Disclaimer:
Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Son obra de Masashi Kishimoto.
Sin embargo, ésta historia es de mi autoría por lo que queda prohibido el plagio o distribución sin mi consentimiento.


VI

Proposición


–Sasuke Uchiha, su presencia ha sido solicitada inmediatamente en la torre del Hokage –pronunció un ANBU arrodillado frente a la pareja, la mirada siempre fija en los ojos negros. El ninja se había materializado de la nada, interrumpiendo aquel día libre del par de integrantes del antiguo equipo siete, tomándolos por sorpresa ante la inesperada aparición. Ambos se encontraban disfrutando de un descanso luego de semanas de arduo trabajo, por lo que aquella situación les hacía creer que se trataba de algo de suma importancia, de lo contrario, Kakashi esperaría hasta que sus días de asueto terminasen.

Sakura dirigió su mirada con curiosidad y temor hacia el Uchiha, esperando ver alguna reacción. Notó como él fruncía su ceño, seguramente comenzando suposiciones y teorías por el inesperado aviso. Vio como el pelinegro asentía, para luego notar al mensajero desaparecer en una nube de humo.

–¿Qué querrá Kakashi? –preguntó Sakura sin despegar la vista de su pareja. El pelinegro le vio a los ojos y encogió los hombros– Iré contigo –avisó ella con una mezcla de curiosidad y ansiedad, que había intentado ocultar tras un tono de alegría. Un instante después comenzaron su andar hacia la torre del Hokage, avanzando con calma entre las calles de Konoha pese a la urgencia del llamado. Gracias a la hora del día, no había aún muchos transeúntes recorriendo la ciudad, por lo que su camino logró llevarse a cabo sin inconvenientes.

Una vez se encontraron frente a la puerta, la pelirrosa dio dos suaves golpes sobre la madera y, una vez escuchó un "adelante" venir del otro lado, procedió a girar el picaporte, abriendo así la puerta para poder entrar, la intriga era evidente en el rostro de la chica.

–Hola –dijo Kakashi con una sonrisa tras la máscara.

–¿Qué sucede? –inquirió Sasuke sin intención de enfrascarse en pláticas triviales.

–Si mal no estoy, únicamente tú habías sido llamado, Sasuke –le reprochó Kakashi con la mirada fija en la sonrojada kunoichi.

–Sakura puede estar al tanto de cualquier cosa que me concierna a mí –dijo Sasuke severo–. ¿Qué sucede? –repitió la pregunta sin mucha paciencia.

–Tan educado como siempre, Sasuke –El susodicho sintió un codazo en su costado izquierdo, al dirigir su rostro hacia el origen, vio que Sakura le dedicaba con la mirada cierto reproche por su descortesía, el sonrojo completamente desvanecido. Suspiró resignado y regresó la mirada al Hatake, esperando que éste continuase–. He recibido informes por parte de las naciones aliadas sobre sucesos extraños en el último mes, ocurriendo en las fronteras de la gran mayoría de aldeas ninja, de un modo cuasi simultáneo. Algunos ANBUs provenientes de distintas aldeas han sido enviados para investigar, pero no han logrado dar con la fuente de esto, algunos de ellos ni siquiera han regresado a sus aldeas de origen, perdiendo toda comunicación –entrecerró los ojos, fijándolos en la expresión seria del Uchiha–. Ha sido sugerido que seas tú quien investigue al respecto y envíe reportes detallados sobre cualquier anomalía que sea encontrada. Necesitamos saber a la brevedad qué es lo que está ocurriendo y si esto es una amenaza para la paz y estabilidad del mundo ninja. Creemos también, que quién quiera que esté detrás de todo esto parece que está en busca de ti, por lo que…

–Planean usarme de señuelo y verdugo –finalizó Sasuke entendiendo con mayor claridad lo que su antiguo maestro insinuaba.

–En efecto –afirmó el Hatake con una sonrisa–. La misión será llevada a cabo bajo tintes de confidencialidad y en solitario, puesto que no tenemos la intención de levantar sospechas –desvió su mirada hacia Sakura con una clara advertencia de mantener la boca cerrada sobre el tema, regresándola segundos después a su interlocutor principal–. Desconocemos quién pueda ser la mente maestra detrás de esto, y esperamos que en caso de que sea un poderoso oponente, nos lo hagas saber inmediatamente para enviar refuerzos y acabar con ello de ser posible –detalló el ninja copia–. No te comprometas en una batalla que no puedas ganar, Sasuke –agregó el Hokage con un tono paternal.

