Maura Isles emergió del ascensor con una leve sonrisa en sus labios que, aunque quisiera, no podía ocultar. Con su mano libre se alisó el vestido que sabía estaba en perfecta condición y que su acción era totalmente innecesaria. En la otra mano sostenía una carpeta.

—Está en su descanso —le avisó el detective Korsak cuando notó que miraba la silla vacía detrás del escritorio de la morena.

Maura lo miró y asintió. Esperaba que en su rostro hubiera una sonrisa aunque fuera una leve porque su estómago dio un vuelco que por un instante creyó sentirse enferma. Sintió la mirada de Korsak sobre ella cuando miró hacia el escritorio del detective Frost.

—¿Testimonios? —preguntó Maura.

El día anterior no había podido ver a la detective porque había ido a la prisión con Frost. Korsak no le dio más detalles y ella tampoco preguntó. Sentía que los días, los pocos que le quedaba en la ciudad de Boston, estaban pasando demasiado rápido y no sabía por qué.

—No.

Con solo escuchar esa simple palabra su sonrisa regresó a sus labios.

—Puedes ponerla sobre su escritorio —le dijo mirando la carpeta que sostenía.

—Claro. —Reaccionó y dio unos pasos hasta el escritorio que estaba sorprendentemente organizando aparte de otras diez carpetas que tenía esperando a que fueran revisadas. "Jane Rizzoli" leyó la placa dorada y fue entonces que cayó en cuenta; estaba segura que Gabiel había sido presentado como Dean. No quería entrometerse ni preguntar algo que no era relacionado con asuntos de trabajo, pero la curiosidad le ganó.

—Korsak, ¿El apellido de la detective Jane es Rizzoli o Dean? —La placa podría ser vieja y no la hubiera cambiado… pero siempre que ha escuchado a la mujer presentarse lo ha hecho con "Rizzoli"

El hombre soltó una carcajada al escuchar la pregunta y Maura no sabía qué más hacer aparte de mirarlo muy, muy confundida. No veía cómo su pregunta podría causar tanto humor.

—Ni se te ocurra preguntarle eso a Jane. Oh Dios, es un tema algo sensible. —Inhaló con fuerza, intentando recuperarse del ataque de risa que había tenido—. Si no quieres que 1. Se moleste 2. Se pase literalmente más de diez minutos explicándote el por qué Rizzoli es mucho mejor y 3. Que te mire con una cara de culo.

La expresión de la doctora cambió a una de absoluta sorpresa y fue entonces que el hombre fue consciente de lo que había dicho.

—Perdón doc. —Se aclaró la garganta, sonrojado de la vergüenza.

—No tiene que disculparse, detective.

Korsak carraspeó la garganta nuevamente.

—Es Rizzoli. Creo que fue una de las primeras condiciones que puso cuando Dean le propuso matrimonio "Me quedo con Rizzoli. Punto Final" o algo así. En su defensa también pienso que 'Jane Dean' suena horrible.

—Rizzoli suena bien —comentó la mujer. Se había sentido tentada a preguntar cuánto tiempo había estado casada; quería saber tantas cosas de ella pero no quería entrometerse más. Además, las cosas que quería saber sobre Jane, quería preguntárselas cara a cara, sin terceros de por medio. Después de todo Jane le había dicho que quería conocerla… y ella también quería conocerla.

El hombre miró el reloj que tenía en la muñeca y comentó:

—Debe de estar peleando todavía —dijo con uno de los tonos más tranquilos que Maura había escuchado y eso le preocupó.

—¿Peleando? —preguntó intentando no sonar alarmada pero fracasando terriblemente.

—No se preocupe, doc. Todos los viernes Jane va con los muchachos a 'sascar un poco de vapor'. La puedes encontrar en el gimnasio. —Cuando la mujer no se movió ni un centímetro, añadió: —Mismo piso que la cafetería solo que cuando salgas del elevador ve a la izquierda y ya lo encontrarás.

—No es nada urgente. Dejé el informe sobre su escritorio, cualquier pregunta que tenga le proveí mi información de contacto.

—Gracias por el trabajo doc. No hemos recibido reportes tan puntuales como los de usted en un buen tiempo.

—Gracias, detective.

Maura regresó al elevador y cuando las puertas se cerraron dudó por varios segundos cuál botón oprimir. El de la morgue tenía un color diferente y era consciente que era el que tenía que oprimir… pero ahí, justo encima, estaba el primero donde estaría el gimnasio. Se mordió el labio inferior y sostuvo la respiración por el segundo que le tomó presionar el botón con el número uno. Cruzó sus manos enfrente de su cuerpo. Era el último chance que tenía de verla por ese día mientras estaba ahí en la estación. Después tenía que regresar al estudio para ayudar a su madre con los últimos preparativos de la exposición, no podía esperar a que la mujer terminaría lo que fuera que estaba haciendo en el gimnasio. El día anterior intentó hacerlo pero después de una hora tuvo que regresar al estudio y no vio a Jane en todo el día.

