Capítulo 5.- Debilidades

El cuerpo de Edward la mantenía prisionera contra uno de los muchos árboles del bosque, mientras los labios de ambos se fusionaban en un apasionado beso. Winry se aferraba con fuerza a la camisa del joven, disfrutando de la pasión que los labios de él le transmitían. Comenzaba a ser demasiado intenso.

Cuando la chica sintió que el aire le faltaba, se separó de Ed bruscamente. Ella respiraba con dificultad y bajaba la mirada. Edward no podía más que seguir observándola con deseo contenido. Su juego comenzaba a llegar demasiado lejos.

La cuestión había parecido demasiado simple para él: enamorar a la chiquilla, adentrarse en los detalles más mínimos de su vida hasta encontrar algo que delatase a su hermana, ya que Ed estaba firmemente convencido de que ella tenía que ver en la irrevocable decisión de Alphonse y no descansaría hasta que hacerla pagar por ello. Sin embargo, no podía actuar sin pruebas… y Winry tenía que proporcionárselas.

Aun así, el juego de Edward estaba empezando a consumirlo también. Esperaba en Winry a una jovencita tonta, dócil; sentirse capaz de dominarla para hacer con ella lo que fuese su voluntad, pero había encontrada algo totalmente diferente. Ella hacía despertar en él algo que hasta el momento le había sido desconocido, algo que comenzaba a ser difícil de dominar.

Ed no había conocido nunca a nadie como ella. Tan inteligente, sensible, sagaz, divertida. Desde sus primeros días juntos, el muchacho experimentó sensaciones nuevas, otros sentimientos que nadie había despertado en él. Eso lo asustaba. Lo que Winry provocaba en su interior podía arruinar sus planes y no podía darse ese lujo. Debía vengar a su hermano.

Una de esas tantas cosas que Winry le provocaba era lo que sucedía hasta hace algunos minutos, cuando ambos compartían un apasionado beso. A pesar de que hacía ya un par de semanas desde el primero, Edward no parecía cansarse de beber de aquellos labios, y eso lo hacía dudar de lo que hacía… por primera vez en su vida.

El joven sacudió levemente su cabeza y carraspeo un poco. Necesitaba despejar de su mente esas sensaciones que le hacían perder la razón. Necesitaba concentrarse en lo que realmente importaba: su venganza.

Winry lo miró con algo de frustración y miedo. También despertaba en ella algo nuevo y agradable, sin embargo no podía evitar temer, puesto que su misma relación con él era algo prohibido. Su abuela jamás lo aprobaría, al igual que Clara. Hasta ahora, podía afirmar que el sentimiento que Edward despertaba en ella era amor y no deseaba renunciar a él… pero había tantos obstáculos que la atemorizaban.

Ed se acercó a la chica hasta tomar su rostro entre sus manos y levantar su mirada hasta encontrarla con la de él.

-¿A que le temes, Winry?- la voz de Ed es ronca aún por la excitación.

-Vamos demasiado rápido.- miente la joven desviando su mirada. Él lo percibe.

-¿Aún no te sientes cómoda a mi lado, o es que dudas de lo que sientes por mi?

-No, yo… te quiero, pero… tengo miedo.

-¿Me temes?

-Temo… a que no sientas lo mismo por mí.

Edward volvió a besarla. Esta vez con un poco más de ternura. Era un beso suave, lento. Winry correspondió enseguida. El beso se prolongó durante un par de minutos. Después, Ed se separó de ella con lentitud.

-¿De qué manera puedo demostrarte lo que siento por ti? ¿No he sido lo suficientemente claro? Si deseas que haga algo que lo demuestre, lo haré.

Winry se mordió el labio inferior y volvió a desviar la mirada. Deseaba poder decirle todo a Edward. Contarle acerca de sus padres, asesinados por militares cuando cumplían su deber como médicos, contarle que aquel hecho había hecho despertar en su familia un odio intenso hacia ellos. Contarle que era esa la razón por la que su abuela no podía verlos juntos, que su amor jamás sería bien visto, pero tenía demasiado miedo de perderlo.