–¡Espere, Kakashi-sensei! –intervino Sakura con temor–, ¿cuánto tiempo tomaría esto?, si tiene que ir a cada borde entre naciones… ¡tomará meses! –gritó ella con pánico. Sasuke giró su rostro hacia el de ella, viendo dolor en su mirar. Sin poder evitarlo su corazón se estrujó en su pecho. Kakashi suspiró.

–Cuando menos, Sakura –concordó el shinobi–. Incluso podría tomar años –añadió para el desconsuelo de la pelirrosa.

–¡No, no, no! –gritó la kunoichi–, ¿por qué no envía a alguien más? ¡Sasuke ya ha hecho mucho por la aldea!

–¡Sakura! –bramó Sasuke intentando que la chica se tranquilizara. Su tono fue severo. Kakashi soltó un nuevo suspiro, sintiéndose culpable por el incómodo momento entre la pareja.

–Sakura –comenzó a decir el mayor de los ninjas con evidente paciencia, ganando la atención de ambos–, Sasuke sigue siendo considerado un ninja hostil por muchos, no sólo en Konoha, sino en todo el mundo ninja, y esto incluye a los aliados de la Hoja. Simplemente ésta pareció una buena ocasión para que pudiese limpiar aún más su nombre –el puño del Uchiha se cerró con fuerza–. Además, el mejor modo de obligar a quien quiera que esté tramando esto, es dándole lo que él quiere, necesitamos estar un paso por delante –aclaro con tono firme, sin dar pie a alguna futura discusión.

–¡Entonces permítame ir con él! –pidió con cierta desesperación, sabiendo que aquella solicitud sería su último recurso razonable.

–Sakura…

–¡No es sólo un capricho! –se apresuró en añadir alzando más la voz–, usted mejor que nadie sabe que un ninja médico es necesario en cualquier tipo de misión para asegurar una tasa mayor de sobrevivencia. ¡Él puede necesitarme! –dijo con decisión y razonamiento en sus palabras. Kakashi lo sopesó por un momento, y finalmente habló.

–Sasuke… es tu decisión –le dijo el Hokage al azabache, dejándole todo el peso de la elección al mismo. El aludido le vio con cierto reproche e indignación y salió de la habitación a paso apresurado con evidente enojo, sin emitir palabra alguna.

–¡Sasuke! –llamó Sakura viendo hacia la puerta por la que el pelinegro había salido– Lo siento, Kakashi-sensei –dijo dedicándole una reverencia al aludido para luego salir corriendo tras el Uchiha–. ¡Sasuke! –volvió a llamarlo, aún a paso apresurado tras él, y una vez le alcanzó al pie de las escaleras, tomó su brazo con brusquedad, estando un escalón más arriba que el pelinegro, permitiéndole estar casi a su altura para encararlo– ¡¿Quieres detenerte, por favor?! –le exigió fúrica, fulminándolo con la mirada– ¡¿Qué es lo que te sucede?! –gritó sin importarle hacer una escena en plena torre del Hokage.

–¡¿Qué es lo que te sucede a ti?! –contraatacó él con evidente enojo. Hacía semanas de su última discusión de tales dimensiones y sentía como si ahora todo se estuviese saliendo de control por algo que, a su juicio, era una nimiedad– ¿Con qué derecho le dices esa sarta de estupideces a Kakashi, ¡eh!? –rugió sin contemplaciones.

–¿Estupideces, dices? –preguntó Sakura indignada y sorprendida– ¡Perdóname por no querer apartarme de tu lado, Uchiha! –contestó sarcásticamente, haciendo acopio de toda su fuerza para no derramar las lágrimas que se encontraban ya en sus ojos, y verse vulnerable ante él– Eres un idiota –agregó mordazmente para después comenzar a andar a paso firme, y con sus maños hechas puños. Chocó su propio hombro contra el masculino deliberadamente, haciéndole notar el creciente enojo en su interior, dejándolo plantado ahí, bajo la atenta mirada de extraños. Ella simplemente había pasado de él, y esto cabreaba al Uchiha a sobremanera.

–¡Sakura! –le llamó alzando la voz, mas no fue tras ella, en lugar de ello, siguió cada movimiento de la chica con la mirada– Maldición –masculló cuando la vio atravesar la puerta de la salida, para luego soltar un suspiro con frustración.