Las puertas se abrieron y caminó hacia la izquierda siguiendo las direcciones hacia el gimnasio.

Estaba contando los días. Sí, desde ayer había empezado a contar los días y no se había dado cuenta hasta esa mañana cuando se despertó y lo primero que pensó fue "cuatro"; la había sorprendido. Ya había perdido un día, no iba a perder otro. No importa si era por unos segundos o minutos, pero quería verla aunque fuese de lejos.

Cuando abrió la puerta del gimnasio se sorprendió al ver que estaba completamente vació pero gritos se escuchaban del otro lado.

—¡Rizzoli! ¡Rizzoli! —escuchó a varias personas corear el apellido de la mujer y sus pasos se apresuraron, abriendo la puerta que dividía el gimnasio del 'Sparring Room'

Su caminar se detuvo al presenciar lo que estaba ocurriendo delante de sus ojos. Era un espacio no muy amplio con lonas y varios sacos de boxeo. Un espacio para entrenamiento. Pero eso no fue lo que la dejó boquiabierta, no. Fue la mujer que llevaba su pelo recogido en una coleta y se movía con agilidad dentro del círculos de hombres que había sido formado a su alrededor y que no dejaban de gritar 'Rizzoli'.

—¿Qué pasa, Rowan? ¿Acaso tienes miedo a que una mujer te gane?

El hombre miró a sus compañeros que no dejaban de aclamar el nombre de la mujer. Rowan imitó la forma de Jane y se puso en guardia acercándose a la mujer que esquivó con facilidad el primer piñazo que le lanzó.

—¿Qué fue eso, Rowan? —gritó uno de sus compañeros.

Maura observaba desde una distancia, boquiabierta. No estaba segura si era por lo que estaba ocurriendo o si era por cómo la piel morena de la mujer brillaba por el sudor. Sus ojos la recorrieron por completo, comenzando desde la coleta de pelo que se movía de un lado a otro con cada saltar, la sonrisa llena de adrenalina que tenía pintada de oreja a oreja, el sostén deportivo color negro, cómo los músculos de su abdomen de contraían, hasta los zapatos deportivos de un color azul fosforescente. Se quedó sin aliento.

Una ola de gritos la sacó de su trance y la comisura de sus labios dibujaron una leve sonrisa en sus labios, sintiendo orgullo por la morena al ver que el tal Rowan se frotaba la quijada.

—¡Punto para Jane! —gritó Frost y Maura abrió los ojos sorprendida al ver que el compañero de la detective apoyaba ese tipo de comportamiento.

La morena alzó los brazos ampliando aún más su sonrisa, algo que Maura no pensaba que fuera posible. Era una sonrisa contagiosa.

—¿Maura? —susurró al divisarla entre los hombres, cerca de la puerta de la entrada. Maura no la escuchó, pero leyó sus labios a la perfección.

—Jane —gesticuló—. ¡Jane! —gritó entonces cuando el puño del hombre se conectó con su rostro haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo.

—¿Pero qué coño te pasa, Rowan? —espetó la detective, cubriéndose la nariz con la mano sintiendo el líquido caliente entre sus dedos.

—Eso fue bajo, Rowan —dijo Frost ayudándola a levantarse. Jane rechazó su ayuda y se puso de pie por sí sola.

—¿Jane estás bien? ¡Estás sangrando! —exclamó preocupada al ver que se limpió con el antebrazo, manchándolo de sangre.

Todos los hombres, incluyendo a Jane, miraron a la mujer que no podía estar más fuera de lugar con su vestido porque no podía.

—¡Doc! —exclamó Frost que fue el único que la reconoció.

—Déjenme terminar esto. —Empujó ligeramente a Frost y puso sus brazos en guardia otra vez.

A diferencia de antes, ahora todos observaban en silencio y estaban extrañamente calmados. Todos menos Maura que intentaba controlar su respiración agitada. Frost lo notó y se acercó, susurrándole:

—Es mejor así. Hay que dejarla que termine, créeme así será más rápido.

—Suena como si no fuera la primera vez que esto pasa.

—No lo es.

Sus palabras no hicieron nada para calmarla. Sus ojos no se despegaron de la morena y sus movimientos que eran un poco más lento. La mirada de Jane era determinada y Maura se preguntó qué era lo que estaba pasando por su cabeza. El sangrado era de la nariz y la sangre brotaba de una forma alarmadora.