Ed, por su parte, atribuía ese temor al gran secreto que él mismo buscaba. Consideraba que ella sabía demasiado sobre Clara, y sobre su relación con un militar hace tiempo atrás. Necesitaba ganarse la confianza incondicional de Winry para que ella pudiese delatar a su hermana y así pudiese llevara a cabo su venganza.

Y aunque Winry era, en un principio, una pieza desechable en el rompecabezas, Edward ya no se sentía capaz de ser indiferente a ella. No deseaba que saliese lastimada en el proceso. Le importaba más de lo que podía aceptar, sin embargo no estaba dispuesto a dejar de lado su venganza. Ni siquiera por aquella chica.

Winry abrazó a Ed, escondiendo su propio rostro en el cálido pecho del muchacho, aspirando su aroma. Edward correspondió al gesto con algo de duda. Instantes después, la joven se separó de él, dando apenas un par de pasos hacia atrás.

-Es hora de que me vaya.- anunció Winry con algo de pesar en su voz.

Edward asintió levemente.

-Pasaré por el pueblo esta tarde. ¿Podré verte ahí?

La chica dudó un momento. En Rizembul se llevaba a cabo una colorida feria a la que Edward asistiría por la tarde. Ambos habían hablado sobre la posibilidad de verse ahí mismo, ya que habría demasiada gente y difícilmente se enterarían su hermana y su abuela. Aunque no estaba descartada la posibilidad.

-Mi hermana ha dejado claro que estará trabajando y… mi abuela no muestra entusiasmo hacia esas cosas…así que…supongo que nos encontraremos en la feria.

-De acuerdo.- Edward sonrió y dio media vuelta para alejarse.

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Danzas, música, colores, sabores, todo mezclado entre una marea de personas que disfrutaban alegremente de la sencilla feria del pueblo. Winry sonreía mientras el pequeño Fletcher tiraba de su brazo para llevarla de un puesto a otro, atraído por la variedad de cosas que encontraba. De vez en cuando la mirada de ella vagaba en busca de alguien. Esperaba verlo llegar.

Luego de algunas horas había perdido la esperanza de verlo, pues además era demasiada la gente que había para ser un lugar tan pequeño y posiblemente no lograría encontrarlo. Entonces lo vio. Inconfundible entre la multitud. Él ya había conseguido encontrarla y caminaba lento hasta situarse aun distancia prudente, aunque Fletcher ya sabía lo que ocurría entre ellos y no le era extraño verlo llegar, no pudo evitar fastidiarse un poco.

Edward y Winry compartían una mirada cargada de cierta complicidad. Ed le sonrió.

-Comenzaba a dudar que vendrías.- dijo la chica cuando él estuvo lo suficientemente cerca como para escucharla.

-Por supuesto que no te habría dejado esperándome. Dije que vendría. Aquí estoy.

Nuevamente, ambos comenzaron a mirarse. A los ojos de los demás bien parecían una joven pareja de enamorados. Fletcher resopló con fastidio y se alejó comprendiendo que estaba de más en aquel cuadro. Ed y Winry siguieron caminando, aunque manteniendo algo de distancia.

Más tarde, alejados un poco del bullicio, Edward y Winry conversaban animados. Compartían besos y abrazos cuando pensaban que nadie les prestaba demasiada atención.

-Ha sido un rato maravilloso. Hace tiempo que no me divertía así.- dijo Ed mientras sostenía una de las manos de la joven entre las suyas.

-Si he de decirlo, me parece que los soldados como tú no se divierten mucho.

-Eso…bueno, realmente no es que no tengamos tiempo libre…pero han pasado tantas cosas y llevo mucho tiempo solo.

Winry sintió una punzada de culpabilidad. Si bien, era cierto que estaba enamorada de Edward, también tenía que admitir que aún no sabía demasiado sobre él y algunas veces le parecía ver en sus ojos una profunda tristeza. Deseaba saber cuál era la causa y mitigar su dolor.

La chica colocó con suavidad su mano libre sobre la mejilla de Ed. Le acarició el rostro y aunque él se mostró un tanto sorprendido, al final se dejo hacer y disfruto de la caricia. Lentamente, ella retiró su mano.

-Es tarde. Debo irme ya.