Sasuke abandonó también la torre del Hokage luego de unos minutos, sin intención de ir tras ella, yendo directamente hasta el campo de entrenamiento. Estaba iracundo, no entendía por qué aquello le importaba tanto a la Haruno, no sabía si eran los celos o el temor los que la motivaba a tener esa actitud tan, a su ver, caprichosa. Aquella era una simple misión, más larga de lo que le gustaría a él también, debía admitir, sin embargo, él era un ninja de élite y, aun así, continuaba con la necesidad de demostrarle al mundo que había cambiado, que no deseaba ningún daño para la alianza ninja. Aunado a ello, ya contaba en su expediente con bastantes trabajos como aquel y, no obstante, nunca antes se había suscitado una discusión semejante con la pelirrosa, aun así estaba seguro de que eso no implicaría el fin a su relación, era sólo un bache… un enorme bache que tendrían que superar, pero que en aquel momento no tenía deseos de hacerlo.

Cuando llevaba medio bosque destrozado y el aliento agotado algunas horas después, con la cólera aún en su ser, escuchó unos pasos aproximándose. Apretó el mango de la espada desenvainada y se reprendió mentalmente por no haber notado aquella presencia. Culpó nuevamente a Sakura y sus infantiles arranques por su falta de concentración.

–¿Qué quieres? –preguntó sin tacto, esperando que el mensaje de advertencia fuera lo suficientemente obvio. Un bufido salió de los labios de su acompañante.

–Me pregunto cómo es posible que Sakura no te haya dejado aún –dijo el rubio con burla.

–Piérdete –fue la respuesta del pelinegro ante el insultante comentario.

–Cálmate, Sasuke –dijo Naruto con más seriedad–. Sólo vine a hablar –añadió esperando que su tono fuese lo suficientemente convincente para hacer ver que no estaba bromeando.

–¿Qué quieres? –volvió a preguntar, esta vez dispuesto a escuchar.

–Me enteré sobre la misión a la que Kakashi-sensei te quiere enviar. Sakura luce desolada –dijo simplemente encogiendo los hombros, atento a la reacción del pelinegro.

–Está en una faceta infantil –explicó burdamente, sin poder siquiera creerlo por sí mismo.

–¿Te parece? –preguntó el Uzumaki con interés y una sonrisa burlona en su zorruno rostro.

–¿Qué intentas decir? –Quiso saber frunciendo el ceño, guardando a Kusanagi en su funda, con una expresión de amenaza en su rostro que, a decir verdad, en estos momentos era incapaz de intimidar al rubio.

–¿Escuchaste lo que Sakura quería decir… el porqué de su desesperación? –continuó interrogando.

–¿Y tú qué sabes? –quiso dejar de escuchar al rubio, ¿desde cuándo era más maduro o sabio que él?

–Sé que la comunicación es lo que más importa en una relación –contestó con simpleza, dando dos pasos en dirección al pelinegro, que le encaraba fieramente–. Habla con Sakura, estoy seguro que tiene buenas razones para ser tan cabezota –sugirió dedicándole una sonrisa tranquilizadora.

–No quiero que salga lastimada –dijo el Uchiha al cabo de un minuto, con la mirada sobre el suelo con expresión contrariada, apretando la empuñadura de su arma.

–Entiendo lo que sientes, en verdad que sí, pero, ¿no te parece que estás subestimando la fortaleza de Sakura? –inquirió Naruto con cierta compasión por su amiga que tanto se había esforzado por crecer y ser alguien digna de confianza en batalla, para ahora ser dejada de lado por la persona que más quería en todo el mundo. Sasuke bufó– ¿Se lo has dicho…? –preguntó Naruto un instante después–, que no quieres perderla –se apresuró en aclarar.

–Ella lo sabe –quiso evadir el pelinegro.

–¿Se lo has dicho? –repitió el Uzumaki enérgicamente.

Sasuke lo fulminó con la mirada unos segundos y luego desapareció, dejando tras él una nube de humo y a un rubio satisfecho.