Jane se quedó inmóvil pero con la guardia arriba y sus ojos seguían los movimientos de Rowan, esperándolo. Rowan se movió a su alrededor hasta que se atrevió a acercarse y lanzar otro piñazo pero Jane giró su cuerpo con sorprendente velocidad y la planta de su pie izquierdo termino en el centro del estómago del hombre lanzándolo al suelo. Frost se apresuró para sostenerla en sus brazos antes de que callera al suelo otra vez.

—Doc, ayúdame por favor.

Maura no dudó ni un instante en acercarse y ayudar a Jane que colocó su brazo por encima de sus hombros de la misma forma que había hecho con Frost.

—Esta no será la última, Rizzoli —dijo Rowan que aún intentaba recuperar el aliento de rodillas en el suelo.

—Ni la primera —murmuró Jane con una sonrisa triunfante.

—Maura —dijo cuando cruzaron el marco de la puerta y la apartó un poco de ella, dando un paso atrás—. No quiero manchar tu vestido— Sus ojos se abrieron desmesuradamente al notar el hombro ensangrentado de la rubia y varias gotas en su vestido— Oh Dios. Lo siento, lo siento Maura. Te compraré uno idéntico.

—Ya está manchado. No te preocupes. —Agarró su brazo y la acercó, retomando la posición que tenían previamente—. Permíteme ayudarte.

—Lo siento —repitió.

—Perdonada.

—Te compraré otro —dijo, bajando los escalones de las escaleras que por suerte no eran muchos porque todo comenzaba a darle vuelta.

—Estoy dejando un rastro de sangre —comentó con un tono divertido, el cual sorprendió a Maura. Intentaba cubrirse la nariz con la mano pero no ayudaba mucho, la sangre le corría por el brazo.

—Ya se limpiará.

—¿Crees que alguien piense que un muerto se levantó? —comentó cuando cruzaron la puerta de la morgue y Maura la guio hasta el taburete en que apenas unos días atrás había sido atendida.

—Eso es imposible.

Jane sonrió al darse cuenta que la mujer pensó que lo decía en serio.

—¿No crees que algún día habrá zombies y será el apocalipsis?

—No. —Le dio unas servilletas de papel y colocó sus dedos en la barbilla y frente, haciendo que echara la cabeza hacia atrás.

—¿Por qué?

—Es imposible.

—¿Así de simple?

—Es imposible revivir un cuerpo aunque todos los órganos fueran remplazados. Y aunque fuera posible, que no lo es —resaltó—, el cerebro habría perdido toda la actividad eléctrica después de la muerte, sería imposible para un zombie moverse si la red neuronal se ha deteriorado.

—¿Entonces no Walking Dead?

—¿Walking qué? No, no podrían caminar… es lo que acabo de decir.

Ladeo la cabeza al ver que la única respuesta de la mujer fue una sonrisa y una mirada inquebrantable.

—Es adorable cuando haces eso —comentó con la mirada en el techo blanco.

—¿Qué cosa hago? Solo te he dado un par de servilletas —preguntó, humedeciendo una toalla, mirando de reojo a la mujer. Se acercó y Jane se sobresaltó al sentir el inesperado contacto de la toalla con su piel.

—No tienes que hacer eso —le dijo en voz baja, sintiendo cómo la rubia limpiaba lentamente la sangre de su brazo—. Y me refiero a tu forma de ser en general.

Los movimientos de Maura se detuvieron por un instante. Sus ojos buscaron el rostro de la morena que ahora tenía sus ojos cerrados, buscando alguna señal de burla pero no encontró alguna. Tragó en seco seguido por un suspiro y continuó limpiando.

—No tengo otra cosa que hacer. No debiste haber estado ahí. No estás en condiciones.

—¿No? —Jane enderezó la cabeza y la bajó para mirarse la musculatura abdominal.

—No me refiero físicamente —aclaró antes de presionar dos dedos en la frente de la mujer haciendo que echara la cabeza hacia atrás otra vez—. Y tienes una musculatura extraordinaria —dijo en voz baja sin levantar la vista.

Jane abrió sus ojos otra vez y la miró detenidamente aprovechando que Maura estaba completamente concentrada en terminar de limpiar su brazo. Sí que era hermosa. ¿Y no había nada de malo en admitir eso, cierto? El cabello dorado y un poco ondulado había sido recogido al lado, reposando sobre el hombro que no estaba ensangrentado; le recordó a la primera vez que la vio.

—Me refería a tu mano ¿te duele? —preguntó mientras se ocupaba de cambiar el vendaje, pausando por un segundo cuando el brillo de la sortija dorada en el dedo de la mujer la trajo de vuelta a la realidad, recordándole que esa mujer no estaba disponible para ella.

—No —mintió, pero era cierto que en aquel momento ni recordaba que tenía un corte en su mano. La adrenalina hace milagros, siempre lo pensó y por eso era adicta a ella.