Luego de una breve despedida y un beso fugaz. Edward se alejó, perdiéndose nuevamente entre la multitud. Winry lo vio partir, sintiéndose triste. Comenzaba a echarlo de menos. Después, se adentró de nuevo entre el tumulto para buscar a Fletcher y llevarlo a casa. Afortunadamente su búsqueda no fue larga, ya que era el niño quien se acercaba a ella.

El corazón de Winry dio un vuelco y es que, por la expresión en el rostro de Fletcher, parecía que algo muy malo había sucedido.

-¡Mi hermano ha ido tras é!.- fue todo lo que el chiquillo pudo decir.

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Edward no podía dejar de maldecirse. Había sido demasiado honesto con Winry antes de despedirse y para él eso solo podía significar que ella comenzaba a convertirse en una debilidad. Y las debilidades eran la perdición para cualquiera. Le asustaba admitir que en aquellos momentos hubiese sido capaz de abandonar su venganza para continuar su vida…con ella. Pero aun había demasiado dolor en su corazón. No era tan fácil.

La cuestión era, que Winry parecía hacerle olvidar su dolor con su mera presencia. A esas alturas no le cabía duda de que se había enamorado de ella. Sin embargo, un corazón tan lastimado como el suyo necesitaba de mucho tiempo para sanar, tiempo que no podría compartir con la chica, ya que en cuanto él comenzara su venganza tendría que renunciar a ella.

El joven estaba algo perdido en sus pensamientos hasta que escuchó pasos que, al igual que él, se internaban en el bosque. Sin perder tiempo, Ed se giró para encarar a su perseguidor, quien se detuvo a algunos metros de él. Entonces, a las tenues luces de la feria que poco alumbraban el bosque, Edward examinó a su acompañante.

Era un hombre más joven que él. Quizá casi de la misma edad que Winry, con un largo cabello rubio que cubría levemente su rostro. Era ligeramente más alto, lo cual le causó cierta molestia, pues no parecía más que un chiquillo y su mirada transmitía algo de inexplicable rencor.

-¿Qué es lo que buscas?- preguntó Ed con brusquedad.

-Eso debería preguntártelo a ti.- contraatacó el muchacho con furia contenida.

-¿A qué te refieres?

-Estabas con Winry, ¿no es así? ¿Qué hacías junto a ella?

-Dudo mucho que seas alguien a quien deba darle explicaciones.- concluyó Edward. En tanto daba cautelosamente la espalda al muchacho, terminando la conversación.

-Odio a los tipos como tú, ¿sabes? Vienen al pueblo sintiéndose poderosos con sus uniformes, creyendo que pueden tener a cualquier mujer que les plazca. ¡No te acerques a Winry! ¡No serías el primer perro de la milicia al que he tenido que correr a patadas y te aseguro que no tendrías tanta suerte como el que vino el verano pasado!

-¿Qué?

Edward se quedó mudo unos instantes. La visita de su hermano había sido en esas fechas. Se preguntaba si quizás ese chico estuviese hablando de él.

-Otro de los tuyos estuvo acosando a Winry. Lo vi algunas ocasiones cerca de su casa de los Rockbell. Estuve a punto de partirle la cara cuando se arrodilló en la calle como un perro, suplicándole a ella. Un tipo molesto…igual que tu. Así que no quiero verte cerca de ella.

Ed no pudo contestar. Estaba pasmado con aquella declaración. Ahora todo parecía indicar que se trataba de Winry. Que era ella la mujer de la que Alphonse se enamoró perdidamente. Le parecía algo difícil de creer.

Sin esperar a que el muchacho dijese algo más, Edward se alejó, desviándose de su rumbo. Había muchas preguntas en su interior y ya no era capaz de comprender nada. Tenía que aclarar las cosas… y solo había una persona que podía responder a sus preguntas.

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Hace tanto que no actualizaba este fic que mi mente parecía empolvada. ¡Lo siento! Hay tantas cosas que tengo pendientes que ya no tengo mucho tiempo para escribir, pero un par de días de descanso me han dado la inspiración necesaria y aquí estoy. Gracias a quienes me siguen leyendo. Gracias por el apoyo.

¡Hasta la próxima!