El primer lugar al que se dirigió fue el apartamento que compartía con la joven, esperando encontrarla o al menos algún rastro de ella para tener una idea de dónde podría estar. Al llegar al lugar, lo notó en la idéntica condición en que lo había dejado esa misma mañana al lado de Sakura, nada había cambiado desde entonces, por lo que optó por salir en busca de la pelirrosa, intentando rastrear su chakra, maldiciendo haber gastado casi toda su energía en aquel intensivo e improvisado entrenamiento.

Por su lado, la Haruno se encontraba en Ichiraku al lado de su rubia amiga, que, más que preocupada, se encontraba divertida ante el sinfín de expresiones que atravesaban el rostro de la pelirrosa; iban desde tristeza por pensar que se separarían nuevamente y como a él no le importaba en lo más mínimo; hasta enojo al sentir cómo él prefería ir sin su compañía por, tal vez, considerarla un estorbo, pasando por un orgullo inquebrantable al no querer ceder ésta ocasión, puesto que no creía que ella estuviese en un error, sino que, al contrario, la razón estaba de su parte.

–Tranquilízate, frente de marquesina –dijo Ino, aun reprimiendo la risa.

–¡Es que no lo entiendo! –gritó exasperada revolviendo sus cabellos– Prometió que intentaríamos que esto funcionara y ahora quiere mandar todo al carajo, casi un año después, Ino, ¡casi un año! –exclamó aún con frustración, pensando que el progreso, por mínimo que fuese, habría sido en vano– ¡Es que no lo ve, es un imbécil! –continuaba con la sarta de insultos contra el hombre que la tenía cautivada.

–Jamás creí que llegaría el día en que te escucharía hablar así de él –dijo Ino recargando su rostro sobre su mano, el codo apoyado en la barra del restaurante.

–Eso sucede en una relación de pareja con mucho amor, cerda –le dijo Sakura con una sonrisa forzada y un tic en su ojo izquierdo. Ino rió, y la pelirrosa suspiró–. Simplemente no tolero la idea de volver a separarnos años, pero parece que a él le viene sin cuidado –confesó haciendo un mohín infantil.

–¿Y se lo has dicho? –preguntó Ino.

–¡Por supuesto que sí! –se apresuró en contestar, sin estar muy segura de la veracidad de la respuesta– Es algo importante, no tengo por qué ocultarlo –añadió Sakura cruzando los brazos indignada, viéndole a los ojos con un evidente sentimiento de ofensa.

–¿Y por qué no se lo vuelves a decir de un modo más sutil? –sugirió la ojiazul, sonriendo con la vista enfocada por detrás de la pelirrosa, quien, al notar el gesto, desplazó su mirada hacia la misma dirección, justo detrás de su espalda, encontrándose con la mirada penetrante del Uchiha.

–¡Sasuke! –exclamó Sakura sorprendida levantándose de su asiento, posicionándose a un lado del mismo, sin dar siquiera un paso en dirección al pelinegro. Había pensado que su propio mal humor duraría al menos un par de días, mas la mera presencia del pelinegro había logrado calmarla, aunque no del todo, ya que aún conservaba una porción de orgullo y enojo contra el Uchiha.

–Hola, Sasuke –saludó Ino aún más divertida.

–Yamanaka –dijo el pelinegro simplemente con un asentimiento de cabeza en su dirección, para después regresar su atención hacia la Haruno–. Tenemos que hablar –le informó a Sakura, dando media vuelta, dejando a la chica con la vista de su espalda ancha bajo la capa. El Uchiha había comenzado su caminar, sin embargo, se vio obligado a detenerse al notar que la chica no se había movido ni un ápice de su lugar–. Sakura –llamó amenazantemente, a lo que la joven sólo atinó a suspirar para, después, dirigir una mirada de disculpa a su amiga.

–Anda, ve –le instó la Yamanaka con una afable sonrisa, apoyándola y animándola a arreglar las cosas con el Uchiha–. Yo invité ésta ocasión –le informó esperando que la cuenta de la comida no fuese preocupación para su amiga.

Sakura se separó del asiento y avanzó hasta llegar al lado del pelinegro, éste comenzó a caminar, guiándola a través de las calles de la villa bajo los matices de un cálido atardecer. Se detuvieron hasta llegar al apartamento, dónde él le cedió el paso a la chica, siguiéndola a través de la puerta, para luego deshacerse de su capa, colocándola en el perchero al lado de la entrada.

–Sakura –le llamó con voz seca, dispuesto a comenzar la tan necesitada charla.