—Espero que nuestros encuentros no sean siempre en estas condiciones —dijo pasando el pulgar por encima de la piel de la barbilla de Jane y con la otra mano hizo a un lado la que sostenía las servilletas ensangrentadas, para examinar mejor la nariz y asegurarse de que no hubiera algún corte externo.

—Lo mismo digo —dijo en voz baja.

—Parece que es solo una hemorragia. Necesitaras hielo para la inflamación. —Comenzó a limpiar con delicadeza la sangre de la barbilla.

—Maura no es necesario… —Sus palabras se ahogaron en su garganta cuando ojos claros la miraron fijamente. La proximidad de la mujer y sus dedos sosteniendo su barbilla provocaron que su pulso se acelerara. Algo que la desconcertó y frunció levemente el ceño.

Maura dio un paso atrás antes de dirigirse al lavamanos para lavar la sangre de la toalla y volver a humedecerla con agua fresca.

—Mantén la cabeza hacia atrás hasta que se detenga por completo. —Le entregó la toalla y señaló al pecho para que ella se limpiara esa parte por sí sola. Algo había cambiado en los ojos de Jane unos segundos atrás y no estaba segura del por qué.

—Creo que ya ¿no? —preguntó tocándose la nariz.

—Sigue las órdenes, detective. —Fue a repetir el mismo gesto para hacer que echara la cabeza hacia atrás pero Jane se adelantó y lo hizo por sí sola.

—¿Ahora eres mi doc? Porque te aseguro que te preferiría a ti mil veces. El mío es un hombre que parece que se olvidó que hay algo que se llama 'retiro' y es muy insistente y para ser honesta —miró la rubia de reojo— algo molestoso.

Maura sonrió antes de limpiar su propio hombro con otra toalla húmeda.

—¿Por qué?

—Dice que ya estoy llegando a la edad en que mi horno se está deteriorando o algo así. No con esas palabras exactas pero es lo mismo.

—¿Tu horno? Entonces también sabe arreglar electrodomésticos. Impresionante… pero cuál es la relación entre tu edad y tu horno. No entiendo —confesó con sinceridad.

Jane giró su cabeza en su dirección y la miró sorprendida antes de soltar una carcajada.

—¿Hablas en serio?

—Sí.

—Maura.

La mujer la miró perpleja.

—El horno, Maura. Hablo de mi útero. —Se rio abiertamente.

—Oh… ¡OH! —exclamó apenada.

—Ves: adorable.

—No es adorable.

—Sí que lo es. —Puso los pies en el suelo—. ¿Tengo sangre en algún otro lugar?

—Creo que tendrás que bañarte o cambiarte de ropa.

—Perdón otra vez por tu vestido… te lo compraré.

—Lo compré en Francia, como este solo habían diez —dijo con naturalidad pero Jane quedó boquiabierta imaginándose lo que habría costado y por lo idiota que había sido por habérselo estropeado en primer lugar.

—Algo tengo que hacer. Cualquier cosa.

Maura asintió y quedó pensativa con la mirada perdida. Jane intentó mirar a otro lado pero la mujer era tan hermosa que se le hacía imposible no hacerlo.

—Esta noche es la cena.

Jane asintió.

—¿Tienes algo para el sábado? ¿Almuerzo?

—No, no tengo nada.

—Entonces te invito a un almuerzo. Tú y yo.

—Tú y yo —repitió la morena sin poder evitar recordar la pintura, lo cual le recordó que tenía muchas preguntas para la rubia… pero esas preguntas podrían esperar.

Maura sonrió ligeramente y esa fue la única respuesta que Jane necesitaba por ahora.

—Entonces nos vemos esta noche en mi casa y mañana para el almuerzo —dijo antes de caminar hacia la puerta por la cual habían entrado. Se detuvo en el marco de la puerta cuando escuchó que era llamada por su título.

—Detective.

Jane sonrió aún de espaldas y se giró encontrándose con la mirada de la mujer. Había algo en el modo en que Maura lo decía "Detective" no sabía cómo explicarlo o qué era con exactitud. Pero siempre la sorprendía cuando lo hacía; alternar entre su nombre y su título.

—Por favor, espero que me reciba intacta en unas horas. No se me da muy bien los pacientes aún con vida.

—Se te ha dado muy bien conmigo —refutó—. Podrías ser mi doctora.

—Pero no lo soy.

—Pero podrías.

Maura fue a refutar una vez más pero las palabras se ahogaron en su garganta cuando la mujer llevó su dedo índice a sus propios labios y escuchó un suave "Shhh"

—Haré lo que pueda —dijo con una sonrisa de niña traviesa y continuó su camino, desapareciendo así de la vista de la rubia.

—Esta noche… —susurró Maura en el silencio que la rodeaba y cerró los ojos con una leve sonrisa en sus labios.