Vale, quizás está siendo más difícil de lo que pensé. Creí que si era capaz de acostumbrarme a que esté todo el santo el día pegado a mí, reclamando mi atención, buscando no sé por qué contacto, que le mire a los ojos o le responda pero… Es imposible.
Tuerzo el gesto.
Esta atracción es condenadamente fuerte. Acabará por volverme loco.
Me siento en el patio de mi casa. Por una vez estoy solo, y él no me está rondando. Se siente extraño. Estoy acostumbrado a tenerle cerca.
Me revuelvo el pelo con furia, colocándolo todo hacia atrás más tarde. Me dejo caer hacia atrás.
-¿Algo te preocupa, Uchiha? –escucho una voz cómica a mi lado.
Gruño y me incorporo para ver al hombre amante de los perros.
-Yo también pienso que él es problemático –dice el que está detrás.
-¿Qué queréis? –gruño casi escupiendo las palabras.
-Naruto anda buscándote.
Ruedo los ojos. Cómo no.
-¿Qué quiere? –suspiro con fastidio.
-Nos lo encontramos en el Ichiraku
¿Por qué no me sorprende?
-Dijo que le debías invitarle a comer por no sé qué –dice con pereza el otro mientras se rasca la barbilla -. Más bien parecía que se le había olvidado la cartera.
Típico de un cabeza de chorlito como él. Nunca piensa antes de hacer las cosas.
Me despido de los otros y me encamino al restaurante, en cuanto llego el de los ojos azules me sonríe muy contento, montando un escándalo como siempre saludándome con mucho ímpetu. Me limito a dejar unos billetes al lado suya y me doy la vuelta.
-¡No seas soso, Sasuke! Come conmigo –me pone una de sus sonrisas.
Pongo los ojos en blanco y me resigno, sentándome al lado suya. Antes de que me dé tiempo a replicar aparece otro tazón en frente mía y miro al que tengo sentado al lado con una ceja levantada.
-Sabía que te quedarías a comer –me comenta sin de dejar de devorar el ramen provocando que apenas le entienda bien.
Pongo cara de asco y me levanto.
-¡Vamos, Sasuke! –me pide con esa voz adorable que pone para convencer a alguien -. Fingiremos que no he dicho eso, y que preveía que cuando llegases tendrías hambre. Es un gesto de amabilidad por venir, no de soberbia por mi parte -exclama pareciendo arrepentido y con inocencia.
Vuelvo a dejarme caer en el asiento y empiezo a comer sin decir nada. El hijo de su madre hasta ha pedido el tazón que más me gusta de esta tienda. "La rubia" empieza a darme miedo, encima con su comentario parece que ha leído mi mente, que pensaba que me estaba vacilando.
Sigo comiendo en silencio mientras el otro me habla de su pasada conquista. Realmente no estoy oyendo lo que está diciendo porque no me interesa en absoluto, en realidad estoy intentando seguir con mi plan de "acostumbrarme al rubio".
-¡Era guapísima!
-¿Y por qué no sales con ella? –le suelto sin darle importancia.
-Eso hice.
-Más de una vez –le miro impasible.
-¡Ah! No sé por qué pierdo en interés en ella tras una cita –comenta pensativo -. Me aburren, o las pongo nerviosas.
-Puedo entender eso último –rechino entre dientes.
-Vete al carajo.
El resto del almuerzo sucede igual. Él habla de sus conquistas y yo le ignoro por completo, mirando a otro lado. O eso intento, porque me saca de mi mundo cuando siento que posa su mano sobre la mía, llamándome la atención
Le miro algo desconcertado.
-Sasuke –chasquea los dedos delante de mí -. Oye –pone esa expresión idiota en su cara -, ¿pasó algo en la fiesta?
Me atraganto.
-Estás raro.
Le dedico una mirada glacial.
-Me dijeron que saliste de allí huyendo –me da unos codazos -. Y rojo como un tomate ¿Pasó algo con alguna chica? –me guiña un ojo de forma pícara.