–¿Esta vez me vas a escuchar? –le atajó ella con reproche. Él sólo le veía detenidamente– ¡¿Cuál es tu problema?! –rugió ella sin contener la furia dentro de sí.

–No entiendo por qué quieres ir a esa misión, si es por celos te prometo que…

–¿Celos? –interrumpió incrédula– Mi renuencia no tiene nada que ver con celos, Sasuke –le hizo saber asombrada por la conclusión a la que él había llegado. Notó cómo él le veía con sorpresa a su vez, levantando una ceja con curiosidad. Ella sólo suspiró–. Sasuke –le llamó con cierto cansancio y ternura–, he estado lejos de ti más tiempo del que te he tenido cerca, y la distancia duele como no te imaginas. Tus sentimientos fueron recientemente descubiertos, en cambio yo he tenido que vivir así desde que tengo memoria, confieso que al inicio fue tal vez juego de niños, pero conforme te conocí no hubo duda de que estaba irrevocablemente enamorada de ti –le explicó, deleitándose con el entendimiento y posterior rubor en el rostro del Uchiha–. No quiero separarme de ti a menos que sea estrictamente necesario, y me parece que esta misión no cumple con ese calificativo. No seré un estorbo, lo prometo –añadió con confianza, viendo como la expresión del pelinegro se volvía ahora de completa incomprensión.

–¿Es que acaso no escuchaste lo que dijo Kakashi? –preguntó estupefacto– ¡El enemigo está buscándome!, sólo un tonto o alguien sumamente poderoso sería capaz de tentar a su suerte al enfrentarme, y no pienso arriesgarme a subestimar al oponente y que salgas lastimada, tu seguridad y bienestar me parecen un par razones suficientemente válidas para que te quedes en la aldea –añadió esperando que aquellas palabras hicieran razonar a la chica, sin embargo, la expresión decidida en el rostro de la pelirrosa decía lo contrario.

–Soy fuerte, Sasuke –replicó ella haciendo puños como consecuencia del enojo por la cabezonería del Uchiha, la mirada retadora resaltaba en su expresión–. Ya no soy una inútil, y tú lo sabes muy bien –la determinación que desprendía su postura era digna de admirar. Él sabía que la chica hacía referencia a su entrenamiento con la quinta Hokage, y la experiencia adquirida con posterioridad contra Akatsuki y en la cuarta gran guerra ninja, e incluso después, luego de que aquellos ninjas habían intentado suplantarlo y culparlo por una serie de crímenes un par de años atrás. Recordaba que, en ésta última ocasión, habían secuestrado a Sakura para poder llegar hasta él, y también estaba en su memoria el hecho de que ella había logrado salir victoriosa con algo de daño, nada grave. El Uchiha suspiró.

–Empecemos por un par de meses –sugirió Sasuke, atestiguando como el rostro de la chica se volvía confuso para luego iluminarse por la emoción, relajando su cuerpo–. Si notamos que algo es demasiado peligroso, regresarás inmediatamente a la aldea. Sin discutir –dijo al fin con un tono que dejaba claro que no estaba dispuesto a negociar.

–Pero si no encontramos nada, no me apartaré de tu lado hasta que la misión concluya –añadió ella especificando aquel acuerdo verbal, viendo como él le dedicaba una sonrisa de medio lado, para luego asentir. Sin poder evitarlo, se acercó con paso decidido y presuroso al cuerpo del Uchiha, y dio un pequeño salto para poder abrazarle con fuerza por los hombros, sintiendo como el pelinegro se relajaba también, correspondiendo al siguiente instante.

Al haber obtenido su aceptación, el enojo y la indignación se hicieron a un lado, permitiéndole el paso a emociones más benignas. Se permitió ser consciente de la masculinidad de su pareja, preguntándose cómo era posible que él lograse verse tan bien, aún con la falta de un brazo. Sakura se separó sin soltarle del todo y, aún parada en la punta de sus pies, alcanzó los labios del Uchiha, quien estrechó con mayor intensidad la cintura de la pelirrosa contra su propio cuerpo, para poder así, responder con plenitud y entrega total a aquel dulce beso.

–Gracias, Sasuke –dijo Sakura escondiendo su rostro en el abrazo, que fue estrechado aún más por el ninja.

