto que no, Coulter, tú tranquila). Ya sabía yo que la sutilidad era mi estilo: Un día dominaré el mundo! MUAJAJAJAJA! Y es que yo suelo hacer mezclas muy raras con la comida, y como todo el mundo me dice que al personaje que más me parezco es a Sirius (que yo siempre me quedo: Qué QUÉ? O.o) pues enotnces se lo puse :P. Y reviews como el tuyo siempre me dan muchísimo ánimo para escribir, así que ya sabes: Gracias!.
Desliz: O la de la dolbe personalidad XD. Gracias!.
Helen Black Potter: Ya sabes: gracias!.
D.Mo: Ay, Christian, Christian, Christian¿qué haremos con él? (Y no es una interrogación retórica, es que no tengo ni idea XDDDD). Aquí hay más interacción entre Thomas y Remus que nada, pero el pobrecito se lo merecía, al fin y al cabo es el novio despechado, pobre (bueno, no todo puede ir bien para todos, no?) Y he decidido hacer una súper mezcla ahí contestando en los chaps y por e-mail también a lo: café para todos. En fin, espero que este chap te guste :P. Me gusta que te encante como está quedando! BESAZO para ti ;). Y por cierto: quiero ser la madrinaaaaaaaaaaaa (insertas chillido agudo). Gracias por escucharme.
Terry Moon: Gracias sexy ;). XDDDDD.
SARAHI: Me temo que no le he hecho demasiado caso a tu mensaje (corto, claro y conciso, como deben ser XD). De todas maneras espero que el cap no te haya decepcionado, y me alegro que te guste el fic. Besos!
Como habréis podido adivinar, los cortitos son los que ya he contestado por e-mail XD.
En fin: comentad sobre lo que querais: no os ha gustado alguna escena? Hay alguna que os haya gustado especialmente? Que quereis ver? Que no quereis ver? Teorías? Lo que sea!.
Por cierto, he empezado un AU que es Sirius/Lily, Remus/James, Severus/Regulus y alguna más por ahí habrá XD. Es un tiempo donde Voldemort no se enfrentó a Harry y las cosas han ido degenerando terriblemente. Tan solo he subido el prólogo, pero espero que lo leais (propaganda barata XDDDDD).
En fin, que seais felices y no os olvideis de dejar un review!Ciao!