-No.
-No te creo –me mira con desconfianza.
Le ignoro, vuelvo a dejar dinero encima de la barra y me voy. Lo único que me faltaba es que el idiota se me ponga tonto con la fiesta. Si recuerda lo que pasó estoy muerto, aunque fue él el que comenzó todo aquello, pero la diferencia está en que él había bebido y yo no.
-¡Aún no me he rendido! –exclama con los ojos en llamas -. Te buscaré novia y veré esa versión de ti mismo que nadie conoce.
Y dale. Qué pesadilla.
Salimos del lugar y él sigue haciendo su tesis de por qué me quiere ver con pareja, y todos esas y entonces deja de hablar. Me extraño y me giro. El imbécil está mirando a una chica que acaba de pasar delante de nosotros.
-¡Ay, señor! –exclama y silba -. Me acabo de enamorar
Algo dentro de mí se revuelve y cuando Naruto se gira hacia mí le pego una patada en el pecho tirándolo de espaldas. Me doy la vuelta y me dirijo a mi casa con un tic en el ojo.
-¿Qué pasa? –pregunta Naruto en la lejanía, después se encoje de hombros y va tras la chica.
Nunca cambiará. Me saca de quicio.
Respiro hondo. Tengo que aprender a controlarlo, no vas a fastidiar la amistad que tienes con el rubio porque tu cuerpo haya decidido que pierde el culo por él.
Agito la cabeza y decido centrarme. Tengo que entrenar o no podré volver a la normalidad nunca.
Los siguientes días los paso ignorando a todo bicho viviente y me dedico a entrenar. Al principio me cuesta bastante ser igual de rápido que antes era, pero poco a poco voy ganando rapidez y agilidad. Soy un Uchiha, un orgulloso Uchiha, y mis mejoras son tan rápidas como es mi Sharingan.
Los primeros días apenas puedo hacer los jutsus de fuego, pero los siguientes voy mejorando el Chidori y, sobre todo, acostumbrándome a usar mis ojos que tanto estuvieron cegados.
Uno de los días me dedico a intentar trepar los árboles como aquella vez que aprendimos el Equipo 7. La nostalgia me invadiría sino la evitase porque es para débiles y personas que añoran a Naruto. Todo el tiempo.
-¡Maldición!
Si soy sincero, me cuesta bastante llegar a la cima, ya que he perdido la concentración que antes tenía.
Bufo una vez, cojo aire y echo a correr. Centrado. La mente en blanco, y solo deseando avanzar.
Finalmente logro llegar a lo alto de un roble, y al conseguirlo no puedo evitar sonreír con satisfacción, mirando a la Luna, que parece sonreírme, con su forma creciente.
-Es raro verte sonreír –escucho a mi lado.
Me giro para encontrar a un Naruto que, sentado de forma descuidada sobre lo alto de un ciprés muy imponente, me observa con una sonrisa de medio lado.
-¿Qué haces aquí? –bufo cruzándome de brazos e intentando no respirar demasiado por el cansancio.
-No te creas que te estoy siguiendo, ni nada –contesta con burla.
-Entonces, ¿qué haces aquí?
La expresión del Uzumaki me revela que no esperaba que le preguntase directamente. Tiene esa mirada nerviosa de estar buscando una respuesta de forma rápida, pero no una contestación cualquiera, sino una entre cómica y arrogante, como es él.
-Asegurarme de que el pequeño Sasuke no se hace daño –me dice finalmente sintiéndose triunfal.
Me quedo observándole sin expresión ninguna, después le levanto una ceja y ni siquiera hace falta que comente algo para desacreditarle, porque él ya hace un mohín comprendiendo que no he creído una palabra de lo que ha dicho.
-Estás mejorando –ignora la tensión como solamente él sabe, cruzando los brazos tras la cabeza.
Continúo mirando la Luna pasando de él insolentemente.