A la mañana siguiente, como en muchas otras ocasiones en los últimos meses, la Haruno despertó desnuda en el abrazo cálido del pelinegro, las piernas aún entrelazadas. Con el ángulo que tenía, pudo apreciar con detalle el perfil del Uchiha, levantó un poco la cabeza, apoyando el mentón sobre el pecho del pelinegro para poder ver con claridad el brazo incompleto del Uchiha. Sintió un vuelco al corazón. Extendió su mano hacia el amputado miembro, rozándolo con un toque delicado. Sin poder evitarlo, acercó los labios a la extremidad y la besó con amabilidad y un infinito amor, prometiéndose que haría hasta lo imposible por cuidar de su amado en éste viaje que estaban por emprender.

Se alejó sólo un poco, para continuar con la caricia bajo su intensa inspección, y luego regresar la cabeza hacia su lugar original, la mano aún estaba sobre el corte, mas la mirada enfocaba el rostro del pelinegro. Le observó con detenimiento, agradecida por poder continuar a su lado, contenta por haberlo convencido de dejarle acompañarle en la misión.

–Deberíamos ir a hablar con Kakashi –dijo Sasuke aún con los ojos cerrados, disfrutando del tacto que le proporcionaba la pelirrosa. Sakura asintió enérgicamente, sentándose con la sábana firmemente sobre su pecho, aún había momentos en los que no podía ocultar su vergüenza, a diferencia de Sasuke, quien parecía más bien cómodo con la desnudez a comparación de ella. El Uchiha se levantó y se fue en dirección al baño, dándole espacio a la pelirrosa para que se cubriese con tranquilidad. La chica se vistió sólo con el pijama que encontró en la parte baja de la cama, a sabiendas que después del desayuno le esperaba una larga ducha.

Se encaminó apresuradamente hacia la cocina para preparar un apetitoso platillo para ambos, contando ya con mayor seguridad y alegría, a sabiendas que no tendría que separarse del Uchiha por una larga temporada.

Cuando el aroma comenzó a expandirse más allá del comedor, Sasuke apareció con el pants gris que usaba para dormir y una toalla pequeña alrededor de su cuello, algunas gotas aún se deslizaban por su trabajado torso y por sus miembros superiores, mientras que otras más se escurrían por los mechones de su negra cabellera. Se apoyó en el marco de la puerta, carraspeando levemente. Sakura le vio, quedando ligeramente anonadada por la vista. No pudo evitar pasar su lengua por su labio inferior, para luego morderlo, como un inútil intento de reprimir su expresión de deseo. El Uchiha dejó que una ronca risa saliera desde su pecho, y se unió a la pelirrosa en la tarea, ayudándole con los platos, cubiertos y tazas. La Haruno colocó las sartenes sobre bases de madera en la mesa, dándole un último vistazo a los huevos revueltos y al tocino. Caminó hacia la cocina y tomó el pan del tostador y lo puso sobre otro plato que posicionó en un espacio libre sobre la mesa. Se separó un momento y aspiró el aroma que desprendían los alimentos. Escucho lo pasos de Sasuke en la cocina, cómo el refrigerador era abierto, seguramente el chico estaba en busca de jugo de naranja. Un minuto después, tanto el zumo como la cafetera se encontraban en otro espacio libre sobre la mesa, por lo que se dispusieron a sentarse y comenzar la ingesta del apetitoso desayuno.

–¿Cuándo partiremos? –preguntó de repente la Haruno, dándole una mordida a su pan tostado.

–No lo sé, ¿recuerdas que ayer abandonamos la oficina del Hokage antes de saber los detalles? –le echó en cara con burla.

–¿Y de quién es la culpa? –espetó con un mohín.

–Iremos a hablar luego de que te duches –le hizo saber el pelinegro, dejando el tenedor al lado de su plato, para acercar la mano al rostro de la pelirrosa, dejando la idea en el último momento para tomar un mechón rosa. Acercó su perfil hacia el cabello e inspiró profundamente el aroma que desprendía. Se alejó lentamente con socarronería sin soltar el mechón, acomodándolo un segundo después tras la oreja de la joven, con una sutil caricia.

Continuaron el desayuno entre conversaciones triviales. Al finalizar, el Uchiha se ofreció en recoger para que la kunoichi pudiese prepararse y salir. No estaba seguro de por qué había accedido a su compañía para aquella misión, quizás en el fondo se encontraba del mismo modo que ella y era más el deseo egoísta de no separarse que el de dejarla en un lugar seguro, sin embargo, ella misma se había ofrecido, por lo que no había lugar a dudas de que era un acto voluntario y, tal vez, en una misma magnitud, terco. Se prometió que la cuidaría y no dejaría que nada le ocurriese. Al terminar de recoger la cocina y lavar los platos, se fue a poner su vestimenta de batalla y luego se sentó en la sala a esperar a la chica.