-¡Te invito a una cerveza! –suelta de repente y, sin siquiera mirarme sé que sus ojos relucen de ilusiones.
-Ni en broma.
-¿Por quééé? –chilla como si fuera el fin del mundo.
-¿Para que acabes como la última vez?
-¿Tú sabes algo de lo que pasó esa noche? –pregunta interesado
-Olvídalo.
-No, si la cosa es que yo ya lo he olvidado –se rasca la mejilla -, pero todo el mundo me dice que la lié un montón, y no sé por qué –ladea la cabeza.
-Porque eres un imbécil.
Acto seguido me dejo caer del árbol, y esquivando las ramas con destreza aterrizo en el suelo con un elegante pose, sin despeinarme, y en mi interior un pequeño Sasuke se alegra por no haber perdido esa pose cool.
Estiro los dedos, me crujo las manos y muevo el cuello a ambos lados. Echo a andar, pero no soy lo suficientemente inocente o iluso como para saber que él no volverá por mí, o me perseguirá, o tratará de hacerme aceptar esa copa. Siempre es así, logra encontrarme y arrastrarme con él donde quiera.
Escucho un ruido y sé a ciencia cierta que el rubio ha intentado imitarme y se ha comido todos los tallos y ha acabado en plancha contra el suelo.
-¿Has acabado de imitar a las ardillas voladoras? –alzo el brazo sin darme la vuelta como despedida.
-¡Tú! –avanza él hacia mí. Me giro -¡Bastardo! –me coge del cuello de la camisa -. No me vaciles.
En sus ojos puedo ver algo más que simples ganas de pelear conmigo, veo un ápice de enfado y de tristeza. Siempre que observo esos matices en los ventanales que tiene por iris, en los cuales jamás puede esconder nada para mí, sé que algo le sucede.
-¿Qué te pasa ahora? –salto con impasibilidad.
-¡A mí no me pasa nada! –me suelta y echa a andar dando grandes zancadas con la palabra "indignado" por toda su cara.
Podría dejarlo simplemente ir, pero eso no implicaría que dejase de darme el coñazo. Probablemente si no se lo sonsaco ahora aparecerá en otro momento y seguirá cabreándose sin sentido. Algo le pasa.
Suspiro y le sigo.
-Eres fácil de sobornar –sonrío de forma burlona.
-¿Qué quieres decir? –se gira con una expresión de crío enfadado.
-Acepto esa copa si me dices porque estás especialmente pesado hoy.
Aunque podría haberse ofendido decide que es una pérdida de tiempo y se encoje de hombros, sin embargo, no aceptará sin antes dar un poco de guerra.
-Pagas tú.
Le levanto una ceja y planeo soltarle cualquier burrada por querer aprovecharse de mí.
-Por capullo –completa el rubio.
Bueno, dejémoslo estar o no acabaremos nunca.
Entramos en un bar y pido una cerveza, aunque cuando no se da cuenta la pido sin alcohol para él, ya que no me apetece tenerme que resistirme hoy a la tentación, y para mí un refresco.
-Naruto, habla –voy directamente al grano -. No prometo no reírme, pero prometo hacer que te escucho.
Da un largo sorbo a su bebida, y yo lo imito, como si se tratara de un ritual antes de comenzar a contar lo que quiera que le pase la mente, como si solamente pudiese hablar cosas serias teniendo alcohol en las venas.
-Hoy me rechazaron –pone una mueca de molestia -. La tía debía de estar tonta perdida o no sabía que tenía al ¡Gran Uzumaki Naruto delante! –exclama con orgullo.
Asiento, con la mirada ausente, como si ese gesto pudiese alejarme de aquel lugar y aquella situación.
-Le puse mi sonrisa arrebatadora –comenta mientras repite esa expresión suya.
Me aseguro de no mirarle sonreír o no sé qué pasará. Sigo mirando las botellas de ron que hay en la pared del bar con interés.
-Y me dijo: "Lo siento, tienes pinta de idiota".
No puedo evitar sonreír. Internamente me aguanto la risa.
-¡Qué tía más tonta! –exclama indignado.
-Desde luego –suelto sarcásticamente.
Pasamos los siguientes minutos en silencio, uno solo interrumpido por la constante charlatanería del rubio que despotrica de la chica y la compara con no sé qué poni. Estoy tan acostumbrado a ignorarle que su constante hablar es silencio para mí.
-Sobre todo en estas fechas –bufa.
Me vuelvo y me quedo mirándole un segundo, sin saber qué quiere decir realmente. Una duda me asalta de repente, y sin pasar por el filtro de mi cerebro, solo atravesando el de mi corazón sale.
-¿Por qué no lo intentas con Sakura? –suelto con frialdad.
Quizás mi tono ha sido más gélido de lo que esperaba, casi ha sonado como una orden o una amenaza, más que una propuesta, pero conforme estaba diciendo la frase me parecía peor pronunciarla y si quiera pensarla.
-Ella sigue colada por ti –sonríe amargamente -. Además, he crecido y ha llovido mucho desde aquello –se observa a sí mismo en el reflejo del grifo de la cerveza y se sonríe.
No puedo evitar sentir alivio al escuchar estas palabras, y siento como mis músculos se tranquilizan.
-Ella no me interesa.
-¿Y qué?
Aunque ha dicho estas últimas palabras con su habitual alegría e hiperactividad que lo caracterizan suenan lo más triste del mundo.
-¡Oh, vamos! –exclamo con superioridad -. Todos sabemos que eres un desastre…
-Vete a la mierda –me fulmina con la mirada y está a punto de tirarse encima arriba -. Te voy a quitar yo ese atractivo tuyo a base de puñetazos.
-Pero también hay chicas por ahí sueltas que serán un desastre –termino de exponer.
Noto como el rubio piensa decir algo respecto a mi comentario, dándose cuenta de que, en el fondo, ha sido una forma de animarle, pero decide no mediar palabra. Quizás es lo más dulce que le vaya a decir jamás al idiota, pero agradezco que se haga como no enterado.
Me dedica una sonrisa ladeada.
Le doy un par de palmaditas en la espalda murmurando por lo bajo "ea, ea".
-Yo seré un desastre, pero nadie aguantará a alguien con el culo helado como tú – exclama riéndose a carcajada limpia -. Por eso me necesitas para que use mis dotes de gente para convencer a alguna loca.
Sonrío levemente, pero esta vez siento que el gesto me sale directamente del alma.
Puede que ese no sea el motivo, pero me doy cuenta de que quizás le necesite, como cura de humildad, como ancla en la tierra, como saco de boxeo, como mazazo a mis emociones, como límite de mis capacidades y paciencia, como crispador de mis nervios… Pero necesidad, al fin y al cabo.
-Eres un desalmado –saca la lengua.
-Y tú un capullo.
¿Qué es esto que noto que se revuelve en mi interior? ¿Y por qué tengo esa extraña sensación de que Naruto está triste por algo más? Quizás él… No, no creo que esté triste porque sienta algo por mí, eso es una tontería.
¿O no?
-o-
Aw~¿Soy la única a la que esto último le ha parecido tremendamente tierno? Les estoy cogiendo tanto cariño a estos dos =).
Tengo el próximo capítulo a punto, y auguro pronto movimiento entre estos dos.
Respecto a lo que dijo Zanzamaru, podéis estar tranquilos pronto estos dos empezarán a tener sus líos. GinnySak, a mí tampoco me gustan los fumadores, pero era necesario para el argumento, de todas formas no creo que volvamos a ver a Sasukin fumando, quizás como el cigarro de después sí =D. Index120, me alegro de que te gustara el nuevo personaje, quizás reaparezca cuandoSasuke empiece a volverse loco con Naruto.
¿Sugerencias? ¿Quejas? ¿Faltas de ortografías? ¿Alfombras voladoras con lencería?