Menos de cinco minutos después, Sakura salía de la habitación con el cabello ligeramente húmedo, y, al igual que el Uchiha, se había vestido con la ropa de combate. Procedieron a abandonar el apartamento, emprendiendo camino para encontrar al peligris.

Nunca se tomaban de la mano, uno por timidez y el otro porque no encontraba motivo para hacerlo, sin embargo, la distancia que había entre ambos al caminar, era mínima, quedando en claro que existía una relación íntima entre ambos jóvenes. Al llegar a la oficina del Hokage, nuevamente fue la pelirrosa quien llamó a la puerta, entrando luego de haber obtenido el permiso desde el interior de la habitación.

–¿Y bien? –inquirió Kakashi sin rodeos una vez los dos ninjas se detuvieron frente a su escritorio repleto de papeles.

–Sakura me acompañará –informó Sasuke sin despegar su mirada de la del ninja copia, quien le dedicó una sonrisa.

–Sakura –le llamó el Hatake–, quiero que emprendas este viaje consciente de que el futuro de la misión es incierto. La información que descubran deberá ser tratada como confidencial, y tu prioridad como ninja médico es asegurarte de que ambos regresarán con bien –indicó el Hokage con seriedad–. Ambos –reiteró con un gesto duro, a sabiendas de que ella sería lo suficientemente impulsiva y terca para arriesgarse con tal de que el Uchiha saliese vivo, descuidándose en el intento–. En el mejor de los casos, serían sólo rumores de algún incauto que no sabe a lo que se enfrenta, en el peor… –dejó la frase inconclusa, esperando que la kunoichi estuviese al tanto de lo que se estaría enfrentando.

–Lo entiendo, Kakashi-sensei –le dijo con seriedad, nerviosismo y expectativas.

–No podrás retractarte ni abandonar la misión sin permiso del Hokage –añadió, en esta ocasión dirigiendo su mirada hacia el pelinegro, advirtiéndole. El susodicho entrecerró los ojos ante la insinuación, y luego asintió–. En éste sobre encontrarán más detalles sobre la misión como la información recabada y los medios de contacto para enviar sus reportes –puso el mencionado objeto sobre la mesa, siendo Sasuke quien lo tomó, asintiendo nuevamente–. Bien, una vez dejado eso en claro, espero que salgan en seis días antes de que el sol salga, así tendrán el tiempo suficiente para estudiar los detalles de la misión –sus ojos estaban serios sobre Sasuke– y arreglar cualquier pendiente que puedan tener en la aldea –le dedicó una mirada con cierta recriminación a Sakura, sabiendo que seguramente algunas de sus responsabilidades en el hospital no podrían ser aplazadas. Ella se sonrojó un poco, y asintió–. Descansen, los veré antes de partir –les sonrió con una invitación implícita a que abandonasen el lugar.


NA: Capítulo 6, arriba :-) Confieso que soy mala con los títulos... batallo horrores, algunos en verdad siento que no tienen mucha relación con el contenido, pero bueno, lo que más importa es eso último, ¿verdad?. Hoy no hice una última revisión, sin embargo durante la semana lo leí un par de veces y pues, hice bastantes cambios en cada ocasión, pero al menos ya está aquí, cuando tenga un tiempo más le doy una revisión extra, sin embargo espero que no haya necesidad de hacer cambios.

Como siempre, agradezco enormemente a quienes siguen la historia, si bien tal vez vaya un poco lenta, espero aún así sea un ritmo agradabe de seguir y que disfruten leerla tanto como yo escribirla (aunque últimamente los capítulos me estén saliendo un tanto más largos).

Aún no contesto los reviews, pero en un momento me pongo a ello :-).

Estoy intentando escribir y adelantarme algunos capítulos, ya que auguro que las próximas semanas serán de locos, así que quisiera estar preparada para posible falta de inspiración y una previsible depresión. En fin, cualquier comentario, crítica, u opinión que quieran expresar, saben que es bien recibido. ¡Hasta la próxima!

-Jazmadi

Actualizado.